Politica e inmigración en la pantalla. La propaganda peronista sobre la inmigración en la filmografía documental Argentina. (1946-55)






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POLITICA E INMIGRACIÓN EN LA PANTALLA. La propaganda peronista sobre la inmigración en la filmografía documental Argentina. (1946-55).
Irene Marrone y Mercedes Moyano Walker

Introducción.
En la segunda posguerra Europa se convirtió en expulsora masiva de población y Argentina fue entre otros un destino codiciado. En ese momento el gobierno peronista intervino planificando su política inmigratoria, con el fin de seleccionar y encauzar aquel torrente humano hacia las actividades y regiones que consideró prioritarias. Los criterios utilizados en esa planificación dieron lugar a un intenso debate interno e internacional en torno al cual se dirimió mucho más que la política migratoria, puesto que la variable población fue percibida como clave para el desarrollo y para la concreción del proyecto peronista. La polémica alcanzó cuestiones más profundas tales como el orden social deseable, los límites de pertenencia a la comunidad política nacional o las formas de participación y construcción de ciudadanía posibles.

En consonancia, la Subsecretaría de Informaciones y Prensa difundió a través de intensas campañas de propaganda las novedades que le llegaban desde las distintas dependencias burocráticas del estado intervencionista por medio de folletos, afiches, panfletos, y especialmente a través de la exhibición obligatoria de filmes documentales y noticiarios cinematográficos.1

Así fue como, a fines de los treinta y en especial desde el golpe del 43, distintas productoras privadas como Sucesos Argentinos, Emelco, Noticiario Panamericano, Sucesos de América y algunos noticiarios o direcciones estatales como Noticiario Bonaerense, Secretaría de Prensa y Difusión de la Provincia de Buenos Aires cubrieron la noticia del momento y difundieron la política oficial supervisadas y coordinadas por la mencionada subsecretaría.2

Esta preocupación propagandística nos permite hoy rastrear las imágenes de una disputa ideológica que existió en el interior del peronismo (gobierno, movimiento y alianzas) en relación al tema de la inmigración. A fin de relevarla, comparamos cuatro filmes documentales de propaganda oficial sobre inmigración que se hicieron en los momentos en los que se impulsaron definiciones o novedades sobre la manera de entender el tema. Se trata de los filmes: Inmigración (1947), Rumbo a la Argentina (1947), Para todos los hombres del mundo (1949) y Ha llegado un barco (1953) (Archivo General de la Nación). En ellos se expresan diferentes y hasta discordantes voces desde las cuales el estado peronista presentó su política migratoria. Esta heterogeneidad se explica en parte por los sucesivos traspasos que sufrió la Dirección de Migraciones por distintas dependencias ministeriales, las que a su turno impregnaron la política de encauzamiento con sus diferentes tradiciones administrativas y políticas. Por otra parte, la diversidad emerge de las diferentes necesidades del proyecto político y económico de la alianza peronista en cada etapa.3 En ese abordaje tuvimos en cuenta las siguientes dimensiones:

  1. La institución o dependencia estatal que enuncia el discurso en el film.

  2. El punto de vista historiográfico del relato fílmico.

  3. Los criterios demográficos (etnia, sexo, edad), de habitat (rural y urbano), ocupacionales (colono, trabajador-profesional) y culturales (religión, ideología) propuestos para la selección del inmigrante.

  4. El papel del estado en relación al inmigrante (prescindencia, encauzamiento)

  5. Las políticas de integración a la nación (instituciones inclusoras), formas de participación, tipo de orden social buscado (mundo conciliado - tensiones).


Retomando estas dimensiones, desde un plano más general nos interesó la relación cine e inmigración porque sitúa el análisis en un espacio más profundo que hace a la interacción entre prácticas culturales y procesos identitarios. Así, la representación de un tipo de inmigración deseada en la propaganda opera en la estructura de sentimientos prefigurando los contornos de una inmigración no deseada y funda en consecuencia principios de exclusión para otras “otredades”. A veces un lapsus, un gesto imprevisto, una imagen de fondo no controlada por el documentalista, un comentario cargado de emoción ayuda a interpretar el sentido de la exclusión que resultaba incompleta o inasible desde otras fuentes.

Apuntamos entonces a desmontar los andamiajes del prejuicio y de la discriminación hacia grupos distintos cuyos rasgos o comportamientos diferían de los criterios de homogeneidad cultural y política propuestos desde la propaganda peronista, ya que anidaban inadvertidos y naturalizados entre los discursos de una amplia argentinidad que cohesionaba e integraba a vastos sectores tradicionalmente omitidos, subalternizados y oprimidos por los gobiernos conservadores. Vaya nuestra contribución desde esta historia que promueve la idea de una sociedad cada vez más democrática, heterogénea y plural.
I - Inmigración y política.

En la segunda posguerra el mito de América volvió a modelar la utopía europea4. Como en los años de inmigración masiva de fines del diecinueve y principios del siglo pasado, Argentina recuperó su lugar como destino privilegiado.

En la etapa aluvial el mito se alimentó de la creciente prosperidad del país como granero del mundo5. Los hombres que proyectaron el nuevo Estado-Nación argentino como Sarmiento, Alberdi y Mitre preferían una inmigración blanca, noreuropea, anglosajona. Pero en un contexto de bonanza económica primó la necesidad de poblar y la aceptación de una concepción liberal de puertas abiertas. No obstante, los que llegaban se incorporaron como habitantes y no como ciudadanos. En el mismo sentido la Ley Avellaneda de Inmigración y Colonización de 1876 no impuso criterios de selección ni reguló su posterior integración. Se consideró inmigrante a todo extranjero que viniera con pasaje de segunda o tercera clase y se lo libró a su suerte al llegar.6

Al país llegaron italianos y españoles, franceses, rusos, alemanes, polacos, árabes y judíos entre otros, pero sobre todo italianos y españoles. Esta mayoría contrastaba en la realidad con la propuesta de crisol de razas que buscaba evitar el predominio de algún grupo étnico sobre los demás o sobre la identidad nacional. Frente a este aluvión inmigratorio hubo reacciones defensivas, en especial durante el Centenario de la patria emerge una mentalidad antipositivista con elementos de raíces hispánicas coloniales de tradición católica, y hacia los años veinte cuando el nacionalismo integrista configura un discurso con elementos xenófobos, jerarquizando la raíz criolla de la identidad nacional Argentina.

En los años de entreguerras se sustentaron ideas políticas migratorias restrictivas en todo el mundo, aunque en Argentina paralelamente los hijos de inmigrantes accedieron a la participación política impulsados desde el sistema educativo, el servicio militar obligatorio y con una gran movilidad social ascendente. Este proceso de integración no estuvo desprovisto de tensiones y prejuicios raciales y sociales, así lo expresa la literatura de tintes antisemitas, contra quiénes no fueran europeos como los sirio- libaneses, latinoamericanos, chinos, e incluso contra los italianos.7 Hacia 1930 el flujo migratorio cayó drásticamente luego de la crisis mundial y las políticas migratorias quedaron dominadas por prejuicios hacia los llamados indeseables, en especial los judíos y refugiados que crecieron en la segunda mitad de la década. Estos criterios restrictivos se aplicaban en los pasaportes, donde debían constar las condiciones requeridas para entrar a un país, como por ejemplo las de no tener enfermedades contagiosas, no venir a ejercer la mendicidad y no tener ideología anarquista o comunista. En esos años treinta se difundieron ideas sobre compatibilidades raciales entre los grupos latinos católicos y un supuesto ethos cultural y/o racial argentino en la “Revista de Economía Argentina” - dirigida por Alejandro Bunge y publicada de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Buenos Aires - y en las publicaciones del Museo Social Argentino, y desde 1943 en investigaciones hechas por discípulos de Alejandro Bunge en el Instituto de Investigaciones Económicas y Sociales que lleva su nombre. En estos espacios académicos se promovían ideas de selección migratoria y exclusión racial y religiosa insertos en discursos poblacionistas natalistas.8

Con el golpe del GOU de 1943 y el ascenso de Perón las políticas migratorias quedaron atravesadas por importantes cambios políticos mundiales, a la vez que por renovados factores de expulsión y atracción. En primer lugar, debe reconocerse la precaria situación diplomática de Argentina en la posguerra dada su negativa a abandonar la neutralidad largamente solicitada por Estados Unidos durante la guerra9. A pesar del aislamiento de los primeros años de gobierno peronista, en los que se privó al país de importaciones esenciales para su desarrollo, su economía se expandió merced a la estrategia de industrialización por sustitución de importaciones derivada de una política proteccionista y mercado internista. EEUU denunció al gobierno peronista, lo acusó entre otras cosas de llevar adelante políticas migratorias racistas, discriminatorias, pro-nazis.10 Entre los migrantes disponibles se constituyeron varios grupos a partir de diferentes factores de expulsión, y la responsabilidad de tal misión en el llamado mundo libre le cupo en el contexto de guerra fría al país del Norte. El arco de los desarraigados se mostraba multicolor, había judíos sobrevivientes del genocidio nazi, personas vinculadas a los regímenes nazi fascistas derrotados, migrantes por hambre, pobreza, desocupación, masas desplazadas por la división de áreas de influencia entre el bloque soviético y el pro occidental11. Diferentes organismos nacionales e internacionales promovieron en Europa la reubicación de estos grupos. Entre los nacionales, en 1946 se crearon: la Delegación Argentina de Inmigración en Europa (DAIE), encargada de seleccionar los candidatos a emigrar desde Italia y España, y la Comisión de Recepción y Encauzamiento de Inmigrantes (CREI), presidida por el presidente del Instituto Argentino de Promoción del Intercambio (IAPI), cuyo fin era ubicar a los inmigrantes en el mercado de trabajo argentino. Estos organismos entre sus muchas atribuciones autorizaban a los inmigrantes a viajar con las cartas de llamada de sus parientes en Argentina o de empresas que los necesitaban. Entre los internacionales Cruz Roja Internacional y el Comité Internacional para las Migraciones Europeas (CIME) asistían a los refugiados y desplazados como consecuencia de la guerra.

En este contexto el gobierno argentino jugó un delicado equilibrio para evitar el aislamiento internacional. Por un lado buscaba distanciarse de la acusación de filofascista difundida entre la opinión pública internacional12. Con ese fin presentó una política migratoria menos selectiva y más abierta que otros países, sin embargo mantuvo cierta ambigüedad respecto del tema de la inmigración, ya que debió aunar un frente interno soslayado por complicados roces administrativos, institucionales y sociales originado entre otras cosas en la heterogeneidad de sus apoyos. En 1946 Perón ganó las elecciones apoyado fundamentalmente por el flamante partido Laborista, integrado por la vieja dirigencia sindicalista y ex socialista13 y una alianza con una fracción minoritaria de UCR, algunos grupos conservadores provinciales, gran parte de las Fuerzas Armadas, de la Iglesia Católica y de personalidades y grupos nacionalistas14. Posteriormente al triunfo electoral de febrero de 1946 y con el objeto de impulsar su proyecto industrialista mercadointernista, Perón resolvió ampliar su alianza policlasista hacia sectores económicos opositores en la etapa previa. Asimismo, a través del Primer Plan Quinquenal de 1947-51 impulsó una inmigración seleccionada, asimilable, económicamente útil y distribuida racionalmente conforme a principios ambivalentes como la espontaneidad y la selección y encauzamiento. La mayor novedad estaba en el interés por regular – seleccionar y encauzar - desde el estado el flujo migratorio. Para ese fin se crearon organismos, como el Instituto Étnico Nacional en julio de 1946, y se replanteó el papel y la ubicación en el engranaje institucional de otros, como la Dirección General de Migraciones que reportaba desde noviembre de 1943 a la Secretaría de Trabajo y Previsión15. En ambas reparticiones se desempeñó Santiago Peralta, figura cuestionada por su adhesión al nacionalismo conservador16. En sus primeros años el gobierno peronista adoptó la preocupación, heredada y compartida con el régimen del 43, de contar con una población homogénea e integrada cultural y étnicamente. Este criterio se impuso a la hora de dar preferencia a un tipo de inmigrante seleccionado a partir de caracteres étnicos, religiosos e ideológicos compatibles con la tradición argentina, favoreciendo en los hechos a inmigrantes latinos de fe católica17. No obstante, esta triple selectividad fue sufriendo transformaciones a lo largo de todo el período por los permanentes conflictos, tanto entre diferentes proyectos políticos dentro del gobierno como también entre tradiciones administrativas disímiles. Por un lado se desplegó desde la Dirección de Migraciones una visión antropológica de la inmigración, y por otro el Instituto Argentino para la promoción y el Intercambio (IAPI) con una visión más económica. También se notaron tensiones entre la citada Dirección de Migraciones y el Consulado, dependiente del Ministerio de Relaciones exteriores encabezado por el ex socialista Bramuglia18. Se discutían diferentes criterios para el ingreso de inmigrantes latinos, lo que se tradujo en la firma de convenios bilaterales con Italia (1947-48) y España (1948). Pero mientras el gobierno italiano, acosado en la posguerra por la desocupación, los campos de refugiados y la conflictividad, promovía la inmigración sin controlar demasiado su operatoria y sus beneficiarios, el gobierno de España quería retener mano de obra, por lo que instituyó formas burocráticas que limitaron el flujo hacia nuestro país19.

Desde 1950 la situación cambió. Argentina ya no fue la meca inmigratoria y el estado tampoco la promovió. En 1949 el gobierno peronista enfrentó la crisis del modelo industrialista reorientando la economía con el Plan de Emergencia Nacional de 1950 y el Segundo Plan Quinquenal (1953-57). El agotamiento del modelo de industrialización por sustitución de importaciones con mano de obra intensiva y poca tecnología tocó su techo y se volvió imperativa la obtención de capitales extranjeros para encarar la etapa compleja del desarrollo industrial. Perón ensayó un cambio de rumbo económico en esta segunda etapa, volviendo a las premisas del modelo agroexportador para recuperar divisas, abriendo la economía con una nueva Ley de inversiones extranjeras y solicitando créditos externos a fin de comenzar a eslabonar el desarrollo de una siderurgia e industria pesada propias. Por eso se advierte en este segundo plan quinquenal un desinterés por la inmigración, se dice que el aporte poblacional queda sujeto a un crecimiento vegetativo y progresivamente liberado de encauzamientos.
II - Encauzamiento y homogeneización en los filmes del Primer Plan Quinquenal.

“En ningún caso la inmigración será restringida ni prohibida por razones de origen ni de credo de ninguna especie, pero será preferida aquella que por su procedencia, usos y costumbres e idiomas sea la más fácilmente asimilable a las características étnicas, culturales y espirituales de la Argentina y se dedique a la actividad agrícola.” Plan quinquenal, 1947-51 Inmigración y Colonización. Proyecto Ley de Bases, art. III.
II – 1. El film Inmigración (1947) 20.

El “Heraldo del Cinematografista” anuncia con críticas elogiosas el 26 de noviembre de 1947 el estreno del corto Inmigración La fecha no es fortuita como veremos a lo largo del análisis fílmico. El corto abre mostrando un barco repleto de hombres, mujeres y niños que llegan desde ultramar al puerto de Buenos Aires. Son inmigrantes blancos europeos. Inmediatamente comienza el relato histórico a través de un montaje de imágenes de ficción en el que se representan los hechos ocurridos en los orígenes del estado-nación en tono coincidente al del imaginario liberal mitrista y sarmientino. Una voz en off señala los problemas del pasado – “un problema enorme quedaba por resolver, el desierto, el indio, el abrojo, la distancia…” Y su representación incorpora tomas rápidas superpuestas y caóticas de las matanzas a los caudillos federales y del genocidio aborigen, a la vez que destaca la obra realizada por un ejército nacional que se presenta como pacificador.

La inmigración fue en el pasado y es para el peronismo en este film la herramienta modernizadora. Así el leit motiv “Gobernar es poblares coreado en el filme a viva voz en reiteradas oportunidades con el fin de generar una idea de continuidad con las políticas implantadas desde el origen del estado argentino y en el que la inmigración recobra el sentido y las características que tuvo en el pasado21. Se insiste que en las esferas oficiales, en la prensa, en la calle, todos repiten esa máxima “poblar, poblar, poblar”. El alambrado y la locomotora avanzan hacia el espectador, superponiéndose a primeros planos de las piernas de los gringos “arando el desierto”. De esta forma se articula la adscripción a una modernidad, centrada en el modelo agro exportador, en la que el espacio pampeano se convierte, al igual que bajo los gobiernos conservadores en alegoría del progreso de todo el territorio nacional. En el mismo sentido, la perspectiva historiográfica como dijimos asume los hitos y héroes del ideario liberal mitrista. Aún no es tiempo de revisionismo histórico para el peronismo22. Tras las imágenes de Sarmiento, Urquiza, Alberdi y Echeverría el filme retoma el panteón liberal de la patria. Sin embargo no todas son continuidades. Hay una crítica importante a la política liberal o de laissez faire que promovieron los gobiernos anteriores. Se dice que en aquellos tiempos “...el enorme torrente inmigratorio había caído en un río sin lecho, nadie encauzó aquel caudal humano...” y se representan los efectos negativos de la política migratoria del período aluvial con la mendicidad, la vagancia, la prostitución, las villas miserias, la radicación de los inmigrantes en la ciudad. Se denuncia la falta de una política con sentido social en el campo retomando viejos reclamos de los chacareros arrendatarios nucleados desde varias décadas atrás en Federación Agraria Argentina23.

“el labrador enterraba el arado en surcos que no eran suyos (...) no plantaba un árbol junto a su rancho porque sabía que un día se le enajenaría hasta su sombra, era la víctima de un régimen de arrendamiento sin sentido social”-
Sin embargo, la denuncia tiene en este filme de 1947 límites precisos, se circunscribe a la falta de una política estatal y de una legislación a los más desprotegidos, sin apuntar a responsabilidades sociales más amplias como las que había hecho Perón a la oligarquía durante la etapa de ascenso al poder entre 1944 y 1946. La injusticia social se presenta como herencia del pasado. En ella los afectados y sus organizaciones carecen de protagonismo. El estado en el film los redime a través del crédito. Dice el relator que “...el plan quinquenal prevé la ayuda en créditos que permitan al labrador el alivio de una pequeña huerta, de una granja modesta”.

Este afán regulador e intervencionista se manifiesta en grotescas proposiciones sobre la importancia de respetar el medio geográfico de origen de los inmigrantes al reorganizar su relocalización con tintes casi deterministas:

“...el plan quinquenal ha corregido los viejos errores, cada inmigrante será ubicado en el medio (...) ambiente adecuado, quien viene del bosque irá al bosque, quien de la montaña a la montaña, quien de la llanura a la llanura”.
De pronto, la cámara enfoca una placa de bronce del Instituto Étnico Nacional y elogia la obra de la Dirección General de Migraciones señalando al enunciatario del discurso fílmico. La referencia institucional invita a recordar algunos cambios importantes. En 1943 el régimen militar reabrió selectivamente la inmigración relocalizando la Dirección General de Migraciones en la Secretaría de Trabajo y Previsión bajo los auspicios de Perón. El gobierno de Farrell creó en marzo de 1946 una oficina Etnográfica, que funcionó provisoriamente bajo la Dirección General de Migraciones, y en julio del mismo año Perón creó el Instituto Étnico Nacional24. El Director de Migraciones, Santiago Peralta, fue una figura muy cuestionada dentro y fuera del gobierno por su perfil ultra nacionalista, racista y antisemita25. Peralta se desempeñó en el cargo hasta julio de 1947, al ser acusado por esos motivos en la prensa y por organismos internacionales y desplazado por Perón 26. Pero Peralta conservó la dirección del Instituto Étnico Nacional seis meses más, hasta enero de 1948. Entre los meses de julio y enero de 1948 se desató un conflicto por la sobrevivencia de este sector dentro del gobierno hasta que finalmente naufragó. Sin embargo las prácticas discriminatorias y restrictivas continuaron, a juzgar por los sumarios que acreditó su sucesor Pablo Diana. En pleno conflicto entre distintos sectores del estado que bregaban por el alejamiento definitivo de este grupo, el 26 de noviembre de 1947 se estrenó en los cines de la capital el film Inmigración, bajo los auspicios de la Dirección General de Migraciones y del Instituto Étnico Nacional. Así cobra sentido político y polémico esta obra que buscaba legitimar las concepciones y la gestión de Peralta, filtrando en las imágenes los límites precisos de la apertura migratoria con una concepción presentada como geo-antropológica y científicista, y que en realidad encubría prácticas prejuiciosas y discriminatorias a partir de razones étnicas, religiosas y políticas.

En el filme la voz en off destaca la labor de la Dirección General de Migraciones como encargada de auspiciar la inmigración “racional y humanamente a través de cuerpos técnicos y científicos, y al amparo de leyes sociales...”. La idea de sistematizar científicamente la obra inmigratoria se documenta a través del constante ir y venir de funcionarios de esta dirección vestidos con impecables guardapolvos blancos, consultando archivos, carpetas, catalogando ingresos, anotando cuidadosamente cada dato, midiendo cada detalle, asesorando a los recién llegados. Era la ciencia puesta al servicio de la política de estado.

El relator habla de crisol de razas, pero se construye una iconografía de familias inmigrantes blancas y de fenotipo latino o eslavo27. Así puede verse en una secuencia ficcionalizada en la que una familia de inmigrantes de rasgos físicos de Europa del Este se integra al país en un medio rural. Estas características se conectan con el impulso dado desde el Primer Plan Quinquenal a las ideas de homogeneización, al proponer que vinieran aquellos que “por su procedencia, usos y costumbres fueran las más fácilmente asimilables a las características étnicas, culturales y espirituales de la Argentina”. En esos días los radicales acusaban a Perón de discriminar en favor de una inmigración de europeos latinos y no latinos católicos y anticomunistas, rechazando a los indeseables, sector de desplazados y refugiados no latinos, no católicos, comunistas, judíos, etc. En ese mismo sentido operó el pedido que hicieron las Naciones Unidas (IRO – International Refugee Organization) a DAIE entre 1947 y 1949 de hacer ingresar a varios miles de refugiados croatas, ucranianos, polacos, húngaros, bálticos colaboracionistas, alemanes y austriacos nazis. Muchos arribaron custodiados por Cruz Roja Internacional e IRO con nombres ficticios28.

Volviendo al film, y teniendo en cuenta especialmente el arco de los posibles migrantes y las prácticas concretas que se desarrollaron en esos años, es posible afirmar que la propaganda en este film reforzó el ideal de una inmigración de gente blanca, europea, católica y proveniente de un medio rural..


II - 1.1 Inmigrantes para que sean colonos agrícolas.


“Un día plantarán árboles que darán sombra a sus hijos”, así introduce la voz en off una secuencia que representa la necesidad de arraigar al inmigrante al agro. Santiago Peralta, basándose en el Artículo 25 de la Constitución Nacional, auspiciaba una inmigración de raza blanca para trabajar la tierra, integrada por grupos familiares. Se proponía impedir la inmigración urbana, incluso de comerciantes e industriales o técnicos e ingenieros, debía excluirse ladrones, ancianos, mujeres estériles, gente con defectos físicos o formas desviadas por factores hereditarios. De allí que considerara la existencia de una inmigración buena, mala o indeseable; la buena tenía como principal criterio el estar destinada a trabajar la tierra garantizando un auténtico mestizaje de agricultores con la población local.

El relato fílmico se detiene en la historia particular de una pareja mítica formada por un chacarero joven con su mujer y sus hijos nacidos en el país, remitiendo a las necesidades demográficas y económicas de colonización agraria planteadas en el primer plan quinquenal. Esta pareja reviste los atributos externos preferidos por el nacionalismo racista y vitalista de Peralta, son agricultores blancos, de aspecto eslavo y por ende católicos. Dice el filme, son “hombres y mujeres... jóvenes y sanos (...) con manos laboriosas” 29.

En el film la familia chacarera parece vivir en una utopía agraria, trabaja su tierra, el estado la protege, no teme a enemigos ni peligros, todos sus reclamos parecen cumplidos.

La insistencia del plan quinquenal y del film en canonizar la imagen de una inmigración necesariamente relacionada con la colonización agrícola parece extraña frente a la necesidad primordial de abastecimiento de mano de obra obrera que el desarrollo industrial requería. Sin embargo, algunos datos del contexto sobre el enfrentamiento institucional que sufren las políticas migratorias aportan pistas para interpretar esta aparente contradicción iconográfica. Esta concepción migratoria antropológica y ruralista de Peralta recibió apoyo del Consejo de Defensa Nacional y de militares ultra nacionalistas pero se enfrentó a la del Ministerio de Trabajo, al Instituto Argentino de Promoción del Intercambio (IAPI) y a las nuevas dependencias creadas para promover la inmigración como la Delegación Argentina de Inmigración en Europa (DAIE) y la Comisión de Recepción y Encauzamiento de inmigrantes (CEI), en las que sus funcionarios sostenían una visión más económica y urbana sobre la inmigración y el plan quinquenal como veremos en el filme Rumbo a la Argentina.

Las imágenes de una utopía agraria en el corto Inmigración se interponen a las necesidades materiales de la industria y, si bien la mayoría de los inmigrantes que se radicaron en el país provenían predominantemente de la agricultura, fueron a parar a la industria ya que la demanda externa de productos agrícolas mermó ostensiblemente después de 1948. Sin embargo la visión de Peralta circuló con fluidez dentro del imaginario del progreso argentino porque venía abonado desde el período aluvial con las imágenes del desarrollo agrícola y las ventajas económicas y espirituales que la tierra aportaba.

Finalmente se intercala una secuencia que comienza diciendo “Ha pasado el tiempo...”. En ella se representa el futuro de esta pareja de inmigrantes que dramatiza el momento de integración a la nación en una escena familiar en la chacra de la que parten a la escuela dos niños con sus guardapolvos blancos. La escuela, sumada a las imágenes del deporte, de hogares armoniosos, de un barrio con casas tipo chalet californiano, van fundiéndose con la imagen de un desfile de cadetes portando la bandera argentina. El film cierra como si mostrara el cumplimiento de propósitos de larga data. Parece decirnos que tierra, familia, escuela pública, vivienda, deporte y ejército integran y disciplinan al inmigrante a la nación.

II - 2. El film Rumbo a la Argentina (1947) 30

Este film tiene especial interés, ya que a diferencia de los otros abre con las imágenes del propio Perón anunciando en el Congreso de la Nación la política inmigratoria puesta en marcha desde el Primer Plan quinquenal, hecho que sugiere mayor compromiso institucional del gobierno con esa política. La cámara recorre cuidadosamente el recinto republicano mientras se intercalan imágenes pujantes de una Argentina mecanizada, moderna, con tractores, cosechadoras, torres industriales humeantes, despliegue de trenes, obreros trabajando, fábricas textiles y metalúrgicas. Es Perón quien desde instituciones republicanas (Congreso) planifica una Argentina de trabajo y de progreso.

La cámara se instala fuera del país. Las imágenes del Coliseo nos sitúan en Roma. Otro es el mundo institucional estatal que encauza al inmigrante en esta ocasión, y se vincula al Ministerio de Relaciones exteriores. El relator señala la importancia del Convenio Inmigratorio entre Argentina e Italia (1947). Dice que es la Comisión de Recepción y Encauzamiento de Inmigrantes (CREI) el lugar al que llegan los “... anhelos de miles de hombres y mujeres útiles... trabajadores y no desocupados... que serán seleccionados para evitar los efectos perniciosos del aluvión humano”. Las imágenes muestran una oficina con ficheros entre los que se mueven diligentes empleadas que abren y cierran carpetas en las que puede leerse un criterio de catalogación del inmigrante según un principio ocupacional. Un hombre joven, soltero de un medio rural lee una carta fechada el 18 de mayo de 1947 enviada por el Ministerio del Laboro e della Providenza Sociale. Dice el relator que Argentina envía por esos “bronceados campesinos meridionales, montañeses del centro, artesanos del norte cuando se tiene la certeza de que son imprescindibles para nuestras industrias”. La partida y despedida serán un paréntesis de esperanza, se dice que pronto la novia habrá de seguirlo definitivamente al lugar que anhelan, indicando de esta forma que no será una inmigración transitoria. Un tren lo lleva a una ciudad italiana -¿Génova?- en la que se encuentra la Delegación Argentina de Inmigración en Europa (DAIE). Allí se dice que “son individualizados y sometidos a estricto examen médico y psicológico,... se observan sus condiciones morales y capacidad para adaptarse”. Las imágenes se suceden en un consultorio médico, en el que le practican rayos x, análisis odontológico y luego marcan sus huellas dactilares, lo fotografían y numeran su prontuario hasta darle un pasaporte. Dice el relator que es para asegurarse de “contar con habitantes fuertes, dignos de mezclar su sangre en el magnífico crisol de nuestra raza”. La secuencia sugiere una minuciosa selección en la que se imponen algunos criterios a través de la imagen: juventud, salud física, utilidad ocupacional y fortaleza moral. Respecto de esto último, recordemos que uno de los dos directores de DAIE era el padre salesiano José Silva. Desde 1943 y durante los primeros años del gobierno peronista fue usual que miembros de la iglesia e intelectuales católicos nacionalistas ocuparan lugares de importancia en el estado argentino, ejerciendo un papel de reguladores morales. Silva cumplía un papel en la selección de los potenciales migrantes asegurando la ausencia del peligro comunista y de la vagancia que podía infiltrarse en el flujo migratorio dada su masividad. Asimismo, era de hecho el canal de recomendación por donde se filtraban prófugos, refugiados, criminales de guerra, y colaboracionistas del nazismo31. Por el canal de la DAIE y de las congregaciones religiosas se canalizaron los pedidos de contratación de las empresas argentinas, ya que el otro director de la mencionada delegación era miembro del IAPI y otorgaba también garantías de moralidad y de buena disposición para el trabajo a los candidatos a migrar. El Ministerio Degli Affari Esteri italiano por su parte incentivó la migración hacia la Argentina, insistiendo en que no debía haber discriminaciones raciales, étnicas o religiosas. Con esta amplitud ideológica buscaba encubrir la necesidad de resolver el problema de los prófugos extranjeros en Italia de los que se quería deshacer.

Como Peralta, los miembros de la DAIE demostraron preocupación por poner la ciencia al servicio de la política de estado. Resulta significativa la incorporación en esta entidad de una figura del mundo de las ciencias sociales como José Antonio Güemes, cuyas ideas de selección y exclusión racial y religiosa se entroncaban con las del Instituto de Investigaciones Económicas y Sociales de Alejandro Bunge y sus proyectos de formar una Argentina industrialista poderosa en la que la potencialidad se ligaba al número de los habitantes y a su homogeneidad cultural. Pero el mundo vinculado al Ministerio de Relaciones exteriores no se agotaba en una sola línea de prejuicios ideológicos, étnicos y religiosos. Su Canciller Bramuglia, ex dirigente socialista, se oponía a los criterios de indeseabilidad que tenía el padre Silva quién contaba con el apoyo de hombres como Miranda y del Banco Central de la República Argentina32. En ese sentido, el punto de cohesión política fue el anticomunismo militante al que adscribían todos dentro del gobierno en general.

La complejidad del aparato administrativo y de las tendencias internas del gobierno peronista y del peronismo se evidencian también en el film en el momento de arribo del joven trabajador, cuando llega desde ultramar a la Argentina. Dice el relator que los funcionarios de la Comisión de Recepción (CREI) se encargarán de incorporarlo a la vida nacional. Al bajar del barco un funcionario controla sus papeles y lo deriva al hotel de los Inmigrantes. Allí se los atiende mientras se les consigue “...ocupaciones dignas y se los transporta al lugar donde podrán ser felices... ya que “...industriales de todo el país solicitan sus manos hábiles, sus brazos fuertes...donde trabajarán con obreros criollos”. El sentido del discurso cierra con las imágenes de trabajadores industriales y rurales en una Argentina de gran modernización industrial.
II – 3. El film Para todos los hombres del mundo (1949) 33.

La Dirección General de Migraciones cambió en febrero1949 su denominación por la de Dirección Nacional de Migraciones, y dejó la Secretaría de Trabajo y Previsión para quedar definitivamente bajo la órbita de la Secretaría Técnica dependiente directamente de Presidencia de la Nación34. Algunos meses antes de este traspaso institucional y en tono de balance se realizó el film Para todos los hombres del mundo. En él las marcas de enunciación dan indicios de que aún se reportaba a Trabajo y Previsión. El relator refiere:
“Para todos los hombres del mundo que llegan a nuestra tierra, la institución que asegura el bienestar de todos los trabajadores del país que vengan de donde vinieran es la Secretaría de Trabajo y Previsión”.

Perón cambió la historia de esta oscura dependencia nacida como Departamento de Trabajo en 1907 y dedicada simplemente a estudios estadísticos e involucrada en la represión sindical. La nueva Secretaría de Trabajo y Previsión se convirtió desde 1943 en resorte clave para la construcción de la nueva hegemonía peronista. Por eso no sorprende la dinámica que fue adoptando la política inmigratoria bajo su auspicio, cercana a los ámbitos sindicales manejados por dirigentes del ex laborismo. Progresivamente se fueron dejando los criterios discriminatorios anteriores, repudiados internacionalmente, y se ensayó una nueva interpretación más universalista de los postulados quinquenales. El estado se comprometió entonces con una inmigración más abierta compuesta por hombres de todas las razas, recuperando desde el título del film los fines del preámbulo dirigido a todos los hombres del mundo. Este principio, caro a los constituyentes del 53, se recupera en el film como continuidad de un “... plan histórico que lleva casi 100 años”.

La pantalla penetra en las páginas de un libro de historia que abre con la estampa del General San Martín y evoca tanto el valioso aporte de los hombres de mayo, criollos como Mariano Moreno y Manuel Belgrano, como el de “hombres nacidos bajo cielos extraños” entre los que cita a Liniers, Matheu, Bonpland, Burmeister, europeos y blancos, pero también cita el aporte de “los humildes turcos...que fundaron hogares felices y prósperos...”. Sin embargo, criterios selectivos aún imprimen algunos límites a esa apertura. En el film se reitera que la Secretaría de Trabajo y Previsión encauza y protege el proceso inmigratorio prefiriendo aquella que sea “más fácilmente asimilable a los caracteres étnicos, culturales y espirituales de la Argentina”, coincidiendo con los postulados del primer plan quinquenal. Apenas algunos días después del traspaso de la dirección a la Secretaría Técnica, el 17 de marzo de 1949 se juraba la nueva Constitución Justicialista. En ella Argentina se comprometía en su artículo17 a “fomentar la inmigración europea prohibiéndose limitar el ingreso de extranjeros laboriosos mediante impuestos”, sin aludir siquiera a la inmigración de países limítrofes que venía aumentando atraída por la estrategia industrializadora del plan quinquenal35. La preferencia por italianos y españoles, mayoría del sustrato aluvial anterior, se impuso finalmente por política del estado y por influencia de las cadenas migratorias. El film no descarta a nadie por su raza y credo, defendiéndose posiblemente de las acusaciones de antisemitismo que circulaban debido a la gran cantidad de judíos ingresados como turistas o ilegalmente al país y recientemente admitidos por las amnistías de 1948 y 194936. En ese período Estados Unidos restringía totalmente la entrada de judíos.

El artículo 31 de la Constitución Justicialista fijaba igualdad civil con los argentinos a quienes entrasen al país sin violar las leyes, e incluso otorgaba derechos políticos luego de 5 años de obtención de la ciudadanía. El film corporiza la idea de una república puesta al servicio de todos, a través de la imagen encuadrada simétricamente del Congreso de la Nación desde la Avenida de Mayo con un primer plano de un grabado de la Justicia sobre las paredes del edificio de Tribunales. Las palabras apoyan la imagen al corroborar que se “los equipara a sus propios hijos en derechos y libertades...y...que la justicia los contempla y protege como a los argentinos”. Por su parte la estrategia de Perón para desacreditar a la oposición, que lo atacaba por antidemocrático, fue cambiar el sentido común que daban las clases dirigentes a las palabras libertad e igualdad para apropiarse de ellas dotándolas de un nuevo sentido herético asociándolas a la idea de justicia social37.

La educación pública aparece como otro valor de equiparación, que consolidando el proyecto disciplina y homogeneiza a la sociedad en función del trabajo. Dice una voz “...no hay una celda de la enseñanza nacional desde la primaria hasta la universidad que no esté abierta a sus inquietudes...”. Simultáneamente las imágenes recuperan aulas ordenadas con niñas de pulcros guardapolvos blancos, tarimas de aulas magnas universitarias con jóvenes trajeados en clases de medicina o ingeniería. La fachada de una escuela Granja Nacional Dr. R. Santamarina provee la imagen de la educación técnica orientada hacia las labores de campo, y la de jóvenes con overol aprendiendo en escuelas técnicas. La destacada promoción a la educación pública en el film interpelan al espectador que recupera el sentido herético de la frase alpargatas sí, libros no.
II - 3.1. Inmigrantes para que sean trabajadores.

“Así como están abiertos los puestos de fábricas y talleres para ellos, para los que vienen, los dispuestos a sumar sus energías al magnífico impulso que industrializa el país...” (Cartel del film Para todos los hombres del mundo)
La iconografía de impronta fordista en el film refuerza este mensaje mostrando como telón de fondo y en contrapicado planos generales de las clásicas torres humeantes y primeros planos de la línea de montaje en la que centenares de trabajadoras impecablemente atildadas controlan el transporte de productos alimenticios, o las muestran alineadas sobre sus máquinas de coser. Hay trabajadores metalúrgicos, trabajadores de prensa, trabajadores transportando rollos de papel y también imágenes de trabajadores en la vendimia, pescadores jalando redes desde los barcos, técnicos apicultores extrayendo la miel, obreros del tambo ordeñando y acarreando sus cubas de leche. En ellas han quedado ilustrados los objetivos económicos del Primer Plan Quinquenal, fortalecer una industria descentralizada, mano de obra intensiva con poca tecnología, con presencia en todas las regiones del país, con producción diversificada en función de los mercados consumidores38.

En este sentido, este film en el que notamos la influencia de la Secretaría de Trabajo y Previsión, recoge el pensamiento de los sindicalistas (ex laboristas muchos de ellos) entre quiénes se difundía la idea de alentar la inmigración para aumentar la fuerza de trabajo y así estimular el consumo, contribuyendo a la larga al desarrollo de la producción39.

Asimismo en este film se presentan las instituciones que habrán de incluir a estos trabajadores, en especial el trabajo son la escuela, la familia y el estado a través de la Secretaría de Trabajo y Previsión. Las imágenes dan cuenta de una sociedad armónica y ordenada en la que los únicos sujetos que parecen existir son los trabajadores y el estado. He aquí un caso interesante en el que las ausencias son tan indicativas como las presencias. Resulta significativa entonces la omisión de los empresarios o las fuerzas armadas. ¿Es que en esta mirada totalizadora no hay más lugar que para el estado de bienestar los trabajadores? 40.

Este film de gran circulación fue difundido en dos versiones, una de Sucesos Argentinos y otra de Noticiario Bonaerense. En ambas se cierra con el flamear de la bandera Argentina. Sin embargo en la versión producida por Noticiario Bonaerense, noticiario del estado provincial a cargo de la gobernación de Domingo Mercante (hombre cercano a los laboristas), la insignia patria se superpone al intenso desfilar de estudiantes de overol y muchachas normalistas caminando hacia el futuro. En cuanto a la versión de la empresa Sucesos Argentinos, resulta significativo que tras la imagen de la bandera se haya agregado una cortina en la que desfilan cadetes y militares. Estas diferencias iconográficas traslucen las diferentes miradas de la alianza peronista: la versión bonaerense mantuvo hasta el final un mayor apego a la imagen de los trabajadores, la versión de Sucesos Argentinos, de alcance nacional, promocionó la concepción de Perón de los dos ejércitos, trabajadores y fuerzas armadas.


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