Las diferencias entre el modelo unitario y federal tiene sus origenes en






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CAPITULO III: ANTECEDENTES HISTORICOS

Las diferencias entre el modelo unitario y federal tiene sus origenes en:
a- En nuestro país: Las Provincias Unidas de 1816 o la República de Rivadavia en 1826 había sido un caos de guerras internas, ensayos constitucionales, fracasos exteriores, sometimiento económico, pobreza interior, que llevaron a la disgregación de la patria.

Luego de diez años de conflictos entre Buenos Aires y las provincias, entre el gobierno central y los intereses regionales, entre unitarios y federales, la estructura de la organización política en el Río de la Plata se había derrumbado.
b- En Europa: Las ideas de unitarios y federales toman entidad en la Lotaringia y el Sacro Imperio Romano Germánico, donde se desarrollan aldeas, ciudades y comunas, cada una de ellas con objetivos y alcances propios, sin perjuicio de estar relacionadas con los conjuntos más amplios del reino o el imperio, originándose así la idea de la unidad como una "concordia armoniosa", presente en el pensamiento medieval. Cuando Napoleón derriba al antiguo imperio alemán, comprende que los múltiples principados alemanes no pueden sobrevivir aislados y, para organizar la Mitteleuropa, crea, bajo su protectorado, la Confederación del Rhin (1806-1813), excluida Prusia.. A la caída de Napoleón, se establece la Confederación Germánica (1815-1866), integrada por treinta y ocho  estados soberanos donde se cuentan un Imperio (Austria) y cinco reinos (Prusia, Baviera, Wurtemberg, Sajonia y Hannover). El II Reich alemán se organiza en 1871 como un Estado federal, formado por veinticinco estados federados bajo hegemonía prusiana. El Consejo federal, o Bundesrat, estaba presidido por el rey de Prusia, que llevaba el título de emperador de Alemania y designaba al canciller del Reich. La República de Weimar de 1919, es federal, parlamentaria y democrática, si bien los Länder retenían facultades limitadas.
CAPITULO IV: HECHOS

Existe una atmósfera de caos en el país por choques de ambiciones de diferentes hombres y tendencias.Había un impulso federal de los caudillos para gobernar las provincias.
Tras la declaración de la independencia en 1816 , se imponía la organización del Estado nacional . El proceso independentista llevado a cabo desde Buenos Aires pretendía erigir a esta en cabeza de un gobierno centralizado en su autoridad y así lo declaró en la constitución de 1819, inmediatamente rechazada por las provincias que pretendían una forma confederada de organización interna.
Las principales oponentes de Buenos Aires en esta puja fueron sobre todo las provincias del litoral (Santa Fe, Entre Ríos y Corrientes sobre todo) y la Banda Oriental con Artigas a la cabeza.

Unitarios y federales los dos bandos constituidos chocaron por primera vez en la batalla de Cepeda (1820) que vieron enfrentarse a Buenos Aires contra los ejércitos del General López (Santa Fe) y Ramírez (Entre Ríos), con la victoria de estos últimos. Cuando Buenos Aires trató de reducirlas y someterlas, las provincias lucharon en respuesta. Los caudillos López y Ramírez , lideraron sus hordas irregulares de gauchos, los montoneros, contra la capital.

Durante los meses siguientes Buenos Aires soportó una profunda crisis política, en medio de una anarquía casi total. Los unitarios quedaron profundamente desprestigiados y deshonrados, mientras la gente y las propiedades se hallaban a merced de los caudillos, los gauchos y los indios.

Este hecho marcó el fin del Directorio y la constitución de un país integrado por 13 provincias federadas a través del Tratado de Pilar.
A partir de aquí Buenos Aires fue una provincia federada más pero que tenía a cargo el manejo de los asuntos externos del país. Su gobernador fue el general Dorrego, seguido por Martín Rodríguez y luego por Las Heras.

Si bien las hostilidades nunca fueron del todo resueltas, estas debieron interrumpirse por el conflicto armado que se suscitó con Brasil en 1825. La causa de este se debió a la progresiva invasión por parte de las fuerzas brasileñas sobre la Banda Oriental a partir de 1820, que la declararon provincia del Imperio del Brasil.
La Banda Oriental, si bien estaba bajo el control del caudillo federal Artigas, continuaba perteneciendo a las Provincias Unidas. Por tanto tras el pedido de ayuda por parte del elemento resistente oriental Argentina declara la guerra al Brasil.
Tras tres años de lucha el conflicto trajo como consecuencia la independencia definitiva de la Banda Oriental de las Provincias Unidas, declarada formalmente en 1830.


CAPITULO V : ANALISIS

Estos grupos representaban proyectos diferentes y han pasado a ser conocidos como unitarios y federales. Pero si queremos evitar confusiones debemos saber diferenciar y entender de qué se habla cuando se mencionan estos dos términos. Ambos responden a las formas en que concebían la organización política del país. El proyecto unitario (que deberíamos definir con mayor precisión como centralista) se caracterizó por una fuerte subordinación de los poderes provinciales al poder central. Por su parte, los diversos proyectos federales entendían que la organización del Estado nacional debía basarse en la asociación de Estados regionales (provinciales) que delegaran parte de su poder al Estado central. A una primera etapa caracterizada por la autonomía de las provincias,  le siguió a mediados de la década de 1820 el breve intento centralizador de Rivadavia que culminó en un fracaso. Posteriormente, a mediados de la década de 1830, el gobernador de Buenos Aires era Juan Manuel de Rosas. Su política proclamaba un especial federalismo basado en una posición autonomista que demoraba cualquier intento de organización nacional que le significara a su provincia la pérdida de recursos y de mecanismos de control. La batalla de Caseros en 1852, un nuevo levantamiento del Litoral contra Buenos Aires liderado por Justo José de Urquiza, marcó el fin de esta etapa.

A unitarios y federales no los separó una polémica teórica por centralismo o descentralismo. Fue una división profunda: dos concepciones antagónicas de la realidad argentina, dos maneras opuestas de sentir la patria. Civilización y Barbarie, dice Sarmiento errónea pero elocuentemente. Los “civilizados” admiraban e imitaban a Europa y servían sus propósitos dominadores; los “bárbaros” descreían de las intenciones de los europeos y defendían obstinadamente a la Argentina. La patria de los unitarios no estuvo en la tierra, ni en la historia, ni en los hombres; era la Libertad, la Humanidad, la Constitución, la Civilización: valores universales. Libertad para pocos, humanidad que no se extendía a los enemigos, constitución destinada a no regir nunca, civilización foránea La patria compatible con el dominio extranjero que encontramos en todas las colonias.

Federal en el habla del pueblo, equivalía a argentino. El grito ¡Viva la Santa Federación! significaba vivar a la Confederación Argentina. La patria era la tierra, los hombres que en ella habitaban, su pasado y su futuro: un sentimiento que no se razonaba, pero por el cual se vivía y se moría. Defender la patria de las apetencias extranjeras era defenderse a sí mismo y a los suyos: conseguir y mantener un bienestar del que están despojados los pueblos sometidos.

Comprender es amar; incomprender es odiar. Unitarios y federales separados tan profundamente formaron dos Argentinas opuestas y enemigas. De allí el drama argentino. Una minoría por el número, pero capacitada por su posición económica y social – una oligarquía en términos políticos – formó el partido unitario. La mayoría popular, el federal. No hubo, en este último, “clase dirigente” que pudiera tomar los destinos de la patria. Faltaba el ingrediente primario; el patriotismo, para construir la Gran Nación por los unitarios. Faltaba la capacidad técnica para formar un elenco, a los federales.

Uno de los legados de la Revolución de Mayo fue el surgimiento de los caudillos, nuevos dirigentes políticos que expresaban intereses provinciales o regionales y que contaban con fuerza militar propia. Ellos representaban las tendencias autónomas frente al proceso centralizador impulsado por Buenos Aires. Luego de la década de conflictos que se abrió en 1810, los estados provinciales privilegiaron el establecimiento de su propia organización dictando leyes y constituciones.

Diversos autores han asociado a los caudillos con el desorden, la anarquía, el poder despótico, y con relaciones paternalistas y autoritarias. Sin embargo esas afirmaciones pueden ser matizadas. Debemos recordar que no estaba claro —ni era compartido— el proyecto de país que se quería construir. Los caudillos, por lo tanto, impulsaban proyectos muy diversos y asumían en sus territorios el control político de acuerdo al proyecto en el cual creían, frente a la imposibilidad de construir un Estado único.

La situación de tranquilidad que vivió Buenos Aires le permitió liderar un nuevo intento de organización nacional. En 1823 convocó a todas las provincias a un nuevo Congreso General que comenzó a sesionar a fines del año siguiente. Pero diversos problemas dificultaron su accionar, entre los que se destaca la guerra con el Brasil por la Banda Oriental. Esta situación provocó que en 1826 el Congreso dictara una Constitución de corte unitario y nombrara presidente a Bernardino Rivadavia en un nuevo intento de unificación nacional.

Si bien el nuevo presidente contaba con el apoyo de los comerciantes -que se beneficiaban con el librecambismo- y de los hacendados -que respaldaban su política de tierras-, las oposiciones fueron mayores. Por tal, su experiencia como primer mandatario resultó breve: a mediados de 1827 Rivadavia presentó la renuncia al cargo lo que significó el fin del gobierno centralizado.

El período 1820-1852 se caracteriza y explica por el conflicto derivado del enfrentamiento de distintos proyectos políticos sobre la organización del país. Las tres décadas están atravesadas por esa oposición que se manifestó tanto en la discrepancia en el debate de ideas como en la violencia política y los enfrentamientos militares que derivaron en guerras civiles.

Sin duda, la disputa principal era entre el unitarismo y el federalismo. Pero junto a ésta se presentan otras de gran importancia. Por ejemplo, el enfrentamiento entre Buenos aires y el Interior. Este confllicto no se puede analizar en términos de "diferencias entre unitarios y federales". Si bien la mayoría de los centralistas se encontraba en la antigua capital del virreinato, los había por todos lados. Muchos comerciantes de las ciudades del interior consideraban que sus intereses estarían mejor asegurados por un gobierno central, y  Buenos Aires era un espacio en el que las ideas federales también tenían muchos adeptos.

A su vez, dentro de los grupos federales es necesario también señalar las fuertes diferencias existentes. Podemos dividirlos en tres grupos. Los federales del Interior, los federales del Litoral, y los  federales de Buenos Aires, estros últimos ordenados a su vez en los primeros años en “doctrinarios y autonomistas”. Estos grupos sociales y regionales, con mayor o menor grado de antagonismo, tenían diversos intereses económicos que encontraban en el plano de las ideas un lugar donde manifestar y dirimir sus conflictos.

Entre 1828 y 1831 el enfrentamiento entre unitarios y federales se extendió por todo el país y se perfiló un alineamiento regional con líderes que basaban su poder político en criterios diversos unos de otros.  Estas diferencias promovían además dinámicas sociales diferentes en cada región.

Con la renuncia de Rivadavia se derrumbó el proyecto unitario y retornaron las autonomías provinciales. Se inició entonces una etapa caracterizada por las guerras civiles que culminaron con el triunfo del federalismo bajo el liderazgo de Juan Manuel de Rosas. Los violentos hechos de esos años marcaron el punto máximo de la escalada entre los dos grupos. Hacia 1831, el país  se encontraba dividido en dos agrupaciones: la Liga del Interior y el Pacto Federal. La guerra entre ambas parecía inminente, pero la caída del General Paz –líder de la Liga Unitaria- en manos enemigas desmembró ese acuerdo y los federales se impusieron sin oposiciones en todo el país.

En esos años, los caudillos más destacados eran Facundo Quiroga ( La Rioja), Estanislao López (Santa Fe ) y Juan Manuel de Rosas ( Buenos Aires). Cada uno de ellos representaba los intereses de su región y expresaban  las diferencias internas del federalismo. De a poco logró imponerse el último. Se dio paso entonces a la Confederación y volvió a retrasarse el dictado de una Constitución y la conformación de un Estado nacional.   

Rosas fue designado gobernador de Buenos Aires en 1829. Durante sus dos gobiernos –que se extendieron hasta 1832 el primero y desde 1835 hasta 1852 el segundo— se consolidó la hegemonía de la provincia sobre el resto del país. La Confederación Argentina funcionó a través de pactos y acuerdos entre provincias. Si bien no se formaron instituciones comunes, Buenos Aires obtuvo el manejo de las relaciones exteriores por lo que representaba a la Confederación como un Estado independiente en el plano internacional.

Rosas demoraba el dictado de una Constitución que implicara la organización nacional y la consecuente pérdida para Buenos Aires de las rentas aduaneras. Bajo sus gobiernos se fue fortaleciendo económicamente el sector terrateniente bonaerense que crecía con la acumulación de tierras, a la vez que el aparato productivo se vinculaba estrecha y exitosamente con las demandas del mercado internacional. La acción legislativa durante sus gobiernos y la campaña militar al desierto (que desarrolló entre los años 1833 y 1834) fueron parte de una batería de acciones y medidas destinadas a fortalecer a este grupo que, junto a los sectores populares urbanos y rurales, constituían las bases sociales de su poder.

El estilo de conducción política desplegado por Rosas ha generado polémicas que llegan hasta nuestros días. Fueron años en los que se exasperaron los conflictos y las lealtades políticas. Para algunos, Rosas no hizo más que demorar el desarrollo del país; para otros, fue capaz de avanzar en la unión nacional y de establecer las bases de un Estado moderno en la provincia luego del fracaso centralizador rivadaviano.
Si pretendemos bucear en el marco histórico e institucional del federalismo, tratando de llevar adelante la búsqueda de toda esa dialéctica desarrollada a través de nuestra historia en función de las contradicciones entre unitarios y federales y algunos momentos en que pretensiones desintegradoras fueron azolando a nuestra patria.
En realidad esas contradicciones, tal vez sean el punto central de nuestra historia que fueron enriqueciendo, que fueron labrando esta sociedad argentina que a través del tiempo, siempre ha tenido esos encontronazos desde aquella época de la colonia en la cual, por una parte teníamos una avanzada legislación de Indias y por otra parte una realidad absolutamente contradictoria con esto, que llego a decirse como apotegma de las realidades de aquellos pueblos, que la ley se acata pero no se cumple. Todo este recorrido de la historia, donde se fueron forjando instituciones que obedecieron generalmente a concepciones sobre el poder, a defensa de sus autonomías, a vocaciones de construir un proyecto que luego fue delineándose con la finalidad de constituir una Nación.
Es decir, queremos buscar en aquellas intendencias virreinales que fueron nutriéndose de un sector del pueblo y que fueron llevando, como estructuras políticas de base, la idea de la formación del Primer Gobierno Patrio, la idea independentista, y consecuentemente con esto, dado que Buenos Aires como hermana mayor de este pensamiento y de esta acción se enfrentó al interior, se generaron las luchas por las autonomías y la idea del federalismo fue nutriéndose en la práctica a través de la defensa asumida por los caudillos, de esas autonomías y esa idiosincrasia nacional.
También la idea federal fue la que permitió la posterior unidad del país con Juan Manuel de Rosas, superando la disgregación y los enfrentamientos y la anarquía, y también tuvimos estas contradicciones en aquel momento de la Organización Nacional, cuando se empezó a construir el estado antes que la nacionalidad, entre esa República verdadera que se quería construir, y esa República posible.
Así fueron desarrollándose estas instancias que muchas veces fueron contradictorias, muchas veces alcanzaron síntesis pero que fueron desarrollándose sin resolverse totalmente, porque algunos problemas que estaban planteándose en aquellos tiempos todavía sobreviven en nuestros tiempos.
Como decíamos se construyó un Estado, como Estado Federal y en el siglo XX tuvimos que discutir fuertemente la “Nacionalidad” en su primera etapa, el Irigoyenismo que llevó adelante esa nacionalización del país con la nacionalización del hijo del inmigrante hasta llegar a la época en que se produce una segunda gran integración ya de una nación en su conjunto con el Gral. Juan Domingo Perón que da sentido a la Nación y constituye una unidad nacional advirtiendo que debía ser más unida que nunca

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