Feroz Respuesta del director de La Republica, ante la protesta del embajador usa por articulo sobre Bush Uruguay






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de ahí a la raza elegida un solo paso. En fin ¿no nos hace acordar todo
esto al sicópata del bigotito?

Y hablando del bigotito, es aleccionador el relato que un influyente
asesor de seguridad que vive en Washington le contó a la revista
argentina "Noticias": "Para bien o para mal, George Bush Jr. es el
hombre indicado para esta guerra. Nació para esto. La potencia que le
viene de adentro lo hace temblar. Cuando uno está hablando con él en su despacho parece que se va a comer al que tiene enfrente. Se sienta en el borde del sillón, casi sin apoyarse y mueve los brazos como si no
supiera qué hacer con ellos. Necesita acción". Vaya imitación de la
gestualidad del dictador nazi. Aunque nunca es lo mismo la flema de un
vaquero texano pistola al cinto que la de un teutón cuasi epiléptico que
se atraganta con su furia y escupe al hablar y gesticular. El cuerpo de
Bush no escupe al hablar. Su alma, sí escupe, odio y violencia y genera
terror. Mas no le importa. Debe haberse aprendido el "oderint dum
metuant" del emperador Calígula. ("Dejen que nos odien, basta con que
nos tengan miedo"). La incontinencia emocional de Bush ya es un clásico y como el Adolfo, no admite un NO. Su esposa Laura Bush recordó a la prensa que la primera vez que le dijo a su esposo que no le gustaba uno de sus discursos, éste, muy enojado, chocó su auto contra el muro de entrada del garage de su casa. Se siente como el numen nazi, un enviado de Dios, a quien convoca en cuanta oportunidad se presenta. Decretó que todas las reuniones de su Gabinete se inicien con una oración religiosa.
Y dice haber consultado a Dios para atacar a Irak despreciando la
posición de la mayoría de las naciones del planeta y del 90% de los
seres humanos. Trata de imitar al presidente William McKinley invadiendo Filipinas para evangelizar a los nativos y culpando a Dios que le dio la orden de entrar a patadas en ese país.

Otra coincidencia en estas vidas paralelas, que hubiera hecho la delicia
de Plutarco, es que Bush y Hitler se hubieran salvado de ingresar a la
galería de los grandes bufones de la historia, de haber tenido un
sicoanalista a mano. A ambos un buen sicoanalista les habría ayudado a
canalizar su libido hacia menesteres más normales, sublimando el único
afrodisíaco que tanto Hitler como Bush conocen, que es el poder omnímodo y cruel sobre los demás.

Sigamos viendo las similitudes entre el guerrero de la raza aria y el
guerrero de Dios como bien calificara Telma Luzzani, al exaltado texano.
Bush proclama urbi et orbe la guerra preventiva. Dwight Eisenhower
en1953 no dudó al respecto: "La guerra preventiva es un invento de
Adolfo Hitler, francamente yo no me tomaría en serio a nadie que me
viniera a proponer una cosa semejante". Pero ¿guerra preventiva contra
quién? Bien es sabido que la primera víctima de una guerra es la verdad. Y Bush lo primero que hace para fabricar su guerra preventiva, tras el incendio del Reichstag, es mentir a lo Goebels a un grado tan primitivo que nadie terminó creyéndole algo. Primero dijo que Irak apoyaba a Al Qaeda. Cuando se comprobó el odio irreconciliable entre Saddam Hussein y el ex empleado de EEUU, Osama Bin Laden, Bush apeló a incluir a Irak en la corriente fundamentalista musulmana. Difícil de creer en el país más laico del mundo árabe. Apelaron entonces a la existencia de armas de destrucción masiva. Afirmaron que Irak no iba a permitir las inspecciones y cuando las permitió, aseveraron que no iba a dejar entrar a la ONU en los Palacios y otros lugares preservados. Cuando también se reveló que tal negativa era falsa, dijeron que las armas estaban bien ocultas. Finalmente no encontraron ni una sola. Cuando todos los argumentos fueron sepultados pidieron la renuncia o el exilio de Saddam Hussein y admitieron la única verdad real: queremos ocupar el territorio iraquí pese a quien pese y decidir quién lo va a gobernar. Democracia planetaria que le dicen. La misma operación de desinformación que Hitler lanzó contra Checoeslovaquia, Austria y Polonia. Las mismas excusas que iban cambiando a medida que se derrumbaban.

Otra similitud es el desprecio por la comunidad internacional y por la
opinión pública mundial. Hitler destruyó la Sociedad de Naciones creada
en 1919. Bush hizo trizas las Naciones Unidas, concitando en su contra
la mayor oposición a un país desde la fundación de la ONU: 170 países no apoyan la guerra contra sólo 30, la mayoría de éstos sin peso alguno y procedentes de la desarticulada Unión Soviética, que se venden al mejor postor. A Bush, como a Hitler, no lo paró ni la mayor derrota
diplomática de los EEUU desde que se fundó la ONU. A Hitler jamás le
importó el odio y el rechazo de los pueblos del mundo entero. Bush
intenta superar al teutón. Las manifestaciones en su contra sin
precedentes en el planeta, son música guerrera para sus oídos
wagnerianos. Lo enfrenta el espíritu de Seattle que fundó en 1999 el
movimiento antiglobalizador y pacifista más imponente de la

historia universal. Nada lo detiene. Indignaba ver el destrato de que
hacía objeto al jefe de inspectores de la ONU, Hans Blix, con sus 75
años a cuestas, nacido en la maravillosa y helada Uppsala de la Suecia
socialdemócrata, un digno seguidor de las tradiciones democráticas del
mártir, Olof Palme. El desprecio hacia la gente y sus derechos es el
motor de su humanismo. Escuchemos al mariscal Goering en el juicio de
Nuremberg: "Naturalmente la gente común no quiere la guerra, pero
después de todo, son los dirigentes de un país los que determinan la
política y siempre es un asunto sencillo el arrastrar al pueblo. Ya sea
que tenga voz o no, al pueblo siempre se le puede llevar a que haga lo
que quieren sus gobernantes. Es fácil. Todo lo que uno debe hacer es
decirles que están siendo atacados y denunciar a los pacifistas por su
falta de patriotismo y porque exponen el país al peligro". Fue el nazi
Goering el que lo dijo en 1945, no fue George Bush. La diferencia entre
Goering y Bush es que el nazi lo dijo en alemán y Bush lo dijo en
inglés. La invasión de una nación soberana que no lo agredió necesitaba
una legitimación ética aunque ilícita: derrocar al tirano Hussein e
imponer a sangre y fuego un gobierno democrático y popular. Suena lindo, aunque la comunidad internacional y sus normas sea el precio que haya que pagar. Pero no es cierto. Nadie duda que Saddam Hussein es un dictador siniestro que ha asesinado a su pueblo y que su partido
socialista Baath, de socialista no tiene nada. Pero quién puede creerle
a Bush que va a instaurar la democracia iraquí cuando sus predecesores
menos nazis que él, invadieron y ocuparon durante años y años naciones soberanas e instalaron dictaduras feroces que defendieron contra sus propios pueblos como Somoza en Nicaragua, Duvalier en Haití, Trujillo en República Dominicana. Tanto como los regímenes títeres y despóticos que impusieron los nazis en los países que ocuparon, incluida la Francia antigaullista del mariscal Petain.

Así como Hitler invadió Europa en busca de su Lebensraum, de su
expansión territorial y de las urgentes materias primas que necesitaba
para el desarrollo alemán y la construcción del nuevo imperio germano
que vengara la afrenta del Tratado de Versalles, Bush va en busca
también de su propio Lebensraum. Un Lebensraum que en el mundo
globalizado de hoy no se mide más por kilómetros de territorios
físicamente ocupados sino por el dominio económico y político que se
ejerce sobre ellos dirigido a distancia desde los centros financieros
internacionales. Los objetivos del nuevo Hitler son múltiples. En primer
lugar apoderarse del tanque de gasolina del capitalismo mundial que no
otra cosa es el Golfo Pérsico. Bush sabe que en 10 años el petróleo que
produce su país, locomotora productiva del mundo, se agotará
irremediablemente. En 40 años no existirá más petróleo en el planeta. Es una carrera contra reloj. Según Statistical Review disminuye en forma alarmante el descubrimiento de reservas energéticas. La última década creció sólo un 5% contra el 45% de la década anterior. El 65% de las reservas están ubicadas en Medio Oriente. EEUU consume 20 millones de barriles por día de los 77 millones que se producen a diario en el mundo, de los cuales sólo 10 millones es producido por los propios
norteamericanos, que dependen de los demás para seguir siendo una
potencia imperial. El objetivo del ataque a Irak, segunda reserva
mundial de petróleo, es controlar esos depósitos, controlar su precio y
controlar su producción. Qué armas ocultas ni qué otra cosa. Como dice
Galeano, si Irak produjera rabanitos en lugar de petróleo, ¿a quién se
le ocurriría invadir ese país? Para Bush el petróleo está servido. Falta
sólo tomarlo. No sabe aun que puede atragantarse. La segunda jugada de Bush es disciplinar a su aliado, Arabia Saudita, primer productor
mundial de petróleo y máxima reserva energética del mundo, cuyos precios no le sirven a EEUU. El tercer objetivo como reveló en febrero de este año el subsecretario de Estado, John Bolton, es invadir a Irán y a Siria, que forman junto con Corea del Norte el "eje del mal", y si la
coyuntura es favorable, incluir a Libia en el santa santorum. El cuarto
paso es destruir la OPEP y apoderarse de los combustibles fósiles del
mundo. Si no expropia los fósiles y no encuentra a tiempo alternativas
energéticas, el capitalismo norteamericano deberá modificar el modelo de consumo de su pueblo y con ello puede perder el punto de apoyo de su hegemonía mundial. El quinto objetivo son los suculentos negocios de la reconstrucción de Irak sobre el que se lanzaran muchas de las 500
transnacionales que dominan el mundo, la mayoría norteamericanas. No
menos importante es el sexto objetivo, que se nutre en las enseñanzas de lord Keynes, utilizando la industria bélica para superar la honda
recesión en que está hundida la economía norteamericana, con crecimiento cero. No olvidemos que una guerra se gana no cuando se impone la supremacía militar sobre el adversario sino cuando se obtienen los réditos económicos que son la razón última de su desencadenamiento. No podemos dejar de mencionar un último objetivo y quizás el más importante de esta guerra: imponer la supremacía del dólar frente al euro que en los últimos tiempos le está dando una paliza al dólar en frentes inesperados, poniendo en peligro el privilegio del peso norteamericano en la comercialización del crudo. El dólar se depreció en los últimos meses con relación al euro, un 17%, cifras inimaginables desde la creación de la moneda única europea. Incide en esta depreciación la decisión iraquí de pasar 10 billones de dólares de sus reservas a la moneda común europea, provocando un sismo en el dólar. Esta es otra de las razones del ataque a Irak, intentando que un gobierno títere haga retornar los 10 billones de dólares iraquíes al área del dólar. También Rusia está operando el petróleo en euros y además Irán y varios países de la OPEP están analizando si también abandonan el dólar y se pasan al euro. Los economistas estiman que si esto ocurre se producirá una depreciación inusitada del dólar, desplomándose el valor de los activos norteamericanos, acercando al gigante con pies de barro a un colapso económico como en la década de los 30. La invasión tiene su antecedente más raigal en la necesidad de un nuevo reparto del mundo al fracasar los acuerdos de la tríada (EEUU, Europa y Japón) en 1998 en la reunión de la OCDE en París y en 1999 en la reunión de la OMC en Washington. No hubo acuerdo en el reparto del mercado mundial asediado por la disminución del porcentaje del Producto Mundial Bruto que llegó hasta el 50% concentrado en las manos de la tríada y sus transnacionales al finalizar el siglo. El fracaso del neoliberalismo en seguir manteniendo la máxima tasa de explotación de las naciones dependientes, la fatiga y la decadencia de la hegemonía unipolar y la posibilidad no muy lejana de una crisis mundial que transforme a la arrogante dominación de hoy en una hegemonía en harapos, se encuentra en las raíces de este acto de piratería internacional. Europa no aceptó los términos del reparto y
embistió con su euro. EEUU replicó con la razón de las bestias y si
logra el control de los lagos negros tendrá crudo barato y abundante
mientras sus aliados lo recibirán caro y en cuentagotas haciendo sufrir
a sus economías. Ese es el plan guerrero. La misma razón de dominio
económico que lanzó a Hitler en los brazos de Marte, al grito de
"ocupar, administrar, explotar". De ahí a que Bush pueda cumplirlo hay
un gran trecho. Sobre todo teniendo en cuenta que esta guerra por
primera vez la afrontará económicamente solo. La anterior invasión a
Irak, legitimada por la comunidad internacional, la pagaron todas las
naciones. Esta invasión ilícita, crimen de lesa humanidad
contra el mundo civilizado, la pagará sólo EEUU y un pequeño porcentaje, la Inglaterra del renegado Blair. Y es mucho dinero. Suficiente como para desestabilizar aún más al dueño de la maquinita de fabricar dólares, instalada en el Departamento del Tesoro de la nación más endeudada del planeta: los EEUU de Norteamérica. Trazados los objetivos reales, Bush y su banda de halcones patentaron la estrategia militar nazi: la famosa "Blitzkrieg" con que los nazis asolaron Europa, en la modalidad de guerra relámpago con ataques combinados de divisiones enteras de tanques Panzers apoyados por oleadas de aviones y piezas de artillería. Los tiempos cambiaron y la blitzkrieg nazi se transformó en hiperblitzkrieg norteamericana, pero la modalidad inventada por los mariscales de Hitler es la misma que aplica Bush, aunque con una potencia de fuego mil veces superior.

Otra similitud es la desproporción de fuerzas. La invasión nazi a
Checoeslovaquia o a Polonia donde la caballería polaca se enfrentaba a
los tanques alemanes y era diezmada previamente por la aviación, no es nada comparado con el poder de fuego infernal de la más poderosa
trituradora tecnológica de la historia. Es como si los polacos se
defendieran con hondas frente a la Luftwage de Goering. En la primera
invasión a Irak, los iraquíes tuvieron 120 mil bajas contra sólo 137
norteamericanos muertos y 7 desaparecidos. Salvo la Guardia Republicana de Saddam, el resto del ejército iraquí son famélicos campesinos sin entrenamiento, ni tecnología, ni armamento adecuado, el que se enfrentará a más de 300 mil soldados entrenados año tras año para matar sin dudar. ¿Qué puede hacer un país que tiene un presupuesto militar de 1.400 millones de dólares contra otro que destina 400.000 millones de dólares anuales en sus Fuerzas Armadas? Y por si fuera poco Bush acaba de pedir otros 75.000 millones de dólares para la propina de esta masacre. Promete a cambio que el botín de guerra compensará con creces la inversión. Antes de comenzar la matanza el ejército iraquí fue desangrado como se hace con los toros de lidia por los piqueteros apenas entran en la arena, para que el matador corra menos riesgos. Una década de sanciones económicas, de embargos, carente de repuestos, sin aviones, con escasos tanques, con pocas baterías antiaéreas y sólo equipado con los viejos fusiles de asalto AK 47, ha puesto de rodillas al toro iraquí. El torero sólo tiene que hundir su espada hasta el fondo y esperar la agonía. Las últimas noticias del frente, sin embargo, revelan que desangrado y todo, el toro está dispuesto a vender cara su vida.

El vagabundo vienés devenido en profeta de la raza aria, Adolfo Hitler,
embistió sin respetar los grandes tesoros de la humanidad, destruyendo
ciudades prodigiosas, culturas irrecuperables y fantásticos monumentos
creados por el hombre a lo largo de los siglos. Imitando al protegido de
su familia, George Bush entra a sangre y fuego en la cuna de la
humanidad, en el Mesos Potamos que así se llamaba Irak hace 8 mil años, "tierra entre ríos", donde se fundó el primer estado, la primera
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