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10ª. Sesión.

El Estado mexicano forma gerentes públicos especializados para el Sector Salud, con el fin de mantener dentro de los límites establecidos, la eficacia y la eficiencia de la función tutelaservicio de la administración pública.

Estrada y Zenea cita un párrafo de Don Mariano Alonzo sobre los conocimientos que debe tener un jefe político, que dice:

(…) ha de saber la historia del país que manda; sus conocimientos en las ciencias naturales deben ser latos; las matemáticas han de serle familiares; debe conocer la práctica en la delineación y formación de planos y cróquis; y en la historia de las sociedades económicas, en las de las municipalidades y en las condiciones de estos cuerpos debe estar ilustrado, en la maquinaria conviénenle estudios, y en la agricultura, le son útiles extensos conocimientos, así como en el comercio y la mineralogía. Ha de tener del mismo modo instrucción en la historia y en la física, y sobre todo, en el corazón humano: porque las autoridades encargadas de morigerar los pueblos y guiarlos á la prosperidad, mal pudieran hacerlo sin este auxilio, sin esta palanca, porque manda y domina ciertamente las voluntades, guiándola insensiblemente por el camino de las reformas.166

Esta referencia marca la línea educativa del funcionario público que durante muchos años fue respetada con mayor o menor acuciosidad, en todo el gobierno mexicano. Los próceres de la administración pública como fueron Mora, Alamán, de la Rosa, Lares, y en fin tantos otros que alargarían la lista y quedarían muchas omisiones, se preocuparon por la formación de funcionarios públicos. Mora vapulea a quienes, sin tener el saber del mando ni de ninguna otra cosa, quieren vivir del gobierno en un puesto público y se degradan ignominiosamente por conservar el cargo, en grave detrimento de la libertad de los pueblos.167 Alamán, por su parte, recomienda la selección de personas conocedoras, teórica y prácticamente de los asuntos de gobierno para resolver los problemas que lo aquejan.168 Luis de la Rosa, suscribe que:

La ciencia de la administración, como todas las ciencias morales y económicas, se ha ido formando con el tiempo, y se ha ido perfeccionando lentamente según que las teorías de esta ciencia han sido confirmadas ó desmentidas por los hechos. Por otra parte la ciencia de la administración, aunque notablemente perfeccionada ya, no es ni será jamás una ciencia tan esacta y segura como la geometría. Un hombre que se vea en la necesidad de dirigir prácticamente la administración de algún estado, deberá, pues, estudiar profundamente la ciencia, pero debería estudiar también las antiguas teorías de la administración, la historia económica y administrativa de las naciones más adelantadas en civilización, y las instituciones administrativas que han planteado esas mismas naciones ó que están actualmente ensayando; deberá sobre todo tener presente que las más seguras teorías de la ciencia administrativa deben modificarse hasta cierto punto por la grande influencia que ejercen en cada país, el clima, la configuración y naturaleza del terreno y sus producciones naturales, bien entendido que esta influencia no debe ser ecsagerada, como lo ha sido muchas veces.169

La educación profesional de los médicos tiene destacada importancia para el gobierno virreinal. En 1536 Fray Bernardino de Sahagún funda el Imperial Colegio de la Santa Cruz de Tlaltelolco, en el que se enseña medicina a los indios. Son precisamente dos egresados del Colegio, los médicos mexicas Martín de la Cruz y Juan Badiano quienes escriben un libro de farmacología herbolaria –de la Cruz lo escribe en náhuatl y Badiano lo traduce al latín– conocido como el “Códice Badiano”.

El 21 de septiembre de 1551, Carlos i de España y v de Alemania crea la Real y pontificia Universidad de México, que inicia sus cátedras el 25 de enero de 1553. En esta Universidad se estudia medicina de acuerdo con los con los conocimientos más avanzados de la época. Don Pedro Farfán es el primer Doctor en Medicina egresado en 1567.

En el campo de la salubridad, el enfoque principal de la enseñanza se dio en cuanto a los aspectos propiamente curativos, desde la época colonial en el Colegio de San Juan de Letrán, fundado por Fray Pedro de Gante en 1529, la Real y Pontificia Universidad en 1554 y el Real Colegio de Indios de Santiago Tlaltelolco en 1587 y prácticamente hasta la fecha. Al crearse el Tribunal del Protomedicato asume las funciones ya señaladas (vide supra), y que fueron las de examinar a los médicos, a los cirujanos y a los barberos, y a los boticarios, así como visitar las boticas. El examen que aplicaba era independiente del que se requería para obtener el grado en la Universidad, era para otorgar una licencia del ejercicio equivalente a la cédula Profesional actual. Las visitas a las boticas tenían la finalidad de controlar la calidad de los medicamentos que se preparaban en ellas, evitando la adulteración de las prescripciones y el uso de sucedáneos inertes o excipientes que alteraran las cualidades terapéuticas de la fórmula.

Agotado por la evolución de la civilización, el Protomedicato desaparece el 21 de noviembre de 1831 y es sustituido por la Facultad Médica del Distrito Federal, que sólo se encarga de los exámenes de medicina y cirugía y desaparece dos años después, pasando sus funciones al Establecimiento de Ciencias Médicas. En efecto,

El 23 del mismo mes de octubre [de 1833] hoy día del médico en recuerdo de aquella fecha, se publicó el plan de estudios del Establecimiento de Ciencias Médicas y se nombró director al doctor Casimiro Liceaga, vicedirector al doctor José María Benitez y secretario al afamado cirujano Pedro Escobedo.170

El establecimiento siguió fundamentalmente interesado en la enseñanza médica, y funcionarios públicos para dirigir la salubridad en México. Se instala una cátedra no hay referencias de que se hubieran formado o por lo menos capacitado de Higiene, “reducida a «elementos» de una higiene individual que se avenía más o menos bien con la fisiología, cátedra de la cual la higiene era como un apéndice”.171 Es hasta 1868 cuando se separa como cátedra independiente de la fisiología con el nombre de Higiene y Meteorología Médica, que sin duda significa un valioso adelanto en el concepto social de la medicina, que considera todas las relaciones del hombre con el ambiente, pero no se vislumbra la necesidad de que el médico tenga conocimientos de administración, y todo sigue haciéndose empíricamente, si bien con buenos resultados por la capacidad intelectual y la experiencia de las personalidades que ocuparon los puestos directivos gubernamentales. Una aproximación fue la del doctor Luis E Ruiz, quien, al final del curso incluyó el tema Legislación sanitaria “donde se daba a conocer las legislaciones sanitarias nacionales y se hacía un sucinto análisis de las extranjeras.”172

En el resto del siglo xix y en el principio del xx, en México la situación permaneció igual, pues seguramente no se conocía la corriente de la policía médica alemana nacida con el cameralismo y consumada por Johann Peter Frank con el tratado de Policía Médica aparecido en 1779. No fue sino hasta 1922 cuando se crea la Escuela de Salubridad por el Departamento de Salubridad. Se establece como fecha de la Escuela el 23 de marzo de ese año. El 24 de febrero, se publica en ese medio la “Convocatoria a los médicos que deseen inscribirse a los primeros cursos de la Escuela de Salubridad anexa al Departamento”, y el 1 de marzo aparece un “Acuerdo prorrogando el período de inscripciones a la Escuela de Salubridad. El 31 de marzo de 1925 se decreta la creación de la Escuela de Salubridad.

El citado primer curso “estuvo orientado a preparar médicos que ocuparían puestos de Delegados Sanitarios para las fronteras y puertos marítimos, posteriormente, se iniciaron los cursos para químicos, ingenieros y enfermeras sanitarias.”173

La Escuela tuvo diferentes nombres, de acuerdo con la época, pero sus funciones fueron siempre fundamentalmente dirigidas a la formación y capacitación del personal de las instituciones de salud para la administración pública. Así, de 1922 a 1938, se llamó Escuela de Salubridad. En 1938 se le agregó lo higiénico, convirtiéndose en la Escuela de Salubridad e Higiene hasta 1953, cuando se le nombró como Escuela e Instituto de Salubridad y Enfermedades Tropicales por estar ligada a tal establecimiento. Luego se le llamó Escuela de Salud Pública de 1959 a 1981, con un intermedio en 1964, cuando, por acuerdo presidencial, se crea la Facultad de Ciencias Sanitarias y Asistenciales, de la que dependía, entre otras, la escuela de Salubridad. De 1981 a 1995 se llamó Escuela de Salud Pública de México para convertirse, en ese año en el Instituto Nacional de Salud Pública, como sigue hasta la fecha.

El proyecto de la Facultad de Ciencias Sanitarias y Asistenciales fue muy interesante. El 15 de agosto de 1964 aparece el “Decreto por el que se crea la Facultad de Ciencias Sanitarias y Asistenciales como institución de Enseñanza para los altos estudios y ara profesionales, dependiente de la Secretaría de Salubridad y Asistencia”. Integraba a todas las escuelas de la Secretaría de Salubridad y Asistencia, como eran, por orden creciente, las de Técnicos en Nutrición, en Saneamiento Ambiental, en Estadística y en Enfermería, las de Licenciatura en Nutrición y de Estadigrafía, los postgrados en Salud Pública y Administración Médica, en Administración de Hospitales, en Ingeniería Sanitaria, en Medicina del Deporte y en Medicina Espacial. Se pensaba igualmente en un Doctorado en Epidemiología y en ampliar el ámbito de la educación profesional de acuerdo con las necesidades que fuera demandando el país. Desgraciadamente fue el último año del sexenio de López Mateos y de su secretario de Salubridad, José Álvarez Amésquita, y al año siguiente Díaz Ordaz, abrogó el decreto, entre otras razones por el movimiento laboral de los médicos de 1965.

La administración actual de la Escuela de Salud Pública de México considera que ha pasado por tres etapas históricas. La primera, formando “Oficiales Sanitaristas”, que comprende los años desde su creación en 1922 a 1947. Los avances de las instituciones de salud y seguridad social de la década de los cuarenta impulsaron la creación de estudios de Posgrado en la Escuela. La segunda etapa, culmina en 1985, y representa la época más productiva y de mayor prestigio de la institución, pues tuvo la calidad de AAA en Latinoamérica, y en la actualidad la mayor parte de los funcionarios de más alto nivel en los países de la región y en España, son egresados de la Escuela. En 1985, desde un punto de vista, la Escuela progresa al revisarse los planes de estudio y establecerse las Maestrías en Ciencias con orientación hacia las diferentes ramas de la salud pública y de la administración de los servicios de salud. Desdichadamente, ya por la influencia del neoliberalismo, se copian programas docentes extranjeros, básicamente de los Estados Unidos de Norteamérica y de Inglaterra, y se olvida la tradición mexicana y, sobre todo, las condiciones epidemiológicas y culturales del país, resultando que las diarreas y las neumonías, las parasitosis y la desnutrición resultan ser “tropical diseases”, y no parte esencial de la problemática epidemiológica de la población. Aun así, en 1991 se inicia el programa del Doctorado en Salud Pública, con propósitos de investigación original en este campo. No se está en desacuerdo con este progreso, siempre y cuando se recuperen los objetivos iniciales para el beneficio comunitario.

El 4 de diciembre de 1996 el Secretario de Salud expide el Acuerdo número 104 por el que se crea el Comité de Capacitación y Desarrollo de Personal de la Secretaría de Salud “a fin de que éstos proporcionen mejores y mayores servicios a la población e incrementen su productividad,…”

La mejor función del prestador de servicios es fundamental para que las instituciones públicas cumplan con los objetivos del gobierno, sean estos de tutela o de servicio. No cabe duda que esta dualidad es el principio de la gobernabilidad en las sociedades en las que los niveles de vida han sido siempre precarios. Ya se ha discutido que el modelo privatizador no tiene razón alguna de existir en la sociedad mexicana. La distorsión de la formación de los directivos hacia un modelo privado de la atención médica, provocará el deterioro de los servicios públicos, pues se exige la “productividad y la excelencia en la calidad”, pero medidos en términos de la producción mercantil y no como la prestación de los satisfactores de un derecho social.

Con esto se concluye una somera revisión de las actividades de la administración pública en el campo de la salubridad. La conclusión de que mucho se ha logrado pero que queda mucho por hacer es intranscendente por su obviedad. Más bien este análisis permite fundamentar un criterio sobre la complejidad del quehacer gubernamental en este campo, y refrenda la necesidad de que la administración pública no se excluya de la función protectora que le ha conferido la sociedad, de otorgar servicios indispensables a los grupos más vulnerables, y no considerar que las llamadas “fuerzas del mercado” pueden resolver la delicada red de condiciones necesarias para el bienestar de la población, en la que la salud individual y colectiva es una pieza clave.
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