16. 2 Los gobiernos democráticos (desde las elecciones de marzo de 1979). Los desafíos del golpismo y del terrorismo. Cambios políticos, sociales y económicos. Cultura y mentalidades






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HISTORIA DE ESPAÑA TEMA 16: LA ESPAÑA ACTUAL

16.2 LOS GOBIERNOS DEMOCRÁTICOS (desde las elecciones de marzo de 1979). LOS DESAFÍOS DEL GOLPISMO Y DEL TERRORISMO. CAMBIOS POLÍTICOS, SOCIALES Y ECONÓMICOS. CULTURA Y MENTALIDADES (desde octubre de 1982 hasta marzo de 2000, segundo gobierno del partido popular)

LOS GOBIERNOS DE UCD (1979-1982): VACILACIONES E IMPULSO AUTONÓMICO

Tras la aprobación de la Constitución el gobierno optó por disolver las Cortes y convocar elecciones generales para el 1 de marzo de 1979. De este modo se iniciaba una nueva etapa en la democracia española, dentro de un marco constitucional.
Los resultados fueron muy similares a los de 1977, con un nuevo triunfo de la UCD. En consecuencia, Adolfo Suárez formaba su tercer gobierno –el segundo democrático y el primero constitucional.
Las primeras elecciones municipales democráticas (1979)
Una consecuencia derivada de la aplicación del texto constitucional era la convocatoria de elecciones municipales, mediante las cuales la democracia se extendía también a los ayuntamientos, por primera vez desde la implantación del régimen franquista. La convocatoria fue fijada para abril de 1979, un mes después de las elecciones generales.
En cuanto a los resultados, en general, se ajustaban a las previsiones:


  • La UCD obtuvo la alcaldía de la mitad de las capitales de provincia.

  • Pero en las grandes capitales y en gran número de ciudades importantes de rango medio la alcaldía recayó en socialistas o comunistas. En muchas de ellas la candidatura de UCD la más votada, pero sin obtener la mayoría absoluta de concejales, lo que permitió a comunistas y socialistas, en aplicación del pacto municipal entre PSOE y PCE, sumar los votos y formar de este modo gobiernos de coalición en los ayuntamientos.


La mayoría de los alcaldes y concejales elegidos en el País Vasco y Cataluña pertenecían a los partidos nacionalistas.
Los problemas del gobierno y la dimisión de Suárez (enero de 1981)
El último gobierno de Suárez se caracterizó por una profunda inestabilidad política y por una crítica permanente a su gestión, tanto desde dentro como desde fuera de la UCD. Entre los muchos problemas que dificultaron la labor del gobierno y a los que tuvo que enfrentarse Suárez, se podrían destacar los siguientes:


  • Las divergencias internas en el seno de la UCD. Como se trataba de una coalición política heterogénea resultaba difícil conciliar las diferentes posiciones de sus miembros en algunas cuestiones clave –ley de divorcio, política educativa, etc.-, sobre las cuales había que tomar decisiones de gobierno. Las discrepancias fueron aumentando con el tiempo, y obligaron a Suárez a remodelar su gobierno inicial en dos ocasiones.




  • El problema de las autonomías: La Constitución no era del todo precisa en cuanto a sus competencias, extensión territorial y formas de acceder a la instauración de gobiernos autónomos. Esto generó dentro de la UCD una división entre partidarios de facilitar la organización de comunidades autónomas en todas las regiones que lo desearan y los que, por el contrario, se mostraban partidarios de una aplicación restringida de este derecho. El resultado fue una política vacilante e impopular en este campo, mal vista también por ciertas regiones que se consideraban discriminadas.




  • La crisis económica: el gobierno era incapaz de resolver el problema del paro y la deteriorada situación económica, agravada tras los Pactos de la Moncloa por la segunda crisis del petróleo –iniciada en 1979 con la revolución islamista en Irán y acentuada después con la guerra de Irán e Irak.




  • El azote del terrorismo: en especial la actividad de ETA aumentó con la consolidación de la democracia, y alcanzó el mayor número de víctimas mortales entre 1978 y 1980, con un total de 235 muertes, de las que 144 pertenecían a fuerzas armadas. A esas cifras se sumaban 43 debidas a los GRAPO y 27 causadas por la extrema derecha.




  • La amenaza de un golpe de Estado militar: Desde comienzos de la transición democrática representó un serio motivo de preocupación el descontento de amplios sectores del ejército franquista, que hizo pasar al país por momentos de grave tensión. La amenaza de un golpe militar crecía con las preocupaciones y los atentados del terrorismo, dirigidos en especial contra las fuerzas armadas.




  • El acoso del PSOE: los socialistas emprendieron en las Cortes una dura y permanente campaña contra el gobierno, con el objetivo de desacreditarlo y presentarse ante la opinión pública como la alternativa de poder. Esta implacable oposición culminó a finales de mayo de 1980 con la presentación de una moción de censura1.


Probablemente, abrumado por todas estas circunstancias, en enero de 1981 Adolfo Suárez presentó su dimisión irrevocable como presidente de la UCD y del gobierno. Como sucesor suyo en la presidencia de gobierno impuso a Leopoldo Calvo Sotelo –no adscrito a ninguno de los grupos ideológicos de UCD-, quien para ocupa el cargo debía ser previamente investido por el Congreso mediante el voto favorable de la mayoría de los diputados.
El intento de golpe de Estado del 23 de febrero de 1981
En la tarde del 23 de febrero, mientras, se procedía a la votación de Calvo Sotelo como nuevo presidente de gobierno, el Congreso de los diputados fue asaltado por un grupo de guardias civiles –al mando del teniente coronel Tejero-, que retuvieron por la fuerza al gobierno y al Congreso en pleno durante toda la noche, mientras se mantenían conversaciones y contactos que todavía están por aclarar en su mayor parte. En Valencia el capitán de la III Región Militar, Miláns del Bosch, decretó incluso el estado de excepción y los tanques ocuparon las calles de la ciudad.
Muchos son los interrogantes sobre las circunstancias, objetivos y verdaderos responsables de la intentona golpista, entre los cuales apareció implicado el general Armada, antiguo preceptor del rey. LO cierto es que toda España vivió unas largas horas de tensión e incertidumbre. De madrugada el rey, dio un mensaje por TV en el que desautorizaba el golpe de Estado y reivindicaba la legitimidad de la Constitución.
Finalmente los protagonistas del golpe se rindieron y liberaron al gobierno y a los diputados. La prueba más difícil a la que había sido sometida la joven democracia española se había superado.
El relanzamiento del proceso autonómico (1981-1982)
Calvo Sotelo mantuvo casi intacto el gabinete de Suárez. Lo más destacable de su política interior fue el relanzamiento del proceso autonómico. Hasta entonces sólo se habían completado las autonomías de Cataluña y el País Vasco, y estaban en vías de cerrarse las de Galicia y Andalucía2.
El ingreso de España en la OTAN (1982)
La política de seguridad y defensa fue uno de los aspectos más conflictos y se abordó con una gran vacilación durante los gobiernos de Suárez. La razón era evidente: la integración en la OTAN contaba con el rechazo no sólo de los socialistas y comunistas, sino también de amplios sectores sociales, partidarios de una neutralidad frente a la política de bloques militares imperantes desde la Segunda Guerra Mundial.
La situación cambió con Calvo Sotelo que en mayo de 1982 se formalizó el ingreso, aunque de forma precipitada e imprecisa, ya que no se concretó el grado de participación en la organización militar3.
La crisis final y la desintegración de la UCD (1981-1982)
La descomposición interna de UCD se acentuó con el paso del tiempo, por las divergencias ideológicas entre sus miembros y por los desfavorables resultados de las sucesivas elecciones autonómicas. Entre 1981 y 1982 se fueron escindiendo grupos y personajes relevantes, unos para incorporarse a otros partidos, otros para formar sus propios partidos políticos. El golpe final lo asestó Adolfo Suárez, que abandonó la UCD en julio de 1982 y fundó también un nuevo partido: Centro Democrático y Social (CDS).
Ante una situación tan crítica, el presidente de gobierno, Calvo Sotelo, decidió disolver anticipadamente las Cortes y convocar nuevas elecciones para octubre de 1982, seis meses antes de que terminara la legislatura.

LOS GOBIERNOS DEL PSOE (1982-1996): ESTABILIZACIÓN E INGRESO EN LA CEE

Las victorias del PSOE: de la mayoría absoluta a la mayoría relativa
Con el arrollador triunfo del PSOE en las elecciones de 1982, los socialistas gobernaron en solitario por primera vez en la historia de España, y consiguieron mantenerse en el poder durante casi catorce años.
Los socialistas llegaron al Gobierno con un ambicioso programa reformista, sintetizado en el eslogan electora: “Por el cambio”. La acción del nuevo Gobierno estuvo marcada por los ecos del fracasado golpe de Estado (reflejo del difícil acomodo del Ejército franquista a la democracia), por la violencia terrorista de ETA y por la crisis económica.
Un análisis global de los resultados de las elecciones de 1982, 1986, 1989 y 1993 permite extraer algunas conclusiones:


  • La UCD no pudo sobrevivir al descalabro electoral de 1982 (sólo obtuvo 11 escaños) y se disolvió al año siguiente.

  • El ejercicio de poder fue desgastando la imagen del PSOE ante la opinión pública, pero consiguió revalidar la primera victoria electoral en tres convocatorias más, aunque sufrió en cada una de ellas una reducción del porcentaje de votos y del número de escaños, que le llevaron a perder la mayoría absoluta en la última legislatura (1993-1996).

  • Alianza Popular –a partir de 1989 Partido Popular- se configuró como la segunda fuerza política, pero no se empezó a vislumbrar como alternativa de poder hasta su despegue electoral en 1993, coincidiendo con el fuerte desgaste del PSOE.

  • El PCE –integrado en la coalición Izquierda Unida desde 1986- empezó a superar su crisis interna hasta recuperar su techo electoral, en torno al 10% de los votos.


El nuevo gobierno contará con un amplio apoyo de centro-izquierda. Antes, el PSOE había abandonado su definición de marxista y se configuraba como un partido socialdemócrata.
Felipe González gobernó ayudado por un reducido grupo de ministros de su confianza que solían permanecer durante mucho tiempo en su cargo. Entre ellos destacaron los siguientes:


  • Economía: Miguel Boyer, Carlos Solchaga y Pedro Solbes

  • Defensa: Narcís Serra

  • Asuntos Exteriores: Francisco Fernández Ordóñez

  • Javier Solana dirigió diversos ministerios


El PSOE se propuso realizar una política reformista en España con el fin de modernizar el país; así lo expresó en su lema electoral (“Por el cambio”). Al llegar al poder, los socialistas pretendían:


  • Consolidar el régimen democrático y desarrollar el Estado de las Autonomías.

  • Crear un Estado de Bienestar y contrarrestar los efectos de la crisis económica de los años setenta.

  • Culminar el proceso de integración de España en Europa.


Felipe González ocupó la presidencia del gobierno durante los casi tres lustros que duró la “era socialista”. Su liderazgo dentro del PSOE se reforzó con el tiempo, hasta tal punto que acabó por acuñarse el término “felipismo” para designar la orientación política impuesta por él en el partido.
Desde su primera etapa de gobierno, el equipo dirigido por Felipe González, se propuso consolidar la democracia. Para ello se adoptaron medidas como las siguientes:


  • Establecimiento de la Ley del Jurado, con muchas limitaciones.

  • Despenalización de la interrupción voluntaria del embarazo (1985) a través de una ley muy restrictiva por las presiones de la Iglesia.

  • El ejército quedó con un cuerpo exclusivamente profesional, al margen de la política y del orden público4.

  • Se concluyó el mapa autonómico (ver más adelante).

  • Se potenció la lucha antiterrorista contra ETA (ver más adelante).

  • Uno de los aspectos más destacables de la primera etapa de gobierno socialista fue su política de reajuste económico, cuyo objetivo era atajar la crisis que se arrastraba desde 1973 y preparar a España para su ingreso en la CEE (ver más adelante).

  • La política social se encaminó a la construcción del Estado de Bienestar y a la distribución más equitativa de la riqueza. Se realizaron grandes esfuerzos en la mejora de los servicios públicos5.

  • Esta política social supuso el aumento de los impuestos directos y el endeudamiento del Estado.


Reajuste económico e ingreso en la CEE
Uno de los aspectos más destacables de la primera etapa de gobierno socialista fue su política de reajuste económico (1982-1985), cuyo objetivo era atajar la crisis y preparar a España para su ingreso en la CEE. (Ver tema siguiente).
Se adoptaron medidas para reducir la inflación, aunque aumentaron el paro; y, sobre todo, se emprendió, a partir de 1984, un necesario y urgente programa de reconversión industrial que tuvo unos elevados costes sociales –reducciones de plantilla, jubilaciones anticipadas- y provocó una intensa conflictividad laboral en los sectores afectados.
Coincidiendo con la superación internacional de la crisis y con el ingreso en la CEE –efectivo desde el 1 de enero de 1986-, España vivió una fase de relanzamiento económico (1986-1991).
Sin embargo, el mantenimiento por parte del gobierno de una política poco favorable para los trabajadores en materia laboral y salarial empujó a los dos grandes sindicatos nacionales (UGT y CCOO) a convocar una huelga general en diciembre de 1988, que paralizó al país y obligó al gobierno a ceder en algunos de sus planteamientos.
La expansión finalizó en 1992, un año crucial en numerosos aspectos:


  • Fue el año de los grandes éxitos de imagen de España ante el mundo, con las espléndidas celebraciones de los Juegos Olímpicos de Barcelona y la Exposición Universal de Sevilla.

  • En el seno de la CEE se firmó el Tratado de Maastrich, por el que nacía la Unión Europea y se sentaban las bases para la futura unión monetaria de todos sus miembros.


Pero las condiciones requeridas para pertenecer a esa Europa de la moneda única evidenciaron las deficiencias de la economía española, que iniciaba una nueva fase de recesión –muestra de ello fue la devaluación de la peseta, por dos veces consecutivas en el último cuatrimestre del año-. No obstante, la crisis en esta ocasión fue corta (1992-1993) y pronto se inició una lenta recuperación, que coincidió con la última legislatura socialista.
El azote del terrorismo de ETA

La violencia terrorista de ETA no cesó con la llegada de los socialistas al poder. Frente a ella, el gobierno combinó a lo largo del tiempo diferentes tipos de medidas, además de las estrictamente policiales:


  • Medidas de carácter diplomático, orientadas esencialmente a lograr la cooperación de Francia. En este sentido fue fundamental el cambio de actitud de las autoridades francesas desde el año 1984, año en que retiraron la condición de asilados políticos a los etarras6 y establecieron acuerdos de colaboración con España para perseguirlos y extraditar a los que tenían causas judiciales pendientes en nuestro país. Fruto de esta colaboración fue la desarticulación en 1992 de la cúpula de ETA, en la localidad francesa de Bidart.

  • La continuación de una política de reinserción iniciada por la UCD, dirigida a los etarras dispuestos a renunciar a la violencia.

  • La creación de un frente político contra el terrorismo, que se materializó en dos acuerdos: el Pacto de Madrid (1987), firmado por todos los partidos democráticos del Congreso de los Diputados; y el Pacto de Ajuria Enea (1988), firmado en este caso por los partidos democráticos del Parlamento Vasco.

  • La negociación directa con ETA en las “conversaciones de Argel” (1987-1988), que el gobierno suspendió ante la intransigencia de los terroristas y su negativa a renunciar a la violencia, con atentados especialmente sanguinarios como la masacre de Hipercor en Barcelona7, o el asesinato de Guillermo Quintana Lacaci, antiguo capitán general de Madrid8.

  • El terrorismo de Estado. El capítulo más siniestro de la lucha antiterrorista fue la aparición de los GAL (Grupos Antiterroristas de Liberación), autores de varios atentados entre 1983 y 1987, sobre todo al sur de Francia, que causaron 28 víctimas mortales en el entorno de ETA9. Este grupo terrorista, financiado con los fondos reservados desde el Ministerio del Interior, perjudicó la lucha antiterrorista, alimentó con sus acciones a una nueva generación de terroristas y terminó por tener elevados costes políticos para el PSOE10.


LOS GOBIERNOS DEL PP (DESDE 1996): DE LA MAYORÍA RELATIVA A LA MAYORÍA ABSOLUTA
Antes de las elecciones generales de marzo de 1996, el Partido Popular, liderado por José María Aznar, había experimentado una importante renovación interna que, unida al desgaste progresivo del PSOE, le había permitido ganar posiciones en diferentes convocatorias electorales –locales, autonómicas y al Parlamento Europeo.
No obstante, el triunfo electoral del PP en 1996 quedó muy por debajo de la mayoría absoluta, por lo que Aznar –en contra de sus intenciones previas- se vio obligado a pactar con los nacionalistas catalanes, vascos y canarios para poder formar gobierno con los apoyos necesarios.
Esta situación cambió de forma radical en las elecciones de 2000, en las que el PP obtuvo una holgada mayoría absoluta.
El problema vasco y el terrorismo de ETA
La actividad de ETA no cesaba y, tras la llegada al poder del PP, los atentados se dirigieron fundamentalmente contra concejales de este partido en el País Vasco.
En julio de 1997 dos hechos conmocionaron a la opinión pública. En primer lugar, la Guardia Civil liberaba a Ortega Lara, un funcionario de prisiones secuestrado por ETA y encerrado en un zulo durante casi año y medio en condiciones infrahumanas; toda España pudo ver con estupor a través de la TV el lamentable estado de deterioro físico y psicológico.
Poco después un joven concejal del PP en Ermua (Vizcaya), Miguel Ángel Blanco, era secuestrado, y a los dos días ejecutado, a pesar del clamor popular que exigía su liberación. Este hecho tuvo una respuesta generalizada y dio lugar a una movilización popular. Nacía así, el “espíritu de Ermua”.
Por otra parte, en Irlanda del Norte se alcanzó un Acuerdo de Paz (10 de abril de 1998) para acabar con el viejo conflicto de la zona entre separatistas católicos –que contaban con el IRA como banda armada- y protestantes unionistas –partidarios de mantener la unión con Gran Bretaña.
En 1998, el PNV y otras organizaciones nacionalistas vascas, entre ellas las más radicales y próximas al entorno de ETA, firmaron el 12 de septiembre de 1988 el Acuerdo de Lizarra –nombre vasco de la localidad navarra de Estella-, para buscar una solución al conflicto vasco, siguiendo el modelo irlandés.
Cuatro días después ETA decidió declarar una tregua indefinida, con el argumento del cambio de actitud del PNV ofrecía buenas condiciones para alcanzar la independencia del País Vasco. Pero, tras algo más de un año de alto el fuego, el 28 de noviembre de 1999, ETA comunicaba el final de la tregua. Algunos interpretaron que ésta sólo había sido una trampa del grupo terrorista para ganar tiempo y recomponer su maltrecha organización.
En el año 2000 se produjo una nueva escalada de atentados, que se saldó con 23 víctimas mortales en distintas partes del país. Ante esta situación, el 8 de diciembre de ese mismo año el PP y el PSOE firmaron un Acuerdo por las libertades y contra el terrorismo, en el que fijaban las bases para una actuación conjunta.

CULTURA Y MENTALIDADES

La secularización de la sociedad
Con la Transición se inauguró uno de los periodos más intensos de cambio social de las sociedad española, en la que la secularización avanzó de forma irreversible11. Los cambios se produjeron tanto en la estructura social (población, ocupación, renta, vivienda y familia), en las instituciones sociales (sistema educativo, libertades y medios de comunicación), así como en las pautas de comportamiento, es decir, en los valores, usos y costumbres de la sociedad española.
El avance de la secularización y del laicismo, iniciados en los años sesenta, llevaron a la pérdida de influencia de la Iglesia católica, que se resistió a aceptar la nueva situación de un Estado aconfesional, tal y como establecía la Constitución de 197812. La Iglesia ha mostrado su malestar ante las medidas legislativas que dejaban reducido lo religioso a una opción personal, acorde con el carácter aconfesional del Estado. Pero por otra parte, el anticlericalismo ha dejado de existir en una sociedad cada vez más tolerante.
La sociedad de consumo de masas
Las pautas de comportamiento y los usos y costumbres han seguido los propios de las sociedades del bienestar. El incremento de los ingresos, la elevación de los niveles de vida y los progresos de la secularización han otorgado una creciente importancia a la posesión de bienes materiales.
El consumismo se convirtió en la gran seña de identidad de la sociedad española desde los años setenta, una sociedad materialista cuyos valores son potenciados por un sistema publicitario que ensalza el hedonismo y el individualismo como las claves de la posmodernidad.
En la segunda mitad de los años ochenta se fomentó la cultura del rápido enriquecimiento personal, conocida como la cultura del pelotazo, hecho que coincidió con el desarrollo en los medios de comunicación de los famosos, con un tipo de valores que ensalzaban los meros atributos externos. Era la cultura de la gente guapa, que infravaloraba el mérito y la capacidad.
El crecimiento del nivel de consumo13 ha conseguido que la inmensa mayoría de la población tuviese un “hogar electrónico” repleto de todo tipo de electrodomésticos. No obstante, en España todavía existen importantes bolsas de pobreza y marginalidad, es el llamado Cuarto Mundo14.
Una sociedad de clases medias
Los cambios sociales y económicos alteraron radicalmente la composición socioprofesional y la equipararon a la de las sociedades europeas.
El mundo obrero nacido en España en los años sesenta experimentó una sustancial transformación. La implantación de la sociedad tecnológica trajo consigo el aumento de los trabajadores de cuello blanco, especializados en el manejo de nuevas tecnologías aplicadas a la producción. Las clases medias urbanas se ampliaron enormemente y hoy forman la espina dorsal de la sociedad.
Uno de los factores determinantes del cambio en el mundo laboral fue la incorporación masiva de las mujeres al trabajo y a la toma de decisiones.
Del compromiso político a la normalización democrática
El tránsito de la dictadura a la democracia cambió radicalmente los parámetros del compromiso político y social. La normalización social con la democracia provocó una comprensiva desmovilización social. Las nuevas generaciones de la democracia mostraron un fuerte alejamiento de la militancia política, cuya expresión más acabada encontró traducción en la expresión del pasotismo. Se acentuaron las tendencias hacia el individualismo, que prima lo privado sobre lao social, característico de las sociedades de consumo.
LA CULTURA DEMOCRÁTICA

La Transición se manifestó en el campo de cultura como una explosión emancipadora. El fin de la censura permitió la libertad de expresión que durante decenios había sido perseguida. Uno de los cambios culturales fue el uso normalizado de las distintas lenguas que se hablan en España y que la dictadura franquista había reprimido.
La democracia planteó nuevos horizontes creativos en la búsqueda de la modernidad. El ejemplo más relevante del fin del compromiso político traído por la democracia fue la llamada movida madrileña. Desde finales de los años setenta, una generación de jóvenes transgresores, influidos por la cultura del pop estadounidense y por otros movimientos surgidos en Gran Bretaña, como el punk o el glam, se congregó en la capital y la convirtió en centro de un movimiento cultural que contó con el apoyo decidido de las autoridades municipales, sobre todo del alcalde socialista Enrique Tierno Galván15.
Cine español tras la transición
Además del transgresor Almodóvar, surgió la comedia urbana madrileña con Fernando Colomo o Fernando Trueba. También hizo aparición el nuevo cine vasco con Montxo Armendáriz, Juanma Bajo Ulloa e Imanol Uribe.
Desde los años noventa, nuevos directores como Alex de la Iglesia, Julio Médem, Fernando León de Aranoa, Agustín Díaz Yanes, Gracia Querejeta, Isabel Coixet o Alejandro Amenábar renovaron el panorama cinematográfico español.
La Literatura
La libertad de expresión y el fin de la censura dio lugar a una intensa actividad editora, gracias también al aumento del poder adquisitivo y al incremento del grado de formación de la sociedad.
El panorama literario se caracteriza por la pluralidad y mezcla de estilos:


  • Bajo los parámetros de la novela negra: Eduardo Mendoza (“La verdad sobre el caso Savolta”) y Manuel Vázquez Montalbán con su serie de novelas protagonizadas por el detective Pepe Carvalho.

  • Utilizando los recursos de la novela histórica: Antonio Muñoz Molina (“Beltenebros”), Julio Llamazares (“Luna de lobos”); Javier Cercas (“Soldados de Salamina”) o Manuel Rivas (“El lápiz del carpintero”).


Otros autores han sabido convertir sus novelas en objetos de consumo generalizado, como Arturo Pérez Reverte o Antonio Gala. Desde los años ochenta han aparecido otros autores que pretenden reflejar las nuevas inquietudes, las incertidumbres de la vida actual, con un claro protagonismo de la vida interior y muy influenciados por la novela anglosajona: Javier Marías (“Mañana en la batalla piensa en mí”), Juan José Millás, Félix de Azúa o José Luis Sampedro. También en los últimos años ha irrumpido con fuerza mujeres novelistas: Almudena Grandes (“Las Edades de Lulú”), Rosa Montero (“Crónica del Desamor”), o Dulce Chacón (“La voz dormida”).

1 Mecanismo propio de los regímenes parlamentarios, para ejercer el control del parlamento sobre el Gobierno. En el sistema español un grupo de diputados del Congreso –al menos la décima parte- puede presentar por escrito y con alegación de motivos una moción de censura contra el gobierno en su totalidad, proponiendo un candidato alternativo a la presidencia y un programa de gobierno. Si tras el debate parlamentario la mayoría absoluta del Congreso aprueba la moción, el nuevo candidato forma gobierno.


2 Los acuerdos con el PSOE permitieron salir del estancamiento y elaborar otros nueve Estatutos de Autonomía, que se aprobaron entre 1981 y 1982: Asturias, Cantabria, Navarra, La Rioja, Aragón, Valencia, Murcia, Castilla-La Mancha y Canarias. Sólo quedaron pendientes las autonomías de Madrid, Castilla y León, Extremadura y Baleares, que se resolverían en 1983, durante el gobierno socialista.

3 Esta actuación de gobierno levantó una ola de protestas y manifestaciones populares, y rompió con el tradicional consenso que había caracterizado hasta entonces a la política exterior. El PSOE se comprometió, si ganaba las elecciones, a someter a referéndum nacional la permanencia de España en la OTAN. Una vez en el poder, los socialistas convocaron el referéndum prometido –en 1986-, pero solicitaron el voto a favor de la permanencia, que se impuso por una ajustadísima mayoría (el 52%).


4 Se aprobó la Ley reguladora de la Objeción de Conciencia y de la Prestación Social Sustitutoria (1984), un paso imprescindible para suprimir el servicio militar.


5 Se generalizó la Seguridad Social para toda la población. Se democratizó la estructura de los centros de enseñanza a través de la Ley Orgánica de Derecho a la Educación (LODE, 1985) y la Reforma Universitaria (LRU, 1983), la Ley Orgánica General de Ordenación del Sistema Educativo (LOGSE, 1990 que amplió la escolaridad obligatoria hasta los 16 años y estableció la ESO). Se ampliaron las prestaciones sociales como fue la ampliación del seguro de desempleo y la mejora del sistema de prestaciones contributivas y no contributivas.


6 El sur de Francia se había convertido en el refugio de la cúpula y de muchos militantes de ETA.

7 Supermercado situado en un barrio obrero- en junio de 1987, con 21 muertos y 45 heridos.

8 ETA, que había logrado cierta solidaridad durante el franquismo, vio como este tipo de atentados indiscriminados reducía su respaldo sociológico: el asesinato del ex presidente del Tribunal Constitucional, Francisco Tomás y Valiente, en 1996, dio lugar al movimiento de repulsa conocido como Manos Blancas.

9 Su actuación en el escenario francés parecía seguir un doble objetivo: extender el problema del terrorismo a Francia para que se viera obligada a colaborar en la persecución de ETA, y acabar con la seguridad y confianza de que disfrutaba la organización terrorista en suelo francés.

10 Su actuación en el escenario francés parecía seguir un doble objetivo: extender el problema del terrorismo a Francia para que se viera obligada a colaborar en la persecución de ETA, y acabar con la seguridad y confianza de que disfrutaba la organización terrorista en suelo francés.

11 Pese a que una amplia mayoría de la sociedad española se declara católica, las estadísticas sobre asistencia a servicios religiosos (sólo un tercio se considera practicante) o la crisis de las vocaciones religiosas son ejemplos de la secularización vivida en la época democrática.

12 Esta resistencia se expresó en la abierta oposición a la admisión del matrimonio civil, el divorcio, la despenalización del aborto, la enseñanza laica, o la reticencia ante libertades reclamadas por la juventud, la educación sexual o la emancipación femenina.

13 Desde la década de los setenta se alcanzaron niveles de confort y bienestar desconocidos, que multiplicaron por diez el gasto anual por persona y lo orientaron hacia bienes cualificados (educación, ocio y bienes suntuarios) descendiendo en términos porcentuales el gasto en artículos de primera necesidad.

14 Compuesto por sectores pertenecientes a las sociedades opulentas, pero que sobreviven por debajo del nivel de la pobreza o en situaciones de gran precariedad.

15 Locales madrileños como Rock-Ola, El Sol, Penta o La Vía Láctea se convirtieron en símbolos de una generación, mientras la revista La Luna, programas televisivos como La Bola de Cristal y la Edad de Oro, y radiofónicos que fueron plataforma de lanzamiento para numerosos grupos como: Kaka de Luxe, Alaska y los Pegamoides, Radio Futura, Los Secretos, Siniestro Total, Golpes Bajos, Burning…que renovaron el pop español. Pero, la movida madrileña, además de en la música también tuvo reflejo en otros campos artísticos: grafitero Muelle, fotógrafo Ouka Lele, escritor José Antonio de Villena o las primeras películas de Pedro Almodóvar.


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