Derecho Colectivo del Trabajo Antecedentes históricos del derecho colectivo del trabajo Edgar Ospina Duque






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Derecho Colectivo del Trabajo – Antecedentes históricos del derecho colectivo del trabajo - Edgar Ospina Duque


Antecedentes históricos

del derecho colectivo del trabajo

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PRIMERA PARTE

Antecedentes históricos del derecho colectivo del trabajo
Capítulo 1

Antecedentes internacionales
El surgimiento del derecho laboral, individual y colectivo, se confunde en un sólo proceso con la formación de la sociedad industrial o capitalista y del movimiento sindical. Las normas se fueron expidiendo por países y de manera muy desigual. Haremos énfasis en los procesos sociales y políticos que sirvieron de fundamento al surgimiento de la normatividad. Las primeras expresiones de la protesta obrera fueron inorgánicas, más políticas que reivindicativas y enmarcados en las fronteras de países como Inglaterra, Francia, Alemania, Estados Unido; luego se hicieron más generales e internacionales y se fueron configurando, en la segunda mitad del Siglo XIX y las dos primeras décadas del XX, las corrientes políticas - sindicales que han predominado hasta nuestros días. La Iglesia, también, desde muy temprano, ingresó en esta disputa por influir en los trabajadores.

El anterior proceso social y político sirvió de sustento al surgimiento de las instituciones del derecho colectivo del trabajo. Los hechos fueron primero, luego vino la intervención de la sociedad y el Estado para regularlos: “Las instituciones del derecho colectivo del trabajo nacieron antes de su reconocimiento y de su reglamentación legales; el orden jurídico reconoció la coalición, la asociación profesional, la huelga y el contrato colectivo tiempo después de su existencia, cuando el Estado perdió fuerza y no logró destruirlos” 1
La Revolución Industrial y sus consecuencias

Los países, en distintos momentos y situaciones, fueron adoptando las medidas sobre salario mínimo, jornada de trabajo de ocho horas, prestaciones sociales, seguridad social, derechos de asociación, negociación, huelga y tribunales.

Pero el derecho del trabajo tiene unos antecedentes más generales que es conveniente examinar. El primer gran laboratorio de este proceso fue Inglaterra con la Revolución Industrial (1760) y la formación de la primera y más numerosa clase obrera. La revolución Industrial sustituyó de manera definitiva los talleres artesanales y el trabajo a domicilio por las manufacturas y luego por las grandes fábricas. Se generalizó el sistema de la compraventa de la fuerza de trabajo y de la contratación asalariada. De este proceso surgieron los dos sujetos básicos y centrales de todo el derecho laboral: el capital y el trabajo, el empleador y el trabajador, la empresa y el sindicato. En los inicios del capitalismo lo que primaba era el dejar hacer y el dejar pasar, el liberalismo clásico que pregonaba que el Estado y los gobiernos no debían intervenir en el libre juego de la oferta y la demanda del mercado. En este contexto se generaron procesos profundos de explotación de la mano de obra, fuente a su vez de agudos conflictos. No existía jornada mínima legal, las prestaciones sociales no se conocían, la seguridad social no existía, el trabajo de los niños y las mujeres eran mucho más discriminado y mal pago que ahora, los derechos de asociación, negociación y huelga eran prohibidos y su ejercicio castigado con penas de cárcel y hasta de muerte. Esta situación, de hecho, generó los conflictos colectivos que luego obligaron a hacer las primeras concesiones en salarios, jornada de trabajo, prestaciones sociales, así como la legalización y el reconocimiento de las instituciones básicas del derecho del trabajo que hoy se conocen.

En Inglaterra el primer período fue de revueltas espontáneas y desorganizadas. Entre 1825 y 1834 se realizó mucha actividad en textiles, en construcción y aparecen las primeras organizaciones locales y trade unions (sindicatos). En 1834 se organiza la Gran Confederación de Trabajadores Ingleses y se convoca la huelga general para el primero de marzo del mismo año, pero este movimiento fracasa y el precio que se paga es la disolución del movimiento sindical en el año de 1835. Derrotados, los trabajadores adoptan una política más “realista” y se organiza la Asociación General de los Mecánicos Constructores que lucha por la aplicación de la “cláusula de exclusión”2 o sea que para poder ingresar a trabajar era necesario sindicalizarse y aquel trabajador que se retiraba del sindicato debía ser despedido por el empleador. En 1871 se consagra legalmente el derecho de sindicalización y en las décadas siguientes hay un incremento importante de las conquistas laborales. Luego viene la Primera Guerra Mundial y la Revolución Rusa, que impactan de manera especial en el movimiento obrero inglés y producen realineamientos en función de estos hechos. En el año de 1926 se convoca una huelga general que fracasa y se pasa a una etapa de colaboración que llega hasta 1931. En la Segunda Guerra Mundial se expide por parte del gobierno el famoso Plan Beveridge sobre seguridad social que haría época en la materia y del cual copiarían muchos gobiernos sus sistemas de seguridad social en la posguerra.

El laborismo gobernó durante muchos años apoyándose en el movimiento sindical y respetando las empresas estatales, pero en 1979 ganaron las elecciones los conservadores quedando como Primera Ministra Margaret Tatcher, que implementó un gobierno basado en el denominado neoliberalismo y el recorte de buena parte de las conquistas laborales acumuladas en la posguerra. La primera medida de fuerzas entre el gobierno y los trabajadores fue la huelga de los mineros en 1985; huelga que fue derrotada y abrió el camino definitivo para los programas conservadores. Este retroceso del movimiento sindical inglés tuvo influencia en el movimiento sindical mundial.

El otro gran proceso y laboratorio fue la Revolución Francesa (1789) que completo en lo político lo que Inglaterra había hecho en lo económico. De esta revolución surgieron las libertades democráticas centrales: de reunión, de expresión, de conciencia, de asociación y la democracia parlamentaria. El movimiento obrero francés siempre fue más político que el Inglés y desde muy temprano se inclinó por el socialismo como salida alterna al capitalismo. Momentos importantes en su evolución fueron: la conspiración de los iguales, los movimientos sociales y políticos de 1848; en 1864 se establece la libertad de coalición o sea de organización para la lucha sindical, y luego la Comuna de París en 1871. En 1887 se reúne el Tercer Congreso Obrero y se funda la Confederación Sindical que más tarde se transforma en Confederación General del Trabajo (CGT). El movimiento sindical francés, como el de toda Europa, acumuló importantes conquistas y en las primeras décadas del siglo XX se vio cruzado por los dos grandes hechos del momento: la guerra y la revolución.

Alemania fue el tercer país en importancia. En el contexto de Europa de los siglos XVIII y XIX , Alemania arribó tarde al desarrollo industrial y político. Pero lo que no hizo en el terreno de la economía y de la política, lo hizo en el campo de la filosofía y de la lógica con la genialidad y la obra de Federico Hegel. Lo que habían hecho Inglaterra y Francia en el siglo XVIII, Alemania lo intentó a mediados del siglo XIX con la Revolución de 1848, pero no lo logró. De todas maneras se formaron, en medio del Estado absolutista y de los viejos grupos sociales de la sociedad medieval, un sector empresarial fuerte y un proletariado activo y exigente. La llegada tardía al proceso y la debilidad de las instituciones estatales y gubernamentales, al mismo tiempo que la relativa fortaleza del movimiento obrero y sindical, incidieron para que Alemania, en la segunda mitad del siglo XIX, pasara a la vanguardia en campos tan importantes de la legislación del trabajo como la seguridad social que fue copiada por muchos otros países. En este proceso se fortalecieron los sindicatos y la Socialdemocracia. Esta llegó a constituir uno de los partidos obreros más fuertes de Europa y del mundo, con numerosos diputados en el parlamento, fue la corriente política que comandó, en la Primera Guerra Mundial, la ruptura de la socialdemocracia con el marxismo y su acercamiento definitivo al liberalismo, asumiendo de manera directa la defensa de la propiedad privada, el capitalismo y renunciando de manera definitiva a postular la clase obrera al gobierno y al poder.
El otro gran proceso histórico que no se puede dejar de mencionar es el de Estados Unidos y su movimiento sindical. Mucho más importante cuando este es el país que desde la Segunda Guerra Mundial juega el papel de coordinador y dirigente de todo el mundo capitalista. Después de la guerra civil se produjo el auténtico despegue del desarrollo capitalista. Como en Inglaterra, este proceso estuvo acompañado de unas condiciones laborales excesivamente gravosas para los trabajadores y de agudos conflictos laborales.

“ Gracias a un descenso de largo plazo en los precios y el costo de la vida, los salarios y ganancias reales en la manufacturación se elevaron cerca de un 50% entre 1860 y 1890, y otro 37% de 1890 a 1914. Pese a todo, de acuerdo con parámetros de épocas posteriores, las condiciones de trabajo de ese tiempo eran verdaderamente aterradoras. En el cambio de siglo la remuneración promedio por hora en la industria manufacturera era de 21 centavos y los ingresos anuales promedio de 490 dólares. La semana laboral normal era de 59 horas, lo que se traducía en cerca de seis días de diez horas, pero eso era sólo el promedio. Casi todos los trabajadores de las acerías tenían una jornada de doce horas y, hasta la década de 1920, muchos tenían semanas laborales de siete días, u 84 horas.

Es más, aunque los salarios estaban subiendo sostenidamente, las condiciones de trabajo y de vida seguían siendo precarias. En los atestados inquilinatos de los barrios de inmigrantes de las grandes ciudades, las tasas de mortalidad eran superiores a las del campo. Con frecuencia las fábricas mantenían condiciones sanitarias y de seguridad deficientes. En 1913, por ejemplo, hubo unos 25.000 accidentes de trabajo fatales y unos 700.000 heridos que necesitaron como mínimo cuatro semanas de incapacidad- cantidad que equivale a más de la mitad de las víctimas estadounidenses de la Primera Guerra Mundial -.” 3

En el anterior contexto se dieron, primero, luchas desorganizadas que fueron derrotadas y duramente castigadas. Luego surgieron las organizaciones sindicales y se prosiguió la lucha. De las huelgas más importantes vale la pena destacar la de los ferrocarriles en 1877; las huelgas por la jornada de ocho horas de trabajo en 1886, que en Chicago dieron origen a sangrientos conflictos que terminaron con la ejecución de los más importantes dirigentes sindicales, casi todos ellos inmigrantes. Como parte de este proceso en 1886 los sindicatos gremiales se organizaron en la Federación Estadounidense del Trabajo (AFL). La huelga de las acerías Homestead, en 1892, y la huelga Pullman de 1894. Posteriormente se hace un esfuerzo por agrupar el sindicalismo de industria en la organización de Trabajadores Industriales del Mundo (IWW), en 1905. Más tarde se crea la CIO. Posteriormente se agrupan la AFL y la CIO y conforman la CIOSL.
El marxismo y la doctrina social de la Iglesia

Las grandes corrientes, tendencias y movimientos que se configuraron en el movimiento obrero y sindical en la segunda mitad del Siglo XIX y las primeras décadas del siglo XX han perdurado hasta nuestros días: la liberal, con su pariente muy cercana la socialdemocracia; la conservadora; la democracia cristiana, también con su compañera de viaje, la doctrina social de la Iglesia; y el marxismo en sus dos variantes, la stalinista o “comunista” y la socialista. En síntesis, son dos posturas básicas: una, el marxismo, que cuestiona el capitalismo como sistema de conjunto,y otra, que cuestiona algunos efectos del capitalismo pero lo defiende como sistema. El marxismo y la doctrina social de la Iglesia expresan bien esos dos polos, por eso las vamos a reseñar.


El marxismo

La corriente marxista surgió de una combinación de la economía política inglesa, el socialismo francés,y la filosofía alemana; del surgimiento de la clase obrera y de la unión de un sector muy importante de los trabajadores para la defensa de sus derechos en Europa Occidental y, finalmente, del concurso intelectual determinante de Carlos Marx y Federico Engels. Como resultado de este proceso se formó en 1847 la Liga de los Comunistas que encomendó a Marx y Engels redactar el Manifiesto Comunista, documento programático básico del marxismo, de la Liga Comunista y de la Primera Asociación Internacional de los Trabajadores creada en 1864. Participaron también en la Asociación Internacional de los Trabajadores los proudhonistas y los anarquistas. Las tres tuvieron influencia política en la Comuna de París (1871).

Veinte años después del fracaso de la Comuna de París, los trabajadores organizaron la Segunda Asociación Internacional de Trabajadores (Segunda Internacional 1891), denominada más comunmente como socialdemocracia; luego el marxismo se fortaleció mucho con la formación del partido bolchevique en Rusia, con la teoría de que la clase obrera no era homogénea, que no se podía persistir en organizar un sólo partido con los anarquistas, los terroristas, los reformistas, y dando el gran salto del siglo XX con el triunfo de la Revolución Rusa en 1917. De ese proceso también surgieron la III Internacional y la Internacional Sindical Roja.

A partir de 1924 los marxistas se dividieron: la corriente mayoritaria de los Partidos Comunistas o stalinistas, que gobernó la URSS hasta su desintegración en 1989-90, impuso métodos burocráticos y totalitarios al interior de los trabajadores y disolvió la III Internacional por un compromiso político asumido dentro de los acuerdos suscritos en la Segunda Guerra Mundial; y la socialista, dirigida en lo fundamental por León Trotsky, que fundó la IV Internacional en 1938. Esta corriente del marxismo se opuso a la burocratización de la URSS, a los métodos y políticas dictatoriales del stalinismo, exigiendo regresar a los postulados marxistas de la democracia para los trabajadores, la solidaridad internacional y el socialismo tal como lo habían planteado en sus inicios Marx, Engels y Lenin. Trotsky, finalmente, fue asesinado en México por un agente pagado por el gobierno de la URSS, pero la IV Internacional sigue existiendo hasta hoy, siendo la única Asociación Internacional de Trabajadores que actualmente existe.

Juan Pablo II en la Encíclica Laborem Exercens (1981) dejó, en términos generales, bien sintetizado el programa político básico del marxismo:

“ El programa marxista, basado en la filosofía de Marx y de Engels, ve en la lucha de clases la única vía para eliminar las injusticias de clase, existentes en la sociedad, y las clases mismas. La realización de este programa antepone la <> de los medios de producción, a fin de que a través del traspaso de estos medios de los privados a la colectividad, el trabajo humano quede preservado de la explotación. A esto tiende la lucha conducida con métodos no sólo ideológicos, sino también políticos. Los grupos inspirados por la ideología marxista como partidos políticos, tienden, en función del principio de la << dictadura del proletariado>>, y ejerciendo influjos de distinto tipo, comprendida la presión revolucionaria , al monopolio del poder en cada una de las sociedades, para introducir en ellas, mediante la supresión de la propiedad privada de los medios de producción, el sistema colectivista. Según los principales ideólogos y dirigentes de ese amplio movimiento internacional, el objetivo de ese programa de acción es el de realizar la revolución social e introducir en todo el mundo el socialismo y, en definitiva, el sistema comunista”.

Vale la pena resaltar la importancia que el marxismo le dio siempre a la lucha económica de los trabajadores (conflicto económico o de intereses), y a la defensa de sus salarios y de sus prestaciones sociales, pero al mismo tiempo la relación que esta lucha cotidiana tenía con los objetivos finales del movimiento.
“Al mismo tiempo, y aun prescindiendo por completo del esclavizamiento general que entraña el sistema de trabajo asalariado, la clase obrera no debe exagerar ante sus propios ojos el resultado final de estas luchas diarias. No debe olvidar que lucha contra los efectos, pero no contra las causas de estos efectos; que lo que hace es contener el movimiento descendente, pero no cambiar su dirección; que aplica paliativos, pero no cura la enfermedad. No debe, por tanto, entregarse por entero a esta inevitable guerra de guerrillas, continuamente provocada por los abusos incesantes del capital o por las fluctuaciones del mercado. Debe comprender que el sistema actual, aún con todas las miserias que vuelca sobre ella, engendra simultáneamente las condiciones materiales y las formas sociales necesarias para la reconstrucción económica de la sociedad. En vez del lema conservador de “¡ un salario justo por una jornada de trabajo justa!”, deberá inscribir en su bandera esta consigna revolucionaria: “¡ Abolición del sistema de trabajo asalariado!”.4

El marxismo tal como lo formularon inicialmente Marx y Engels, no como lo desfiguró el stalinismo, partía de reconocer la importancia de la lucha económica de los trabajadores, al mismo tiempo expresaba sus limitaciones y que, por lo tanto, se tenían que plantear la abolición de la propiedad privada y el régimen salarial, la colectivización de los medios de producción, el establecimiento de un gobierno de los trabajadores y un régimen político basado en la más amplia democracia directa.
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