Segundo encuentro regional de monitoreo independiente






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SEGUNDO ENCUENTRO REGIONAL DE MONITOREO INDEPENDIENTE

EL SALVADOR, 31 DE OCTUBRE Y 1 DE NOVIEMRBE DE 2002.


Palabras de inauguración del encuentro.

Por José Benjamín Cuéllar.

Presidente GMIES
Hace casi siete años, cuando el proyecto del Grupo de Monitoreo Independiente de El Salvador - conocido como GMIES - comenzó, quienes participamos en él no imaginamos la dimensión de los retos por enfrentar ni el alcance de la tarea que deberíamos desarrollar.
En aquel momento pensamos que sólo éramos parte de un intento de solución novedosa a un conflicto laboral puntual, y que con nuestra contribución podríamos aportar algo al valioso esfuerzo colectivo por mejorar las condiciones de trabajo en las maquilas. Muy pronto descubrimos, con sorpresa, que la experiencia del GMIES se había convertido en motivo de comentario y hasta de escándalo, sobre todo fuera de El Salvador. Y no era para menos: Por primera vez, una marca de ropa pedía que organizaciones sociales de amplia trayectoria en la defensa y promoción de los derechos humanos, entraran a verificar en una de sus fábricas proveedoras, las condiciones de trabajo que en ella existían. Se estaba pues, incursionando en un espacio hasta entonces vedado. Ello era el resultado de algo que la historia de la humanidad nos enseña: los avances en materia de reconocimiento y respecto a los derechos humanos, sólo se logran mediante el esfuerzo y participación organizada de la gente.
En pocos meses la experiencia del GMIES atrajo la atención de sectores gubernamentales, empresariales y activistas en los Estados Unidos, Canadá, Europa y Centroamérica y el monitoreo independiente se convirtió en tema de discusión. Sobre este tema se han vertido críticas constructivas, ataques virulentos y hasta reconocimientos bien intencionados; pero de ninguna manera, este esfuerzo ha pasado desapercibido.
De cualquier manera, era evidente que se había llegado a un punto de inflexión en la responsabilidad que tendría una empresa transnacional en el respeto real – no sólo en el discurso- de los derechos de la gente que le produce, independientemente si están o no contratadas directamente. Se había dado, sin duda, un paso más en el largo y difícil camino por concretar la posibilidad de que las grandes marcas de ropa se involucraran en la vigilancia de las condiciones de trabajo vigentes a lo largo de su cadena de producción.
Las iniciativas relativas a la vigilancia de los códigos de conducta empezaron a multiplicarse de manera notable, después del “Caso Mandarin”, nombre con que se conoció la situación que le dio vida al Grupo de Monitoreo Independiente de El Salvador, y con la cual se iniciaron los monitoreos independientes. Asimismo, las alternativas de vigilancia para el cumplimiento de dichos códigos se tornaron más diversas a partir de entonces.
En el 2002, nos encontramos, con varias iniciativas multisectoriales en los Estados Unidos de América, que intentan garantizar el acatamiento de códigos de conducta, en distintos niveles de la cadena de producción de las más importantes empresas de ese país. En Europa la Campaña de la Ropa Limpia ha logrado, en coordinación con sindicatos, organizaciones de la llamada sociedad civil y empresas europeas, iniciar una serie de proyectos piloto para verificar cumplimientos de códigos. En Centroamérica, existen al menos cuatro grupos de monitoreo independiente y a nivel general, el tema se ha incorporado a la discusión global sobre la responsabilidad de las empresas transnacionales en el respeto de los derechos de las y los trabajadores.
Hoy día, es ampliamente aceptado que las compañías transnacionales tienen una responsabilidad en el trato que reciben las personas que elaboran su producto a través de toda su cadena de abastecimiento. Sin embargo, al inicio de la década de los años noventa, en el siglo pasado, esto no se daba en esa dimensión.
Al movimiento “antisweatshop”, les costo mucho trabajo poner este tema en la agenda pública y sensibilizar a las marcas para presentar productos que tuvieran alguna garantía de haber sido elaborados bajo cumplimiento de los derechos laborales. En la actualidad, en buena medida, gracias a ese movimiento, el público consumidor demanda a las grandes empresas de indumentaria, que tomen acciones efectivas a favor de la vigilancia de sus propios códigos de conducta. Asimismo, el consumo políticamente correcto, se ha vuelto un tema de importancia para el público, las empresas y los Estados. El acatamiento de los códigos de conducta comienza ser parte esencial de las relaciones de negocios ordinarias entre las fábricas maquiladoras y sus clientes (las marcas). Asimismo, las y los trabajadores y sindicalistas también están aprendiendo a utilizar de forma creativa estos códigos a favor de sus reivindicaciones.
En ese marco, el GMIES se encuentra en alguna medida satisfecho por haber brindado su modesto aporte a un gran esfuerzo colectivo, propio de la era globalizada, para una verdadera mejora de las condiciones laborales en las maquilas.
Sin embargo, de marzo de 1996 - cuando nació el Grupo de Monitoreo- a la fecha, el trabajo no ha sido nada fácil. Algunas marcas aún ven con desconfianza las organizaciones sociales locales que verifican códigos de conducta y se advierte la renuencia de las fábricas instaladas en el país a mantener altos niveles de cumplimiento. En algunas ocasiones, las mejoras son alcanzadas más por la presión de los clientes que por convicción y, por lo mismo, no resultan sostenibles en el tiempo.
Tampoco faltan quienes dentro y fuera de nuestro país ven con mucha desconfianza las iniciativas de monitoreo independiente y hasta las atacan, argumentando, entre otras cosas, que podrían desalentar la formación de sindicatos. En las esferas gubernamentales hay quienes ubican supuestas agendas políticas ocultas por parte nuestra y se resisten a admitir limitaciones propias y potencialidades ajenas.
En ese marco, creemos que falta mucho por hacer y por mejorar en materia de cumplimiento y respeto a los derechos laborales. Sin embargo, también hay que reconocer que el involucramiento de las empresas en la vigilancia en las condiciones que se elaboran sus productos, es ahora mayor que hace siete años y esto es un signo que puede anunciar cambios positivos. Por supuesto, este signo no debería excluir en absoluto el llamado al Estado, quien es en definitiva el responsable de generar y mantener el bienestar de su ciudadanía. Aún hay mucho que caminar para reforzar la capacidad de los Estados para hacer cumplir en un cien por ciento los derechos de los y las trabajadoras. Esa es la ruta por la que hay que orientar los esfuerzos en el futuro.
Quiero intentar dejar muy claro que más que una agenda escondida entre quienes trabajamos en el GMIES, lo que nos proponemos es ser parte de la agenda pendiente de nuestro país a casi once años de aquel esperanzador 16 de enero, cuando en Chapultepec se firmo la paz entre los dos bandos beligerantes.
En tal sentido, es necesario y urgente reflexionar a cerca de las responsabilidades ineludibles que todos debemos asumir, a fin de garantizar la gobernabilidad, el crecimiento económico, la mejora en la calidad de vida de la población y la realización democrática en El Salvador, basadas fundamentalmente en el cumplimiento de las leyes y en el incremento de iniciativas de la ciudadanía haciendo contraloría social.
¿Cuánto cuesta asegurar la paz? ¿Cuánto se pierde con la guerra? He ahí las dos preguntas claves. Porque cuando el equilibrio es forzado, éste se termina rompiendo por el lado más frágil. Eso sin duda debe convertirse en un serio llamado de atención colectivo. Si realmente se quiere asegurar o incrementar lo que se ha logrado en nuestro país hasta la fecha, se debe comenzar por adoptar decisiones pragmáticas de bajo costo. Para ello, se requiere de un liderazgo visionario, tanto gubernamental como ciudadano, que sea capaz de poner en marcha todas las capacidades existentes y concretar esfuerzos para construir las bases que permitan construir primero los mínimos, para continuar avanzando hasta los máximos. Se trata de una apuesta por la sostenibilidad mediante la adopción de responsabilidades compartidas en la edificación gradual y sin engaños de un nuevo país.
El Salvador deseable y posible, sólo se alcanzará mediante el montaje cotidiano y tesonero de equilibrios que con imaginación y destreza, no pierdan de vista ni la dignidad de las personas ni el futuro de la sociedad. Los beneficios se consiguen entre todas y todos, pero los costos los pagan unas más y otros menos. Es preciso, entonces, desarrollar y consolidar “buenas costumbres” de rendición de cuentas y controlaría social. Eso es posible y necesario si se quiere ser protagonista en la era de la globalización. No basta con la aceptación retórica de normas internacionales en temas sustantivos, si dicha aceptación se considera sólo como un mal necesario.
Las prácticas superficiales que incluyen cumplimientos formales están, con seguridad, condenadas al fracaso. La apertura real significa aceptar las normas de derechos humanos reconocidas y respetadas por el concierto de naciones. En tal sentido, debe ser efectivo el fiel cumplimiento de normativas laborales y códigos de conducta. De lo contrario, quienes se entusiasman por participar en la globalización sin asumir todas sus responsabilidades, muy pronto estarán fuera del juego o ni siquiera podrán entrar al mismo.
Por todo lo anterior la sociedad salvadoreña de hoy, demanda que sus instituciones cumplan cabalmente el mandato constitucional y se incentive la participación ciudadana en controlaría social. La suma de cumplimientos efectivos y aproximaciones objetivas al progreso, nos llevara a la creación de un nuevo El Salvador visionario y líder en la construcción del desarrollo sostenible, basado en el equilibrio dinámico de la verdad y la justicia en todas sus dimensiones.
Nuestra agenda, la del GMIES, se trata entonces y en definitiva de una apuesta por el bien común en la cual debemos sumar esfuerzos y multiplicar resultados positivos. No olvidemos que existe quién le trata de restar valor a la dignidad, dividiendo a las personas y grupos que trabajan por la vigencia en ese marco. En ese marco, termino repitiendo lo que hemos venido sosteniendo por mucho tiempo:
Ni por un instante pensamos que el Grupo de Monitoreo es la respuesta a todos los problemas de las y los trabajadores de la maquila. Pero eso sí, es una herramienta más, que puede ser utilizada en la lucha por el empoderamiento de los y las trabajadoras. En las precarias condiciones en que estas personas tratan de organizarse y hacer valer sus derechos, hay que ser creativos y usar absolutamente toda herramienta disponible. Nadie tiene la verdad absoluta, pero donde no hay herramientas hay que inventarlas.

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