Facultad de Filosofía y Letras unam






descargar 441.22 Kb.
títuloFacultad de Filosofía y Letras unam
página2/12
fecha de publicación20.09.2015
tamaño441.22 Kb.
tipoDocumentos
ley.exam-10.com > Derecho > Documentos
1   2   3   4   5   6   7   8   9   ...   12

{ EL REAL PROTOMEDICATO. LA REGLAMENTACIÓN DE LA PROFESIÓN MÉDICA EN EL IMPERIO ESPAÑOL.17


John Tate Lanning.

Te Paske, John Jay.18

CAPÍTULO PRIMERO.

LOS MÉDICOS DEL REY SIGUEN A COLÓN.

I. LOS MÉDICOS DEL REY: ETAPA ESPAÑOLA.

El historiador de este lado del océano Atlántico asume que la historia española difícilmente podría empezar antes de Fernando e Isabel. Así que, mientras el desarrollo de las reglamentaciones médicas en España surge desde los tiempos romanos, podría acercarse a ello a la manera del padre Gerund: “déjenme tomar una pizca de rapé porque esta pregunta suya es bien complicada”.

La prostitución, el aborto, el infanticidio y la locura no eran problemas que pudieran esperar el descubrimiento de América. Los romanos, al igual que los españoles medievales, 19 tuvieron que luchar con estos problemas más para controlar el crimen que para reglamentar la medicina. Lo que sobre todo impulsó la aparición del protomedicato, tanto en Roma como en España, fue el simple axioma de que cuanto más fácil sea entrar a la medicina más médicos habrá. Julio César y Augusto otorgaron honores y privilegios s estos practicantes, no obstante, como pudo esperarse, la cantidad creció tanto que llegó a ser necesario determinar cuáles practicantes eran en verdad médicos y cuales oportunistas. Para hacer esta distinción y reducir los médicos autorizados en cada ciudad a un número razonable, los romanos designaron dieciséis arcbiaters20, uno se ubicaba en el templo de las Vírgenes Verstales, otro, en la columnata del gimnasio donde los atletas se reunían y los otros catorce, alrededor de la ciudad. Disfrutaban de un salario público, pero al menos una referencia indirecta sugiere que también cobraban honorarios después de haber efectuado una curación.21

El real protomedicato.


Estos funcionarios procedían a a purificar la práctica de la medicina de dos formas: sometían a cada practicante a un examen y perseguían a aquellos que lo evadían.22 Ni siquiera el senado podía intervenir en el examen o influir en el resultado; tampoco lo podía hacer el pretor o algún otro funcionario. Incluso los arcbiaters. En cada ciudad romana, un aarcbiater se encontraba por encima de los otros médicos, aunque no se cuenta más que con la presunción lógica de que todos ellos practicaban solamente con la aprobación23 de aquel. Sería un disparate sugerir que los arcbiaters fueron los precursores del protomedicato español, pero, dado el vínculo estrecho entre la historia romana y la española, y sobre todo la idolatría que durante siglos tuvieron los españoles por las letras latinas, sería tanto precipitado como irreflexivo sugerir que la práctica romana no tuvo ninguna influencia.

En la historia medieval española existe una conexión aún más cercana entre el incremento de leyes referentes a problemas médicos y el surgimiento del Real Protomedicato. Nombrar a los reyes de Castilla y Aragón en cuyos reinos se expidieron estas leyes sería pasar lista los monarcas más renombrados de España. Dicha lista comienza esencialmente con Alfonso el Sabio (1252-1284) y llega a su momento culminante, que parece natural a todos los americanos, con los Reyes Católicos. Pero, en cada período de administración crítica, especialmente en el reinado de Felipe II (1556-1598), la legislación médica española se incrementa en volumen, vitalidad y abstracción.

De la legislación medieval, el investigador puede extraer, poco a poco, los elementos que, al unirse, forman el Protomedicato Real,24 Alfonso III de Aragón (1285-1291) sometió a los aspirantes a cualquier tipo de práctica médica a un cierto tipo de examen e instruyó a los “letrados y notables” en su “lugar de residencia” para que los examinaran. Cuando un siglo después, Juan I de Castilla (1379-1390) retomó o continuó el mismo procedimiento, los nombró “alcaldes mayores examinadores” en unión con el “médico primero” de la casa real, para formar el cuerpo que examinaría a los aspirantes y determinaría su aptitud.25 Un siglo antes de los Reyes Católicos, en 1422, Juan II (1406-1454) estableció un consejo semejante para examinar y otorgar licencia a aquellos que quisieran practicar la medicina.26 Este mismo rey también autorizó a su médico para asumir la jurisdicción sobre delitos médicos sin permitir ninguna apelación ante el rey. 27 Los elementos básicos del Protomedicato tal y como existieron en las Indias fueron pues, alcanzados durante este reinado y confirmados en los reinados de Enrique IV (1454-1474) y de los Reyes Católicos, 28 especialmente en las pragmáticas de 1477,1491 y 1498.

Una institución que fue llevada al extranjero por los españoles no podía menos que estar firmemente arraigada en casa. Así, la reina Juana II, en 1430, nombró primer protomédico del tribunal en Nápoles al doctor Salvador Calenda de Salerno y le dio a él y a sus subordinados el privilegio de examinar y conferir títulos a los solicitantes para ejercer.

El que esta designación fuera precedida por una misa del Espíritu Santo indica que era algo establecido y no casual. Esta evidencia sugiere que era lo tradicional para el gremio médico español: el protomédico y sus colaboradores estaban libres de reclutamientos y servicios reales, tales como el servicio militar. Además el hombre que estuviera “suplicando” y obteniendo su licencia tenía que ser un “cristiano viejo”, ni deshonrado ni hijo de padre desconocido (espurio), ni ilegítimo.29

Durante todo el siglo XV existieron, si no en los términos precisos, todos los elementos del Real Protomedicato en España. Por lo que no se puede decir, como algunos han dicho basándose simplemente en la falta de un nombre moderno, que Fernando e Isabel no tenían protomédicos. La verdad es que ningún reinado, con excepción de Felipe II, hizo más para organizar el Protomedicato tal como surgió en América. Ciertamente, las propias Leyes de Castilla, en sus referencias, dan prueba clara de que los Reyes Católicos consideraban a los protomédicos como funcionarios convencionales. 30 Tan normal y tradicional era el Protomedicato que el papel de otro soberano enérgico, Felipe II, no fue el de crear, sino el de revitalizar una institución que ya se estaba tornando laxa y decadente.

Mucho antes de que hubiera un cuerpo médico designado para juzgar a los médicos hubo muchas reglamentaciones, algunas de ellas en tono muy hostil, que ataban al médico a una terrible responsabilidad. El Fuero Juzgo, cuerpo de leyes reunidas y perfeccionadas bajo el rey visigodo Chindasvinto (642-653) entre el 642 y el 649, fue tan severo con las negligencias de médicos autorizados como la ley moderna lo es con los puros charlatanes. Por ejemplo, el médico que sangraba a un hombre tenía que pagarle su salario, si después se debilitaba. En caso de que ocurriera lo peor y el hombre muriera, la familia del difunto podía hacer con el médico lo que quisiera. Sin embargo, si quien moría era un esclavo o una bestia, el médico o el veterinario podían evadir su responsabilidad proporcionando otro esclavo o bestia, según el caso.31

En el reinado de Alfonso el Sabio, la responsabilidad del médico era tal que proclamar conocimiento médico que no se poseyera era la más nefanda de las faltas. Si el médico proseguía intencionalmente y el paciente moría, en estas circunstancias tenía la misma penalidad de alguien que “mata a traición”, a causa de que es “peor envenenar a un hombre que matarlo a puñaladas {…}”, 32 Los excesos que se temían en tiempo de Alfonso el Sabio reflejan el estado de la medicina, tanto como la astucia y delitos de los médicos, cirujanos y empíricos. Si un médico recetaba medicina tan fuerte o tan mala que su paciente moría, si un cirujano utilizaba un cuchillo sobre un hombre herido, “aserraba su cabeza” o “quemaba sus nervios o huesos tanto que muriera a causa de aquello”; si un hombre o a una mujer” daba hierbas o medicinas a una mujer para que pudiera preñarse, pero en vez de eso la mataba, el responsable en todos los delitos de esta especie podía esperar el destierro en una isla durante cinco años y, a su regreso, que se le prohibiera practicar la profesión que él proclamaba conocer.33

Si hemos de confiar en la explicación contemporánea, en España la medicina sufrió un declive y decadencia antes de que algún observador moderno estuviera de acuerdo en que esta había alcanzado un alto nivel desde el cual poder declinar. Fernando e Isabel comprendieron que el arte de curar había caído en un “lamentable estado”34 El preámbulo legislativo que siguió, así como la evidencia interna de las propias leyes revelan lo que ellos más temían: hombres ignorantes por doquier que no sólo ejercían, sino que tenían licencias para practicar. Además, la falta de uniformidad en la legislación médica en los reinos españoles hizo mucho para que esas evasiones fueran posibles. Por lo tanto, se hizo necesario requerir a todo el mundo para que se sometiera a un examen riguroso, y estatuir leyes medicas y prácticas uniformes a través de “estos reinos y señoríos”. De este modo, en 1477, Fernando e Isabel decretaron que “los protomédicos y alcaldes examinadores” deberían examinar a todos aquellos que aspiraran a convertirse en médicos, cirujanos, ensalmadores, boticarios, comecrciantes de drogas aromáticas, herbolarios y cualquier persona que “en todo o en parte” practicara estos oficios, lo mismo mujeres que hombres. Si se les encontraba calificados debían recibir certificados del examen y se les permitía ejercer “libremente, sin trabas, sanción o cualquier calumnia“. Huelga decir que a quienes se encontraba no calificados se les prohibía ejercer. Aun así, las quejas en los prefacios de las ordenanzas de 1491 y 1498 establecen claramente que, a causa de “negligencia”, hombres sin instrucción obtenían cartas de examen y licencias para practicar en todas esas categorías. Debido a esto, aun si los alcaldes de reinados previos los habían examinado ya, los practicantes debían someterse a un nuevo examen. Estas leyes muestran dos cosas: que existían examinadores reales designados en los reinados “de nuestros predecesores, los reyes de gloriosa memoria” y que la reglamentación de las profesiones médicas había fracasado.35

Los Reyes Católicos tomaron entonces medidas más drásticas. Otorgaron a los poder a os alcaldes examinadores para requerir a los médicos y cirujanos, cuando se les emplazara por cédula o actuario, a comparecer ante ellos con apercibimiento de una multa de seiscientos maravedís cada vez que se rehusaran. 36 Y más aún, esta misma legislación otorgó a los examinadores jurisdicción sobre los “delitos, excesos y negligencias de os susodichos médicos, cirujanos, ensalmadores, boticarios y comerciantes de drogas aromáticas o cualquier otra persona que en todo o en parte” ejerciera estas profesiones. Para los delitos que cometían, así como las “medidas falsas” que tomaban, los examinadores podían hacer justicia en sus personas o propiedades,37 Además, si algún juicio civil o penal involucraba a estos practicantes, ya fuera directa o indirectamente, los jueces de más alta jerarquía en el Protomedicato “determinarán{…}”38

La prueba que nos proporciona la legislación en los reinos de Fernando e Isabel es de gran importancia histórica. Estos monarcas no solamente confirieron a los alcaldes examinadores el derecho de examinar y rechazar algún candidato para el ejercicio de cualquier actividad médica sino que del mismo modo les concedieron el derecho de juzgar a cualquiera por “delitos, excesos y transgresiones” médicas. Más aún, ellos hacían referencia específicamente a los miembros de ese cuerpo como el Protomedicato.39 No debería dudarse de que el Protomedicato ya existía antes de Fernando e Isabel, sino también que en realidad existió en su reinado y que así lo llamaron.

Sin embargo, un siglo después, durante el reinado de Felipe II, el reino aún estaba “lleno de gente que curaba sin licencia”. Felipe, debido a que los castigos eran leves y a que los jueces se mostraban indiferentes al aplicar la ley, en una pragmática del año de la Armada, estableció una sanción de 6,000 maravedís por cada vez que se ejerciera la medicina o cirugía sin haber sido examinado o tener licencia. Como este apercibimiento no fue cumplido, fijó una multa de 12,000 maravedíes, divididos en tres partes entre el denunciante, el juez y las arcas del Protomedicato. El culpable que incurría por tercera ocasión en la falta debía pagar una multa de 12,000 maravedís y era desterrado a un lugar más allá de cinco leguas de la ciudad. Esta vez el dinero iba directamente a las arcas del Protomedicato. Este llamado a la codicia fue uno de los distintos métodos utilizados por el Real Protomedicato para animar a sus miembros a detectar títulos falsos. Difícilmente pasaba un período legislativo sin que las Cortes no dedicaran alguna atención a estos problemas sin solución.

En España, la reglamentación de las profesiones médicas involucraba tanto a las universidades como al gobierno. En ninguna otra Nación de Europa se requería más persistentemente que en España un grado universitario para ejercer la medicina. En consecuencia, muchos de aquella multitud que se “entrometían” en la práctica de la medicina buscaron protegerse con un segundo fraude. Las Cortes de Madrid de 1563 tomaron conocimiento de los “”diestros engaños” a los cuales éstos recurrían. En esos días, para graduarse de bachiller en medicina, una persona debía mostrar una matrícula aprobada y luego certificados de haber completado los requerimientos; así, muchos aparecían en una universidad donde no eran conocidos, ostentando frecuentemente documentos falsos y sin embargo “suplicando” un título en medicina. Las universidades de Salamanca, Valladolid y Alcalá, con los profesores de facultad requeridos, eran las únicas que podían “certificar” en medicina. Por esto, para restringir el fraude, las Cortes ordenaron que únicamente en estas universidades y previa recepción de un certificado auténtico de la secretaría de la universidad “local” signado por los profesores del estudiante, podía revalidar créditos y graduarse.40 Cuando un candidato que pretendía obtener sus créditos en cualquiera de estas tres se presentaba en cualquier otra, se presumía que sus documentos eran falsos.

Durante no menos de cinco siglos, en las universidades españolas, un problema aún más persistente que la presencia de documentos falsos para avalar un grado fue la práctica de eximir a los estudiantes de cubrir los requerimientos. Y con el objeto de prevenir esta práctica, tanto en España como en América, apareció una legislación formulada para tal propósito, a intervalos frecuentes durante largo tiempo. El candidato sujeto a la ley española, después de terminar los cursos para obtener el grado de bachiller en medicina, debía presentar la pasantía de dos años con un médico reconocido antes de que pudiera obtener su diploma. Si el candidato era pobre y no había ningún médico en su villa o pueblocon el cual prestar su pasantía, se enfrentaba a la gran tentación de comenzar a ejercer sin una licencia o pedir al Protomedicato que lo eximiera de una parte o de toda la pasantía. De nuevo, en las Cortes de Madrid de 1579, Felipe II prohibió al Protomedicato conceder tales exenciones, aal tiempo que conminó a los pasantes con no autorizarles el ejercicio profesional. Debían ahora presentar ante el justicia mayor o el Ayuntamiento sus títulos de grados y un certificado de haber prestado su pasantía durante dos años. En caso de incumplimiento, la sanción consistía en ocho años de suspensión.41

Las leyes médicas en las colonias españolas, e incluso en a propia España nunca fueron claras ni explíctas, si en verdad en algún lugar lo fueron alguna vez. La reducida sección dedicada a la legislación médica en las leyes de Indias fue insuficiente para cubrir con detalle varios o aun la mayoría de los litigios que surgían en cuestiones de asuntos médicos. Por lo tanto, hubo necesidad de recurrir a las leyes españolas. Hacia el fin del periodo colonial, un perplejo abogado podía recurrir a la Novísima recopilación de España (1805), y después de esto a la más antigua Nueva recopilación (1567), cuando la legislación médica en la España metropolitana era tan completa comopudiera llegar a seerlo en los días de la colonia. Si no había nada en todo esto para dar respuesta al cuestionamiento, el abogado debía regresar a las Siete Partidas (vigentes en 1348), y después al Fuero Real (1255) o al Fuero Juzgo (642-649).42 Si en ninguno de los tres encontraba respuesta como sucedía en los detalles sobre leyes médicas, el abogado se vería enredado en un intrincado y prolijo laberinto de cédulas, pragmáticas, ordenanzas, provisiones y leyes locales que se habían ido acumulando desde antes del descubrimiento de América.43

Puesto que la medicina no contaba con un código especial del gremio, como lo tuvieron, por ejemplo, la Universidad de Salamanca o la Universidad de México, la confusión legal fue poco menos que intolerable a mediados del siglo XVIII. Los jueces, con demasiada frecuencia, se sentían confusos y los litigios también, con demasiada frecuencia, se iniciaban sin necesidad y se prolongaban interminablemente. En España, ante esta coyuntura, el Consejo Real designó a Manuel Eugenio Muñoz, miembro del Consejo Real, oidor en la Audiencia de Apelaciones de Valencia y oidor especial y subdelegado del Protomedicato ahí mismo, para que reuniera las “leyes, decretos, ordenanzas y acuerdos relacionados al Protomedicato según el estilo del Cuaderno de la Mesta”44 El plan era imprimir la compilación que resultara, distribuirla entre los médicos para su “conocimiento” y “ponerla en el tablero” del Protomedicato a fin de determinar en el acto qué ley era aplicable cuando se presentara un litigio. Sus colegas pensaron, no sin razón del todo, que la ley no debía ser desconocida o estar oculta. El trabajo Muñoz, publicado en 1751, permitió la corrección de numerosas leyes y la abrogación de otras en la sección de la Recopilación relativa al Protomedicato. En algunas partes, versó sobre cuestiones que aún eran controvertidas. Muñoz trató varios de estos puntos: cuando los intereses de droguistas y médicos se encontraban en conflicto,45 por ejemplo, o cuando los boticarios, cirujanos y médicos solicitaban exenciones de varios tipos, como la del servicio militar,46 a causa de sus profesiones. Este trabajo fue realizado rápidamente, al parecer en parte porque el Protomedicato de Valencia acababa de ser anexado al Protomedicato Real. Este leal valenciano quizá estaba preocupado por las tendencias centralistas del tribunal. El extenso comentario a través de este volumen lo presenta como una notable contribución a la historia del Protomedicato en España.

Una de las más importantes y generalmente menos provechosas tareas es la de dirimir el conflicto entre el orgullo local y el nacional, que insisten en fijar una fecha que para empezar nunca había sido fijada. Luego entonces, ¿cómo podemos fijar realmente el momento exacto en el cual surgió el Protomedicato? En primer lugar, existía un funcionario o un cuerpo de funcionarios autorizados y obligados a examinar y facultar a todos los candidatos para las profesiones médicas, una clase demasiado extensa en España a finales de la Edad Media. En segundo lugar, los miembros de este cuerpo tenían la obligación de investigar, procesar, juzgar y castigar a aquellos culpables de “usurpar” las profesiones médicas y a los culpables de los delitos y excesos médicos. Por último, los miembros de este cuerpo tenían privilegios corporativos y disfrutaban de una designación espacial cuando a ellos se dirigían (no es de extrañar que, en una época de protocolos y entre un pueblo ceremonioso, los protomédicos desearan que se refirieran a ellos como ¡su señoría¡). Por todas estas razones, el reinado de Fernando e Isabel es, sin lugar a dudas, el momento decisivo en el cual el Protomedicato español llegó a ser lo que fue durante tres siglos.

II. LOS MÉDICOS DEL REY LLEGAN A AMÉRICA.

La medicina durante la conquista nunca estuvo muy lejos. De hecho, el doctor Diego Álvarez de Chanca, médico sevillano comisionado por los propios Reyes Católicos, navegó con Colón en 1493. como médico en este segundo viaje, Chanca pudo haber ganado fama de superficial, pero era tan perceptivo de las costumbres nativas y estaba tan absorto en el estudio de la vida vegetal que, en retrospectiva, parece un precursor digno de aquellos médicos españoles que ganaron fama como botánicos en América.47 Aunque no hubiera escrito una famosa e informativa carta al Cabildo de Sevilla acerca del segundo viaje,48 tanto su ingenio como su habilidad para diagnosticar le habrían garantizado la fama; cuando el jefe Guacamari trató de librarse de la acusación por el asesinato de los españoles en Navidad, primer establecimiento en La Española, simulando tener un pie “herido” que lo postraba, el doctor Chanca fue capaz de manipular y calificar esta pretensión como una “ficción”. Chanca, médico de cabecera del rey, comenzó entonces la historia médica de América bajo la penetrante observación y el natural instinto clasificador de Francisco Hernández, el primer protomédico real de la Nueva España.

Sin embargo, en aquellos primeros años apareció la medicina no porque todos apreciaran las oportunidades para investigar las plantas medicinales, sino porque la medicina era para los españoles tan natural como la música, aun para aquellos que nunca habían visto un médico “graduado” de la universidad. En las instrucciones a Colón y al obispo Fonseca, justo antes del tercer viaje, Fernando e Isabel autorizaron, si bien no ordenaron, el envío “de un médico, un boticario, un herbolista y algunos instrumentos y hojas de música para la distracción de los que tienen que estar allá”.49 En 1511, Fernando nombró al bachiller Gonzalo Velloso, residente de Santo Domingo, cirujano real en la isla, debido a que “respetaba su capacidad y habilidad” para “curar a los esclavos e indios que ahí nos sirvan”. Como consecuencia, instruyó a Diego Colón, el hijo de Cristóbal, para que se encargara de hacer que cualquiera que tuviera asignados indios en la isla proporcionara cien de ellos para Velloso, quien debía instruirlos en religión, proveerlos de vestido y “cualquier cosa que sea costumbre”,50 Siete años después, la Corona dio instrucciones al licenciado Rodrigo Figueroa, juez de residencia en La Española, para que favoreciera al “licenciado Velosa, médico, residente de dicha isla por veinte años”, puesto que “está casado en la mencionada isla y ha tratado a las autoridades que bajo nuestra orden han ido a la misma, así como a negros e indios e, igualmente, ha sido el primero en hacer e inventar los ingenios en la isla referida”,51 Un año antes, en 1517, los jerónimos,52 “jueces comisionados para las cosas tocantes a las Indias y los indios en estas”, obtuvieron una real cédula que les ordenaba dar al “licenciado Barreda” 50,000 maravedíes, que “nuestros nobles padres” habían reservado para ese objeto. Las razones para esta disposición eran pertinentes. Barreda ya estaba en La Española y la isla “necesitaba con urgencia un médico”.53 De esta forma, comenzaron aparecer en La Española médicos quienes, después del triunfo anunciado por Cortés, sucumbirían a la “atracción de México”. Apoyados por los cabildos municipales, intentarían establecerse como protomédicos allí. No obstante y puesto que no había otros médicos, esta situación propició la presencia de charlatanes. Por otra parte, como Vicuña Mackenna remarcó con agudeza, el solicitante “tendría él mismo que hacerse protomédico”.54

Y así llegó el tiempo propicio para la designación de autoridades que supervisaran el ejercicio de la medicina en las Indias. Ya que no había precedente para fijar la manera de su nombramiento, los protomédicos españoles de tiempo en tiempo, durante siglos, se adelantaron y expidieron los primeros nombramientos. De este modo, el obispo de Tuy y el doctor Manuel Liberal 55 designaron y extendieron su autoridad al licenciado Pero López, licenciado Barreda y “un boticario, todos viviendo en La Española”, para asumir la función de protomédicos y “examinar a los médicos, cirujanos, especieros, herbolarios, ensalmadores, oculistas y hechiceros,56 maestros de hierbas, de roturas y aquellos que curan bubas y trataran enfermos con lepra en esa isla”. El lenguaje de esta cédula refleja las distintas categorías de la medicina que principalmente necesitaban ser vigiladas en España. En un país nuevo, tal documento constituía una invitación a la violencia, si no a la rebelión. Rebosante de empíricos, abrumado de enfermedades desconocidas y sin nombre que se propagaban inexorablemente entre la población, y habitado por gente que estaba acostumbrada a obtener su solaz lejos de los médicos universitarios, La Española era el último lugar donde egoístas funcionarios podían evitar estar supervisados.

En realidad, la protesta contra los protomédicos López y Barreda no provino del pueblo, sino de la propia ciudad de Santo Domingo. Allí, Antonio Serrano, agente de la ciudad, presentó una petición, quejándose, con fundados argumentos de la “gran injuria” que resultaría si estos hombres continuaban realizando sus comisiones. El rey, probablemente más molesto de que tan importantes comisiones no emanaran de la Corona, ordenó categóricamente “a los dichos{…} licenciados y boticarios” no hacer uso de su poder y al mismo tiempo revocó totalmente sus comisiones. La tarea de ocuparse de que ni uno ni todos estos protomédicos tuvieran jurisdicción sobre cualquier asunto médico recayó sobre Figueroa, aun cuando dicha tarea involucrara algún castigo. El tono vigoroso y molesto de esta anulación refleja o bien algunas sorprendentes revelaciones en la protesta del licenciado Serrano, no especificadas en la cédula, o bien la típica envidia de la Corona, tan común posteriormente, o como es posible, ambas a la vez.57 Sin embargo, el cargo de protomédico tenía tanta posibilidad de ser olvidado por los médicos como la oficina de correos lo tiene de ser ignorada por un político americano. En nueve años, para 1528, el doctor Hernando Sepúlveda, quien trabajaba con Barreda en el hospital fundado por Nicolás de Ovando, solicitó de Carlos V el restablecimiento del Protomedicato, naturalmente con él como protomédico. Insistió en su pretensión, y prometió servir sin salario y fungir como inspector de azúcar y caña fístula. Sepúlveda, al reconocer la escasez de médicos capacitados, propuso sensatamente que se les permitiera a los colonos tratar libremente a sus indios, esclavos y a sus propias familias, sangrando y aplicando ungüentos en sus llagas.58 No obstante, nada se logró con la proposición.

Un factor desconcertante en esta historia de medicina en La Española es que los médicos que llegaron ahí se dirigieron a tierra firme tras de Cortés y Pizarro cuando se enfrentaban a una dificultad insuperable. El año en que el rey revocó la comisión de Pero López, Cortés arribó a la costa del Imperio de Moctezuma. Poco después, López, quien tenía razón de estar irritado con su sumaria destitución como protomédico, apareció en México. Allí, en 1527,59 se presentó a sí mismo ante el cabildo de la Ciudad de México, y los regidores “recibieron como protomédico de acuerdo con determinadas cédulas y poderes de Su Majestad, como sustituto del licenciado Barreda{…}”. Al mismo tiempo, el Cabildo lo facultó para imponer una multa de veinte pesos por la primera falta de aquellos “culpables” de practicar ilícitamente; un marco de oro por la segunda y el destierro de la Nueva España por la tercera.60 El frustrado doctor Sepúlveda, quien siguió al frustrado López fuera de La Española, apareció en Lima en 1537, mientras la ciudad estaba aún en construcción y el Cabildo lo nombró “protomédico sustituto”.61}

El Protomedicato es una institución originalmente romana, adoptada por la corona española.62 Se gesta en el medioevo castellano y aragonés como un tribunal para atender a las quejas de los súbditos sobre errores y abusos médicos. Su forma concreta la adquiere en 1477 cuando los Reyes Católicos promulgan la Pragmática, modificada en 1491 y en 1498, que legisla detalladamente sobre “los deberes, obligaciones, poderes de inspección, examen, autorización, sanción y disfrute de derechos de los protomédicos.”

En 1588 se reorganiza el Protomedicato como una institución de la Corona española compuesta por un protomédico y tres examinadores, y en 1593, se le suman dos protomédicos, un fiscal, un escribano, un alguacil y un portero.

En 1617 se inicia el uso oficial de la palabra tribunal para referirse al Protomedicato y en 1630 se le nombra formalmente como el Real Tribunal del Protomedicato. El 13 de abril de 1780, en el contexto de las reformas borbónicas, Carlos III modifica el Tribunal creando tres Audiencias: la de medicina, la de cirugía y la de farmacia, a cargo de un protomédico, presidente del Tribunal, un protocirujano y un protoboticario respectivamente.

Para la creación del Tribunal del Protomedicato que se lleva a cabo tempranamente en la vida pública colonial –es el primero en el continente– el ayuntamiento se apropia las disposiciones de la Pragmática de 1477 y se presentan las cédulas reales en el Cabildo de la Ciudad de México el 8 de enero de 1527, nombrándose al Licenciado Barrera primer protomédico de la Nueva España, aunque otros documentos contradicen este dato y fijan la fecha el 11 de enero de ese mismo año y aseguran que el nombramiento recayó en el Doctor Don Pedro López (el primero, pues hubo otro médico con el mismo nombre posteriormente) quien traía los poderes de los protomédicos de Madrid, que suman al quehacer propiamente hipocrático el asunto legislativo, el de vigilancia y el de regulación de las actividades sanitarias del Virreinato.

Uno de los estudiosos más importantes de la historia de la medicina en México, Francisco de Asis Flores y Troncoso en su monumental obra, dice:

Avanzado el tiempo, en 1º de Marzo del año de 1571 se presentaba ante la Real Audiencia, como Protomédico general de Indias, el Doctor Don Francisco Hernández, célebre naturalista español, que venía comisionado para estudiar la Historia Natural de esta parte del Nuevo Mundo, y autorizado por el Rey para verificar los exámenes y dar las licencias relativas al ejercicio de nuestra profesión.63

Pero la creación oficial de este tribunal se dio para la Nueva España, Perú y las otras colonias, por la Recopilación de las Leyes de Indias, Tomo II, Libro 5º, Título 6º, Folio 159 del año de 1630.64 Independientemente de la confusión de fechas, el hecho fue que las actividades médicas y sanitarias quedaron bajo la férula de esta institución. También es trascendente que “El gobierno español siempre buscó para que desempeñaran el cargo de Protomédicos hombres de gran ciencia y experiencia.”65 Ciertamente las funciones del Tribunal fueron muchas y obviamente cambiaron en los dos o tres siglos de su existencia. No obstante, sus funciones fundamentales se respetaron, y fueron las que a continuación dice Flores y Troncoso:

Ya establecido el Tribunal de una manera regular, en 1630 empezó a ejercer una jurisdicción privativa, encargado de lo económico, gubernativo y contencioso de la profesión, estando por lo mismo encargado de la dirección de los estudios médicos y de la enseñanza; de los exámenes y del ejercicio de la medicina; de la salubridad e higiene públicas, y de la policía medica y de la administración de justicia en el ramo, como tribunal especial66

De esta manera, atendía los aspectos presupuestales del Tribunal, los gastos y financiamiento de los hospitales, dictaba las normas para el ejercicio de las profesiones relacionadas con la atención a la salud, dirimía diferencias entre los profesionales y los pacientes, atendía inconformidades y dictaba sentencias en los asuntos que como tribunal especial le competían, cuando conocía y juzgaba delitos o faltas a los reglamentos de policía médica, y además examinaba a los que ejercían la medicina y actividades conexas, como la obstetricia, la farmacia, la cirugía y la medicina veterinaria.

El protomedicato fue una institución cuya función consistía en controlar el ejercicio profesional de la medicina y de las actividades sanitarias; comprobar los conocimientos de quienes aspiraban a otorgar servicios médicos o de botica; vigilar la calidad de las drogas y preparados farmacéuticos, así como sus precios; dictar medidas de salud pública, especialmente durante las epidemias y dirimir o juzgar los pleitos entre partes en materia de atención médica.

En la “Ordenanza de Médicos,…se mandaba que «ninguna persona que no sea médico o cirujano examinado e tenga título, no sea osado de curar de medicina ni de cirujía, so pena de sesenta pesos oro». Y eso decían «porque hay algunos que por no saber lo que hazen, demás de les llevar su hazienda, les matan»…67

Los protomédicos fueron eminentes científicos y muy hábiles en la administración, como lo prueba que en esos aspectos tuviera destellos personales y estuviera siempre al auxilio de las autoridades gubernamentales en tales funciones. Lo mismo se puede decir en cuanto a la actividad dirigida a vigilar cuidadosamente la calidad del ejercicio médico y de las profesiones adyacentes. Dentro de las brillantes personalidades que surgieron en la profesión sanitaria destacan José Luis Montaña y Casimiro Liceaga que tuvieron capacidad administrativa para manejar, el primero, la salud pública del territorio novohispano en el siglo xix y el segundo, discípulo de Montaña, la enseñanza científica de la medicina.

Flores y Troncoso atestigua que las autoridades que rigieron la materia médico fueron el rey, el virrey y posteriormente los presidentes de la República.68

Además, el Protomedicato designa visitadores para controlar las boticas, cuidando que se utilicen las substancias de buena calidad y en las cantidades prescritas; también fija los honorarios de los médicos en un tostón (cincuenta centavos) y ordena que las parteras se examinen para ejercer su oficio.

Agotado por la evolución de la civilización, el Protomedicato desaparece el 21 de noviembre de 1831

Pocos años antes del inicio de la guerra de independencia, en 1804, llega a la Nueva España la famosa Expedición del Dr. Francisco Balmis, enviada por Carlos iv para controlar la viruela.

Cabe mencionar que esta es una de las acciones más importantes de la salud pública en el mundo. En Inglaterra, Eduard Jenner (1749-1823) descubre que el virus de una enfermedad de las vacas llamado “picote”, y que se contagiaba a los vaqueros, que le llamaban “cowpox”. Quienes habían contraído el “cowpox”, no padecían de viruela. Esta observación llevó a Jenner a inocular el pus de una lesión en la mano de Sara Nelmes en el brazo de un niño de ocho años de nombre James Phips. Esto fue en el mes de mayo de 1796. 69

En España, en 1773 Feijóo publica en Teatro Crítico Universal el procedimiento de la inoculación de Jenner, y, no obstante que desde 1762 se ha practicado en algunos casos aislados la vacunación, no es sino hasta el 30 de noviembre de 1798 cuando Carlos iv emite el Real Decreto en el que “mandaba propagar el medio preservativo contra la viruela por todo el territorio español.”70

En la Nueva España la viruela había hecho estragos en la población indígena, que no tenía defensas contra la enfermedad por ser desconocida en este continente. Incluso se dice que abatió a las tres cuartas partes de la población indígena. En 1779 “Tan sólo en la Ciudad de México fueron atacadas por la enfermedad 44 286 personas y, de ellas, 8 820 fallecieron.”71

La magnitud de las epidemias, la letalidad elevada de la viruela –se morían la quinta parte de los enfermos– y la experiencia de Balmis como director del Hospital del Amor de Dios y del de San Andrés entre 1778 y 1779 hacen que se le asigne la jefatura de la expedición vacunal.

El 29 de julio de 1803, don José Caballero, ministro de Carlos iv, rey de España, transmitía a las principales autoridades de Hispanoamérica y Filipinas, la real orden donde decía: «Deseando el rey ocurrir a los estragos que causan en sus dominios de Indias las epidemias frecuentes de viruelas y proporcionar a aquellos sus amados vasallos los auxilios que dictan la humanidad y el bien del Estado, se ha servido resolver que se propague a ambas Américas y si fuera posible a Filipinas, a costas del real erario, el precioso descubrimiento de la vacuna, acreditado en España y en casi toda Europa como un preservativo de las virtudes naturales. A este fin, ha nombrado Su Majestad como director de la expedición marítima que cuanto antes debe salir de La Coruña para La Havana, con escala precisa en las Islas Tenerife y Puerto Rico, a su médico de cámara honorario, don Francisco Xavier de Balmis; Siendo lo más difícil de esta empresa la conservación del fluido vacuno con toda su actividad en tan dilatado viaje, ha resuelto Su Majestad que lleven los facultativos número proporcionado de niños expósitos que no hayan pasado viruelas, para que mediante una progresiva vacunación desde Madrid y a bordo, hagan aquellos arribo a América la primera operación de brazo a brazo, continuando después en los cuatro virreinatos e instruyendo en el método de practicarla a algunos facultativos naturales».72

En ese párrafo se destaca claramente la magnitud y la trascendencia de la expedición, la que Balmis cumplió cabalmente.

Ya en el siglo xix, y bajo los auspicios de la Constitución gaditana, se recrea el Ayuntamiento de la Ciudad de México con la nueva concepción constitucionalista y en 1813, ante las misteriosas fiebres del año 13, que fue una epidemia probablemente de paludismo o de tifo, ordena:

  • la creación de «lazaretos» en cada barrio de la ciudad, con un médico responsable;

  • a los regidores, la distribución de medicamentos y de otros objetos para el control de la epidemia;

  • la recolección de fondos para financiar el programa.

Es importante la participación del Dr. José Luis Montaña, personaje de singular presencia en la medicina y en la salubridad mexicanas, criollo expósito, aparece en el torno de la Casa de Cuna del Señor San Cristóbal en Puebla, con una nota que dice se le llame Luis Montaña. Esto sucede el 20 de octubre de 1755. En 1793 recibe el grado de Doctor en Medicina por la Real y Pontificia Universidad. Avanzado en su tiempo, promueve la salubridad de la población, no sólo atendiendo enfermos, sino elaborando folletos de difusión sobre higiene y ejerciendo seriamente la investigación médica y botánica.73

Esas misteriosas fiebres del año 13 se presentaron en la ciudad de México después de que Morelos rompe el sitio de Cuautla en la guerra de independencia, y Montaña las estudia por mandato del mismo Ayuntamiento. Para atacar el problema de la epidemia elabora un folleto con “instrucciones claras y sencillas para que las pusiese en práctica el pueblo”, que se titula: Avisos importantes sobre el matlalzáhuatl o calentura epidémica manchada que pasa a ser peste y que es frecuente en esta Nueva España, con un modo sencillo y fácil de socorrer a los enfermos donde no haya médico que les asista, y cuya eficacia y seguridad se experimentó en el año de 1813.

La investigación que desarrolló Montaña sobre la enfermedad, consiste en un

(…) estudio epidemiológico sorprendentemente avanzado para la época, siendo probablemente el primero en la Nueva España que relaciona la susceptibilidad de los individuos con el estado nutricional. Se reconoce como fundador del método epidemiológico científico al Dr. John Snow, quien en Inglaterra describe el mecanismo de transmisión del cólera, hasta el año de 1849. Montaña lo hace 32 años antes en México, con un padecimiento desconocido que identifica como tifo exantemático.74

Desafortunadamente la difusión de esta aportación trascendente a las ciencias sanitarias ha sido prácticamente nula y por consiguiente el reconocimiento a Montaña y a su genio ha permanecido injustamente en la oscuridad.
1   2   3   4   5   6   7   8   9   ...   12

similar:

Facultad de Filosofía y Letras unam iconCC: Sres. Consejeros Directivos de la Facultad de Filosofía y Letras,...

Facultad de Filosofía y Letras unam iconFacultad de filosofía y letras

Facultad de Filosofía y Letras unam iconFacultad de Filosofía y Letras

Facultad de Filosofía y Letras unam iconFacultad de filosofía y letras, U. N. T

Facultad de Filosofía y Letras unam iconUniversidad de buenos aires- facultad de filosofía y letras

Facultad de Filosofía y Letras unam iconUniversidad de Buenos Aires Facultad de Filosofía y Letras

Facultad de Filosofía y Letras unam iconUniversidad Nacional Autónoma de México Facultad de Filosofía y Letras

Facultad de Filosofía y Letras unam iconPrograma de Reconocimiento Institucional de Equipos de Investigación...

Facultad de Filosofía y Letras unam iconUniversidad Nacional de Cuyo Facultad de Filosofía y Letras Departamento de Historia

Facultad de Filosofía y Letras unam iconProf. Asoc. “Práctica de Trabajo Social Fliar Facultad de Filosofía y Letras unt






© 2015
contactos
ley.exam-10.com