Tesis histórica y genética del Estado






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Crisis estructural y orgánica del Estado

Raúl Prada Alcoreza

¿Cómo leer las acciones gubernamentales? ¿Qué clase de signos son? ¿Qué nos dicen respecto de lo que es el Estado? Estas preguntas son importantes ante la renovada pregunta de qué es el Estado. Quizás tengamos que acudir a un método inductivo para apreciar el alcance de las preguntas e intentar responderlas. Por ejemplo qué nos dice del Estado la acción gubernamental de imponer una consulta espuria a las poblaciones indígenas del TIPNIS, también qué nos dice la repuesta del órgano judicial a la apelación de las organizaciones indígenas para detener la “consulta” gubernamental que viola la estructura normativa y conceptual de la consulta, establecida en los convenios internacionales y en la Constitución. Sumando preguntas también debemos inquirir sobre el significado de la cooptación de las dirigencias sociales por parte del gobierno, la cooptación, la intervención y la división en las organizaciones indígenas, la amenaza, el amedrentamiento y el soborno de las dirigencias medias y de bases indígenas por parte del gobierno.

Para responder estas preguntas es indispensable establecer nuestra perspectiva respecto al Estado, la relación entre Estado y gobierno, también la relación entre Estado y sociedad; en el caso boliviano, así mismo, la relación entre Estado y comunidad.

Tesis histórica y genética del Estado

Para comenzar diremos que el Estado es una construcción múltiple efectuada desde las prácticas sociales, desde las dinámicas sociales y sus ámbitos de relaciones, sus interrelaciones, composiciones e intercambios. El Estado también es una construcción cultural, se produce una concentración simbólica en el mapa institucional que se construye, atendiendo a la propia historia organizacional, a las instituciones heredadas, desmanteladas o adecuadas a los nuevos contextos, atendiendo a los requerimientos de las clases emergentes en el marco de los mercados pujantes y los circuitos comerciales. También hay que tener en cuenta la formación de nuevos imaginarios y nuevos procesos discursivos. Empero la construcción no sólo va en este sentido, de la sociedad a la nueva organización institucional, sino también del Estado, del mapa institucional que se va formando, a la sociedad. Se puede decir que el campo social es producto del Estado. El Estado juega un papel importante en la constitución de los sujetos y las subjetividades, sobre todo al crear un campo normativo y administrativo que termina influenciando y ordenando la vida cotidiana. Hay instituciones que afectan directamente en la reproducción social, como la institucionalidad escolar y educativa; el campo escolar es prácticamente una construcción estatal. A través de este campo el Estado propiamente se reproduce; la reproducción social es también, a su vez una reproducción del Estado1. El Estado se internaliza en los sujetos, constituye a los sujetos, al formar a los individuos desde una perspectiva universalista. El Estado del que hablamos es el Estado moderno, el Estado-nación, que se basa precisamente en el supuesto de la universalidad de su forma, contenido y expresión organizativa. El Estado remueve la matriz social del que ha nacido, la transforma en un campo social más o menos homogéneo, crea un sentido común, sobre todo referentes y códigos compartidos desde los cuales las personas se refieren a los problemas que los atingen.

Al normar las relaciones sociales, el Estado regula, ordena, cartografía el campo social, a la vez construye la ciudadanía, que es la relación de los individuos del campo social con el Estado. El Estado también regula y norma las relaciones económicas, las relaciones comerciales, las relaciones de trabajo, las relaciones de producción. Al hacerlo el Estado no sólo transforma sus matrices constitutivas sino que se reproduce a sí mismo expandiéndose en todos los terrenos.

El Estado también norma la cultura, el arte, obviamente la lengua, y todas las aéreas que pueda de las actividades sociales. Lo mismo sucede en lo que respeta a la enfermedad y la salud, el transporte y las comunicaciones. Asistimos entonces a procesos de estatalización.

Viendo desde una perspectiva genética, podemos decir que lo primero que se da es como una acumulación simbólica en la formación del Estado moderno, una acumulación simbólica que tiene que ver con la transvalorización de los valores, la transformación de los valores y las percepciones, también la transformación de la relaciones. Se abandonan las relaciones personales, las relaciones familiares, las relaciones patrimoniales, dejándolas colindantes o subsumidas, estableciendo relaciones supuestamente basadas en el desinterés, en la despersonalización, basadas en la relación abstracta del interés universal, de la justicia y del bien común. Se produce una especie de bifurcación del ejercicio del poder, como en Los dos cuerpos del rey, el físico y el abstracto, el familiar y el universal2. El ámbito personal, familiar, patrimonial, no desaparece, empero en el imaginario estatal domina la legitimidad a través de los valores universales, las características universales del Estado. El simbolismo del Estado radica en las imágenes universales de la representación, de la delegación, de la justicia, de la administración general y la burocracia.

La acumulación simbólica en la formación del Estado es primordial pues tiene que ver con su creación imaginaria y cultural, tiene que ver con las maneras de significar el mundo, tiene que ver con los sentidos atribuidos políticamente. Se da lugar entonces con el monopolio de las representaciones y de las delegaciones. Los agentes constructores de este imaginario son los juristas, primero, y los funcionarios, después. Son los más interesados en hacer valer el carácter universal de las relaciones, las normas, las reglas y las leyes estatales. Pierre Bourdieu dice que antes de producirse la acumulación originaria de capital y antes de producirse la acumulación de la violencia física del Estado, por lo tanto del monopolio de la violencia legítima, se da lugar primero a la acumulación simbólica del Estado3. Con lo que el Estado viene a ser una invención en pleno sentido de la palabra. La acumulación de la violencia física del Estado y de la acumulación originaria de capital se da después, casi como una consecuencia de esta acumulación simbólica.

Después de la acumulación simbólica en la formación del Estado se da lugar como a una separación, mejor dicho un distanciamiento, la creación del campo burocrático y administrativo, el Estado propiamente dicho. Empero esta separación es aparente, si se puede hablar así, pues el campo burocrático requiere de reproducción contante del Estado, para eso es indispensable internalizar las instituciones estatales en el campo social, recrear desde el campo social la producción cotidiana del Estado. El campo escolar es el espacio primordial para esta reproducción. Pero no es el único, pues también las dinámicas del campo económico reproducen el Estado, también las dinámicas del campo cultural reproducen el Estado en tanto forman parte de la cultura nacional. Uno de los imaginarios más fuertes que construye el Estado es el imaginario de la nación. También el Estado se territorializa en la geografía política. Entonces asistimos a la consolidación del Estado-nación.

Una tercera fase en la genética del Estado podría ser llamada de crisis estatal. En esta etapa la reproducción estatal entra en disonancia con las dinámicas sociales, que adquieren formas autónomas de reproducción y desbordan a la propia reproducción del Estado. Estas disonancias evolucionan hasta convertirse en contradicciones y antagonismos; es cuando se producen luchas políticas y luchas sociales en todas las articulaciones y conexiones entre el campo social y el campo político, entre estos campos y el campo burocrático. Se dan resistencias y revueltas, hasta, en algunos casos, se producen revoluciones. Desde la perspectiva genética del Estado, estas crisis han dado lugar a reformas o, en su caso, a revoluciones, en el sentido de intentos de transformaciones radicales del Estado. Empero, lo que se ha observado en la historia diferencial de los estados es que estas reformas y estas revoluciones han ampliado las funciones del Estado, transformando a su vez los campos sociales, los campos políticos y los campos culturales, expandiendo por lo tanto la estatalización en otros espacios. Sin embargo, las dinámicas sociales nunca dejan de crear sus propias formas de autonomía y de desborde, replantando nuevamente contradicciones y antagonismos.

Las reformas liberales, también las reformas del Estado de Bien Estar, así como las reformas populistas y nacionalistas, forman parte de estas adecuaciones del campo burocrático a las transformaciones habidas en el campo social y en el campo político. De una manera un tanto diferente podemos hablar de las reformas neo-liberales, aunque en este caso, se trata de las adecuaciones del campo burocrático a las transformaciones en el campo económico. A diferencia de las otras reformas, lo que se va privilegiar aquí es la transferencia de los recursos a las empresas económicas, descuidando la inversión social, que es primordial en los otros casos. Los ideólogos del neoliberalismo han hablado de achicamiento del Estado, cosa que nunca ha ocurrido. El Estado no se achica con las reformas sino se agranda; lo que pasa es que en el caso de la implantación del proyecto neoliberal la normativa estatal relativa al comercio, a la economía y a las empresas se extiende a las áreas sociales, tratando de convertir a la institucionalidad estatal en empresas sociales. Si se quiere, puede hablarse en un caso de reformas de izquierda y en el otro caso de reformas de derecha.

En el caso de las revoluciones, que son más bien escasas en el panorama de las historias diferenciales de los estados, los resultados empíricos han sido una ampliación descomunal del Estado. En este caso el campo burocrático ha intentado normar e inmiscuirse hasta en los detalles de la vida cotidiana, asfixiando las dinámicas sociales y políticas. Ha transformado las instituciones de reproducción del Estado en el campo social, buscando crear reproducciones sociales equitativas e igualitarias, en los campos del trabajo, de la salud y de la educación. Empero, la misma transformación de los campos sociales, los campos políticos, los campos económicos y los campos culturales, han generado dinámicas sociales, sobre todo en lo que respeta a la producción de necesidades y demandas, generando zonas y espacios de conflicto. Por otra parte, el crecimiento expansivo de la burocracia, por lo tanto el peso del campo burocrático, ha generado diferenciaciones sociales, que podríamos llamar de clase; contradicciones de la sociedad con la nueva clase burocrática, privilegiada política y económicamente.

Se puede ver que la universalidad socialista ha sido una extensión de la universalidad capitalista, y la revolución socialista ha sido una radicalización de la revolución francesa. Lo que en principio intentó ser una profundización de la democracia derivó en la anulación de las prácticas y el ejercicio democrático. Las contradicciones con el campo burocrático, con la clase burocrática y la forma absoluta del Estado socialista se agudizaron tanto que terminaron en las implosiones y el derrumbamiento de los Estados socialistas de la Europa oriental. En tanto que en la República de China Popular se produjo una reforma a la inversa, se adecuó el inmenso campo burocrático a las dinámicas del campo económico, promoviendo aperturas al mercado, al mercado externo, a la propiedad privada empresarial y a las formas institucionales empresariales4.

Sin embargo, estas reformas, que llama el partido comunista chino “socialismo de mercado”, han generado una polarización en el campo social, han generado una paradójica contradicción entre el crecimiento económico, la emergencia como potencia industrial, y el incremento de las desigualdades. Desigualdad entre campo y ciudad, desigualdades entre el proletariado y las clases medias, incluso se ha dado lugar a la generación de una burguesía que ha emergido como consecuencia de las reformas económicas dadas en china, bajo la dirección del partido comunista. Hoy asistimos a una nueva lucha de clases en China, a una lucha del proletariado y de los pueblos del campo contra el vigente capitalismo por el que ha incursionado la República Popular de China. ¿Qué es lo que ha ocurrido? Las reformas económicas en China han generado transformaciones en el campo social, haciendo reemerger desigualdades sociales notorias, incluso creando una burguesía paralela a la clase burocrática. Ambas clases privilegiadas, en contraposición al proletariado y a los pueblos del campo. En otras palabras el campo burocrático, que es el Estado, no ha resuelto su crisis con las reformas económicas, al contrario las ha ahondado, a pesar del gigantesco crecimiento económico y la emergencia del país como potencia industrial. Tal parece que no se pueden generar privilegios sin generar desigualdades, también se muestra que el campo burocrático no puede resolver la crisis estatal. Se requiere que las propias dinámicas sociales construyan otras formas de organización política que escapen a esta “separación” y distanciamiento del Estado respecto de la sociedad.

En Bolivia se han dado tres reformas importantes que han transformado el campo social. La primera reforma de carácter populista y nacionalista se dio con la revolución nacional (1952-1964); la segunda reforma de carácter neoliberal, por lo tanto reforma económica de carácter empresarial, se dio con las reformas estructurales del proyecto neoliberal (1985-2005); la tercera reforma de carácter también populista, aunque acompañada por un proceso constituyente que propone el Estado plurinacional comunitario y autonómico, se dio después de la movilización prolongada que dura seis años de luchas sociales (2000-2005)5. Hasta el momento estas reformas populistas cumplen dos gestiones de gobierno (2006-2009, 2009-2012)6. La primera y la tercera reforma pueden considerarse de izquierda, en tanto que la segunda reforma puede considerarse de derecha, por las características del costo social y la orientación empresarial de la salud, de la educación y del trabajo. La primera reforma transforma el campo social y el campo político con las reformas nacionalistas y populistas, la nacionalización de las minas, la reforma agraria, el voto universal y la reforma educativa. Sobre todo la reforma agraria, el voto universal y la reforma educativa producen una transformación significativa del campo social al convertir a los pongos, en condiciones de servidumbre, también a 3000 comunidades, en propietarios privados, procurando la igualación de los hombres, con la reforma agraria, el derecho al voto y la participación en la educción con la extensión del campo escolar. Al respecto debemos preguntarnos cómo se puede interpretar esta transformación del campo social; desde la teoría de los campos habría dos alternativas. La primera, que en el campo social anterior a la reforma agraria, las comunidades y pongos, en condición de servidumbre, formarían parte del campo social, como las estratificaciones sociales más deprimidas y sometidas. La segunda alternativa, que las comunidades y los pongos, en condiciones de servidumbre, no formarían parte del campo social, que mas bien se dibuja por la condición de ciudadanía restringida del Estado oligárquico, restringida a los hombres ilustrados y a los propietarios privados, también a los artesanos y a ciertos estratos sociales organizados e institucionalizados. Si se toma en cuenta esta alternativa, tendríamos que hablar de la comprensión de otro campo, un campo que llamaríamos multicultural, no intercultural, pues en la dualidad cultural, los pueblos indígenas se encontrarían sometidos, dominados y excluidos; aunque también emergen con sus luchas y resistencias atravesando y desordenando los campos, sociales, económicos y culturales. Como se puede ver la formación social boliviana plantea problemas teóricos a la teoría de los campos.

La segunda reforma, la neoliberal, transformaría el campo social, convirtiendo a trabajadores y estratos medios bajos en proletariados nómadas. La relocalización, las privatizaciones, la transferencia de los recursos a las empresas, sobre todo a las empresas trasnacionales, habrían convertido a un grueso de la población en proletarios nómadas, reducidos a la condición de los llamados administrativamente informales. Este es un impacto en la configuración del campo social que todavía no se ha resuelto.

La tercera reforma de carácter populista, aunque acompañada por un proceso constituyente que plantea una radical transformación del Estado, vuelve a transformar el campo social; empodera a las llamadas naciones y pueblos indígenas originarios y campesinos, transformando el campo cultural y el campo simbólico. Aunque no se producen transformaciones sociales de gran alcance, pues las reformas se limitan a la redistribución a través de bonos, manteniéndose en una lógica rentista, de todas maneras la transformación del campo político ocasiona repercusiones en el campo social, sobre todo, en este caso, por la emergencia de nuevos ricos, comerciantes, campesinos ricos, colonizadores ricos y cocaleros ricos. La Renta Dignidad, el bono de los adultos mayores; el Bono Juancito Pinto, con el objeto de retener la deserción escolar; el Bono Juan Azurduy, con objeto de acudir a las madres embarazadas, buscando disminuir la mortalidad materno infantil; son medidas de impacto coyuntural, no tienen el alcance de transformaciones estructurales. Para esto se requiere una inversión social de magnitud que sostenga una logística social, de salud, educativa de impacto estructural. Esto no se lo ha hecho. Pero, de todas maneras se puede hablar de transformaciones en el campo político y en el campo social a partir del empoderamiento simbólico de los subalternos, de las poblaciones indígenas rurales y urbanas, sean campesinas o mantengan su condición comunitaria.

Los problemas de esta tercera reforma, de carácter populista, no resuelven la crisis estatal, que continúa manifestándose con fuerza y de manera múltiple. Sobre todo se hace notoria la crisis estructural del Estado debido al contraste entre la Constitución aprobada y la gestión de gobierno, las políticas públicas, la administración, el comportamiento y el habitus del campo burocrático, que mas bien optan por mantener el Estado-nación, evitando su demolición y alejándose abismalmente de la tarea de construcción del Estado plurinacional comunitario y autonómico. Construcción de transición estatal que solamente se puede efectuar con transformaciones estructurales e institucionales radicales, con la construcción de una institucionalidad pluralista, de una gestión pluralista, de una administración pluralista y de una normativa pluralista. Por lo tanto la crisis del Estado se ha ahondado, sobre todo ahora cuando el gobierno se enfrenta a las naciones y pueblos indígenas en el conflicto del TIPNIS, mostrando desnudamente la flagrante contradicción del Estado-nación restaurado respecto de las naciones y pueblos indígenas originarios.

Si queremos una caracterización rápida del gobierno de Evo Morales Ayma, podemos decir que se trata de un gobierno populista, que aflora en el contexto de las crisis específica de los estados en América Latina y el Caribe, sobre todo por lo que acontece en Sud América. La singularidad de este gobierno populista, llamado por los analistas políticos, progresista, así como llaman a otros gobiernos de Sud América, es que vino acompañado por un proceso constituyente, critico de la herencia colonial y de la colonialidad; aunque también el gobierno ecuatoriano fue acompañado por un proceso constituyente, con ciertas semejanzas con el proceso constituyente boliviano. También el gobierno venezolano fue acompañado por un proceso constituyente, sólo que en este caso se llevó a cabo una Constitución bolivariana, que plantea la culminación del Estado-nación y la integración en la Patria Grande, no así, como en el caso boliviano y ecuatoriano, cuyas constituciones abren el horizonte del Estado plurinacional. Como se puede ver la relación de los estados y de los gobiernos con sus constituciones y sus procesos políticos es singular en cada caso.

El gobierno boliviano y el gobierno ecuatoriano, progresistas, terminaron rápidamente entrando en contradicciones profundas con sus Constituciones, al no poder implementar y materializar las transiciones demandadas por las mismas. No pueden construir el Estado plurinacional, no pueden realizar las transformaciones estructurales e institucionales que requiere la transformación pluralista del Estado. Tal parece que al gobierno venezolano le fue mejor en la implementación de la Constitución, tuvo el cuidado de establecer una transición legislativa y preparar dispositivos legales para la generación de leyes constitucionales. Lo que no ocurrió en Bolivia y Ecuador. Los pocos intentos que hubo fueron acallados. Empero, la contradicción de los tres gobiernos es que se han embarcado en la continuidad expansiva del modelo extractivista colonial del capitalismo dependiente. De esta contradicción profunda no pueden salir, además que terminan reproduciendo las prácticas administrativas y burocráticas, inscritas ya en gobiernos anteriores. Otro problema característico es la expansión del diagrama de poder de la corrupción. Ciertamente este diagrama no es consustancial sólo a estos gobiernos sino a la génesis misma del Estado. Pero, llama la atención que las relaciones, estructuras, circuitos, prácticas paralelas y distorsionantes de la corrupción no se hayan limitado y más bien se extiendan. ¿Tiene que ver con la crisis del Estado? ¿Tiene que ver con la acumulación familiar de los nuevos ricos? ¿Tiene que ver con el uso prebendal y patrimonial del Estado cuando no se logra diferenciar el servicio a las clientelas con el ejercicio gubernamental? No sabemos, se requiere investigar estos temas. Empero, estos síntomas son parte de las contradicciones profundas de procesos políticos que no logran resolver sus dilemas.

Ahora bien, respondiendo a las preguntas concretas, que nos hicimos al principio de cómo leer las acciones gubernamentales, tocaremos la problemática acudiendo a la interpretación genética del Estado que dibujamos a grandes rasgos. Las preguntas más generales las dejamos para las conclusiones.

Respecto al recorrido sinuoso del gobierno en el conflicto del TIPNIS y a su culminación forzada en la imposición violenta de una consulta espuria, podemos observar por lo menos algunos rasgos sobresalientes. Primero, que el gobierno no ha podido salir de un imaginario gubernamental, construido en la atmósfera de los primeros años de la primera gestión de gobierno. Se autocalifica de gobierno de los movimientos sociales; aunque el concepto sea un contrasentido en sí mismo, lo que explica su apreciación gubernamental es la intensidad afectiva con el que fue recibido el gobierno al inicio de su gestión en el 2006, llamado también gobierno indígena y popular. Se quedó con esta imagen grabada y detenida como fotografía, a pesar de que las coyunturas y contextos cambiaron. Ya no existe en absoluto ningún entusiasmo popular por el gobierno. Por otra parte, compartiendo con esta figura anacrónica, algunos portavoces del gobierno consideran que son el fin de la izquierda, algo parecido a decir el fin de la historia7; más allá de ellos no hay nada. Sólo pude provenir de la derecha cualquier crítica y conflicto con el gobierno. Esta interpretación obviamente es insostenible, no se sostiene ante la dinámica molecular de los procesos, donde las posiciones cambian dependiendo de los problemas que enfrentan.

De alguna manera ayudo a reforzar este imaginario anacrónico y esta interpretación dogmática el enfrentamiento que hubo con las oligarquías regionales durante el proceso constituyente, sobre todo después de aprobada la Constitución. La opción de estas oligarquías por la violencia desató la voluntad de la defensa del gobierno y del proceso constituyente por parte de los sectores populares, indígenas y campesinos. La necesidad de la defensa ocultó problemas que se venían generando ya en la primera gestión de gobierno, problemas que tienen que ver con el apego al aparato estatal, diseñado y construido en los periodos republicanos. Una vez que fueron vencidas las oligarquías regionales, después de los acontecimientos del Porvenir, en Pando, victoria ratificada en los resultados contundentes electorales del 2009, el imaginario de autoestima anacrónica y la interpretación dogmática se mantuvieron, ahora para justificar toda acción de gobierno, aunque estas no muestren una voluntad transformadora y mas bien manifiesten preocupantes pasos de mantención y restauración del viejo Estado-nación. Incluso cuando se hicieron fehacientes las contradicciones, en el caso del “gasolinazo”, la medida de subida de precios a los carburantes, y en el conflicto del TIPNIS, el imaginario anacrónico y la explicación dogmática sirvieron para justificar los atropellos que se cometieron y las medidas con tonalidad plenamente extractivista. Por lo tanto un rasgo sobresaliente es este encapsulamiento en este imaginario y en esta interpretación, que son muestras de un encierro y de una desconexión con la realidad.

Otro rasgo notorio del accionar del gobierno es el monopolio de las decisiones en un grupo estrecho del ejecutivo, impidiendo la propia deliberación del MAS y de las organizaciones, para no hablar de la inclinación por las ordenes en los ministerios, totalmente alejados de la deliberación y la reflexión. Esto se ha vuelto inaudito e insoportable en la propia Asamblea Legislativa, donde no se delibera, no se discute, no se respeta a los representantes, se los tiene absolutamente subestimados. Reciben órdenes y muchas veces votan por consignas, sin analizar, algunas veces hasta sin leer los documentos en cuestión. Esta situación se vuelve ciertamente grave cuando ocurre en las organizaciones sociales, que son la instancia más importante de la defensa del proceso. La cooptación de dirigentes, el quitarles toda autonomía a las organizaciones, las ha convertido no solamente en instrumentos de los caprichos del ejecutivo, sino altamente vulnerables, pues abandonaron sus prácticas asambleístas. Ciertamente de este panorama desolador escapan las dos organizaciones indígenas, el CONAMAQ y el CIDOB. Aunque recientemente el gobierno ha logrado dividir al CIDOB, creando una organización paralela, con la más grotesca intervención gubernamental a la organización matriz de los indígenas de tierras bajas. Por lo tanto esta jerarquización exacerbada, este monopolio en un estrecho grupo de decisiones, ha terminado no sólo aislando más al gobierno de una interpretación adecuada de los hechos, sino que lo alejado abismalmente de las practicas participativas, incluso de los trabajos en equipos, pues todos tiene que someterse a la clarividencia del grupo reducido de mando.

Un tercer rasgo del accionar del gobierno tiene que ver con su apuesta al control total de los órganos del Estado, sobre todo después de haber logrado el control de las 2/3 partes del Congreso. Esto produjo una sensación exacerbada de poder, que derivó en creer que se puede hacer de todo, independientemente incluso de la condición de Estado de Derecho, condición jurídica que establece la combinación de transición en la composición de la Constitución, combina la herencia de Estado de derecho con las novedosas condiciones de plurinacional, de comunitaria, de autonómica e de intercultural en la transición transformadora y pluralista del Estado, de la transición al Estado plurinacional. Basados en esta sobrevaloración se cometieron grandes errores políticos, el “gasolinazo” y el conflicto del TIPNIS. El mero cálculo cuantitativo del poder les hizo olvidar que la legitimidad y la hegemonía son acontecimientos cualitativos. Esta legitimidad y esta hegemonía se las perdieron como consecuencia de los errores cometidos, aunque también de un deterioro sostenido, no solo por el desgaste gubernamental, sino como consecuencia de un pragmatismo y un realismo político que derivó en complicidad con estructuras de poder vigentes en el mundo, en la región y en el país.

Llama la atención que ni el levantamiento popular, ni la VIII marcha indígena, les haya hecho cambiar de opinión, han seguido con el mismo guión, considerándose invencibles e invulnerables, sólo por el hecho de que cuentan con la mayoría cuantitativa del Congreso y el control cuantitativo de los órganos de poder. La derrota del gobierno frente a la VIII marcha, el apoyo de la ciudadanía y del pueblo boliviano a la defensa del TIPNIS, no los inmuta, tienen demasiada coraza para percibir lo que está pasando. Prefieren minimizar los hechos. Frente a la IX marcha indígena han hecho todos los esfuerzos por revertir la anterior derrota. Se sienten por de pronto vencedores al no recibir a las dirigencias legitimas y representativas del TIPNIS, a las organizaciones matrices de los indígenas de tierras bajas, al lograr dividir al CIDOB y a las comunidades del TIPNIS, amenazando, cooptando, chantajeando, incorporando a dirigentes medios y de base en la prebenda. Al imponer una consulta espuria en las comunidades del TIPNIS. Aunque no conocemos el desenlace la consulta espuria en el TIPNIS, de todas maneras el conflicto no culminará ahí, pues las múltiples causales de nulidad de la intervención en el TIPNIS a nombre de una consulta que no se dio, pues lo que se habría impuesto es un cuestionario que induce maliciosamente a la construcción de la carretera, llevarían el conflicto a los tribunales internacionales y a las ciudades, donde el pueblo tiene el escenario de la continuidad de las luchas en defensa de la Constitución, del proceso, de la madre tierra, de los derechos de las naciones y pueblos indígenas originarios y de los derechos fundamentales.

Lo que llama la atención es que bajo estas circunstancias el gobierno haya perdido el instinto de sobrevivencia. No le preocupa el costo político de este conflicto, el costo internacional ya es notorio, la representación de Bolivia ha quedado sola en la cumbre de CANCUN, ni siquiera apoyada por los países del ALBA. En Rio más 20, la representación boliviana fue intrascendente, la cumbre optó por el capitalismo verde. En la Cumbre Social paralela el doble discurso del gobierno boliviano fue criticado, sobre todo por su actuación en el TIPNIS. En el contexto del país, no se puede hablar de mayoría desde la derrota del MAS en las elecciones de los magistrados. La impopularidad del gobierno ha crecido en las ciudades, el desasosiego y la desesperanza en los sectores populares. Empero el cumplimiento del guión desatinado sigue, confiadnos en la fuerza del Estado, en la expansión de las clientelas, en las nuevas alianzas con la burguesía boliviana, en el poder de la acumulación dineraria. ¿Se apuesta a la compra de votos? Las lecciones políticas en el mundo no les sirven o son desdeñadas. No puede sobrevivir un gobierno basándose sólo en el monopolio de la violencia, en el teatro político, en la expansión de la corrupción, en la cooptación indiscriminada. Estos dispositivos no garantizan la reproducción del Estado, al contrario son síntomas de la crisis del Estado, de la descomposición y la decadencia.

En este contexto, la respuesta del órgano judicial, de la sala de La Paz, el recurso a la chicanería, eludiendo el problema, resaltando los formalismos, exigiendo el cumplimiento de requisitos procedimentales, no es más que la muestra patética de su dependencia del órgano ejecutivo, de la dramática ausencia de la administración de justicia, sustituyéndola por el servicio desvergonzado a los intereses del gobierno. El problema de estas demostraciones de lealtad y fidelidad con el gobierno es que desaparece la justicia, se convierte su administración en dispositivo para legalizar las acciones del gobierno. Si bien antes la administración de justica no era tampoco independiente, a pesar de la división de poderes, pues se encontraba a su vez cooptado por los sobornos y atravesada por la corrupción, el problema es que ahora se continúa con esta dependencia por otros caminos. La elección de magistrados hubiera sido una gran oportunidad por generar formas más democráticas y pluralistas de la administración de justicia, empero se ha evitado la participación abierta de las circunscripciones, de las organizaciones y de las instituciones en la concurrencia de los candidatos. Se ha preferido designar una lista a dedo, que la ha aprobado la Asamblea Legislativa sin contemplar las condiciones establecidas por la Constitución. Se ha perdido la elección de magistrados, ha ganado el voto nulo, anulado la validez de las elecciones. Sin embargo, el gobierno, el órgano electoral y la Asamblea legislativa han continuado con la imposición de magistrados que perdieron la legalidad y la legitimidad. Ahora los magistrados impuestos tienen que responder a estos favores. Se ha construido toda una maquinaria unificada por la voluntad del ejecutivo, no hay división de poderes, lo que hay es una concentración de poder en el ejecutivo y en el presidente. La administración de justicia termina convirtiéndose en la administración de ilegalidades y en la legalización de las ilegalidades. Esta unificación del poder, haciendo perder las independencias de poderes, resulta en una fabulosa concentración del mando, donde se pierde la posibilidad de los controles complementarios, dando lugar a una especie de despotismo.

Es difícil que estas concentraciones fabulosas de poder unificado, sin equilibrio de poderes, puedan perdurar por mucho tiempo; en primer lugar, debido a que estas formas de copamiento y unificación absoluta pierden la capacidad de los controles complementarios y sucesivos, controles que se conformaron en la formación del Estado moderno, como parte de la ficción de universalización, desinterés y neutralidad.

Estas concentraciones se han dado en otro tipo de formaciones de organización expansivas, que obviamente no podemos considerar estatales en el sentido del Estado moderno, hablamos de la forma imperio-mundo. La forma imperio-mundo incluía a pueblos, culturas, religiones, lenguas, sociedades, en una forma concentrada de mando, defendida por ejércitos gigantescos y una burocracia inmensa. Empero quedaban como autónomas las aldeas y comunidades, vinculadas al imperio por el sistema tributario. De todas maneras las dinámicas en la forma imperio-mundo, tal como la nombra Immanuel Wallerstein, mantenían una dinámica de negociación entre las distintas partes del imperio8. Esta forma imperio-mundo no sobrevivió a la competencia de la emergencia de la forma Estado-nación. Compartió con las ciudades Estado relaciones comerciales y de intercambio, incluyendo flujos migratorios, por ejemplo el traslado de artesanos y metalurgistas a las ciudades Estado9. Los grandes imperio-mundo milenarios fueron el Imperio Romano y el Imperio Chino. Después se dieron intentos de conformar estos imperio-mundo, como el Imperio Austro-Húngaro y el Sacro Imperio Romano, empero no lograron adecuarse a las dinámicas emergentes de la conformación de la economía-mundo capitalista. Fueron las monarquías absolutas las que dieron los primeros pasos en la formación del Estado moderno, sobre todo por las características y pretensiones universales, la mediación y formación de una burocracia técnica, la homogeneización de las normas y de la administración. En el camino de la monarquía absoluta se encontraba España, pero todavía atada al Sacro-Imperio Romano, al mando de la dinastía de los Habsburgo, cuando las carabelas de Colon se encontraron con el quinto continente. Los inmensos territorios conquistados y colonizados plantearon problemas de administración extraterritoriales, problemas de administración colonial, en plena conformación de la economía-mundo capitalista. La forma de administración colonial ocupó y transfiguró a la formación de la monarquía absoluta, que todavía se encontraba amarrada al proyecto del Sacro-Imperio Romano de los Habsburgo. España no pudo resolver los dilemas en las que se encontraba, estaba varada como en una encrucijada ante las alternativas de las formas de Estado en gestación. No pudo, en su momento, formar un Estado-moderno; este no era el proyecto de los Habsburgo, que eran reyes de España10. Entonces tampoco pudo resolver los problemas de la acumulación de capital, cuyos centros dinámicos más bien se estaban dando en los llamados países bajos, Holanda, que se encontraba bajo su dominación imperial11. Cuando se independizó Holanda, después de una larga guerra, el centro de la hegemonía del ciclo del capitalismo se trasladó del Norte de Italia, Génova, ciudad-Estado, a Holanda12. Acontecimiento que sucede alrededor de 1740. La forma de organización del poder en Holanda comenzó a pasar de la forma ciudad-Estado a una forma de Estado moderno, empero no terminó de lograr la articulación e integración plena del Estado con el capital. Esto aconteció en Gran Bretaña; en esta isla europea, después de la prolongada guerra civil, en realidad las guerras civiles inglesas que llevaron a constituir la república; la primera transcurre entre 1642 y 1646, en tanto la segunda transcurre entre 1648 y 1649. En gran Bretaña se producen dos acontecimientos de importancia en la transición al siguiente ciclo del capitalismo bajo la hegemonía británica, ciclo que se desplaza entre el siglo XIX y parte del siglo XX; uno es la conformación del Estado-moderno plenamente articulado al capitalismo, funcionando como instrumento de la acumulación de capital; el otro la revolución industrial, que trastoca las condiciones de producción del capitalismo y las estructuras de las formas de acumulación de capital.

Hay varias versiones del Estado-moderno; una forma es esta de la evolución de la monarquía absoluta en constitucionalismo monárquico, que deriva en un parlamentarismo con dos cámaras, donde los lores controlan la cámara alta y los comunes la cámara baja. El desarrollo de una administración burocrática eficiente que definitivamente despersonaliza la función de mando, la extensión de las normas a otros espacios de la vida social y económica, la creación de nuevas instituciones que configuran el campo social, se da de modo integral. Empero todo esto se lo hace sobre la construcción de una legitimidad basada en las tradiciones; la legitimidad del Estado se construye sobre la recurrencia a la memoria de las tradiciones y de los valores ancestrales. De modo diferente, la formación del Estado moderno se da de una manera radical en Francia. Con la revolución francesa, la revolución se convierte en el paradigma de la transformación estatal, además de convertir a la República francesa en la universalidad del Estado-nación, en la construcción de la nación basada en los derechos del hombre y en la condición jurídico y política de la ciudadanización de los individuos, que es la relación que tienen las personas con el Estado. Obviamente, también aquí se da lugar a la formación del campo burocrático, administrativo y de normas, donde los juristas son los agentes de la universalidad del Estado y del racionalismo cartesiano. La nación es una construcción del Estado, empero su legitimidad no se basa en las tradiciones, ni en los valores ancestrales, sino en las pretensiones de universalidad. Este modelo de Estado es el que va ser asumido por los países latinoamericanos y del Caribe, después de sus guerras de independencia del siglo XIX, salvo Haití, que radicaliza la revolución francesa y la declaración de los derechos del hombre, aboliendo la esclavitud e intentando mantenerse en los marcos de la Republica Francesa. Empero la larga guerra anti-colonial contra el ejército monárquico francés, el ejército colonial español, el ejército imperial inglés, llevan muy lejos la interminable contingencia bélica, desgastando a la sociedad y al pueblo haitiano. Cuando al final logran su independencia venciendo al ejército napoleónico, terminan formando una monarquía, que después se divide en dos reinos.

La formación del Estado moderno en los Estados Unidos de Norte América es anterior a la Revolución Francesa, sale de la guerra anti-colonial contra la corona británica, produce una revolución política, adquiere la forma federal y se conforma la república, que va tener que pasar por la guerra de secesión, para terminan consolidando esta forma de Estado. Algunos autores señalan, en el análisis comparativo, que comparando la formación de los Estado-nación entre Francia y Estados Unidos, dicen que en Estados Unidos se habría dado una revolución política, pero no necesariamente una revolución social, en cambio en Francia, la revolución desata tanto la revolución política como la revolución social13. Lo que importa empero son las analogías y diferencias de estas formas de Estado-nación, parecidas en las pretensiones universales, aunque más radicales en el caso francés, dando lugar a una forma centralizada unitaria en Francia y a una forma federal en Estados Unidos. En ambos casos la legitimidad no se construye sobre la recurrencia simbólica a las tradiciones y valores ancestrales, sino en la ciudadanía y la soberanía del pueblo. Sin embargo, hay que anotar que, en el caso de Estados Unidos, el flamante Estado-nación emprende la guerra contra las naciones y pueblos indígenas, desatando una guerra de conquista, con sus consecuencias de despojamiento y desposesión territorial. Este Estado-nación excluye a las naciones y pueblos indígenas, desata un genocidio y etnocidio devastador, como procedimiento y condición de la extensión y consolidación del Estado-nación. Formación del Estado-nación que no termina de resolverse hasta más tarde, hasta después de la guerra de secesión. Es también después de la guerra de secesión cuando se abole formalmente la esclavitud; la condición de los esclavos africanos y descendientes. Lo que era una especie de anacronismo para la formalidad democrática y republicana. Ambos casos, la exclusión indígena y la esclavización son parte de las contradicciones que acarrean los estados modernos, particularmente los Estado-nación.

La formación del Estado moderno en el Japón tiene analogías con el caso británico, sobre todo porque su legitimidad se basa en la recurrencia a las tradiciones y a los valores ancestrales. También se produce la formación de un campo burocrático, administrativo y jurídico, una especie de distanciamiento y separación del Estado, despersonalización, des-familiarización y des-patrimonialización del manejo del poder y sobre todo de la representación, aunque se mantengan los dos cuerpos del rey, el cuerpo físico, natural, y el cuerpo abstracto, correspondiente al Estado.

Como puede verse, hablamos de estados modernos, empero que arrojan sus propias historias diferenciales, hablamos de Estado-nación, que también muestran sus constituciones y composiciones diferenciales. Empero, en todos estos casos asistimos a la conformación del Estado moderno como creación de campos burocráticos, administrativos y jurídicos, estados que son promotores, instrumentos y dispositivos de la acumulación de capital. Al respecto habría que anotar la tesis de Pierre Bourdieu, que invierte, por así decirlo, la tesis marxista del Estado. Pierre Bourdieu plantea que lo que se produce es la acumulación simbólica, acompañada por la acumulación política, el monopolio de la violencia legítima, el Estado en tanto concentración de fuerzas, acumulaciones que permiten la acumulación de capital económico14.

La conformación de la economía-mundo y del sistema-mundo capitalista requiere de una forma de Estado adecuada, promotora y condición de posibilidad capitalista, que sea instrumento y parte indispensable de la acumulación de capital. España no resuelve sus dilemas y tendencias encontradas; ocurre como dice Samuel Pufendorf, “España mantiene la vaca y el resto de Europa se bebía la leche”15, sus colonias en América terminan independizándose, las que asumen la forma de Estado-nación.

Cuando se dio el proceso revolucionario en la Rusia zarista, comprendiendo una prolongada temporalidad, que viene por lo menos desde 1905 hasta 1917; empero habría que incluir también aquí, una prolongación que traslada la revolución al resto del inmenso imperio, la temporalidad de la guerra civil contra los rusos blancos y la intervención imperialista a través de las distintas y distantes fronteras de la flamante Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), guerra civil que transcurre entre 1918 y 1921. Entonces estaríamos hablando de por lo menos 12 años, en el primer caso, sin considerar la guerra civil, si es que no se extiende un poco más hacia atrás; y estaríamos hablando de por lo menos 15 años, en el segundo caso, si incluimos los años de la guerra civil, si es que también no prolongamos hacia adelante, incluyendo el la rebelión de los marineros de kronstandt, su aplastamiento por el ejército rojo y las posteriores consecuencias de esta represión a la vanguardia de la revolución. Se puede decir que este largo proceso revolucionario se encuentra como catalizado por dos guerras, la guerra ruso-japonesa de 1904 a 1905, guerra que pierde el imperio zarista, y la primera guerra mundial de 1914 a 1918, guerra que provoca una profunda crisis en Europa y el Imperio zarista, agudizando las contracciones profundas de los estados, llamados imperialistas.

Como se puede ver la revolución rusa se da ya en un periodo de crisis del capitalismo, acompañada por una crisis de los estados modernos. La construcción del llamado Estado socialista, en un solo país - lo que ya es una contradicción con el carácter mundial de la revolución socialista y el internacionalismo proletario -, es una construcción compleja, combinada y compuesta. El Estado socialista radicaliza el carácter universal del Estado, ya expresado en la revolución francesa. Se puede decir que la revolución socialista es como una prolongación proletaria de la revolución francesa, del paradigma de la revolución francesa, profundizando el carácter social de la revolución e intentando profundizar la democracia a través de los consejos y soviet. Las revoluciones socialistas se inspiran en la revolución francesa, convierten a la revolución francesa en un paradigma revolucionario e idean la revolución socialista en términos insurreccionales. Sin embargo, por el carácter de la revolución proletaria, no se podía derivar en la construcción del Estado-nación, tema no resuelto por el aplastante y perdurable dominio del imperio zarista. Tampoco se podía abolir el Estado de la noche a la mañana, más si la revolución socialista se terminó limitando a las fronteras del viejo imperio; sin embargo, la revolución socialista recogía de todas maneras los postulados universalistas de la revolución mundial.

La Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas adquiere un carácter federativo de estados en transición al socialismo, no son Estado-nación, pues esta forma quedaba rezagada ante las tareas de construcción del socialismo, empero se trataba de un conglomerado complejo y rico de lengua y culturas, conglomerado de herencias del imperio zarista. Se sustituye el imperio zarista por una federación socialista bajo hegemonía y dominio de la Republica Socialista Rusa. Esta situación no dejaba de presentar analogías con la forma imperio, aunque la estructura de esta composición haya sido desmontada. Se refuerzan y complican la composición de un Estado complejo y combinado después de los desenlaces de la segunda guerra mundial (1939-1940). Una centralización mayor del poder en el partido comunista, sobre todo en el comité central, que derivó en la concentración del poder un la persona de Joseph Stalin. Por otra parte se contaba además con una periferia de nuevos Estados socialistas de la Europa oriental, como producto de la victoria y ocupación del ejército rojo, mostrando un inmenso espacio del planeta bajo el control de los estados socialistas, que no dejaron de manifestar síntomas profundos de la continuidad de la crisis de la forma Estado.

Esta experiencia nos muestra que se trató de una transición pos-capitalista, por la vía estatal, fracasada; las contradicciones profundas de esta construcción terminaron de hacer implosionar a estos estados.

La revolución china también se da como un proceso prolongado, concebido después como la guerra prolongada por Mao Zetung, en un contexto donde era más evidente la crisis estructural del capitalismo y de los Estado-nación, sobre todo de los Estado-nación imperialistas. La construcción del Estado socialista asiático también corresponde a una transición compleja y combinada, con una fuerte centralización del poder en el partido, en el comité central y en el presidente Mao Zetung. La crisis de la forma Estado, de la construcción socialista en un solo país por la vía estatal, estalló en la década de los sesenta con la revolución cultural. Revolución, que en su discurso, buscaba devolver el poder a los consejos campesinos y al pueblo, rescatándolo de las manos de la burocracia del partido, empero en la práctica derivó en una pugna dolorosa y dramática de grupo de poder. A la larga, la revolución cultural terminó con la victoria de la burocracia del partido, que decidió después el nuevo curso de apertura al “socialismo de mercado”. No implosiona el Estado socialista chino, empero se transforma y se desplaza a ser un Estado poderoso en el nuevo orden mundial y en la estructura de la acumulación de capital a escala global.

De esta revisión es importante anotar que se experimenta la crisis estructural de la forma Estado, de los estados modernos, del Estado-nación, crisis de la que son una clara expresión los estados socialistas, que intentan por la vía estatal incursionar una transición pos-capitalista.

En adelante haremos una revisión de la formación de los Estado-nación en América Latina, concentrándonos en un caso, la formación del Estado mexicano. No pretendemos generalizar esta experiencia, de ninguna manera, sólo mostrar sus analogías con la dramática formación de los Estado-nación en América Latina, sobre todo donde se encontró una salida populista a la crisis de la formación estatal. Particularmente interesa comparar este caso con la formación del Estado-nación en Bolivia, debido a las analogías con las consecuencias de la Revolución Nacional de 1952.

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