El pensamiento de Simón Bolívar es de dominio internacional, y su estudio es inculcado a los más jóvenes desde una muy temprana edad. Por lo que, efectivamente






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fecha de publicación12.09.2015
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El pensamiento de Simón Bolívar es de dominio internacional, y su estudio es inculcado a los más jóvenes desde una muy temprana edad. Por lo que, efectivamente, tenemos un conocimiento del mismo bastante amplio en Latinoamérica, y probablemente mejor, por qué no, en Venezuela. La ideología del Libertador, en cambio, la han utilizado los más grandes y grotescos Caudillos de ambos lados de la Cámara, sea la del país que sea, para moldearla a su imagen y semejanza. Desde Marx, en una blanda crítica, hasta Chávez, quien –casi- dice ser nieto del mismísimo Libertador. El otro día navegaba yo por un sitio que decía defender el Nacional Comunismo, y en el logotipo de la organización aparecía una imagen de Simón Bolívar. Al principio, como es obvio, pensé que era una parodia, no miento: ahora que están de moda, uno nunca sabe lo que es verdad y lo que no. Pero como no soy Pirrón de Elis, me lo tomé enserio. Y me provocó, como cosa del destino, casualidad innata, escribir algún artículo sobre la verdadera ideología de Simón Bolívar, ideología que probablemente no sea del todo igual a la mía, pero lo que sí es seguro es que nada tiene que ver con la de Chávez. Y es que la homología de Bolívar y Chávez es tan exacta como la de Reagan con Bakunin. Y eso, creo, debería de llamarnos al menos un poco la atención.
El punto de partida en la ideología de Bolívar es el republicanismo convencido. Obviamente, un sistema republicano es el más democrático que pueda existir, ya que la Jefatura del Estado es elegida en sufragio universal y eso significa que debe existir una correlación total, una interdependencia, entre los términos República y Democracia. Deteniéndonos aquí sabemos sobremanera que a pesar de haber pasado ya las puertas del siglo XXI, existen prejuicios aún sobre lo que es la República. En España, por ejemplo, hay un prejuicio histórico que nos ha hecho enlazar los términos República e Izquierda. Este prejuicio, que induce al error ideológico y a un terrible vacío cultural, hace asociar directamente a la República con las ideas políticas absolutistas, y por tanto, para los españoles, ideas democráticas. Aunque aquí no se incluye al socialismo de extrema derecha.
En España, pues, entenderían por Bolívar republicano, al poeta venezolano de la generación del 27, educado en Francia y perteneciente a las Brigadas Internacionales. A pesar de que haya vivido unos cien años antes.
La idea republicana del Libertador era la idea republicana auténtica. Bolívar era republicano porque su razón de vida fue combatir a los absolutismos más despiadados de su tiempo, y en aquel momento el mal mayor venía de la monarquía española, y el mal fue combatido hasta el final.
Pero para empezar a moldear su ideología debemos, antes que nada, situarlo dentro de su contexto histórico y sus influencias doctrinarias. Bolívar fue testigo de la Revolución francesa y la Revolución americana; se desenvolvió en un ambiente minado por el anhelo y la pasión que despertaba ante el pueblo occidental la disparatada idea de libertad. Viajó por Europa, vivió en España, vivió las consecuencias del mundo napoleónico y conoció el fin de este mundo. Estuvo en Estados Unidos y se paseó por toda la América Latina. Pero en Venezuela, en la Venezuela de hoy, Bolívar siempre estará atado al Estado: en un país donde no se sabe diferenciar entre gobierno y Estado, porque son la misma cosa. Y por tanto, el gobierno de turno, es decir, el Estado venezolano, siempre será bolivariano, independientemente de la ideología que represente. Los ideales de Bolívar se perdieron de antaño, y justamente ahí nació esa holgazanería venezolana que dejó todo su destino en manos del Estado e hizo girar las cabezas de sus gentes hacia otros valores menos trascendentales. Y esa colosal incultura actual de la sociedad venezolana en todos los ámbitos, el pasar de la educación y limitarse al gozo y al oportunismo, han causado que la Venezuela de hoy sea exactamente lo que es: una sociedad sin ley, que Gómez dejó sin cultura, que Chávez mata de hambre, y en donde no existe pasión por el Ser y la Trascendencia, donde no existe el Humanismo: Venezuela es la anti-nación. Aquello con lo que Simón Bolívar nunca habría soñado ni en sus peores pesadillas.
La influencia histórica del Libertador fue riquísima y diversa. Simón Bolívar fue un liberal con una gran sensibilidad social, muy acorde a su época, fue tan amante de la libertad como de la igualdad. Dice B. Celis Parra que la influencia del Libertador provino tanto del liberalismo de John Locke y Montesquieu como del estatismo democrático de Rousseau. Además de poseer un gran complemento ideológico personal. Defendió con ímpetu los derechos de los desfavorecidos de su tiempo, pero entendió que para que las sociedades de América fueran libres, cada persona, como ser humano, tenía la capacidad de tomar sus propias decisiones vitales, la gente se hacía rica comerciando, y todo beneficio por muy individual que fuera siempre podía ayudar al beneficio colectivo. Para Bolívar no existían las fronteras. Soñó con una gran nación -que hoy son medianas naciones- que se despedazó con el tiempo. Fue un liberal adecuado a sus circunstancias históricas y a la realidad social de la Venezuela de la época. Y todo, hasta lo mínimo, murió con él.
Hoy, la generación de relevo que inculcaba Marcel Granier, no sabe lo que es una generación, o eso que llaman relevo, o aquello que algunos conocíamos como democracia.
Esa generación a la que pertenezco se difuminó por el mundo: desde Buenos Aires a las playas de Florida, los venezolanos escapamos de lo que nosotros mismos creamos. Algunos otros, no tan irónicamente, seguimos nuestra lucha, exiliados en alguno de esos países que desaparecieron del mapa, donde ser funcionario del Estado es más lujoso que tener un Ferrari, cuando en Venezuela son los funcionarios del Estado, y sus amigos, quienes pueden comprar el Ferrari, mientras el hambre mata y los gobiernos pasan uno tras otro. Eso no es lo que propuso Bolívar, eso no es libertad.

Para todos los militantes herederos de los legados de nuestro padre libertador “Simón Bolívar”, quienes hemos basado  nuestra lucha con base en la conciencia revolucionaria y el bien común, tenemos en la formación política y la difusión ideológica una tarea permanente para profundizar y hacer irreversible a la revolución. 

Esta acción requiere de cada uno de nosotros un permanente estudio, investigación, disciplina y perseverancia,  que permitan edificar las bases socio-políticas para que surja el Estado Comunal, en donde  se generen  cambios en las relaciones y medios de producción, aparezca el sector socialista independiente del Estado y el sector Privado, y en el que se de el parto de la liberación. Liberación esta que implica que el hombre y la mujer que nazca de él, sean hombres y mujeres nuevos y nuevas, hombres y mujeres nuevos y nuevas que solo son viables en la contradicción opresor-oprimido.

El Maestro Caraqueño Simón Rodríguez le decía a Bolívar: “Solo usted sabe, porque ve como yo, que para hacer república es menester gente nueva…”. Desde Oruro (Bolivia), el ilustre maestro escribe el 30 de septiembre de 1827: “el fundamento del sistema republicano está en la opinión del pueblo, y ésta no se forma sino instruyéndolo. Nadie hace bien lo que no sabe; por consiguiente nunca se hará república con gente ignorante”.

En este sentido, los militantes revolucionarios necesitamos generar espacios políticos de formación ideológica allá en el campo, en la fábrica, en el barrio, en nuestros hogares; destinados a elevar la conciencia revolucionaria del colectivo nacional, capacitar a la comunidad organizada a establecer las bases del Socialismo del Siglo XXI y formar la nueva ética y moral revolucionarias del pueblo venezolano, en el marco Proyecto Nacional Simón Bolívar en su Primer Plan Socialista.

La Ideología que debemos difundir es la del Proceso Bolivariano, entendiéndose esta como la base ideológica del la Revolución Bolivariana. Siendo la Ideología el instrumento teórico con el cual interpretamos y nos interpretamos una realidad socio-histórica determinada, en nuestro caso está planteado construir una base teórica respecto a los cambios del orden social que queremos acometer. Ello implica revisar la validez de la actual organización y funcionamiento del Estado Venezolano, para emigrar hacia un Estado Social de Derechos y de Justicia, de participación constitucional.    

En vista de ello la constitución de los espacios políticos de formación ideológica tienen como misión fundamental la alfabetización ideológica. Elemento indispensable para alcanzar la conciencia revolucionaria que todavía no dominamos. La alfabetización obliga al estudio, la lectura, la discusión y la investigación. La alfabetización ideológica nos genera la claridad necesaria para saber que sigue vigente el sistema reformista que obstaculiza la consolidación de la Revolución Bolivariana. En estos espacios debemos aprender a pensar bajo los parámetros del marco conceptual definido por el Presidente Chávez: (1) democracia revolucionaria, (2) socialismo del siglo XXI (3) desarrollo endógeno, (4) pluripolaridad.

En este proceso podemos hacer uso de sustentos filosóficos como el árbol de las tres raíces (Bolívar, Rodríguez y Zamora), de orígenes inspiradores como Cristo y el Che, y del pensamiento emancipador de carácter universal de Marx, Lenin, Mao, Fidel, Mariátegui, Martí, Hochiminh y Trostki. 

Para ello debemos basarnos en el dialogo, entendiéndose este en lo expresado por el Prof. Paulo Freire “El dialogo es una exigencia, existencial. Y siendo el encuentro que solidariza la acción y la reflexión de los sujetos encausados hacia el mundo que debe ser transformado y humanizado, no puede reducirse a un mero acto de depositar ideas de un sujeto a otro, ni convertirse tampoco en un simple cambio de ideas consumadas por sus permutas” 

Entonces, la Revolución implica  la emancipación del pueblo. Habremos logrado la emancipación en la medida en que se cree en la capacidad autónoma del pueblo y, en consecuencia, se le transfiere la toma de decisiones a fin de dirigir su propio destino. Necesitamos ir como pueblo a esta práctica con la suficiente conciencia política y formación ideológica. 

Finalmente quiero expresar que El Reformismo, opuesto a la Revolución, no sólo está viva en la práctica clientelar del burócrata, sino también en individuos usurpadores de la dignidad bolivariana y saboteadores de la revolución, que no es más que el antichavismo puro. Situación que podemos combatir si el revolucionario se le contrapone con talento y claridad ideológica. Podremos apartar definitivamente a los contra-revolucionarios  de las sendas del Socialismo del Siglo XXI que estamos construyendo, cuando dominemos el conocimiento revolucionario, cuando, por efecto de la concientización ideológica, podamos desarrollar plenamente el sentido de pertenencia a la revolución. Cuando finalmente entendamos y practiquemos el Bien Común del pueblo venezolano. Solo así podremos evitar que en los amaneceres de nuestra América aparezcan “Gorilletis”  que expulsan presidentes legítimos que están del lado del pueblo y que se auto juramenten, tal como nos sucedió el 11 de abril de 2002 o como actualmente ocurre con nuestra hermana Honduras. 

El ideario de Simón Bolívar

En su vertiente social y política, el estallido de la crisis de la sociedad colonial venezolana permitió en su momento la maduración de un conjunto de situaciones que merecen destacarse. En primer término, la guerra facilitó la decantación de las llamadas "ideas francesas" hasta convertirlas en ideas bolivarianas, es decir, en ideas nacionales. Dicho de otro modo, las consignas de libertad, igualdad, fraternidad y propiedad que alimentaban el ideario claramente burgués de la Revolución Francesa fueron reelaboradas por la elite política que acompañaba a Simón Bolívar, quien, al analizar las consecuencias sociales que produjera la difusión de dichos postulados entre los esclavos, los pardos y los indígenas, encontró en el cuerpo de los militares republicanos al sector social que le permitió cumplir con el doble propósito de crear una república independiente y, al mismo tiempo, satisfacer las aspiraciones de los individuos integrantes de la sociedad de ese momento, con respecto a la libertad, la igualdad y la propiedad.

La reflexión de Bolívar partía del análisis de distintos hechos traumáticos, tales como el hundimiento de la República en el año 1812, en Venezuela, el fracaso del restablecimiento republicano al año siguiente, en 1813, y la caída del gobierno republicano en la Nueva Granada, ocurrido en 1815. Desde el Manifiesto de Cartagena, escrito en 1812, Simón Bolívar había estado insistiendo en las carencias políticas de la elite ilustrada que propugnaba la Independencia. La guerra civil, la ausencia de unidad, la excesiva valoración del régimen federal, el apego a las ideas religiosas y la simple intriga política, son los puntos que sobresalen en el inventario que sirve de base a un balance contundente hecho por el prócer: "nuestra división -dice- y no las armas españolas, nos tornó a la esclavitud".

http://www.biografiasyvidas.com/monografia/bolivar/fotos/bolivar_gil_de_castro.jpg
Bolívar en un retrato de José Gil de Castro

Sin embargo, no fue hasta el Manifiesto de Carúpano(1814), y posteriormente en la Carta de Jamaica (1815), cuando Simón Bolívar expuso en forma detallada sus criterios políticos respecto a la situación social que impedía el desarrollo de los gobiernos republicanos en Venezuela. El testimonio es importante porque representa la primera lectura social del problema que venían enfrentando las sociedades americanas desde el estallido de la crisis política en España y la Revolución en Haití: "el establecimiento en fin de la libertad en un país de esclavos -comenta con lúcida prosa el Libertador en el Manifiesto de Carúpano (1814)- es una obra tan imposible de ejecutar súbitamente, que está fuera del alcance de todo poder humano; por manera que nuestra excusa de no haber obtenido lo que hemos deseado es inherente a la causa que seguimos; porque así como la justicia justifica la audacia de haberla emprendido, la imposibilidad de la adquisición califica la insuficiencia de los medios".

Los esclavos a los que se refiere Bolívar en el Manifiesto de Carúpano no son ya la entidad genérica que identificara en su anterior Manifiesto de Cartagena. Son hombres de carne y hueso; es más, son hombres de carne, hueso y armas. Son nada menos que la expresión concreta de la angustia que surgiera en la sociedad caraqueña desde finales del siglo XVIII y que representaba una amenaza tangible para la aspiración de los criollos americanos con respecto a una transferencia pacífica del ejercicio del poder. Son, para ser precisos, los pardos y los esclavos que acompañaban normalmente a los generales realistas como Domingo de Monteverde, José Tomás Boves y Francisco Tomás Morales. Son, para decirlo en las propias palabras de Bolívar, el "vicio armado

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