Lección 1: Las obligaciones mercantiles y los contratos mercantiles; normas generales






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Derecho Mercantil
Lección 1: Las obligaciones mercantiles y los contratos mercantiles; normas generales


LOS CONTRATOS MERCANTILES
Lección 1: Las obligaciones mercantiles y los contratos mercantiles; normas generales

I. Las obligaciones mercantiles



Existe un Derecho privado regulador de las obligaciones en general, pero también existen normas que regulan las obligaciones mercantiles en particular. También podemos afirmar que buena parte del Derecho mercantil y sobretodo si el prisma desde el que miramos es el del propio Código, había que estar de acuerdo con Garrigues, en que la mayoría de los actos mercantiles pertenecen al Derecho de obligaciones (contratos bancarios, mercantiles, seguros, etc.), e incluso, las obligaciones mercantiles dominan casi todo el mundo de la contratación.

Sin embargo, el concepto mismo de la obligación no deja de ser lo mismo que en el ámbito civil, y tendrá una vertiente de crédito y una de débito. Sin embargo, en las obligaciones mercantiles, más que resaltar el aspecto acreedor/deudor, se resalta el aspecto patrimonial: en una obligación mercantil, más que una relación entre dos personas, existe una especie de relación entre dos patrimonios, con lo que se quiere poner de relieve esa “impersonalidad” de las obligaciones mercantiles.

Unificación del Derecho de obligaciones



Fruto de la codificación, es típico la existencia de dos códigos en materia de Derecho privado. Se produjo un desdoblamiento en dos códigos: un Código Civil y un Código de Comercio. Sin embargo, a lo largo de los siglos XIX y XX se va produciendo una comercialización del Derecho Civil que obliga a abogar desde la doctrina, por defender, cuando no una unificación total del Derecho privado, sí al menos, y por los motivos de comercialización de ese sector, una unificación del Derecho de obligaciones y contratos.

Estas tendencias tuvieron cristalización en el código suizo de las obligaciones, y la unificación en Derecho italiano en el Código Civil que contiene las principales materias de Derecho Civil y Derecho Mercantil.

En el ámbito del Derecho español, desde el punto de vista doctrinal, esa tendencia ha sido defendida y propulsada desde importantes sectores de la doctrina. Incluso, en algunos sectores muy concretos, se ha llegado también a avanzar a nivel de Derecho positivo (no es sólo declaración de intenciones). El ejemplo paradigmático es el del Derecho del Seguro: antes el Código Civil regulaba el contrato de seguro civil, y el Código de Comercio regulaba el contrato de seguro mercantil, pero en 1980 se promulgó la ley de contrato de seguro y se derogaron los correspondientes preceptos de ambos códigos, dejando una única realidad: el seguro, regulado por la ley de contrato de seguro, a estudiar por el Derecho privado.

Por lo demás, salvo algún ejemplo aislado, desde el punto de vista del Derecho español, sin embargo, esa unificación se ha producido más a nivel de intenciones que de hechos.

II. Especialidades de las obligaciones mercantiles



La teoría general de las obligaciones y contratos, seguirá estando regulada fundamentalmente en el Código Civil. Sin embargo, es cierto que las necesidades del tráfico mercantil, al que le conviene la falta de formalidades, la rapidez, etc., aconsejan que se dispongan de algunas normas especiales que en principio debieran de aplicarse a las obligaciones mercantiles.

Algunas de las especialidades de las obligaciones y contratos mercantiles están en los arts. 50 a 63 Ccom.

1. Especialidades en cuanto al tiempo de cumplimiento



a) Fatalidad de los términos de cumplimiento
La necesidad de rigor, seguridad y rapidez en la liquidación de las obligaciones conduce al legislador a prohibir en el art. 61 Ccom los llamados “términos de gracia y cortesía”: «No se reconocerán términos de gracia, cortesía u otros que, bajo cualquiera denominación, difieran el cumplimiento de las obligaciones mercantiles, sino los que las partes hubieren prefijado en el contrato, o se apoyaren en una disposición terminante de Derecho». Se trata de una norma no nueva, que ya estaba en el Código de 1859), y que difiere mucho del Código Civil: por ejemplo, mientras los arts. 1124 y 1128 Cc habilitan al juez a conceder un plazo, es una posibilidad que decae en el caso de las obligaciones mercantiles.
b) Exigibilidad de las obligaciones puras
No hay gran diferencia con la exigibilidad de las obligaciones en el ámbito civil, pero sí es diferente el art. 1113 Cc, que consagra la exigibilidad de las obligaciones puras desde el mismo momento en que se producen.

Esto es incompatible con la necesidad del Derecho Mercantil, en que prima la idea del crédito. Con esta idea aparece vinculado el art. 62 Ccom: el criterio utilizado por el Ccom es, si bien un poco anticuado, diferente al del Cc: «Las obligaciones que no tuvieran término prefijado por las partes o por las disposiciones de este Código, serán exigibles a los diez días después de contraídas, si sólo produjeren acción ordinaria, y el día inmediato si llevaren aparejada ejecución».
c) Términos esenciales
El art. 1100 Cc dice, cuando habla del término o plazo, que es un requisito accesorio de la voluntad.

En Derecho Mercantil, el plazo o término es muy relevante, con un valor muy importante.

Si bien, es cierto que podemos encontrar algunas especialidades:

  • El art. 61 mismo, donde comprobamos la importancia del plazo o término en Derecho Mercantil, lo que no ocurre en el Derecho Civil.

  • Los arts. 76, 83, 329, 668 y 669, donde se otorga al término también especial relevancia, porque en estos preceptos se equiparan los efectos del transcurso del plazo al incumplimiento1, mientras que la regla general en Derecho Civil es que el transcurso del plazo no es normalmente incumplimiento, sino mora. Estos arts. del Ccom permiten en Derecho Mercantil:

  • Instar la nulidad del contrato.

  • Rescindir el contrato.

  • Etc.

Son supuestos, en Derecho Mercantil, de “términos esenciales por imperativo de la ley”. En Derecho Civil hay tres formas de término esencial:

  1. Por imperativo de la ley.

  2. Por lógica.

  3. Por voluntad de las partes.

En Derecho Mercantil hay más supuestos de término esencial por imperativo de la ley que en el ámbito del Derecho Civil. Esta es la única especialidad (no hay cambio cualitativo, sino cuantitativo).
2. Constitución en mora
Según el propio Código Civil, no es mora todo retraso en el incumplimiento sino sólo el imputable al incumplidor. Es necesario que se den tres requisitos para poder hablar de mora:

  • Vencimiento de la obligación.

  • Que exista una falta de prestación por culpa del deudor.

  • Que se produzca la interpelación por parte del acreedor.


La especialidad del Derecho Mercantil está en el art. 63.1º Ccom: no es necesaria la referida interpelación del acreedor respecto de los contratos que tuvieren señalado plazo o día concreto para su cumplimiento (plazo señalado por las partes o por la ley). La mora comienza sin más, al día siguiente del vencimiento del plazo.

El art. 63.2º recuerda que la interpelación del acreedor será necesaria en aquellos casos en que la obligación no tenga día señalado para su cumplimiento.

La consecuencia de la constitución en mora es que a partir de ese momento serán exigibles intereses moratorios. Aunque algún autor defiende aquí que esos intereses moratorios se produzcan de forma automática una vez que se entra en el retraso (ya que los comerciantes no tienen costumbre de dejar improductivo su dinero). Frente a esta postura, el prof. Saénz defiende que para que se produzca la mora, lo que en Derecho Civil eran necesarios tres requisitos, en Derecho Mercantil se producirán intereses automáticamente sólo en los casos en los que haya plazo señalado, pero no vale suprimir el segundo requisito, el retraso culpable: la necesidad de que la no realización de la prestación por parte del deudor sea culpable, sólo así producirá mora.
3. La productividad de intereses
Aferrándose a esa tesis de que los comerciantes no tiene su dinero improductivo, cabría hablar de una especialidad respecto a los intereses remuneratorios ¿es posible entender su pacto tácito?. Algunos Códigos (sobretodo en Derecho italiano, desde 1882 y 1942) establecen que las deudas líquidas y exigibles producen intereses de pleno derecho.

Pero en Derecho Mercantil español, nuestro Código, frente a la regla civil permisiva: producción de intereses sólo si se han pactado; se sigue un criterio distinto al que llevan los arts. 314 y 315 Ccom. Según el art. 314: «Los préstamos no devengarán intereses si no se hubieren pactado por escrito». Significa que frente a la regla permisiva del Derecho Civil, el Ccom sigue una regla más rigurosa: lo permite pero establece una regla superior: debe producirse por escrito (aunque no exige escritura pública); ello es un grado superior de exigencia.

Esta mayor exigencia contrasta con el art. 315, respecto a la gravosidad de los intereses: «Podrá pactarse el interés del préstamo, sin tasa ni limitación de ninguna especie. Se reputará interés toda prestación pactada a favor del acreedor»: permite un pacto libre (sólo con los límites de la ley de usura). Estos arts. obedecen a principios diferentes:

  • El art. 314 es de una época anterior al capitalismo más duro.

  • El art. 315 corresponde a esa época.

El contrato de préstamo es el más común en el que se dan intereses remuneratorios.
4. Solidaridad en las obligaciones mercantiles
La solidaridad mercantil no es algo distinto de la solidaridad del Derecho Civil. Ni tampoco en materia de obligaciones se siente un principio diferente del Derecho Civil (en que la regla general es la mancomunidad, frente a la regla especial de solidaridad).

En el ámbito del Derecho Mercantil no se invierte la regla porque no hay ninguna regla. Sí se detecta un mayor número de excepciones a través de las cuales se impone el principio de la solidaridad (al igual que en el caso del término esencial, un aumento cuantitativo, no especialidad).

El tema de la solidaridad especial (sobretodo la solidaridad de los sucesivos tenedores de Letras desembolsadas, la solidaridad cambiaria), son supuestos de una solidaridad especial en la medida en que difiere del funcionamiento ordinario de la solidaridad general, pero no es suficiente como para considerarlo como una especialidad del Derecho Mercantil frente al Derecho común.
IV. Especialidades de la contratación mercantil
El art. 1089 Cc especifica las fuentes de las obligaciones. En el marco del contrato sí encontramos una especialidad del Derecho Mercantil.

El contrato en ambas sedes cumple la misma función. Los arts. 50 a 63 Ccom tratan sobre la teoría general de contratos y obligaciones, y las reglas generales del Derecho común se van a aplicar por los arts. 50 y 2 Ccom que las traen al Derecho Mercantil.

La existencia misma de dos Códigos ya permite distinguir entre dos tipos de contratos: civil y mercantil. El art. 2 Ccom al hablar de actos de comercio, se refiere a los “regulados en este Código y los de naturaleza análoga”. Hay pues que precisar las notas que caracterizan la mercantilidad (que permitirá determinar cuáles son los de naturaleza análoga).

Buscando entre los actos de comercio regulados en el Ccom, el criterio para establecer la mercantilidad es muy variable:

  • Presencia de un comerciante.

  • Que se realice una tarea de mediación.

Tampoco la jurisprudencia se ha pronunciado sobre la existencia de actos de comercio por analogía. Se han seguido dos criterios:

  • Criterio económico: Cuando haya actividad mediadora o de producción lucrativa, cabe aplicar la analogía.

  • También cabe aplicarla cuando nos encontremos en presencia de “contratos de empresa”, supuestos en que existe tráfico en masa.


1. La perfección del contrato
En esto no es muy distinto del contrato civil. Consiste en la concurrencia entre oferta y demanda: que implica que la oferta y demanda reúnan una serie de requisitos:

    • Oferta:

      • Que contenga todos los elementos del contrato.

      • Que vaya dirigida a la conclusión de un contrato.

      • Que vaya dirigida a alguien.

    • Aceptación:

      • Que se corresponda con la oferta.

      • Que tenga un carácter recepticio.

      • Que vaya dirigida al proponente u oferente.

En el ámbito del Derecho Mercantil, la principal especialidad en este tema se plantea en relación a la contratación entre ausentes.

El cumplimiento de los requisitos antedichos entre personas en presencia, no plantea problemas de diferencia entre Derecho Mercantil y Derecho Civil, pero entre ausentes, sí se dan diferencias en Derecho Civil y Derecho Mercantil. Es posible adoptar cualquiera de las teorías siguientes:

  • Teoría de la Declaración: Desde el momento en que la declaración es emitida por el aceptante se entiende que el contrato está perfeccionado.

  • Teoría del Conocimiento: Desde que se realiza la declaración por el aceptante y cuando ésta llega a conocimiento del oferente.

Entre ambas, hay muchas tesis intermedias, pensadas para la contratación por correo (que también es contratación entre ausentes). Son tesis:

  • De la Expedición: Se entiende perfeccionado, desde que se remite carta de contestación.

  • De la Recepción: Se entiende perfeccionado, no en el momento en que el oferente tiene efectivo conocimiento, pero sí desde el momento en que llega del correo la carta de contestación.

Los problemas que se pueden dar suelen ser cuestiones de prueba.
En el ámbito del Derecho Civil, en materia de contratación entre ausentes, se inclinan por la teoría del conocimiento (art. 1262 Cc). El art. 54 Ccom dice que los contratos por correspondencia, quedarán perfeccionados desde que se conteste aceptando la propuesta o las condiciones con que ésta fuere modificada; es la teoría de la expedición. Algunos autores entienden que esto podría extenderse a todo tipo de correspondencia, postal, telegráfica, etc.
Pero, ¿qué ocurre cuándo el contrato se realiza por teléfono? En estos casos existe distancia entre dos contratantes. Este tipo de contratos, respecto del momento de perfección de contratos habría que aplicar las reglas de perfección de contratos entre presentes, no es que no tenga relevancia la distancia, sino que el momento de perfección del contrato es como si fuera contratación entre presentes y no entre ausentes.

Pero una cosa es el momento de perfección del contrato, y otra cosa el lugar. Desde el punto de vista de nuestro Derecho positivo hay opiniones contrarias para dar solución a esto. La más importante es la que entiende que no existiendo una norma respecto del lugar, sino respecto del momento de perfección, debería aplicarse por analogía las normas de Derecho común: el art. 1262 Cc. Esto significaría que el lugar donde se produce el contrato es el lugar donde se encuentre el oferente (en relación con la teoría del conocimiento, de forma que cuando llega el conocimiento al oferente, éste es el lugar).

El lugar donde se produce la perfección del contrato será, sin embargo, para otros autores, el lugar donde se produce la expedición de la carta, ya que el momento de la perfección sería desde la expedición de la contestación.
2. La forma de los contratos
Los arts. 51 y 52 Ccom tienen criterios muy parecidos a los del Cc. El criterio del Cc es fundamentalmente antiformalista (art. 1278 Cc). Este principio se encuentra reproducido en el art. 51 Ccom con las excepciones del art. 52. En suma: principio de libertad de forma, salvo excepciones.

La forma será ad solemnitatem cuando expresamente lo exija la ley para la perfección del contrato (por ejemplo: art. 737 Ccom). En los demás casos será una forma con mero valor probatorio.
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