El siglo XXI. La expansión de la Europa de los 25






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Asunto: El siglo XXI. La expansión de la Europa de los 25. La Convención y la ampliación europea a 25.

Madrid, 24 de abril de 2014.

A quien corresponda:

Doris Herrmann celebrando el nuevo billete de diez euros, el 1 de enero de 2002, poco después de la medianoche bajo el monumento Euro en la sede del Banco Central Europeo (BCE) en el centro de Frankfurt, Alemania. La nueva moneda se introdujo en 12 países de la UE. En sus primeros diez años, el euro fue alabado como moneda fuerte haciendo que se produjera una prosperidad sin precedentes en Europa. Ahora, incluso, es ampliamente ridiculizada como un experimento muy defectuoso, como consecuencia de la crisis de deuda que amenaza su propia existencia.



El año 2002 abrió el mercado a uno de los mayores logros institucionales de la Europa unida, la entrada en circulación de una moneda común para todos los Estados miembros que así lo hubieran establecido. Gesticulaciones chauvinistas aparte, la moneda fue bien aceptada por la ciudadanía y aún mejor por los mercados financieros y las empresas. Aunque las políticas de doble circulación y reajuste de precios ocasionaron una manifiesta inflación, fue moderada y pronto se evidenciaron las grandes ventajas que tenía una misma moneda en un mercado integrado; la coyuntura de un creciente sostenido en todos los países europeos ayudo de forma directa a la fácil adaptación popular al euro.

El éxito de la entrada en circulación de la nueva moneda comunitaria potenció el desafío de alcanzar un logro equivalente en el campo político. El ambicioso objetivo de dotar de una Constitución a Europa se trató de conseguir mediante tres pasos sucesivos:

  • Una Convención Europea, integrada por representantes del Parlamento Europeo, de la Comisión y de los Gobiernos y Parlamentos nacionales (incluyendo comisionados de los 12 países candidatos), fue la encargada de redactar un primer texto constitucional (febrero de 2002, julio de 2003),

  • posterior debate de en una Conferencia Intergubernamental (octubre de 2003, junio de 2004), y

  • el resultado final debía ser aprobado por cada uno de los Estados miembros.

Los trabajos de la Convención y de la posterior CIG fueron arduos y llenos de tensiones, a consecuencia de que varios Estados –de forma muy significada, España- no aceptaban perder las posiciones ganadas en Niza. Elemento dinamizador de la situación lo produjo la aprobación de adhesión de los nuevos socios procedentes de la Europa del Este, la mayor ampliación en la historia de la Unión Europea. En el Consejo de Copenhague (diciembre de 2002) se aprobó que la Europa de los 15 pasara a ser de los 25, con la incorporación de Estonia, Letonia, Lituania, Polonia, la República Checa, Eslovaquia, Hungría, Eslovenia, Malta y Chipre. Su entrada como miembros de pleno derecho de la Unión tendría lugar el 1 de mayo del 2004. En los fastos organizados en la Cumbre de Atenas (abril de 2004) para celebrar la incorporación se impuso la idea de “reunificación europea” y en el Tratado de Adhesión se proclamaba con solemnidad “Nuestra meta es una sola Europa”.

El nuevo sello conmemorativo emitido por el servicio postal nacional de Irlanda, con motivo de la ampliación de la UE. 2004

En la misma sala del Capitolio romano donde se firmó el Tratado de Roma en 1957, el 30 de octubre de 2004 los líderes europeos firmaron solemnemente la primera Constitución Europea de la historia, una norma suprema para 455 m. de habitantes de 25 diferentes países.

El texto finalmente aprobado del Tratado Constitucional trataba de superar el proceloso entramado normativo que la Comunidad había acumulado en su casi medio siglo de existencia; sus objetivos eran:

  • Acabar de definir la naturaleza jurídica de la Unión Europea,

  • simplificar los tratados,

  • reorganizar las instituciones comunitarias en su composición y sistema de funcionamiento y votación,

  • dotar a las máximas autoridades comunitarias de mayor responsabilidad y proyección internacional,

  • elevar el nivel normativo de la Carta de Derechos y aumentar la coordinación económica, e

  • institucionalizar internacionalmente el euro.

Pero más allá de las características del texto constitucional y de lo afortunado de su redacción final, su entrada dependía de la aprobación por parte de los Estados. Como en consultas anteriores, cada uno determinó el procedimiento de aprobación nacional, lo que fue determinado por los distintos gobiernos de acuerdo a sus necesidades. Mientras que algunos países –como España- sometieron su respaldo a la aprobación mediante referéndum, otros Estados –como Alemania- adoptaron una mera aprobación por las Cámaras parlamentarias. La suerte del Tratado Constitucional fue marcada por los resultados cosechados en las consultas plebiscitarias celebradas en Francia y Holanda (2005) donde se impusieron los votos negativos, que en realidad respondían a una oposición al Ejecutivo. Tras estos resultados, los países que aún no habían procedido a realizar la aprobación congelaron la decisión, quedando paralizado el proceso resolutorio. Aún más grave, los logros alcanzados en el último lustro quedaron sin efecto, el euroescepticismo utilizó un grueso arsenal argumental contra el texto constitucional y aquéllos más decididos en la construcción de una Europa unida –que había apostado decididamente por la Constitución- quedaron sin alternativa de respuesta. El mayor impulso normativo en la historia europea había quedado arruinado por la responsabilidad de unos y otros.

Grecia. Atenas. 2004 Eve - una refugiada nigeriana - se la prometió un trabajo de oficina en Grecia; a su llegada, fue vendida como prostituta en un burdel cerca del mercado central de Atenas. El proxeneta de Eva ha puesto el precio de su libertad a costa de unos imposibles 40.000 euros. El proxeneta - que al parecer tiene contactos en Nigeria - ha amenazado con matar a su familia si ella trata de escapar.

La entrada de dos nuevos socios, Bulgaria y Rumanía (2007), coincidente con la conmemoración en Berlín del 50 aniversario de la firma del fundacional Tratado de Roma, han tratado de servir para relanzar el proyecto de reforma comunitaria. Se han evidenciado las dificultades puestas por los Estados que no están dispuestos a ceder más cuotas de soberanía, se ha constatado la pluralidad perceptiva del hecho europeo en cada uno de los países y en cada una de las corrientes ideológicas; pero una Europa de 27 miembros no puede ser siendo dirigida con los instrumentos institucionales diseñados para una de 12. Con lo que el principal problema no pasa por ser político sino que de nuevo habría que volver a revisar sus estructuras y, por ejemplo, contemplar la posibilidad de que hayan surgido no ya una Europa de dos velocidades o una Europa de geometría variable, la realidad (deuda soberana) viene a demostrar que existen una Europa periférica con serios problemas de déficit y endeudamiento público (altas tasas de paro y problemas con la inflación) a la que habría que sumar el desfasado Convenio Schengen debido al freno al incremento de la porosidad en las fronteras europeas, problema que para los países de Europa Central, alcanza en menor medida, aunque por poco tiempo. Por lo tanto, aunque la Unión Europea esté integrada por unos 500 m. de ciudadanos que deberían defender unas señas de identidad y un sistema de valores comunes en un mundo globalizado, convulso y en vías de grandes transformaciones geopolíticas, no debe desdeñarse, por otra parte, que desde la antigüedad Europa ha sido, debido sobre todo a su propia geografía paratáctica, un crisol de culturas abiertas comercialmente hacia el exterior y que gracias a adoptar, no uno sino, un sin fin de sistemas políticos-económicos durante todo ese tiempo, ha tenido la posibilidad de adaptarse al más conveniente y además exportarlo al resto del mundo. Por otra parte, dado el caso de que la voluntad no alcanzara dichos objetivos y la necesidad obligara a adoptar otros modelos jurídicos-organizativos, tampoco sería mayor problema pues la construcción europea está llena de ejemplos en los que la necesidad se convirtió en virtud.

Afectuosamente, JAG.stilo.

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