Formación de la clase obrera (1886-1920)






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El gobierno de Eduardo Santos y la división sindical
La administración de Eduardo Santos (1938-1942) estuvo enmarcada por el estallido de la segunda guerra mundial. Esto se tradujo no sólo en una serie de inconvenientes para la economía del país, por el relativo cierre de circuitos comerciales internacionales (la escasez de llantas, por ejemplo), sino en el creciente alineamiento internacional con las potencias aliadas y especialmente los Estados Unidos, a pesar de nuestra neutralidad formal en el conflicto mundial. El gobierno de Santos dio pasos decididos en la incorporación de Colombia a la esfera de influencia norteamericana.
Por una parte, siguiendo las presiones diplomáticas, se atacó el posible espionaje alemán, y en concreto se nacionalizó la empresa de aviación colombo-alemana SCADTA, que se convertiría luego en AVIANCA. Por otra parte, la ayuda militar norteamericana se hizo más evidente a través del envío de una misión naval al país, la dotación de equipo militar americano y el establecimiento de un pacto aéreo de defensa interamericana. En contraprestación, los Estados Unidos, bajo la política del «buen vecino» enarbolada por el presidente Franklin D. Roosevelt, otorgó créditos al país, lo cual dará buenas posibiligades de maniobra fiscal al Estado. Este, a pesar de una tendencia decreciente en los precios, logró mantenerse a través de la firma (en 1940) del pacto internacional que tanto había buscado la anterior administración.
El banano, por el contrario, decayó notablemente como producto de exportación, lo que significó prácticamente el cierre de actividades de la multinacional United Fruit Company en el país. La oposición conservadora no veía con buenos ojos el creciente alineamiento con los Estados Unidos, por las simpatías que ésta tenía por las potencias del Eje (Italia, Alemania y Japón) vía apoyo a la España franquista, que en un principio fue sostenida por dichas potencias. Por presiones diplomáticas y comerciales, especialmente contra el periódico de Laureano Gómez, El Siglo, la retórica antinorteamericana debió ser moderada por la oposición.
El conservatismo se opuso en concreto a los préstamos americanos y a los intentos de establecer un sistema interamericano de defensa en la reunión de La Habana, en que el gobierno liberal participó. Aunque la oposición no llegó a los extremos vistos en la primera administración de López Pumarejo, no se puede desconocer el activo papel que jugó en este período. Por su parte, el sector liberal lopista mantenía un apoyo lejano al gobierno de Santos y no dejó de hacerle críticas, aunque más a la forma que al contenido de las políticas del gobierno, especialmente en lo referente al crédito externo.
En el plano interno, el período de Santos se distinguió por ser una gestión más administrativa que reformista. En ese sentido se considera como un gobierno que prolonga la «pausa» decretada en el 36 por Alfonso López. Santos aplicó una cierta política proteccionista de la industria, motivada en parte por el estallido de la conflagración mundial y posibilitada por el peso del crédito externo en el manejo fiscal. La fundación del Instituto de Fomento Industrial, IFI, refleja este proteccionismo en una política de apoyo a la industria que exigía también la posibilidad de importar maquinaria y materia prima. La línea de fomento agropecuario, propiciando un desarrollo técnico y la utilización de mejor maquinaria, fue la política de Santos para el campo. En este plano se destacó especialmente la formación del Fondo Nacional Ganadero.
En el aspecto social, al que no se le prestó tanta atención como en la anterior administración, sobresalió la fundación del Instituto de Crédito Territorial (ICT), para el fomento de la vivienda popular. A diferencia de López, a.Santos no le interesabauna estrecha relación con la clase obrera sino más bien el sometimiento de ésta a las políticas oficiales. Por otra parte la actividad mediadora del estado en los conflictos laborales llegó a su punto más bajo. Obviamente, esta actitud no era del agrado del conjunto de la clase obrera, especialmente de sus sectores más críticos. Para nadie es desconocida la aversión que Eduardo Santos tenía al comunismo. En ese sentido, en la medida en que destacados sindicalistas, especialmente de la FEDENAL, militaban en el PC, a Santos no le interesaba la unidad sindical, sino más bien fortalecer la corriente liberal proclive a su gobierno. La ley 24 de 1940 consagró la navegación fluvial como servicio público, ilegalizando la huelga en este sector que era el fuerte de la FEDENAL. En 1940 se hizo evidente la división del sindicalismo agrupado en la CTC. A toda costa, los sectores liberales del obrerismo buscaron aplazar la celebración del IV Congreso de la confederación. A pesar del veto oficial, la mayoría de los miembros confederales celebraron en Barranquilla, la plaza fuerte del comunismo, el citado congreso, en diciembre de 1940. La minoría liberal apresuradamente convocó un evento paralelo en Barrancabermeja para enero de 1941. Allí, con el respaldo gubernamental, se procedió a la expulsión de las organizaciones y personas asistentes al encuentro de Barranquilla. Con la existencia de dos comités confederales se cristalizaba la división de la CTC, división que no favorecía a ningún sector obrero.
La iglesia, por su parte, continuaba desplegando una infatigable actividad de educación de líderes y organización de sindicatos católicos a través de la JOC (Juventud Obrera Católica) y la Acción Católica. Ya en 1939, existían algunos sindicatos católicos en el país, la mayoría en el campo. Según el censo sindical de 1939, de 571 sindicatos registrados, 224 pertenecían a la CTC, 73 a la influencia católica y 274 no estaban explícitamente afiliados.
A pesar de que las luchas de resistencia obrera, y especialmente las huelgas, no desaparecieron del panorama nacional en este período (en 1942, por ejemplo, se presenciaron quince huelgas), ciertamente esta actividad disminuyó en términos comparativos. El sector más activo siguió siendo el agrupado en la FEDENAL, a pesar de la ley 24 del 40 que ya mencionamos. Lo conseguido en los pactos de julio del 39 y octubre del 40, así como el laudo arbitral de septiembre del 42, indican la capacidad de lucha I de este sector. Las huelgas anti institucionales se mantuvieron como sucedió en el caso de la huelga de transportes en mayo de 1939 en Medellín. Sin embargo, el movimiento obrero carecía de una política autónoma. En la perpetuación de la táctica de apoyo al Estado, que era sólo para la coyuntura del reformismo liberal, la clase obrera entró a depender excesivamente del Estado en el adelanto de sus luchas reívindicativas. En parte la prolongación de esa táctica se explicaba por la expectativa de un retorno de López al poder y la profundización del proceso reformista adelantado entre 1934 y 1936. Esta esperanza se mantendría viva en el período de Santos y renacería con la proclamación de la candidatura de López en 1941. El PCC apoyó con entusiasmo a López en su intento reeleccionista de agosto de ese año, a pesar de que éste no mostraba ya los ímpetus reformistas del pasado.
El nuevo clima de expectativa que crea la candidatura de López favorece el restablecimiento de la unidad sindical al interior de la CTC. Por otra parte, el ingreso de la URSS en el bloque de potencias aliadas en junio de 1941 y el de los Estados Unidos en diciembre del mismo año, cambiaría el panorama de la guerra mundial. En el plano nacional, esto se traducía en un mayor acercamiento entre las fuerzas liberales y comunistas.
En estas condiciones se instaló en diciembre de 1941 el V Congreso de la CTC, denominado como el Congreso de la Unidad Sindical. Presidieron el evento los líderes de las federaciones fundamentales de la CTC: Ferrovías y FEDENAL. Como era práctica común desde la administración anterior, el encargado del Ministerio del Trabajo recientemente creado, se hizo presente en el encuentro. Finalmente se acordó la creación de un comité confederal de treinta y tres miembros, en donde tuvieron cabida los sectores políticos influyentes en el movimiento obrero, liberalismo y comunismo principalmente.
El 3 de mayo de 1942, Alfonso López derrotaba electoralmente al candidato de la derecha liberal, Arango Vélez, apoyado este último también por el conservatismo. Todo parecía indicar que se revivía la coyuntura del 34. Sin embargo, la política implementada por López en su segunda administración mostraría cuán lejos se estaba ya de esa coyuntura reformista. La reelección de López, por el contrario, sellaría la frustración de amplios sectores sociales con la República Liberal y marcaría el fortalecimiento de movimientos que, como el gaitanista, indicaban otros rumbos sociales.
La crisis del liberalismo. Hundimiento de la FEDENAL
Cuando Alfonso López sube a la presidencia (1942-1945) la situación económica del país marcaba un crecimiento lento. Con la excepción de algunas industrias de textiles, los productos químicos, cigarrillos y cervezas, el conjunto de la actividad económica, especialmente la extractiva y la agrícola, mostraba signos de recesión.
El proceso inflacionario se acrecentaba, exigiendo de los trabajadores la defensa de sus ingresos. Así lo demostró la racha de huelgas de 1942, quince en total. El gobierno de López respondió reprimiendo los conflictos en las organizaciones sindicales controladas tanto por los comunistas (FEDENAL y Mineros de Segovia, Antioquia, en septiembre y octubre del 42), como por los liberales (Ferrovías, diciembre del 42 y enero del 43).
La patronal respondió exigiendo una reorganización de la situación social a través de un proyecto de reforma laboral que eliminara en la práctica el cerecho de huelga. La oposición decidida a este proyecto por parte de la CTC y el PCC, logró frenado temporalmente. La actividad huelguística, en 1943, lejos de disminuir, se incrementó. La prensa consignó cerca de veinte conflictos abiertos, adelantados especialmente por los trabajadores del transporte fluvial y terrestre. Los últimos protestaron particularmente por la escasez de llantas, consecuencia de la segunda guerra mundial. Entre mayo y junio del 43, los trabajadores de FEDENAL se lanzaron a la huelga en defensa del privilegio sindical en la contratación. A pesar del endurecimiento oficial, y de la imperceptible pérdida de importancia del río Magdalena como arteria clave del país, la FEDENAL salió triunfante. En noviembre volvería a la batalla, esta vez por aumentos salariales. Los logró de un orden del 25 y 30 %. Se hacía evidente que el proyecto institucionalizador era incapaz de contener la lucha obrera. De otra parte, la agudización de la crisis política del liberalismo hacía que éste buscase el apoyo obrero en un momento en que la oposición conservadora tomaba vuelo.
Efectivamente, a partir de 1943 arreciaron los ataques contra el gobierno de López. Hábilmente conducida por Laureano Gómez, la oposición comenzó a asestar golpes cada vez más certeros a la administración liberal. La magnificación de una serie de escándalos dio auge a la oposición. El primero fue el oscuro asesinato del boxeador Mamatoco, en el cual estuvo implicado el jefe de la policía de Bogotá.
Aunque nunca se demostró conexión directa de los asesinos con el gobierno central, la calumnia que responsabilizaba del crimen al propio ejecutivo caló hondo en la gente. La construcción de unas casetas de vigilancia, con dineros oficiales, en la finca veraniega de Las Monjas, de propiedad del presidente López, le mereció una acusación formal ante el parlamento. Finalmente, la confiscación de las acciones de la Handel, empresa holandesa que controlaba parte de Bavaria, se prestó también a denuncias contra el hijo del presidente, Alfonso López Michelsen, de quien se dijo que aprovechó su acceso a secretos de gobierno para conseguir ventajas económicas.
Ante la avalancha de denuncias, el gobierno se sintió cada vez más aislado. Sólo le quedaba el apoyo casi incondicional de la CTC y del PCC. La CTC, por su parte, había celebrado otro congreso unitario en Bucaramanga, durante diciembre de 1943. En dicho congreso se hicieron presentes 521 delegados que representaban a 101.511 trabajadores afiliados a la CTC, muestra indudable del poderío de la confederación. En las sesiones intervino el ministro de Trabajo, Jorge Eliécer Gaitán. Este congreso se pronunció en favor de la causa aliada y en defensa de las tentativas golpistas de la oposición contra López.
El PCC, de otro lado, había profundizado su viraje táctico iniciado en 1935. influenciado por el pensamiento conciliador del secretario del PC de los Estados Unidos, Earl Browder, el PCC prácticamente pospuso la lucha por el socialismo, concentrándose exclusivamente en la defensa de la «democracia», que se entendía como defensa de López. Se propuso incluso el cambio de nombre por el de Partido Socialista Democrático, pues se decía que el de comunista «ya no respondía a la realidad nacional».
De esta forma el movimiento obrero perpetuaba la táctica de apoyo a la gestión estatal, en unas circunstancias diferentes a cuando fue implementada. El que a López sólo le quedaba el apoyo obrero y comunista se hizo evidente en mayo de 1944. Ante los rumores de posible renuncia del presidente, la CTC y el PCC convocaron a un paro nacional. El objetivo era impedir que el Congreso de la República aceptara la renuncia. Como antecedente de esta movilización política, estaba el paro cívico de Cali de 1929 de marzo del mismo año, para presionar la nacionalización del servicio de energía eléctrica de la ciudad. Como resultado de la movilización de mayo, la oposición se silenció temporalmente. Sin embargo, el auge de las denuncias antilopistas había erosionado la imagen del gobierno ante la nación e incluso ante las fuerzas armadas. En algunos momentos la oposición había alimentado ideas golpistas en el país. En este contexto se produjo el frustrado golpe militar de Pasto de 1944.
El 8 de julio de 1944, el presidente y altos funcionarios del gobierno que se habían desplazado a Pasto a presenciar maniobras militares, fueron retenidos por un grupo de oficiales a cuya cabeza estaba el coronel Diógenes Gil. Las guarniciones de Ibagué y Bucaramanga se sumaron al golpe, el resto permaneció fiel al gobierno. En Bogotá, Darío Echandía y Alberto Lleras Camargo proclamaron la legitimidad del gobierno de López y convocaron al país a apoyarlo contra el intento golpista. La CTC y el PCC se lanzaron a la calle a dirigir la movilización ciudadana. Tras la consigna de restituir a López en el poder, se organizaronmarchas en las principales ciudades. Estos actos impactaron la opinión pública provocando un verdadero plebiscito de apoyo al presidente retenido en Pasto. Así se superó temporalmente una difícil coyuntura de la segunda administración de López,

aunque la crisis continuaría.
La CTC había descubierto una herramienta efectiva de presión: el paro general. A pesar de todo el efecto institucionalizadorque significaba la CTC, la clase obrera había logrado, a través de los paros generales del 44, implementar mecanismos de expresión propios, mostrándose con fuerza también propia en el escenario público.
El presidente López, aprovechando el estado de sitio imperante en el territorio nacional después del frustrado golpe militar, dictó una serie de decretos que se consideraron como una especie de premio al movimiemo obrero por su solidaridad con el ejecutivo. Estos decretos abarcaron los siguientes aspectos: prohibición del pago en especie y establecimiento de remuneración para trabajadores rurales y campesinos; pago por el descanso dominical y horas extras; reconocimiento del auxilio de cesantía aun en los casos de mala conducta; pago de indemnizaciones por accidentes de trabajo o de enfermedad profesional; nueve horas de trabajo y algunas prestaciones o indemnizaciones para los trabajadores agrícolas y de servicio doméstico; exigencia de preaviso en caso de rompimiento del contrato por parte del patrono; protección a los colonos; y fuero sindical por medio del cual ningún dirigente sindical podría ser despedido sin previa aprobaciónpor parte del Ministerio de Trabajo.
Muchas de estas disposiciones se articularon jurídicamente en la ley 6 de 1945, que además introducía una clara prohibición del esquirolaje y del paralelismo sindical. La ley 6 privilegiaba al mismo tiempo la negociación adelantada por los sindicatos de base en detrimento de los de industria o de las federaciones. En este sentido se considera que, aunque el paquete legal promulgado por la segunda administración de López consagraba ciertas reivindicaciones laborales y defensa de los sindicatos, el prohibir el esquirolaje y el paralelismo implicaba más ataduras con el Estado. Era éste el que determinaba la legalidad de un sindicato, y por tanto la aplicación de estas disposiciones. Por otro lado, la huelga se reglamentaba más, prohibiéndose su realización en los servicios públicos. Además, el privilegio al sindicalismo de base erosionaba la acción reivindicativa adelantada por las federaciones, pilares fundamentales de la CTC. Se favorecía así el encuadramíento de las luchas reivindicativas en un contexto estrecho, el del sindicalismo de base, propenso al economicismo.
El movimiento obrero organizado cogió con euforia este paquete legal, pero en el fondo continuaba el proceso de institucialización del sindicalismo por parte del estado. Nótese que 1945 fue el año, en todo el período de la República Liberal, en el que más personerías jurídicas se aprobaron, 441 en total. El que el sector sindicalizado de la clase obrera, en especial la CTC, no haya sido consciente de las implicaciones de este paquete legal, no quiere decir que hubiera bajado sumisamente la cabeza. Las huelgas del 45 (veintidós en total) serían prueba de ello. En especial se destaca la huelga de la FEDENAL de fines de ese año, que desarrollaremos más adelante.
La superación exitosa del intento de golpe militar no trajo para la administraciónde López el fin de la crisis política.Por el contrario, la oposición arreció sus críticas. No valió el viaje del presidente por unos meses al extranjero. El liberalismo dividido en el ala santista (que conquistó la mayoría en las elecciones de marzo del 45), la lopista y el gaitanismo, no respaldaba al ejecutivo. López desesperadamente trata de lograr un acuerdo con los conservadores. El 30 de marzo nombró tres ministros de esa tendencia, de los cuales sólo uno aceptó. Los signos de debilidad de López contribuyeron a fortalecer a la oposición. En esas condiciones, y en medio de la euforia popular por los avances aliados contra la Alemania nazi, López presenta renuncia irrevocable al cargo de presidente el 19 de julio. Le sucedió el designado Alberto Lleras Camargo, quien trató de continuar el acuerdo bipartidista impulsado a últimahora por López.
El corto gobierno de Alberto Lleras se vio enfrentado desde el principio al movimiento huelguístico que venía presentándose desde comienzos de año. El desborde de la institucionalidad era realmente molesto para el nuevo gobierno y éste aprovecharía la ocasión de la huelga de la FEDENAL para imponer su criterio a sangre y fuego. Al fin y al cabo, el fin de la segunda guerra mundial ponía a las burguesías liberales de frente a una nueva situación: cómo frenar el avance de las fuerzas comunistas, no sólo en el Este europeo (apoyadas por los ejércitos rojos) sino a nivel mundial. Es el inicio de lo que se ha llamado la guerra fría. En el plano nacional, el espíritu de guerra fría se traducía en un distanciamiento entre liberales y comunistas, distanciamiento que se expresaba inmediatamente en la erosión de la unidad sindical conseguida por por la CTC en esos años. En parte, esa unidad que había sostenido el gobierno de López, ya no era necesaria por el acuerdo bipartidista implementado a últimahora.
El movimiento obrero, ya lo hemos dicho, no dejaba de ser molesto, a pesar de los intentos de institucionalización adelantados en años anteriores. Los trabajadores petroleros, en especial los de la Shell, fueron dos veces a la huelga en 1945 (en enero y en noviembre). La FEDENAL, antes de la famosa huelga de diciembre, había estado en conflictos en febrero y agosto del mismo año. El sector fabril también se hizo presente: el 7 de octubre de 1945, seiscientos trabajadores de Textiles Monserrate de Bogotá se lanzaron a la huelga. Ante la prolongación del conflicto, por cuarenta y cinco días, la CTC decidió utilizar su herramienta más poderosa: el paro general. El 26 de noviembre, la confederación decretó un paro nacional de solidaridadcon los textileros. A pesar de la declaratoria de ilegalidad, el paro tuvo resonancia por la decidida participación de las federaciones regionales de Cundinamarca y el Valle, así como de los transportadores. El nuevo gobierno mostraba en su rostro duro el afán de suprimir este desbordamiento de lo institucional.
En estas condiciones se celebró el VII Congreso de la CTC entre el 6 Y el 12 de diciembre de 1945. Un nuevo elemento apareció en el escenario público durante la celebración del congreso: la oposición gaitanista a la CTC. Gaitán, desde su renuncia al gabinete del presidente López, se había lanzado a la candidatura presidencial atrayendo un nuevo electorado. Su movilización, orientada más al consumidor popular y organizada por barrios, denunciaba todas las formas tradicionales de poder. Por la alianza evidente entre la CTC y el lopismo, la confederación fue objeto de ataques por el gaitanismo. Gaitán incluso planteó la necesidad de construir una nueva central sindical, la Confederación Nacional de Trabajadores (CNT). A su vez, la CTC respondió duramente al gaitanismo, acusándolo de «fascismo». Aferrada dogmáticamente al apoyo del lopismo, la dirección de la CTC no comprendió en ese momento los elementos progresivos que encerraba la movilización gaitanista y prefirió adherir a la candidatura oficialista de Gabriel Turbay.
Gaitán, sin embargo, lograría impactar a sectores de base de la confederación, como lo demostrarían los resultados electorales de 1946 en muchos distritos obreros. El VII Congreso de la CTC se llevó a cabo, a pesar de la fuerte oposición gaitanista. De allí salió un comité confederal compuesto por una mayoría liberal y una minoría comunista, ahora llamados socialistas democráticos. La unidad estaba, de todas formas, erosionada. En esas condiciones se encontraba la confederación cuando estalló el tercer conflicto de la FEDENAL en lo que iba corrido de ese año.
El 17 de diciembre comenzó la huelga de la federación de transportadores alrededor de dos puntos centrales, que resumían sus luchas: cumplimiento por parte de los empresarios de la obligación de consultar a los sindicatos en el enganche de nuevos trabajadores, y alza general de salarios. La huelga se inició a las siete de la mañana en Barranquilla para extenderse a todos los puertos del río Magdalena, de tal forma que a las dos de la tarde la huelga era total. El gobierno nacional apresuradamente declaró ilegal el movimiento y dio un plazo de veinticuatro horas a los trabajadores para regresar a sus actividades; de lo contrario, suspendería la personería jurídica a los sindicatos que continuaran en paro. En la misma resolución oficial se autorizó la contratación de nuevo personal -se legitimó el esquirolaje-. Los empresarios, ni cortos ni perezosos, iniciaron la contratación de nuevo personal.
El 18 de diciembre, el presidente Lleras Camargo se dirigió radialmente al país justificando las medidas y aduciendo que era necesario destruir la idea acerca de la existencia de «dos gobiernos», uno en Bogotá y otro en el río Magdalena. Se mostraba así la intención de desarticular, a sangre y fuego, el sindicalismo representado por la FEDENAL y en último término a la CTC. Nótese que en ese momento otros sectores obreros estaban en conflicto (petroleros, trabajadores de carreterasy afiliados a FEDETAV), por lo cual era imperioso para el gobierno impedir un movimiento de solidaridad de vastas proporciones. Lleras tachó al movimiento como un acto de sedlción comunista. Se volvía a una retórica similar a la conservadora de los años veinte.
A estas amenazas verbales, siguieron hechos que amedrentaron en la práctica a los huelguistas. Los militares ocuparon los barcos con la disculpa de proteger a los esquiroles. El 19 de diciembre se canceló la personería jurídica de la FEDENAL, quitándosele así el derecho a representar a los trabajadores fluviales y a negociar por ellos. El 21 de diciembre el gobierno convocó a las partes en conflicto para que designaran un delegado ante un tribunal de arbitramiento. Los trabajadores, como era su tradición, solicitaron a Alfonso López que fuera su árbitro, pero López no aceptó y propuso una nueva fórmula: que la CTC negociara directamente con el gobierno, fórmula aceptada por las dos partes. La FEDENAL seguía aferrada a la táctica cada vez menos vigente del apoyo al ala lopista del liberalismo.
La división entre liberales y comunistas en el interior de la confederación afloró nuevamente. En un principio la CTC había apoyado el paro y había ofrecido su solidaridad; en la práctica, algunas organizaciones como FEDEPETROL y FEDETEX, junto con FEDENAL, estaban organizándola.
Viendo la dura represión que se venía encima, el 26 de diciembre la FEDENAL propuso levantar la huelga sobre la base de un acuerdo que implicaba la ausencia de represalias y la conformación de un comité de arbitraje con participación obrera. Desconociendo esta propuesta, el ala liberal de la CTC se pronunció el 28 de diciembre por el levantamiento de la huelga sin ninguna condición. Ante esta resolución, seis miembros confederales comunistas manifestaron rechazo y dieron a conocer su resolución de mantener el paro hasta conseguir un acuerdo favorable a los trabajadores. La división confederal repercutió entre los huelguistas, pues algunos sectores decidieron levantar el paro. Observando esta muestra de debilidad sindical, los empresanos navieros redoblaron su ofensiva. Algunos incluso ofrecieron reintegro sin represalias, siempre y cuando se desconociera a la FEDENAL. La federación, en esas circunstancias, reunió una asamblea el 2 de enero de 1946 y allí decidió levantar la huelga y esperar la decisión del tribunal de arbitramiento.
La catástrofe para los trabajadores fluviales no se hizo esperar: destrucción de su organización federal, imposición del carácter de servicio público y expulsión de los dirigentes sindicales y de los trabajadores que participaron en el conflicto. Aunque el laudo arbitral publicado en mayo del 46 exigía un aumento de jornales, aumento compensado por una autorización oficial de incremento de tarifas fluviales para las compañías navieras, en la práctica consagraba la derrota de la FEDENAL. A partir de esa fecha, la que antes fuera la federación puntal de la CTC, no levantaría cabeza.
Culminaba así una etapa en la historia de las relaciones entre el Estado y el sindicalismo. El liberalismo cerraba la hipérbole que había trazado en dieciséis años de gobierno: de un reformismo que abría esperanza en reivindicaciones sociales se concluía con la quiebra del esquema institucional sindical que había contribuido a crear la clase obrera, a pesar de que un fuerte sector se inscribió en ese proyecto institucionalizador, había resistido durante esos dieciséis años desbordando el marco legal y descubriendo instrumentos eficaces de lucha, como el paro general. Si la táctica de resistencia de apoyo a un gobierno reformista se hundía, el pueblo y la clase obrera encontraban nuevos caminos de expresión. A la crisis de la FEDENAL y de la CTC le acompañaba el despertar de la movilización gaitanista.

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