La dignidad y el mobbing en un estado social y democrático de derecho






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fecha de publicación22.09.2015
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LA DIGNIDAD Y EL MOBBING EN UN ESTADO SOCIAL Y DEMOCRÁTICO DE DERECHO

[ RESUMEN: La dignidad no puede identificarse con un derecho fundamental, sino que todo derecho fundamental tiene sentido en cuanto su concepto gira en torno a la dignidad de la persona, al desarrollo de la personalidad, pero no sólo en un plano estrictamente individual, sin en su dimensión social, por cuanto es el fundamento del orden político y de la paz social.

De algún modo, la miserable indemnización de un despido improcedente no puede mas que añadir humillación a la dignidad humana. Equiparar las indemnizaciones por un incumplimiento contractual del empresario con el progresivo daño que produce el acoso es injusto a todas luces y, además, indigno.

Pero hay que dar un paso mas en este análisis: dado que las indemnizaciones por acoso se basan en el parámetro fundamental de la cuantía del salario, la concepción de la dignidad laboral entraña el peligro de acabar patentando la formula legal por la que unos trabajadores sean mas dignos que otros, que a igual salario igual dignidad y por tanto, los oprimidos, los siempre olvidados, seguirán estando desprotegidos, desamparados, discriminados, humillados.

Estamos convencidos de que la agresividad del comportamiento de determinadas personas, esto es, su potencial agresivo, es la verdadera causa de que se produzca un acoso moral. El mas enconado de los conflictos laborales puede desarrollarse sin mediar violencia, siempre que las personas no se comporten agresivamente. Por el contrario, la mas trivial de las desavenencias, se convierte en el mas brutal de los hostigamientos si una de las partes tiene una personalidad con tendencia agresiva

Entendemos que el trabajo es un aspecto más de la vida, ciertamente importante para el desarrollo de la persona, pero que su dignidad no depende de la capacidad laboral ni de las posibilidades de trabajo, ni de la categoría profesional ni su posición en el escalafón de la empresas. Las personas con discapacidad, los que se encuentran en situación de desempleo, los que optan por dedicarse a los cuidados y atenciones de la familia, los jubilados, igualmente “glorifican a Dios” y sufren las consecuencias de ese concepto cultural del trabajo por el que se les considera inútiles o una carga para la sociedad. Por su parte, los que realizan algún trabajo por cuenta ajena o propia lo hacen, evidentemente, para cubrir las necesidades propias y de sus familias, y a medida que el trabajo se adapte más a su vocación o a su preferencia le será más satisfactorio. Pero en cualquier caso, la persona donde plenamente se realiza no es solo, ni especialmente, en el ámbito laboral, sino en todo el haz de relaciones sociales y familiares que puede sostener y desarrollar, en gran medida, gracias a la remuneración económica que percibe por el trabajo. De esta manera, si el proceso de acoso le priva de todo esto, le esta produciendo un daño más allá del causado a su “dignidad laboral”, le está minando como persona, atacando al núcleo mismo de su condición humana.

A modo de ejemplo gráfico, diríamos que la dignidad es el agua contenida en el recipiente del que se fortalecen los derechos del hombre. Si uno de estos derechos es atacado, la puede contaminar, congelar, o evaporar, pero sigue siendo agua, dignidad. Por el contrario, cuando se produce un acoso psicológico en el trabajo, se produce una electrólisis que separa el hidrogeno del oxigeno, que hace que se descomponga la dignidad.

En este sentido puede decirse que el acoso psicológico en el trabajo, produce un daño pluriofensivo, progresivo y continuo que lleva una carga capaz de desintegrar la dignidad en si misma considerada, ( no la pretendida “dignidad laboral”) como valor jurídico que sustenta el orden político y la paz social.

Es preciso en aras de la lucha por la dignidad, delimitar el acoso moral en el trabajo de otras conductas que también son reprochables, que si generan daños, deben ser indemnizadas como corresponda, pero que no deben ser sancionadas tan severamente como reclamamos lo sea el proceso de violencia psicológica en el trabajo. ]

Cuando comenzamos el estudio de la acoso psicológico en el trabajo, acudimos entre otras a la fuente jurisprudencial del Tribunal Europeo de Derechos Humanos y nos encontramos con una sentencia que nos sorprendió e hizo recordar los años de estudio de Filosofía del Derecho. Se trata de la sentencia sobre el caso del maltrato físico y psicológico a unos niños en una escuela de Escocia. 1, TEDH , S 25-02-1982, núm. 0051/1982, a propósito de la violación del articulo 3 del Convenio Europeo de Derechos Humanos en relación a si los castigos corporales a alumnos de una escuela escocesa constituyen o no un trato degradante. La cuestión radicaba en que se iban a organizar una celebraciones de corte militarista con la que los padres de la niña escolarizados, no estaban de acuerdo. La oposición a que sus hijos participara en estos eventos le costó a uno la expulsión y a otro la sanción de castigo físico frente a lo cual los padres tuvieron que recurrir hasta el Alto Tribunal Europeo. La estimación parcial del recurso se basó no en la transgresión del derecho a la dignidad y a la integridad moral y física, sino la libertad religiosa e ideológica, aparte de en otros aspectos formales. Nos sorprendió el párrafo en el que justificaba que no hubo humillación por el castigo físico puesto que es costumbre en Escocia los castigos físicos, y siendo socialmente aceptado, no podía sentirse ni los niños y los padres agredidos en su dignidad. La fundamentación evidentemente hacía alusión a un concepto dignidad dependiente del concepto social que se tenga del hombre en sí mismo considerado. No obstante en el proceso judicial se puso de manifiesto la voluntad de la autoridades estatales de proceder a una profunda reforma legislativa que prohibiera el maltrato físico como sanción, como corrección disciplinaria, lo que por otra parte fue contestado por parte del tribunal en el sentido de que esto no justificaba la exención de una posible culpa por parte del estado demandado, aunque al final fue el Estado eximido de ella recurriendo al concepto social de educación escolar y de necesidad de corrección a través del castigo corporal.

Desde entonces andamos entre libros, publicaciones, conversaciones con amigos, con profesionales, analizando los diversos conceptos que sobre la dignidad del hombre se han ofrecido de la filosofía jurídica2. Imposible terminar semejante estudio en todos los días del resto de nuestras vidas, así que desistimos de seguir indagando en la soledad de un estudio individual y nos decidimos atrevernos a enunciar lo que sólo son una pequeñas conclusiones provisionales, y ponerlas a vuestra disposición para, si tenéis la amabilidad de leerlas y la generosidad de contestarlas, contribuir a esto que quizás sea una osadía por nuestra parte, de pretender centrar el concepto dignidad como valor jurídico, núcleo insoslayable de todos los derechos fundamentales de la persona allí donde sea sujeto de cualquier relación jurídica, en concreto, en la relación contractual laboral.

I.- Dignidad y Constitución española.- La constitución española en 1978, tiene una estructura en orden a los derechos fundamentales, que obedece no a criterios a criterios caprichosos del legislador, sino a la tan elogiada labor de consenso del constituyente en un momento político de transición hacia la democracia, de reconocimiento y garantía del restablecimiento de los derechos fundamentales en nuestro país. Así como preámbulo a todos los derechos fundamentales el artículo 10 de la constitución española establece que:
“...1. La dignidad de la persona, los derechos inviolables que le son inherentes, el libre desarrollo de la personalidad, el respeto a la ley y a los derechos de los demás son fundamento del orden político y de la paz social.
2. Las normas relativas a los derechos fundamentales y a las libertades que la Constitución reconoce se interpretarán de conformidad con la Declaración Universal de Derechos Humanos y los tratados y acuerdos internacionales sobre las mismas materias ratificados por España...”

Será en el capítulo Segundo de esta sección 1ª del título primero de la constitución, que inaugura el artículo 10, en el que se enumeren los derechos y deberes fundamentales. Es decir, que la dignidad es concebida como un como valor supremo. En palabras del Tribunal Constitucional :
“... indisolublemente relacionada con el derecho a la vida en su dimensión humana se encuentra el valor jurídico fundamental de la dignidad de la persona, reconocido en el artículo 10 como germen o núcleo de unos derechos "que le son inherentes ”. La relevancia la significación superior de uno y otro valor y de los derechos que les encarnan se manifiesta su colocación misma en el texto constitucional, ya que el artículo 10 situaba la cabeza el título destinada a tratar de los derechos y deberes fundamentales, ..., lo que muestra que dentro del sistema constitucional son considerados como punto de arranque, como el prior lógico y antológico para la existencia especificación de los demás derechos" (fundamento 3).
"nuestra constitución ha elevado también a valor jurídico fundamentar la dignidad de la persona, que, sin perjuicio de los derechos que le son inherentes a ser íntimamente vinculada con el libre desarrollo la personalidad (artículo 10) y los derechos e integridad física y moral (artículo 15), a la libertad y que de ideas y creencias (artículo 16), al honor, a la intimidad personal y familiar y la propia imagen (artículo 18). Del sentido de tal precepto puede deducirse que la dignidad es un valore espiritual y moral inherente a la persona, que se manifiesta singularmente la autodeterminación consciente y responsable de la propia vida y que lleva consigo la pretensión al respecto por parte de los de más...."STC 53/1985, de 11 de abril.

A nuestro modo de ver significa que la dignidad no puede identificarse con un derecho fundamental, sino que todo derecho fundamental tiene sentido en cuanto su concepto gira en torno a la dignidad de la persona, al desarrollo de la personalidad, pero no sólo en un plano estrictamente individual, sin en su dimensión social, por cuanto ese fundamento del orden político y de la paz social.
"... proyectada sobre los derechos individuales, la regla del artículo 10 de la constitución implica que, en cuanto "valor espiritual y moral inherente a la persona", ... permanecer inalterada cualquiera que sea la situación en que la persona se encuentra... constituyendo en consecuencia, un mínimo invulnerable que todo estatuto jurídico ...e de modo que, sean una u otra las limitaciones que se pongan en el disfrute de derecho individual ...no conlleve menosprecio para la estima que cuanto ser humano merece la persona. Pero sólo en la medida en que tales derechos se han tutelar de amparo y únicamente con el fin de comprobar si se han respetado las exigencias que, no en abstracto, sin en el concreto ámbito de cada uno de aquéllos, derive de la dignidad de el que no se entiende muy bien en los que se cuenta ºhabrá de ser está tomada en consideración por este tribunal como referente. No en cambio, de modo autónomo para estimar o desestimar las pretensiones de amparo ante el ser se deduzca..."STC120/1990,e 27 de junio.
"... derechos fundamentales son derechos subjetivos, derecho del individuo no sólo en cuanto derecho del ciudadano en sentido estricto, sino en cuanto garantizan un status jurídico o la libertad en el ámbito de la existencia. Pero al propio tiempo, someramente esenciales del ordenamiento objetivo de la comunidad nacional, en cuanto ésta se configura como marco de la convivencia humana justa y pacífica, plasmada y históricamente en el estado de derecho y, más tarde, en esta social de derecho o el estado social y democrático de derecho, según la fórmula de nuestra constitución. ..

Esta doble la naturaleza de los derechos fundamentales, desarrollada por la doctrina, se recogen artículo 10 de la constitución...”

En este sentido son fundamentales las obras de PECES BARBA, GREGORIO, uno de los redactores de la Constitucion3

II.- La dignidad y el mobbing.- Si conectamos lo anterior con el acoso psicológico en el trabajo, tendremos que analizar si la dignidad es un valor en sí mismo atacado, o si cada uno de los derechos fundamentales agredidos a través del proceso de acoso al tener como núcleo la dignidad de la persona vulneran esta directamente. Aludiremos a la concepción de la llamada "dignidad del trabajador",4 propugnado por la doctrina más acreditada en derecho laboral, para finalizar con el esbozo de lo que podría ser una matización a la misma desde el punto de vista de considerar que la dignidad es atributo de la persona-social, que allí donde vaya, que se a cuál sea la relación jurídica que establezca, sea cual sea la situación en la que se encuentre, debe ser respetada como valor intrínseco del hombre considerado tanto en su individualidad, como fundamentalmente, en colectividad. En este punto el concepto de estado social, el deber de solidaridad a que estamos todos obligados, y el hecho de que sea la dignidad un pilar del orden político de la paz social, fundamenta la concepción de la acoso moral en el trabajo como una cuestión de orden público, necesitada de la más eficaz protección, y de la máxima colaboración de esta sociedad en la que en la que vivimos. Esto tiene la trascendencia de que los pactos cuando media acoso, no debieran entenderse regidos por la libertad contractual, por la autonomia de la voluntad, sino que uno de los propios limites a esta impuesto desde siempre “el orden público” (articulo 1255 del Ccivil) , pudiera equipararse a lo que la Constitucion denomina “orden politico”.5
El acoso moral el trabajo, por afectar a la dignidad que junto con el derecho el libre desarrollo de la personalidad, son el fundamento del orden político de la paz social, es una conducta antijuridica, de tintes criminales, que debe de ser entendida por el legislador y por la sociedad como un auténtico peligro para la estabilidad, el desarrollo, y garantía de un Estado social y democrático de derecho.
Una vez mas al tratar el tema del mobbing tropezamos con el problema de la falta de regulación específica. Desde el punto de vista jurídico podemos decir que hay tres corrientes doctrinales:


  • La propugnada por VELAZQUEZ6 que entiende que el acoso se define por constituir un ataque a la dignidad y a la salud laboral del trabajador.

  • La propugnada por MOLINA NAVARRETE,C. 7 que entiende que es un acto pluriofensivo, afecta a una pluralidad de derechos fundamentales todos ellos entroncados con la dignidad.

  • La propugnada por SAGARDOY que mantiene que es un ataque a la dignidad del trabajador entendida como dignidad profesional8



En el estudio del acoso que estamos llevando a cabo,9 vamos perfilando desde nuestro punto de vista, un concepto de acoso que se basa esencialmente en la conducta, y así hemos mantenido que lo esencial en el acoso es que consiste en un proceso de violencia psicológica, en una sucesión de actos cuyo verdadero alcance solo puede entenderse valorándolos en su progresión, que responden a la teoría de yuxtaposición de incumplimientos contractuales y extracontractuales, imputables al autor en un juicio de culpabilidad único, y que si bien se desarrollan en el marco de una relación laboral, tienen su origen en el incumplimiento del deber general de no causar daño. Esta progresión de actos vulneran una pluralidad de derechos fundamentales bien a través de incumplimientos contractuales, bien extracontractuales, pero que a veces ni si quiera son antijurídicos en si mismos considerados, esto es, a través de un recto, rígido y estricto cumplimiento de los deberes laborales también se puede producir un acoso, porque a fin de cuentas lo que se persigue es atentar contra la dignidad de la persona, no del trabajador, sino de la persona.
Entendemos que el acoso moral en el trabajo no es la mera transgresión de incumplimientos contractuales, no es un conflicto entre partes, el mobbing no tiene su origen en una defectuosa organización del trabajo, el acoso no se produce como consecuencia de la estructura empresarial, no es el sistema económico el que genera la violencia psicológica. Todo esto es el caldo de cultivo idóneo para que, ciertamente, se reproduzcan las conductas de acoso, por lo que posiblemente una adecuada oxigenación del marco laboral impediría que una conducta de hostigamiento inicial pudiera desarrollarse.

Estamos convencidos de que la agresividad del comportamiento de determinadas personas, esto es, su potencial agresivo, es la verdadera causa de que se produzca un acoso moral. El mas enconado de los conflictos laborales puede desarrollarse sin mediar violencia, siempre que las personas no se comporten agresivamente. Por el contrario, la mas trivial de las desavenencias, se convierte en el mas brutal de los hostigamientos si una de las partes tiene una personalidad con tendencia agresiva.

El comportamiento agresivo psicológico es el que diferencia el acoso de otras conductas que aparentemente se manifiestan con los mismos actos, por el ataque a la dignidad que conlleva la conducta en si, los medios utilizados y los resultados dañosos, concretos o abstractamente considerados, que produce.

Solo cuando con violencia se conculcan una pluralidad de derechos fundamentales, cada uno de los cuales intersecciona con los demás y todas estas intersecciones abarcan al mismo tiempo a la dignidad, núcleo insoslayable de cada uno de esos derechos y valor jurídico fundamentador del Estado social y democrático de derecho, podremos tipificar la conducta de acoso moral. Evidentemente se tratara de una cuestión de hecho, apreciable y valorable por el Juzgador. Conscientes de las consecuencias que, en orden a la prueba del acoso, estas afirmaciones conllevan, las enlazamos con la teoría de las presunciones y pruebas indirectas que tan desarrollada como admitidas por la Jurisprudencia han servido y sirven para sancionar y perseguir hechos que por referirse al ámbito subjetivo de la persona, solo pueden ser demostrados recurriendo a estos medios de prueba.

Sin perjuicio de que los daños, especialmente psicológicos, que se deriven de procesos distintos al mobbing, como el estrés en el trabajo, las malas condiciones laborales, sean indemnizados como proceda, lo que no se debe, a nuestro juicio, es convertir en acoso todo lo que deje de relucir, parafraseando el dicho.
Nuestra concepción del mobbing se basa en un concepto de relación laboral y de dignidad, muy próximo a lo que sostiene Ernst Bloch 10 “...Teniendo la plena seguridad de que tan poco posible es la dignidad humana sin el término de la miseria, como una dicha humana sin poner término a toda opresión antigua o moderna...”; o lo que Douglass Cassel dice11, “...Es decir, por la fuerza los derechos humanos se fundamentan sobre una base económica. Quien sufre de la pobreza extrema y crónica, no puede participar como ciudadano pleno...”

Somos partidarios de una noción de trabajo basada en un Estado social y democrático de Derecho, de alguna manera distinta , de las construcciones que defienden :


  1. Un concepto de trabajo de corte etico-religioso, "Trabajo es el ejercicio consciente, serio y exteriorizado objetivamente de las capacidades espirituales y corporales del hombre, para la realización de aquellos valores con los que el hombre cumple los fines que Dios quiere de el y con los que presta un servicio a la sociedad humana y, en definitiva, al honor de Dios" (Manual de doctrina Social Cristiana- Joseph Hoffner)12

  2. Pretenden que el Derecho del Trabajo se flexibilice para adecuarse a las nuevas relaciones laborales, pues entendemos con Teodoro Sánchez de Bustamante que: “...Reducir el derecho, es en parte, y mientras no se denuncie el contrato social vigente, reducir el mínimo garantismo existente y permitir parámetros que tiendan a reducir aún más el precio que se paga por la fuerza de trabajo divorciada del valor final del producto manteniendo al factor trabajo arrinconado como un costo, fuera del lugar que le corresponde como factor de producción.”13


Concebimos al hombre en su dimensión completa, potencialmente como individuo-social, que solo puede desarrollarse en sociedad. Entendemos que el trabajo es un aspecto más de la vida, ciertamente importante para el desarrollo de la persona, pero que su dignidad no depende de la capacidad laboral ni de las posibilidades de trabajo, ni de la categoría profesional ni su posición en el escalafón de la empresas. Las personas con discapacidad, los que se encuentran en situación de desempleo, los que optan por dedicarse a los cuidados y atenciones de la familia, los jubilados, igualmente “glorifican a Dios” y sufren las consecuencias de ese concepto cultural del trabajo por el que se les considera inútiles o una carga para la sociedad. Por su parte, los que realizan algún trabajo por cuenta ajena o propia lo hacen, evidentemente, para cubrir las necesidades propias y de sus familias, y a medida que el trabajo se adapte más a su vocación o a su preferencia le será más satisfactorio. Pero en cualquier caso, la persona donde plenamente se realiza no es solo, ni especialmente, en el ámbito laboral, sino en todo el haz de relaciones sociales y familiares que puede sostener y desarrollar, en gran medida, gracias a la remuneración económica que percibe por el trabajo. De esta manera, si el proceso de acoso le priva de todo esto, le esta produciendo un daño más allá del causado a su “dignidad laboral”, le está minando como persona, atacando al núcleo mismo de su condición humana. Por ello la indemnización por estos daños debe contemplar la pluralidad de derechos fundamentales conculcados como sostiene Molina Navarrete.14
La dignidad es un valor único, del que participan cada uno de los derechos de la personalidad. Pero no existen diversas dignidades.

Si se pretende escindir a la persona en trabajadora, en hombre o mujer, en niño o en anciano, en afectado por una discapacidad o por otra, en nacional o extranjero, en preso o libre, en empresario o trabajador, acabaremos por tener tantas "máscaras" (persona = mascara en griego) que las relaciones sociales serán una especie de múltiples alienaciones parciales del individuo, que nos impedirá ser auténticamente nosotros mismos.
El hecho de que se reclame la dignidad del trabajador, de la mujer, del discapacitado, y del extranjero, etc. no significa que haya tantas dignidades como colectivos que la reclame, sino en esta evolución social de la humanidad, aún quedan grupos oprimidos de personas a las que se les niega su condición de tal, su dignidad de persona. Como durante toda la historia de la humanidad, las personas oprimidas se agrupan en torno a la defensa de su derecho a ser persona, de su dignidad. A medida que los grupos sociales, que los movimientos sociales van consiguiendo ser reconocidas como iguales, van desapareciendo la razones que los unen.

Así los trabajadores, y este momento social, se unen para reclamar su derecho a ser considerados como personas dentro del entorno laboral, no su derecho a trabajadores con dignidad, no su derecho a la dignidad laboral, sino el derecho a ser tratado como personas.
III.- Dignidad, mobbing, indemnización.-Nos atrevemos a pensar que la frustración de los trabajadores cuando reclaman en el orden social frente al despido, o inician acciones en defensa derechos fundamentales, deriva de que lo que han defendido no es el núcleo de todos sus derechos, sino alguno de estos, por lo que a fin de cuentas se preguntan siempre, aun cuando hayan obtenido una sentencia favorable: ¿Y mi dignidad, como recupero mi dignidad, quien restablece dignidad?.

De algún modo, la miserable Indemnizacion de un despido improcedente no puede mas que añadir humillación a la dignidad humana. Equiparar las indemnizaciones por un incumplimiento contractual del empresario con el progresivo daño que produce el acoso es injusto a todas luces y, además, indigno.

Pero hay que dar un paso mas en este análisis: dado que las indemnizaciones por acoso se basan en el parámetro fundamental de la cuantía del salario, la concepción de la dignidad laboral entraña el peligro de acabar patentando la formula legal por la que unos trabajadores sean mas dignos que otros, que a igual salario igual dignidad y por tanto, los oprimidos, los siempre olvidados, seguirán estando desprotegidos, desamparados, discriminados, humillados.
La dignidad como fundamento del orden político y de la paz social esta aludiendo a un aspecto colectivo, o común, de la dignidad: es un valor no tanto de la persona como de la sociedad. De esta manera enlazamos con lo dicho anteriormente, la dignidad es un valor jurídico de naturaleza publica. Así, los derechos fundamentales que mas próximos están al valor dignidad, lo están por tener un aspecto interno y otro externo. El ejemplo mas característico es el derecho al honor. Si en algún punto colisiona con otros derechos, como el de la libertad de expresión o derecho a la información veraz, solo ceden estos frente al honor cuando se haya traspasado el núcleo común de este y aquella. Conductas que pudiera parecerse a primera vista que vulneran el derecho al honor, han cedido frente a la libertad de expresión cuando en un ponderado ejercicio, la dignidad no ha resultado atacada. Si analizamos la jurisprudencia15 podremos observar cómo la libertad de expresión prima sobre el derecho al honor en sentido individual, precisamente por el núcleo de dignidad colectiva que encierra la libertad de expresión y por haber cedido anticipadamente parte de su “honor o intimidad individual” el demandante, con lo que la colectividad tiene derecho a acceder a esa información, o permite la libre expresión de la opinión respecto de lo que, siendo inicialmente privativo de una persona, fue esta la que primeramente hizo dejación de su derecho, bien por ser personaje público, bien por haber dado publicidad a hechos y datos similares con antelación. Sin embargo, aun en estos casos, si la información se ofrece con menoscabo de la dignidad que hemos llamado colectiva, entonces es esta la que se erige en detentadora del derecho a una información que no atente contra ese valor superior. Así, por mucho que un sujeto particular mercadee con su honor, con su intimidad, la información que de aspectos de su dignidad se quiera ofrecer debe realizarse de forma y manera que no transgreda la dignidad colectiva.


IV.- Conclusiones.- Trasladando estas notas al mobbing llegamos a las siguientes conclusiones:

1ª) La dignidad es un valor jurídico único, que por no ser un derecho fundamental no cabe su invocación directa ante los tribunales, sino que debe hacerse en relación a los concretos derechos fundamentales de los que la dignidad tiene el carácter de núcleo insoslayable.
Una sistematización de los derechos humanos, muy extendida, distingue dentro de estos los que tienen naturaleza individual de aquellos otros con naturaleza colectiva, lo que, efectos dogmáticos es clarificador16.
A modo de ejemplo gráfico, diríamos que la dignidad es el agua contenida en el recipiente del que se fortalecen los derechos del hombre. Si uno de estos derechos es atacado, la puede contaminar, congelar, o evaporar, pero sigue siendo agua, dignidad. Por el contrario, cuando se produce un acoso psicológico en el trabajo, se produce una electrólisis que separa el hidrogeno del oxigeno, que hace que se descomponga la dignidad.
En este sentido puede decirse que el acoso psicológico en el trabajo, produce un daño pluriofensivo, progresivo y continuo que lleva una carga capaz de desintegrar la dignidad en si misma considerada, ( no la pretendida “dignidad laboral”) como valor jurídico que sustenta el orden político y la paz social.
2º) Sin perjuicio de reconocer la necesidad y eficacia de toda normativa preventiva, el ataque a la dignidad, tal y como ha quedado expuesto, necesita y reclama su más enérgica protección jurídica. Y ésta sólo puede otorgarla el ius puniendi del Estado a través de la prevención general y severa de una tipificación en el código penal y una previsión normativa, en orden a la indemnización por daños, basada en parámetros distintos al salario, que garantice la igual valoración de la dignidad de toda persona por el solo hecho de serlo. Según la metáfora utilizada, solo podemos volver a tener agua mediante un proceso de combustión en el que los derechos fundamentales se recombinen entre si para reintegrar la dignidad a la víctima de acoso.
3º) Es preciso en aras de la lucha por la dignidad, delimitar el acoso moral en el trabajo de otras conductas que también son reprochables, que si generan daños, deben ser indemnizadas como corresponda, pero que no deben ser sancionadas tan severamente como reclamamos lo sea el proceso de violencia psicológica en el trabajo.
MªJosé Blanco Barea y Javier López Parada.

Astorga, mayo-2002

Mjblanco@fiscalia.net jlparada@fiscalia.net


1 . Sur la violation alléguée de l'article 3 (art. 3) de la Convention
24. Selon Mmes Campbell et Cosans, leurs fils Gordon et Jeffrey ont subi, en raison du recours aux punitions corporelles comme mesure disciplinaire à l'école, une violation de l'article 3 (art. 3) d'après lequel
"Nul ne peut être soumis à la torture ni à des peines ou traitements inhumains ou dégradants".
La Commission ne constate aucun manquement de ce genre; le Gouvernement souscrit à sa conclusion.
25. Ni Gordon Campbell ni Jeffrey Cosans n'ont, en fait, reçu de coups de martinet. La Cour n'a donc pas ici à étudier au regard de l'article 3 (art. 3) des sanctions corporelles effectivement infligées.
26. Elle considère toutefois qu'un risque d'agissements prohibés par l'article 3 (art. 3) peut se heurter lui-même à ce texte s'il est suffisamment réel et immédiat. Ainsi, menacer quelqu'un de le torturer pourrait, dans des circonstances données, constituer pour le moins un "traitement inhumain".
27. Le système des châtiments corporels a de quoi inspirer de l'appréhension à qui s'y voit exposé. La Cour estime cependant, avec la Commission, que la situation où se trouvaient les fils des requérantes ne s'analysait ni en "torture" ni en "traitement inhumain", au sens de l'article 3 (art. 3): rien ne montre qu'ils aient éprouvé des souffrances du degré inhérent à ces notions telles que la Cour les a interprétées et appliquées dans son arrêt du 18 janvier 1978 en l'affaire Irlande contre Royaume-Uni (série A n° 25, pp. 66-67 et 68, par. 167 et 174).
28. L'arrêt Tyrer du 25 avril 1978 fournit, lui, certains critères sur l'idée de "peine dégradante" (série A n° 26, p. 15, par. 30). Aucune exécution de "peine" n'a eu lieu en l'occurrence. Il ressort pourtant dudit arrêt que, pour "dégrader", un "traitement" doit lui aussi causer à l'intéressé - aux yeux d'autrui ou aux siens (ibidem, p. 16, par. 32) - une humiliation ou un avilissement atteignant un minimum de gravité. Il échet d'apprécier ce dernier à la lumière des circonstances de l'espèce (arrêt Irlande contre Royaume-Uni, précité, p. 65. par. 162, p. 66, par. 167, et pp. 69-70, par. 179-181).
29. Les châtiments corporels correspondent à une tradition dans les écoles écossaises et une forte majorité des parents y semble d'ailleurs favorable (paragraphe 18 ci-dessus). En soi, cela ne résout pas la question à trancher par la Cour: la menace d'une mesure donnée ne sort pas de la catégorie du "dégradant", au sens de l'article 3 (art. 3), par cela seul qu'il s'agit d'une mesure consacrée par un long usage, voire en général approuvée (voir, mutatis mutandis, l'arrêt Tyrer précité, p. 15, par. 31).
Toutefois, eu égard notamment à la situation existant ainsi en Ecosse, il n'apparaît pas établi que les élèves d'une école où l'on recourt à de telles punitions soient, en raison du simple risque d'en subir une, humiliés ou avilis aux yeux d'autrui au degré voulu ou à un degré quelconque.
30. Quant à savoir si les fils des requérantes l'ont été à leurs propres yeux, la Cour souligne d'abord qu'une menace pesant sur un individu exceptionnellement insensible peut n'exercer aucune influence appréciable sur lui et néanmoins revêtir sans conteste un caractère dégradant; vice versa, un individu de sensibilité exceptionnelle pourrait demeurer marqué en profondeur par une menace que seule une déformation du sens ordinaire et usuel du terme permettrait de qualifier de dégradante. La Cour constate du reste, avec la Commission, l'absence de preuves - notamment médicales - révévant, chez ces deux enfants, des effets néfastes d'ordre psychologique ou autre (paragraphe 13 ci-dessus).
Jeffrey Cosans peut bien avoir éprouvé des sentiments d'appréhension ou d'inquiétude au moment où il faillit recevoir des coups de martinet (paragraphe 10 ci-dessus), mais cela ne suffit pas pour constituer un traitement dégradant au regard de l'article 3 (art. 3)
Il en va de même, a fortiori, de Gordon Campbell: jamais aucune menace directe de châtiments corporels n'a plané sur lui (paragraphe 9 ci-dessus). Le conseil de sa mère a certes affirmé, à l'audience, que par sa seule existence cette pratique suscite une tension collective et, chez l'écolier, un sentiment d'aliénation, mais même s'il en est ainsi ces conséquences se rangent dans une catégorie différente de l'humiliation ou de l'avilissement.
31. En résumé, nulle infraction à l'article 3 (art. 3) ne se trouve établie. Cette conclusion dispense la Cour de rechercher si les requérantes ont le droit de prétendre, en vertu de l'article 25 (art. 25) de la Convention, que leurs enfants ont été victimes d'une telle violation, question examinée par la Commission et au sujet de laquelle le Gouvernement a présenté des arguments.


2 Paz Mercedes de la Cuesta Aguado. Profesora titular de Derecho penal de la Universidad de Cádiz, ofrece un completo análisis sistematizando las diferentes corrientes filosofico-jurídicas sobre la dignidad en el artículo EL PRINCIPIO PENAL DE RESPETO A LA DIGNIDAD DE LA PERSONA, http://derecho.org.

3 PECES-BARBA MARTINEZ, G., Derechos y derechos fundamentales, Madrid 1993.

4 . JUAN ANTONIO SAGARDOY. Catedrático de Derecho del Trabajo de la Universidad Complutense de Madrid “El compromiso manifiesta la libertad; la sumisión la niega. De ahí, cabe concluir que la misión esencial del Derecho del Trabajo es la de asegurar el respeto a la dignidad del trabajador. No existiría un verdadero Estado social y democrático del Derecho, sin el respeto de la dignidad de los hombres y mujeres que trabajan. Hasta el punto que, hoy en día, podría hablarse de un nuevo principio modulador de las relaciones de trabajo: el principio «pro dignitate laboratoris».

Y digo hoy en día, porque la constitucionalización de los derechos laborales no tienen larga ni pacífica historia..” http://mobbing.nu/prensaABC19032002-sagardoy.htm


5 F.De CASTRO . El orde público según la doctrina. Notas sobre las limitacionmes intrínsecas de la autonomia de la voluntad. ADC octubre Diciembre 1.982

6 VELAZQUEZ FERNANDEZ. M. http://www.ccoo.es No se trataría, en suma, de la simple violación de unos derechos profesionales sino de una conducta que tiene por consecuencia un daño en la salud de trabajador afectado por la persecución de tipo psicológico y que por tanto ha de tener el tratamiento propio de la normativa de prevención de riesgos laborales conforme a la descripción que de ella hace

el artículo 1 de la Ley 31/1995 de 8 de noviembre como a continuación examinamos.

7 UNA "NUEVA" PATOLOGIA DE GESTION EN EL EMPLEO PÚBLICO: EL ACOSO INSTITUCIONAL (MOBBING). Reflexiones a propósito de la sentencia del Tribunal Supremo, Sala 3.ª, Sección 6.ª, de 23 de julio de 2001. http:// www.fiscalia.org


8 “Cuando se pone en marcha el acoso, el principal empeño de los acosadores es lograr el descrédito profesional de la víctima. Se le achaca individualismo, poca calidad en su trabajo, se le maltrata de palabra sobre su valía profesional, se le asignan tareas inútiles, se le calumnia, se le ignora, se le degrada, se le grita, se le impide expresarse y relacionarse. En definitiva se tiende a su aniquilación para que ante el sufrimiento que experimenta el acosado, abandone la organización. La empresa acaba siendo un «campo de concentración».O.p citada


9 LA VIA PENAL Y CIVIL INTEGRADA EN EL TRATAMIENTO DE URGENCIA DEL MOBBING. MARIA JOSE BLANCO BAREA y JAVIER LOPEZ PARADA http://mobbing.nu/MJBB-JLPViaintegrada.pdf

10 BLOCH, ERNST. Derecho matural y dignidad humana. Biblioteca Jurídica Aguilar, 1980. Prologo XII. “...Por eso ha llegado el momento de unir funcionalment y superar las diferencias en las antinguas intecniones de dicha de las utopias sociales y las antiguas intenciones de dignidad de las teorias iusnaturalistas. Teniendo la plena seguridad de que tan poco posible es la dignidad humana sin el término de la miseria, como una dicha humana sin poner término a toda opersion antigua o moderna”

11 Douglass Cassel es Director del Centro Internacional de Derechos Humanos, Facultad de Derecho, de la Universidad Northwestern, de Chicago

http://www.law.nwu.edu/depts/clinic/ihr/espanol/pobreza.html “...Para lograr la dignidad humana, no basta con poner fin a los atropellos contra la seguridad de la persona, tales como la tortura y las desapariciones forzadas. Ni tampoco son suficientes las libertades políticas de votar, de prensa o de la democracia. Se necesita algo más. “... Quien no come, no tiene posibilidad de lanzar campaña política. Quien no tiene hogar, no puede ejercer su derecho a la privacidad. Quien no goza de educación y se queda análfabeto, no puede ejercer la libertad de prensa. Y quien no tiene empleo, no puede realizarse.


12La dignidad del trabajo humano.
Alejandro Jimenez de la Torre Ciencias Químico Biológicas

http://www.irsl.edu.mx/academia/3Pag3.html “...Según el manual de la Doctrina Social Cristiana se puede considerar el trabajo de siete maneras diferentes que enseguida mencionare:
1) Como necesidad, es decir, que el hombre necesita el trabajo para su propia conservación y la de los demás.
2) Como actividad para el desarrollo del hombre.
3) Como configuración y dominio del mundo. Dios, desde la creación del hombre ha dado a este la facultad de gobernar, ordenar y administrar el mundo y el universo. per esto es necesario que el hombre trabaje para conseguirlo, ya que al hacerlo participa en la creación de Dios.
4) Como servicio. El trabajo desde el principio ha sido una ayuda y colaboración hacia los demás hombres. Dentro de la sociedad el hombre puede ayudar a sus cercanos con su trabajo en distintas maneras, ya sea en los conceptos universales come santidad, verdad, belleza, etc.; también puede ayudar con su trabajo en asuntos de ayuda espiritual y corporal ayudando a gobernar y ordenar la sociedad, o produciendo cosas para los demás.
5) Como penitencia, esto es, que el trabajo causa fatiga, pero es necesario realizarlo.
6) Como expiación.
7) Como glorificación a Dios y preparación de la futura libertad de los hijos de Dios. Este es quizá uno de los aspectos más importantes del trabajo humano y también el que le da más importancia. Con su trabajo el hombre participa en la creación de Dios ya que eI mismo lo ha puesto en la tierra para trabajar. Cuando el trabajo no va dirigido hacia Dios, el hombre no se perfecciona, pues no lo dirige hacia su fin ultimo; ya sabemos que el hombre se perfecciona en cuanto dirige todas sus actividades y todos sus actos hacia su ultimo fin que es Dios.

Fines del trabajo

El trabajo, aunque costoso se presenta come un bien útil y un bien digno. Esto último hace referencia a que el trabajo expresa la dignidad que el hombre posee, y más que esto, la aumenta . Este bien, que es el trabajo, ayuda al hombre a realizarse mis como hombre, pues va con su naturaleza el trabajar (Laborem Exercens).

Una parte por lo que el hombre se perfecciona con el trabajo es que el trabajar implica el ejercicio de algunas virtudes humanas, las cuales ayudan a la realización plena del hombre. Para que esto sea posible, el trabajo tiene que estar hecho con perfección y a la vez tener espíritu de servicio para hacerlo come se debe, con amor.


13 SANCHEZ DE BUSTAMANTE, TEODORO. http://www.uv.es/~afd/CEFD/3/Sanchez.html. "Derecho del Trabajo Mínimo. Flexibilización y desreglamentación". Crítica al Derecho del Trabajo Mínimo. Cuadernos de Filosofia del Derecho. 3/2000

14 Molina Navarrete, Crsitobal. Aranzadi Social nº 18 2002. La tutela frente a la "violencia moral" en los lugares de trabajo: entre prevención e indemnizacion.

15 EIRANOVA ENCINAS, EMILIO. Honor, dignidad e intimidad de la persona.. Diario La Ley, nº 906. 2002.

16 http://www.droitshumains.org/uni/Formation/02Ens_indiv_e.htm. Informe sistem´ñatico sobre los derechos humanos. Universidad de Verano de los Derechos Humanos y del Derecho a la educación. Suiza, 2001.

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