Rsc puede enfocarse a mejorar: a) la calidad de vida laboral; b) el medio ambiente; c) la comunidad donde está instalada la empresa; d) el marketing para desarrollar una comercialización responsable; e) la ética empresarial”… (De Wikipedia, la enciclopedia libre) Triple Botton line






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títuloRsc puede enfocarse a mejorar: a) la calidad de vida laboral; b) el medio ambiente; c) la comunidad donde está instalada la empresa; d) el marketing para desarrollar una comercialización responsable; e) la ética empresarial”… (De Wikipedia, la enciclopedia libre) Triple Botton line
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IR-Responsabilidad Social Corporativa - Un “recordatorio”, para la movilización y demanda social
- Del Triple Botton line al Super “botton less”
Responsabilidad Social Corporativa (RSC), también llamada Responsabilidad Social Empresaria (RSE), “es la contribución activa y voluntaria de las empresas al mejoramiento social, económico y ambiental con el objetivo de mejorar su situación competitiva y su valor añadido.
Como parte de la RSC se destaca el interés por la sostenibilidad. Además, caben en ella las prácticas relacionadas con el buen gobierno de las compañías, como son: la democracia corporativa; el espíritu de cooperación de la empresa con sus clientes, proveedores, competidores, gobiernos; los compromisos de transparencia que adquieren las empresas con la sociedad y que se hacen efectivos a través de la rendición de cuentas en forma, normalmente, de informes o memorias anuales verificables por organismos externos; la ciudadanía corporativa entendida como los derechos y obligaciones de la empresa dentro de la comunidad a la que pertenece.
La RSC puede enfocarse a mejorar: a) la calidad de vida laboral; b) el medio ambiente; c) la comunidad donde está instalada la empresa; d) el marketing para desarrollar una comercialización responsable; e) la ética empresarial”… (De Wikipedia, la enciclopedia libre)
Triple Botton line (Triple balance) “refiere a los resultados de una empresa medidos en términos económicos, ambientales y sociales. Se presentan en los reportes corporativos de las empresas comprometidas con el desarrollo sostenible, y son datos y mediciones de carácter voluntario. Surgieron inicialmente en Europa y luego se adoptaron en Estados Unidos”… (De Wikipedia, la enciclopedia libre).
La RSC se relaciona con el movimiento “ética de negocios” y el de “comercio justo”.

El concepto de Inversión Socialmente Responsable (ISR) es conexo al de RSC, pero enfocado en la decisión del inversionista, no la del empresario.

El concepto de Consumo Socialmente Responsable (CSR) se enfoca desde una perspectiva individual de las personas consumidoras, en la medida que introducen entre sus criterios de decisión de compra los éticos, sociales, laborales, ecológicos y solidarios.
El concepto de Responsabilidad Social Corporativa o Responsabilidad Social de la Empresa surge en Estados Unidos durante finales de los años 50 y principios de los 60 a raíz de la Guerra de Vietnam y otros conflictos como el Apartheid.

Despierta el interés en los ciudadanos que comienzan a creer que, a través de su trabajo en determinadas empresas o comprando algunos productos, están colaborando con el mantenimiento de determinados regímenes políticos, o con ciertas prácticas políticas o económicas éticamente censurables.

En consecuencia, la sociedad comienza a pedir cambios en los negocios y una mayor implicación empresarial en los problemas sociales.
En los últimos años han surgido diferentes iniciativas mundiales que han impulsado la incorporación de la Responsabilidad Social en la estrategia empresarial.

Diferentes instituciones y organizaciones, formadas por una importante cantidad de Estados, han desarrollado iniciativas para promover y fomentar el comportamiento socialmente responsable de las empresas a nivel mundial.

Generalmente todas estas iniciativas o proyectos incluyen una serie de normas o recomendaciones que, si bien no son de obligado cumplimiento, sí incorporan un compromiso por parte de los Estados adheridos para fomentar su desempeño en el entramado empresarial de sus respectivos países.
Las iniciativas mundiales en el ámbito de la Responsabilidad Social de la Empresa más destacables son:


  • Pacto Mundial: Iniciativa lanzada por la Organización de las Naciones Unidas con el objeto de promover la conciliación de los intereses empresariales con los valores y demandas sociales. En enero de 1999 Kofi Annan, Secretario General de las Naciones Unidas propuso por primera vez la idea del “Global Compact” (GC) o Pacto Mundial ante el Foro Económico Mundial de Davos, con el objeto de impulsar la “adopción de principios y valores compartidos que den rostro humano al mercado mundial”, promoviendo la construcción de los pilares social y ambiental necesarios para mantener la nueva economía global. La fase operativa del “Global Compact” fue oficialmente lanzada en julio de 2000 y actualmente, varios cientos de empresas de todo el mundo lo han suscrito.




  • Líneas directrices de la OCDE para empresas multinacionales: Se encuadran dentro de la “Declaración sobre Inversión Internacional y Empresas Multinacionales” que la Organización para la Cooperación Económica y el Desarrollo (OCDE) publicó durante el año 2000. La finalidad de las directrices es promover la cooperación de las multinacionales al desarrollo sostenible, así como fomentar las actuaciones responsables de estas empresas en las comunidades en las que operan.




  • Libro Verde: Fomentar un marco europeo para la responsabilidad social de las empresas (2001). Mediante este documento la Comisión Europea creó un foro de debate para conocer cómo la Unión Europea podría fomentar el desarrollo de la responsabilidad social en las empresas europeas así como también en las internacionales, aumentar la transparencia y la calidad informativas de las sociedades y mejorar la contribución de las mismas al desarrollo sostenible.




  • Global Reporting Initiative: Iniciativa creada en 1997 por la organización no gubernamental CERES (Coalition for Environmentally Responsable Economies) junto con PNUMA (Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente), con el apoyo de numerosas instituciones privadas, empresas, sindicatos, ONGs y otras organizaciones “con el objeto de fomentar la calidad, el rigor y la utilidad de las Memorias de sostenibilidad”.


El Pacto Mundial de las Naciones Unidas es un compromiso con los Principios que se exponen a continuación. Las entidades, cuando se adhieren a ellos a través de su incorporación al Pacto Mundial y a su Asociación (ASEPAM), no están diciendo que los cumplen ya, al pie de la letra, sino que se comprometen a implantarlos, de modo gradual pero constante, haciendo de ellos una parte esencial de su estrategia y de sus operaciones.

Los diez principios del Pacto Mundial
El Pacto Mundial es, ante todo y sobretodo, un compromiso firme de cada entidad para avanzar en sus actividades por el camino marcado por estos diez Principios.

Principio 1 - Las empresas deben apoyar y respetar la protección de los derechos humanos fundamentales, reconocidos internacionalmente, dentro de su ámbito de influencia.
Principio 2 - Las empresas deben asegurarse de que sus empresas no son cómplices en la vulneración de los derechos humanos.

Principio 3 - Las empresas deben apoyar la libertad de afiliación y el reconocimiento efectivo del derecho a la negociación colectiva.
Principio 4 - Las empresas deben apoyar la eliminación de toda forma de trabajo forzoso o realizado bajo coacción.
Principio 5 - Las empresas deben apoyar la erradicación del trabajo infantil.

Principio 6 - Las empresas deben apoyar la abolición de las prácticas de discriminación en el empleo y la ocupación.
Principio 7 - Las empresas deberán mantener un enfoque preventivo que favorezca el medio ambiente.

Principio 8 - Las empresas deben fomentar las iniciativas que promuevan una mayor responsabilidad ambiental.

Principio 9 - Las empresas deben favorecer el desarrollo y la difusión de las tecnologías respetuosas con el medio ambiente.
Principio 10 - Las empresas deben trabajar contra la corrupción en todas sus formas, incluidas extorsión y soborno
La Responsabilidad Social Corporativa (RSC) ha sido adoptada como un enfoque para el desarrollo internacional. Pero ¿quién se beneficia, cómo y por qué? ¿Tiene la RSC el potencial de redefinir el significado de la buena práctica en los negocios como aquélla que atiende las necesidades de los grupos pobres y marginados? ¿O hay un peligro en que al basar las políticas de desarrollo alrededor de un “caso de negocios”, se propaguen las desigualdades que caracterizan al desarrollo internacional en lugar de disminuir las mismas?
La Responsabilidad Social de las Empresas (RSE) es un concepto sobre el que cada vez se habla más, se escribe más y se realizan constantes actos divulgativos…¿Cuál es la razón? ¿Por qué ahora? ¿Es la RSE una moda pasajera o va a consolidarse el concepto con una proyección de futuro? ¿Son acciones de marketing empresarial o van más lejos dando como resultado un nuevo modelo de empresa? ¿Son acciones voluntarias o deben regularse de forma obligatoria?
Parece existir una ley sociológica por la que la expresión de valores sociales, y su explicitación verbal, es inversamente proporcional a su implantación e interiorización social. Es decir, cuanto más se habla de lo que hay que hacer expresa que eso no se hace. No tendría sentido reforzar en el discurso comportamientos perfectamente asumidos por los ciudadanos. Cuando se refuerzan comportamientos determinados parece que lo que se está diciendo es que es preciso asumirlos pues su nivel de realización es deficitario.
Podría extenderse este criterio a la Responsabilidad Social de las Empresas. La RSE surge como expresión de que la empresa ha de dejar de actuar como generalmente actuaba, salvo excepciones. Es un concepto nuevo que convoca a una nueva forma de ser empresa en la sociedad y en el mercado, a una nueva concepción de la empresa. La empresa está dejando (o ha de dejar) de ser una isla en la sociedad, cuyo objetivo es la maximización del beneficio, intentando conseguirlo como sea.
Hay quienes piensan que las empresas sólo deben preocuparse de obtener beneficios económicos y remunerar de la mejor forma el capital de sus accionistas y hablan del concepto de responsabilidad corporativa, atendiendo más el carácter de prácticas de transparencia en la gestión como elemento de información hacia los accionistas.

Bajo esta posición se ve innecesario contemplar acciones en el ámbito social y medioambiental, salvo el cumplimiento de las normas ya establecidas.
Esta visión de la responsabilidad está relacionada con los últimos escándalos producidos por algunas empresas multinacionales, que han tenido un gran impacto mediático, generando una gran inquietud en los mercados de valores.

Las grandes empresas que cotizan en bolsa y los Gobiernos han reaccionado inmediatamente planteando la necesidad de aplicar códigos de conducta que garanticen la transparencia en la gestión empresarial. Se persigue -con ello- recuperar la credibilidad en los mercados financieros.
Esta forma de entender la responsabilidad de las empresas, contrasta con otra más amplia e integral de la responsabilidad en la que se valoran otros aspectos en los que las empresas pueden actuar y en los que se debe medir el concepto de responsabilidad.

Esta es la posición defendida por las Organizaciones sociales y algunas empresas que entienden que la RSE debe incluir materias de relaciones laborales, sociales y medioambientales.

Aspectos internos de las propias empresas y también externos. Aspectos vinculados con su propia gestión, y otros que inciden en el entorno local en que se desarrolla la empresa.

Bajo esta definición de la responsabilidad empresarial se incorpora el concepto “social”.

Hay dos formas de entender la responsabilidad social en las empresas, una la que considera que esta afecta sólo a la gran empresa y otra la que considera que la responsabilidad social incumbe a todas las empresas independientemente de su dimensión.

Esta última posición es la que plantea la necesidad de ir avanzando hacia “un nuevo modelo de empresa” que compatibilice la maximización de los beneficios con la implantación de prácticas sociales y medioambientales.
Un nuevo modelo de empresa que cada vez más ciudadanos demandan en sus decisiones de consumo, al considerar que además de la relación precio-calidad, hay que tener en cuenta los comportamientos sociales y medioambientales de las empresas, pero que también les reporta, a las empresas que realizan estas actuaciones, un plus de competitividad.
No cabe duda que las empresas deben tener una posición central en los esfuerzos para hacer frente a la pobreza como proveedores de bienes y servicios, como empleadores, como, y cada vez más, actores que influyen las políticas de los países en desarrollo. ¿Pueden llevar a cabo este papel a través de las prácticas de negocios existentes, voluntariamente y a través del mercado, o necesita ser guiado, regulado y manejado por las amplias prioridades del desarrollo dirigidas por el Estado? ¿Tienen todavía los Estados el poder de llevar a cabo este papel?
En el contexto de la globalización hay una preocupación creciente sobre el poder sin precedentes de las empresas, el cual les permite presionar a los gobiernos débiles, establecer empresas en áreas donde la regulación social y ambiental es débil o inexistente, y a la vez explotar comunidades de escasos recursos.
Un gran desafío para los expertos en desarrollo es cómo estimular el potencial positivo de los negocios, al mismo tiempo que se contiene la irresponsabilidad corporativa.
- El dilema de Goodpaster y Mathews
La RSC ha trascendido los círculos expertos más reducidos para instalarse en el debate público, como consecuencia del papel que desempeñan y del impacto que suponen hoy por hoy las empresas en las sociedades en que operan. Kenneth E. Goodpaster y John B. Mathews Jr., entre otros, han formulado el siguiente dilema: las empresas multinacionales son tan poderosas que es peligroso que se inmiscuyan en temas sociales y políticos, pero también lo es que solamente se dediquen a maximizar sus ganancias.
Algunos economistas liberales, como Milton Friedman, consideran que la única responsabilidad social de la empresa debe ser la generación de ganancias a favor de sus dueños, accionistas y trabajadores en un marco de competencia libre y abierta. Si la empresa sacrificase ganancias en nombre de la responsabilidad social -señalaba Friedman- sería menos atractiva para inversionistas, trabajadores y consumidores, y a la larga perecería frente a los competidores.
En el artículo: “The Social Responsibility of Business is to Increase its Profits”, publicado por The New York Times Magazine, September 13th, 1970, Milton Friedman, decía:
“When I hear businessmen speak eloquently about the “social responsibilities of business in a free-enterprise system”, I am reminded of the wonderful line about the Frenchman who discovered at the age of 70 that he had been speaking prose all his life. The businessmen believe that they are defending free enterprise when they declaim that business is not concerned “merely” with profit but also with promoting desirable “social” ends; that business has a “social conscience” and takes seriously its responsibilities for providing employment, eliminating discrimination, avoiding pollution and whatever else may be the catchwords of the contemporary crop of reformers. In fact they are-or would be if they or anyone else took them seriously-preaching pure and unadulterated socialism. Businessmen who talk this way are unwitting puppets of the intellectual forces that have been undermining the basis of a free society these past decades.
The discussions of the “social responsibilities of business” are notable for their analytical looseness and lack of rigor. What does it mean to say that “business” has responsibilities? Only people can have responsibilities. A corporation is an artificial person and in this sense may have artificial responsibilities, but “business” as a whole cannot be said to have responsibilities, even in this vague sense. The first step toward clarity in examining the doctrine of the social responsibility of business is to ask precisely what it implies for whom…
In a free-enterprise, private-property system, a corporate executive is an employee of the owners of the business. He has direct responsibility to his employers. That responsibility is to conduct the business in accordance with their desires, which generally will be to make as much money as possible while conforming to the basic rules of the society, both those embodied in law and those embodied in ethical custom…
Of course, the corporate executive is also a person in his own right. As a person, he may have many other responsibilities that he recognizes or assumes voluntarily-to his family, his conscience, his feelings of charity, his church, his clubs, his city, his country. He may feel impelled by these responsibilities to devote part of his income to causes he regards as worthy, to refuse to work for particular corporations, even to leave his job, for example, to join his country's armed forces. If we wish, we may refer to some of these responsibilities as “social responsibilities”. But in these respects he is acting as a principal, not an agent; he is spending his own money or time or energy, not the money of his employers or the time or energy he has contracted to devote to their purposes. If these are “social responsibilities”, they are the social responsibilities of individuals, not of business.
What does it mean to say that the corporate executive has a “social responsibility” in his capacity as businessman? If this statement is not pure rhetoric, it must mean that he is to act in some way that is not in the interest of his employers…
But the doctrine of “social responsibility” taken seriously would extend the scope of the political mechanism to every human activity. It does not differ in philosophy from the most explicitly collectivist doctrine. It differs only by professing to believe that collectivist ends can be attained without collectivist means. That is why, in my book “Capitalism and Freedom”, I have called it a “fundamentally subversive doctrine” in a free society, and have said that in such a society, “there is one and only one social responsibility of business-to use it resources and engage in activities designed to increase its profits so long as it stays within the rules of the game, which is to say, engages in open and free competition without deception or fraud”…
- En el Nombre del Padre
Algunos “escribas” del capitalismo de “manos libres”, “palmeros” de diseño, más Papistas que el Papa, no dejan pasar ocasión de hacer méritos “políticamente correctos”.

Uno de ellos -ya citado en anteriores oportunidades-, es Lorenzo Bernaldo de Quirós, que casi, podríamos decir, se sienta a la “derecha” del Señor. O sea.

El ínclito Don Lorenzo es presidente de Freemarket Internacional Consulting en Madrid, España y académico asociado del Cato Institute (músculo intelectual “tradicional” del pensamiento neo-liberal).

En un artículo titulado: “La responsabilidad Social de la Empresa”, By elcato_manager (nunca mejor dicho), Created 2005-02-16, nos “regala” algunos pensamientos en los que, como luego se verá, supera a su Maestro (Friedman), lo que ya es decir.
“¿Cuál es el objetivo del gobierno corporativo? Esta pregunta parece baladí, pero no lo es. Con demasiada frecuencia se utiliza ese término con sentidos y significados tan amplios que lo convierten en un cajón de sastre dentro del cual todo cabe.
Por ello es importante saber lo que no es propiamente la finalidad de quienes gobiernan las compañías de lo que en realidad es. De entrada, eso no tiene nada que ver con las relaciones entre la empresa y la sociedad, como insinúan los defensores de la “stakeholder theory”, o para salvaguardar el entorno o para crear compañías fuertes capaces de competir en el mundo, etc.

Estas y otras finalidades se engloban dentro de un concepto tan atractivo como perverso, la Responsabilidad Social Corporativa (RSC), que se ha convertido en uno de los grandes negocios del siglo XXI, a cuya sombra florece una corte de parásitos que chupa la sangre de uno de los instrumentos de bienestar y prosperidad más poderosos del mundo: la gran corporación.
La filosofía subyacente a la RSC es tan atractiva como falaz: el capitalismo es un sistema con un pecado original, el egoísmo individual, que ha de redimirse sirviendo a determinados intereses públicos. Esta vieja idea se ha extendido como la pólvora de la mano de los teóricos y propagandistas de la RSC, que se ha arrogado la pretensión de decir lo que es moral o no, socialmente responsable o no, del comportamiento de las empresas. A su vez, éstas invierten cada vez más recursos en las actividades sugeridas por las ONG y otros elementos de la denominada sociedad civil para obtener su aprobación en una verdadera inmolación ante el altar del bien público de los principios básicos de la corporación capitalista. La RSC sería algo así como el tributo pagado por la empresa de mercado a la virtud.
El contenido del gobierno de las empresas es algo muy limitado y específico. Se refiere exclusivamente a las vías por las cuales se asegura que las acciones corporativas, la administración de los activos y el comportamiento de los gestores están orientados a servir los fines de los accionistas, que son los dueños de las compañías. La ventaja de esta definición es bastante clara. Primero, permite identificar al servicio de quién debe estar la corporación, que no es otro que al de sus propietarios, el accionariado. Esta cuestión elemental tiende a diluirse en el debate contemporáneo sobre el tema cuando se habla de la responsabilidad social de la empresa y otras cajas de Pandora de esa índole, cuya apertura lleva a planteamientos tan absurdos como culpabilizar a las multinacionales del hambre en el mundo o del riesgo de extinción del oso panda. En segundo lugar, ayuda a definir con precisión los mecanismos de gobierno corporativo, es decir, los medios por los cuales los gestores son responsables ante los accionistas de la consecución de los fines de la empresa, esto es, la maximización de los beneficios.
La atribución a las compañías de obligaciones distintas a lograr el máximo beneficio para sus accionistas -deberes sociales indefinidos o minimizar los efectos colaterales negativos ocasionados por la actividad empresarial- constituye una concesión a lo políticamente correcto que escapa de manera absoluta a los fines empresariales y cuya toma en consideración podrían sobrecargar a las compañías con cargas regulatorias o morales que les impedirían o distraerían del cumplimiento de los objetivos asignados por los propietarios. En cualquiera de sus versiones, la RSC es un mecanismo de restricción del derecho de propiedad, una nueva expresión de la vieja idea fascista de la función social de la propiedad. Es un triunfo póstumo de la ponzoña colectivista, de la canonización del “autosacrificio” acudiendo a la terminología randiana…
… La RSC es una fuerza subversiva de los cimientos de una economía libre.

La inclusión del concepto de Responsabilidad Social de la Empresa, aunque se considera de aceptación voluntaria, es un error conceptual grave, un portillo a todo tipo de iniciativas y propuestas destinadas a expropiar los derechos económicos de los accionistas, a causa de la presión e incluso el chantaje que determinadas organizaciones -por ejemplo, las ONG- ejercen sobre las compañías para que financien sus actividades. En realidad, la RSC es una manera hipócrita y sofisticada de practicar la filantropía con el dinero de los demás”.
Lo dicho, supera a su Maestro (Friedman) por la derecha. Podría ensayar -con total facilidad- una respuesta contundente a este “plumífero” de Cato, pero creo más interesante reproducir, en parte, lo escrito, al respecto, por Juan José Almagro, Director General de Comunicación y Responsabilidad social de MAPFRE, y publicado en CincoDías.com, el 24/7/06:
- Juan Ramón tenía razón…
“En contra de mi habitual costumbre, he puesto título a este artículo antes de siquiera ponerme a escribirlo. Las cuatro palabras que han fluido naturalmente tras leer un escrito de Lorenzo B. de Quirós, la “irresponsabilidad” social de la empresa (El Economista, 19 de julio de 2006), y acordarme de aquéllo que decía Juan Ramón Jiménez cuando invocaba a la inteligencia para que lo ayudara a encontrar el nombre exacto de las cosas…
Veamos. Dice Don Lorenzo que “en cualquiera de sus versiones, la RSC es un mecanismo de restricción del derecho de propiedad, una nueva expresión de la vieja idea fascista de la función social de la propiedad. Es un triunfo póstumo de la ponzoña colectivista, de la canonización del autosacrificio en terminología randiana” (sic). Antes, había afirmado que “la RSC se ha convertido en uno de los grandes negocios del siglo XXI a cuya sombra florece una corte de parásitos que chupa la sangre de uno de los instrumentos del bienestar y prosperidad más poderosos del mundo: la gran corporación”.
No se atrevió a tanto el Nobel Milton Friedman: en 1970, dijo que la principal responsabilidad de los gestores empresariales era maximizar el beneficio para el accionista, cumpliendo la ley. Y esas palabras del economista creador de la Escuela de Chicago han servido en los últimos años como percha recurrente para hablar de la RS como algo más, como mucho más: como una forma distinta de entender la empresa a partir de los propios valores para generar valor; como una respuesta a las nuevas demandas del entorno que no están recogidas en las leyes. Como afirma Adela Cortina (El País, 20 de agosto de 2005), la RSE debe asumirse como una herramienta de gestión, no como marketing social; como una medida de prudencia, involucrando a todos los niveles de la empresa y, por último, como una exigencia de justicia, ya que estamos hablando de ética en la empresa.
Conviene recordar, sobre todo a los que están en contra de la RS, que a cualquier institución -y las empresas lo son- que tenga como finalidad integrar a las personas en un proyecto común se le debe exigir que genere confianza y, además, que actúe con dimensión ética; es decir, con transparencia sobre sus comportamientos -pasados, presentes y futuros- para dar seguridad a las personas a las que esa institución dirige su actividad. Seguridad y confianza…
La RSE es, hoy, sobre todo, un compromiso equitativo y solidario, pero también voluntario, y no debemos olvidar que, probablemente en 2010 habrá 50 empresas entre las 100 mayores economías de la Tierra. Eso, digo yo, algo querrá decir en el mundo moderno que nos ha tocado vivir. El rol de las corporaciones e instituciones ha cambiado y la empresa socialmente responsable debe compatibilizar y aunar el cumplimiento del deber (ésa es la primera responsabilidad: dar resultados, crear empleo y ser innovadora y eficiente) con crecimiento sostenible y desarrollo humano. Asentarse en principios éticos, contribuir al bienestar social y llevar a cabo políticas de compromiso, credibilidad y transparencia con los “stakeholders”, que no son unos desalmados, sino aquellos grupos de personas que tienen legítimo interés en que la empresa vaya bien, o mejor, si es posible.
La RSE impulsa la innovación social, actúa con los empleados (y sus familiares) y con los grupos de interés con criterios de equidad; preserva el medio ambiente y, en definitiva, se preocupa y se ocupa de la ciudad, la región y el país en los que opera. Hablamos, pues, de futuro, porque las empresas, como cualquier institución, cambian en su desarrollo histórico como muda cualquier ser vivo.
Juan Ramón tenía razón: llamemos a las cosas por su nombre y, a los efectos oportunos, antes de escribirlas, aprendamos a distinguir entre buen gobierno, responsabilidad social y acción social.

Algunos ya lo hemos hecho, o lo estamos intentando. Para los que todavía no han llegado a esa parte del Catón se debe recordar que, sobre RS hay una definición de la Comisión Europea, otra del grupo de expertos creado por el Ministerio de Trabajo (de España) y, aún otra más, muy reciente, fruto de los trabajos de la subcomisión parlamentaria para promover la responsabilidad social de las empresas.
¡Ah!, y respecto de “la gran corporación” y de “los parásitos que chupan la sangre”, como escribe Don Lorenzo, le recordaría que leyese el libro de Joel Bakan “La Corporación, la búsqueda patológica de lucro y poder”. Es un texto para contrastar pareceres porque -lo dijo J. Stuart Mill- “los hombres no son infalibles”, aunque algunos lo pretendan.
En fin, como el profesor Manuel Cruz recalca, pensar no es monopolio de los filósofos, pero el hecho de que se hayan venido dedicando a esa actividad desde hace tiempo es algo que merece “no ser echado en saco roto”. Y, digo yo, que sería estupendo dar crédito a las empresas y a las personas que, honradamente, creemos y nos ocupamos en la RSE; y que, todos, nos olvidemos de los rollos macabeos, que hay demasiados. El futuro, querido Don Lorenzo, nunca está escrito, pero nuestra obligación es, responsablemente, ponernos a la tarea”.

- Algunas lecturas que no hacen los “Lorenzos”…
Inherent Rules of Corporate Behaviour (Based on a Jerry Mander’s ideas from “In Absence of the Sacred”), By Jeff Milchen, Published May, 2000.

http://recaimdemocracy.org/corporate_accountability/corporations...
“In his 1991 book, In the Absence of the Sacred, writer Jerry Mander included a self-descriptive list, “Eleven Inherent Rules of Corporate Behaviour”. His insights have never been timelier, as they illustrate the severe limitations of seeking “corporate responsibility” and illustrate the essential truth that corporations must be redefined and subordinated to democracy, not merely regulated or pleaded with to do the right thing.

These “rules” don't distinguish between publicly-traded and privately-owned corporations. To a degree, privately-held companies are more easily guided by individual standards of morality, but competition eventually will pressure all but community-serving or small-niche businesses toward similar behaviour. Taken together, these rules make a compelling case that many of the most destructive corporate impacts on our society and environment are necessitated by the form and power that we have permitted corporations to assume. Primary among the rules are:
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