Lección primera: Francia. Del sacerdote súbdito, pasando por el sacerdote ciudadano, al sacerdote funcionario público eclesiástico.






descargar 18.57 Kb.
títuloLección primera: Francia. Del sacerdote súbdito, pasando por el sacerdote ciudadano, al sacerdote funcionario público eclesiástico.
fecha de publicación10.09.2015
tamaño18.57 Kb.
tipoLección
ley.exam-10.com > Derecho > Lección
LECCIÓN PRIMERA: Francia. Del sacerdote súbdito, pasando por el sacerdote ciudadano, al sacerdote funcionario público eclesiástico. (B. PLONGERON, La vie quotidienne du clerge français au XVIII siecle, Hachette, Paris 1974, 248 pp. UPCo 5450/24; Des resistances religieuses a Napoleón (1799-1813), pp 93-121 En UPCo 1748/256.
1. La Francia del final del Antiguo Régimen. El sacerdote un súbdito incómodo. Las relaciones entre obispos y sacerdotes (1774-1789)

Durante la segunda mitad del siglo XVIII asistimos en Francia y en buena parte de Europa a un largo y duro enfrentamiento entre los obispos y sus sacerdotes. Éstos se sentían vejados en sus derechos y muy limitados en sus ingresos; muchos de ellos tenían grandes dificultades para subsistir con la dignidad propia de su ministerio y grado.

Las protestas de los sacerdotes franceses del final del AR se fundamentaron, por otra parte, en una teología, más bien eclesiología, llamada richeriana, en honor a Edmond Richer (1559-1631), defensor del galicanismo, y por una panfletística en las que se defendían los siguientes principios:

  • los “setentas y dos discípulos”, es decir los sacerdotes, eran iguales a los obispos en los que se refiere a su institución divina; lo que les distingue y diferencia es su ministerio, su compromiso y obligaciones con la comunidad.

  • los únicos que tienen derecho para elegir obispos son los príncipes. A los príncipes les asiste este derecho por ser ellos los verdaderos representantes del pueblo. Todo lo concerniente al gobierno del pueblo y, por extensión, al gobierno de la Iglesia, pasaba por los príncipes cristianos.


Entretanto, sobre todo desde el comienzo del reinado de Luis XVI (1774), el ya excesivo poder de los obispos se hizo todavía más autoritario y arbitrario. Los sacerdotes se sentían cada vez más menospreciados, por lo que se vieron obligados a defenderse apelando a las vías jurídicas por entonces existentes así como al Parlamento de Paris.

Una de las vías jurídicas más singulares y a las que los sacerdotes y todos los deseosos de reforma apelaron, fue la convocatoria de los sínodos diocesanos o nacionales (concilios nacionales).

Los sínodos nada tenían que ver con las conferencias de los eclesiásticos. Los primeros se convocaban regularmente; los segundos cuando al obispo le venía bien o juzgaba que era oportuno; En los sínodos se elegía un síndico, que lo presidía; éste, a su vez, elegía a sus asesores, la mayoría de las veces, personas ajenas a la administración diocesana; sus decisiones eran votadas, mientras las de las conferencias eclesiásticas no lo eran y todo se hacía conforme a los deseos de los obispos.

La prohibición de la celebración de un sínodo en la diócesis de Lisieux por el obispo Condorcet hizo que sus sacerdotes apelasen al Parlamento de París y acudiesen a la prensa afín con la consiguiente multiplicación de libelos y panfletos en contra de la Iglesia oficial y de sus defensores, la monarquía y algunas órdenes religiosas.

En este orden de cosas y conforme nos vamos acercando a la convocatoria de los Estados Generales, en muchas diócesis de Francia las Cámaras del Diezmo se transformaron en Asambleas deliberadotas, (deliberantes), que acabaron por impedir las actuaciones en lo disciplinar y sobre todo en lo económico de los obispos. Asambleas que marcarán, por su parte, lo que será el comportamiento del clero en las diversas asambleas diocesanas del clero, previas a la convocatoria de los Estados Generales; en todas ellas se luchó por el voto por cabeza y no por el voto representativo como querían la mayoría de los obispos de Francia.

Todo cuanto estamos refiriendo nos lleva a concluir, por una parte, que la Iglesia de Francia sufría en el último tercio del siglo XVIII una cierta esclerosis; que la Iglesia de Francia necesitaba con una cierta urgencia una cierta reforma en su organización y que era insostenible que el clero bajo, llamado más tarde el proletariado eclesiástico, siguiese, pese a sus continuas protestas, sufragando casi la tercera parte del volumen total de lo que el estamento clerical tenía que contribuir a las finanzas y presupuestos de un Estado cada vez más necesitado de dinero.

Los años previos a la RF fueron pródigos en protestas y libelos. En 1789, Henry Reymond (1737-1820) publica su Llamamiento de los curas del Delfinado a sus hermanos, los rectores de Bretaña. Les proponía la creación de un sindicato de curas para que de esta manera pudiesen reivindicar medidas para rebajar sus contribuciones e impuestos, adecuándolas y ajustándolas a los precios del trigo. Otros autores, sirviéndose del poder de la imprenta y de la capacidad lectora de la Francia de entonces, trataron de acercar los problemas, los intereses y las necesidades del clero con los intereses, necesidades y problemas del pueblo. “Atención, sacerdotes, el interés del pueblo y el vuestro son inseparables. Si el pueblo sale de la opresión, vosotros debéis salir del sometimiento y del envilecimiento al que el alto clero desde hace tiempo os tiene sometidos”. Para terminar diciéndoles: ¿acaso nosotros no somos obispos en cada una de nuestras parroquias?

A nadie le podrá extrañar, en consecuencia, que la mayoría de los sacerdotes miembros de las Asambleas diocesanas cuya misión era elegir a sus representantes para los Estados Generales, fuesen sacerdotes enfrentados con sus obispos e inclinados a obedecer lo que por entonces ya era un dogma, la voluntad general.

Concluimos este primer apartado: en vísperas de la RF, el clero francés, la Iglesia galicana, demandaban una reforma profunda que comportaba dos cambios: la revalorización de las prácticas sinodales así como una mejoría económica en los ingresos de los sacerdotes para de esta manera recuperar un cierto prestigio social y pastoral entre sus fieles.

La oportunidad venía con la celebración inminente de los Estados Generales.
2. El sacerdote ciudadano que no pudo ser (1789-1790).

El sacerdote ciudadano al que algunos diputados eclesiásticos aspiraban era un sacerdote pobre, evangélico, apostólico y sinodal.

Nadie podía imaginar en vísperas de la convocatoria de los Estados Generales (julio de 1789), los profundos cambios que en todos sus aspectos sufriría la Iglesia durante la RF.

Una vez más las necesidades económicas y presupuestarias de un Estado deficitario como era por entonces el francés pusieron en un brete a la Iglesia de Francia y al Comité Eclesiástico que la representaba en los Estados Generales: en bien de la nación o seguían defendiendo sus derechos de propiedad o eran alienados con todas sus consecuencias por el Estado. Ocurriría lo segundo.

Antes de la aparición de la Constitución Civil del Clero (12 de julio de 1790), el abate Gregoire (1750-1831), defendió en la Asamblea a los curas como institución distinta a todas las demás.

Los calificó como “clase de hombres laboriosos, activos, útiles y respetables”. Demandaba, en discursos que se hicieron famosos, el mantenimiento de las libertades galicanas, el reemplazamiento de las Asambleas del Clero por los Concilios Nacionales así como que los sacerdotes tuviesen la posibilidad de sindicarse para de esta manera defender sus derechos comunes frente a los obispos…

Cuando el 19 de noviembre de 1789 dio comienzo la venta de los bienes eclesiásticos, Gregoire defendió en un discurso, 11 de abril de 1790, a los curas calificándolos de sacerdotes ciudadanos. Reclamaba para ellos, en su mente casi todos los sacerdotes eran sacerdotes rurales, que hasta el momento habían vivido gracias a los privilegios , ahora perdidos, y los beneficios de sus rentas, que viviesen con la máxima dignidad con el apoyo de sus fieles. Los sacerdotes en los pueblos desarrollaban un misión superior su ministerio y por su misma ordenación sacerdotal a la que pudieran desarrollar otros funcionarios públicos. Eran los primeros y los auténticos servidores del pueblo. No sólo les daban y ofrecían la Palabra de Dios sino todo lo necesario para vivir y para desarrollarse. Cuidaban su cuerpo y también su alma. Lo justo era que fuesen alimentados, defendidos y protegidos por sus fieles.
3. El sacerdote funcionario público eclesiástico.

Con la Constitución Civil del Clero (12 de julio de 1790), los eclesiásticos serán funcionarios públicos. Como tales estarán sometidos al régimen general de la función pública y serán pagados con los fondos del Estado.

Como tales funcionarios acabaran siendo antes ciudadanos que sacerdotes; se verán obligados, como todos los funcionarios, a jurar su fidelidad al nuevo Estado. Gracias a la ley secularizadora del 20 de septiembre de 1792, si lo deseaban, podrían contraer matrimonio.

Con la CCC del clero y más adelante con la firma del Concordato de 1801 se fijaban una serie de normas para el funcionamiento de los obispos, de las diócesis y de los sacerdotes.

CURSO DE FORMACIÓN PERMANENTE.

2009-2010.

Los sacerdotes en la época contemporánea.

PROGRAMA:


  1. Francia. Del sacerdote súbdito, pasando por el sacerdote ciudadano, al sacerdote funcionario público eclesiástico.

  2. El santo cura de Ars.

  3. Los curas de las nuevas ciudades industriales

  4. Los operarios de la Compañía de Jesús.

  5. El cura rural español.

  6. Los sacerdotes en medio de la crisis conciliar.

  7. El cura de nuestros tiempos.

Añadir el documento a tu blog o sitio web

similar:

Lección primera: Francia. Del sacerdote súbdito, pasando por el sacerdote ciudadano, al sacerdote funcionario público eclesiástico. iconFigura de Jesucristo. Primer sacerdote del Señor, de donde podemos...

Lección primera: Francia. Del sacerdote súbdito, pasando por el sacerdote ciudadano, al sacerdote funcionario público eclesiástico. icon"asociacion cristo sacerdote y otros contra gcba sobre amparo (art....

Lección primera: Francia. Del sacerdote súbdito, pasando por el sacerdote ciudadano, al sacerdote funcionario público eclesiástico. iconJosé Oscar Beozzo es sacerdote, teólogo, reconocido historiador de...

Lección primera: Francia. Del sacerdote súbdito, pasando por el sacerdote ciudadano, al sacerdote funcionario público eclesiástico. iconEl Padre Guillermo de Castellana, sacerdote Capuchino, inició su...

Lección primera: Francia. Del sacerdote súbdito, pasando por el sacerdote ciudadano, al sacerdote funcionario público eclesiástico. iconCarta abierta del sacerdote copto Yoannis Lahzi Gaid
«no musulmanes». Sin rechazar claramente las fatwas islámicas que consienten, incluso instigan y legitiman, el derramamiento de la...

Lección primera: Francia. Del sacerdote súbdito, pasando por el sacerdote ciudadano, al sacerdote funcionario público eclesiástico. iconRegla 11. Arresto por un funcionario del orden público

Lección primera: Francia. Del sacerdote súbdito, pasando por el sacerdote ciudadano, al sacerdote funcionario público eclesiástico. iconLección historia e introducción al derecho eclesiástico del estado

Lección primera: Francia. Del sacerdote súbdito, pasando por el sacerdote ciudadano, al sacerdote funcionario público eclesiástico. iconLección el derecho eclesiástico

Lección primera: Francia. Del sacerdote súbdito, pasando por el sacerdote ciudadano, al sacerdote funcionario público eclesiástico. iconObjeto: promueve denuncia por Incumplimiento de los Deberes de Funcionario...

Lección primera: Francia. Del sacerdote súbdito, pasando por el sacerdote ciudadano, al sacerdote funcionario público eclesiástico. iconEl paíS, 21 de febrero de 2014 Un juez obliga por primera vez a devolver...






© 2015
contactos
ley.exam-10.com