Características principales de los regímenes totalitarios






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LOS TOTALITARISMOS


Características principales de los regímenes totalitarios.


  1. El odio a la democracia y al parlamentarismo.


En un régimen de fuerza, lógicamente, la democracia está proscrita. Se la

Considera el peor de los males, entre otras cosas porque ésta cuestiona el monopolio del poder y divide a la sociedad. Por ello hay que acabar con la democracia y todo lo que huela a democracia: libertades individuales (reunión, expresión...), elecciones, pluripartidismo... En ese sentido se llega a un régimen de partido único que controla todos los resortes del Estado.


  1. El sistema de partido único


Esta es una característica básica de los estados totalitarios.

El único partido permitido es la espina vertebral del régimen, a través de él se predica machaconamente la ideología dominante a la sociedad y se

Controla a la población. El partido está dirigido por una minoría, una elite dirigente, que es la que marca las directrices a seguir. En la cúspide del mismo está el líder cuya autoridad es incontestada y al que se obedece de forma ciega a través de una férrea disciplina. Como es lógico ese líder es el máximo gobernante y su poder –al controlar el partido y el estado- es prácticamente absoluto. El partido único es también la catapulta para conseguir el poder político y, una vez en él conservarlo, no dudando en ningún momento en usar la violencia o la coacción contra los que se oponen a sus objetivos.

Es de destacar también que estado y partido se confunden en este tipo de

Regímenes, todos los medios del estado están al servicio del partido y también los medios de comunicación que son la herramienta para divulgar sus mensajes, y la única voz permitida.


  1. El control total de la sociedad por parte del partido.


El papel del partido único no se reduce a la conquista del poder y la conservación de éste, otro fin importante es la creación de organizaciones paralelas para encuadrar a todos los sectores de la población (movimientos

juveniles, asociaciones de mujeres, organizaciones de ocio...) y así aumentar el control sobre los ciudadanos. Todos los aspectos de la vida son controlados y monopolizados por el partido, la vida social al margen de las organizaciones permitidas es imposible.

  1. El culto al líder.


Al frente del Estado se encuentra un líder carismático que encarna al partido único y a la nación. A ese líder se le rinde un culto casi religioso y la

propaganda se encarga de que su fotografía esté por todos los rincones del país y presida los actos más importantes, tanto públicos como privados. A veces se le representa como el salvador de la patria humillada y otras como el padre de la nación. Ese culto a la personalidad del líder va a ser obsesivo.

El líder del estado totalitario es considerado como una persona sobrehumana, casi irrepetible, sus apariciones, sobre todo en el caso nazi, se ven rodeadas de todo un complejo ritual, a su imagen casi se le rinde culto.

Un hecho importante es que por primera vez se utilizan los medios de comunicación de masas para extender las ideas y la “adoración” del líder. La

aparición ante sus seguidores del führer en Alemania o del duce en Italia será estudiada al detalle, desde la hora a la que se produce hasta la estética teatral que reviste su actuación.



  1. Primacía de la colectividad sobre el individuo.


Si en la democracia los derechos individuales eran importantes (libertad de

expresión, reunión, asociación...), en estos regímenes dejan de existir o son sustituidos por los derechos colectivos. El régimen fascista es el máximo representante de la nación, por tanto, es el depositario de los derechos del colectivo (derecho a tener nuevos territorios, a la expansión...) y el individuo no cuenta para nada, es sólo un número entre una multitud que tiene como fin exaltar a la nación y al líder.

Esta anulación del individuo tiene su lógica, no se podía permitir nada que cuestionara la primacía del partido y de la ideología oficial.

  1. Un nacionalismo exacerbado.

Todos los aspectos de la vida están inspirados por un espíritu ultranacionalista que hunde sus raíces en el nacionalismo extremista del siglo XIX. La patria requiere sacrificios de todos y a ésta se le rinde culto, el líder es la reencarnación de los valores de la nación y es también divinizado. La exaltación nacionalista les lleva a desembocar en un fuerte imperialismo que reclama territorios considerados como propios: Alemania hablará de un espacio vital en el que colocar sus excedentes de población, Italia intentará imitar la grandeza del Imperio Romano. A la larga este expansionismo agresivo desembocará en la II Guerra Mundial.

  1. El odio hacia los movimientos obreros.

Van a ser unos enemigos declarados de comunistas y socialistas y a ellos les van a declarar una guerra sin cuartel, los primeros actos de estos partidos son reventar huelgas y matar a líderes obreros, este hecho hace que se ganen el apoyo de patronos y burgueses en general.

Frente al internacionalismo obrero (comunismo/socialismo) ellos crean un socialismo de carácter nacional, es una pirueta mental y un invento demagógico para pretender ver que también ellos defienden al obrero. Para atraer a los obreros hacen alguna declaración anticapitalista y promesas como acabar con el paro, promesa que cumplirán en parte desarrollando la industria de guerra. En lo económico son partidarios de la autarquía de la no dependencia del exterior, de que cada país se baste por sí mismo.

h) La predicación de la desigualdad entre los hombres: racismo y xenofobia.

Un hecho fundamental es que se predica la desigualdad entre los hombres, se subraya que siempre hay superiores e inferiores. En ese orden de cosas se contraponen el hombre a la mujer (la mujer es inferior y, según Hitler, su papel se reduce a las tres K: kinder, kirche y küche o niños, iglesia y cocina),el militar al civil, el miembro del partido al que no lo es... de la misma forma se predica el racismo y la supremacía de la raza aria en el caso alemán. De todos es conocida la persecución y exterminio que sufrieron los judíos en Alemania, un terrible holocausto que dejó un rastro de seis millones de muertos. Hemos de decir que la furia antisemita y racista se da en Alemania pero en Italia, aunque aparece se da en menor medida.

- EL FASCISMO

- Los orígenes del fascismo italiano

La génesis del Estado fascista ha de vincularse con la crisis que azotó Italia al final de la I Guerra Mundial. Alineada en el conflicto con Francia, Gran Bretaña y Rusia (pese a su inicial pertenencia al bando opuesto) salió vencedora del conflicto, pero lo hizo aquejada de serios problemas económicos, sociales y políticos que dieron lugar a una fuerte conflictividad y propiciaron el descrédito del sistema parlamentario liberal.

Económicamente, el país concluyó la guerra debilitado, con un industria dañada, con el norte -el más desarrollado- muy afectado por los combates y con una todavía anticuada estructura rural en el resto. El paro y la inflación fueron en constante incremento.

Socialmente, la crisis económica condujo a una notable agitación en los sectores más radicales de la clase obrera, partidarios de tesis revolucionarias del estilo de las desarrolladas por los bolcheviques en Rusia.




Esta situación sembró la inquietud entre las clases medias y la gran burguesía, a partir de entonces, atraída por la acción contrarrevolucionaria y violenta de los fascistas frente a la izquierda. texto. ambiente revolucionario en los años veintetexto. la violencia según mussolini. benito mussolini. fragmento de un discurso. 1921
Políticamente, el nacionalismo italiano se sintió herido al interpretar que Italia había sido maltratada en las negociaciones llevadas a cabo por los vencedores en la Paz de París. Este sentimiento fue hábilmente explotado por Mussolini quien en todo momento hizo alarde de una política de exaltación patriótica.

  • Fascismo italiano. La toma del poder

La llegada al poder del fascismo tuvo lugar en medio de una Italia revuelta.

La cuarta fuerza presente en la vida política italiana era el Partido Fascista, surgido en 1921 de los "Fasci di Combattimento", en cuyo seno convergían diversos sectores, desde antiguos socialistas (caso del mismo Mussolini) hasta grupos ultraconservadores.

La progresión del Partido Fascista fue rápida. En 1920 sus miembros protagonizaron numerosos actos de violencia frente a militantes de izquierda y sindicalistas. En 1922 su presencia en la vida política italiana era ya un hecho, copando numerosos gobiernos de carácter local y provincial y reuniendo en sus filas numerosos simpatizantes procedentes de círculos empresariales, la Iglesia y el Ejército.

La inestabilidad de la situación política italiana de posguerra propició el ascenso del fascismo. Los trabajadores, organizados en activos sindicatos como el socialista Confederación General Italiana del Trabajo participaron en importantes movilizaciones (ocupación de tierras y fábricas entre 1919 y 1920) que culminaron en una huelga general el 31 de julio de 1922. Ésta fue aplastada por la reacción violenta de grupos fascistas que sembraron de víctimas el país.

Los grandes propietarios industriales y agrarios, los católicos, los conservadores, atemorizados por las proclamas revolucionarias del izquierdismo más radical, se refugiaron en el profundo anticomunismo de los “fasci”. La violencia se apoderó de pueblos y ciudades favorecida por la ineptitud y la inoperancia de los débiles y efímeros gobiernos que se sucedían con rapidez, en medio del descrédito del sistema parlamentario. Estos hechos favorecieron que un creciente número de italianos reclamara la acción de un gobierno fuerte y estable.

En ese ambiente se produjo el definitivo asalto al poder del fascismo. La oportunidad llegó tras la “Marcha sobre Roma” organizada en el mes de octubre de 1922. Mediante esa maniobra los fascistas pretendían forzar la dimisión del gobierno constitucional e imponer el de Mussolini.




La Marcha sobre Roma movilizó a miles de fascistas de todo el país que se dirigieron desde Nápoles hacia la capital. Ataviados con característicos uniformes, “los camisas negras” fueron conducidos por Mussolini que permaneció en Milán a la espera del desarrollo de los acontecimientos.




El Jefe de Gobierno, Luigi Facta, pidió al Jefe del Estado -el rey Víctor Manuel III- que declarase el estado de sitio para detener la marcha, pero éste se opuso a la medida. En las razones de tal decisión posiblemente debió pesar el temor que suscitaba en el monarca el estallido de una revolución socialista y el desencadenamiento de una guerra civil.







Por lo demás, la patronal e importantes sectores del ejército, simpatizaban de forma abierta con Mussolini.




El 29 de octubre el rey pidió a éste la formación de un gobierno. El fascismo había llegado al poder con el concurso del jefe del Estado italiano.
El ascenso al poder de Mussolini no ocasionó de forma automática la implantación de un Estado fascista.







Aunque convertido en primer ministro, Mussolini, gobernó durante unos meses sustentado en una coalición de partidos (liberales, nacionalistas y católicos) dentro de los cauces constitucionales; de hecho, su primer gobierno (1923) tan solo contó con cuatro ministros fascistas.

En 1924 se celebraron elecciones generales en un ambiente de tensión y violencia. De 7 millones de votos algo más de 4 fueron para los "fasci", mientras que 3 recayeron sobre la oposición. Sin embargo, aquellos obtuvieron mayoría gracias a una ley electoral aprobada en 1923, según la cual el partido que obtuviese un 25 % de los votos se alzaría con una representación de dos terceras partes de la Cámara.





Los intelectuales y el mundo académico firmaron un comunicado de rechazo. Mussolini fue repudiado internacionalmente y el fascismo estuvo sujeto durante meses a una fuerte crisis que a punto estuvo de costarle el poder.




Los diputados de la oposición abandonaron el Parlamento. Ya no volverían a ocupar sus escaños.




Pese a su crítica posición, Mussolini conservó el poder merced al rey que no lo relevó del gobierno. A partir de entonces su labor se concentró en silenciar cualquier tipo de oposición.
En 1925 suprimió los partidos políticos, los sindicatos y la libertad de prensa, mandó arrestar a los líderes de izquierda. Centenares de miles de italianos hubieron de exiliarse. Nacía el Estado totalitario controlado por un líder fuerte e indiscutido.



  • Los campos de actuación del estado fascista fueron los siguientes:

  • La acción del Estado fascista en el campo político

El régimen fascista abolió los derechos políticos y los sustituyó por una estructura de carácter corporativo que subordinaba la esencia y la iniciativa individuales al interés nacional. Todo quedaba sujeto al Estado: como Mussolini expresó: "Todo en el Estado, nada fuera del Estado, nada contra el Estado"b. mussolini. el estado fascista.

En 1925 una ley le otorgaba plenos poderes. Sometió a control al partido único desprendiéndose de los elementos que menos confianza le inspiraban. El Partido Fascista quedó relegado a mero instrumento propagandístico, útil para encuadrar a un creciente número de militantes. Las funciones que teóricamente le correspondían fueron asumidas por el Gran Consejo Fascista, en estrecho contacto con el Duce, quien recurrió para ejercer su gobierno al uso de decretos ley. texto. plenos poderes para mussolini. ley del 24 de diciembre de 1925.
Los partidos políticos fueron suprimidos -salvo el Nacional Fascista- mediante la Ley de Defensa del Estado. La oposición fue eliminada, los intelectuales silenciados. Se creó un Tribunal especial para juzgar los casos relacionados con los delitos políticos al tiempo que se instituía una policía, la OVRA ("Organizzacione di Vigilanza e Repressione dell'Antifascismo"), creada en 1926 y especializada en la persecución de la disidencia. texto. eliminación de la cámara de diputados. b. mussolini. discurso del 14 de noviembre de 1933

La política exterior de Mussolini se encaminó en dos direcciones: por un lado, al restablecimiento de relaciones con la Santa Sede, por otro, a ofrecer una imagen internacional de Italia como gran potencia militar y colonial.

En 1929, mediante los Pactos de Letrán, Mussolini normalizó sus relaciones con la Iglesia católica, muy tensas desde que en 1870, ocho años más tarde de la unificación italiana, el ejército italiano ocupara Roma. texto. pacto de letrán. extractos de la primera parte correspondinete a las cláusulas políticas. 1929

 




Desde entonces los papas se habían considerado prisioneros dentro del Vaticano. Mediante ese concordato (signado por el Rey de Italia, a instancias de Mussolini y el papa Pío XI) Italia reconocía la soberanía del Estado del Vaticano y, a cambio, se reconocía la religión católica como la oficial del Estado.







Desde la derrota de Adua en 1896 Italia aspiraba a incluir entre sus posesiones coloniales el territorio de Abisinia. En 1935 la conquistó. Con este territorio y los de Eritrea y parte de Somalia fundó la colonia del África Oriental Italianatexto. conquista de etiopía. discurso de mussolini del 5 mayo de 1936




El apoyo que recibió de Hitler ante estas acciones imperialistas acercó a Mussolini a las posturas alemanas, olvidándose del recelo que el nazismo le había suscitado, fundamentalmente, debido a las pretensiones hitlerianas de anexionarse Austria.







En 1939 Mussolini conquistó Albania, en tanto que Hitler hizo lo propio con los territorios checoslovacos de Bohemia y Moravia (Sudetes).







La guerra civil española (1936-1939)ofreció al fascismo italiano la oportunidad de intervenir en un conflicto internacional, intentando exportar la imagen de gran potencia. Junto a Alemania, ayudó a los sublevados contra la II República capitaneados por el general Franco.




Mussolini mantuvo un trato de privilegio con la Alemania hitleriana. En 1937 firmó con ella y Japón una alianza militar, el Eje, que nunca llegó a ser plenamente operativa. Al comienzo de la II Guerra Mundial Italia se mantuvo neutral hasta 1940.







Ese año declaró la guerra a Francia -ya derrotada por los alemanes- y a Gran Bretaña, que en esos momentos atravesaba por serios apuros militares en su lucha con Alemania.

  • La acción del Estado fascista en el campo económico




La Carta del Trabajo de 1927 plasmó el corporativismo económico del Estado fascista. Las empresas privadas quedaron bajo su supervisión. texto. el corporativismo fascista.discurso de mussolini sobre el estado corporativo. 28 octubre 1933.




Potenció el crecimiento económico en torno a la industria pesada y las grandes empresas.












En el campo agrario se fomentó la autosuficiencia del país mediante la autarquía, para lo que se hizo necesario incrementar la producción y disminuir la dependencia del exterior.




Se desarrollaron campañas cuya denominación evocaba el lenguaje bélico: así nacieron la “batalla del trigo”, la “batalla de la lira” o la “batalla de los nacimientos”, ésta última encaminada a impulsar el crecimiento de la población.







Entre las prioridades económicas del régimen destacó la búsqueda del autoabastecimiento agrícola.







Se pusieron en cultivo tierras baldías, se sustituyeron cultivos tradicionales por otros nuevos, se fomentaron los cultivos cerealistas de carácter extensivo, se desecaron charcas y marismas, se construyeron embalses en las zonas de déficit hídrico y se levantaron poblados para albergar a los nuevos colonos.



Aunque el régimen se valió de fuertes campañas propagandísticas para difundir sus logros, los resultados finales no pasaron de mediocres; entre otras razones, porque la mayor parte de las inversiones se centraron en las zonas cercanas a la capital, en algunas regiones como la llanura del Po y las áreas litorales del Adriático y Tirreno, en detrimento de otras periféricas.



















Ante la Crisis de 1929, el Estado incrementó el control sobre la economía, intensificando la autarquía y creando organismos como el IRI(Instituto para la Reconstrucción Industrial, 1933). Éste aglutinaba empresas pertenecientes a sectores estratégicos como las comunicaciones o la siderurgia (indispensable para la industria de armamentos).










El régimen acometió una importante labor de modernización de las infraestructuras de comunicación y transporte, especialmente en lo relativo al ferrocarril y la red de carreteras, construyéndose las primeras autopistas e impulsando la motorización.
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