Olvida las complicaciones y entra en el maravilloso mundo donde todo es fácil






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La elevada vibración del Mundo Sencillo

La idea de que el Mundo Sencillo y el Mundo Complicado están en dos frecuencias distintas no es sólo una metáfora. El Mundo Sencillo existe en una frecuencia vibratoria más elevada que el Mundo Complicado. Si no estás familiarizado con la idea de que todo es energía y que ésta vibra a diferentes velocidades o frecuencias, aquí tienes un rápido (y he de admitir que incluso demasiado simplificado) resumen:

En el centro o núcleo de la Creación está la Fuente, el origen de toda energía. Aquí es donde la energía vibra más deprisa; es el aspecto de la Creación que vibra a la frecuencia más elevada. En este plano, no existe impedimento alguno para el flujo de la Fuerza Vital desde la esencia. La Energía-Vida Fuerza-Amor y la inteligencia cifrada que hay en su interior, irradian libre e incesantemente desde la Fuente. Se podría decir que la energía fluye con perfecta facilidad.

La Inteligencia Divina que actúa en el plano de la Fuente crea mundos, con todos sus matices, pero no experimenta esfuerzo alguno al hacerlo. Esto es porque lo está haciendo desde un estado de no resistencia absoluta.

¿Estás familiarizado con la leyenda de la Creación que aparece en el Génesis de la Biblia? En el capítulo 1, versículo 3, dice: «Hayaluz. Y hubo luz». ¡Haya luz! Sin esfuerzo: Dios simplemente permitió la luz, ¡y se hizo la luz! ¡Al instante! ¡No hace falta decir que el Creador es Mundo Sencillo al cien por cien!

Cuanto más Amor dejes que fluya líbreme

Cuanto más Amor dejes que fluya libremente a través de ti, más elevada será tu frecuencia vibratoria. Cuanto más elevada sea tu frecuencia vibratoria, más coincidirá tu experiencia con la Fuente: facilidad total y manifestación instantánea de los deseos. Cuanto más baja sea tu frecuencia vibratoria, más difícil y dolorosa será tu experiencia, y más difícil y lento será manifestar tus deseos.

Los aspectos de la Creación que permiten que la energía fluya libremente están en la frecuencia vibratoria más elevada posible, de acuerdo con su diseño único, y gozan de salud, integridad y, por supuesto, de facilidad total. Ése es el estado de los que se encuentran en el Mundo Sencillo.

Los aspectos de la Creación que se resisten al flujo de la energía desde la Fuente experimentan distintos grados de estrés y deterioro. La resistencia al flujo del Amor-Fuerza Vital desde la Fuente es el origen del Mundo Complicado. En el Mundo Complicado hay resistencia —a veces resistencia masiva— al flujo y, por ende, a la falta de facilidad, de integridad y de felicidad.

De modo que, si básicamente prefieres no experimentar dolor, dificultades y estrés, y lo que quieres es facilidad, bienestar y alegría, has de permitir el libre flujo del Amor a través de ti para que puedas estar a una frecuencia vibratoria elevada. Allí es donde encuentras el Mundo Sencillo, donde todo es fácil.

Por si esto fuera poco, la guinda del pastel es que la frecuencia vibratoria más elevada es la que cataliza nuestra respuesta emocional a la felicidad. Facilidad y alegría son inseparables. Donde está una, siempre encontrarás la otra. La alegría es la señal de que estás en una frecuencia vibratoria elevada. Podríamos decir que la felicidad es la firma emocional del Mundo Sencillo.
Elige conscientemente el Mundo Sencillo

Siempre que has sentido alegría has estado en el Mundo Sencillo, aunque haya sido por poco tiempo. Has abandonado la resistencia y has permitido ser atraído hacia el campo magnético del Diseño para la Armonía. Además de sentir alegría, estoy segura de que habrás experimentado que las cosas fluían con mucha facilidad y armonía sin que hubieras elegido conscientemente el Mundo Sencillo.

Me atrevería a decir que te sucedieron estas cosas cuando estabas relajado, quizá cuando estabas de buen humor o absorto en una actividad, y simplemente te estabas divirtiendo, sin agobiarte por nada. No te obsesionabas, ni intentabas «ir a contra corriente», o hacer que las cosas fueran de cierta manera. Sencillamente, estabas permitiendo el flujo. Estabas eligiendo el Mundo Sencillo espontáneamente. Éstos son los alegres momentos por los que queremos vivir y que anhelamos cuando estamos en el Mundo Complicado.

Ahora bien, en lugar de gozar de la experiencia del Mundo Sencillo como algo que se produce sólo por la gracia divina, puedes elegirla a voluntad.

Como has leído en el capítulo 2, puedes repetir la invocación del Mundo Sencillo: «Elijo vivir en el Mundo Sencillo, donde todo es fácil». Luego respira, relájate, permite y disfruta. ¡No es una coincidencia que todas las acciones que has de realizar para entrar de lleno en el Mundo Sencillo se encuentren entre los principales pasos que recomiendo cuando alguien me pregunta qué puede hacer para elevar su frecuencia vibratoria! (Aprenderás más sobre las técnicas para elevar tu frecuencia en el capítulo 7.)
Si el Canal 1 es donde se encuentra toda la felicidad, ¿por qué demonios iba yo a elegir el Canal 2?

Una parte de ti está enganchada al Canal 2. ¡Esa parte es adicta al Mundo Complicado! Sólo medra en el Mundo Complicado. Su existencia depende de mantenerte en el MC, enganchado al Canal 2. Es la productora, directora y encargada de programas del Canal 2. Te necesita para que seas el actor y el público, para lo cual es imprescindible que salgas del Mundo Sencillo. Es realmente buena en su trabajo.

Cuando lleguemos al capítulo 5, sabremos más de esta ambiciosa entidad y cómo invalidarla para seguir conectados con el Canal 1, el canal del MS. En el capítulo siguiente te presentaré a tu yo increíble —de hecho tu principal aspecto—, que hace que todo siga funcionando correctamente en el Mundo Sencillo.
Elijo vivir en el Mundo Sencillo,
donde todo es fácil.

3.¡Descargo de responsabilidad: el ejemplo del Canal 1 y el Canal 2 no pretende en modo alguno hacer referencia a los canales de televisión reales cuyos números concuerdan con el Mundo Sencillo y el Mundo Complicado respectivamente. ¡No estoy haciendo alusión a que un canal de televisión denominado Canal 2 sea malo! Sólo lo he puesto como ejemplo para referirme a que el Mundo Sencillo es donde reina la unidad, mientras que en el Mundo Complicado reina la dualidad («dual-idad» o «más-de-uni-dad»). ¡Vaya, precisamente siempre me han gustado mucho los Canales 2 que he visto en mi vida!
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Tú guía personal para el Mundo Sencillo
Lo que determina si estás en el Mundo Sencillo o en el Mundo Complicado es quién tiene el control del mando a distancia. Hay un aspecto tuyo que siempre está sintonizado con el Canal 1, y luego está el aspecto que siente predilección por el Canal 2 y que aprovecha todas las oportunidades para coger el mando y cambiar a la realidad inarmónica que prefiere.

Tú eres quien decide en cada momento quién tiene el mando.

Antes de presentarte a ese aspecto tuyo que prefiere el Mundo Complicado, creo que te alentará saber que la inmensa mayoría de tu ser —lo que denomino tu Espíritu o tu Yo con mayúscula— siempre está en el Mundo Sencillo, y te invita a entrar sin descanso. Orientarte hacia este aspecto elevado de ti mismo es un método infalible para orientarte hacia el Mundo Sencillo.
Tú y tu Espíritu

Eres polifacético, y por eso eres mucho más grande de lo que crees. Tu conciencia de vigilia ordinaria y tu personalidad no son más que la punta del iceberg. Lo que probablemente has estado considerando que eras «tú» no es la mayor parte tuya, ni la vibración más elevada, ni la más consciente. ¡En realidad, la definición más extensa del «yo» abarca tanto como estés dispuesto a creer y a permitir! En lo más alto de la escala vibratoria encontrarás a tu Yo.

Pero para la finalidad de esta explicación, consideremos tan sólo que existe lo que percibes como tu yo humano, y lo que percibes como tu Espíritu. Tu Espíritu es el intermediario entre tu yo ordinario, influido por el ego, y tu Yo infinito; ese Yo que es inseparable de la Fuente. Del mismo modo que una toma de corriente te sirve de intermediario entre el enchufe del electrodoméstico que quieres conectar a la red eléctrica y la central eléctrica, tu Espíritu es tu intermediario entre los niveles infinitamente superiores de la energía-Fuente, la Inteligencia Divina y, por supuesto, del Mundo Sencillo.


Siempre en el Mundo Sencillo

Tu Espíritu siempre está activo en el Mundo Sencillo. Reside allí y nunca se marcha. Jamás cae en la tentación de salir del Mundo Sencillo, ni del Diseño para la Armonía: nunca. Hasta cuando estás en el Mundo Complicado, tu Espíritu está firmemente establecido en el Mundo Sencillo.

Aunque tú puedas ser «inconsciente» y regresar al Mundo Complicado, puedes estar seguro de que tu Espíritu nunca lo hace. Siempre está perfectamente sintonizado con el Diseño para la Armonía orquestando los acontecimientos para promover tu mayor bienestar. Esto sucede aunque no seas consciente de ello y no sientas ninguna conexión con tu Espíritu.

Nunca estás realmente separado de tu Espíritu, pero puedes trasladarte vibratoriamente a un espacio donde no eres consciente de él. Puedes ser polarizado hacia otras influencias, de modo que la inteligencia de tu Espíritu no guiará tu experiencia; cuando pasa esto es que estás en el Mundo Complicado.

Cuando dejas que tu Espíritu lleve el timón, te mantienes en el Mundo Sencillo, y cuando no lo permites, estás en el Mundo Complicado. Eres libre de ponerte al amparo de tu Espíritu y dejarte guiar por él o de no hacerlo, y, por lo tanto, de estar al amparo del Mundo Sencillo o de no estarlo.

Cuando invocas el Mundo Sencillo, te relajas y te permites sintonizar con él, te estás permitiendo reunirte con tu Espíritu. Del mismo modo que el Mundo Sencillo es tu «realidad por defecto», a la que siempre vuelves cuando te relajas y dejas de oponer resistencia a su poderosa atracción magnética, tu Espíritu siempre está allí, esperándote con los brazos abiertos para acogerte cuando tú se lo permitas.
¿Quién prefieres que dirija tu vida?

Al final eres tú quien elige si va a ser tu Espíritu, la encarnación del Amor e inductor de toda dicha, o tu yo miedoso, el sembrador del sufrimiento e hincha del Mundo Complicado, el que decida tu experiencia.

Tu Espíritu, un mago en el sentido más exacto y elevado de la palabra, tiene el poder de organizar los acontecimientos y situaciones a favor de tu máximo bienestar, y del máximo bienestar de todos. Tu Espíritu sabe todo lo que necesitas, y facilita que llegue hasta ti. Tu Espíritu siempre te resuelve las cosas a la perfección en el Mundo Sencillo. Bueno, entran ganas de dejarse guiar por él, ¿no te parece?

Créeme cuando te digo que honrar a tu Espíritu como tu guía no es una práctica mística un tanto etérea: ¡es sumamente práctica! ¿Prefieres que lleve el timón de tu vida una faceta limitada de tu mente humana miedosa, no muy brillante y que basa su agenda de cortas miras en algo que no es lo más correcto y armonioso para ti, en una faceta que medra mientras pueda mantenerte en el Mundo Complicado? ¿O prefieres confiar en tu Espíritu ilimitado, divino, omnisciente y que todo lo ve, cuya prioridad son tus más altas posibilidades de bienestar y felicidad?

Otra gran ventaja de permitir que tu Espíritu esté al mando es que, puesto que es el intermediario entre el Diseño para la Armonía y el Espíritu de todos los otros seres, el perfecto desarrollo de los acontecimientos que orquesta para ti siempre está exactamente sintonizado para garantizar las más altas posibilidades para todos y para todo. ¡Ésa es la belleza de permitir que una inteligencia omnisciente y omnipotente lleve el timón!

Cerciorarte de que el mando a distancia está en manos de tu Espíritu te garantiza que vivirás en el Mundo Sencillo en armonía y felicidad. Cuanto más conscientemente sintonizas con tu Espíritu, más moras de forma natural en el Mundo Sencillo. Cuando honras a tu Espíritu como la estrella que guía tu vida, confías en que siempre estará organizando las cosas para favorecer tu bienestar y felicidad, y deliberadamente eliges que se haga cargo de tu realidad y experiencia, le das poderes al Mundo Sencillo para que sea tu realidad preferida.
Cómo me enamoré de mi Espíritu

Ha habido momentos en mi vida en que me he encontrado en tal estado de desarmonía, tan inmersa en el Mundo Complicado y sintiéndome tan indefensa, que no he tenido más opción que sacar mis manos del timón y decir: «¡Llévalo !» Y entonces todo ha empezado a funcionar de maravilla. Incluso hasta de forma mágica. He afrontado las situaciones difíciles de las dos formas, y he de decir que me da mucha más fuerza estar en comunión consciente con mi Espíritu, confiando en que no he de ser yo, en mi aspecto de la personalidad limitada, quien tome el mando; además, ¡me va mucho mejor cuando no lo hago!

He estado confiando en mi Espíritu con resultados asombrosos durante bastante tiempo. Hasta mi yo miedoso, que sólo confía en lo evidente, ha de admitir a desgana que las cosas siempre funcionan cuando confío en Él; aunque sigue resistiéndose, no puede negar que es cierto.

La primera vez que experimenté el poder de entregar un problema a mi Espíritu fue en 1982; se trataba de una situación extraordinariamente difícil. Estaba en el extranjero, dando clases de arte en una escuela internacional de Japón, lejos de familiares y amigos de Carolina del Norte, donde nací, y tuve que enfrentarme al reto de mi vida: me diagnosticaron una enfermedad autoinmune crónica, incurable médicamente, debilitante y sumamente dolorosa.

Me había llegado de imprevisto, y rápidamente empezó a cobrar su peaje. A los pocos meses del diagnóstico me di cuenta de que me había vuelto adicta físicamente a uno de los fármacos que me habían prescrito —un corticoesteroide—, y eso era tan perjudicial como la propia enfermedad. Ya me estaba causando problemas.

Aunque al principio pasé la fase de negación, al no querer enfrentarme al futuro poco alentador que me había descrito mi médico, de pronto me sentí impulsada a aprender todo lo que pudiera sobre la enfermedad y ese medicamento. Lo que me auguraba el futuro era bastante funesto. Entonces me propuse eliminar los esteroides, y visité a varios especialistas en busca de una solución. Hasta mi estancia de una semana en la clínica de un famoso especialista que hizo todo lo posible para que me desenganchara rápidamente de ellos fue un fracaso.

La primera información que me dio algo de esperanza fue un libro que me envió un amigo desde mi tierra. Me emocioné al leer que, a pesar de los fracasos de la medicina moderna para tratar dicha enfermedad, la visión holística que ofrecía ese libro había producido grandes resultados. El libro hizo que todo en mí gritara «¡SÍ!» cuando hablaba del poder innato que hay en nuestro interior para sanar, siempre y cuando se eliminen los impedimentos. Me pareció una de las mayores verdades. La medicación tóxica que tomaba estaba clasificada como uno de los impedimentos, y el libro confirmó mi intuición de que estaba empeorando las cosas.

Experimenté un entusiasmo que era como si hubieran aplazado mi sentencia a la horca. Sabía que encontraría la manera de seguir este programa. Dejaría la medicación y saldría de la pesadilla que estaba viviendo. Entonces, mis grandes esperanzas se fueron al traste en un segundo cuando leí que la única excepción para que ese programa funcionase era haber tomado corticoesteroides —justo el medicamento que estaba tomando y que tanto esfuerzo me costaba dejar— durante bastante tiempo. Había estado tomándolo a dosis altas durante siete meses.

Fue como si me hubieran dado un bofetón. Nada de lo que los denominados expertos me habían ofrecido me había ayudado; de hecho, había empeorado mi enfermedad. En aquellos tiempos no había ningún medicamento o protocolo de medicina alopática para esta dolencia que yo no hubiera probado y, sin embargo, mi salud seguía deteriorándose.

Si la visión holística del problema me estaba vedada, ¿qué iba a hacer? Me había quedado sin opciones. Los médicos me pronosticaron que me enfrentaba a una incapacitación total, y que, al ritmo que avanzaba mi enfermedad, eso sucedería más bien pronto que tarde. Y las cosas ya estaban bastante mal en aquellos momentos.

Estaba desesperada, que ahora sé que es una situación muy poderosa, pero al mismo tiempo también me parecía el estado más debilitador posible. Tras haber agotado todas las vías convencionales, y saber que la única alternativa real estaba fuera de mi alcance, sentía lo que para mí era un sentimiento muy nuevo: máxima desesperación.

Siempre había conseguido superar satisfactoriamente los retos. Estaba orgullosa de mi habilidad para profundizar y salir victoriosa de cualquier situación difícil, y estaba convencida de que podría afrontar cualquier reto que me pusiera la vida. Pero esto era diferente. Después de hacer todo lo humanamente posible, había llegado a un punto muerto. De pronto, todo mi futuro —y mi presente— pendía de un hilo y no veía ningún medio de salvación.

Pero había un lugar donde todavía no había indagado.

A medida que la futilidad de la situación iba haciendo mella en mí, mi temor y mi frustración se convirtieron en ira, y empecé a gritar por la injusticia de lo que me estaba pasando. El grito se convirtió en llanto, y los sonoros sollozos en gemidos. Cuando mi energía se disipó, el gemido se convirtió en lamento, y fue entonces cuando sucedió.

Una vocecita de niña que venía de algún lugar dentro de mí dijo: «Ayúdame».

«Ayúdame, ayúdame, ayúdame, ayúdame», gritaba la vocecita insistentemente, como si estuviera segura de que alguien iba a acudir a rescatarla, aunque no hubiera ningún otro ser humano que pudiera oírla. Cuando se desvanecieron las súplicas, con ellas también se fue toda la energía residual del miedo, y lo que quedó fue impresionante: una paz que supera todo entendimiento. Aunque externamente no había cambiado nada en mi situación, todo era totalmente distinto.

Era como si hubiera salido el sol e iluminara todo el cielo tras días de nubarrones. Me sentía increíblemente bien. Todavía no tenía ninguna solución, ni ningún plan nuevo. Pero estaba extrañamente en paz, y no temía lo que iba a venir; de hecho, tenía una extraña sensación de bienestar para ser alguien que no tenía ni la menor idea de cómo iba a resolver sus problemas y que pensaba que estaba condenada a vivir un infierno. Me fui a la cama y creo que dormí más profundamente que…, bueno, que nunca.

A la mañana siguiente todavía me sentía de maravilla; antes de ir a la escuela de arte, saqué todas las medicinas que todavía estaba tomando. Y cuando me disponía a tomarme otra dosis de lo que ahora consideraba veneno —pero veneno necesario hasta que encontrara otra alternativa—, dije algo parecido a una oración: «¡Por favor, enséñame a proteger mi cuerpo de estos medicamentos tóxicos hasta que encuentre la manera de dejarlos!»

Esa tarde, cuando me presenté a mi guardia en el aula del profesor de biología, con quien compartía la labor de consejera para el anuario del colegio, los alumnos que participaban en él me rodearon y me pidieron permiso para salir a hacer fotos, conseguir la aprobación del diseño de las páginas y atender otros asuntos relacionados con el anuario.

Mientras les estaba escuchando, mi atención se desvió a un libro que había en el otro extremo de la larga mesa de laboratorio donde yo estaba atendiéndoles. Aunque no tenía ni idea de qué se trataba, sentía que ese gran tomo de color oscuro me llamaba, que era como un poderoso imán que me atraía.

En cuanto atendí las peticiones de los alumnos, fui enseguida a ver de qué se trataba. Se llamaba The Encyclopedia of Common Diseases [Enciclopedia de enfermedades comunes]. Curiosamente, era del mismo autor del libro que me había enviado mi amigo: el que me había dado tantas esperanzas, y que también me las había quitado.

Cogí el libro intrigada y lo abrí al azar. Lo fui a abrir justo donde hablaba de mi enfermedad. Giré un par de páginas y se me erizaron los pelos de los brazos. En blanco y negro había una sección dedicada a los alimentos recomendados para paliar los efectos de los medicamentos que se suelen recetar para la enfermedad. ¡Mencionaba todos los que yo tomaba! Me quedé anonadada e incrédula al mismo tiempo.

Llamé a mi compañero, en cuya aula me encontraba en aquellos momentos, y le pregunté: «¿De dónde ha salido este libro?»

«De la biblioteca de la escuela; lo he ojeado hoy después de comer y me ha parecido interesante. Si quieres, puedes llevártelo. En realidad, no sé por qué lo he sacado, puesto que no doy la asignatura del cuerpo humano hasta el próximo semestre.»

¡Yo sí sabía por qué! Era la respuesta a mi súplica de la mañana. La lista de suplementos nutricionales para proteger mi cuerpo de la medicación era claramente la respuesta a mi plegaria espontánea. No sólo eso, sino que sabía que el libro y el sentimiento de que algo estaba cuidando milagrosamente de mí, era la respuesta a mis llantos de socorro de la noche anterior.

Sin acabar de entender lo que estaba haciendo, había abandonado mi carga y me había permitido serenarme y pedirle ayuda a mi Espíritu; ¡ahora la estaba recibiendo, en un tiempo récord y de una forma asombrosa! No había error entre lo que había pedido y lo que había recibido.

Entonces supe que me había trasladado a una nueva realidad, aunque no sabía cómo llamarla. Ahora la denomino Mundo Sencillo; en aquel entonces simplemente sabía que era una forma diferente de existir, en la que pedías lo que necesitabas y se te concedía al instante y con absoluta facilidad. ¡El sitio de los milagros!

Los milagros no terminaron aquí. Seguí entregándome a mi Espíritu, y en cuestión de unos pocos meses, mi guía personal del Mundo Sencillo había previsto que dejara de tomar los medicamentos, me había devuelto la salud y me había guiado hacia una extraordinaria experiencia de conciencia cósmica. La esencia de lo que estás leyendo en este libro y de mi primer libro Recreating Eden [El Edén recreado] surgió de esta experiencia. Y todo vino a raíz de entregarme a mi Espíritu y de dejar que él fuera mi única guía.
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