Esta nueva cifra resulta de la "mejora metodológica" para la medición de la pobreza monetaria con una serie actualizada en la que la canasta básica se reduce de S/. 264 (serie anterior) a S/. 260 (nueva serie)






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Carlincaturas 30/03/2012


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¿Cuántos libros es suficiente? . Por Mirko Lauer mirko lauer

Los 30.000 libros de la biblioteca de Mario Vargas Llosa, para Arequipa son un espléndido regalo, y sin duda un importante refuerzo para la lectura pública en esa ciudad. Muchas ciudades del país quisieran ese volumen de obras para sus propias bibliotecas, si las tienen. Esto a pesar de que mantener grandes conjuntos de libros se ha vuelto un lujo.

Para los ciudadanos privados en la era del departamento las bibliotecas ocupan demasiado lugar, plantean problemas de salud si no son limpiados con frecuencia, y padecen la creciente competencia de la pantalla electrónica. Si en el país tuviéramos más y mejores bibliotecas públicas, no habría tantos libros en las casas de la gente instruida.

Incluso los centros educativos más modernos son renuentes a aceptar donaciones de bibliotecas privadas, por definición formadas por libros de otras épocas. Sin duda bibliotecas como la de Vargas Llosa, o la de Raúl Porras Barrenechea (en la Nacional) o la de Jorge Basadre (9.000 libros, en Tacna) están entre las apreciadas excepciones.

Pues una biblioteca pública, temática o no, es más que una reunión de libros. Suele ser también un motor cultural e institucional: actividades, exposiciones, charlas, clases. En tal medida es lamentable que tengamos ciudades sin reales bibliotecas públicas, o incluso universidades y facultades sin bibliotecas dignas de ese nombre.

Pero el destino de la biblioteca personal reunida en decenios de solícito cuidado es cada vez más ser desguazada en el comercio de libros usados. En lo que demoró formarla los gustos o las necesidades han cambiado, y los clásicos se han convertido en archivos de Internet. Incluso en algunas disciplinas de punta el papel se ha vuelto sospechoso.

Hoy el libro no es el instrumento de lectura más barato. Pero en muchas circunstancias peruanas, es el más asequible. Reunir las lecturas equivalentes a una biblioteca desde la red supone un conocimiento que todavía está por difundirse en muchas localidades. Allí la biblioteca, y en muchos casos cualquier biblioteca, es indispensable.

Entre la población más modernizada del orbe el acopio de libros impresos se está desacelerando a toda velocidad. Los libros en formato electrónico cuestan la mitad y no ocupan espacio. Pueden ser adquiridos al instante apenas aparecen en un mercado remoto. Antes solo en inglés, ahora en cada vez más idiomas.

Pero en términos de política pública, los libros impresos ya están entre nosotros, y las autoridades deberían seguir viendo la forma de distribuirlos por entre las localidades donde pueden rendir un real servicio. El volumen que ya está de más en un lugar puede ser muy necesario en otro. Al menos hasta que llegue la computadora.

El amor de un escritor por su tierra Por Augusto Álvarez Rodrich augusto álvarez rodrich

Hacia Arequipa, desde Lima, París y Madrid.
 

En el cumpleaños uno suele recibir regalos, pero quizá hay una etapa de la vida en la que se siente la necesidad de ser el que regala y de ofrecer lo mejor que uno puede dar, tal como lo acaba de hacer Mario Vargas Llosa al donarle a Arequipa el tesoro material más preciado que un escritor puede querer: su biblioteca.

“Una biblioteca es más que una acumulación de libros, es un acto de amor que se va construyendo en el tiempo, y el que la reúne va volcando sus afectos, sus experiencias, estableciendo una relación de amistad y cariño con los libros como la que uno tiene con sus hijos y nietos”, dijo ayer Vargas Llosa en su ciudad natal.

La biblioteca conformada por estas ‘cosas’ llamadas libros que algunos predicen que están en vías de extinción en la forma principal como aún las conocemos –papel, tinta, encuadernado, tapa de cartulina– constituye la vida misma de una persona.

Ahí están desde los primeros libros que arribaron, quizá de la época escolar, hasta los que llegaron después, marcando un camino en el que se pueden rastrear las etapas de la vida de alguien, a partir de los libros que se leyeron en cada momento.

La biblioteca también incorpora los libros autografiados que se valoran mucho pues es una manera de llevarse al propio autor a casa y de tenerlo ahí en el estante, cerca de uno.

Los libros de nuestra biblioteca también forman parte de la trayectoria personal pues muchos de ellos están marcados, subrayados o resaltados, con las anotaciones que debieron servir para el examen en la universidad, para preparar una entrevista periodística o, simplemente, para recordar una frase para toda la vida.

Los libros también suelen acoger entre sus páginas documentos que uno quiere guardar, fotos, tarjetas de invitación o entradas a un evento.

En la biblioteca están los libros que uno compró con mucho esfuerzo porque eran difíciles de encontrar o porque, en su momento, costaban más dinero del que se disponía.

También, los que no se sabe cómo llegaron; y los que aún no han sido leídos y, quizá, nunca lo consigan. Asimismo, se extraña a los ausentes que una vez se prestaron y que, por supuesto, jamás volvieron.

No recuerdo quién fue pero una vez le preguntaron a alguien que tenía varias casas, en diferentes ciudades del mundo, cuál era ‘realmente’ su casa. Su respuesta me gustó: “En la que tengo mi biblioteca”.

Pues el destino que tendrán los treinta mil libros que, luego de su muerte, viajarán desde Lima, París y Madrid hasta Arequipa para quedarse ahí para siempre, quizá sea la manera de Mario Vargas Llosa de decir que, para este peruano universal, esa ciudad es, realmente, en todos los sentidos, su tierra, inicial y definitiva.

¿De Zacatraz a la paz? . Por Diego García Sayán diego garcía sayán

“Zacatraz”. Así llama la gente a  la cárcel de máxima seguridad de Zacatecoluca en la jerga  salvadoreña; alusión al legendario presidio californiano de Alcatraz. Allí están detenidos los más importantes jefes de las pandillas o maras del país; factor esencial en la inseguridad nacional. A la cabeza, la famosa MS-13 (o “Mara Salvatrucha”) y la Pandilla 18. Debería decir, en realidad, “estaban detenidos” pues los principales cabecillas fueron trasladados hace tres semanas de “Zacatraz” a cárceles de menor rigor. Lo interesante es que de inmediato disminuyeron drásticamente los homicidios en El Salvador en 59%. De 14 a 6 diarios. ¿Por qué?

Para un país que sufre uno de los más altos índices de criminalidad un resultado así no es cosa de poca monta. En las últimas tres semanas 168 personas más habrían muerto asesinadas de no ser por este cambio. Cuando buena parte de los homicidios es causado por la acción de miembros de una mara contra los de otra rival, una “tregua” es relevante. En realidad a cualquiera debería interesarle entender cómo se explica un resultado tan alentador teniendo a la vista situaciones dramáticas como las de México, en donde parte importante de la criminalidad se produce por la violencia dentro del crimen organizado.

La verdad monda y lironda es que estos resultados en El Salvador están en las “conversaciones” o negociaciones –“con” las maras y “entre” las maras– tal como fue revelado hace unos días por el periódico digital El Faro que dirige Carlos Dada. Hay tres cosas muy claras que plantean, a su vez, un dilema fundamental.

Lo primero es que, con la mediación de la iglesia católica, se hicieron negociaciones en la prisión; “entre” las dos maras y “con” las autoridades. Se pactó una tregua entre las maras concertando una disminución de homicidios entre ellas. La misma fue anunciada en un “comunicado conjunto” público. Lo segundo, que los principales cabecillas fueran trasladados de “Zacatraz” a cárceles menos rigurosas como parte de un acuerdo en el que participó la autoridad. No fue, pues, sólo el obispo Fabio Colindres, capellán del Ejército y de la policía. La idea es que desde estas cárceles menos duras los cabecillas puedan transmitir mejor las nuevas “reglas” a sus “bases”. El tercer hecho es que, realmente, los homicidios han disminuido.

Más allá de esta experiencia, se plantea un dilema a partir de una constatación. La inmensa capacidad de fuego del crimen organizado pone al Estado y a la sociedad en una situación tal de desventaja y debilidad que estallan los mecanismos clásicos de ejercicio de la autoridad. Acaba siendo más una situación de poderes en conflicto que del mero reto al orden público que plantea la criminalidad. Se habló esta semana en El Salvador, incluso, que las maras habían comprado en Honduras cohetes Law antiblindados y fusiles Dragonov para uso por francotiradores. Asunto, pues, de poderes en pugna.

El dilema es si en una situación de agotamiento de los medios clásicos de acción estatal y de creciente poder del crimen organizado, es lícito y legítimo “negociar” con los criminales y pactar ventajas para ellos a cambio de ciertas conductas que contribuyan a la tranquilidad pública. Acordar “treguas” o pactos orientados a atenuar la comisión de ciertos delitos a futuro, como el homicidio en este caso, es, por cierto, diferente de las ventajas penales que pueda el Estado otorgar a un procesado a cambio de información relevante sobre actos criminales ya producidos.

En principio es obvio que si la sociedad y el Estado tienen un sistema legal e institucional, es eso lo que hay que hacer valer. Negociar con criminales no surge, así, como el camino deseable. Sin embargo, cuando la criminalidad y el crimen organizado son un factor de poder –a veces más fuerte que el propio Estado– se abre la interrogante de la legitimidad de opciones como esta dada la necesidad social de mejorar el orden público. Camino que podría disminuir en lo inmediato ciertos delitos pero que podría abrir el camino a una peligrosa formalización de un “poder dual” entre el Estado y el crimen.

Cusco, mucho amor y poco respeto

Carlos Reyna carlos reyna Cusco puede ser visitada mil veces y la vez siguiente seguirá fascinándote. Esta vez estoy sólo por dos días. Camino cuesta arriba su hermosa calle San Blas pero renuncio a verla en todos sus detalles. Me contento con atravesar ese microclima tan andino y a la vez tan cosmopolita que la envuelve a ella y a las piedras incaicas de sus paredes.

En eso, en medio de tambores y panderetas, baja una rítmica comparsa  de jóvenes actores y danzarines, encabezada por una joven bailarina, mitad cusqueña y mitad gitana, de blanco vestido y negra cabellera. Son jóvenes que bajan bailando sobre el empedrado de la calle. Al pasar por mi lado, uno de ellos me alcanza un volante que reza “No necesito conocerte para respetarte”.

Cusco es la ciudad peruana que contiene más simbolismos históricos. La arquitectura de sus calles y edificaciones reflejan el hecho más determinante de nuestra historia: el choque y la posterior subordinación de lo incaico respecto a lo hispánico, de lo andino frente a Occidente.

Cada calle o edificación de su Centro Histórico muestra la relación colonial que se estableció entre ambos mundos. A cada paso aparecen las construcciones de uno de esos mundos, el dominante, sobrepuestas a las construcciones de un mundo dominado que tuvo la fuerza suficiente para sobrevivir. Con el paso del tiempo esa mezcla arquitectónica adquirió una singular y turbadora belleza.
Por eso mismo los peruanos, y sobre todo los cusqueños, tendríamos que decirle lo siguiente a su ciudad: “Para conocerte y conocerme tengo que respetarte”. Pero es verdad harto conocida que hay mucha retórica laudatoria pero a la vez poco respeto.

En años recientes hubo polémica sobre la construcción de un hotel Marriott en el antiguo convento de San Agustín, que a su vez se construyó hace siglos por sobre edificaciones incaicas. Durante la obra del hotel hubo denuncias muy atendibles del Colegio de Arquitectos y protestas de las Juntas de Vecinos. Se habrían violado normas expresas de protección al patrimonio monumental. Sin embargo, las autoridades dijeron “El Marriott Va” y pronto abrirá sus 153 habitaciones.

Otro caso reciente fue el visible daño causado a un muro inca en la calle Loreto, también cerca de la Plaza de Armas, durante la construcción del centro comercial Ima Súmaq. Ahora hay un juicio contra sus promotores y contra autoridades del INC que los autorizaron, pero el daño ya fue hecho.

Mi amigo Óscar Olazábal me cuenta que en Ollantaytambo, donde la arquitectura inca es aún más notoria que en la ciudad del Cusco, hubo un caso reciente donde una familia derribó parte de un muro de esa procedencia para abrir una puerta adicional en su casa.

A cosas como estas se añade la aún irresuelta cuestión del exceso de turistas al ya sobrecargado Machu Picchu. Así, en el Cusco, tanto en la gran inversión como en simples familias, me parece que las versiones más destructivas de lo colonial aún laten tras el llamado progreso

Editorial: El saldo trágico de los conflictos sociales

La Defensoría del Pueblo revela preocupantes cifras de muertos y heridos durante actos de violencia en el quinquenio 2006 y 2011.

 Si bien el uso de la fuerza es una facultad legítima del Estado   cuando la violencia busca alterar el orden público y afectar el derecho de todos al libre tránsito y la integridad física, nada justifica que esta acción punitiva derive con lamentable frecuencia en la muerte de civiles que han ocupado espacios o vías públicas para manifestar su descontento. En otras palabras, el uso de la fuerza que el Estado despliega en situaciones de emergencia social debiera ser siempre disuasivo y proporcional. Apuntar y disparar armas de fuego contra quienes han bloqueado una carretera o dañado la propiedad pública es sin duda un exceso que una democracia no debiera acostumbrarse a admitir como procedimiento regular. Porque, una cosa es que la fuerza pública actúe con energía para reducir y detener a quienes desaten el vandalismo, y otra diametralmente distinta es que un Estado democrático recurra a la eliminación física para contener el desborde civil. La muerte de dos personas en Sechura, el último martes, en medio de los disturbios en los que derivó la protesta contra el desarrollo de un proyecto gasífero, indicarían que el Ejecutivo no ha modificado la  postura poco propensa al diálogo, e ineficaz para la prevención de conflictos, que exhibió la anterior administración gubernamental.

Y esta aseveración, antes que un juicio de valor es un dato de la realidad: entre enero de 2006 y setiembre de 2011, en buena cuenta, durante el anterior quinquenio de gobierno, 195 personas murieron y 2.312 fueron heridas en medio de actos de violencia provocados por conflictos sociales. La información estadística que acabamos de reseñar fue revelada el miércoles último por la Defensoría del Pueblo y debiera ser sopesada por el Ejecutivo si no quiere terminar compitiendo en la materia con el anterior. Por lo pronto, el uso de armas no letales para contener los desmanes, como lo ha sugerido la Defensoría del Pueblo, es una alternativa que el Ministerio del Interior haría bien en adoptar. Una idea debe quedar clara: una democracia se consolida en la medida que es capaz de mitigar los conflictos sociales que estallan en su camino.

 España paralizada

 La huelga de 24 horas que la mayoría de españoles respaldó el último jueves es la protesta más contundente que la Unión General de Trabajadores (UGT) y Comisiones Obreras (CCOO) han lanzado contra la reforma laboral promovida por Mariano Rajoy, desde que este llegó al gobierno hace exactamente cien días.  Las centrales sindicales han reiterado que “no dejarán pasar” la cuestionada reforma apoyada con beneplácito por la Unión Europea y el Fondo Monetario Internacional. Para los líderes del sindicalismo español las normas promueven el despido de los que todavía tienen trabajo, debilitan la negociación colectiva y tienen por finalidad la demolición del modelo laboral que el Estado de Bienestar construyó en democracia. La protesta de ayer tenía por objeto, justamente, presionar al  gobernante Partido Popular para que acepte negociar modificaciones a la reforma. Pero desde la otra orilla, nadie parece dispuesto a sentarse en la mesa con los representantes de los trabajadores. Los ministros de Rajoy advirtieron ayer que ceder frente a la presión sindical solo conducirá a profundizar la crisis, la recesión y el desempleo.  A pesar de la huelga, aseguran, los ajustes de la reforma laboral “no se moverán un ápice”.  Días nada calmos son los que le esperan a España.
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