Resumen el artículo aborda cómo la relación entre constitucionalismo y democracia se ha ido desarrollando durante nuestra vida republicana, especialmente como se plasma en el día de hoy.






descargar 232.21 Kb.
títuloResumen el artículo aborda cómo la relación entre constitucionalismo y democracia se ha ido desarrollando durante nuestra vida republicana, especialmente como se plasma en el día de hoy.
página1/4
fecha de publicación08.06.2015
tamaño232.21 Kb.
tipoResumen
ley.exam-10.com > Derecho > Resumen
  1   2   3   4

Constitucionalismo y Umbral Democrático en Chile: Hacia una Nueva Teoría Constitucional*

 

Kamel Cazor Aliste**

**Doctor en Derecho, Profesor Asociado de Derecho Constitucional, Universidad Católica del Norte, Larrondo 1281, Coquimbo, e-mail: cazor@ucn.cl



RESUMEN

El artículo aborda cómo la relación entre constitucionalismo y democracia se ha ido desarrollando durante nuestra vida republicana, especialmente como se plasma en el día de hoy. Cuestión esencial, a fin de comprender, en el contexto del Estado constitucional en vigor, nuestro actual umbral de expansión democrática.

PALABRAS CLAVES

Constitucionalismo - Democracia - Estado Constitucional



ABSTRACT

The article deals of how the relation between constitutionalism and democracy has been developing during our republic life, especially of how it is formed in our day. An essential question to be understood in the context of the constitutional state in vigor our actual threshold of democratic expansion.

KEY WORDS

Constitutionalism - Democracy - Constitutional State



 

I. Contexto del estudio

En el presente trabajo, se busca indagar cómo la relación entre constitucionalismo y democracia se ha ido desarrollando durante nuestra vida republicana, especialmente como se plasma en el día de hoy. Cuestión esencial, a fin de comprender, en el contexto del Estado constitucional en vigor, nuestro actual umbral de expansión democrática. Donde hay que desentrañar, como principal asunto, si existe o no brecha entre el grado de desarrollo democrático y el marco normativo constitucional, y qué consecuencias traería ello en la eficacia y legitimidad de este último.

El tema del desarrollo democrático chileno no ha sido tratado con la debida profundidad, especialmente desde la perspectiva de la ciencia jurídica. Existen trabajos destacados en otras disciplinas, tales como, la sociología, la ciencia política o la historia, por ello recurriremos -sin perder de vista la perspectiva jurídica- a algunas indagaciones de estas ciencias1. Sin perjuicio de acudir, en lo pertinente al asunto que se investiga, a la extensa doctrina comparada existente en torno a la teoría democrática, en general, y la teoría constitucional de la democracia, en particular.

Se comenzará haciendo un repaso al modo en que ha interactuado la democracia política con la democracia constitucional en nuestro país, particularmente enfocado al denominado "mito democrático chileno". Para luego remitirnos a la doctrina comparada, con el objeto de abordar la noción del constitucionalismo, cuya proyección es analizar lo relativo al grado de expansión democrática en Chile en el contexto del Estado constitucional en vigor.

Por último, se expondrán las principales conclusiones del trabajo.

II. Democracia política y democracia constitucional: ¿ha sido un mito la democracia chilena?

A lo largo de la historia de Chile, la vinculación entre constitucionalismo y democracia ha estado trazada por dos parámetros claramente definidos. Por un lado, se parte de una ficción constitucional fundada -según su tradición republicana- en Cartas Fundamentales (Constituciones de 1833,1925 y 1980) que aparecen como cristalizadoras del poder constituyente democrático (no obstante, que en la práctica se ha traducido en actos de imposición del poder constituido vigente, contrariando el principio de legitimación externa de las Cartas), expandiendo su supremacía, con plena eficacia normativa, a todos los poderes públicos y los ciudadanos. Y, por otro lado, con íntegra conciencia de dicha ficción, se adhiere asimismo -motivado muchas veces por una finalidad ordenadora- a un determinado realismo jurídico-político, encarnado, como un "hecho dado", por la respectiva Carta Fundamental en ese momento en vigor, actuando "como si" las circunstancias normativo-constitucionales respondieran a un parámetro de legitimidad suficiente, que, de este peculiar modo, dicha ficción inicial cubriera su suprema fuerza normativa. Con ello se ha instaurado en nuestro país, con especial arraigo, la costumbre de esperar que la eficacia de la Carta en el tiempo -tarde o temprano- la legitimará, con lo que expresamente se obvia la distinción, que existe en la teoría constitucional, entre validez (eficacia) y legitimidad. Así, por ejemplo, la Carta de 1925 que inicialmente la mayoría de los actores políticos y sociales consideraba ilegítima2, posteriormente fueron aceptando su eficacia y el orden institucional que ella establecía; esto no fue un hecho espontáneo, sino fruto de la labor del presidente Arturo Alessandri, quien centró los esfuerzos en lograr la legitimación constitucional a fin de conseguir pacificar la sociedad y, al mismo tiempo, lograr gobernabilidad y procurar estabilidad política, asunto vinculado con la tradicional -y muy enraizada- demanda por un gobierno fuerte y con capacidad suficiente para imponer orden y disciplinar a la sociedad civil3.

El punto de partida de tal postulado, habría que situarlo ya desde el período de independencia, cuando comienza a tener vigor en Chile, en términos weberianos, un estilo de autoridad "legal racional", en donde dicho patrón de autoridad ha ocupado ¡a falta de contenido valórico de la sociedad, especialmente aquellos que se vinculan con la democracia. Por ello, el problema "estriba en que a falta de un conjunto de valores claramente definidos, que se relacionen con la democracia, es difícil determinar cuál mezcla de valores es la correcta, con el resultado de que surge una tentación efectiva de entregarse a un razonamiento circular: si determinado régimen es estable o luce las características democráticas exigidas, entonces sus estructuras de valores o de autoridad son ipso facto correctas"4. Dicho en otros términos, claramente se da un doble estándar entre "el deber ser y la realidad, entre la legalidad y práctica, determinando que la democracia apelara a veces en exceso a las fuentes legales e institucionales de legitimidad para establecerse"5 (otro autor habla de la disyuntiva entre "cultura nacional versus ingeniería institucional"6), no respetándose muchas veces el continuum de democratización que la propia dinámica de la realidad chilena así lo exigía, cuestión que, alo largo del tiempo, claramente debilitó su sociedad civil y la cultura cívica de sus ciudadanos, y, como señala Marta Lagos, se produjo un "estancamiento o retroceso en la formación de capital social"7.

Como consecuencia de lo anterior, ¿la democracia, en Chile, se ha tratado más bien de una forma institucional qué de una cultura? Efectivamente así ha sido, pues "si se tratara de una cultura más que de una forma institucional, son los comportamientos de esa cultura los que modelarán las instituciones y terminarán definiendo el perfil de democracia existente"8, cuestión que no ha acontecido en nuestro país. Al contrario, se ha asentado, desde los inicios de la República, la idea revolucionaria -de finales del siglo XVIII- que creía que "las leyes bastaban por sí solas para modelar a los pueblos bajo un sistema determinado de gobierno", y "sólo una forma de gobierno era legítima, la de la absoluta democracia, y para gozar de ella bastaba decretarla"9. Y, sobre esta concepción, concluye Alberto Edwards: "El prestigio de esta creencia llegó a ser tan poderoso que los mismos adversarios de la revolución, pensaban también que la felicidad y la desgracia de las naciones, dependían exclusivamente de los legisladores. "Haceos y hacednos dichosos", dijo el Presidente Prieto a los constituyentes de 1833, al inaugurar sus trabajos"10.

Por esta razón, nuestra evolución republicana la podríamos caracterizar de doble estándar y, muchas veces, de contradictoria, eso sí, casi siempre encaminada a un claro -no se si real o ficticio- objetivo: el orden y la estabilidad.11 Parámetros que, como se verá más adelante, han inspirado la forma de democracia consociativa, en cierta medida aun vigente en el día de hoy; por ello, Carlos Ruiz ha dicho, que "el recurso a estos modelos democráticos tiene su origen en una cierta interpretación de la historia de Chile, en el pasado reciente y, sobre todo, de las circunstancias que llevaron al golpe militar de 1973".12

Cabe inquirir, entonces, ¿cuáles serían las causas de esta sui generis vida republicana chilena? La respuesta a este interrogante debe partir de la siguiente premisa: al investigarse el proceso de desarrollo de las instituciones democráticas, especialmente las constitucionales, se deben precisar los principales parámetros estructurales e ideológicos que constituyen el entorno de los acontecimientos políticos y contingentes13. Y si lo situamos en la esfera del origen de la democracia, las perspectivas culturales y económicas no son del todo aplicables en el caso chileno14. Como indica Arturo Valenzuela, "un análisis cuidadoso de la historia de Chile revela que el sector que luchó por muchas de las reformas más importantes vinculadas al surgimiento de la democracia en Chile, entre ellas la limitación de la autoridad presidencial y la extensión concomitante de las prerrogativas legislativas, junto con la crítica ampliación del derecho a voto, no se componía de elementos "liberales" sino de élites "conservadoras" vinculadas estrechamente a los intereses tradicionales de los terratenientes, a menudo aliados con un pequeño grupo de liberales ideológicos, con quienes estaban en desacuerdo en casi todo lo demás"15. Razón por la cual, en nuestro país el desarrollo de las instituciones en este ámbito es en alto grado problemático y contingente; por ello -se indica-, "las instituciones democráticas deben su desarrollo o su consolidación a ciertos momentos históricos críticos, en los cuales la balanza de las fuerzas políticas se inclina a favor de la élites y fuerzas sociales cuyas ideologías son a menudo muy diferentes, quienes luchan por la consolidación de las instituciones democráticas con la expectativa de que ellas serán ventajosas para consolidar o aumentar su propio poder, salvaguardar sus intereses o resolver al menor costo una crisis política"16. No se debe entender, eso sí, "que el acento que se coloca en las variables históricas y políticas -indica el autor- significa que estamos por una suerte de historicismo, donde cada caso se puede comprender solamente por sus propios méritos y mediante la profundización de su pasado"; del mismo modo, en Chile, "en términos históricos es posible identificar patrones generales en pro de explicar las condiciones que hacen que determinadas fuerzas políticas, en momentos críticos, promuevan o apoyen soluciones democráticas y no otras, y las circunstancias que contribuirán a que aquéllas predominen"17.

¿Acaso el apoyo que, en el siglo XIX, los conservadores dieron en Chile a las reglas liberales no es más que una mera nota marginal de la historia? Lo cierto, según Arturo Valenzuela, es que tiene una importancia teórica central18. De este hecho surgió la creación en Chile de un partido conservador comprometido con las instituciones representativas, que no tiene paralelo exacto ni en América Latina ni en Europa; en efecto, Chile amplió el sufragio poco a poco, menos en respuesta a presiones desde abajo que como consecuencia de las estrategias de élite dirigidas a maximizar las ventajas electorales, en ausencia de alternativas y de estrategias menos pacíficas (al respecto cabe recordar el fracaso de la revolución de 1859)19. Y como en Gran Bretaña, pero al contrario de la Europa latina, Chile encontró en las élites del partido conservador (el partido de la defensa rural, clerical) una fuerza motriz que impulsó la primera extensión fundamental del sufragio en 1874, a fin de incursionar en el terreno que habían ganado las nuevas élites del Estado (distintas a las élites tradicionales terratenientes) en el aparato gubernamental, con miras a asegurar la continuación-o recuperación- de su influencia en el gobierno; cuestión que contribuyó a la consolidación de nuestras instituciones democráticas20 y la constitución de Chile como sociedad política21.

En esta perspectiva, el tantas veces citado Arturo Valenzuela concluye algo de mucha relevancia: "la evolución de las instituciones y procedimientos democráticos está determinada por las oportunidades que tienen las élites significativas para ganar poder, y los cargos que entregan poder, más que por factores culturales o económicos" (asunto trascendental, que -dentro de esta visión alternativa de la evolución política de nuestro país- permite explicar el posterior surgimiento de los partidos de clase obrera y el derrumbe de la democracia chilena en 1973)22. Colofón que, del mismo modo, debe ser complementado con la mencionada noción de orden que viene desde el siglo XIX, y, como indica Ana María Stuven, cuando la clase dirigente confiaba en la vigencia de él, "tenía una mejor disponibilidad hacia los requisitos de la modernidad y la actualización de la república"23. Por ende, "la valoración de este principio a lo largo del tiempo y en distintas situaciones del desarrollo institucional y cultural de Chile, se lo identifica como elemento esencial de la cultura política de la élite y como eje sobre el que gira la posibilidad de cambio en la mentalidad de los miembros de dicha élite. De hecho -prosigue esta autora-, es en torno a la vigencia del concepto de orden que se articulan la organización republicana del Estado, el discurso portaliano, las polémicas culturales de la década de 1840 y el afán de progreso que inspiró al gobierno del presidente Manuel Montt. El apego al valor orden social -finaliza- se relaciona con la concepción de poder que manejaba la clase dirigente y a través de la cual expresaba su visión jerárquica del mundo, que le concedía la hegemonía sobre el motor de cambio"24.

Ahora bien, el interrogante que surge por sí sólo es el siguiente: ¿ha sido un mito la democracia política chilena? Según la doctrina mayoritaria, la construcción de la democracia política ha tenido un fuerte arraigo en el país, "Chile -se ha dicho- ha tenido la historia política más "europea" del continente, tanto por la (se repite nuevamente) relativa estabilidad institucional, o el esfuerzo por legitimar toda "salida de madre" por un retorno al sistema democrático, como por la simultaneidad de su vida política con el entorno global"25. Entre algunos de los autores más destacados de esta corriente, habría que aludir al ya mencionado Arturo Valenzuela26, Manuel Antonio Garretón27, Gonzalo Vial28 y Alberto Edwards29. En una línea argumental contraria, cabe citar, entre otros, a Gustavo Canihuante30, Gabriel Salazar31 y Juan Carlos Gómez32, sobre el particular éste último señala que, durante el siglo XX, el régimen democrático chileno tuvo una corta duración que se extendió sólo entre 1958 y 1973, siendo precedido por dos regímenes no democráticos que abarcan dos períodos: entre 1932 y 1948 se desarrolló un régimen político semi-democrático excluyeme, y entre 1948 y 1958 un régimen autoritario electoral. También habría que citar a Renato Cristi y Pablo Ruiz-Tagle, quienes analizan la evolución histórica del constitucionalismo en Chile de acuerdo a la perspectiva del dualismo democrático de Bruce Ackerman,33 identificando cinco "momentos constitucionales" (periodos republicanos), en donde hay que destacar, por una parte, la República Democrática (Cuarta República, 1932-1973), caracterizada "porque adopta un concepto social y democrático de los derechos y por el avance y perfeccionamiento de formas democráticas de participación política"; y, por la otra, la República Neoliberal (Quinta República, de 1990 en adelante), que "restaura la tradición republicana en Chile", cuyo "gobierno constitucional que nace en 1990 adopta la Constitución de 1980, de sello abiertamente autoritario y neoliberal".34

Para el análisis que se está desarrollando, es bueno centrar la mirada en nuestra historia democrática del siglo XX, pues no se trató precisamente de una etapa pacífica, sino altamente agitada y con profundos conflictos políticos, que Luciano Tomassini resume del siguiente modo: "La mayor complejidad de la sociedad chilena iniciada fundamentalmente a partir de los años treinta o del Frente Popular, impulsada desde el segundo gobierno del General Carlos Ibáñez del Campo hasta el de Eduardo Frei Montalva, y exacerbada por la Unidad Popular y por el Régimen Militar, produjeron una explosión, una transversalización y un entrelazamiento de los temas de interés público, a que nuestra democracia y nuestros gobiernos no estaban acostumbrados. Una consecuencia de este fenómeno -prosigue- fue la pérdida de confianza en la "autonomía de la política", en virtud de la cual durante generaciones se confió en la clase política, sus alianzas y sus éxitos para la gobernabilidad de este país, e hizo acceder al escenario público a una gran pluralidad de actores con sus respectivas expectativas, intereses y posiciones"35. Frente a este panorama, citando a Carlos Ruiz, comienza la búsqueda de las condiciones necesarias para una "democracia estable", resurgiendo una fuerte valorización de las élites políticas y un estilo de hacer política centrado en ellas36. Las cuales adhieren a la premisa de que la idea básica para una democracia estable son los consensos (en cuya crisis precisamente se hace radicar la imposibilidad de evitar la quiebra institucional de 197337), razón por la cual, con el inicio de la transición, en 1990, se inaugura el modelo de democracia consociativa o consensual, opuesto a los modelos democráticos mayoritarios38. La democracia actual, en consecuencia, posee una estabilidad basada en dicho modelo consociativo, el cual (Lijphart39) se da sobre todo en sociedades divididas por profundos conflictos políticos (cuestión que no necesariamente sería acorde con la situación actual de Chile). Por ello, más que un modelo participativo, se trata de un modelo estabilizador, con una fuerte preponderancia y actuación de sus élites políticas, las cuales forman coaliciones que incluyen a los principales grupos políticos existentes en la sociedad (Van Klaveren40), y basan su acción en un "comportamiento consciente y racional de dichas élites", esto es, una especie de mesianismo iluminador de las mismas, basados en "acuerdos contra mayoritarios"41.

Situados en la actualidad, es pertinente preguntarse si es compatible la llamada democracia de ciudadanos (impulsada por el Gobierno) con la democracia consociativa. Para tratar de responder esta duda, hay que recordar que en 1985 se centró el dilema de la sociedad chilena en la crisis de consensos, por ende -se decía- debía haber un proceso de redemocratización que superara dicha crisis42. Sin embargo, se estima que, hoy día, no existiría tal problemática en torno a los principales protagonistas del sistema político, esto es, los dos grandes bloques partidistas con representación parlamentaria, por cuanto éstos, en general, han llegado a un alto grado de acuerdo respecto a los grandes temas nacionales. De ahí que la profundización o corrección de nuestro proceso democratizador, debiera suponer un tránsito a una fase superior del actual esquema consociativo (cuyas características más negativas, entre otros asuntos, es que propicia el veto de la minoría y la desconfianza en la capacidad de autogobierno del pueblo43), a fin de ampliar la base social del consenso a los diversos actores ciudadanos que hoy claramente se ven excluidos de él y pugnan por un espacio participativo, ya que, en estricto sentido, la sociedad civil fue absorbida por dicha forma consociativa (propuesta que en ningún caso sería contradictoria con la democracia representativa en vigor). Asimismo se cree que, junto con el término de la transición democrática (hecho que tiene su culminación con las reformas constitucionales de 2005), ha comenzado a construirse una nueva definición de sociedad civil (o neo-sociedad civil chilena)44, especialmente si se tienen presente los fuertes movimientos sociales que se están generando actualmente en la sociedad chilena (v. gr., la movilización de los estudiantes secundarios, de los Mapuches y, en el último tiempo, las diversas manifestaciones ciudadanas generadas a raíz de la implementación del Transantiago)45. Motivo por el cual, cuando la presidenta Michelle Bachelet habla de una "democracia de ciudadanos", ¿qué significaría ello? ¿cómo se traduciría en la práctica de los poderes estatales y de los mismos ciudadanos? Interrogantes difíciles de responder. Ya -en 1985- Alejandro Foxley hablaba que los reales avances del proceso de democratización "se reflejan con toda claridad en los problemas formidables que presenta la superación de la exclusión de los grupos populares", cuestión que se encuentra plenamente vigente hoy, con la versión actual de la desigualdad, y que sin lugar a dudas afecta nuestro desarrollo democrático. En este sentido, conviene citar las certeras palabras de Alejandro Silva, quien sobre este asunto indica: "Vacíos de educación y de cultura cívica, y el grave desnivel de vida que aún se mantiene entre los chilenos, impiden decididamente aún clasificar nuestro sistema político como una perfecta democracia"46.

De lo explicado hasta ahora, es posible colegir que la transición democrática, iniciada en 1990, ha finalizado, no así el proceso democratizador, que con más fuerza se hace presente en nuestro sistema político. En efecto, aún a riesgo de sintetizar en extremo la reflexión, hay que señalar que la democratización implica una transición permanente entre la democracia real y la democracia ideal (cuyo nexo con esta última, se manifiesta en el correlato imposibilidad/ imprescindibilidad, ya que si bien es imposible alcanzar el ideal democrático, es imprescindible su búsqueda), el mayor o menor grado de vinculación entre ambos conceptos permite verificar el umbral o desarrollo democrático de la respectiva sociedad. Trasladada esta perspectiva a Chile, el proceso democratizador, que se interrumpe en 1973, se revitaliza nuevamente con el fin de la transición en el 2005, debiendo hacer frente a viejos-nuevos retos todavía pendientes, que podrían sintetizarse en una sola gran problemática: la desigualdad y las múltiples consecuencias que trae aparejada, especialmente lo que concierne al fortalecimiento de la sociedad civil. Cuestión que, ineludiblemente, repercute en el Estado constitucional actual y su evolución.

Resultado que, en gran medida, es ratificado, en base a datos empíricos, en el Informe de Desarrollo Humano en Chile, del PNUD,47 que puede ser sintetizado en los siguientes puntos:

a) En el Informe se presenta un marco normativo de la estrecha relación entre democracia y Desarrollo Humano, dando cuenta de la importancia que en todo proyecto colectivo tienen la comunicación y los procesos de representación; y en base a los datos empíricos levantados para el Informe, se analizan los déficit democráticos de la sociedad chilena, mucho de los cuales se arrastran por décadas, mientras otros aparecen como tareas para el futuro;

b) Poder democrático y desarrollo Humano son esencialmente complementarios como marco normativo de la convivencia social, del mismo modo son procesos históricos inacabados, y que distan del ideal normativo que los inspira. Esa brecha entre realidad y marco normativo es un desafío que requiere ser objetivado para reformular estrategias destinadas a disminuir las diferencias y acercar a todos los ciudadanos a los valores que se proclaman;

c) Actualmente la democracia se ha establecido en gran parte en el mundo, aunque su forma y modo de institucionalización es altamente diferenciada de un país a otro. Sin embargo, también la tensión entre realidad y marco normativo es un problema presente en el mundo entero; no sólo en Chile y América Latina existe una sensación de descontento frente a la democracia. Uno de los rasgos comunes de ese descontento alude a su incapacidad para hacer realidad el poder de autodeterminación de la sociedad en las actuales condiciones de globalización y cambio cultural;

d) La comunicación para la democracia y el Desarrollo Humano se refiere a un proceso de diálogo argumentativo abierto a todos y libre de coacciones, reflexivo y crítico, que permite una participación responsable e informada, y en el que existe la disposición a la renuncia parcial y negociada de pretensiones particulares, en beneficio de acuerdos. Tal comunicación permitiría la afirmación simultánea de las soberanías individuales y la autodeterminación colectiva;

e) En Chile, a pesar de su alta valoración inicial, quince años después de haberla recuperado, apenas la mitad de la población chilena se manifiesta a favor de la democracia como forma de gobierno. Este es un tema preocupante, que requiere de análisis y propuestas. Sin un fundamento cultural sólido, la democracia se encuentra más vulnerable a que emerjan rasgos autoritarios o populistas, con el consiguiente riesgo de desperdiciar la oportunidad que tiene el país para dar un salto en materia de Desarrollo Humano;

f) Uno de los problemas de Chile es el escaso desarrollo de una cultura política genuinamente democrática. La población se queja de que el poder se utiliza para establecer distinciones simbólicas que inhabilitan e invalidan la condición de agencia de los sujetos. Esto quiere decir que la democracia en Chile presenta un déficit no sólo en tanto régimen de gobierno, sino también como forma de convivencia social. La perpetuación de dinámicas cotidianas autoritarias y discriminatorias erosiona el significado de la vida democrática. Uno de los grandes desafíos pasa, ante todo, por la educación cívica y la adopción activa de sus derechos por parte de los ciudadanos;

g) La brecha entre personas comunes y un grupo de líderes alejados de la realidad es el desafío central que hoy deben enfrentar quienes asumen tareas de conducción social. Para alcanzar mayor complementariedad entre quienes dirigen los sistemas funcionales y los pareceres de la ciudadanía debe aumentar el poder social y la autodeterminación colectiva.

Para entender mejor este repaso por la realidad chilena y, a su vez, estructurar una propuesta en torno a la problemática que se aborda, forzosamente, debemos remitirnos a la doctrina comparada, especialmente la que se relaciona con la teoría constitucional de la democracia. Es lo que se pasará a analizar en las páginas que siguen.
  1   2   3   4

Añadir el documento a tu blog o sitio web

similar:

Resumen el artículo aborda cómo la relación entre constitucionalismo y democracia se ha ido desarrollando durante nuestra vida republicana, especialmente como se plasma en el día de hoy. iconResumen: Las tecnologías de la información y las comunicaciones juegan...

Resumen el artículo aborda cómo la relación entre constitucionalismo y democracia se ha ido desarrollando durante nuestra vida republicana, especialmente como se plasma en el día de hoy. iconComo en otras circunstancias de nuestra crónica contemporánea, hoy...

Resumen el artículo aborda cómo la relación entre constitucionalismo y democracia se ha ido desarrollando durante nuestra vida republicana, especialmente como se plasma en el día de hoy. iconEl constitucionalismo tiene tres momentos, que se podrían catalogar...

Resumen el artículo aborda cómo la relación entre constitucionalismo y democracia se ha ido desarrollando durante nuestra vida republicana, especialmente como se plasma en el día de hoy. iconResumen : Nuestra primera visita al laboratorio tuvo lugar el día...

Resumen el artículo aborda cómo la relación entre constitucionalismo y democracia se ha ido desarrollando durante nuestra vida republicana, especialmente como se plasma en el día de hoy. iconResumen Washington, como uno de los fundadores de nuestra nación,...

Resumen el artículo aborda cómo la relación entre constitucionalismo y democracia se ha ido desarrollando durante nuestra vida republicana, especialmente como se plasma en el día de hoy. iconResumen: La eficacia de las políticas públicas en relación con la...

Resumen el artículo aborda cómo la relación entre constitucionalismo y democracia se ha ido desarrollando durante nuestra vida republicana, especialmente como se plasma en el día de hoy. iconResumen En todo el mundo las investigaciones comparativas en periodismo...

Resumen el artículo aborda cómo la relación entre constitucionalismo y democracia se ha ido desarrollando durante nuestra vida republicana, especialmente como se plasma en el día de hoy. iconResumen en el presente artículo, el autor presenta su autobiografía...

Resumen el artículo aborda cómo la relación entre constitucionalismo y democracia se ha ido desarrollando durante nuestra vida republicana, especialmente como se plasma en el día de hoy. iconResumen Este artículo explora los aspectos fundantes que participan...

Resumen el artículo aborda cómo la relación entre constitucionalismo y democracia se ha ido desarrollando durante nuestra vida republicana, especialmente como se plasma en el día de hoy. iconLa Función Pública como relación laboral entre el los órganos del Estado y sus trabajadores






© 2015
contactos
ley.exam-10.com