Resumen En todo el mundo las investigaciones comparativas en periodismo continúan aumentando. Cada vez más, la muestra está compuesta por países que no forman parte de la denominada cultura periodística occidental, que hasta hoy día ha actuado como referencia.






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títuloResumen En todo el mundo las investigaciones comparativas en periodismo continúan aumentando. Cada vez más, la muestra está compuesta por países que no forman parte de la denominada cultura periodística occidental, que hasta hoy día ha actuado como referencia.
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Resultados del análisis contextual

El análisis del Nivel de Sistemas muestra que España, como otros países del Mediterráneo, posee una baja tradición periodística. Según Hallin y Mancini (2004), la discusión periodística se limitó en un principio a pequeños círculos literarios de aristócratas que exponían y discutían con base en sus opiniones políticas y literarias. Lo que llevó a España durante el siglo XIX a contar con una prensa de opinión focalizada en reducidos círculos de intelectuales.

En España, el mercado mediático libre quedó interrumpido en 1920 debido a la dictadura y a la inestabilidad política, aunque con breves periodos de cambio. Posteriormente, la dictadura de Francisco Franco marcó el principio de un largo periodo caracterizado por el hermetismo en el que se estableció la censura previa a partir de la aprobación de la Ley de Prensa de 1938, confiscándose las estaciones de radio, periódicos y revistas que no estaban sujetas al mandato impuesto por el nuevo régimen. “En 1939, todos los periódicos pertenecían al régimen bajo el apodo de ‘Prensa del Movimiento’. Los pocos periódicos ‘libres’ estaban sujetos a las normas del Estado y de la Iglesia” (Schulze, 2005: 32).

El paternalismo estatal se acentuó con Franco. El “Orden Político” actuó en el campo de la comunicación usando dos estrategias diferentes: en primer lugar, a través del estricto control de todos los órganos de la prensa y la radio (además de películas, libros, cómics, publicidad, música, etc.) y, en segundo lugar, a través de la propiedad directa y gestión de todos los medios públicos y semi-públicos.

A pesar de esto, “el Estado español ha experimentado un marcado desarrollo en las últimas décadas con el paso de la dictadura a la democracia, determinando profundamente la nueva relación entre el Estado y los medios” (Gunther, Monter y Wert, 2000: 28; Hallin y Mancini, 2004: 119; Schulze, 2005: 39,44; Barrera y Vaz, 2003: 28). Situación que ha propiciado un fuerte paralelismo entre la política y los medios de comunicación, donde la tradición paternalista ejercida por el Estado, según Hallin y Mancini (2004), favorece el carácter de servicio de los medios, utilizados como lanzaderas de la discusión y el debate político. Esta instrumentalización mediática ha provocado que, tal y como confirman Humanes y col. (2013: 727), “los estándares del periodismo político hayan empeorado como resultado de la politización y la polarización”.

La polarización entre derecha o izquierda política comenzó tras el periodo de transición entre la dictadura y la democracia. En este momento, se produjo una división ideológica de los medios en dos grupos enfrentados. Cuando el Partido Socialista Obrero Español (PSOE) comenzó su gobierno en 1982, la compañía mediática PRISA, que contaba con la principal red de radio, publicaciones y, con el tiempo, de televisión, decidió darle su apoyo. Por el contrario, el grupo mediático rival formado a partir de un punto de vista más conservador, que contaba con cabeceras como ABC y El Mundo y la cadena de radio COPE, se posicionó en el extremo opuesto (Hallin y Mancini, 2004).

La joven democracia (1978) trajo consigo un renovado paisaje mediático formado por grandes corporaciones y, gracias a la ayuda del Estado, un gran número de nuevos medios (Schulze, 2005). Estas nuevas condiciones de los medios estaban sujetas a fuertes influencias procedentes del mercado y a un nuevo tipo de medios de carácter plural y marcada visión comercial.

La educación formal y académica en periodismo se desarrolló tras la dictadura. Con la nueva democracia llegó a España la fuerte influencia de los estándares periodísticos Norteamericanos, siendo adoptados por los medios de comunicación y los periodistas. Aspecto que ha marcado el nivel profesional y la identidad de los periodistas hasta hoy día. Además, actualmente no existen restricciones en el ejercicio de la profesión y más y más profesionales han finalizado la carrera de Periodismo en la universidad (Schulze, 2005; Boom, 2005; Barrera & Vaz, 2003).

En la actualidad, respecto a los principales tipos de medios, “el sector de la prensa está sufriendo una regresión de ventas de trazas irreversibles (Oller y Meier, 2012). Sin embargo, “los programas de radio tienen una audiencia estable en términos cuantitativos, superior durante los últimos cinco años a los 20 millones de oyentes […]. Y “la televisión, por su parte, sigue siendo el medio masivo más seguido, manteniendo o aumentando su audiencia” (Oller y Meier, 2012: 155). A esto hay que unir el constante incremento del uso de internet y los medios comunicativos digitales asociados a la red -tendencia que se está produciendo a nivel global-.

Respecto al Nivel de Institución, la desregularización de los medios en España comenzó con la muerte de Franco en 1975. Desde este momento, la actividad de los medios ha ido progresivamente liberándose. Prueba de ello, según Hallin y Manicni (2004), es la protección legal de la libertad de prensa y de expresión ofrecida por la Constitución Española de 1978. Aunque debido al carácter reciente de esta y los cambios ocurridos a partir de la Transición española, todavía hoy el periodismo posee un nivel medio de profesionalización y de estandarización de los procesos dentro de las redacciones. A esto se une la inconsistencia y la inestabilidad política y económica, incentivadoras del gran incremento de los índices de desconfianza y de los procesos jerárquicamente verticales en la profesión.

Con base en la propiedad y el tipo de medio existen ciertas diferencias. En primer lugar, los medios escritos tienden a tener una orientación de mercado debido a que son privados y “normalmente se venden casi al cien por cien en los quioscos, distribuyéndose un pequeño porcentaje a través de subscripción” (de Mateo, 2004: 227). Además, los diarios no han logrado establecerse nunca como un medio real de masas en España debido a la política restrictiva de Franco y a sus políticas a favor del desarrollo de la televisión como el medio más importante (Hallin y Mancini, 2004). A pesar de la baja penetración de los periódicos y de poseer una línea editorial política, según de Mateo 2004; 2005: 650, “mantienen unos altos valores como referencia social y mediática porque su tipo de periodismo de alta calidad forma la opinión pública”. De modo que, como afirman Oller y Meier, 2012: 153, “los consumidores de los diarios, como antes, son una minoría con una particular identidad política social y cultural”.

Y, en segundo lugar, la relación de los medios audiovisuales públicos y privados se caracteriza por la alta polarización. Mientras que la televisión y la radio pública mantienen una línea editorial social -aunque en muchas ocasiones ha sido acusada de estar bajo los intereses de los Gobiernos de turno en busca de una mayor influencia de estos en la opinión pública-, los medios audiovisuales privados poseen una marcada línea editorial comercial enfocada al incremento de los beneficios económicos. Estas posturas opuestas han llevado a la televisión pública en España a perder progresivamente audiencia. Tendencia todavía más preocupante en la actualidad debido a que afecta a la estructura y a las oportunidades de programación ya que “las organizaciones privadas pueden cubrir también los servicios y las funciones de servicio público de forma más eficiente que las organizaciones públicas” (Campos-Freire, 2013: 113).

Dentro del Nivel de Actor, en España se habla de la confluencia de tres generaciones de periodistas todavía activas: 1) la pre-transición, 2) la de la transición y 3 la pos-transición. La generación de la transición ha marcado, y marca, las diferencias entre las otras dos. Tal y como confirma Humanes (1998: 77-78), durante la transición “una nueva generación de periodistas diferente a los de la ‘vieja guardia’ participó activamente en la implementación de la nueva democracia”. Al respecto, Canel y Pique (1998: 307), con base en las tres categorías -difusor, intérprete y adversario- de Weaver y Wilhoit (1996), mostraron que existía una “clara diferencia entre los viejos periodistas, quienes habían aprendido su profesión de forma ‘artesanal’ durante el régimen de Franco, y los nuevos que habían tenido sus primeras experiencias durante la Transición Española” -la ‘vieja guardia’ se veía a sí misma como abogada e intérprete, mientras que los periodistas de la transición lo hacían como profesionales responsables basados en los hechos-. Por su parte, la generación post-transición de jóvenes periodistas mantiene un punto de vista escéptico sobre el presente y el futuro de la profesión debido a la precariedad laboral, los bajos salarios, los altos niveles de corrupción política y económica y los problemas de acceso a la profesión –p.e. existe un gran desequilibrio entre la oferta y la demanda causado por el gran número de facultades en comunicación, periodismo, relaciones públicas, publicidad, etc. y la falta de oferta laboral-.

El Informe Anual de la Profesión Periodística (2014) confirma que aunque en 2014 el desempleó declinó en 9451 personas, durante la crisis (desde 2008 hasta hoy) 11875 empleos fueron destruidos. Esta situación muestra una profesión duramente golpeada por la crisis que ha causado un “alarmante pobre estado” según Del Riego9 en la presentación de este informe el 16 de diciembre de 2014 en Madrid. Adicionalmente, derivado de estas circunstancias, el 81% de los periodistas españoles reconoce que hay un deterioro de los estándares de calidad en los productos periodísticos (Gómez-Mompart y col., 2015).

De acuerdo con las características sociodemográficas de los periodistas en España, puede decirse que el periodismo es una profesión que se está rejuveneciendo porque durante la última década del siglo XX (1991) “la media de edad era de 35 años” (Canel y Piqué, 1998: 301), mientras que a principios del siglo XXI (2003) se encontraba en los 34 años (Rodríguez, 2003). Ya en 2007, de acuerdo con la Asociación de la Prensa de Madrid (2007: 55), la media se situó entre los 25 y 35 años. Respecto al género, el periodismo en España es una profesión balanceada porque el 52% de los periodistas son hombres y el 48% mujeres10 (Informe Anual de la Profesión Periodística, 2014).

En 2014, el 82% de los periodistas en ejercicio habían completado un grado universitario, un 16,6% un máster y un 5,4% un PhD en periodismo o comunicación. Solo el 8,6% de periodistas no tenía estudios universitarios. A pesar del incremento de la formación, los periodistas han visto reducido su salario en más de un 30%, mientras que los periodistas autónomos han sufrido hasta un 60% de reducción (Informe Anual de la Profesión Periodística, 2014). Esta situación, de acuerdo a Sánchez-García y col. (2015: 204), está estimulando “el debate académico sobre si realmente los nuevos perfiles de los periodistas del siglo XXI requieren de esa educación o formación”.

    1. Resultados de Ecuador




      1. Resultados del análisis de las dimensiones

Los periodistas ecuatorianos se ven como profesionales neutrales e imparciales. El 55% considera que su principal función es la de informar de forma veraz y equilibrada. De modo que se ven ejerciendo un rol imparcial al acogerse en su actividad profesional a preceptos como los de neutralidad, veracidad y aproximación a la realidad: “El periodista es un contador de historias, entonces en el momento que contamos una historia hay que dar la información real […] no falsear la verdad” (5); “Informar siempre tratando de decir la verdad” (12).

El 68% de los periodistas entrevistados mantiene una relación cordial con los centros de poder, siendo amables y afectuosos, pero sin llegar a intimar para poder conservar la neutralidad: “Una cordialidad distante. Aprendí que uno tiene que ser lo suficientemente cercano a las fuentes para que le den información pero lo suficientemente lejano para cuestionarlas” (18); “Una relación de respeto, no de confianza. Una cosa es que puedas tener una relación con tu fuente y otra cosa es entablar una relación personal de amistad” (16); “Yo siempre los trato ‘de usted’, es una forma de poner límites, otra es no salir con ellos a ningún lado que no sean cosas de trabajo” (23).

Los entrevistados piensan que su principal función es informar a los ciudadanos. La mayor parte presenta un elevado sentido de responsabilidad social, percibiendo a la población más como ciudadanos que como audiencia. Apreciación común entre los periodistas de medios públicos, comunitarios y privados -con la matización de que los últimos dan un mayor valor a los estudios de mercado y a su público objetivo-. A pesar de plantear el rol de difusor como el principal, mantienen un acento movilizador y adversario. Casi la mitad (45%) de los entrevistados cree que actuar como vigilantes del poder sí es una función importante. Por el contrario, un 32% estima que nunca deben ser vigilantes y un 23% que tiene funciones diferentes. Si se suman estas dos últimas posturas, que son similares, se obtiene que más de la mitad de los entrevistados (55%) considera que ejercer el rol de vigilante o “adversario” no es una función que deba incluirse primordialmente en su ejercicio profesional.

Las influencias procedentes del Mercado no ofrecen altos niveles de influencia. Aunque la relevancia de los estudios de mercado y el del público objetivo para los periodistas entrevistados fluctúa según el medio de comunicación donde trabajan; reflejando una tendencia de los periodistas en los medios privados a ver a su público como consumidores y a plantear los medios como empresas dependientes de los resultados económicos: “En un medio de comunicación privado eso es esencial, nosotros medimos los comportamientos de las audiencias, los horarios, los ratings y determinadas frecuencias también. Así es que es lo fundamental: se trabaja por ellos y en función de ellos” (12); “Estamos en un mundo globalizado, un mundo en el que se maneja con el consumo; definitivamente tiene una importancia capital” (24); “Creo que es importante para conocerles, para saber el perfil que tienen y así también estructurar la información que necesitamos” (27).

Para los entrevistados, la objetividad como concepto filosófico no es una meta a conseguir, ya que solo un 3% de los entrevistados opina que la objetividad es algo muy importante en el periodismo de Ecuador o que la objetividad es la meta a conseguir en su trabajo: “Nosotros en sí nos basamos en esa objetividad. El noticiero todos los días está basado en eso, en ser objetivos, en dar la imparcialidad del caso” (6).

Para los periodistas, la objetividad tiene un carácter eminentemente práctico. Los métodos objetivos más utilizados para el 57% es la consecución de una ‘pluralidad de fuentes’ y el ‘contraste de la información’: “Trato de poner a todos los actores de la noticia [...], mostrándole al público las distintas aristas para que sean ellos los que concluyan” (13); “El hecho de buscar las dos caras. Se intenta hacer de manera participativa, donde exista más de una fuente y donde se pueda contrastar lo que una persona dice” (8); “Primero, tengo la información ahí, la contrasto, voy a las fuentes [...] y posteriormente busco una segunda opinión. Ahí pongo la nota para equilibrar” (31).

      1. Resultados del análisis del contexto

El análisis del Nivel de Sistemas en Ecuador muestra que este país, de acuerdo al Democracy Index of the Economist Intelligence Unit (2012), se situó en el puesto 87 (de 167) con una puntuación de 5,78 (en una escala de 0-10). Esta puntuación lo coloca en la categoría de “régimen híbrido”. Algunas causas que explican esta clasificación son 1) el fuerte intervencionismo y paternalismo del Gobierno y 2) la polarización entre las políticas económicas neoliberales durante las últimas décadas del siglo XX y parte de la primera del siglo XXI (provocaron el incremento de las actitudes discriminatorias, de los problemas de pobreza, de la inequidad social, etc.) y las reacciones diametralmente opuestas basadas en regímenes económicos socialistas llevados a cabo por el Gobierno de Correa11.

La inestabilidad económica y política a lo largo de los años en Ecuador ha causado un efecto a nivel social caracterizado por el individualismo. La expresión de este individualismo transgresor se observa en los movimientos/organizaciones sociales y las instituciones políticas como vectores del progreso y del atraso del desarrollo de la democracia en el país (Oller y Chavero, 2015).

La cultura periodística de Ecuador en las últimas década se ha caracterizado por los privilegios que poseían los poderes económicos hasta la llegada del Gobierno de Correa, “aprovechando los procesos de privatización, la inestabilidad política, la legislación liberal y la diversificación provocada por las nuevas tecnologías” (Checa-Godoy, 2012: 126). Además, aún hoy perdura un marcado asincronismo tecnológico causado por las diferentes posibilidades de acceso a la información de la población (Oller y Chavero, 2015) y de los periodistas. Sin embargo, la llegada a la presidencia de Rafael Correa en 2007 supuso una propuesta de cambio radical. En primer lugar debido a la aprobación de la nueva Constitución en 2008 y la Ley Orgánica de Comunicación (LOC) (2013) -y sus dos posteriores reglamentos a principios de 2014 y mediados de 2015-. La aprobación de la LOC fue discutida en la Asamblea Nacional durante cuatro años, algo que acrecentó los niveles de crispación de ciertos sectores periodísticos, económicos y políticos y la confrontación entre las propuestas comunicacionales de presidencia y algunos sectores de los medios de comunicación y los periodistas. Según Almeida (2014), los puntos más criticados fueron la figura del “linchamiento mediático” (Art. 26) y la creación del Consejo de Regulación y Desarrollo de la Información y Comunicación (CORDICOM) y la Superintendencia de la Información y la Comunicación.

A pesar de estrategias gubernamentales como 1) el fortalecimiento de las instituciones públicas en materia comunicacional, 2) la reorganización del mercado mediático en busca de un mayor desarrollo de los medios públicos y comunitarios bajo los principios de universalidad, diversidad, independencia y especificidad (UNESCO, 2011)12 y 3) la redistribución equitativa del espectro radioeléctrico en 33% para medios públicos, 33% para privados y 34% para comunitarios; actualmente, según el registro de medios de CORDICOM de junio de 2014, el 91% de los medios son de propiedad privada, el 5% públicos y el 4% comunitarios. De modo que la cultura periodística de Ecuador se caracteriza por un sistema mediático mayormente privatizado (Abad, 2009) en el que el 72% de los periodistas trabajan en medios privados (CORDICOM, 2014).

Ecuador está inmerso en el proceso de profesionalización del periodismo a través de la certificación de determinados perfiles profesionales13 de las personas dedicadas a esta profesión14, que actualmente son 17000 en todas las áreas de comunicación15. Motivo por el cual, el CORDICOM, con SENESCYT16, SECAP17 y SETEC18, realizaron durante la segunda mitad del año 2014 un proceso de “reconocimiento público, documentado y formal para demostrar la capacidad de los trabajadores basado en la competencia de su trabajo -no necesariamente sujeto al proceso de formación- (Oller y Chavero, 2014).

En el Nivel de Institución se observa la baja capacidad de autorregulación de los medios de comunicación ecuatorianos debido a las discutidas políticas de regulación del presidente Rafael Correa. Ya que, aunque, por un lado, son apoyadas por organismos internacionales como Periodistas sin Fronteras (2010) que afirma que políticas como las de Ecuador garantizan el equilibrio entre los distintos tipos de medios y ofrecen una mayor visibilidad a determinados sectores de la población, por otro lado, puntualiza que no deben confundirse con una regulación del sistema de medios y de los periodistas basadas en el control coercitivo de la actividad periodística. Ejemplo de esto último, según Oller y Chavero (2015), es el trabajo empeñado por agencias como CORDICOM y SUPERCOM que ejercen funciones de supervisión, monitoreo, regulación, control y sanción externa, que están llevando a los medios ecuatorianos a un progresivo proceso de pérdida de capacidad, de autonomía y de capacidad de autorregulación.

La regulación en materia comunicacional está relacionada con una reestructuración del sistema mediático basada en el fortalecimiento y la creación de una red de medios públicos y gubernamentales: la Radio Pública de Ecuador (2008); el canal Ecuador TV (2008); los periódicos El Telégrafo19 (2008), El Ciudadano (2008) PP, El Verdadero (2010); y la Agencia Nacional de Noticias de Ecuador y Sudamérica -Andes- (2009). Adicionalmente, hay una sólida propuesta de fortalecimiento de los medios comunitarios20.

La clara línea editorial y los procesos verticales definen la estructura y la organización de los medios de comunicación en Ecuador. Los supervisores o editores jefe ejercen una fuerte influencia sobre el desarrollo del trabajo de los periodistas -como afirma más de la mitad (54.8%) de los entrevistados en el proyecto CPE (Oller y Chavero, 2015)-. A esta situación de marcado control sobre los periodistas se une el bajo profesionalismo del gremio, entendido este no solamente con base en la formación académica de los periodistas, sino también sobre los niveles de autonomía, asociacionismo e intrusismo en el ejercicio de la profesión.

Dentro del Nivel de Actor se habla de los periodistas ecuatorianos como una “nueva clase media” porque a pesar de que el salario continúa siendo bajo, este se incrementó en diciembre de 2012 por orden del Gobierno. Según Virtue (1994), en la década de los años noventa el sueldo mínimo establecido era de $ 99 mensuales (el 72.4% de la muestra ganaba menos de $ 400 dólares al mes y el 17,3% entre $ 400 y 800). Sin embargo, actualmente el 48% obtiene entre $ 340 y 650 dólares al mes, el 18% entre $651 y 900 y el 15% menos del salario mínimo en Ecuador ($ 341) (CORDICOM, 2014).

La marcada polarización y los bajos niveles de confianza entre los profesionales refleja el estado de confrontación que define la cultura periodística de Ecuador (Oller y Chavero, 2015). Característica que se acentúa debido a las marcadas diferencias de posibilidades de acceso a la información y de intervención en los procesos de decisión entre los periodistas urbanos y de provincia.

Las competencias profesionales están asociadas a la formación profesional reglada y universitaria. En Ecuador, la falta de consenso entre los periodistas “empíricos” y los “graduados” determina y aviva la discusión sobre quién es o no periodista. Si los periodistas graduados en la universidad, los profesionales empíricos con más de una década de experiencia en medios sin formación académica o los que obtienen su sueldo de los medios de comunicación donde trabajan.

Figura 2: Análisis contextual a partir de la aplicación del Modelo Orgánico Multinivel de la cultura periodística de Suiza, España y Ecuador




Suiza

España

Ecuador




Nivel de Actor

Clase media/alta

Altos salarios

Descenso de las buenas condiciones profesionales

Ideología política moderada (izquierda-derecha)

Jóvenes vs Viejos periodistas

Diferencias cantonales (administrativas y lingüísticas)

No poseen una formación específica en periodismo

Alto profesionalismo

Clase media

Bajos salarios

Tres generaciones: antes-durante-post transición

Profesión joven

Diferencias regionales (políticas)

Formación específica en periodismo

Alto/Medio profesionalismo


Nueva clase media

Bajos salarios / incremento de salarios

Polarización

Ciudad vs Provincia

Costa/Sierra/Oriente/Galápagos

Medio/Bajo profesionalismo




Nivel de Institución

Auto-regulación

Alta estandarización

Medios impresos vs audiovisuales

Procesos horizontales / transversales

Línea editorial política – medios impresos

Línea editorial social – medios audiovisuales

Subscripción medios impresos

Alta profesionalización

Desregulación

Media estandarización

Procesos transversales/verticales

Línea editorial política – medios impresos

Línea editorial social – medios audiovisuales públicos

Línea editorial comercial – medios audiovisuales privados

Media profesionalización

Regulación externa

Media/Baja estandarización

Medios públicos, privados y comunitarios

Procesos verticales

Línea editorial a favor o en contra del Gobierno (Rafael Correa)

Baja profesionalización


Nivel de Sistemas

Democracia consolidada

Economía estable

Estabilidad histórica y social

Fuerte paralelismo – medios escritos

Pocas facultades de periodismo

Alto nivel de acceso a la información

Denso y variado paisaje mediático

Larga tradición periodística

Tendencia a la concentración mediática

No existe brecha digital

Joven democracia

Paternalismo estatal

Inestabilidad económica

Fuertes influencias del mercado

Alta corrupción política y económica

Polarización entre derecha e izquierda

Precariedad laboral

Nivel medio de formación en periodismo

Dictadura reciente

Grandes corporaciones mediáticas

Baja tradición periodística

Aumento de la brecha digital

Alto nivel de acceso a la información

Sistema democrático híbrido

Nueva Ley de Comunicación (2013)

Fuerte intervencionismo estatal

Paternalismo estatal / crispación

Neocapitalismo vs Socialismo

Formación profesional: Titulados vs Empíricos

Inestabilidad económica/política

Individualismo social

Asincronismo tecnológico

Gran brecha digital

Estructura mediática: 91% Privados, 5% Públicos y 4% Comunitarios

Medio/Bajo acceso a la información

Fuente: Elaboración propia.
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