Cronología (Según hernandez, Becerra Augusto. Las Ideas Políticas en la Historia)






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ROMA ANTIGUA

Cronología (Según HERNANDEZ, Becerra Augusto. Las Ideas Políticas en la Historia)

753 A.C.

Roma. Monarquía

519 A. C.

Caída de la monarquía

450 A.C.

Ley de las XII tablas

S.IV – III A.C.

Conquista romana en Italia. Guerras púnicas

197 – 168 A, C.

Conquista de Oriente

168 a.C.

Macedonia es conquistada por Roma en la derrota que sufrió en la Batalla de Pydna. Se acentúa la relación cultural entre el mundo latino y el mundo griego.

146 A.C.

Conquista de Grecia

133 A.C

Conquista de España y Asia

S. I A.C.

César. Cicerón

27 A.C.

Augusto. El principado

35 – 64 D. C.

Prédicas de San Pablo en Oriente, Grecia e Italia

64 – 303 D.C.

Martirio de Pedro en Roma. Nerón inicia las diez grandes persecuciones de los cristianos, hasta Diocleciano.

S.II

Apogeo de la jurisprudencia romana. Los cinco grandes: Papiniano, Ulpiano, Paulo, Gayo y Modestino.

211

Edicto de Caracalla (ciudadanía para todos los habitantes del imperio)

313

Edicto de Milán ( Tolerancia religiosa)

325

Concilio de Nicea

361

Juliano el Apóstata, Emperador

380

Edicto de Tesalónica (Estado confesional)

395

División del Imperio por Teodosio I. Imperio romano de Occidente con Capital Roma. Imperio romano de Oriente con Capital Constantinopla.

410

Roma es saqueada por el visigodo Alarico

438

Primera codificación oficial del Derecho romano

476

Caída del Imperio Romano de Occidente

535

Codificación de Justiniano (sólo se conoció en Occidente gracias a las Cruzadas)

Ideas Políticas en la Roma Antigua

“La necesidad de la unificación de los pueblos conquistados al poder de Roma lleva al reconocimiento gradual de los derechos de ciudadanía romana a todas las provincias, la imposición del latín como lengua oficial y la aplicación de un sistema uniforme de derecho en todo el imperio.

Bajo el imperio todos los miembros de la comunidad política quedan sujetos en condición de igualdad a la autoridad del emperador. Se asume, además, que él tiene origen divino e inclusive se le llega a adorar como si fuera un dios. Esta concepción teocrática del poder se mantendrá al constituirse el cristianismo en religión oficial el Estado, pues en delante el emperador será considerado como agente o representante (vicario) de Dios en la tierra. Este último paso en la evolución política de Roma es sintetizado por Gettell en los siguientes términos: “de este modo, la ciudad-estado democrática se transforma en la autocracia del imperio universal, y partiendo de la concepción griega de la democracia, libertad e independencia local, se llega al ideal romano del orden, la unidad, el derecho universal y el cosmopolitismo. El Imperio romano completa la obra comenzada por Macedonia, al someter a los individuos de todas las naciones a un mismo poder. Con la destrucción de la independencia política desaparece, prácticamente el estudio científico de estas materias. Fuera de la actividad política, casi inconsciente, de la Edad Media, las teorías no alcanzan un verdadero esplendor hasta la época del Renacimiento”. (HERNANDEZ, Becerra).

El derecho de los romanos fue fundamentalmente civitas (ciudad-estado), consistió en un sistema jurídica arcaico y limitado, aplicable exclusivamente a los miembros de la ciudad. Fue gracias al desarrollo del ius gentium (un derecho común a todos los pueblos, desprovisto de los formalismos y el carácter litúrgico que lo hacían inaplicable a quien no fuera romano de nacimiento) y a la incorporación de la doctrina del ius naturale, de origen estoico (en lo cual fue decisiva la labor metódica de los juristas), que el derecho, romano llegó a convertirse en un sistema general de jurisprudencia, aquel que por sus caracteres de universalidad requería el Estado universal que era ya el Imperio Romano. Más tarde esta concepción universal de todas las cosas en torno al imperio se perfeccionará con la organización de un único culto religioso permitido, una sola fe tolerada y oficial para toda la población del Imperio: la religión cristiana.

La historia de Roma es, pues, en cierto sentido, la historia de cómo una ciudad-Estado de poderosa personalidad, no griega si no latina, abraza primero la cultura de los griegos, se heleniza (y por tanto recibe poderosas influencias orientales) y, finalmente, se cristianiza, incorporando con ello elementos de la tradición judaica. Éste es líneas generales, el proceso mediante el cual se fraguan los sólidos cimientos de la cultura occidental”. (HERNANDEZ, Becerra).

2. Ideas políticas sin filosofía política

No hubo en la dilatada historia de Roma un pensador que formulara o al menos cuestionara (como en Grecia lo hicieron, para el mundo helénico, un Platón o un Aristóteles, por ejemplo) la filosofía política del sistema.

Fue necesario esperar hasta el advenimiento (a fines del S. II A.C.) de Panecio de Rodas y Polibio, griegos de origen y formación para contar con una primera visión integral de las instituciones y la historia de Roma. Y esperar a Cicerón, ya en las postrimerías de la República, para que por primera vez un romano (aunque profundamente imbuido de la filosofía griega) elaborar una exposición sistemática de las propias instituciones republicanas.

M.I Finley, acerca de la parquedad filosófica de los romanos se debió básicamente a la falta de estímulos que sí tuvieron los griegos en la reflexión filosófica y política: “Los romanos no se vieron enfrentados al rompecabezas de la gran diversidad de programas constitucionales que caracterizó al mundo griego clásico…No hay nada que requiera análisis o explicación. En segundo lugar, la severa crisis de la primitiva historia de la república romana fue un conflicto provocado por las peticiones plebeyas de privilegios, no una guerra civil por formas alternativas de gobierno. De Ahí que los romanos no tuvieran experiencia en el ciclo de constituciones, ni siquiera en la elección entre democracia y oligarquía, o en la amenaza de una tiranía”.

A lo anterior se agrega que la visión histórica de Roma fue crecer indefinidamente mediante la conquista. Con las frecuentes guerras, la sociedad romana se acostumbró a combinar la vida civil con las fatigas y los deberes militares, de donde surgió una profunda conciencia de responsabilidad cívica expresada en conductas colectivas de disciplina social y obediencia a las autoridades. Nos encontramos aquí con unas convicciones políticas fuertemente sostenidas por la tradición, la educación y el ambiente, celosamente vigiladas por la sociedad y el Estado e impresas hondamente en el espíritu del ciudadano romano, de tal manera que nunca fue necesario verbalizar demasiado sobre ello. “Fueron más hombres de acción que hombres de reflexión”. Antes que aplicarse a ejercicios abstractos , el hombre romano prefirió emplearse en propósitos útiles y prácticos, tales como la concepción, elaboración y ejecución de una ley, un edicto, una sentencia, un contrato, un tratado, una decisión de gobierno, una expedición militar.

Del Vecchio afirma: Roma no tuvo una filosofía original. Así como en Oriente el objeto supremo de la actividad espiritual fue la religión y en Grecia la filosofía, en Roma fue el derecho. Y en éste, la sabiduría romana fue excelsa. En Roma se produjeron ciertamente corrientes filosóficas, pero fueron derivaciones de las griegas.

Si Grecia se desarrolló en torno a la fundamental institución de la Polis, entre los romanos ésta viene a ser sustituida por su más grande y original construcción política: el Imperio.

Roma esa vieja y gloriosa república se forjó en el cultivo de principios ampliamente compartidos de servicio a la patria, cumplimiento del deber, rectitud y nobleza ciudadanas, dignidad, honestidad, justicia, profunda fe religiosa, respeto del pasado y de los mayores.

El periodo clásico de las letras latinas coincidió no con el auge de las filosofías políticas, sino con el de las doctrinas de orientación moralista, espiritual, y religiosa, que muy pronto derivarán hacia la literatura teológica, con la llegada del cristianismo. Se comprende bien, por otra parte, que el imperio teocrático estaba necesitando no una filosofía política, sino de teología, y los pensadores la suministraron abundantemente.

El imperio hizo menos necesaria la especulación política, pues dejaron de existir las actividades practicas de toda política a las cuales pudiera referirse la teoría. Es clara la invitación que el régimen hace al público para que se recoja en la vida privada y deposite sus inquietudes políticas en manos del Estado, desde el momento en que el Imperio hace prevalecer el principio :”lo que el emperador decide tiene fuerza de ley”

La filosofía moral tuvo una gran acogida en la metrópoli, especialmente la de epicúreos y estoicos, que entrará a formar parte de la vida cotidiana y dejará honda huella en la jurisprudencia, la vida privada, la literatura y algunas elaboraciones filosóficas.

El eclecticismo. Que es la conciliación de diversos elementos de otras doctrinas filosóficas y que se opone a todo dogmatismo, vió continuado y desarrollado su pensamiento en Cicerón quien lo llevó a su más alta expresión.

El estoicismo. Panecio de Rodas tiene el mérito de haber revisado el estoicismo en forma que fuera aceptado por los romanos y resultara afín con sus virtudes ancestrales, a saber: dominio de si mismo, devoción al deber y espíritu público. El estoicismo predica ideales como: la igualdad de los hombres, la justicia en el Estado, el respeto por los derechos de los demás, la benevolencia, el amor, la pureza en la vida familiar, la tolerancia, la caridad hacia los semejantes, la protección a los hombres en el goce y disfrute de los derechos, el reconocimiento por lo menos de aquel mínimo de derechos sin el cual es imposible la dignidad humana.

La influencia de los estoicos es notoria no solo en los políticos, sino también en los juristas , que por entonces hacían los primeros intentos para crear una jurisprudencia sistemática. De esta manera, nociones fundamentalmente filosóficas como las de humanitas y derecho natural (en adelante traducido del griego al latín como ius naturale) cobrarían una significación inusitada y contribuirían al desarrollo de uno de los mas grandes legados culturales de la antigüedad: el derecho romano.

Polibio. Nació en 200 a.C. en Megalópolis Grecia. Su tesis más célebre es la Ley de los ciclos, que consiste en que la historia de los pueblos está totalmente regida por una ley de crecimiento y decadencia (Historicismo de Platón y Heráclito?) fenómenos que se alternan de manera perpetua en un proceso cíclico (anacyclosis). Las formas de gobierno se suceden históricamente, a partir de la monarquía originaria, en formas puras y sus respectivas e inevitables corrupciones (realeza-tiranía, aristocracia-oligarquía, democracia-oclocracia, repitiéndose en forma indefinida la sucesión de estas diversas constituciones. Estima que la constitución mixta es la mejor forma de gobierno, porque es incorruptible, y elogia por ello la constitución de Licurgo, de Esparta. Es para él un buen ejemplo de modelo combinado que no estaría sujeto a la anacyclosis.

Polibio atribuye el poderío de Roma precisamente a la forma mixta de su gobierno (los cónsules representan el factor monárquico, el senado el factor aristocrático y las asambleas populares el democrático), en la cual los distintos elementos se encuentran exactamente ajustados y en perfecto equilibrio. Se observa que para Polibio, el verdadero secreto del gobierno romano consistía en que los tres poderes políticos (consulado, senado, asambleas) se frenaban con reciprocidad. Aquí se encuentra embrionariamente la noción de un gobierno organizado bajo la forma de un sistema de frenos y contrapesos, muchos siglos después reexpuesta por Montesquieu y adoptada por los fundadores de la república norteamericana.

Marco tulio Cicerón.

Vivió entre 106 y 43 a.C. su obra escrita es muy variada: Discursos de defensa de sus clientes (Pro murena, Pro Rabiro, Pro Milone, arengas políticas (catilinarias, Filípicas), tratados sobre elocuencia (De Oratore), retórica (Orator, Brutus), diversas obras filosóficas (De Finibus, Tusculanas, De oficiis, etc) y políticas (Sobre la república y Sobre la leyes).

La obra de Cicerón es rica en definiciones de una gran perfección formal: La república es la cosa del pueblo; y el pueblo nos es el conjunto de todos los hombres reunidos de cualquier modo, sino reunidos por un acuerdo común respecto al derecho y asociados por causa de utilidad. Esta breve frase postula una concepción del estado que renueva en sus fundamentos la teoría política y conjuga los elementos que aún hoy se estiman esenciales en la constitución del Estado moderno. En opinión de Sabine, estos principios generales de gobierno –que la autoridad procede del pueblo, que todo debe ser ejercido con el respaldo del derecho y que sólo está justificada por razones morales- alcanzaron una aceptación casi universal en un tiempo relativamente breve después de la época en que escribió Cicerón y han seguido siendo aceptados en la filosofía política durante muchos siglos. En sustancia no hubo ninguna diferencia de opinión en la Edad Media y pasaron a ser parte integrante de la herencia común de Idea Políticas.

Concluido su estudio sobre la forma como debe organizarse un Estado perfecto, a imitación de Platón, Cicerón considera necesario hacer un tratado complementario que se ocupe de la legislación apropiada para ese Estado, y escribe Sobre las Leyes. Así lo expresa Atico al comienzo de esta obra: Puesto que ya has escrito un tratado sobre la mejor forma de la república, parece que se sigue que escribas también sobre la Leyes. Así veo que hizo el gran Platón, tan admirado, tan preferido sobre todos y tan amado por ti. La principal contribución es que Cicerón expuso en ella, la doctrina estoica del <>. Fue en sus términos como esta doctrina se transmitió a los jurisconsultos romanos y a los Padres de la Iglesia, y se hizo universalmente conocida desde su época e ininterrumpidamente, a través de la edad media y el renacimiento, hasta nuestros días.

Séneca. Lucio Anneo Séneca (3 a.C – 65 d.C.) Sus tesis reflejan la opinión romana de los primeros días del Imperio (así como Cicerón refleja la del período final de la República). Sostiene como Cicerón un estoicismo ecléctico con tono político orientado al sentido ético, moral e inclusive religioso. El espíritu senequista influirá en el cristianismo que lo adoptará en su doctrina.

La literatura del comienzo del Imperio se caracteriza por un carácter sombrío y pesimista, escéptico en cuanto a los social y político que encontramos también en Séneca. Si el Estado se encuentra tan corrompido que no existe la posibilidad de salvarlo, el sabio debe evitar esfuerzos vanos (De la tranquilidad del alma).

Séneca predica el apartamiento de las vanas preocupaciones del mundo, de los placeres y tentaciones, para profundizar en la verdadera sabiduría, libre de las pasiones, que preocupa la tranquilidad espiritual o eutimia propia de quien está cerca de Dios.

El poder vuelve a percibirse como un fenómeno sobrenatural confiado a la sabiduría de gobernantes que encumbra la divina providencia. La religión y la ética (colocada al servicio de la religión) desplazan definitivamente a la política, y a ésta le tomará 1.500 años recuperar su identidad.

El cristianismo.

Es importante no sólo por los elementos originales que aportó al torrente del pensamiento, sino por la serie de intercambios y fusiones que propiciara la rápida conversión del mundo pagano a la fe cristiana. Así se produjo una amalgama entre la filosofía griega en general, el estoicismo en particular (en sus vertientes helénica y ecléctica-romana) y la cultura político-religiosa judía que subyace en el cristianismo. “Por lo que se refieren a las ideas políticas, las de los Padres eran, en su mayoría, las de Cicerón y Séneca”.(Sabine).

Helenismo y cristianismo

Al haber dado lugar el helenismo a una cultura y a una literatura mundiales, de ilustración total, se sentaron las bases materiales para el surgimiento de una religión cristiana mundial. No es casual que, precisamente los antecedentes espirituales de una religión mundial se encuentre en la filosofía griega.

El helenismo común denominador del pueblo judío y la sociedad greco-latina es el puente que permite comunicar e integrar pueblos, lenguas y mentalidades distantes. El cristianismo se vale , así, del helenismo para fundir, junto con su mensaje, tres grandes tradiciones: la judía, la griega y la romana y con ello, engendrar una nueva cultura universal en el seno del Imperio Romano.

En cuanto se refiere al Estado, Jesús sienta claramente un principio y una distinción y traza una línea divisoria cuando, al preguntarle maliciosamente los fariseos si era lícito pagar tributo al César, les dijo: Dad al Cesar lo que del Cesar y a Dios lo que es de Dios(Mateo,22,21). Según esta enseñanza d Jesus, hay dos señores a los cuales se debe fidelidad y obediencia: El Estado y Dios. Complementariamente, en el Evangelio según San Juan, Jesús habría afirmado que toda autoridad política tiene origen divino cuando, interrogado por Poncio Pilato, le respondió: Ninguna autoridad tendrías contra mí, si no te fuese dad de arriba.

La doctrina Paulina de la obediencia pasiva consagratoria del principio de la resignación política en aras del derecho divino, se convertirá en uno de los más férreos y prologados dogmas de la historia del pensamiento político. Cumplirá las veces de norma constitucional del totalitarismo cristiano que se vivirá en los últimos tiempos del Imperio romano y solo comenzara a moderarse muy avanzada la edad media, cuando la meditación y la acción políticas recurran a fuentes distintas de las Sagradas Escrituras, básicamente el derecho romano y la filosofía griega.

De allí deriva para el pensamiento cristiano europeo la concepción teocrática del poder político, el delito de lesa majestad, la distinción entre poder temporal y poder divino, la teoría providencialista del poder, la sujeción del reino temporal al reino de Dios.

Es notoria la filiación que esta tesis tiene, desde el punto de vista constitucional, con la concepción judía del gobierno monárquico instituido por Dios y el contraste de esta postura con la tradicional teoría constitucional romana conforme a la cual el gobernante deriva su autoridad del pueblo.

El culto cristiano fue autorizado por el Edicto de Milán (313) y posteriormente se convirtió en la religión oficial del Estado, mediante el edicto de Tesalónica (380) con lo cual se infligió definitiva derrota al paganismo. A partir de Teodosio (405) el Imperio se convierte en un Estado confesional : la religión es impuesta por el poder público a sus súbditos, al tiempo que es prohibido definitivamente el paganismo, se clausuran o destruyen sus templos y se persigue la herejía. Los cargos públicos quedan reservados a los cristianos.

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