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Facultad de Filosofía y Letras

UNAM

Colegio de Historia.



Primer semestre.

Material bibliográfico

Salud y Sociedad. Un recorrido histórico por los servicios de salud de México, del siglo xvi al siglo xx.


Doctor Carlos Ruiz Sánchez.












-


1ª. sesión.

El Estado la considera a la salud como un valor social de tipo económico aumento de la producción, político dominación y social legitimación y fortalecimiento del sistema.

La consideración de la salud como un valor económico, político y de legitimación del Estado, es una de las características del modo de producción capitalista.

En los modos precapitalistas de producción, la atención a la salud es una actividad privada en la que el Estado no interviene directamente en la prestación de los servicios. El médico en Egipto está considerado un paria y su quehacer, valorado ciertamente desde el punto de vista de su conocimiento, carece de valor social. En Grecia y en Roma los médicos “asclepídeos, instruidos en Cos, en Nicde, en Cyrene o en Sicilia”1 eran hombres libres y atendían a los de su clase con una medicina persuasiva y pedagógica, pero tenían prohibido prestar sus servicios a los esclavos, a quienes los atendían los esclavos de los médicos, que habían aprendido las técnicas correctivas y ortopédicas.2

La historia de los hospitales data de la antigüedad, pero en realidad no se pueden considerar como instituciones públicas gubernamentales pues se relacionan principalmente con los templos, como el de Esculapio en Grecia. El Imperio Romano administraba los hospitales por medio de funcionarios llamados antistes o præpositus a quien dirigía; nosocomos o xenodochos, al administrador y ecónomos o circuitor al intendente. Pero esta institución era más religiosa que política.3

Para Rosen, los establecimientos para el cuidado de los enfermos aparecen por primera vez en Roma y estuvieron ligados esencialmente con la guerra primero, y posteriormente con el cristianismo. Así, junto a los templos se construían los hospitales. Esta práctica subsistió en América, especialmente en el dominio español, en el que junto a cada iglesia había un hospital. Sin embargo, cabe señalar que, ya en el siglo xvi, la prestación de servicios no tiene exclusivamente causas religiosas, sino también políticas, puesto que el financiamiento de los hospitales lo hace salvo casos aislados de instituciones privadas de tipo caritativo la Corona Española. Es también importante no perder de vista que la separación EstadoSociedad no se ha dado aún, y que la Iglesia norma las actividades del Reino. Resulta sutil la diferencia entre dar los servicios como una manera de ejercer el poder por medio de la dualidad tutelaservicio y el calificativo de caritativo. La prestación se considera, en apariencia, una obligación moral del Estado, pero la esencia, es el ejercicio de la autoridad gubernamental.

Otra hipótesis sobre el origen de los hospitales se refiere a los árabes, quienes a lo largo del trayecto de sus peregrinaciones religiosas a La Meca, fueron creando sitios de hospedaje para los peregrinos que viajaban enfermos a implorar la cura milagrosa del Profeta, y pronto se creó una institución de atención para dichos peregrinos. En Europa, por la influencia que esa cultura ejerció durante los ocho siglos de convivencia en España, las peregrinaciones también tuvieron –y tienen hasta el presente- un papel importante en el desarrollo de los servicios sobre las rutas de los romeros. En México, a través de la conquista española, prevalece esa costumbre.4, 5

De manera semejante, en la ruta de las Cruzadas se establecieron hospitales, y se crearon órdenes de caballería que tuvieron la misión de fundar y sostener hospitales durante las guerras santas. La más conocida fue la Orden de San Juan o de los Hospitalarios.

Fue la Reforma religiosa luterana, pero principalmente la calvinista la que seculariza la atención de los necesitados, incluyendo la atención médica. Al respecto dice Rosen:

Quienes querían traer algún orden al campo del bienestar y de la salud, ya fuera Vives en Brujas o Zwingli en Zurich, estaba guiado por los mismos principios y orientado hacia los mismos fines: la eliminación de toda la mendicidad, la organización de eficientes agencias de asistencia pública, y la unificación de todas las instalaciones y recursos (hospitales, atención domiciliaria y similares) en manos de las autoridades municipales o nacionales.6

Este fenómeno político–religioso, la Reforma, se desarrolla entre los años de 1520 y 1540, es decir en pleno siglo xvi, fuera ya del feudalismo. Pero es justo señalar que aún en el feudalismo el hospital sirve para “aliviar el sufrimiento, para disminuir la pobreza, para erradicar la mendicidad y para ayudar a mantener el orden público”7, es decir, ya está presente el tutelaje del Estado religiosopolítico por medio de la prestación sanitaria y asistencial. Este fenómeno, sin duda se presenta al final de la Edad Media.

A partir del siglo xvi –sólo por poner una fecha aproximada– la consolidación de los países como reinos absolutistas recupera la centralización administrativa del despotismo oriental, y consecuentemente recupera también el paternalismo y la fórmula tutela–servicio. El ejemplo más demostrativo de esto es el Cameralismo alemán, que da origen a la Policía Médica.

Uno de los primeros programas de gobierno en Alemania se le atribuye a Veit Ludwig von Seckendorff, quien señala que:

el propósito adecuado del gobierno es establecer las normas que aseguren el bienestar de la tierra y del pueblo. Ya que el bienestar y la prosperidad se manifiestan en el crecimiento de la población, se deben adoptar las medidas para cuidar la salud de la gente para que aumente su número. Un programa gubernamental debe preocuparse por mantener y supervisar a las parteras, por el cuidado de los huérfanos, la designación de médicos y cirujanos, la protección contra las plagas y otras enfermedades contagiosas, el uso excesivo de bebidas alcohólicas y de tabaco, la inspección de los alimentos y del agua, las medidas para la limpieza y drenaje de las ciudades, el mantenimiento de hospitales y la provisión de ayuda a los pobres.8

Larga es la lista de cameralistas que proponen este tipo de programas, que sorprende por la coincidencia con los lineamientos actuales de los programas sanitarios. Pero además, aquellos se apoyaron con instituciones como el Collegium vitale o el Collegium sanitatis. La obra culminante de la Policía Médica es la de Johann Peter Frank, quien escribe nueve volúmenes que se publican a partir de 1779 y se difunden por prácticamente toda Europa.9 Otro hito en este aspecto es la publicación en 1756 de Los elementos generales de policía, de Johannes Heinrich Gottlob von Justi, recientemente publicado en español (gracias a la intensa actividad investigadora de Omar Guerrero) con el nombre de Ciencia del Estado, y que elabora todo un programa de gobierno en el que incorpora el capítulo Del cuidado que debe tener el soberano en impedir las enfermedades y la mortandad entre sus súbditos.10

A partir de estas doctrinas, la atención a la salud se convierte en una actividad política del Estado que no solamente pretenderá “el bienestar de los súbditos” sino también la estabilidad y la legitimación del gobierno por medio del otorgamiento de prestaciones en el campo de la salud individual y colectiva.

De acuerdo con Álvarez Larrauri:

al postularse el Estado como el tutor de la salud, expropia el control directo de las organizaciones de los trabajadores. Será el Estado quien dé o no soluciones a los problemas y reivindicaciones de salud que los trabajadores plantean.11

Ciertamente el proceso que Ilich llamó de “medicalización”12 tuvo por objeto consolidar la hegemonía gubernamental sobre la sociedad civil, por medio del dominio político y la dirección administrativa que ya se discutió.

La relación entre el Estado y la sociedad civil, establecida por medio de la administración pública, es sin duda un fenómeno dialéctico en el que ni todo lo hace el Estado para el bienestar de la población, ni ésta recibe pasivamente los servicios. Ha sido el resultado de luchas sociales, como la que se dio al finalizar el siglo xix y en los albores del siglo xx por la seguridad social, como la de la Revolución mexicana y como tantas otras luchas para reivindicar derechos y obligaciones en esa controvertida relación Estado–Sociedad.

La participación del Estado mexicano en la solución de los problemas de salud se inicia en la época colonial.

La prestación de servicios de salud por el Estado mexicano ha sido regida desde su nacimiento por la legislación enfocada a lograr y sostener el bienestar de la población.

La atención médica en la Nueva España se caracteriza por el interés del gobierno absolutista para prestar servicios preventivos y curativos a la población, tanto a los españoles como a los indios, y la creación los hospitales supera mucho en número a la de otros territorios. La medicina española aprovecha los muy desarrollados conocimientos prehispánicos para integrarlos en el acervo científico occidental. 13

Chávez, refiriéndose al conocimiento médico, cita a Nicolás Rangel, quien afirma que:

En ninguno de los dilatados dominios de ultramar de la gloriosa España del siglo xvi se desarrolló más rápidamente la cultura de aquella nación como en la Nueva España.” .14

Llama la atención la declaración de Motolinía:

Si alguna de estas indias está de parto, tienen muy cerca la partera, porque todas lo son; y si es primeriza va a la primera vecina o parienta que le ayude, y esperando con paciencia que la naturaleza obre, paren con menos trabajo y dolor que las nuestras españolas…15

En el aspecto de la administración gubernamental, destaca la institución en la Nueva España del Protomedicato.

Es preciso hacer algunas consideraciones sobre el Protomedicato en España, por ser una institución gubernamental en la que se decidieron las políticas de salud del reino español y sobre todo por que en él se tomaron numerosas decisiones frente a las contingencias sanitarias comparables a las políticas (policies), frecuentemente durante las epidemias pero también frente a otros fenómenos relacionados con la salud y el Estado, como fueron las disposiciones en contra de los médicos árabes y judíos tras de la guerra de las Alpujarras y la diáspora, cuando Pedro de Vesga, en 1607 le pide al rey Felipe ii que se impida a los moros el ingreso a las universidades a estudiar medicina.16

Esta reacción se da en el ámbito de la formación de España como país y está auspiciada por el Tribunal de la Santa Inquisición. Es claro que durante los más de siete siglos de dominación árabe del sur de España, “todos o los más médicos fueron moriscos”
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