Siglo XIX. Los congresos pedagógicos y los primeros intentos para la organización del sistema educativo nacional






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títuloSiglo XIX. Los congresos pedagógicos y los primeros intentos para la organización del sistema educativo nacional
fecha de publicación21.09.2015
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SIGLO XIX. LOS CONGRESOS PEDAGÓGICOS Y LOS PRIMEROS INTENTOS PARA LA ORGANIZACIÓN DEL SISTEMA EDUCATIVO NACIONAL.

Iniciativas y ensayos educativos: la construcción de la nación Mexicana, 1821-1854

El año de 1821 marca el inicio de la imaginar a la nación y dar paso a la construcción; las propuestas son variadas pues son el reflejo de los actores políticos involucrados en el moviendo independentista.

Grupos con diferentes visiones culturales e ideológicas; sin embargo, existe un punto que los une e identifica, el educativo

 

Nada puede contribuir tanto a la prosperidad nacional, como la ilustración pública y la acertada dirección que se dé a la juventud”, declara en 1823 el Supremo Poder Ejecutivo de la joven República

 

Más tarde, Guadalupe Victoria declara: “La ilustración sirve para la existencia de las naciones, las educa y las conserva”

 

Vicente Guerrero declara: “Convencido de que las luces preparan y hacen triunfar el imperio de las libertades, abriré todas las fuentes de la instrucción pública, se apresuran a dar a las artes y las ciencias

Ya el gobierno de Agustín de Iturbide, en 1822, intenta considerar el tema educativo; sin embargo, carece de fondos suficientes para apoyar un proyecto amplio, por tanto, éste queda en manos de la Compañía Lancasteriana, la cual debía fundar con el tiempo escuelas elementales y normales; el Estado quiere impulsar la educación, pero no cuenta con los recursos necesarios; por ello, deberá valerse de instituciones alternas que apoyen esta iniciativa.

  

Así mismo, se establece un currículo para la primaria; en éste, se presentan las asignaturas de lectura, escritura, aritmética, geometría, gramática, catecismo religioso y moral, dibujo y dos materias fundamentales para el nuevo Estado: Constitución del Estado y Catecismo Político, es decir, se da un espacio al tema cívico y por tanto a la formación (si bien incipiente) de ciudadanos

 

Este proyecto consideró la educación de las niñas y de los adultos y se ordenó la creación de escuelas para atenderlos.

 

A los pocos meses se instauró la República Federal y se promulgó una nueva constitución política y un nuevo plan educativo que se dio a conocer en 1826.

 

Fue la segunda propuesta educativa; nuevamente encontramos la insistencia de que la instrucción pública se dé en establecimientos destinados para tal efecto;

 

Se presentó un currículo para primaria, que incluía prácticamente las mismas asignaturas que el anterior, aunque destacan la inclusión de las materias de moral y urbanidad; además, se incluye una nueva materia: “Conocimientos de Derechos Civiles”. Se continúa con el tema cívico, tan necesario para una nación en ciernes.  La instrucción es obligatoria y se llevará según el método lancasteriano.

Respecto de la escuela preparatoria, ésta enriquece su currículo con materias un tanto científicas, como mineralogía, geología, botánica, zoología e incluye gramática de lenguas antiguas.

 

El proyecto ofrecía grandes posibilidades; sin embargo, tenía un problema: carecía de fondos y no señalaba la manera de sostener tan ambicioso proyecto.

 

La situación económica del país impidió que estas iniciativas en materia educativa se pusieran en práctica; 

Se dieron reajustes y, para 1827, surge un tercer plan educativo, el cual busca nuevamente y con muy buenas intenciones impulsar la educación pública en el país;

 

En 1834 SANTA ANNA derogó la reforma y prácticamente pidió disculpas a la sociedad conservadora del país; los ayuntamientos vuelven a ser los encargados de las escuelas de primeras letras.

 

Los cambios en materia educativa continúan y se presentan nuevas propuestas, aunque en esencia se mantienen las mismas premisas, unas defendidas por conservadores y otras por liberales.

 

En 1842, se expedía un nuevo decreto que declaraba la educación obligatoria entre los 7 y los 15 años; además, debía ser gratuita.

 

Se daba a la Compañía Lancasteriana la Dirección General de Instrucción Primaria; con el cambio constitucional este ensayo fue derogado y

 

Para 1843 se redactó un nuevo ensayo educativo a cargo de Manuel Baranda y se anota “dar impulso a la instrucción pública, uniformarla y hacer efectiva su mejora y progresivos y firmes sus adelantos”.

 

La situación del país para la década de los cuarenta era de caos, inestabilidad, crisis económica, intervenciones extranjeras, guerras, etc. y aun así, en medio de la total anarquía y de los constantes enfrentamientos entre liberales y conservadores, se presentaban y debatían nuevos proyectos educativos, muchos de ellos sumamente completos y ambiciosos.

 

Con el fin de la dictadura santanista, en el año de 1855, el país continúa en su intento por consolidar un proyecto de nación; sin embargo, aún está por definirse la línea política que tomara las “riendas del país”.

 

Los liberales y el proyecto educativo: vientos de cambio

“A partir de la segunda mitad del siglo xix los liberales concentraron sus esfuerzos en diseñar un proyecto educativo moderno bajo la dirección del Estado.

 La idea central era formar a los niños en la escuela, es decir, contar con una educación formal, la cual debía de atender de manera especial la formación cívica del niño”

 

Los años que van de 1856 a 1867 constituyen un período de gran actividad en materia de legislación educativa.

 

Juárez, a la cabeza de un destacado grupo de liberales, consideraba más que urgente pasar de las meras iniciativas a la normatividad en materia educativa; sin embargo, mucho de lo propuesto ya se había planteado anteriormente, pero ahora se daba fuerza a estas ideas al incluirlas en la Constitución de 1857.
El tema educativo quedó incluido en el art. 3°:“La enseñanza es libre; la ley determinará qué profesiones necesitan título para su ejercicio y con que requisitos se debe expedir”.

 

En 1856 se establece la secundaria para niñas, importante iniciativa que coloca la primera piedra en la construcción de la formación de las futuras maestras; N

 

Para el año de 1857 se dan las bases para la fundación de escuelas normales.

 

Después de concluir la guerra de Tres Años, en 1861 se promulga La Ley de Instrucción Pública para el Distrito Federal y los Territorios Federales, la cual establece un nuevo plan de estudios para la educación primaria; 

Los aspectos de orden cívico son considerados en la asignatura “Lectura y leyes fundamentales”; es evidente el interés de los liberales por dar a conocer la nueva legislación

liberal entre los niños. En este mismo plan,  las asignaturas “catecismo religioso” e “historia sagrada” son eliminadas definitivamente del currículo escolar por obvias razones como consecuencia de la separación de la Iglesia del Estado suscitado en el año 1859;

 

En su lugar, se establece la materia de “moral”, que se aboca a la enseñanza de los principios morales y que se mantendrá hasta finales del siglo xix

 

 

La modernización y el proyecto educativo del Porfiriato

El proyecto educativo del Porfiriato es uno: la modernización de la educación, con la idea de establecer un sistema educativo nacional, federal, uniforme, homogéneo, racional, laico y controlado única y exclusivamente por el Estado

 

Porfirio Díaz procuró, por diversos medios, transformar la sociedad que había recibido y convertirla en moderna, siguiendo para ello el ejemplo de los países avanzados; el orden y el progreso, premisas básicas del discurso positivista y del mundo industrial en ascenso, nutrieron el contenido de la modernidad. Para lograr este objetivo, resultaba necesario e indispensable contar con un Estado nuevo; en este sentido, el pensamiento positivista ofreció importantes elementos para su conceptualización: el orden sólo podía ser alcanzado por un Estado fuerte donde el presidente concentrara amplios poderes y ejerciera un control total sobre la sociedad; la libertad política sería sacrifica en aras de la evolución social.

La mayoría de los educadores y pedagogos de la época15 concebían la educación moderna como una educación racional, científica, objetiva, y laica; para llevar a cabo el proyecto modernizador resultaba indispensable que las escuelas fueran modernizadas en sus espacios, mobiliario, contenidos curriculares, libros de texto y maestros; aunado a esto, la Educación debía lograr la uniformidad, homogeneidad y obligatoriedad en todo el país, pues sólo así se lograría una exitosa difusión del discurso liberal en todas las escuelas. El proyecto era claro, los actores estaban en el escenario: maestros, educadores, pedagogos, políticos, ministros y a la cabeza el presidente de la República, el General Porfirio Díaz;

 
La vida escolar fue trastocada por los vientos modernizadores; se dio énfasis a la reformulación de los planes y programas de estudio, que dieron pie a la conformación de un currículo renovado;  

 

El establecimiento de métodos de vanguardia, retomados de experiencias norteamericanas; la puesta en práctica de actividades que enfatizaban la parte racional, científica, cívica y práctica de la enseñanza; todo ello formaba parte de un ideal de formación moderna.

Los libros de texto no quedaron al margen de estas transformaciones; muy por el contrario, fueron objeto de atención especial por parte de las autoridades educativas, de los pedagogos y de los maestros. Cada disciplina fue diseñando sus propios libros de texto, elaborados de acuerdo con la normatividad establecida, ya que de no ser así, no tendrían posibilidad de ser aceptado en las escuelas.

 

A partir de 1885, la Escuela Normal de Maestros se encargó de seleccionar los textos para el ciclo escolar correspondiente.

 

La preparación cívica e histórica de los niños fue particularmente cuidada por el Estado liberal; para su enseñanza se contó con programas y libros escolares especialmente diseñados para tal fin;  para 1887, el currículo de primaria incluía una materia nueva: “Instrucción Moral y Cívica”;

Al respecto, Justo Sierra anota: “en las escuelas primarias de todos los ámbitos de la nación se formará no sólo al hombre socialmente hablando sino al ciudadano mexicano, inspirado en los grandes ideales que la patria persigue”.18 Todos los planes de estudio posteriores incluyeron e incluyen la materia de civismo.

 

La década de los ochenta fue particularmente fructífera en materia educativa, pues en este período se organizaron dos importantes y fundamentales congresos: el Higiénico Pedagógico (1882) y el de Instrucción Pública (1889-1890), que incidieron en la reorganización de la educación primaria en el país; marcaron el inicio de una serie de reformas que condujeron a la educación pública a tomar nuevos caminos.

Para 1888, se publicó la Ley de Instrucción Pública; las materias consideradas como básicas en esta Ley incluían la: “instrucción moral y cívica, la lengua nacional, la lectura y escritura, las nociones de cálculo aritmético y geometría, los elementos de ciencias fundamentales de observación y experimentación, datos elementales de geografía y nociones de historia natural, dibujo, canto coral, manejo de los útiles de los oficios mecánicos, ejercicios gimnásticos, ejercicios militares (para niños) y labores manuales (para niñas)

.19 Todas estas materias estaban encaminadas a fortalecer la formación cívica y científica de los alumnos e implicaron modificaciones en la estructura del currículo.

A su vez, esta legislación enfatizó el carácter de obligatoriedad de la enseñanza elemental en el Distrito Federal y Territorios, para varones y mujeres de 6 a 12 años; 20 de fondo estaba nuevamente el plan para impulsar una educación unitaria, que ofreciera los mismos conocimientos en todas las escuelas públicas; al ser obligatoria la enseñanza, el discurso liberal podía fluir más fácilmente.

La década de los noventa resultó particularmente prolífica para la educación; se dieron importantes medidas que fortalecieron el aparato educativo a cargo del Estado, el cual tuvo cada vez mayores facultades para dirigir la enseñanza pública. La legislación hacía énfasis en los programas y en los métodos.
Al respecto, la Ley Reglamentaria de 1896 indicaba en el art. 66°: se establece una Dirección General de Instrucción Primaria, á fin de que ésta se difunda y atienda con uniformidad, bajo un mismo plan científico y administrativo.

21 Cada materia contaba con su respectivo programa, que detallaba por año escolar las actividades y contenidos que debían tratarse por grado; el profesor contaba con una guía para la enseñanza de los aspectos fundamentales del programa de estudios, pero, sobre todo, con los lineamientos para que impartiera solamente lo estipulado por la autoridad.

 

En 1908 se promulgó la Ley de Educación Primaria, que si bien era para el Distrito Federal y Territorios, fue acogida en breve tiempo por todo el país.

Este documento expresa los intereses del equipo diseñador de la política educativa22 y, en particular, la visión de Justo Sierra, responsable de la educación del país; se destacaban los aspectos prioritarios de esta política, que se resumían en tres: el aspecto moral y cívico, que ahora adquiría tintes modernos, acordes con el proyecto de industrialización que invadía al mundo occidental y que requería de la formación de ciudadanos obedientes y disciplinados; y los aspectos científico y físico.

 

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