El proyecto del gobernador Manuel Fresco para fundar un nuevo orden social en la provincia de Buenos Aires (1936-1940)






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Fachada de la municipalidad de Rauch
Esta necesidad del gobernador Fresco de imponer un imaginario de progreso urbano llevaba impreso una espectacularidad que dejaba de lado su funcionalidad por sobre su impronta escenográfica.

La nueva estética, carente de ornamentos, buscaba sobre todo sencillez y difusión de una ideología hegemónica para las clases sociales evitando así, que la arquitectura se siguiera desarrollando en una elite de la sociedad argentina a través de obras públicas y monumentos.

El furor iconoclasta de los círculos nacionalistas bonaerenses fue el propulsor de imitaciones, principalmente, del arte nacional socialista, pues buscaba superar las diferencias de clase social y cohesionar la Nación en una comunidad de ciudadanos que participasen de los mismos ideales. El arte, la arquitectura y los mítines multitudinarios –en la Alemania nazi- tenían como misión fundir los ciudadanos en una experiencia colectiva. Suprimía el deseo individual de experimentar e investigar, y en su lugar diseñaba soluciones y fórmulas ideológicas dirigidas desde el poder.


La escultura y la arquitectura serán sus máximas expresiones ideológicas, la primera, materializó la obsesión nacionalsocialista por la raza, a la vez que actuó como complemento de la arquitectura. Fue la transmisora de los valores concretos del nazismo; y la segunda, se convirtió en la horizontalidad, la simetría en las fachadas, el uso de pórticos, el aire de fortaleza y el hermetismo. Los pesados frontones de madera tenían por objeto impresionar e infundir respecto; sin ornamentos, la sobriedad de las fachadas estructuras inexpresivas, metódicas, ordenadas. La magnitud de los edificios empequeñecía al individuo. La arquitectura nazi era ampulosa y reiterativa. La impresión general era de vacío y monotonía. Su finalidad era impresionar e intimidar.

Su impronta en los edificios diseñados por Francisco Salamone es evidente, más allá de su eclecticismo arquitectónico, aunque la escultura sólo aparece en los portales de cementerios con la figura de Cristo ó de ángeles.


Cementerio de la ciudad de Azul
Pero la monumentalidad, las fachadas simétricas y el hermetismo se alzan creativamente en medio de la desolación pampeana augurando un futuro de prosperidad que no llegará tan sólo impulsando el poder estatal institucionalizado en una reconstrucción futurista del pueblo sino a través de una política intervensionista que colocaran al Estado en una posición activa en mercados de empleo, crédito y obras públicas. Estas últimas serán la fórmula, para el gobernador Fresco, de solucionar las problemáticas del empleo, de la radicación en las zonas rurales y, fundamentalmente, de imponer un nuevo orden social que rigiera en cada uno de estos pequeños poblados la vida de la comunidad transformando al individuo en un ser socialmente colectivo.
Un modelo hegemónico de características fascistas que se sostiene en la arquitectura desafiando la idea de progreso indefinido del liberalismo decimonónico, a la vez que contenía una promesa de futuro y legitimaba su capacidad ejecutiva mediante la obra pública en el enorme territorio del interior de la provincia, que no incluía ciudades del conurbano, La Plata ó la nueva ciudad turística, Mar de Plata. Esta última convertida en la ciudad elegida por el turismo de elite, ya que la crisis, el control de cambios y luego el clima bélico postergaron los viajes a Europa de la aristocracia argentina; además la difusión del turismo masivo con las transformaciones legislativas como el sábado inglés de1932 y las vacaciones pagas para el sindicato de comercio, en 1934, generalizaron el hábito entre la clase media.

Pero Mar de Plata no contaba con la infraestructura necesaria para acoger a la aristocracia acostumbrada a vacacionar en Europa; entonces se diseñó un plan de equipamiento urbano promovido por el gobierno nacional que incluía el balneario de Playa Grande en 1935, la nueva rambla con el casino y el Hotel Provincial y pavimentación de la ruta 2 en 1938.
Estas obras, se destacan por su estilo arquitectónico emblemático encargadas al arquitecto Alejandro Bustillo, hermano del ministro de obras públicas José Maria Bustillo, representante de los sectores patricios y contrario a los movimientos modernistas de eclecticismo arquitectónico.

Es evidente que los sectores aristocráticos simpatizantes de los países democráticos como Gran Bretaña y Francia, no veían con buenos ojos la construcción de edificios que representaran la arquitectura oficial autoritaria del gobernador Fresco y su arquitecto, Francisco Salamone; para ello Alejandro Bustillo impondrá un estilo que él denominará Estilo Clásico Nacional Argentino como oposición a la monumentalidad y al simbolismo de la nueva fachada bonaerense. En esta serie de grandes obras, Bustillo, impone la elegancia del estilo Neoclásico –que caracteriza al liberalismo- al casino, el Hotel Provincial, el municipio y la gran rambla con plaza seca, piletas cubiertas y vestidores en sus balnearios; la intención era imprimirle al balneario un contexto de ciudad de la Belle Epoque.

Aunque el mismo Alejandro Bustillo no la entiende como neoclásica sino como una adaptación de las normas clásicas a nuestra particularidad: “los edificios de Mar del Plata... son una estilización de lo francés, perro con un carácter de austeridad, de serenidad..., el conjunto me parece profundamente argentino”.
Lentamente se perfila la disputa arquitectónica a partir de la influencia ideológica en la provincia; el nuevo estilo elegido por la elite aristocrática requiere una estética que la represente y simbolice frente al modernismo totalitario del gobernador; se crean así núcleos ideológicos donde los arquitectos son fundamentalmente quienes los materializan.

En los lugares como Mar del Plata, con un intendente socialista y elegida por la elite aristocrática ligada al gobierno nacional, la arquitectura será una continuidad de la que venia dando en las últimas décadas del siglo XIX, estilo neoclásico para los edificios públicos y estilo neocolonial para las de la emergente clase media que comenzaba a tener protagonismo político-social -especialmente desde las primeras décadas del siglo XX- y oponía un estilo de reencuentro con las raíces tan negadas por valores de las clases superiores y su expresionismo liberal. Así las distintas tendencias irán imponiendo los estilos arquitectónicos que las caractericen, interpretadas por los estilos arquitectónicos de la época. En el caso de la aristocracia, Alejandro Bustillo será su representante proyectando las diversas obras públicas en las principales ciudades de la provincia de Buenos Aires. Sin embargo en los pueblos con escasa población el gobernador Manuel Fresco tuvo mayor independencia a la hora de proyectar las distintas obras. Tal vez porque a la idea que el gobierno nacional tenía del gobernador Fresco como un hombre sin mayor proyección a futuro en la política nacional se le sumaba la poca trascendencia que tenían estos pequeños poblados rurales tan alejados de la capital. Así el megalómano gobernador comenzó un plan de obras públicas destinado a urbanizar los 110 partidos de la provincia de Buenos Aires; para ello designó a Francisco Salamone, arquitecto italiano egresado de la Universidad de Córdoba con el titulo de Arquitecto e Ingeniero, que supo interpretar el pensamiento de Manuel Fresco en sus obras utilizando estilos ideológicamente representativos del autoritarismo como el Art-Déco, el futurismo italiano, el expresionismo alemán, el constructivismo ruso y el purismo checo.

Además su figura se hace más relevante porque diseña y construye más de 60 edificios en 40 meses –período que permanece Manuel Fresco en el gobierno- una tarea faraónica en manos de un solo hombre.25

La idea de Manuel Fresco era crear un nuevo orden social influenciado por los modelos italiano y alemán desarrollando desde los lugares más remotos de la provincia la urbanización de pequeños pueblos rurales, así intentó ir cercando con su monumentales obras a la principales ciudades todavía dominadas por dirigentes conservadores que respondían a la tradicional idea de simpatizar con Gran Bretaña, ó como el caso de Mar del Plata, lugar donde no pudo penetrar con sus obras pero que fue cercando mediante el desarrollo urbano de los pueblos cercanos avanzando desde el sudoeste provincial. Allí donde estaba enclavado todavía el liberalismo aparecía en un poblado cercano con el pensamiento filofascista del gobernador erigiendo sus monumentales construcciones como una manera de avanzar ideológicamente sobre el territorio para consolidar institucionalmente el poder estatal.


Portal del cementerio de Saldungaray

Plan de obras públicas municipales de la gobernación Fresco (1936-1940)
El desarrollo del plan de obras públicas municipales, más allá de ser una receta para combatir la depresión económica en la provincia de Buenos Aires -como el New Deal americano ó el emblemático despegue de la Alemania Nazi-, fue una manera de consolidar ideológicamente el poder estatal en la vida cotidiana de los individuos, para lo cual se hizo necesaria la intervención estatal adherida a una política fiscal equilibrada,26 pero que pudo ser financiada a través de la ley 4017 de bonos de obras públicas municipales, sancionada durante la gobernación radical de Nereo Crovetto, el 30 de octubre de 1928, por medio de la cual se autorizaba al Poder Ejecutivo a emitir documentos de crédito público para pagar la “construcción, reparación, adquisición ó habilitación del edificio municipal, ó edificios para las delegaciones municipales, hospitales locales, mataderos, hornos crematorios, desagües, corralones de limpieza, campos de deportes, plazas de ejercicios físicos, parques públicos, usinas de electricidad y terrenos para obras sanitarias”.
Durante el gobierno de Manuel Fresco, por la ley 4409 del 5 de agosto de 1936, se incorporó al listado de obras a financiar: mercado de abasto, construcción de stand de tiro, construcción de cementerios, obras sanitarias y...” en general cualquier obra ó servicio público de carácter comunal determinado por la ley orgánica municipal”.27

Sin embargo, el municipio no podía superar el 20% de la recaudación anual de endeudamiento al proyectar las obras porque era un sistema de ejecución descentralizado donde cada municipio organizaba su propio plan de obras y distribución de la inversión, realizando licitaciones públicas para la aprobación y adjudicación de proyectos. Esto último, en muchos casos, no se cumplió porque se le adjudicó –sin licitaciones- a Francisco Salamone, arquitecto oficial del gobierno de la provincia, la construcción de municipios, portales de cementerios, mataderos; como así también plazas y mobiliarios para las reparticiones públicas. Es evidente que la fuerte influencia del gobernador posibilitó la manipulación de los procesos licitatorios a partir de 1936 con su plan anual de obras y el plan trienal de 1937-1939 que destinó el 62% de las inversiones a la construcción de 1300 km de pavimentos, 4500 km de nuevos caminos y 240 puentes carreteros.28
La necesidad de desarrollar nuevos medios de transporte para competir con los ferrocarriles británicos que encarecían con sus tarifas la producción de los sectores rurales llevó a la urgencia de modernizar la infraestructura de caminos, además de posibilitar la interconexión de los pueblos más remotos. Así comenzaba una disputa entre los sectores políticos bien definidos contra el monopolio británico de los ferrocarriles, el sistema de tranvías y subterráneos. El camino aparecía como un enemigo en progreso del trazado ferroviario, sinónimo de los males del país, especialmente de la crisis de la producción rural y del crecimiento desigual del interior del país.

La pavimentación y la construcción de caminos y puentes carreteros simbolizaban la voluntad del desarrollo económico nacional y se fue organizando como una red paralela a las principales líneas férreas en franca competencia con éstas; de tal modo, que el volumen de cargas por ferrocarril descendió hasta el borde de la extinción a lo largo de la década. De todas maneras el plan de infraestructura vial no modificó el trazado de la red de comunicaciones que tenía como centro a la capital, tal vez porque a la planificación se le impuso la urgencia de la competencia contra el monopolio de las empresas británicas.

También se realizaron obras en canales, ferrocarriles y aeródromos. En el caso de las escuelas, destinó un 8% de las inversiones para construir 110, entre rurales y urbanas. Un 12% se destinó a hospitales, instalaciones carcelarias policiales, parques, viveros y obras sanitarias. Y un 8% se utilizó para desarrollar las obras municipales que influyeron la remodelación de las fachadas de cementerios, palacios municipales y construcción de mataderos.
Esta ley permitió llevar casi en toda su extensión e intensidad la modernización a la provincia de Buenos Aires y colocó su impronta en las más disímiles y antagónicas teorías arquitectónicas e ideas políticas; donde las contradicciones y las omisiones administrativas pusieron en evidencia los manejos del gobernador Fresco que buscaba formar una sociedad pensada siempre en referencia al Estado. Además “creó una arquitectura portentosa en un paisaje donde la solitaria verticalidad de las torres contrasta con la abrumadora horizontalidad de la llanura.”29

En realidad parece anunciar la conciencia de una nueva manera de entender el ámbito rural, símbolo de un gran sector de la política argentina, que halla su correspondencia exacta en la arquitectura y las formas geométricas que orientan y presiden muchas de las más importantes y mejor proyectadas edificaciones de pequeños poblados del interior bonaerense, y expresa el dirigismo de una clase afianzada en el filofascismo nacionalista y cuyo modelo eran las dictaduras fascistas que habían adoptado el clasicismo estatal como fuente de inspiración arquitectónica: el “estilo de la nación” (Heitmatstil) de Albert Speer en el Berlín Nazi y los proyectos de Marcello Piacentini en la Roma fascista, estrechamente vinculados.
La realidad política de nuestro país hizo posible una propuesta que se identificaba con los ideales arquitectónicos fascistas cuyo objetivo era el rechazo a la arquitectura académica que los centros de poder trataban de imponer, y se apoyaba en la creencia que la utopía reformista del movimiento moderno –encabezado por Francisco Salamone- podía transformar la sociedad. Este singular arquitecto, a lo largo de 40 meses, elabora una serie de obras que abarcan desde palacios municipales, portales de cementerios y mataderos, con propuestas higiénicas sorprendentes para la época, motivado por el discurso patriótico que encaraba una frenética reconstrucción del país. En su punto de partida coincide con los arquitectos de los regímenes fascistas, italiano y alemán en la propuesta de una arquitectura monumentalista pero cercana a las imágenes formales de la modernidad.
Las iniciativas del gobierno de Manuel Fresco superaron todas las expectativas y se estableció un plazo de cuatro años para resolver el problema de la urbanización según unas prioridades que incluían los poblados de absorción, poblados dirigidos y nuevos núcleos urbanos mediante la institucionalización de la vida cotidiana bajo el paternalismo estatal.

No obstante, se observan sus preferencias por aquellos núcleos urbanos de baja densidad de población, alejados de los centros de poder y gobernados por conservadores filofascistas dispuestos a falsear licitaciones que posibilitaran llevar adelante una obra inequívocamente moderna que se oculta en argumentos como la rígida modulación ó el factor económico.
Sin embargo durante este período, más allá de ciertos lineamientos superiores basados en planteamientos rigurosos, observamos una gran diversidad de estilos en arquitectura municipal producto de la heterogeneidad de los profesionales intervinientes, que no sólo significó cumplir el rol sustituto de las oficinas técnicas del Estado, desbordadas ante la extraordinaria demanda, sino que ponía de manifiesto la disputa ideológica entre conservadores anglófilos y nacionalistas filofascistas.

Todos ellos de alguna manera contribuyeron a crear la imagen de modernidad de la arquitectura bonaerense donde cohabitaban desde el rancio Academicismo –Olavarria, Carmen de Areco, Bolívar-, el Neocolonialismo –Monte delegación de Pedro Goyena-, el Racionalismo –Lomas de Zamora, Ranchos-, el Art-Decó –Lobos, Salto, Coronel Pringles; Mar Chiquita- y el eclecticismo arquitectónico del ingeniero Salamone combinando estilos tan particulares como el Futurismo italiano, el Expresionismo alemán, Constructivismo ruso y el Purismo checo.


La aparición de estos últimos estilos en la arquitectura moderna –adoptadas por Francisco Salamone- se debe a un agotamiento de lo tradicional, una tendencia a la simplificación y una indiferencia frente a lo tradicional. Todo esto trajo aparejado también la introducción de nuevos materiales como hormigón, cemento, hierro, acero inoxidable, metales cromados y vidrio.
El Futurismo italiano, cuya impronta se hizo notable a finales de la primera década del siglo XX, con su nombre indicaba que no se recrearía en definiciones de la inmediatez, pues promulgaba una modernidad de cierta permanencia, luego de provocar un cambio conferido a las artes y el pensamiento. Surgía en el país de más arraigada tradición clásica. Debía afrontar la tiranía de un gusto muy definido, sutil, purificado. Tenía un precedente inmediato, el Art-Nouveau sobre todo en sus variaciones más cercanas al arte entre los siglos XIX y XX, que en su momento supo contaminar el ambiente con una tendencia nueva.

El Futurismo también tomaría el envión del progresismo heredado del siglo anterior, hacia un eclecticismo arquitectónico y un desenfado provocador en la pintura y escultura.

Anunciaba su vocación de aspectos de la actualidad para llevar al máximo su activismo imaginativo, una incitación emotiva y fantástica fijada en ese “gusto nuevo”, un ritmo, una aceleración, un dinamismo de contraste. En pocas décadas, precipitados por hechos y derrumbes, cataclismos bélicos y movimientos políticos extremos, el Futurismo quiso expresar la dinámica interna de la materia.
Su estética se baso en la valorización de la vida moderna transformada por la sociedad industrial. Por ejemplo, la maquina fue considerada como un modelo a imitar. Sus cualidades de orden, disciplina, ritmo y velocidad eran trasladadas a las obras de arte. La emoción a la que se podía aspirar se produciría en la unión del hombre y la maquina.

Otro de los puntos relevantes dentro de la estética futurista fue el proyecto de encontrar vida en la materia, “alcanzar la esencia de la materia a base de golpes de intuición”. Las propiedades de la materia (movimiento, energía, fuerza, continuidad), se incorporaron al lenguaje artístico de diferentes modelos.30
El Expresionismo alemán es un estilo que reacciona frente al Impresionismo y al Jugendstil en los primeros años del siglo XX, al igual que ocurre en Francia e Italia con el Cubismo y el Futurismo. Asimismo se utiliza para denominar un clima de desencuentro frente a la estructura social y política de la Alemania de Guillermo II y engloba además al resto de las manifestaciones artísticas.
Es una de las corrientes del Modernismo más decidida y violentamente radicales en su rechazo al orden social, influida por el fauvismo francés reacciona contra el Impresionismo y el Cubismo, y contra la sociedad sin alma de la nueva época industrializada. Su búsqueda se orientó hacia la expresión de la interioridad de la conciencia recurriendo al instinto. 31
El Constructivismo es un movimiento artístico de vanguardia fundado en Rusia. Al igual que el Futurismo, manifestaba su rechazo al arte burgués y descubría el proyecto de un nuevo lenguaje en las “propuestas" de la tecnología y la mecánica industriales. Sin embargo, la peculiar situación sociopolítica de la época caracterizó y distinguió el Constructivismo.
Los artistas del movimiento vieron en los caminos abiertos por la Revolución de Octubre, la posibilidad concreta de romper el aislamiento entre el arte y las masas y construir un nuevo arte para una nueva sociedad.32

Buscaba una concepción de la estructuración del espacio, cuya estructura invisible se materializaba; se abre por todas partes hacia el espacio y consta, especialmente en la fase ultima del Constructivismo de elementos de formas geométricas, lineales y planas. Del mismo modo que los futuristas, los constructivistas rusos se fijaban como meta una “reconstrucción" de la sociedad, lo que les condujo a un interés por la arquitectura, el diseño utilitario y la escenografia. No debemos olvidar que los contactos entre artistas futuristas y artistas de vanguardia rusos fue un hecho, a partir del viaje realizado por Marinetti en 1910 a Rusia.33
El dogma constructivista se fusionó con el del nuevo estado comunista, convirtiéndose en un estilo poderoso e influyente dentro del nuevo orden estético. Este movimiento intenta comunicar algo a través de las formas geométricas, ese algo que no está escrito explícitamente, sino que se nos presenta en forma omnisciente, atacando nuestro inconsciente.
El Purismo es un llamamiento al orden que remite al “orden clásico”, a la búsqueda de la forma universal. Es una época, la de la civilización de la máquina, a la cual, le correspondía un arte claro, preciso y racional. Renegaban del espíritu revolucionario del Cubismo, e intentaban llevar ese nuevo espíritu a una condición de normalidad.

Sus seguidores buscaban un retroceso hacia los únicos elementos del arte: las leyes que rigen la forma pura y el color. Esta búsqueda de lo invariable los condujo a elegir temas simples y a privilegiar la idea de la forma frente a la del color (que sería sólo uno de los accesorios de la forma).
Le Corbusier aplicó estos conceptos en su arquitectura. Debido a que en el ámbito de la razón pura no existen contradicciones, sostenía que no tenía por qué haber contraste entre el objeto edificio y el objeto naturaleza, entre la cosa y el espacio. Uno podía reducirse en el otro mediante relaciones de proporción. El espacio es continuo y la forma arquitectónica se introduce en el espacio de la naturaleza. Esta concepción del espacio se deriva del Cubismo.34


El Art decó es un estilo que trata de ser expresión de una nueva cultura industrial y permite también un fácil monumentalismo en la arquitectura. Sus campos de mayor fuerza fueron las artes decorativas. Y sus códigos de composición, el equilibrio entre efectos dramáticos y sus elementos surgieron de formas basadas en las antiguas culturas: todo se hacia geométrico.

Este lenguaje con un viso de modernidad sirvió de respuesta al barroquismo del Academicismo, y pronunció muchas de las sencillas formas de la arquitectura moderna.

Las rectas, las circunferencias, el zigzag, las grecas, motivos solares en una repetición casi industrial y mucho de cintas decorativas.

El estilo coincide con una nueva temática en los espacios sociales.
Tanto en su contenido ideológico como en su estilo constructivo éstas tendencias se fusionaron en un eclecticismo arquitectónico original creando una nueva forma arquitectónica que parte de la adaptación a las características políticas de la época. El solemne aspecto de los edificios y sus severas líneas contrastan con la serenidad del paisaje rural y su baja densidad poblacional sin dejar de exhibir el nuevo carácter de la arquitectura bonaerense, que con seguridad el observador entendido encuentra satisfacción al ver la armonía entre arquitectura y escultura, una unidad sólo comparable a las obras del III Reich.
El estilo tan particular, se incluye dentro de lo que llamaríamos Arquitectura Totalitaria, donde las formas arquitectónicas y los planes urbanísticos respaldan ó legitiman, mediante el simbolismo, el poder del Estado. Un poder estatal, que influenciado por las ideas fascistas imperantes en el mundo, intenta consolidar urbanísticamente a pequeños poblados y diversas ciudades cabeceras con edificios monumentales que tienen como eje estructurador la fascinación.
Al observar el mapa de la provincia de Buenos Aires vemos como estas singulares construcciones fueron parte de un proyecto aún más amplio que significó cercar las grandes ciudades avanzando desde los más remotos y desolados rincones de la provincia. Donde los palacios municipales tienen la característica de una arquitectura modernista de dimensiones monumentales con una torre que en muchos casos supera en altura al campanario de la iglesia y colocando en ella un reloj para que el tradicional paso del tiempo medido por la entrada y la salida del sol sea suplido por el nuevo rol del Estado, dar la hora oficial. Es evidente que la transformación social que tanto Fresco como su arquitecto Francisco Salamone intentaban hacer, no era sólo espacial sino también buscaban modificar la vida cotidiana del pueblo. Por un lado, la monumentalidad geométrica de los palacios municipales elevados en medio de la llanura pampeana buscaba empequeñecer al individuo ante el Estado y por el otro, regir su vida de una manera paternalista y autoritaria.


Municipalidad de Coronel Pringles
La sobriedad, no exenta de elegancia, de la fachada expresionista y monumental de los municipios no alcanza a dar cuenta de la complejidad en el uso de las líneas puras, regulares y disciplinadas, armónicas y repetitivas que crean una estructura geométrica cuya dimensión se impone brutal y exageradamente sobre el monótono y homogéneo espacio pampeano.
Un límite arbitrario del poder estatal, institucionalizado en un edificio sobre la regularidad de las casas bajas y el paisaje rural donde se establece una marcada competencia por alcanzar, ó conservar, la categoría de cabecera ó por constituir un nuevo partido en torno de la localidad que se halla en ascenso. Así se presentaba el mapa político de la provincia, que si bien fue parte de un proyecto previo del gobernador Fresco de crear un nuevo orden social, es el resultado de un proceso de conquista, de dominio del espacio y de conquista ideológica del suelo, desde la construcción de los primeros edificios en 1936 en pequeños pueblos del sudoeste de la provincia de Buenos Aires hasta su erección en ciudades cabeceras, a finales del periodo en 1940, formando un cerco ideológico sobre las principales localidades, Mar del Plata, Bahía Blanca, Junín, La Plata ( ver mapa ), donde la arquitectura se convirtió en el transmisor de ideas y mensajes para un observador pasivo base de una nueva gobernación que llevará adelante la reforma y modernización de la sociedad como un ciudadano colectivo, dedicado al trabajo y conectado afectivamente con el espacio donde vive, desarrolla sus tareas y tiene enterrado a sus muertos.
Las obras de fuerte componente psicológico no sólo apelaban al monumentalismo como recurso para afianzar el poder sobre los individuos haciéndolos sentir insignificantes sino que también utilizaba la escultura –como en el caso de los cementerios– para darle un contenido sacro con figuras de Cristo ó de ángeles, ideológicamente proyectados por el arquitecto Francisco Salamone como fieles guardianes de las almas de los seres queridos enterrados allí.
De esta manera se consolidaba el sentido de pertenencia y se estructuraba espiritualmente el paternalismo estatal del gobierno de Manuel Fresco sobre éstos núcleos urbanos, involucrándose en la vida cotidiana de sus habitantes a punto tal que la fachada de los cementerios era una propuesta estética de enormes dimensiones que simbolizaba el aspecto sagrado de fortaleza de los muertos.


Detalle del Cristo del cementerio de Saldungaray
Elevados en la periferia del pueblo intentaban extender los pequeños poblados dándoles un carácter significativo en la urbanización de éstos.

Así mismo su estructura arquitectónica cuidadosamente diseñada contribuye a la ocupación y valoración del espacio en el sentido de que el estilo icnográfico de los cementerios transmite un sentimiento de protección comparable a un relicario para los habitantes del lugar.
En el caso de los mataderos, las connotaciones ideológicas se expresan no sólo en las características modernas de la mecanización de la faena como símbolo de la industria local sino también en la fachada de los edificios donde se eleva una torre con forma de cuchilla. Apelando a las rigurosas líneas, que caracterizan las obras del arquitecto Francisco Salamone, y a la elocuencia estilística construye los edificios de los mataderos en las afueras del pueblo sintetizando en ellos el progreso y la recuperación de una tarea tradicional con nuevas y mayores medidas sanitarias.

Torre del matadero de Coronel Pringles
La mecanización del faenado imprimía en estos pequeños poblados aires de modernidad, saneando una actividad que tradicionalmente se realizaba en condiciones inadecuadas. A su vez su ornamentación simbólica quería rivalizar con la “vergonzante“ actividad monopólica de los frigoríficos extranjeros.
La combinación de estilos arquitectónicos hacen de estos mataderos verdaderas innovaciones edilicias en las que se destacan las torres simbolizando enormes cuchillas verticales, dando a estas fortalezas de hormigón un sentido tan característico como reivindicatorio de una actividad teñida de cierta brutalidad y violencia a las cuales era necesario socializar e integrar a la vida cotidiana del pueblo como una actividad próspera e importante.
Esta coyuntura modernista influenciada por las ideas fascistas italianas y alemanas modificó el paisaje urbano de muchas localidades de la provincia de Buenos Aires; integró socialmente sus actividades e intentó impulsar el sentido de pertenencia a través de la institucionalización de la vida política, económica y espiritual de la comunidad.

Organiza la sociedad en torno a obras con un fuerte sentido escenográfico de tal manera que éstas puedan transmitir el paternalismo estatal a través de formas geométricas, lineales y monumentales.

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