7. La Segunda República (1931-36) ante los principales problemas de España: las reformas políticas, sociales y económicas






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fecha de publicación17.06.2016
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II. LA CRISIS DE ESTADO Y DE SOCIEDAD, 1923-1939.

7. La Segunda República (1931-36) ante los principales problemas de España: las reformas políticas, sociales y económicas.
Introducción

La caída de la monarquía y el cambio de régimen se produce tras la victoria electoral de los republicanos en las ciudades en las elecciones municipales de 12 de abril de 1931. El 14 de abril se proclamaba la República por diversos concejales electos de muchas ciudades. Ese mismo día Alfonso XIII abandonaba el país. Gran parte de la población salía a la calle de forma espontánea y pacífica para celebrarlo, pues veía en el nuevo régimen la oportunidad de democratizar y modernizar España, poniendo en marcha un amplio programa de reformas económicas y sociales.

El contexto internacional no fue el más propicio para el éxito de esta cambio. El crac bursátil de 1929 había tenido como consecuencia una crisis económica internacional, de la que no escapó España. Además, en Europa se estaba produciendo el ascenso imparable de los fascismos que cuestionaban los sistemas democráticos.

En Madrid, los representantes del Pacto de San Sebastián constituyeron un gobierno provisional que proclamó oficialmente la Segunda República española: El presidente sería Niceto Alcalá Zamora y los miembros del gobierno serían representantes de la coalición republicano-socialista. Al margen de la coalición quedaba la derecha monárquica, los nacionalistas vascos, los comunistas y los anarquistas. Aunque entre los anarquistas un sector apoyó la República.

La reacción del resto de sectores sociales fue la siguiente: a) El catalanismo: Francesc Macià (Esquerra Republicana de Catalunya) proclamó la República Catalana o Estat Catalá, dentro de una federación de repúblicas ibéricas. El gobierno negoció con Frances Macià, prometiéndole un próximo estatuto. b) La Iglesia: el nuncio papal apoyó la República pero pronto comenzarían los problemas. El anticlericalismo se exacerbó entre la población (quema de un centenar de edificios eclesiásticos en mayo de 1931), sin ningún control gubernamental, provocando un daño enorme a la República. c) Las élites sociales y económicas (grandes propietarios agrícolas, oligarquía financiera, parte del Ejército): mostraron su desconfianza, cuando no su rechazo, ante el cambio de régimen, temerosos de que se iniciara un proceso revolucionario izquierdista imparable.
Las fuerzas políticas protagonistas del período

Las ideologías protagonistas de la etapa son muy activas y diversas:

  1. Izquierda: partidaria de la laicidad del Estado, de la democratización del Ejército, de la reforma agraria, de los derechos sociales y laborales, y del proceso autonómico. Con partidos republicanos como Acción Republicana (en 1934 pasará a llamarse Izquierda Republicana al fusionarse con parte del Partido Republicano Radical-Socialista y ORAG), Partido Republicano Radical-Socialista; partidos autonomistas como Esquerra Republicana de Catalunya y la Organización Republicana Gallega Autónoma; y partidos obreros y sindicatos como PSOE, UGT, CNT, Federación Anarquista Ibérica (FAI), Partido Comunista de España y Partido Obrero de Unificación Marxista (POUM).

  2. Derecha: partidaria de un Estado confesional, de mantener los privilegios del Ejército, la defensa de la propiedad agraria tradicional, contraria a las reformas laborales y partidaria de un Estado unitario. Con partidos republicanos como el Partido Radical, Derecha Liberal-Republicana, Partido Agrario y Confederación Española de Derechas Autónomas (CEDA); partidos autonomistas como la Lliga Catalana y el Partido Nacionalista Vasco; y partidos obreros y sindicatos como los Sindicatos Agrícolas Católicos y Solidaridad de Trabajadores Vascos.

Los partidos de derechas, a lo largo del periodo, irán derivando hacia posiciones conservadoras contrarias a las reformas de los gobiernos republicanos. Además, existían varios partidos de derechas contrarios a la República: monárquicos como Renovación Española y Comunión Tradicionalista, y autoritarios como JONS y Falange Española. Todos ellos desarrollaron acciones directas contra la República o contra los militantes de izquierda.
La evolución política de la II República y las reformas

La falta de tradición democrática, la radicalización de algunos sectores sociales tanto de derecha como de izquierda y la lentitud de las reformas dieron lugar a una gran inestabilidad política. Tanto el primer gobierno republicano (1931-33), una coalición de fuerzas progresistas, como el siguiente gobierno de derechas (1933-35) tuvieron que adelantar las elecciones. El triunfo del Frente Popular de izquierdas, en febrero de 1936, fue el pretexto para que los enemigos de la República se alzaran en armas contra ella. Se iniciaba así la Guerra Civil que desembocará posteriormente en la dictadura franquista.
1. El periodo de las reformas: el Bienio Reformista (1931-33)

1.1. Las reformas políticas

El proceso constituyente

El gobierno provisional convocó elecciones a Cortes Constituyentes para el 28 de junio de 1931. Mientras tanto decretó una serie de medidas urgentes: amnistía general para los presos políticos, libertades políticas y sindicales, designación de nuevos altos cargos de la Administración. En estas elecciones obtuvieron la mayoría absoluta la conjunción republicano-socialista (salvo en País Vasco y Navarra donde triunfaron los nacionalistas y tradicionalistas). Se confirmaron en sus cargos el gobierno provisional: Presidente de la República, Niceto Alcalá Zamora y Jefe de Gobierno, Manuel Azaña.

La Constitución, aprobada el 9 de diciembre de 1931, fue muy avanzada para su época, con un marcado carácter democrático y progresista. Sus principios rectores eran: soberanía popular, Estado democrático laico, Cortes unicamerales con poder legislativo pleno, poder ejecutivo en manos de un gobierno (Jefe de gobierno y Consejo de Ministros) responsable ante las Cortes y de un presidente de la República (6 años) con poder limitado de disolución de la cámara. El poder judicial se confiaba a unos jueces independientes. Se reconocía una amplia declaración de derechos y libertades. El Sufragio sería universal (incluidas las mujeres) y con subordinación del derecho de propiedad al interés público. En cuanto a la organización territorial definía un Estado central fuerte pero con la posibilidad de promulgarse estatutos de autonomía.

La Constitución no consiguió el consenso de todas las fuerzas políticas. Los debates constitucionales más apasionados trataron sobre la separación de Iglesia y Estado, asunto que provocó la primera crisis de gobierno.

La reforma de la cuestión religiosa

Uno de los primeros objetivos de la República fue separar definitivamente la Iglesia y el Estado. Ya en la Constitución se establecía la no confesionalidad del Estado, la libertad de cultos y la eliminación del mantenimiento estatal del culto y el clero. Además, se prohibió a las órdenes religiosas dedicarse a la enseñanza y se les limitó la posesión de bienes, previéndose la posibilidad de disolverlas si se consideraban un peligro para el Estado (caso de la Compañía de Jesús). También se permitió el divorcio y los matrimonios civiles.

Los sectores católicos se sintieron agraviados lo que no mejoró con los brotes populares violentos anticlericales. Esto provocó su posicionamiento contra la República.

La reforma militar

La reforma pretendía lograr un ejército profesional y democrático. Sus mayores debilidades eran una gran cantidad de mandos, la escasa formación de los soldados y su anticuado material. Para resolver la abundancia de mandos se les ofreció la “jubilación anticipada”, que fue aceptada por la mitad de la oficialidad aunque esto no consiguió la adhesión a la República de la otra mitad. Otras medidas tendieron a limitar los amplios poderes de la jurisdicción militar a favor de la civil. Además se cerró la Academia Militar de Zaragoza, una clara amenaza golpista para la República (dirigida por Franco). Por último, para neutralizar el poder de la Guardia Civil se creó la Guardia de Asalto, fiel a la República y de carácter urbano.

La reforma tuvo resultados limitados, disminuyó los gastos pero esto dificultó la modernización del material militar. Y generó el descontento de parte del Ejército, sobre todo de los africanistas, lo que fue aprovechado por la derecha para animar a la revuelta militar. Fruto de este descontento fue la sublevación militar liderada por Sanjurjo en agosto de 1932, que a pesar de su fracaso era clara muestra de hasta donde estaban dispuestos a llegar.

La reforma del Estado centralista: Los estatutos de autonomía

La configuración de un Estado que reconociera los sentimientos nacionalistas y les permitiera acceder a la autonomía era un tema pendiente de la política española. El primer episodio ya lo vimos más arriba, al hablar de la proclamación de la República Catalana por Francesc Macià. La negociación permitió que se detuviera el proceso, pero permitiéndoles un gobierno autonómico provisional (Generalitat) cuya función sería redactar el Estatuto de Autonomía, que sería aprobado por referéndum y presentado a las Cortes para su discusión (1931). La Constitución, que reconocía la posibilidad de que se promulgaran estatutos, recortaba la propuesta catalana dada la oposición de la derecha de las Cortes. A pesar de la fuerte oposición de la derecha se logró aprobar en 1932.

En el País Vasco, el PNV y carlistas redactaron un proyecto de estatuto, cuya aprobación fue retrasada indefinidamente dado su carácter confesional y antidemocrático, por lo que era incompatible con los principios de la Constitución republicana. Ya iniciada la Guerra Civil se consiguió aprobar otro texto consensuado con las fuerzas republicanas y socialistas (1936).

En Galicia, el proceso de elaboración del estatuto fue más lento puesto que no era una fuerza hegemónica en la región. Ya en 1936 se presentó un texto a las Cortes que no fue aprobado al coincidir con la Guerra Civil.

1.2. Las reformas sociales

La reforma educativa

Desde un primer momento se consideró la educación un tema prioritario debido al altísimo nivel de analfabetismo de la población española (44%). Se quería sustituir la enseñanza en manos de religiosos por una enseñanza laica, obligatoria y gratuita. Los recursos disponibles no permitieron desarrollar del todo el ambicioso proyecto planteado; pero en 1933 ya se habían creado diez mil nuevas escuelas, se habían modificado los planes de estudio de magisterio para mejorar la formación de los maestros y se les aumentó el sueldo. Para el desarrollo cultural de la población más humilde se desarrollaron las Misiones Pedagógicas.

Las reformas laborales

A iniciativa del socialista Francisco Largo Caballero (Ministro de Trabajo) se emprendió un programa de reformas para mejorar las condiciones laborales, como la Ley de Contratos de Trabajo y la Ley de Jurados Mixtos. Se estableció la semana laboral de 40 horas (jornada de 8 horas) y un salario mínimo. El sindicato protagonista del proceso de reformas es la UGT, frente a los planteamientos revolucionarios de anarquistas y comunistas. Estas medidas fueron duramente contestadas por la patronal, que consiguió frenar algunos proyectos.

1.3. Las reformas económicas

La reforma agraria

Sin duda, el proyecto más ambicioso de la República fue el de la reforma del sector agrario. El objetivo era acabar con el latifundismo y mejorar las condiciones de vida de los campesinos, sobre todo de los jornaleros. Hay que tener en cuenta que la mitad de la población española trabajaba en el sector agrario y de ellos la mitad eran jornaleros.

Para proteger a los campesinos sin tierra se prohibió rescindir los contratos de arrendamiento. Además se obligó a los propietarios a poner en explotación las tierras aptas para el cultivo.

La Ley de Bases de la Reforma Agraria (1932) pretendía la modernización de la agricultura, expropiando tierras no explotadas suficientemente, arrendadas sistemáticamente y aquellas que pudiendo ser regadas no lo estaban siendo. Los resultados de la reforma fueron escasos, se expropiaron pocas tierras y se asentaron menos familias campesinas de las previstas, debido a la falta de dinero para las expropiaciones, las dificultades burocráticas de la aplicación de ley y la resistencia de los propietarios que pusieron todo tipo de trabas al proceso.

Todos los sectores rurales acabaron descontentos con la reforma, y por tanto con la República. Los propietarios se aliaron con los conservadores, tanto la derecha representada en las Cortes como aquellos contrarios a la República, y los campesinos se afiliaron a movimientos más revolucionarios (anarquistas y comunistas)
2. La paralización de las reformas: el Bienio Conservador (1933-35)

Durante este periodo gobernarán los republicanos radicales (Lerroux, jefe de gobierno) apoyados por la CEDA. A pesar de que la CEDA fue el partido más votado, el presidente de la República era reacio a nombrar a Gil Robles, un antirrepublicano conservador de carácter fascista, como jefe de gobierno y sólo a partir de 1934 tres miembros de la CEDA formarán parte del gobierno, lo que tuvo como respuesta la llamada revolución de octubre de 1934.

El objetivo de estos gobiernos fue frenar muchas de las reformas puestas en marcha en la etapa anterior. Así se tomaron las siguientes decisiones:

a) Se aprobó una ley de amnistía que favoreció a los militares encarcelados por el golpe de Estado que se había producido en agosto de 1932, entre ellos Sanjurjo. Además los altos mandos del ejército recayeron en militares contrarios a la democracia como Fanjul (Subsecretario de Guerra) y Francisco Franco (Jefe de Estado Mayor Central).

b) Se paralizó la reforma agraria: se ralentizaron los asentamientos y se devolvieron a la aristocracia propiedades que habían sido confiscadas. Esto agudizó los conflictos sociales en el campo.

c) Se olvidaron aspectos muy importantes de la Constitución sobre la relación del Estado con la Iglesia y de nuevo se inició el mantenimiento económico de parte del clero.

d) Se ralentizó la construcción de nuevas escuelas.

e) Se suspendió el Estatuto de Autonomía catalán después de la revolución de octubre de 1934 y se bloqueó en las Cortes cualquier intento de discusión del Estatuto del País Vasco.

La revolución de octubre de 1934 fue el intento de conquista del poder por los sectores obreros mediante una insurrección armada. La prepararon comunistas, anarquistas y socialistas, aunque estos últimos tuvieron el mayor protagonismo. Se inició el 5 de octubre con una huelga general en numerosas ciudades. El País Vasco y Madrid quedaron durante varios días paralizados; pero fue en Asturias y Cataluña donde se dio con más fuerza, en el primer caso fue una auténtica revolución obrera, en el segundo dominó más un planteamiento nacionalista.

En Asturias, miles de obreros y mineros bien armados se adueñaron de extensas zonas de la provincia (Mieres, Sama y La Felguera). Los centros mineros fueron fácilmente controlados. La actuación del gobierno fue muy dura y se encomendó la represión a tropas venidas de África, al mando de las cuales estaba Franco. El resultado fue miles de muertos y presos. Había fracasado la revolución.

En Cataluña, los sectores catalanistas e independentistas se unieron a la acción revolucionaria proletaria. Lluís Companys, presidente del gobierno autónomo, reaccionó contra los intentos del gobierno central de obstaculizar el desarrollo autonómico y proclamó el Estado Catalán el 6 de octubre. El ejército intervino rápidamente y detuvo y encarceló a los políticos catalanistas. El estatuto quedó suspendido.

La represión tuvo contrapartidas: una corriente de simpatía y solidaridad hacia los presos, y los inicios de la unidad obrera para luchar contra el fascismo. Además el conjunto de medidas contrarreformistas habían provocado un profundo malestar entre las fuerzas de izquierda, pues veían peligrar la democracia, iniciándose un acercamiento entre ellas que se materializó en las siguientes elecciones.

A esta situación de protesta y malestar se unió un escándalo (el caso del estraperlo) y de malversación de fondos por parte de políticos radicales. Esto desprestigió gravemente al Partido Radical y con él a la coalición radical–cedista. Como consecuencia, Niceto Alcalá Zamora decidió convocar elecciones a Cortes, que se celebraron el 16 de febrero de 1936.
3. El reinicio de las reformas y la preparación del golpe de Estado: el Frente Popular (febrero-julio de 1936)

A las elecciones del 16 de febrero se presentaron unidos los partidos republicanos de izquierda y los partidos obreros (PSOE, PCE, POUM), en una alianza que se conoció como Frente Popular. En este proyecto unitario jugaron un papel fundamental Indalecio Prieto y Manuel Azaña. Fue una coalición circunstancial para eliminar a la derecha del poder. Los partidos de derecha no consiguieron los acuerdos necesarios, sus líderes, Gil Robles, Calvo Sotelo y José Antonio Primo de Rivera no lograron la unidad. Esta circunstancia y el abandono del abstencionismo por parte de los anarquistas favorecieron la victoria del Frente Popular por escaso margen de votos.

El primer gobierno que se formó tras las elecciones estuvo presidido por Manuel Azaña y formado sólo por republicanos, los socialistas no deseaban intervenir de forma directa. Su objetivo era recuperar la línea de actuación del primer bienio. Sus decisiones más importantes fueron: una amplia amnistía política (se liberaron a todos los presos políticos de la revuelta de 1934), se restauró la Generalitat, se inició la tramitación de los estatutos de autonomía del País Vasco y Galicia, se concedió mayor autonomía a los municipios, se reanudó la reforma agraria y la reforma de la enseñanza recibió un nuevo impulso.

A pesar de la buena voluntad de Azaña la vida política no conseguía recuperar su pulso, asfixiada por el radicalismo proletario y la degradación del orden público. Ardieron de nuevo conventos e iglesias, mientras se agravaba la ola de pistolerismo callejero. En el mes de mayo Alcalá Zamora es destituido por las Cortes a causa de las presiones de la izquierda, Azaña es nombrado presidente de la República y como jefe de gobierno Casares Quiroga.

Durante los meses de junio y julio el campo y la ciudad fueron testigos de la agitación revolucionaria: huelgas, ocupación de tierras, asalto de iglesias, conventos y periódicos, altercados entre campesinos y guardias civiles... El gobierno fue incapaz de frenar la violencia y de solucionar la crisis social.

A todos estos problemas se unía la conspiración militar que se estaba organizando desde que venciera el Frente Popular. Mola, Sanjurjo, Goded y Franco iniciaron la conspiración y prepararon un golpe de Estado a pesar de que el gobierno republicano los había alejado de Madrid (Mola a Pamplona, Franco a Canarias y Goded a Baleares. Sanjurjo permanecía en Portugal desde la rebelión de 1932).

La violencia callejera no cesaba y el 12 de julio unos pistoleros falangistas asesinaron al teniente José Castillo de la Guardia de Asalto. Al día siguiente moría asesinado José Calvo Sotelo, líder de la derecha parlamentaria, a manos de un grupo de agentes del orden que querían vengar la muerte de su compañero. Este asesinato fue el detonante del golpe militar del 17-18 de Julio de 1936, que al fracasar desembocó en una larga y sangrienta guerra civil.

El régimen republicano se suprimió de inmediato en los territorios controlados por los sublevados, se mantuvo hasta el final de la guerra en la zona leal al gobierno y, durante décadas, perdurará en el exilio de Francia y de México. Las aspiraciones de los republicanos de construir un sistema político democrático tardaron cuarenta años en hacerse realidad, pero esto no hubiera sido igual sin la experiencia de la Segunda República.


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