Olvida las complicaciones y entra en el maravilloso mundo donde todo es fácil






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Simplemente di no al Mundo Complicado diciendo al Mundo Sencillo

Una de mis experiencias personales favoritas del Mundo Sencillo hasta la fecha ilustra cómo el Mundo Sencillo organiza magistralmente las cosas para favorecer nuestro bienestar y felicidad, incluso cuando las pruebas parezcan indicar lo contrario. La cuestión es que, a pesar de que continuamente se nos invita a salir del Mundo Sencillo, siempre tenemos la opción de rechazar la invitación.

En el mes de septiembre de 2007, Rick y yo, con nuestros dos teckel, nos dirigíamos al lago Michigan desde nuestra casa de Denver. (Este viaje es anterior al que he mencionado en el capítulo 2.) Estábamos deseando pasar dos semanas en la maravillosa y antigua casa de campo de estilo victoriano de mi hermana, situada tan sólo a una docena de pasos de la orilla del lago. Mi anciano padre, al que veo sólo un par de veces al año, estaba en otra de las casas de la familia, y también tenía muchas ganas de pasar un tiempo con él. ¡Estábamos entusiasmados con nuestro viaje!

Íbamos en nuestra fiable furgoneta Honda de bajo consumo, que habíamos hecho revisar a fondo por nuestro mecánico de confianza, la semana antes de partir. Invocamos el Mundo Sencillo y partimos con el ánimo bien alto, esperando encontrar sólo vientos favorables en nuestro camino. Eso es lo que experimentamos hasta estar a unos cuarenta y cinco minutos de la habitación que había reservado para nuestra primera noche de camino en una pequeña ciudad, Atlantic, en el estado de Iowa, en un hotel barato donde aceptaban perros.

Allí nos encontramos con una descomunal y violenta tormenta cuyos rayos iluminaban el campo como si fuera de día. Como ya recordarás por la historia que te he contado en el capítulo anterior, las tormentas eléctricas —especialmente en la carretera y cuando llueve a mares— son para mí una vía directa hacia el Mundo Complicado.

Aunque sentía la llamada, me aseguré de sintonizar con el Mundo Sencillo y procuré conservar la calma y relajarme. Conduciendo despacio y con muchísimo cuidado, pudimos llegar al hotel sin incidentes, incluso bajo esa lluvia torrencial. En cuanto llegamos, las compuertas de los cielos se abrieron de par en par y cayó un diluvio como nunca habíamos visto antes ninguno de los dos.

Afortunadamente, habíamos pasado el día en el Mundo Sencillo, donde prestar atención a tu intuición es algo natural. Sin darnos cuenta de que iba a ser nuestra última oportunidad de sacar a pasear a los perros y llenar el depósito sin empaparnos, nos habíamos detenido en una gasolinera justo antes de que cayera el grueso de la tormenta. Cuando llegamos al hotel en medio del diluvio, el verdadero reto era sacar sólo las cosas que necesitábamos.

Mientras yo me instalaba en la habitación del hotel con los perros, Rick, valientemente y sin rechistar, fue sacando las cosas bajo la lluvia. Aunque se quedó empapado, no estaba enfadado; él también estaba en el Mundo Sencillo.

La tormenta había frustrado nuestros planes de ir a cenar a la ciudad, pero afortunadamente en el hotel tenían pizzas congeladas para vender y medios para hornearlas. Nos quedamos asombrados de lo buena que nos supo esa pizza; parecía que nos la hubieran traído del cielo. (Ya te he dicho que el Mundo Sencillo es mágico: cuando estás dentro, hasta la pizza barata te parece una maravilla.) Y la lluvia siguió cayendo; la tormenta parecía haberse afincado en Atlantic.

Nuestra habitación tenía servicio de conexión a Internet mediante wifi, y como llevábamos nuestros ordenadores portátiles, me puse a mirar las previsiones meteorológicas, y descubrí que efectivamente la tormenta se había afincado sobre la pequeña ciudad, y que estaba descargando una cantidad de agua récord en muy poco tiempo. La autopista por la que habíamos llegado estaba ahora medio inundada y ya no se podía pasar. Fue estupendo llegar a tiempo. Habíamos estado bromeando respecto a que un lugar en medio de Iowa y lejos de cualquier espacio acuático importante tuviera el nombre de un océano: ¡ahora entendíamos el por qué!

Al mirar la previsión del tiempo, el pronóstico para el día siguiente no era nada alentador, ya que la tormenta que nos había acompañado hasta Atlantic tomaba la misma dirección que nosotros hacia el este; incluso se preveía que giraría hacia el norte y subiría hasta la orilla oriental del lago Michigan, justamente la ruta que íbamos a hacer al día siguiente.

Tomando en cuenta su velocidad, volveríamos a encontrarnos con ella a la hora de comer, y lo más probable es que tuviéramos que conducir con lluvia el resto del trayecto. Empezó a entrarme pánico. Conducir con lluvia no encajaba en el escenario del Mundo Sencillo que yo había planificado. En absoluto.

Tenía tantas ganas de llegar a la casa al día siguiente por la noche como de no viajar con lluvia. Parecía una situación imposible, de esas que sabía que no podía resolver o controlar en el plano de mi conciencia ordinaria. Sólo una inteligencia superior podía coordinar semejantes intenciones tan opuestas.

Así que dije: «Mira. Esto no va a funcionar. No vamos a conducir todo el día con tormenta, pero llegaremos a la casa de campo mañana por la noche. ¡Dejo que el Mundo Sencillo se encargue de esto!» Luego añadí las palabras mágicas del MS: «Elijo vivir en el Mundo Sencillo, donde todo es fácil». Al momento sentí una gran paz y me quedé dormida, convencida de que el problema se resolvería en el Mundo Sencillo.

Cuando nos despertamos a la mañana siguiente, hacía un día hermoso y soleado, los únicos indicios de la tormenta eran unos charcos en el parking del hotel y el vapor que salía de la autopista. Recogí las cosas y saqué a los perros mientras Rick cargaba el coche; estábamos siguiendo el horario que habíamos previsto.

Tomamos café y unas pequeñas magdalenas en la habitación con la intención de hacer una parada para desayunar en serio. 

Estábamos a unos 160 kilómetros de la encantadora y pequeña ciudad de Newton, Iowa, donde ya habíamos estado en otras ocasiones y sabíamos que podíamos desayunar a nuestro gusto. Rick se fue a recoger lo que quedaba en la habitación para llevarlo a la furgoneta y yo estaba lista para partir después de echar el último vistazo a la habitación.

Pero nuestra marcha se iba a retrasar: la furgoneta no arrancaba. Afortunadamente, todavía no habíamos dejado la llave y nos quedaban algunas horas para dejar la habitación, de modo que volvimos a entrar y llamamos al AAA (Automobile Association of America). No dejamos que este incidente nos afectara. Era evidente que estaban velando por nosotros. Me refiero a que si vas a tener un problema con el coche en la carretera, ¡mejor tenerlo en un lugar cómodo donde esperar! (El Mundo Sencillo sin duda alguna.)

El AAA enseguida nos envió a alguien y nuestro tiempo de espera se redujo a veinte cómodos minutos, relajándonos en la cama y mirando la televisión. El mecánico que nos mandó el AAA nos dijo que probablemente el agua que había caído por la noche habría provocado algún fallo en la batería; se limitó a ayudarnos a arrancar la furgoneta y nos aseguró que ésta se cargaría durante el trayecto. Así que partimos hacia Newton y nuestro desayuno.

Cuando salimos de la carretera interestatal y nos adentramos unos kilómetros hacia el centro de Newton, tuvimos la desagradable sorpresa de comprobar que el restaurante donde habíamos desayunado otras veces había cambiado de dueños y ya no servía desayunos. De todos modos decidimos parar aunque no fuera para comer, sino para estirarnos y dejar que los perros hicieran sus necesidades. Detrás de unos edificios comerciales descubrimos un lugar ideal con sombra donde había un gran espacio verde al lado de un bosquecillo, perfecto para que pasearan los perros en una mañana de verano.

Llegamos hasta la parte posterior de uno de esos edificios y aparcamos, sacamos a los perros para que pasearan y volvimos a la furgoneta. Rick giró la llave del contacto y… nada. Así que volvimos a llamar al AAA y nos dijeron que enseguida nos mandaban la grúa. Nos preguntaron nuestra situación, de la cual no estábamos muy seguros; tuve que salir del coche y dar la vuelta al edificio para poder indicárselo con exactitud. Casi me caigo al suelo de la risa cuando vi de qué negocio se trataba. ¡En nuestra búsqueda del lugar idóneo para pasear con los perros habíamos aparcado sin darnos cuenta delante de una tienda de recambios de coche!

Mientras esperábamos la ayuda, le sugerí a Rick que podía entrar en la tienda para mirar baterías. Mientras él se fue a hacer lo que le había dicho, yo me quedé sentada a la sombra dentro del coche con los perros, leyendo una revista. Rick regresó con una batería nueva, contándome su encantador encuentro propio de cuento de hadas con los empleados de la tienda. Era evidente que estábamos en el Mundo Sencillo. ¿Qué mejor sitio para aparcar en una situación como la nuestra?

Cuando por fin llegó el servicio de asistencia en carretera, tras una hora de espera, Rick, que es un mago de la informática, pero no especialmente hábil en lo que a vehículos se refiere, le ofreció al mecánico quince dólares (todo el efectivo del que disponíamos en ese momento) para que nos cambiara la batería y éste aceptó de buen grado. Pronto estuvimos de nuevo en ruta y muy agradecidos. Aunque estábamos un poco contrariados por tantos retrasos, habíamos permanecido tranquilos y centrados en el Mundo Sencillo y no nos habíamos permitido caer en la tentación del Mundo Complicado, a pesar de sus múltiples invitaciones.

No tuvimos más incidentes durante el resto del viaje. Nuestra batería nueva funcionaba de maravilla y llegamos en un tiempo récord. ¡Realmente en un tiempo récord! Cuando llamé a mi padre para decirle que estábamos en la región este de Iowa, era alrededor de las primeras horas de la tarde. Con todo lo que nos quedaba por delante, y teniendo en cuenta los congestionados cinturones alrededor de Chicago en hora punta, él nos suplicó que pasáramos la noche en algún hotel de carretera. Estaba seguro de que volveríamos a encontrarnos con la tormenta en cualquier momento y que llegaríamos muy tarde.

Pero curiosamente no nos encontramos con la tormenta. Cada vez que nos parábamos para comer, repostar o sacar a los perros, veíamos charcos, y de vez en cuando teníamos que poner los limpiaparabrisas para limpiar las gotitas de los restos de la tormenta que parecía que estuviéramos persiguiendo sin llegar a alcanzarla, pero eso fue la única prueba de ella. El cielo estuvo nublado la mayor parte del tiempo, lo que fue una ventaja, ya que así no se calentaba la furgoneta y viajamos más cómodos que si nos hubiera estado dando el sol.

Nos divertimos escuchando los cedés de Garrison Keillor que Rick había sacado de la biblioteca, y, en general, todo fue armonía y felicidad. Y aunque llegamos a la ciudad de Chicago a una hora punta un viernes por la tarde, curiosamente pudimos atravesarla sin demasiada dificultad, y antes de darnos cuenta ya estábamos al otro lado.

Hicimos el trayecto entre Chicago y la casa sin darnos cuenta, y llegamos poco después de que se hubiera puesto el sol, y justo después de que hubiera pasado la tormenta. Cuando llamé a mi padre para decirle que ya habíamos llegado, no se podía creer que hubiéramos recorrido semejante distancia en tan poco tiempo.

Habíamos conseguido permanecer en el Mundo Sencillo —permitiendo que las cosas fueran sucediendo—, en lugar de aferrarnos a la idea de que todo iba mal. Gracias a ello, todo se puso de forma que tuviéramos un viaje fácil, divertido, seguro y sin mal tiempo. Si no nos hubiéramos retrasado al salir del hotel, y luego otra vez en Newton, habríamos conducido bajo la tormenta la mayor parte del día.

Nuestra poderosa intención de llegar a nuestro destino esa tarde, mi insistencia en conducir en buenas condiciones, nuestra invocación del Mundo Sencillo, mi fe en él para organizar las cosas, más nuestro continuo agradecimiento, nos habían salvado el día. A pesar de todos los retrasos, ¡milagrosamente habíamos llegado a la casa de campo a la hora que teníamos previsto antes de que se nos hubiera presentado alguno de los «obstáculos»! Fue casi inquietante, como si de algún modo hubiéramos entrado y salido del tiempo. El Mundo Sencillo es un lugar mágico.

Por supuesto, todo habría sido muy distinto si nos hubiéramos permitido elegir el Mundo Complicado cuando todo parecía ponerse en nuestra contra. Creo que no me hace falta decirte lo estresante que habría sido nuestro viaje de no haber tenido fe en el Mundo Sencillo. Si nos hubiéramos ceñido a las apariencias y caído en el Mundo Complicado, no habría sido una historia sobre la magia del Mundo Sencillo, sino sobre lo angustioso y desagradable que es el Mundo Complicado.

El Mundo Sencillo siempre está favoreciendo nuestras mejores posibilidades de bienestar, aunque los hechos parezcan presagiar lo contrario. Puedes confiar en él. Pase lo que pase, ten fe en él, confía en el proceso y relájate. En lugar de escoger el Mundo Complicado por miedo y dudas, sigue eligiendo el Mundo Sencillo cualquiera que sea tu situación, ¡y cosecharás los frutos del increíble poder que tiene el Mundo Sencillo para resolver problemas!
El canal del Mundo Sencillo

¡Lo creas o no, has elegido el Mundo Complicado muchas veces cuando podías haber elegido el Mundo Sencillo! ¿No te entran ganas de darte una palmadita en la frente y decir: «¡Vaya, si podía haber elegido el Mundo Sencillo!»?

Pero el hecho de que habitualmente elijamos salir del Mundo Sencillo y entrar en el Mundo Complicado a través de las decisiones que tomamos en nuestra vida, que hacen que nos concentremos y experimentemos el Mundo Complicado, no significa que el Mundo Sencillo esté menos disponible y accesible para nosotros. Actúa y ha actuado siempre en nuestro nombre.

El Mundo Sencillo se mantiene firme con su mismo poder imponente que tuvo en un principio. Sigue proporcionando la poderosa matriz de la armonía y de ausencia de esfuerzo, donde las fuerzas universales se unen para actuar en tu nombre y favorecer tu bienestar. Y el Mundo Sencillo siempre está a nuestra disposición, siempre echándonos su aliento por detrás. Siempre. ¿Saber esto te hace tanta ilusión como a mí?

En el Mundo Sencillo las cosas funcionan (y siempre han funcionado así) a la perfección y con facilidad, tanto si somos conscientes de ello como si no. Pero has de estar en la realidad MS para sentir la perfección de su obra maestra.

El Mundo Sencillo es una realidad totalmente distinta, y lo que ocurre en su interior no se puede percibir desde el Mundo Complicado. Cuando estás en el Mundo Sencillo, no importa lo que suceda en el Mundo Complicado porque en el Mundo Sencillo está sucediendo algo completamente diferente.

Es como si fueran dos canales de televisión que emiten a distintas frecuencias. No puedes ver lo que está sucediendo en el 1 si has sintonizado el 2[3]  (indiscutiblemente, el Mundo Sencillo es el 1), y viceversa. Para entender mejor esto, imaginemos que estás mirando la televisión y que en un canal están dando lucha libre y en otro un programa sobre la naturaleza. Si estás viendo la lucha libre, no puedes ver lo que dan en el programa sobre la naturaleza.

Sencillamente, no puedes experimentar la armonía y el esplendor del Mundo Sencillo si has elegido el canal del Mundo Complicado. De modo que aunque todo vaya a la perfección en tu MS, si has elegido el MC, no experimentarás la perfección.

Si te ves arrastrado al Mundo Complicado por actividades mentales que se basan en el miedo, como la preocupación, intentar controlar, criticar o sentirte decepcionado por el rumbo que toman las cosas, etcétera, te has equivocado de realidad para experimentar la armoniosa manifestación de tu deseo. Para hallar facilidad y armonía has de sintonizar el Mundo Sencillo.

Puedes entrar y salir del Mundo Sencillo dándole a un interruptor mental, del mismo modo que puedes cambiar de un canal a otro en la televisión apretando unos botoncitos en el mando a distancia. Pero ¿por qué abandonarías el Mundo Sencillo? Bueno, seguir en el canal del Mundo Sencillo sería facilísimo si no hubiera un aspecto de tu ser que prefiere claramente el Canal 2. Pronto lo veremos.
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