Serrano de Haro, Agustín, “Fundamentos del análisis fenomenológico del cuerpo”, en Serrano de Haro, Agustín, (ed.)






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Serrano de Haro, Agustín, “Fundamentos del análisis fenomenológico del cuerpo”, en Serrano de Haro, Agustín, (ed.), La posibilidad de la fenomenología, Editorial Complutense, Madrid, 1997, ps. 185-216
1.-Corriente de conciencia e identidad del cuerpo
Husserl en Hua. XIV [Zur Phänomenologie der Intersubjektivität, Zweiter Teil: 1921-1928, Hrgs Kern, Iso]:

“El cuerpo que digo mío se señala entre todas las realidades circundantes o remotas por una cualidad inconfundible y sin embargo imprecisa, que es justamente su referencia a mí mismo. Mi cuerpo admite comparación objetiva con las realidades externas cual si fuera una de ellas, y se diferencia por tanto de los actos, vivencias y experiencias que yo haya tenido o pueda tener, todos los cuales se integran al flujo íntimo de conciencia que carece por su sentido de un término extraño de cotejo. El cuerpo propio es `lo más originariamente mío, lo originariamente propio mío y propio de manera permanente´, `tan mío como nada distinto de él puede ser mío´” (58-59)

Este cuerpo presenta un tipo de objetividad que es heterogénea de la subjetividad, como si el hecho de ser mío exigiera que no se identifique completamente con el yo.
El cuerpo propio parece estar en el límite de diversos dominios ontológicos: realidad física y realidad anímica; tipo de cosa que no detente propiedades distintivas, pero que funciona como un todo orgánico e instrumental al yo que lo mueve y anima. Esta ubicación particular, este “insertarse” [encajonarse, eingeschaltet] entre lo material y lo subjetivo (Id. II, 161) coincide con el saber previo de orden práctico con el que contamos en la vida cotidiana. Por esto es un buen punto de partida para llevar a cabo su análisis fenomenológico.

Se precisan cuatro direcciones para el análisis, estipuladas por la manera en que la experiencia mencionada en el párrafo anterior se concretiza.

1.-El cuerpo es y aparece como “órgano de percepción” de la realidad. Es sede de los órganos de los sentidos que, al ser estimulados por factores externos, nos sirven para conocer el medio ambiente que nos rodea. Al mismo tiempo es centro de referencia de las regiones del espacio exterior que se orientan en torno al cuerpo propio. La cita obligada en este punto es Kant.

2.-El cuerpo es y aparece a cada uno como una realidad que necesita atención y cuidado. Sensaciones, afectos y pulsiones sensibles muestran la necesidad del cuerpo y el carácter provisorio de toda satisfacción.

3.-En conexión con el punto anterior, el cuerpo es el “órgano de la voluntad” del yo. Es el único ente al que la voluntad mueve espontáneamente y por el que actúa sobre otros objetos.

4.-El cuerpo es y aparece como “expresión” y manifestación del “yo” para los otros sujetos. La coexistencia de los sujetos es posible por la co-presencia de los cuerpos, del cuerpo del otro para mí, y de mi cuerpo para los otros. Finalmente, la intimidad inaccesible “toma cuerpo” visible en los gestos, posturas y movimientos corporales. [Id. II, # 18, 21, 30, 38]

Lo que se denomina la `sabiduría del cuerpo´ se basa en este estatuto objetivo y subjetivo simultáneo del cuerpo propio. En lo que sigue Serrano de Haro se dirigirá a describir cómo me aparece mi cuerpo propio y cuáles son las condiciones de posibilidad de tal aparecer.
1.-2 Las cuatro dimensiones arriba descriptas suponen la existencia de vivencias intencionales. La percepción del espacio externo y de los afectos y pulsiones, las voliciones que se sirven del cuerpo y la comprensión de gestos y expresiones ajenas, comparten las características de las vivencias de conciencia. Sabemos que las vivencias intencionales son acontecimientos temporales, cuya identidad consiste en pertenecer al flujo de la conciencia y en ser “notadas”, vivenciadas. Todas las vivencias se organizan en el tiempo inmanente como partes inseparables del mismo, lo que implica que las vivencias se unen con otras vivencias, no con el cuerpo, y limitan entre sí, no con el cuerpo. Pero: las vivencias intencionales no son sólo vivencias, modificaciones de la conciencia absoluta del tiempo en tanto acontecimientos inmanentes, sino que, fundamentalmente, son vivencias intencionales. Esto significa que la inmanencia de la vida de la conciencia se abre a lo que no es ni puede ser tiempo interno autoconsciente.

Tal situación es la que lleva a Serrano de Haro a afirmar que no se necesita un nexo real que conecte la vida interna de la conciencia con el mundo real. No la necesita porque la función de tender ese puente que cierra la brecha entre la conciencia y el mundo es de la vivencia intencional. De esta manera no surge el arduo problema de la comunicación de sustancias radicalmente heterogéneas. Las vivencias y sus objetos se encuentran, en consecuencia, en una relación de dependencia bilateral, “más estricta que ninguna causalidad” (188).

Los dos principios fundamentales recién señalados, a saber, 1) las vivencias forman parte de una corriente de conciencia – son “de” ella, y 2) las vivencias tienen una conexión necesaria con el polo objetivo que intencionan – cada vivencia es “de” su objeto- nos conducen a una tesis preliminar y unilateral pero importante. La tesis afirma que el lugar del cuerpo es el de un particular polo objetivo noemático de intenciones determinadas, una unidad de sentido que aparece a múltiples actos representativos, afectivos y volitivos y que se constituye en tales actos (188).

Según SH la particular identidad de mi cuerpo propio, su aprehensión como un cuerpo humano, el hecho de que aparezca como una concentración de relaciones causales en la que se asienta mi identidad, todo esto ha tenido su génesis de sentido en la experiencia perceptiva a través de un proceso de surgimiento y determinación intencional que llega consolidada, asegurada y olvidada hasta el presente. Este punto de partida de la investigación fenomenológica sobre el cuerpo Husserl la establece en Ideas I y II. SH presentará sus desarrollos elementales.

En toda percepción externa también aparece mi cuerpo como formando parte del campo perceptivo: “toda cosa de mi experiencia pertenece a mi `entorno´y esto significa ante todo que mi cuerpo
también está ahí y en cuanto cuerpo
.” (113) [Jedes Ding meiner Erfahrung gehört zu meiner “Umgebung”, und das sagt zunächst, mein Leib ist auch dabei und als Leib. 81, Hua. IV]. En situaciones normales mi cuerpo también es objeto de atención en forma de una atención paralela a la atención primaria que se dirige a la cosa o sector de cosas de mi interés perceptivo. Se me ofrece no temáticamente el eje vertical de la pesadez que acompaña a los brazos caídos, el eje horizontal que pueden dibujar los brazos en cruz, y el plano o eje central que configuran los anteriores al cruzarse, según la descripción renacentista que nos da Husserl (cfr. Hua. XIII, 284). Pero, es verdad que sólo puedo ver una sección de mi imagen corporal, por motivos estrictamente fenomenológicos y por motivos netamente específicos de este objeto. Pero este objeto le es visible en su integridad a otro sujeto, en tanto no es su cuerpo.

SH nombra a esta percatación marginal como coatención el propio cuerpo en la experiencia de los objetos externos. En esta percatación marginal el cuerpo no se percibe uniformemente, sino que ciertas zonas o áreas –la cabeza, el plano ventral, las manos- son privilegiadas; mientras que las restantes –el dorso, las extremidades inferiores, el interior del cuerpo- forman parte del horizonte de percepción posible. SH usa la frase `latencia inadvertida´ para esta situación fenomenológica. En ciertas circunstancias el cuerpo entero parece deslizarse hacia una zona de no-atención –en la concentración densa de la lectura, o al participar en una conversación o al mirar una película en el cine- pero incluso en tales situaciones se tiene una percatación marginal, una `noticia intencional´ del cuerpo; al menos como la silueta que indica los límites del dolor y el área de proximidad de cualquier otro objeto, amenazante o no: “sin interrupción está ahí dado a la percepción el mundo de las cosas y en él nuestro cuerpo” (Hua. III/1, 81, # 39).

El cuerpo también aparece mentado o comentado latentemente o explícitamente en el acto de rememoración. Las `imágenes´ rememoradas contienen como determinante de su aparecer una cierta perspectiva de las escena rememoradas. Tal perspectiva es determinada, a su vez, por la posición espacial de mi cuerpo en la escena rememorada. Reconozco mi propia silueta y postura corporales como en un límite del campo visual del suceso reproducido. Pero también: mi rememoración puede extraer al cuerpo del anonimato perceptivo en que estuvo en el momento en que aconteció la escena rememorada. [Cfr. Hua. X, apéndice III]. La rememoración puede prestar atención a lo que la percepción no llegó a destacar y el rol esencial de la rememoración en la constitución de la experiencia se muestra en que a través de ella constituyo los cambios objetivos que mi cuerpo propio ha experiementado.

Esta tendencia del cuerpo propio a permanecer en una esfera de co-atención o percatación marginal pero sin llegar a pasar al horizonte vacío ni al horizonte temático se contrapone a la manera brusca en que toma el centro atencional de la intencionalidad cuando surgen vivencias de dolor sensible. La vivencia de dolor, independientemente de su intensidad, tiene un particular modo de instalarse en la vida consciente capturando al yo y su interés. La atención suspende su ejecución actual y localiza en miembros o partes definidas del cuerpo la vivencia-dolor como tal. Estas partes o miembros padecen, entonces, una objetivación, como si el contenido de la vivencia afectiva fuera un dato captable en la superficie de la piel o en la disposición de algún miembro. Pero esta distinción entre dolor consciente y su aprehensión objetiva sólo se realiza en la descripción teórica. SH define a la vivencia-dolor con las siguientes propiedades: a.-temporal y cualitativa; b.-certeza indubitable e íntima; c.-incide en la atención de modo particular; d.-no es visible; e.-no es palpable; f.-carece de aparecer fenoménico: no se ve, no se toca.

Lo que es fenoménico es su ubicación en una parte y estado del cuerpo, y esta objetivación es susceptible de decepción. Este sentido objetivo es construído por la propia vida intencional y se revela frecuentemente como aproximado (identificación vaga o `errónea´), e incluso como ilusoria (miembros fantasmas que duelen, miembros reales que `deberían´ doler).

Hasta acá contamos con ciertas legalidades fenoménicas del aparecer de mi cuerpo como correlato intencional: variaciones de la atención, modos de la experiencia, formas de objetivación. Sabemos que la investigación fenomenológica distingue entre las vivencias intencionales y lo intencionado en tales vivencias. Sabemos, también, que la comprensión de la actitud natural del cuerpo fusiona la distinción anterior, conectándolos por identidad real o causalidad. En esa situación la indagación descriptiva sostiene la correspondencia irreductible entre los actos intencionales de tipos precisos con sus síntesis propias y lo que constituyen como sentido invariantel del cuerpo, del `intracuerpo´. Pero hay que matizar esta distinción porque si no se lo hace, nos quedamos con el resultado de que el cuerpo tiene un estatuto meramente objetivo, no avanzando la fenomenología más allá del mecanicismo clásico. Lo que se tiene que matizar es la condición exclusiva de correlato intencional que estos primeros análisis atribuyen al cuerpo.
1.3. La comprensión natural del cuerpo como órgano receptor de estímulos perceptivos y productor de sensaciones admite, en principio, una reducción análoga a la vivencia-dolor. La sensibilidad y la multiplicidad de los datos hiléticos forman parte de la vida consciente en primera persona y de su funcionamiento intencional (y no del entramado de miembros y nervios activado por una causalidad anónima). Asimismo de esta sensibilidad y multiplicidad derivan la constitución en que los contenidos de sensación se objetivan en el cuerpo ya constituído – nuevos actos los objetivan.

Esto sucede porque en la explicitación fenomenológica los contenidos de sensación no se conciben como el punto de contacto entre la conciencia y el mundo externo a ella o como el límite que bordea las superficies de la autoconciencia y lo corporal – corpóreo. En fenomenología la multiplicidad de las sensaciones forman parte del penúltimo estrato de la vida noética. Estos estratos, conectados recíprocamente, convergen en cualquier percepción externa en el mundo de la vida. La cosa singular o la configuración de cosas que es objeto de atención temática aparece en mi percepción visual de múltiples maneras, variables casi a cada momento, pero en órdenes de variación fijos. SH los especificará brevemente para mostrar cuál es el que sugiere la presencia del cuerpo.

Se prescindará de la característica básica que nos indica que la captación singular ya implica un modo particular de aparecer el objeto: destacado del entorno, “sacado” del fondo intencional en que se encontraba. Esto significa que la cosa idéntica aparece con ciertas determinaciones objetivas de entre un conjunto infinito de ellas que la tiene como referencia individual. El mismo objeto es percibido visualmente bajo una u otra descripción genérica o interna (nota interna) o relacional. Sea cual sea el sentido idéntico que el acto dé al objeto, hay presenta un segundo orden de variación ya que no percibo al objeto en su totalidad y con precisión análogas a la aprehensión del sentido ideal de una proposición. Lo que de hecho aparece es una cara del objeto que prefigura el resto del objeto que no se me da a la intuición. Se sabe que el objeto percibido es, en algún sentido, la síntesis final de las posibilidades infinitas de completar la intuición. Esto significa que la percepción distingue su objeto conducida por un sentido idéntico que se descompone en diversos y múltiples escorzos. Escorzo y sentido idéntico se exigen y se distinguen: por un lado no es que lo que percibo es una cara o sección, sino que lo que percibo es la cosa desde este o aquel lado; por otra parte, casi a la inversa, los escorzos cambiantes y parciales son los que hacen posible y sostienen la intuición de la cosa unitaria, en tanto que la supresión de las intuiciones incompletas e insuficientes sólo darían por resultado el fin de toda intuición, no la completitud simple del objeto. Se transformaría en una mera mención vacía.

Hasta aquí, entonces, SH nos presentó las siguientes características de los órdenes de variación de la percepción: multiplicidad del fondo y unidad del objeto destacado; unidad del objeto sobre la multiplicidad de sentidos; unidad del sentido entre la multiplicidad de los escorzos. Husserl introduce una reflexión ulterior sobre la intuición sensible para determinar el complejo de los datos de sensación –sensaciones visuales en este caso. En este nivel del análisis, cada corte del objeto que cumple el rol de escorzo de la cosa unitaria se exhibe como unidad que hace posible y sostiene nuevas multiplicidades subyacentes. El lado que expone la cosa es una unidad de sentido que se exhibe por las perspectivas y orientaciones variables que la mirada toma sobre él a cada instante. Según me acerque o me aleje, según mi orientación sea frontal o la incline lateralmente, según deslice la mirada de arriba abajo, oblicuamente, etc., tienen lugar modificaciones fenoménicas relativamente notables de la “figura” del lado que, por su parte, continúa exhibiendo, “figurando” la cosa entera. Esto significa que el escorzo mismo se transforma en el correlato unitario de los componentes plurales perspectiva-orientación-distancia que lo modulan e informan. La situación fenomenológica es tal que, ante cada nueva reconfiguración de este complejo de componentes se produce una nueva composición de las cualidades cromáticas de la vivencia: los datos visuales oscilan por su cualidad, intensidad, contraste, destello, y esta oscilación no altera la aprehensión objetivante, ya que sólo determina la nitidez, claridad, distinción con que se muestra el color unitario del lado del objeto unitario. Este “material cromático” vivenciado, estas “mínimas facetillas de color” que no veo en el objeto sino que a través de ellas veo el color (del lado) del objeto son las que merecen el nombre de sensaciones visuales, datos hiléticos visuales, de acuerdo con Husserl. Estas últimas multiplicidades están en la base de la doble condición, intuitiva y expositiva, de la percepción sensible –muestra el objeto `en persona´, pero al mostrarlo lo `escorza´:

“Aquí se ve que la expresión `escorzo´ es polisémica. De cada aspecto puede decirse que en él se escorza la cosa, pero en último término se denominan escorzos a los múltiples datos de sensación. Son los materiales ínfimos en que se `escorzan´ las determinaciones de cosas.” (Z 169, SH 192) [Man sieht hierbei, daB der Ausdruck “Abschattung” ein vieldeutig ist. Von jedem Aspekt kann gesagt werden, daB sich in ihm das Ding abschattet; zu unterst heiBen aber die mannigfaltigen Empfindungsdaten Abschattungen, sie sind die untersten Materialien, in denen sich dingliche Bestimmtheiten “abschatten”, 130 # 32, Id. II. Hua. IV]
Según SH, es posible resumir en un orden de los sentidos de `percepción visual´ esta complejidad mínima de toda percepción sensible (y por extensión de toda intuición sensible):

1.-Ver: contar con un horizonte intencional dado, abierto, de contrastes y similitudes.

2.-Captar un objeto: destacar del horizonte una cosa o configuración de cosas.

3.-Mirar el objeto en un cierto sentido, mentarlo como tal y tal objeto.

4.-La cosa se exhibe parcialmente a la mirada, se muestra en un modo variable de aparecer. Escorzo de primer orden.

5.-Tener o tomar una determinada perspectiva-distancia-orientación que hace variar el escorzo de la cosa. Escorzo de segundo orden.

6.-Ver: significa experimentar un complejo variable de sensaciones visuales, de datos cromáticos fugaces.
SH nos advierte que es posible considerar un sentido séptimo que se refiere a la temporalidad de la percepción visual (en tanto objeto inmanente de la conciencia). En este sentido, percibir es notar el pasaje de la sensación por y en el tiempo inmanente de la conciencia, en donde notamos su aparición actual y su posterior deslizarse hacia el pasado y su sumergirse en él. En este sentido “ver” se dice del pasaje de las vivencias como datos inmanentes de la conciencia en su propia temporalidad a la que contribuyen a constituir. El límite último de las multiplicidades noéticas e hiléticas resulta, según SH, conciencia, no cuerpo, intenciones que funcionan operativamente y no temáticamente en la percepción del mundo y que otorgan unidad a la propia vida intencional que fluye en el tiempo inmanente.

Hasta acá no ha aparecido el cuerpo propio ni sus órganos ni su funcionamiento. El análisis de las vivencias perceptivas parece no necesitar desplegar ninguna unidad objetiva u orgánica ni conexiones auténticas de la objetividad ni conexiones causales de estímulos. El cuerpo como correlato noemático sigue cayendo bajo los sentidos indicados arriba: se encuentra en un horizonte de objetos percibidos, se destaca con un sentido propio, se perspectiviza para la mirada, su aparecer es continuo en relación a la continuidad del tiempo inmanente. PERO, si entendemos tales sentidos noéticamente, ninguno se predica del cuerpo propio: el cuerpo no abre el horizonte de sentido, el cuerpo no dirige la atención, no proyecto los escorzos sobre la cosa unitaria, no retiene la sensación recién pasada ni protenciona las sensaciones por venir, etc.

Lo que es cierto es que sobre la base de la presencia permanente del cuerpo a la intuición y en función de regularidades captadas entre, por una parte, circunstancias objetivas del entorno espacial –iluminación, distancia de la fuente luminosa, etc.- y, por otra parte, posibilidades subjetivas de la intuición, el cuerpo adquiere el sentido de “una cosa señalada, `mi cuerpo´, y siempre por necesidad esencial, como lugar en que un sistema de condiciones subjetivas se entrelaza con el sistema de causalidad” (96 Z) [ein ausgezeichnetes Ding, “mein Leib”, als die Stelle, wo sich, und immer wesensnotwendig, ein System subjektiver Konditionalität verflich mit diesem System der Kausalität.. Hua. IV 64]. En virtud de tal entrelazamiento las vivencias en conjunto reciben una localización derivada y difusa en relación con el cuerpo y la misma percepción se interpreta como `estado´ de un ser animado que depende de circunstancias causales externas y de órganos internos: de esta manera se constituye el “ver” como estado psicosomático y como función orgánica. Pero este sentido así logrado no se añade a la serie noética o a alguno de sus elementos. Lo que se quiere decir acá es que en las condiciones reales y causales de la percepción sensible no se reconoce ninguna vivencia inmanente: estas condiciones no se dan a la conciencia del tiempo inmanente como estados de un ser animado de cierta especie biológica y que se verifican en `tercera persona´, sino que son los sucesos del estar vivo `en primera persona´. El sentido psicosomático tampoco refiere, en el dominio de las vivencias, a un nuevo orden de partes o multiplicidades abstractas, en tanto las condiciones mentadas no son propiedades objetivas o disposicionales, sino los momentos noéticos que articulan la `conciencia de´, el `de´ que no se puede objetivar y que está en el origen del sentido y, por lo tanto, de la posibilidad de poder tener a la vista objetos.

La descripción del escorzo intuitivo –esencial para el análisis inmanente- tiene que asumir que los aspectos de perspectiva-orientación-distancia parecen requerir, además de los elementos noéticos del acto, algo que se pueda mover intencionadamente, a partir del cual dependa el cambio consciente y coherente de los escorzos sucesivos. Tal `algo´ no es mera sucesión o pura secuencia temporal inmanente –constituyente- pero tampoco mera producción de sentido, pura unidad objetiva – transcendencia constitutiva.
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