“A”; todos con dirección procesal en el Conjunto Residencial Parque Central, Edificio Tajamar, piso 12, Apto. 12-H, Avenida Lecuna, Caracas; ante Ud con el debido respeto acudimos y exponemos






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título“A”; todos con dirección procesal en el Conjunto Residencial Parque Central, Edificio Tajamar, piso 12, Apto. 12-H, Avenida Lecuna, Caracas; ante Ud con el debido respeto acudimos y exponemos
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parte, qué podría colocar en un currículum vitae como experiencia laboral, ¿que durante seis (6) años ocupé el cargo de abogado Junior, sin duda nadie creería que yo tengo la experiencia y el conocimiento que suponen mis verdaderas atribuciones dentro del Banco, y los cargos de mayor jerarquía que en efecto he desempeñado si lo que consta en recursos humanos es que soy abogado Junior”. Ciertamente, la Dra. Aura Marina Kolster mandó a corregir el error, pero sólo en cuanto a la clasificación como abogado Senior, pero nada se dijo, ni se hizo respecto al resto del planteamiento expuesto por la Dra. Ciavaldini.
En este sentido, el departamento de Recursos Humanos a través de la ciudadana Anabel Mora, y por correo electrónico interno del Banco, informa que “debía esperar hasta octubre para ver si corresponde un ajuste salarial”. Correo éste que exhibiremos en la oportunidad correspondiente.

Por fin en octubre de 2002, la Gerencia de Recursos Humanos hace un ajuste salarial, el cual estaba lejos de parecerse al que le correspondía a ese cargo, según la escala de sueldos de esa entidad bancaria, informándole que “no lo habían hecho antes por error involuntario”, pero tampoco le pagaron el ajuste salarial retroactivamente, desde el momento que la nombraron para ejercer dichos cargos.
Este “error involuntario”, causó un daño patrimonial a nuestra representada, dado que el mismo constituye un incremento en el salario del trabajador, bono vacacional, cálculo de prestaciones, influye también en el porcentaje que el Banco acredita a la Caja de Ahorros del empleado, prestaciones, antigüedad, utilidades, etc.. De manera tal, que si tenían la voluntad de subsanarlo no era con una disculpa, sino pagando todo lo adeudado, en forma retroactiva al cual tenía derecho, desde el momento que cometieron el “error involuntario, con sus respectivos intereses de mora, así de fácil.
Unos días antes de tomar las vacaciones correspondientes al año 2004, la Dra. Jeannette Peña Gil, invita a su oficina, a la Dra. Ciavaldini para conversar “entre amigas”, el tema de conversación era decirle a nuestra mandante que “no podía ascender dentro del Banco debido a sus dificultades para caminar, que el Banco deseaba una persona con otra imagen, y que, por qué élla tenía tantos problemas”. Nuestra mandante respondió, “bueno Dra. Peña, si esa es la verdad y esa es la razón por la que no me es posible ascender y por esa razón no puedo ser la titular de los cargos que de hecho he desempeñado, le agradezco que me lo diga, porque ignorar la verdad, no cambia la realidad. En todo caso, si no puedo caminar bien, y ponerme mini falda y tacones, será porque así lo dispuso Dios, pero, por así decirlo, si Dios me quitó algunas cosas, también me dio otro montón de cosas que los demás no tienen y de las dos cosas me doy perfecta cuenta”.
No obstante esta conversación, cuyo único fin era, una vez más, violar todos sus derechos constitucionales, derecho a la igualdad, a la no discriminación y el derecho a la dignidad humana; y sumar más sufrimiento a su persona y hacerle vivir un calvario, presionarla para que al regreso de sus vacaciones renunciara.

La Dra. Ciavaldini, ya de regreso de sus vacaciones, el mismo día que se reincorpora, la misma Dra. Jeannette Peña Gil, le informa que “ha sido ascendida al cargo de Directora de Sub Unidad de la Asesoría Jurídica Banca Corporativa, y que se están haciendo los trámites en Recursos Humanos pero que de momento no lo divulgue”, días después, el día 23 de agosto de 2004, la ascienden formalmente, con el cargo de Directora de Sub Unidad de la Asesoría Jurídica Banca Corporativa. El 02 de septiembre recibe un correo electrónico interno de la Dra. Aura Marina Kolster, cuyo asunto se denomina “CON MOTIVO DE TU ASCENSO” - más adelante le dice - “Diana: En ningún momento dudé en solicitar tu merecido ascenso. Convencida estoy que te destacarás también en las funciones que desempeñarás ante este nuevo reto…”
Le asignan una oficina privada, con siete (7) personas bajo su supervisión a saber: una (1) secretaria, dos (2) soportes del INCE, un (1) asistente legal y tres (3) abogados, entre los muebles que se encontraban en la oficina se encuentra la silla de su escritorio, la cual no era adecuada porque se trataba de una silla de conferencia, que no sólo era inadecuada para élla sino para cualquier ser humano que debía permanecer mucho tiempo sentado. Nuestra representada se queja al respecto, y le sustituyen la silla por otra que tampoco tenía un adecuado soporte en el espaldar, y estaba forrada de un material resbaladizo de forma tal que el que se sentara en élla terminaba resbalándose y cayendo al piso.
Luego de muchas conversaciones telefónicas solicitando cambio de la silla sin tener ningún resultado, y para esa fecha ya efectuada la mudanza de la Consultoría Jurídica para el piso 22 del mismo Centro Financiero Provincial, envía una comunicación vía correo electrónico interno, que es otra forma de comunicarse en ese Instituto, al Sr. José García de la Oficina de Servicios Generales, manifestándole que es sumamente urgente el cambio de la silla porque le duele mucho la espalda.
En efecto, por recomendaciones de su fisioterapeuta, solicita una silla nueva para sustituir la que tenía porque estaba dañando su columna, esto no era nada del “otro mundo” simplemente se requería una silla con soporte lumbar y corrector de postura, como la de cualquier persona que le duela la columna. Hicieron caso omiso a su requerimiento, demostrando una vez más que no les importaba su salud, sólo les interesa explotarla al máximo hasta más no poder y luego deshacerse de ella cual si fuese un trasto viejo que al tornarse inservible simplemente se bota y se busca uno nuevo. La mencionada silla jamás fue sustituida. Como una “Gran Concesión” le envían las sillas dejadas, por la ciudadana Mariflor Ruiz, con ocasión de su nombramiento como Directora de la Unidad de Proyectos Especiales pero nunca una como la que nuestra representada necesitaba, según recomendación médica.
Pero eso no es todo, mudaron la Consultoría Jurídica al piso 22 del

CFC, Torre Provincial; a nuestra mandante le asignaron una oficina “muy bella”. Ciertamente, la oficina asignada a la accionante era “muy bella”, amplia con una vista espectacular, pero con un ruido espantoso acompañado de vibraciones, pues la mencionada, oficina “muy bella” estaba ubicada a lado de las máquinas del aire acondicionado, cuyo ruido y vibraciones eran peor que una tortura china, no le permitían concentrarse; desde luego que esto tenía el solo propósito, lograr una renuncia de nuestra mandante.
En consecuencia, decide quejarse ante sus superiores por vía telefónica en múltiples oportunidades, sin resultado alguno.
El día seis (06) de enero próximo pasado, esto es, cinco (05) meses después de sufrir aquella tortura china, dirige un correo electrónico interno, cuya copia exhibiremos en su oportunidad, a los ciudadanos Moraima Borjas, Víctor Redondo y María Escobar, planteándoles el ruido y vibraciones molestas en su oficina, y les cuenta que “su oficina ubicada en el piso 22 del CFC, está a lado del aparato de aire acondicionado y hay permanentemente un ruido sumamente molesto y vibraciones que supongo tienen el mismo origen. Desde que nos trasladaron a este piso (aproximadamente 5 meses) he solicitado vía telefónica alguna solución al problema, ya sea mediante la instalación de aislantes u otros. Si bien han venido técnicos a revisar el asunto no han logrado solucionar el problema. Mi planteamiento es que esta situación tiene consecuencias nocivas para mi salud y es necesario darle una solución.”. (Subrayado nuestro). Sin resultado alguno, con total indiferencia, sin importar el daño que le estaban ocasionando a su precaria salud.

A pesar que nuestra representada fue ascendida “oficialmente”, jamás la convocaron a comité alguno, a los cuales tenía el deber y el derecho de asistir con ocasión del cargo desempeñado; dadas sus “condiciones particulares”, había que mantenerla oculta, e invisible, le consultaban por vía telefónica o le solicitaban una consulta escrita, de esa forma nadie la veía.
La situación laboral lejos de mejorar, cada día se tornaba más insoportable, creando en élla una profunda tristeza y desasosiego al evidenciar que por más que se esforzaba, que demostraba su idoneidad en los cargos desempeñados, la Institución, por intermedio de sus operarios con su maltrato, indiferencia y desconocimiento, entre comillas, de su labor, y decimos entre, comillas porque su labor era desconocida a conveniencia del patrono, cuando se trataba de ajustar su sueldo, por ejemplo, porque cuando la promovían para asumir responsabilidades de mayor importancia, el Banco sabía que nuestra representada era capaz de afrontar esas y muchas más.
Todo ello sumaba, día a día, mayor sufrimiento en su persona, circunstancia ésta que la afectaban moral, física y síquicamente, al punto tal de sentirse tan enferma que el día 19 de Mayo de 2005 durante sus vacaciones, (no lo hizo antes, porque para ese Banco era un pecado enfermarse y le podía costar su puesto, por eso tuvo que utilizar sus vacaciones para cuidad de su salud ya muy deteriorada), se vio obligada a acudir a la consulta del internista Dr. Nelson Simonovic, en el Centro Médico Docente La Trinidad, quien luego de evaluarla y practicarles los exámenes y análisis correspondientes, le indica que tiene depresión, sobre peso, vida sedentaria y que debe hacer fisioterapia, y por causa de su depresión la refiere a un psiquiatra, específicamente al Dr. Pedro Delgado Machado, porque su problema es psíquico.
Al reincorporarse de sus vacaciones nuestra representada le comenta a su jefe inmediato de entonces, la Dra. Jeanette Peña Gil, que se sentía muy enferma y que se había visto obligada a utilizar sus vacaciones para acudir al médico y realizarse unos exámenes, y le comenta el resultado de los mismos. La Dra. Peña le respondió “este Banco enferma a la gente”.
Por recomendación del Dr. Nelson Simonovic, se dirige a la consulta del Dr. Pedro Delgado Machado, médico psiquiatra, quien, en efecto, luego de evaluarla y practicarle exámenes le diagnostica depresión severa y le recomienda asistir a su consulta semanalmente.
La depresión profunda o severa es una “seria enfermedad, cuyos síntomas incluyen humor deprimido, disminución en el nivel de energía y en el interés por la vida, molestias físicas, cambios en los patrones de alimentación y sueño, y pensamiento y movimientos ya sea lentos o agitados”. Tratando de sobrellevar tal situación a pesar de su deteriorada salud, dado que necesitaba su trabajo pues había adquirido compromisos económicos al comprar su vivienda y un automóvil para desplazarse a su lugar de trabajo, y además dadas sus “condiciones particulares” no podía darse el lujo de renunciar; porque es bien sabidos por todos, que aunque Nuestra Carta Magna, leyes laborales y tratados internacionales, repudian la discriminación, en nuestra sociedad este problema está latente, bien sea por el color, inclinación sexual, credo, la apariencia, entre otras. Las “condiciones particulares” que tenga cada persona tienen mucho peso a la hora de contratar, sin importar su capacidad, eficiencia o idoneidad para enfrentar cualquier reto.
Aproximadamente a principios de noviembre de 2005 nuestra representada recibe una llamada de la Dra. Aura Marina Kolster quien le pregunta ¿Diana qué edad tienes? y élla responde, “Dra. Kolster, tengo 39 años.”. Y la Dra. Kolster le contesta “nos estamos poniendo viejos”. Llamada esta muy extraña pues no era ni para saludarla ni para tratar sobre algún tema de trabajo.
Para el día viernes 18 de noviembre de 2005, nuestra representada presenta un profundo dolor e inflamación en su brazo y hombro izquierdo, y un permanente dolor en el costado izquierdo de su columna, que le impiden levantar el brazo y utilizar su muleta, notifica vía telefónica al Banco lo que le está sucediendo y, en consecuencia, no puede asistir a sus labores. En esa misma fecha se comunica con la Dra. Myriam Capasso, médico traumatólogo de la Clínica la Floresta, para informarle lo que le sucede, quien le indica guardar reposo y le prescribe tres medicamentos denominados Diprospan y Dolomex inyectados; y Profenid en tabletas, para disminuir el dolor y la inflamación, para poderla ver en su consulta el martes siguiente.
En efecto, el día martes, 22 de Noviembre de 2005 nuestra representada acude a la consulta de la Dra. Capasso, quien luego de examinarla, ordena la realización de varios exámenes y reposo por dos (2) semanas, además de prescribirle medicamentos. Cuyos récipes exhibiremos en su debida oportunidad.
Para mediados de enero de 2006, y como quiera que la Dra. Capasso se encontraba de vacaciones, nuestra representada va a la consulta con la Dra. Olivia González, también médico traumatólogo de la misma clínica La Floresta, quien suele ver a los pacientes de la Dra. Capasso cuando se encuentra ausente. La mencionada Dra. Olivia González, prescribe a nuestra representada fisioterapia a realizarse en la misma clínica con la fisioterapeuta Nyoka Acevedo. Al regresar la Dra. Capasso, el 07 de febrero de 2006 evalúa a la Dra. Ciavaldini y le ordena reposo absoluto por un lapso de seis semanas, con fisioterapia a domicilio a cargo de Michael Ascanio. La Dra. Capasso, explicó a nuestra poderdante que en su caso había que cuidar especialmente su brazo ya que es el que utiliza para apoyarse de su muleta, al mismo tiempo, le señala que necesita apoyo psicológico, nuestra representada le responde que ya tiene un médico psiquiatra, de nombre Dr. Pedro Delgado, quién le había señalado a que las depresiones cuando son graves o severas acarrean intensos dolores físicos y que en su opinión su dolor en la columna, hombro y brazo izquierdo se debían más que nada a esa causa.
En esa misma fecha, 07 de febrero de 2006, la accionante se dirige al Banco, participa y entrega a su jefe Dra. María Consuelo Faría, la constancia original de su reposo y le explica la situación, y como quiera que no podía movilizarse por el intenso dolor y, además, era la primera vez en todo su tiempo de servicio en el Banco (después de nueve años de servicio) que debía seguir un reposo y tratamiento médico de este tipo, decidió llamar por teléfono a la Dra. Aura Marina Kolster para informarle élla misma lo que le sucedía, la secretaria de la Dra. Kolster toma la llamada y le manifiesta a nuestra mandante “que la Dra. Kolster está ocupada y no puede atenderla”, a tal efecto, nuestra representada le deja el mensaje con la secretaria señalándole “que está muy enferma y debe guardar seis (06) semanas de reposo y seguir el tratamiento de fisioterapia a domicilio a cargo de Michael Ascanio. Igualmente, la Dra. Ciavaldini participa a su personal que estará ausente con motivo del tratamiento que debe seguir y que en su ausencia la Dra. María Consuelo Faría se encargará de las funciones que le correspondía desempeñar como Directora de Sub Unidad.
Concluidas las seis semanas del reposo en cuestión, la Dra. Ciavaldini se reincorpora a sus labores, y se encuentra con la inmensa sorpresa que la Dra. Faría materialmente la había “despojado” de su puesto y de las atribuciones que le eran propias, le impide el acceso y la asignación de las solicitudes de elaboración de documentos dirigidos al área a su cargo, igualmente le impide que su personal le reporte, por tanto ignora que solicitudes están llegando y cuáles se están elaborando, de que operaciones o negocios jurídicos se trata o el monto e importancia de cada uno de éllos. A tal efecto y dado que la responsabilidad de la Sub Unidad recaía sobre, nuestra mandante, solicita por correo electrónico a dos de los abogados bajo su supervisión, informarle por escrito qué casos tienen asignados, el nombre del cliente, el tipo de operación o negocio jurídico de que se trata, el monto de cada uno de éllas y el estado en que se encuentra la preparación de la documentación. Al mismo tiempo se reúne en privado con su jefe la Dra. María Consuelo Faría, para saber a que obedecía la actitud por élla adoptada hacia su persona, y porqué había dado instrucciones a su personal para que no le reportaran sobre el trabajo a realizarse en su Sub Unidad, cuya titular era nuestra mandante, le señala que todo esto es una irregularidad dado que la responsable de todo lo que ahí ocurriese recaía sobre su persona y si ya no era responsable de la Sub Unidad que le notificara por escrito, desde que fecha ya no era la Directora de la Sub Unidad de Asesoría Jurídica de la Banca Corporativa y cuáles eran sus nuevas atribuciones. Nuestra mandante, igualmente, le deja saber a la Dra. Faría, que tales hechos constituyen un despido indirecto, no sólo en Venezuela sino en cualquier parte del mundo. La Dra. Faría le responde que estaba actuando por instrucciones de la Dra. Aura Marina Kolster. Jamás informaron por escrito a nuestra mandante cuáles eran sus nuevas atribuciones.
Entre tanto, la Dra. Faría quien asumió de hecho atribuciones que correspondían a la Dra. Ciavaldini, desde su nombramiento en el cargo se dedicó a asignar a nuestra mandante trabajos inferiores a sus responsabilidades, que no estaban acordes ni con su experiencia, ni con su jerarquía dentro de la Consultoría Jurídica e incluso otros que por su naturaleza debían ser asignados al personal administrativo. Y es que desde la llegada de la Dra. Faría, a finales de noviembre de 2005, ésta se dedicó a desconocer, sistemáticamente su trabajo, a tratar por todos los medios de hacerla a un lado, en fin a aislarla, y así, por ejemplo, además de lo ya dicho, procedió sin consultarle a fijar las vacaciones del personal bajo supervisión de nuestra mandante, a irrumpir groseramente en su oficina avasallante y “ungida de poder”, se atrevió a llamar a nuestra mandante “incompetente” el mismo día que irrumpió en su oficina cargada de carpetas para ordenarle que hiciera los formatos que ese Banco utilizaría para instrumentar las nuevas operaciones de crédito con ocasión de la entrada en vigencia de la Ley referente a créditos al turismo. La Dra. Ciavaldini le respondió a la Dra. Faría, “yo no soy y nunca he sido incompetente, lo que te estoy señalando es que existe una instrucción expresa del Vicepresidente Ejecutivo, Consultor Jurídico, Dra. Aura Marina Kolster, según la cual se atribuye esa competencia, esa tarea, a los Directores de Unidad y que al parecer tu desconoces, pero que sin duda, igualmente, puedes contar con mi apoyo, no obstante, antes de decidir sobre qué figura jurídica sería la utilizada para los referidos créditos al turismo, era necesario conocer la opinión del Consultor Jurídico; de todas formas, la Dra. Ciavaldini le expresó su opinión sobre cuáles, serían las figuras idóneas a utilizar y cuales no dada la naturaleza de la Ley”.
Decide hablar con el Ciudadano Jaime Pirela, Director de la Asesoría Jurídica, le plantea el horror que está viviendo dentro de la Institución y éste le contesta lo siguiente “no puedes hacer nada, te la vas a tener que calar porque a nadie le importe nada, recuerdas que Víctor Viloria se suicidó, y a nadie le importó nada.”
En la oportunidad que debían realizarse las evaluaciones de desempeño, La Dra. Jeanette Peña Gil, jefe inmediato anterior, realiza la evaluación. Dado que terminaba el lapso para entregar las evaluaciones y a nuestra representada todavía no se la habían entregado para discutirla, le preguntó a la Dra. Faría qué era lo que sucedía con su evaluación si es que acaso se la estaban “escondiendo”, que si élla tenia copia por favor se la entregara, pues todo empleado tiene derecho a ver y discutir su evaluación, ¡caramba! como por arte de magia, apareció una copia de la evaluación que la Dra. Faría entregó a nuestra representada. Nuestra representada al examinarla se percató que se le calificó por debajo del resto de la Consultoría Jurídica en lo referente a la cultura corporativa; no obstante haber obtenido, tanto ella como su equipo de trabajo, la segunda mejor puntuación de toda la Consultoría Jurídica de conformidad con los resultados arrojados en la “encuesta del cliente interno”, instrumento éste que mide el resultado y eficiencia de cada unidad. Insólito lo señalado en la referida evaluación, ya que contenía una pobre e injusta descripción de objetivos, para nada reflejaban las verdaderas responsabilidades y trabajos realizados por la Dra. Ciavaldini, donde incluso se omitió su participación en el análisis y redacción de artículos de interés legal a fin de colaborar con el “Boletín Latam”, asunto este de importancia para el Consultor Jurídico y de peso en una evaluación, así como su participación en múltiples asuntos como la mano derecha o persona de confianza de la Dra. Peña, durante muchos años. Le comentó a la Dra. Faría que no estaba de acuerdo con su evaluación por lo expuesto anteriormente. Solicita hablar con la Dra. Peña para discutir dicha evaluación, cuando ésta por fin se dignó a atenderla para la referida discusión, nuestra mandante le manifestó que élla mejor que nadie sabía que estaba por encima de los promedios más altos establecidos en los objetivos, que por algo la habían distinguido a suplir su ausencia cuando era titular del cargo de Directora de la Banca Mayorista y Mercados, y que en esas suplencias reportaba directamente al Vicepresidente Ejecutivo Consultor Jurídico Dra. Aura Marina Kolster. La Dra. Peña le responde que en cultura corporativa no tiene 200 puntos como todos los demás, y que ella llegaba tarde”. Cuanta maldad, la Dra. Peña sabía de sobra que desde antes de la contratación de nuestra representada, el Banco sabía de su dificultad para desplazarse y también sabia que utilizaba servicios de taxi, quien le manifestó no tener ningún inconveniente. Una vez más y todavía después de casi diez (10) años de servicio, la Dra. Peña le recordó lo “Difícil que había sido su contratación”, a todo esto nuestra mandante contestó que lo único que podía hacer, era hacer bien el trabajo, y, el que sea éste reconocido o no, es otro tema, que depende de la persona del evaluador, y que dichas “evaluaciones de desempeño” no eran más que un instrumento de atropello y abuso de poder, y que estaba visto que los demás si tenían derecho a percibir por su trabajo una remuneración justa acorde con sus responsabilidades, pero que ese no era su caso, constituyendo esto, además de un abuso de poder, un inmenso atropello a su dignidad, integridad física, psíquica y moral por el trato discriminatorio que recibía. La Dra. Ciavaldini, expreso que desconocía tal evaluación en todos sus términos.

Es importante destacar que la Dra. Ciavaldini, era considerada, y así le fue dicho publica y privadamente, de acuerdo a los planes de sucesión elaborados por el departamento de Recursos Humanos del Banco, la persona a ocupar el Cargo de Directora de Unidad, y su talento de primera línea, en efecto fue convocada a asistir a un curso de formación dictado en el IESA, en su primera edición, denominado “Programa de Desarrollo Directivo”, curso éste similar, al que dicta el BBVA en España, para el personal que pertenece a su colectivo ejecutivo. La validez o certeza de lo expuesto durante la duración de ese curso, no podía ponerse en duda, más cuando en él estuvieron presente el entonces Presidente del Banco, Sr. José Carlos Pla y todos los Vicepresidentes Ejecutivos, salvo el Consultor Jurídico. Pero sin duda una cosa es el discurso y otra la realidad.
Como último recurso organizacional la Dra. Ciavaldini le solicita una reunión al Vicepresidente de Recursos Humanos, Sr. Romualdo Rodríguez, para ponerlo en conocimiento de la situación que está viviendo en la Consultoría Jurídica, para solicitarle su ayuda pues no sabia ya que hacer para resolver el problema y le dice que está siendo víctima de acoso moral y esa situación no hacia más que deteriorarle su salud, con la ilusión y esperanza de que el antes mencionado Vicepresidente, Romualdo Rodríguez, tomara las previsiones que considerara convenientes para resolver el problema.
En ese mismo día en horas del medio día, durante un almuerzo la Dra. Ciavaldini le comenta al Dr. René Toro, Asesor Jurídico a la Presidencia, que necesitaba hablar con él ya que se encontraba atravesando una situación muy incomoda, el Dr. René Toro le responde que “sí, que con mucho gusto”, pero lo cierto es, que nunca llamó a nuestra representada.

Para el viernes siguiente, en la tarde acude a la consulta del Dr. Pedro Delgado, tal es el estado de deterioro de la salud de nuestra representada, que éste le ordena reposo y medicación durante el lapso del 03 de abril de 2006 hasta 18 del mismo mes y año, ambos inclusive. En esos días la Dra. Ciavaldini se ve imposibilitada de acudir a su cita con la Dra. Capasso, pues la secretaria le informa que está haciendo un curso. Nuestra representada acude a la consulta del Dr. Franco Cordivani Maloni, Traumatólogo de la Clínica La Floresta, quien después de examinarla le indica siete (7) días de reposo y unos medicamentos para aliviar el dolor del brazo izquierdo.
Hechos muy extraños ocurrieron durante esos días de reposo de la Dra. Ciavaldini, quien a partir del 20 de abril de 2005, comenzó a recibir llamadas muy extrañas a su teléfono celular e incluso a su teléfono de la casa; una primera llamada la recibe el 20 de Abril de 2005, justamente dos (2) días después de haber entregado al Banco sus constancias de reposo emitidas por los Dres. Franco Cordivani Maloni y Pedro Delgado; la llamada del 20 de Abril de 2005, era aparentemente del Dr. Orestes Parilli Abogado de PDVSA, quien llama a nuestra mandante para saludarla y la Dra. Ciavaldini creyendo que se trataba de un asunto de trabajo sobre un contrato de servicios entre PDVSA y el Banco, sobre el cual habían hablado antes, estando la Dra. Ciavaldini en su Oficina, atiende la llamada del “supuesto” Orestes Parilli quien comienza a darle una dirección de una fisiatra amiga de él, cuya dirección ni teléfono nunca le suministró, pero sí se refería y repetía una y otra vez que la dirección de la amiga estaba ubicada “frente a una bomba”. Así como esa, la Dra. Ciavaldini recibió llamadas en su casa a altas horas de la noche de gente que no se identificaba sólo repetía “instalaciones”, es “instalaciones” o “qué empresa es esa”, por ejemplo.
La Dra. Ciavaldini se reincorpora, finalizado el reposo, antes mencionado, el día jueves 27 de abril de 2006, (su carnet de acceso a su oficina en el piso 22 no funciona, élla pensó que estaba dañado el dispositivo electrónico), cuando por fin entró y llegó a su Oficina, ve que en la puerta de la misma habían puesto una caja, le informa a la Dra. Faría, de su llegada y ésta ni siquiera la atiende, le responde que tiene que reunirse con la Dra. Kolster. Durante todo el día la Dra. Faría se tornó invisible, jamás la vio. El que sí se presentó en su Oficina fue el Sr. José Luis Salas Abad, quien no se dignó a preguntarle cómo seguía de salud, le dice con ironía “Diana cuanto tiempo sin verte”, y le pregunta qué es lo que está pasando, la Dra. Ciavaldini vuelve a comentarle al Sr. José Luis Salas la situación de atropello que esta viviendo con el proceder arbitrario y grosero de las Dras. María Consuelo Faría y Jeanette Peña Gil, y que no estaba dispuesta a vivir nuevamente un episodio infeliz como el ocurrido en 1.999 con las Dras. Mariflor Ruiz y Morela Polo. La Dra. Ciavaldini le señala al ciudadano Salas que, “en ese Banco, parte de una inmensa Corporación Financiera Internacional, existen un Código de Conducta y unos Principios Corporativos, tendrán alguna vigencia o contenido real, o simplemente son declaraciones sin contenido de ninguna clase. Le señala además, que toda esa terrible situación sólo ha contribuido a empeorar su salud; igualmente y le manifiesta, que había hablado con el ciudadano Romualdo Rodríguez, Vicepresidente de Recursos Humanos, y lo había puesto en conocimiento de la situación.” “El Sr. Salas le responde que al ver su reposo, ha llamado mucho la atención que se está tratando con un médico psiquiatra”. Nuestra mandante responde, que “un médico psiquiatra es un médico como cualquier otro, y ha acudido a él por recomendación de su médico internista para tratar su depresión y que acude a sus consultas desde hace más de un (1) año. El ciudadano Salas le indica que hable con la Dra. Kolster, y la Dra. Ciavaldini responde, que le ha solicitado audiencia en repetidas oportunidades y todavía no ha podido hablar con élla, y que entendía que la Dra. Kolster debía estar en conocimiento de la conducta reprochable desplegada por del Banco a través de sus ejecutivos hacia élla, y que si toda esta situación está pasando, es porque la Dra. Kolster lo había permitido, y que sin duda le ha retirado el apoyo y el aprecio que decía tenerle porque la Dra. Faría se encargó de subrayarme que actuaba por instrucciones de la Dra. Kolster”.

En esa reunión el ciudadano, Salas le dice a la Dra. Ciavaldini que “si le firma la renuncia la liquida doble.” Responde nuestra mandante, “entonces, la gran solución que ideó el Banco a través de sus operarios, no fue tomar las medidas necesarias para que cesara el acoso moral al cual estaba siendo sometida, sino salir de élla a como diera lugar, sin importar en absoluto su trayectoria impecable de casi diez (10) años de carrera en la Institución, que su esfuerzo no había valido nada”. El ciudadano Salas se retira de la Oficina de la Dra. Ciavaldini, y enseguida se devuelve para decirle que esa no es la única solución.
El día viernes 28 de abril de 2006, llega a su sitio de trabajo, tampoco puede hablar con la Dra. Faría quien parece que se “escondió”. Al final de la tarde, como a eso de las 3:30 pm, recibe una llamada del ciudadano Salas, y le dice que “si puede ir a su oficina”, nuestra representada se dirige a la oficina del ciudadano Salas, y al llegar a élla éste cierra la puerta y le dice que “ha pensado su caso y lo mejor es que te vayas, que la Dra. Kolster había mandado a agregar treinta millones de Bolívares (Bs. 30.000.000.00) más a su liquidación”. Qué increíble sorpresa para nuestra defendida, quien le pregunta al ciudadano Salas ¿Cuánto vale tener dignidad en esta empresa?, y le entrega unos papeles con diferentes liquidaciones, y entre manoteos gritos y amenazas le dice “que ha sido una consideración que nuestra mandante esté hablando con él del tema, pues han podido mandarla a hablar con Anabel Mora y Chao”. Al ser la hora de salida la Dra. Ciavaldini se retira con los papeles que el ciudadano Salas le entregó, su carnet ya lo habían desatibado sólo funcionaba para llegar al estacionamiento. Desde luego, el 27 de abril de 2006, día de su reincorporación, su carnet ya estaba desactivado, habían decidido deshacerse de ella.
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