Olvida las complicaciones y entra en el maravilloso mundo donde todo es fácil






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fecha de publicación24.02.2016
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Despertar a un mundo completamente nuevo

Cuando me desperté a media mañana y me fui a mi mesa de despacho, ya me había olvidado del Mundo Sencillo. No obstante, tenía correos electrónicos y llamadas de varios profesionales para cada uno de los trabajos que necesitaba que me hicieran. Aunque yo me había olvidado del Mundo Sencillo, éste, aparentemente, no se había olvidado de mí. Todo fue encajando con una facilidad sin precedentes en mi vida, y era evidente que estaba pasando algo distinto.

No tuve que dar muchas vueltas para encontrar personas dispuestas a hacer el trabajo: ¡tenía un montón de personas esperando! Nos reunimos con el primer constructor que se había puesto en contacto con nosotros para hacer el trabajo de hormigón, y no sólo nos sentimos muy a gusto con él, sino que estaba dispuesto a empezar de inmediato. Y aunque había respondido a nuestra petición para el trabajo de hormigón, era contratista de obras.

Salvo por la instalación eléctrica, su equipo hizo todos los pasos que necesitábamos, incluida la carpintería. Pero quizá lo más sorprendente es que tenían tantas ganas de empezar que, para agilizar las cosas, el contratista me ofreció voluntariamente a sus chicos para que me ayudaran a sacar los trastos del garaje —casi nada, con todos los libros que había que trasladar al sótano— sin coste alguno, ¡sólo para poder empezar su trabajo! El primer día vaciaron el garaje en treinta minutos y apenas derramaron una gota de sudor.

¿Mundo Sencillo? ¡Empezaba a entenderlo!

Mientras estaba hablando por teléfono con el administrador de mi sitio web, el Mundo Sencillo volvió a obrar su magia. Le pedí que añadiera algo un poco especial. No sabía muy bien cómo hacerlo, pude captar que preveía que iba a ser difícil, así que le hablé del Mundo Sencillo y le invité a entrar.

Cuando terminé de hablar, se produjo un silencio absoluto. Pensé que no me había estado escuchando o que se le había ido de la cabeza lo que le había dicho. Pero a los pocos segundos me respondió con cierta incredulidad: «¿Qué te parece? ¡Ya sé lo que podemos escribir, se me acaba de ocurrir! ¿Te ha parecido lo bastante fácil?» Había aceptado mi invitación al Mundo Sencillo. Estaba emocionada. Me encantó descubrir que no era algo con lo que sólo yo podía sintonizar.

Esa tarde a la hora punta fui a mi tienda de comestibles favorita, situada en una vía pública principal con mucho tráfico. A la salida del parking hay una señal de «prohibido girar a la izquierda», y ésa es justamente la dirección que he de tomar para dirigirme a mi casa desde allí. Normalmente salgo del parking girando a la derecha, tomo la primera calle a la derecha, que es muy empinada, luego vuelvo a girar a la derecha, luego tomo una calle secundaria para llegar a la vía principal, y ahí giro a la izquierda para ir a mi casa. Parece complicado, pero normalmente no supone demasiado problema.

Ese año el invierno había sido especialmente duro en Denver, y todavía no habían limpiado muchas de las calles secundarias después 

de las múltiples nevadas, lo que hacía que hubiera muchos surcos y hielo. Había nevado la noche anterior, así que sabía que la ruta por la empinada calle para dar la vuelta a la manzana no iba a ser fácil. Me di cuenta de que empezaba a preocuparme e inmediatamente me detuve. Me dije: «Elijo vivir en el Mundo Sencillo donde todo es fácil. ¡Llegar a casa va a ser pan comido!»

Una vez dentro de la tienda, la compra me resultó agradable y fácil. Cuando ya me marchaba, el importe total de mi compra ascendía a 88,88 dólares. Me encantan los números maestros[2] y me tomé esto como un pequeño guiño del Espíritu. Salí de la tienda con la idea de encontrar una ruta alternativa entre el tráfico y las calles heladas. Pero cuando salía del parking miré a ambos lados, ¡y no había ni un solo coche a la vista! A las 17.30 horas en una avenida de siete carriles de una gran área metropolitana, generalmente abarrotada en hora punta, no había tráfico.

Esto era una experiencia sin precedentes, y sin duda alguna, de otro mundo. ¡Era evidente que estaba en otro mundo! Así que hice lo que me imagino que haría cualquier persona ante semejante ocasión, a pesar de que en el Mundo Complicado se desapruebe (aunque no sea ilegal): giré a la izquierda con la aprobación del Mundo Sencillo y llegué a casa en un tiempo récord sin ningún tipo de problema.

Empezaba a sentirme como en casa en el Mundo Sencillo.
Una solución universal para todos los problemas

Empecé a darme cuenta de que cada vez que recordaba invocar el Mundo Sencillo en los días y semanas siguientes, éste funcionaba para todo, y que lo ideal era vivir siempre en ese espacio. Pero el hábito del Mundo Complicado estaba muy arraigado y tenía que seguir recordándome elegir el Mundo Sencillo cada vez que reconocía que había vuelto a abandonarlo, lo cual era bastante frecuente.

Por frustrante que fuera cada vez darme cuenta de que había vuelto al Mundo Complicado, ¡me sentía agradecida porque al menos ahora tenía una opción! A medida que me iba ejercitando en esta práctica, ¡mi experiencia general de la vida empezó a ser más armoniosa, alegre, y… fácil!

Todo aquello que antes parecía estar estancado empezaba a moverse. Mi creatividad aumentó considerablemente, y cuando recordaba invocar el Mundo Sencillo, me deleitaba en lo que escribía, en la enseñanza y en otros proyectos creativos, en lugar de estar bregando con ellos, también observé que influían más en los demás. Parecía que al relajarme y preocuparme menos liberaba mucha más energía. Y he de confesar que preocuparme es uno de mis hábitos.

Un día, mis dos queridas hijastras menores estaban con nosotros, al poco de haber vuelto a descubrir el Mundo Sencillo y experimentar su magia para organizar las cosas de manera que todo fuera fácil, alegre y despreocupado. La menor de las dos, Claire, que todavía no conducía, se había marchado a hacer una actividad del instituto, y la otra, Wendy, que hacía menos de un año que tenía el permiso, estaba conmigo en casa.

Claire tenía que llamar cuando necesitara que fuéramos a recogerla, y puesto que Wendy sobre esa hora ya estaría volviendo a casa de su madre, donde vivían las dos, me había dicho que pasaría a buscar a Claire y que regresarían juntas a su casa, así Rick no tendría que hacer un viaje especial.

Las carreteras todavía estaban muy heladas y a mí me preocupaba un poco que ella tuviera que conducir algo más de la corta distancia que había hasta su casa, pero se había criado en Colorado y le habían enseñado y tenía experiencia en conducir en circunstancias extremas, así que intenté recordarlo y relajarme. Me gustaría decir que estaba tranquila, pero eso sería exagerar.

Claire no llamó cuando dijo que iba a hacerlo, y me preocupé más. Por si fuera poco, al ver que Wendy se estaba durmiendo mientras esperaba, mi preocupación aumentó por enviar a una adolescente grogui a las heladas carreteras a recoger a su hermana.

Justo cuando estaba a punto de insistir en que Rick pasara por el instituto a recoger a Claire, me di cuenta de que estaba creando problemas de la nada y recordé el Mundo Sencillo. Me dije que tenía que tranquilizarme. «Elijo vivir en el Mundo Sencillo donde todo es fácil», repetí; enseguida me sentí mejor y me preparé para recibir la solución del MS.

A los pocos minutos sonó el teléfono y era Claire. «Por favor, dile a papá que no hace falta que venga a recogerme. Ha venido mamá y nos vamos a casa juntas.»

Mundo Sencillo.
¡Ahora te toca a ti elegir el Mundo Sencillo!

Desde organizar grandes proyectos y resolver problemas aparentemente imposibles hasta enfrentarme a las cosas más ordinarias y cotidianas, como temas de seguridad, preocupaciones en general y pequeños asuntos prácticos, tengo claro que todo se debe hacer desde el Mundo Sencillo. Y cada día me reafirmo en este hecho.

En el desarrollo de este libro irás descubriendo muchas más de mis experiencias en el Mundo Sencillo, y las de otras personas que también lo han redescubierto. ¡Espero que pronto puedas contar tus propias historias del Mundo Sencillo! Considérame como una de las relaciones públicas del Mundo Sencillo, que ha conectado con él para que tú también lo disfrutes.

La vida es increíble cuando la pasas en el Mundo Sencillo, y estoy deseando que tú también vuelvas a descubrirlo y experimentarlo. A medida que avanzas en tu recuerdo del Mundo Sencillo, piensa que éste te está esperando para que puedas vivir la vida de la forma que estaba diseñada en un principio: con tranquilidad y alegría.

Ahora que sabes lo que te está esperando, ¿te gustaría tener la llave del Mundo Sencillo? Estás de suerte. ¡Te diré dónde encontrarla en el próximo capítulo!
Elijo vivir en el Mundo Sencillo,
donde todo es fácil.
Mira cómo aparece la magia

Hay un elemento más en las acciones para acceder al Mundo Sencillo: «… ¡mira cómo aparece la magia!» Cuando estás en el Mundo Sencillo, ¡eso es justamente lo que estás en condición de hacer! Es la instrucción que normalmente encontrarás después de «Respira…, relájate…, permite…, disfruta…» Justamente, cuando estaba diseñando el sitio web del Mundo Sencillo, la misma inteligencia que me dijo que tenía que agregar las acciones a las instrucciones para acceder a él me lo reveló.

Esta línea en concreto desempeñó un papel esencial para que pudiera acceder al Mundo Sencillo en un momento en que realmente lo necesitaba, así que conozco su sencillo poder por experiencia propia.

Rick y yo nos dirigíamos a casa después de nuestras vacaciones anuales de final del verano en el lago Michigan cuando nos sorprendió una enorme tormenta eléctrica. (Sabrás más sobre nuestros viajes a Michigan. Siempre parecen ser muy propicios para aventuras que ponen a prueba nuestra estancia en el Mundo Sencillo, ¡y para las tormentas!) Llevábamos muchas horas conduciendo y queríamos llegar cuanto antes a Omaha, Nebraska, donde teníamos una reserva de hotel. Llegar allí significaba que al día siguiente el trayecto sería más corto (es un viaje de 2.250 kilómetros por trayecto desde nuestra casa de campo familiar en Michigan hasta nuestra casa de Denver, y lo hacemos en dos días). Íbamos a un hotel que no conocíamos, pero el precio era muy bueno y aceptaban animales domésticos. No hacía falta que fuera un palacio, nos contentábamos con que estuviera limpio y fuera cómodo.

Estábamos por el oeste de Iowa y ya había oscurecido, todavía nos quedaban casi doscientos kilómetros para llegar a Ohama, y observamos que se avecinaba una tormenta eléctrica justo en la dirección a la que nos dirigíamos. Cuanto más nos acercábamos, peor era la perspectiva que teníamos por delante. Era espectacular, con relámpagos gigantes que ocupaban todo el cielo. A veces parecían un ramillete, al producirse seis o más al mismo tiempo y en el mismo lugar. Nunca había visto nada semejante. Su luz iluminaba todo el paisaje, de sur a norte hasta donde nos alcanzaba la vista.

Aunque mi yo iluminado disfrutaba de la majestuosidad del espectáculo, mi cuerpo animal y mi yo miedoso especialista en angustiarse se estaban poniendo muy tensos a medida que nos adentrábamos en ella. No podía hacer nada para evitar imaginarme tornados, inundaciones y otros desastres naturales relacionados con las tormentas. Por si fuera poco, estábamos en una zona de obras donde los seis carriles se habían reducido a dos, uno en cada sentido; y para rematar la situación estaban flanqueados por unas gruesas vallas de obra, había camiones de gran tonelaje, llovía a mares y había poca visibilidad.

Invoqué el Mundo Sencillo y opté por intentar sentir gratitud y aprecio por la tormenta, por nuestra seguridad, etcétera, y eso me ayudó enormemente, pero ese instinto primario de supervivencia de mi cerebro seguía emitiendo la señal de peligro, y mi cuerpo se iba tensando por minutos. Aunque quería estar allí, no podía acceder al Mundo Sencillo. No paraba de repetir la invocación, pero no era suficiente.

Justo cuando empezaba a ponerme nerviosa de nuevo por el pánico y la resistencia que estaba ofreciendo, pasamos por delante de una elegante valla publicitaria (¡más parece un oxímoron!) donde había la foto de una mariposa que decía: «¡Mira cómo aparece la magia!»

¡Aluciné! ¡Allí, en plena zona rural de Iowa, encontré un lema digno del Mundo Sencillo! Más abajo, en letra pequeña ponía las fechas de la nueva exposición de mariposas del zoológico de Ohama. Para cualquier otra persona no hubiera sido más que un cartel promocional de la exposición, pero para mí fue claramente un mensaje del Mundo Sencillo para recordarme que no basta con decir las palabras para entrar en él, sino que también se necesitan las acciones.

¡Había opuesto tanta resistencia que me había olvidado de respirar, relajarme, permitir, disfrutar y observar cómo aparecía la magia! 

Tras ese pequeño codazo divino me centré en las acciones del Mundo Sencillo, y a medida que expulsaba el aire, expulsaba el estrés y permitía que la tormenta se despachara a gusto sin oponer resistencia, y así pude centrarme, tranquilizarme y emocionarme ante el espectáculo de luz más impresionante que había visto jamás. No sólo llegamos a Ohama sanos y salvos, sino que el hotel que nos estaba esperando era encantador, con unas prestaciones muy superiores a lo que correspondería a su precio. ¡Había regresado al Mundo Sencillo!
Cuándo hay que invocar el Mundo Sencillo

¿Cuándo hemos de elegir el Mundo Sencillo? Seguramente, podrás descubrirlo por ti mismo, pero por si acaso te voy a echar una mano: ¡invocas el Mundo Sencillo siempre que las cosas dejen de resultarte fáciles! O no sean armoniosas. Si todo es fácil y armonioso, estás en el Mundo Sencillo. Si las cosas se ponen feas o no puedes utilizar la palabra «armonía» para describir el estado en que te encuentras, es que no estás allí.

Estamos tan acostumbrados a que las cosas sean difíciles, que muchas veces nos encontramos en situaciones en las que «los árboles no nos dejan ver el bosque», y puede que no reconozcamos de inmediato las señales de que nos encontramos en el Mundo Complicado.

Si tienes un nudo en el estómago, no estás en el Mundo Sencillo. Si te duele la cabeza, no estás en el Mundo Sencillo. Si tienes ganas de gritarle a alguien, no estás en el Mundo Sencillo. Si tienes ganas de llorar pero te estás aguantando, no estás en el Mundo Sencillo.

Aquí tienes una lista de más indicativos de que no estás en el Mundo Sencillo. Si experimentas alguna de estas emociones, o si simplemente no eres feliz, significa que te encuentras en el Mundo Complicado. Cuando te das cuenta de que estás allí, ¡has de repetir la invocación del MS y poner inmediatamente en práctica sus acciones para regresar a él!


  • •Tensión

  • •Estrés

  • •Esfuerzo

  • •Ansiedad

  • •Impaciencia

  • •Presión

  • •Envidia

  • •Celos

  • •Confusión

  • •Preocupación

  • •Ira

  • •Desesperación

  • •Frustración

  • •Irritabilidad

  • •Exasperación

  • •Violencia al volante

  • •Resentimiento

  • •Malestar

  • •Pesimismo

  • •Impotencia

  • •Desesperanza

  • •Sentirse abrumado

  • •Dudas sobre el buen funcionamiento de las cosas

  • •Afán de controlar a las personas o las situaciones

  • •Cualquier tipo de resistencia

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