El poder del periodismo de intermediación a tachi radialista apasionada ciudadana radio el poder del periodismo de intermediación






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ESPACIOS PÚBLICOS, ESPACIOS PRIVADOS



Los griegos deslindaban el mundo doméstico —el oikos— del mundo público —la polis—. El primero estaba regido por intereses particulares. En la familia, las relaciones se estructuraban en forman vertical, piramidal. En la cúspide residía la fuerza y el mando. En la ciudad, en cambio, las relaciones eran horizontales, o más propiamente circulares, dado que en la asamblea todos se sentaban equidistantes de un centro donde simbólicamente se ubicaba el poder de decisión. Así quedó fundada la esfera privada y la pública, el derecho privado y el público.96
Esta línea divisoria —que muchas veces quedaba físicamente representada por el umbral de la casa— sirvió para justificar las peores atrocidades puertas adentro. Si un hombre golpeaba a su esposa en el dormitorio, era asunto de ellos dos. El machismo y todas las discriminaciones encontraron en estas esferas bien delimitadas el pretexto perfecto para toda suerte de atropellos, desde el tío que incestuaba a la sobrina hasta la madre que corregía a sus hijos con una vara. Todo eso ocurría en el ámbito privado. Y en ese ámbito, a no ser que el crimen fuera demasiado escandaloso, nadie tenía que andar husmeando.
La Declaración de Derechos Humanos rompió el muro. Golpear dentro de la casa es igual delito que hacerlo en la calle. Violar en el cuartucho de la empleada es igual crimen que hacerlo en un parque. La delgada línea roja que separa lo privado de lo público no es la puerta doméstica ni el portón de la hacienda. Es el respeto o el irrespeto a los derechos que todos los seres humanos poseen desde su nacimiento.
¿Qué es público, qué es privado? El periodismo sensacionalista —cáncer de la profesión— ha invertido las cosas, ventilando la vida privada y escondiendo los verdaderos trapos sucios que deberían lavarse en los tribunales. Si Bill Clinton y Mónica Lewinsky quisieron tener un romance oral, es asunto de ellos. (La única preocupada sería Hillary, aunque la ex primera dama parece más que satisfecha con los ocho millones de dólares recibidos por escribir sus memorias junto al casquivano saxofonista.)
En agosto de 1998, el mismo día en que Mónica tenía que declarar, Clinton ordenó bombardear un peligroso complejo de “armas químicas” en Sudán. Era una fábrica de aspirinas. Los misiles destruyeron el edificio causando seis víctimas mortales y un montón de heridos. Después de esta cortina de humo arrojada por la Casa No Tan Blanca, todo quedó en el olvido. ¿Y los muertos? ¿Y los daños, la indemnización? Bien, gracias. Sigamos hablando del semen presidencial.
El periodismo de intermediación se ubica exactamente en el extremo opuesto de este sensacionalismo, distorsionador de la realidad, que privatiza la información pública y publica la privada. Como periodistas de intermediación, cubriremos cualquier violación de los Derechos Humanos, cométase donde se cometa. Y tomaremos distancia de esa vergonzosa mezcla de fisgón y mercenario conocida como paparazzi.
NIVELES DE INTERMEDIACIÓN
Algunas emisoras parecen cumplir a la letra los versos de Bertolt Brecht. Se llevaron a los comunistas, a los obreros, a los sindicalistas, a los curas... A mí no me importó porque yo no era. Ahora me llevan a mí, pero ya es tarde.
Radios que no se mojan. Que prefieren ver el mar desde la orilla y los toros desde la barrera. No me refiero, naturalmente, a las emisoras que, por su perfil musical, se han autolimitado y convertido en equipos de sonido al aire libre.
Pienso en las radios que tienen una programación informativa, que comentan la actualidad, que influyen, o pudieran influir, en la opinión pública. Muchas de ellas —¿por falsa prudencia, por verdadero miedo?— no entran en conflictos que pongan en riesgo sus relaciones comerciales y políticas. Prefieren la comodidad del tercer monito que oye y ve, pero no dice una palabra. Ante la gravedad de las injusticias que vive el mundo, guardan silencio. No el de los inocentes, por cierto, sino el de los cómplices.
El periodismo de intermediación no quiere aumentar la galería de víctimas del trabajo periodístico. Solamente en el año 2003, en el mundo hubo 42 periodistas asesinados, 766 detenidos, 1,460 agredidos o amenazados y al menos 501 medios de comunicación censurados.97 No necesitamos mártires ni tampoco padecemos de tendencias suicidas. Lo que sí tenemos es sensibilidad social y estamos convencidos de que otro mundo es posible. Un mundo donde no se malgasten anualmente en armas 800 mil millones de dólares, cifra que permitiría superar la desnutrición y el analfabetismo y la miseria en que sobrevive la mitad de la población del planeta.
Eduardo Galeano dice que la humanidad se divide entre los indignos y los indignados. Comparto el radicalismo, aunque pienso en ese otro sector, el más amplio quizás, de quienes aún no se han enterado del apetito imperial de las multinacionales y viven en un limbo político. Las emisoras que trabajan el periodismo de intermediación priorizan el trabajo con este sector para ir sumando más inconformes, para que suba el nivel de masa crítica en la Humanidad.
En fin, dejemos atrás a los colegas que pueden estar leyendo estas páginas con un dulce cinismo, autopersuadidos de que nada va a cambiar, y menos ellos. Que el mundo no tiene arreglo, y menos su radio. Como aconseja el grafiti bogotano, dejemos el pesimismo para tiempos mejores.

¿FACILITADORES O FACILISTAS?
En las emisoras, populares y comerciales, siempre ha habido gente que viene y protesta. O gente que le pasa al locutor de turno los datos para que éste haga el reclamo. A través de cartas y líneas abiertas, las radios latinoamericanas han sido, además de correos y teléfonos públicos, bocinas para alzar la voz contra los abusos del poder y hasta buzones de desahogo para llorar sobre la leche derramada. Pero, ¿y después?
Hace pocos años, tuve oportunidad de escuchar por radio un informativo popular dirigido a las barriadas. Llevé la cuenta: el 80% de las noticias transmitidas eran denuncias sobre la acumulación de basura. No pude menos que ponerme en el lugar de esa gente de los barrios populares a la que el programa pretendía llegar y servir. Pensé en esos vecinos que ven basura desde que se levantan hasta que se acuestan, que viven oliendo a basura. ¡Y cuando ponen la radio, ésta les habla otra vez de basura! Lo que sucede en estos casos es que el emisor no tiene claro quién es su destinatario. Esta insistencia en la denuncia tal vez pudiera tener algún sentido si nos estuviéramos dirigiendo acusadoramente a los responsables de los malos servicios públicos, es decir, a las autoridades. Pero, ¿qué valor informativo encierra el repetirle permanentemente a la comunidad que no tiene agua, que no tiene luz, que no tiene pavimentos? ¡Ella ya lo sabe de sobra! Con eso, tal vez no hacemos más que reforzar su sentimiento de desesperanza, de impotencia: "estamos jodidos". Lo que la comunidad necesita es que la ayudemos a comprender con claridad las causas del problema: por qué no hay servicios para ella. Y, sobre todo, que la ayudemos a encontrar alternativas, salidas de solución.98
Han pasado 20 años desde que Mario Kaplún escribió este lúcido texto. Y muchas emisoras siguen sin ayudar a comprender las causas de los problemas y menos aún a encontrar sus posibles soluciones.
¿Por qué ocurría y, en buena medida, sigue ocurriendo esto? Por la visión que la radio tiene de sí misma. Por ejemplo, algunas emisoras se definieron como populares. Y dicha definición resultaba excluyente de los sectores no populares, que suelen detentar los poderes políticos, económicos, militares y religiosos.
—Nuestra radio es del pueblo y para el pueblo —dijimos y escuchamos decir con frecuencia en aquellos años 70—. En nuestros micrófonos habla el pueblo. Ya la burguesía tiene sus propios medios de comunicación.
Sí, pero si esa burguesía no escucha la denuncia de los sectores populares, ¿cómo se van a negociar los conflictos? Si las autoridades no se enteran, ¿para qué denunciar a las autoridades?
—Para anunciar —decían los cristianos de las comunidades de base—. Para concientizar sobre ese mundo nuevo sin explotadores ni explotados. Para que los pobres escuchen la Buena Noticia de su liberación.
Otros, en onda más ideologizada, ponían el acento en la organización popular.
—Para fortalecer la lucha... ¡hasta la toma del poder!
No se tomaba el poder ni se resolvían los problemas. Y la gente, como diría Kaplún, continuaba rodeada de basura.
—Sólo el pueblo salva al pueblo —decían quienes bebieron en la venerable fuente de la educación popular—. No repartimos pescados, enseñamos a pescar. El papel de la radio no es solucionar nada, sino capacitar para que sea la misma gente quien encuentre su camino.
¿Y si no lo encuentra? ¿Y si aprendimos a pescar pero nos robaron la caña? El temor de ser o aparecer como asistencialistas, como benefactores, llevó a muchas emisoras a jugar un papel muy pasivo, casi de altoparlante:
—La radio es facilitadora de la palabra —sentenciaban con tono aséptico—. Ir más allá, no nos compete.
Hacer pública la protesta privada tiene un gran valor. Nada humaniza más que la palabra. Nada empodera más que agarrar el micrófono y sacar al aire, en boca de los condenados de la tierra, el problema que afecta a una comunidad o la violación de mis derechos.
Pero no basta. Primero, porque no se trata de clamar en el desierto para convencer a los convencidos. Queremos que los problemas se resuelvan y esto no será posible sin interlocutar con los responsables de solucionarlos. Y segundo, porque tampoco se trata de confundir educación popular —tan válida hoy como entonces— con una actitud aparentemente respetuosa, más propia de diplomáticos que de compañeros de lucha, que no hace otra cosa que diluir la propia responsabilidad. Esos no son facilitadores, sino facilistas. Ese amor no es eficaz, como diría Camilo Torres.
Subamos, entonces, peldaño a peldaño, los tres niveles de la intermediación.

NIVEL 1 – LA DENUNCIA
Llega una denuncia a la radio. Puede ser una visita, o por teléfono, por carta o a través de la unidad móvil. Puede ser una persona o un grupo. Puede relacionarse con la corrupción, con la burocracia, con la discriminación, con las mil y una formas de atentar contra los Derechos Humanos.
Le damos curso. Los conductores del programa tienen que averiguar bien de qué se trata el caso. Y tomar las precauciones necesarias para que no les metan gato por liebre ni chisme por denuncia.
¿Cómo entrevistar a quienes denuncian? Tres tipos de preguntas, bien escalonadas, sirven para ordenar la información que queremos y necesitamos obtener.

Preguntas de aclaración
Lo primero es esclarecer cuál es el problema y recoger los datos que permitan comprender bien lo que se está denunciando:
¿Qué pasó? ¿Quién perjudicó a quién?

¿Cuándo y dónde ocurrió esto?

¿Cómo ocurrieron los hechos?

¿Tienen ustedes pruebas de su acusación?

¿A qué instituciones han recurrido?

¿Qué les han dicho, qué resultados han obtenido?

¿Han acudido a la Defensoría del Pueblo?
Lo delicado de una situación puede aconsejar reservar el nombre de quienes denuncian o el de algunas personas implicadas en los hechos.

Preguntas de análisis
Ahora se trata de comprender mejor el problema descubriendo las causas que lo han provocado:
¿Por qué se llegó a esta situación?

¿Quiénes y por qué se oponen a ustedes?

¿Se tomaron medidas preventivas?

¿Qué motivos tiene la parte denunciada para actuar de esa manera?

¿Cuánto poder tienen (dinero, influencia) tienen los adversarios?

¿Por qué creen que no les han atendido en la Comisaría, en el Ministerio, en la Municipalidad, en la Parroquia, en el Juzgado?
Los conductores pueden aprovechar el diálogo para aportar datos del contexto. Supongamos que una esposa valiente denuncia el maltrato de su marido. La locutora tendrá estadísticas sobre violencia intrafamiliar, comentará la falta de leyes que protegen a las mujeres, etc. Quienes conducen estos programas deben manejar mucha información y, sobre todo, saber dónde encontrarla.

Preguntas de acción
El tercer tipo de preguntas apunta a buscar soluciones:
¿Han hecho ustedes de su parte todo lo posible?

¿A quién le corresponde resolver este problema?

¿Qué quieren que hagamos desde la radio?

¿A quién llamamos? ¿A quién reclamamos?

¿Quieren ustedes hablar directamente o nosotros hablamos primero?
Los conductores necesitan mucha versatilidad para encarar problemas bien distintos que requieren soluciones específicas. Aquí no sirven vaguedades tan frecuentes como ¡Ojalá que su problema se resuelva pronto! Periodistas de pocas luces acaban repitiendo consejos de abuelita y cayendo en lugares comunes. Cuando mi única herramienta es un martillo todos los problemas se ven como un clavo.
Dejemos bien en claro que la radio no es un juzgado ni la entrevista es un interrogatorio. Las preguntas se harán con tanta audacia como respeto. Los conductores no pueden acusar a nadie, aunque las responsabilidades parezcan evidentes. Siempre se referirán a los presuntos culpables.
El respeto se extremará cuando se trate de situaciones humillantes para la persona que denuncia. A un periodista torpe, por decir lo menos, le escuché esta pregunta:
—¿Y no será que usted, señorita, dio motivos a su jefe para propasarse?... Porque usted, como estoy viendo, es una chica muy agraciada...
La víctima de acoso en el trabajo resultó acosada en la emisora. La muchacha miró al locutor como a una cucaracha, se levantó y salió de cabina.
Estas entrevistas van en vivo y en directo, así que los conductores andarán con las baterías bien cargadas a lo largo de todo el programa. Aquí no valen excusas ni cansancios ni yo no sabía. A Yonosabía lo mataron en la última guerra.

NIVEL 2 – LA INTERPELACIÓN
Ya ha salido al aire la denuncia, ya estamos al tanto del caso. Ahora vamos a tirar el puente con quienes pueden resolverlo. ¿A quién recurrir? A la autoridad competente.

Existe siempre la tentación —cultivada en sociedades caudillistas— de dirigirse para cualquier problema al Presidente de la Republica. ¿No tenemos agua en el barrio? Que el Presidente solucione. ¿Me robaron una yegua? Que el Alcalde me la encuentre.
Ni presidentes ni alcaldes. Comencemos por la autoridad inmediata correspondiente y de ahí, si ésta no resuelve, iremos subiendo e interpelando a sus superiores.
—Aló... ¿Se encuentra el ingeniero Luis Mejía?
—El ingeniero está en una reunión —responde la circunspecta secretaria.
—¿Y a qué hora acaba la reunión?
—No sabría decirle. ¿Quién le llama, por favor?
—Es un caso urgente. Una comisión de la comunidad Cuatro Tablas ha venido a Radio Amanecer a reclamar.
—Como le digo, el ingeniero está en una reunión y no puedo interrumpirlo.
—¿A qué hora puedo volver a llamar?
—Llámelo... a ver... en una media hora.
El programa continúa. Pasados 30 minutos, el conductor toma nuevamente el teléfono.
—¿Sí, dígame?
—Quisiera saber, señorita, si el ingeniero Luis Mejía ya terminó su reunión.
—Ah, sí, usted llamó hace un rato... Pues vea, el ingeniero acaba de salir y no creo que vuelva.
—Escúcheme, señorita. Hay una comunidad sin servicio eléctrico desde hace dos semanas.

—Como le digo, el ingeniero...
—¿Con quién estoy hablando?
—Con la secretaria del ingeniero Mejía.
—Sí, pero, ¿usted cómo se llama?
—Carla López.
—Esta conversación con usted, señorita Carla López, está saliendo al aire. Somos periodistas y le estamos llamando desde Radio Amanecer...

La secretaria cuelga el teléfono. Y al poco rato, suena nuevamente.
—Señorita Carla, soy yo nuevamente. ¿A qué hora cree usted que podemos hablar con el ingeniero?

Una y otra vez. Si el ingeniero no da la cara, su silencio lo convertimos en noticia porque su búsqueda está saliendo al aire.
En este caso, el ingeniero respondió:
—Habla el ingeniero Mejía. ¿En qué podemos servirle?

—A nosotros en nada, ingeniero, porque aquí en la emisora tenemos luz. Pero la comunidad Cuatro Tablas lleva dos semanas sin energía eléctrica. Dos semanas y un día, si contamos el de hoy que se nos ha ido intentando localizarlo a usted.
—Estamos haciendo todo lo posible por restablecer el servicio en ese sector. Usted comprenderá que son muchas las comunidades que tienen el mismo problema.
—Pero nosotros preguntamos por una comunidad concreta, Cuatro Tablas. Queremos saber cuándo van a solucionar este problema.
—Como le digo...
—Dígaselo a una dirigenta de la comunidad que está aquí en la cabina de la radio. Ella le puede explicar mejor que yo la situación que están padeciendo.
El periodista pone a los vecinos y vecinas a hablar con el ingeniero. Estos insisten en saber cuándo van a arreglar los cables caídos.
—Bueno, veamos... Voy a dar orden para que mañana, o a lo máximo pasado mañana, suba la brigada para arreglar el desperfecto ya reportado por ustedes.
—Ingeniero, usted acaba de comprometerse a resolver mañana, o a lo más pasado mañana, la energía eléctrica en la comunidad Cuatro Tablas. Le comunico que sus palabras quedan grabadas en nuestra emisora.
El punto culminante de la interpelación consiste en lograr algún tipo de compromiso verbal que permita avanzar en la solución del conflicto. La conversación con las autoridades no puede quedarse en imprecisiones o retórica. Hay que concretar. Hay que comprometer. ¿Cuándo, cuánto, dónde?
La actitud de los periodistas de intermediación es una mezcla de cortesía y atrevimiento. Los funcionarios públicos, como el ingeniero de este caso, son empleados de la ciudadanía. Sus salarios son pagados con los impuestos de la ciudadanía. Por tanto, la ciudadanía tiene todo el derecho a reclamar y pedir cuentas sobre su gestión.
Otra historia es cuando el conflicto se da entre intereses de particulares. Estos deberían acudir a una instancia pública, a la institución estatal correspondiente. Pero en infinidad de casos esto no es posible. O no es eficaz. Nuevamente, la radio tiene que levantar la voz y abanderarse con las causas justas.
Fue el caso de Natividad, una doméstica violada por su patrón en Chumbivilca, provincia del Cusco, Perú. Veamos cómo se desenvolvió esta denuncia, tan delicada como conveniente de ser sacada al aire.
—Vengo del centro educativo de Chumbivilca —la profesora llegó a la radio con documento de identidad y el rostro indignado—. Una estudiante de la nocturna, del segundo año, me ha contado que el señor de la casa donde trabaja ha abusado de ella. No ha venido conmigo por la vergüenza.
—¿Tiene pruebas de lo que está diciendo?
—La mejor prueba es el espanto en el rostro de la niña. Natividad tiene apenas 14 años.
—¿En qué casa trabaja la muchacha?
—En casa del señor Ramón García. Últimamente, no ha dejado ir a la niña al colegio. Por eso, yo me acerqué a ella en otro lugar y me contó lo sucedido. Natividad está desesperada, no sabe cómo decirle a sus padres porque, para colmo, tiene más de un mes de retraso.
—Se trata de una acusación muy seria la que usted está haciendo, profesora. ¿Está consciente de ello?
—Por supuesto. Y no tengo ningún miedo en desafiar a ese sinvergüenza.
—Violar a una menor de edad es un delito grave —la conductora está buscando el número de teléfono del tal Ramón García. Al poco rato, lo tiene en línea y fuera de control.
—¡Ustedes están ensuciando mi reputación!... Quiero decir que lo que he escuchado en su noticiero es una pura calumnia de esa loquita, de esa pilla... ¡Que venga y se atreva a decírmelo a la cara!
—¿No es cierta la denuncia de la profesora de Chumbivilca?
—Señorita, si fuera cierta no estaría llamando a la radio.
—¿Desde cuándo trabaja Natividad en su casa?
—Eh... desde hace unas semanas, no sé cuántas...
—¿Y cómo ha sido su trato hacia ella?
—Le he dado todas las facilidades para estudiar y salir de casa. Seguramente es en esa escuela donde ha estado metiéndose con hombres.
—¿Cómo dice usted, señor García?
—Digo que aquí todos los vecinos me conocen y pueden llamar y decir la calidad de persona que soy.
Termina esa llamada telefónica. El programa continúa con unos temas musicales. Y a los pocos minutos, vuelve a sonar el teléfono. Ahora es un vecino quien llama.
—Mi nombre es Luis Cadenillas. Yo escuché lo que dijo el señor García de que él no tiene ninguna responsabilidad. Pero parece que ese señor tiene esa costumbre. Yo tengo una sobrina que también vino de la sierra, se empleó en casa de este señor, y también intentó violarla. Su mamá tuvo que llevársela.
—¿Usted o alguien de su familia presentó la denuncia?
—Claro, señorita. Tenemos la denuncia presentada en el juzgado pero todo quedo ahí porque el mentado señor tiene un compadre que es juez y un amigo que es congresista. Por eso hace lo que se le viene en gana.
La historia se va complicando. La profesora decide llevar a Natividad a la radio para que dé testimonio.
—Por motivos que ustedes comprenden, nos reservamos los apellidos de la menor de edad. Cuéntanos, Natividad...
— (UN SILENCIO)
—No tengas miedo, muchacha. No te va a pasar nada. En esta emisora todo el mundo tiene el mismo derecho a hablar, sea congresista o sea empleada doméstica... ¿Quieres hablar?... Es muy doloroso, amigos y amigas oyentes... Dime solamente una palabra: ¿ese señor abusó de ti?
—Sí.
—Yo quiero felicitar el valor de esta chica. Y aunque no somos jueces ni estamos culpando a nadie, nos preguntamos cuántos casos como el de Natividad se darán en los hogares donde nos están escuchando ahora.
—Al principio, el señor se hacía el buena gente —Natividad hablaba sin levantar la mirada—. Yo le pedía cuadernos y lapiceros para poder estudiar. Y él me los regalaba. Y un día vino y me dijo que si me portaba bien con él me iba a regalar más lapiceros y más cosas. Y como la señora no estaba en la casa, abusó de mí.
—¿Hablaste con algún familiar?
—Yo no tengo familiares en la ciudad, señorita. Mi mamá vive en el campo.
—¿Abusó otras veces de ti?
—Sí, el señor esperaba a que la señora saliera de casa y me forzaba.
—¿Por qué no denunciaste antes?
—Tenía miedo porque el señor me amenazaba. Pero después yo escuché en este mismo programa que uno debe denunciar lo que está malo. Entonces, me decidí a hablar con mi profesora, porque ya tampoco me dejaba ir a la nocturna.
—¿Ya no tienes miedo?
—Ya no me importa, aunque no me pague los meses que me debe.
—¿Y no será que tú estás resentida con él por alguna otra cosa, algo que le pediste y él no te dio, y por eso lo estás acusando?
—Señorita, yo no tengo por qué mentir. Si el señor no me hubiera hecho nada, ¿qué ganaría yo diciendo lo que no es?
—¿Estarías dispuesta a ir a formular la denuncia?
—Sí, señorita. Mi profesora me ha dado valor. No es fácil venir aquí y hablar. Pero hay que hacerlo para que a otras chicas que vienen de la sierra no les pase lo mismo en la ciudad.
Volvió a llamar Ramón García. Llamó el abogado de Ramón García y hasta un compadre que declaró que Ramón García era el esposo más ejemplar del barrio.
Los conductores del programa hablaron con el abogado que siempre les asesora en estos casos de delitos comunes. A Natividad la pusieron en contacto con la DEMUNA.99
Notemos que en el caso expuesto, un oyente, Luis Cadenillas, aportó un elemento fundamental para esclarecerlo (la reincidencia del acusado). Los periodistas de intermediación, a lo largo del programa, invitarán a la audiencia a que colabore con datos, con situaciones similares, incluso que proponga posibles soluciones o instancias a donde recurrir. Esta interacción con el público enriquece grandemente el formato.
Si el buen periodismo, frente a informaciones contrapuestas, recoge las dos versiones, con mayor razón debe hacerlo en situaciones tan delicadas como la que acabamos de transcribir. El derecho a réplica —y el deber de rectificación si no se comprobara la denuncia— forman parte de la ética de la intermediación.
El caso de Natividad irá, seguramente, a los tribunales. ¿Se ganará, se perderá? De todos modos, la denuncia pública habrá servido como medicina preventiva para otros violadores.

NIVEL 3 – EL SEGUIMIENTO
¿Cómo suelen ser los programas donde damos curso a denuncias de la ciudadanía?
—Tenemos la primera llamada en línea... ¿Quién habla?
—Me llamo Domingo Jiménez, de aquí del barrio San Cristóbal.
—¿Y cómo están por allá por San Cristóbal?
—Mal. Estamos mal. Porque aquí no hay cuándo comiencen a hacer los desagües. Estamos viviendo peor que animales.
—¿Qué tiempo hace que tienen este problema?
—Alrededor de tres meses llevamos luchando con esto.
—¿Ya fueron a quejarse en el Ayuntamiento?
—Hasta en comisión hemos ido. Nos prometen y prometen pero no hacen nada. Así que, a ver si ustedes de la radio nos ayudan...
—Muy bien, muchísimas gracias por estar en sintonía con nosotros. En fin, amigos radioescuchas, así están las cosas en nuestro país. Y continuamos nuestro menú musical con el tumbao de la negra... ¡Celia Cruz!
¿Qué pasará en San Cristóbal? Nada. Los vecinos se cansarán de ir a protestar al Ayuntamiento y las aguas negras se seguirán empozando hasta el Día del Juicio.
Toquemos la trompeta antes de ese día. Pongamos la fuerza de los medios de comunicación al servicio de los derechos ciudadanos. No basta abrir los micrófonos para recibir quejas y denuncias. Ni siquiera es suficiente interpelar a los funcionarios públicos o a los responsables privados de las irregularidades y delitos denunciados. Hay que dar seguimiento a los casos. La intermediación, como veremos, puede durar varios programas, varios días, varias semanas, meses y hasta años. Este quinto periodismo se escribe con p de paciencia.

¿Qué necesitamos para dar seguimiento a los casos que se nos vayan presentando en el programa?

Cuaderno de bitácora
El cuaderno de bitácora es el libro donde los capitanes de barco apuntan el rumbo, la velocidad y demás maniobras de la navegación.
Conducir una revista de intermediación se parece a cruzar un océano con tormentas, ciclones y tiburones merodeando. A veces, la situación se vuelve tan peliaguda que más que capitanes nos parecemos a aquel infeliz que canta Juan Luis Guerra cruzando el Niágara en bicicleta.
Ahórrense confusiones. Lleven a cabina un cuaderno. Cuando entra una llamada o llega una visita, alisten el bolígrafo y anoten los nombres, los lugares desde donde denuncian, un dato que no hay que olvidar, un numerito importante, quién dijo qué a quién, a qué juzgado recurrieron, de qué municipalidad los botaron.
Después vendrán nuevos casos en el mismo programa y los conductores, si no llevan ordenadamente sus apuntes, acabarán con un champú mental. Llamarán Pedro a Pablo y preguntarán quién acosó a la viejita que denunciaba las limosnas robadas.

Carpeta de casos
Los periodistas de intermediación llevan, como los abogados, una carpeta donde registran todos los casos en trámite, bien clasificados y bien guardados bajo llave. Ningún curioso debe poder acceder a dicha información, ni siquiera saber dónde se guarda.
Una carpeta será para los casos resueltos. Y otra carpeta, seguramente más abultada, para los casos por resolver.
En una agenda se irán anotando las llamadas pendientes, las citas, las entrevistas, los pasos que hay que ir dando para el seguimiento del conflicto.
—Esos títulos de tierra de los campesinos salen en quince días —promete el juez para quitarse de encima al reportero.
Se anota en la agenda y a los quince días exactos se llama al juez y sus promesas incumplidas salen y vuelven a salir al aire.
En el Evangelio, Jesús cuenta la parábola de una viuda que reclamaba ante un juez inicuo. Tanto insistió, que el juez le hizo justicia no por respeto a sus derechos, sino para quitársela de encima.
La estrategia de la viuda funciona. Y más en estos tiempos, cuando los funcionarios públicos y los políticos con apetito electoral cuidan al extremo su imagen de honestos servidores de la ciudadanía. Si la radio, con tozudez campesina, anota en un cuaderno los pasos a dar, si recuerda y exige, si avanza caso a caso, obtendrá resultados. Las autoridades no cumplirán por amor a la comunidad. Pero cumplirán.

Archivo de promesas
Los programas de intermediación se graban completos, de comienzo a fin. Después de unos días, si vemos que no hay nada riesgoso, las cintas se borrarán, el disco se liberará. Pero siempre entresacando los segmentos que puedan prestarse a malas interpretaciones y aquellos que comprometen a las autoridades.
La utilidad de llevar un archivo de audios es doble:
Primero, para tener constancia de lo que se dijo y lo que no. Cuando los correligionarios vayan al gobernador a comentar que la radio lo calumnió, tendremos la constancia de que no fue así. Cuando un par de empresarios vayan a Telecomunicaciones a chismear que en el programa se defiende la piratería en el espectro radioeléctrico, los conductores se ahorrarán un dolor de cabeza guardando la grabación de sus comentarios.
Y segundo —lo más importante— para ir archivando pícaramente todas las promesas de los servidores públicos, candidatos y candidatas, personalidades y personajes. La emisora se convierte así en memoria colectiva y sabrá emplear esas grabaciones a su debido tiempo.

Agenda de comisiones
Después de envenenar a Juan Pablo Primero y prohibir la autopsia del cadáver papal, las fuerzas más tenebrosas del Vaticano —Cardenal Marcinkus and company—nombraron una comisión investigadora para esclarecer las millonarias estafas en que estaba envuelta la Banca Vaticana. Pero el asesinato y el robo han quedado bien ocultos hasta la fecha tras los portones de San Pedro.100
El truco de las comisiones es tan universal como efectivo. ¿Qué acaban de hacer Bush y Blair cuando ya está claro que no hay en Irak otras armas de destrucción masiva salvo las que ellos mismos arrojaron sobre la población iraquí? Nombrar una comisión para que les informen si estuvieron bien o mal informados.
Lo mismo hacen los politiqueros y demás tunantes. Cuando quieren que algo no se solucione, nombran una comisión para solucionarlo.
Los periodistas de intermediación, conocedores de la engañifa, llevarán una agenda estricta con los compromisos y los responsables de las tales comisiones. En público y en privado solicitarán los resultados previstos en las fechas previstas. Y si éstas, como suele suceder, se convierten en cortinas de humo, las ventilarán por los micrófonos.

Directorio
Para acometer un programa de intermediación, necesitaremos un directorio lo más completo posible. Quién es quién en la ciudad y en el país. Dónde está cada quién y cómo se le localiza.
Teléfonos fijos y celulares. Direcciones. Emails. Cargos y títulos. Ubicación partidaria de diputados, ministros y jueces. Nombres de secretarias que son las que dan acceso a quienes toman las decisiones. Mini-trayectorias de los políticos, en dónde militaban antes, cuándo se les acusó de corrupción. Dirigentes de organizaciones populares. Instituciones de la sociedad civil. Guía de medios de comunicación, escritos y audiovisuales. Dónde encontrar al obispo y en qué convento suele desayunar. Dónde encontrar al coronel y a qué discoteca suele acudir.
Este arsenal de direcciones agilizará mucho el programa, puesto que, si fuera necesario, llamaremos sin demora desde cabina a los denunciados y a los eventuales negociadores del conflicto.
Cuida tu directorio como oro en polvo. No lo dejes sobre la mesa del bar ni lo lleves en bandolera.

Biblioteca urgente
En casa seguramente tenemos nuestra biblioteca personal con literatura, manuales de radio, textos de historia y sociología, diccionarios y una torre de libros pendientes que vamos a leer un fin de semana, aunque no hayamos especificado de qué año.
Pero en la emisora haremos acopio de libros y documentos funcionales al programa de intermediación. La Constitución de la República, las Declaraciones de Derechos Humanos, los Códigos de Trabajo, los Códigos Penales, las Leyes de Acceso a la Información Pública, los Reglamentos de Telecomunicaciones, los Tratados Internacionales firmados por nuestro país, presupuestos estatales y municipales, el último Informe del PNUD y el de la Comisión de la Verdad, publicaciones oficiales y confidenciales. Hasta la Biblia nos hará falta.

Relojes de ciudadanía
Este mecanismo es tan insolente como eficaz para dar seguimiento a los casos más difíciles.
Imaginemos una terrible inundación. El gobernador de la provincia viaja de inmediato al lugar de los hechos y promete a los damnificados que pronto tendrán un techo seguro. En dos meses las obras estarán concluidas.
La emisora, también presente en el sitio del desastre, ha grabado la promesa del gobernador. Pocos días después, un corresponsal informa lo siguiente:
—Los damnificados de la reciente inundación siguen viviendo en improvisados campamentos sin que hasta la fecha hayan recibido ninguna ayuda del gobierno provincial.
Pasan los días. Las obras de reconstrucción no se inician. Los vecinos y vecinas sobreviven en condiciones miserables. Ante esta situación, la emisora pone en marcha el reloj de la ciudadanía:
EFECTO TIC TAC
LOCUTORA El gobernador Nicolás Pomarrosa se comprometió a reconstruir las viviendas del sector afectado por las inundaciones:
GOBERNADOR Las obras estarán concluidas en dos meses.
LOCUTOR Faltan 37 días para que su palabra se cumpla.
Al día siguiente, el reloj avanza:
LOCUTORA El gobernador Nicolás Pomarrosa se comprometió...
LOCUTOR Faltan 36 días para que su palabra se cumpla.
Y así, un día y otro. En los informativos o boletines especiales, la radio recuerda las promesas hechas por el funcionario. Al llegar el día cero, las obras ni siquiera han comenzado. Entonces, la emisora sube el tono:
LOCUTORA Ya se cumplieron los dos meses y ni un ladrillo ha sido puesto. ¿Dónde queda la palabra del gobernador Pomarrosa?
De la cuenta regresiva se pasa a la progresiva:
LOCUTORA Nicolás Pomarrosa no cumplió lo prometido:
GOBERNADOR Las obras estarán concluidas en dos meses.
LOCUTORA Hoy hace un día que el señor gobernador faltó a su palabra.
Hoy hace dos días... Hoy hace tres días... Como el mosquito. Como las olas del mar. Como la rabia de la gente cansada de promesas incumplidas.
Listo. Ya tenemos nuestro maletín de herramientas para dar seguimiento a los casos denunciados. También necesitaremos armar varias redes para que la intermediación obtenga mejores resultados. Veamos algunas indispensables.

Red de corresponsales
La mayoría de las emisoras cuenta con una red de corresponsales, voluntarios o pagados, que despachan noticias desde diferentes puntos de la ciudad, la región o el país.
El perfil de estos corresponsales suele ser limitadamente informativo. Envían sus notas, a lo más graban algunas entrevistas para ilustrarlas. Pero no suelen comentar la información que trasladan, vía telefónica o pregrabada, a la radio.
En la propuesta que estamos haciendo, la misión de los corresponsales se redefine porque ellos y ellas pueden participar activa y decisivamente en la labor periodística de intermediación.
En el caso mencionado de Chumbivilca, ¿quién mejor situado que el corresponsal de esa localidad para completar la información de la profesora y participar con nuevos datos sobre el presunto delito cometido por Ramón García?
La red de corresponsales recibirá capacitación específica por parte de la emisora para desempeñar con solvencia, más allá de sus tareas informativas, el nuevo desafío de la corresponsalía de intermediación. Su lealtad a la emisora y su responsabilidad periodística debe estar garantizada.
Ahora bien, pueblo chico es infierno grande. Para evitar represalias de autoridades locales muy próximas, estos corresponsales actuarán muchas veces como confidentes.


Red de confidentes
Un informante mantiene un vínculo ocasional con el periodista. En muchos casos, se limita a una simple llamada telefónica o a un encuentro para brindar (o vender) alguna información. Los informantes son útiles para nuestro trabajo, pero ¿cómo saber si nos están diciendo la verdad o responden a otros intereses?
Sin descuidarlos, es mejor formar nuestra propia red de confidentes. ¿Qué es un confidente? No es un soplón ni un espía. Es alguien que tiene acceso a fuentes confidenciales y quiere poner esa información, que muy pocos manejan, al servicio de la comunidad. El confidente mantiene un vínculo habitual con el radialista o con todo el equipo de prensa.
Como su nombre indica, este intercambio secreto de información se basa en la confianza mutua. Ni el periodista va a traicionar divulgando la fuente, ni el confidente va a delatar al personal de la emisora. Por esta razón, los confidentes son siempre voluntarios y voluntarias. Confidente que cobra por un dato, sospechoso de garabato.
La red de confidentes no tiene nudos. Todos los hilos van y vuelven de forma independiente hacia el periodista de intermediación. Pero no se cruzan entre sí.
—No te aconsejo que te metas en ese lío. Están los narcos detrás y la emisora no puede exponerse tanto...
Se trata de ir formando una red de personas muy confiables en las diferentes instancias gubernamentales, en instituciones públicas, entre las Fuerzas Armadas, en ese resbaloso mundo financiero y en el más resbaloso mundo político.
—Lo que pasa es que ese abogado que se consiguieron los huelguistas trabaja también para la empresa. Es un nieto de puta, porque su padre fue tan sinvergüenza como él.
Los confidentes no salen al aire. Pero ponen a volar a más de uno.101

Red de asesores
Otra cosa son los asesores y asesoras que nos ayudarán a tramitar de manera más acertada las denuncias. Por ejemplo, se nos hará indispensable contar con un abogado laboralista porque recibiremos muchos casos vinculados a la explotación en el trabajo. Igualmente, si priorizamos —¿y cómo no hacerlo?— la violencia de género e intrafamiliar, necesitaremos la orientación de una sicóloga y de una consejera legal para encarar estas situaciones.
Mientras más contactos profesionales tengamos, más seguros nos sentiremos al abordar la infinita gama de conflictos que se nos irán presentando en el programa y para poder hacerles un seguimiento responsable.

Alianzas
Pensamos que era una avispa y se nos vino encima el avispero. Suele ocurrir que la emisora arranca con un caso aparentemente simple y las cosas se van enredando. Si nos descuidamos, la situación nos puede desbordar y hasta irse de las manos.
Para evitar esto y multiplicar sus fuerzas, la emisora establecerá alianzas con otras instituciones que tengan una misión similar a la suya. La Defensoría del Pueblo figura en el primer lugar. Los organismos de Derechos Humanos, la Defensa del Consumidor, las Comisarías de la Mujer, las Veedurías Ciudadanas, los sindicatos y gremios, las juntas de vecinos, las parroquias y comunidades religiosas comprometidas con el cambio. Llegado un momento de mucha presión sobre la radio, podremos contar con su respaldo.
Entre las alianzas más necesarias figuran los otros medios de comunicación de la localidad. No seremos tacaños con ellos a la hora de socializar primicias para que ellos no sean insolidarios con nosotros en el momento de cubrir una intermediación. Hoy por tu radio, mañana por la mía.
Si la situación se complica, es probable (y saludable) que tengamos que convocar a una rueda de prensa para informar sobre los chantajes y otras amenazas recibidas por el lado más grueso de la soga.

Consultorio de educación ciudadana
En un taller realizado en Caracas, Randolph Borges, coordinador de programación de la YVKE Mundial, propuso un cuarto nivel para desarrollar el periodismo de intermediación. El colega se refería a un consultorio permanente de educación ciudadana donde la audiencia pueda orientarse sobre qué mecanismos emplear para enfrentar tal caso, a qué instituciones recurrir, qué leyes y reglamentos existen, cuáles son sus derechos y cómo puede hacerlos valer.
No sé si será un cuarto nivel o un eje que atraviesa todo el trabajo periodístico, desde la denuncia de los oyentes hasta su posible solución con las autoridades. En cualquier caso, a lo largo del programa los conductores irán salpicando estas instrucciones y orientaciones que permitan encauzar mejor los casos planteados o por plantear. La información ciudadana es poder ciudadano.

HACIA TAMBOGRANDE
Ahora nos trasladamos a Tambogrande, un distrito en el seco norte peruano. El relato que sigue, como labor de seguimiento de una denuncia, no puede ser más ejemplar.
En el pueblo de Tambogrande viven unas 25 mil personas, campesinos de minifundios, cosechadores de mangos y limón. Todo estaba tranquilo hasta que una empresa minera canadiense olfateó el negocio que se escondía bajo aquellas tierras.
Por esas jugarretas del destino, resulta que Tambogrande está edificado sobre una mina de oro. La veta principal pasa por debajo de la plaza central del pueblo.
—No problem —dijo el dueño de la Manhattan Minerals—. Cambiaremos el pueblo de lugar.
—Pero, mister, Tambogrande es la capital del distrito.
—Pues el distrito cambiará de capital.
Los moradores de Tambogrande, al conocer las pretensiones de la Manhattan, se indignaron. A pesar de ello, el presidente Alberto Fujimori, en uno de sus tantos negociados, autorizó la llegada de la empresa en 1999.
La Manhattan conocía el rechazo de los moradores. Tenía que persuadirlos para que se fueran con su pueblo a otra parte. Entonces, se acercaron a Radio Cutivalú, la emisora de Piura más prestigiada entre los campesinos y que queda a una hora de camino de Tambogrande.
—Nosotros queremos que el pueblo comprenda los beneficios de la mina. Desarrollo, progreso, prosperidad...
—¿Y qué quieren de nuestra emisora?
—Alquilar un espacio. Será un programa, como dirían los militares, de ablandamiento —el gringo no lograba disimular su cinismo—. ¿Lo podríamos llamar Tambo Tambito?
Y fue así que la radio, siempre defensora de los agricultores, comenzó a pasar microprogramas sobre las ventajas que la empresa minera traería al distrito.
—Total, es solo una publicidad —decía una administrativa cuidadosa de los reales.
—¿Y no compromete nuestra posición?

—Pues pongamos al final de los micros "éste es un espacio contratado".
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