El poder del periodismo de intermediación José Ignacio López Línea y Punto, Lima 2006 a tachi radialista apasionada ciudadana radio el poder del periodismo de intermediación






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títuloEl poder del periodismo de intermediación José Ignacio López Línea y Punto, Lima 2006 a tachi radialista apasionada ciudadana radio el poder del periodismo de intermediación
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LIBERTAD
Ciudadanía es libertad. Ciudadanía es un estatus de mujeres y hombres libres. Es un rango, un sello indeleble, un atributo, una esencia.
¿En qué nos diferenciamos de los animales? También ellos tienen emociones, se aman, se comunican, viven en grupo y cooperan. Los animales son sabios, cada uno en su especie. La diferencia con ellos está en nuestra conciencia, ese desdoblamiento conseguido en el cerebro nuevo, el neocórtex, que posibilita el conocimiento subjetivo, trascendiendo el instinto, y que nos hace libres. Por eso, nuestra especie duplica su nombre, sapiens sapiens, quienes saben que saben.6

La libertad es la máxima conquista del ser humano a través de milenios de evolución. Hicieron falta casi cuatro millones de años, desde aquellas huellas impresas sobre las cenizas volcánicas de Laetoli, para emanciparnos de la tiranía de los genes y alcanzar la capacidad de tomar decisiones libres.7
Nacemos libres. Esta libertad no la concede el Estado ni es regalo de nuestros padres. Somos libres. Intrínsecamente libres. La prerrogativa de la libertad es lo más humano de lo humano. Todo lo que se diga sobre ciudadanía es consecuencia de este supremo valor.
Ahora bien, para que no quede como un nombre escrito en las paredes de mi ciudad, debemos concretar el contenido de eso que llamamos libertad.
La libertad se escribe en plural, se traduce en libertades. Sin pretender definiciones académicas, la libertad consiste en el disfrute a plenitud de todos los derechos humanos. ¿Cuáles son esos derechos? En la Declaración Universal aparecen treinta básicos. Por suerte, el sociólogo británico T. S. Marshall, allá por los años 50, abrió el concepto de ciudadanía y englobó en ella tres familias de derechos: los civiles, decisivos para el ejercicio de las libertades individuales; los políticos, indispensables para la plena participación en los asuntos públicos; y los socio-económicos, relacionados con el bienestar y la seguridad de la vida. Todos estos derechos, individuales y colectivos, así como los culturales, están recogidos en la Carta Internacional de los Derechos Humanos.8
Nuevos derechos, los llamados de la tercera generación, se van reconociendo. El derecho al desarrollo y a la autodeterminación. El derecho a un ambiente sano y a la paz. Y otros, más novedosos todavía, se suman a la lista. Los derechos de los pueblos indígenas. Los derechos de los consumidores. Los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres y los derechos de los homosexuales. El acceso a las nuevas tecnologías de información y comunicación, el derecho universal a internet. Y también, un derecho que suena raro y que hoy se ha vuelto apremiante: la democratización del espectro electromagnético de manera que todos los sectores de la sociedad civil —y no solamente las empresas con fines de lucro— administren canales de radio y de televisión.

IGUALDAD
La ciudadanía es ese estatus de libertad, de libertades. ¿Quiénes lo poseen? ¿Quiénes son los titulares de los derechos mencionados? Los seres humanos, todas y todos. La ciudadanía es tan universal como la misma Humanidad.
Esta universalidad ha sido una conquista larga, difícil y abonada con ríos de sangre. La Revolución Francesa proclamó Los Derechos del Hombre y del Ciudadano. Cuando un grupo de mujeres valientes se atrevió a exigir igualdad de derechos, los ilustres revolucionarios se alarmaron. ¿No había explicado el filósofo Rousseau que las tareas de la mujer se reducen a la esfera doméstica? 9
En 1793, Olympe de Gouges, en el colmo de la osadía, redactó Los Derechos de la Mujer y la Ciudadana. La hicieron subir al cadalso acusada de sabotear a la naciente República. El mismo año, Jean Marie Roland, otra revolucionaria feminista, corrió la misma suerte. Antes de que le cortaran la cabeza, dijo su famosa frase:
—Libertad, ¡cuántos crímenes se cometen en tu nombre!
Para los revolucionarios franceses, las mujeres, los esclavos y los negros no tenían derechos ni carta de ciudadanía. Otro tanto había ocurrido en la democrática Grecia y en la leguleya Roma. No todos los habitantes de la ciudad eran ciudadanos. Ese estatus estaba limitado a los varones propietarios. Solamente éstos tenían derecho a participar en la cosa pública dado que eran ellos quienes la sostenían, económica o militarmente. Metecos, extranjeros, mujeres, niños y niñas, sirvientes y esclavos, no calificaban como ciudadanos.
¿Y ahora, en los albores del siglo 21? Hoy en día, al menos teóricamente, estas discriminaciones absurdas se han superado. Se afirma que todo ser humano es titular de la totalidad de los derechos. Éstos se llaman humanos, precisamente, porque toda persona, por el sólo hecho de hacer nacido, debe disfrutar de los mismos.
En la práctica, estamos a años luz de lograr tal igualdad. El mundo en que vivimos es insultantemente injusto. 447 multimillonarios acumulan una fortuna mayor que el ingreso anual de la mitad de la Humanidad. Tres de cada cuatro seres humanos viven en países "en vías de subdesarrollo". La mayoría de ellos, carece de agua potable, de viviendas adecuadas, de hospitales, de escuelas. Subsisten con dos dólares diarios, con un dólar diario. ¿Ciudadanos de tercera clase? Ni siquiera eso. Excluidos y excluidas. No están abajo. Están fuera, que es peor.
Quien pasa hambre no es libre. A los desempleados, a las sin techo, a los sin tierra, los ninguneados de siempre, las humilladas, los silenciados, los indocumentados, las invisibles, les han arrebatado la ciudadanía. Porque como bien explica el investigador peruano Sinesio López, un derecho existe en la medida en que el Estado lo garantiza.10

FRATERNIDAD
Nacemos libres en una comunidad de mujeres y hombres libres. Pertenecemos a esa comunidad. Una comunidad que, como las ondas del lago, se va agrandando de la familia al barrio, del barrio a la ciudad, a la nación y al mundo. Una comunidad fraterna (o sorora, si preferimos el término femenino) porque sus miembros comparten la misma dignidad como personas.
Es una comunidad política. Es decir, organizada a través de leyes e instituciones para garantizar los derechos de todos sus miembros. Una comunidad que funciona porque hay un pacto social, un compromiso colectivo para respetar ese ordenamiento jurídico.11
Ciudadanía es pertenecer por derecho a esa comunidad de derechos. Ahora bien, como éstos son universales, no pueden ser ilimitados. Mi derecho termina donde comienza el de la otra persona.
Ciudadanía es ser sujeto de derechos y también de obligaciones. Éstos y éstas son dos caras de la misma moneda, no pueden concebirse por separado. El derecho de Juan es la obligación de Juana, el derecho de Juana es la obligación de Juan. Para armonizar los intereses de la comunidad y sus naturales conflictos nos hemos dado una estructura —el Estado— que favorece las relaciones entre todos los integrantes y protege a los más débiles. La misión del Estado y de quienes lo administran se resume en llevar a la práctica el principio de la igualdad radical de todos los seres humanos. Esto es lo que se llama el bien común.
Ahora se habla mucho de tolerancia. En un mundo tan violento como el que estamos viviendo, ya es un gran paso el respeto mutuo entre los miembros de una comunidad política. Benito Juárez decía, con razón, que ese respeto al derecho ajeno garantiza la paz.
Pero la tolerancia es fría. Yo cumplo mis obligaciones y espero que el otro haga lo mismo. No discrimino, pero tampoco me involucro en las necesidades del prójimo. No comprometo mi subjetividad, no me duelen las entrañas, como dirían los profetas bíblicos, viendo los desequilibrios del mundo. La tolerancia es pasiva. A nivel intelectual, estoy en contra del hambre y la guerra. Pero no hago nada para cambiar esta situación. Ése no es mi problema.
La fraternidad es otra cosa. La hermandad entre los seres humanos va mucho más allá de la tolerancia. La fraternidad es caliente como la sangre. Es activa, proactiva, se compromete no sólo a cumplir sino a hacer cumplir, no sólo a respetar sino a luchar para que los Derechos Humanos no sean privilegio de un puñadito, sino una conquista disfrutada por toda la Humanidad. El Che alentaba a sus hijos a sentir como propia cualquier injusticia que se cometa contra cualquier ser humano en cualquier parte del mundo.
La solidaridad es un apodo de esa fraternidad universal a la que se refiere el artículo primero de la Declaración. Es hermosa la etimología de esta palabra: viene de sólido, de suelo, de apegado a la tierra. La solidaridad no es un compromiso volátil ni se desmorona ante las adversidades. Los miembros de la comunidad están fuertemente ligados, se dan la mano porque comparten un destino común, se mancomunan.
Tal vez, más que de deberes u obligaciones, deberíamos hablar de responsabilidades. Si tú eres mi hermana, si de veras te siento como mi hermano, yo respondo por ti. Tengo una responsabilidad hacia ti. Y confío en que tú también saques la cara por mí cuando sea necesario. Si los seres humanos formamos una única familia, somos responsables todos de todos. La solidaridad es global o no es.
Derechos y responsabilidades compartidos, en eso radica la visión ciudadana. Promoverla, desarrollar esta cultura de la fraternidad, es el desafío más alto de cualquier proceso educativo. Y la exigencia más básica de todo medio de comunicación social.


UNA RADIO QUE NO DISCRIMINA
Si en el artículo 1 de la Declaración Universal aparecen los tres grandes valores —libertad, igualdad y fraternidad— que deben regir la vida humana y orientar la programación de una radio ciudadana, en el artículo 2 se reitera la universalidad de los derechos que emanan de dichos principios y se especifican las más frecuentes discriminaciones que atentan contra ellos:
Toda persona tiene los derechos y libertades

proclamados en esta Declaración,

sin distinción alguna de etnia, color, sexo, idioma, religión,

opinión política o de cualquier otra índole, origen nacional o social,

posición económica, nacimiento u otra condición.
La verdad es que somos alterofóbicos. Esto significa que, en vez de gustarnos, nos espantan las diferencias. Sentimos rechazo ante quienes no son iguales que nosotros. Nos crean inseguridad, nos dan miedo. Y el miedo, con frecuencia, se traduce en odio y agresión.
No hay que olvidar que los sapiens —es decir, nosotros y nosotras— somos parientes de primates sumamente jerárquicos y violentos. Entre el ADN de un humano y el de un chimpancé las coincidencias llegan al 99.6 por ciento. Naturalmente, las actitudes discriminatorias hunden sus raíces en los instintos animales todavía poco superados por nuestra especie.12
Vale la pena repasar estas discriminaciones que son el pan amargo de cada día para la mayoría de los seres humanos. E imaginar, desde nuestra práctica de radialistas, cómo podemos contribuir a superarlas.

SEXISMO



Ninguna discriminación es más antigua y perversa que la de los sexos. Al menos desde la invención de la agricultura, hace unos diez mil años, los varones se han creído superiores a las mujeres y han organizado la sociedad en función de sus intereses. Sin descender a los niveles agresivos del machismo, la visión patriarcal del mundo es responsable de infinidad de injusticias y sufrimientos.
El movimiento feminista ha luchado denodadamente por cambiar esta situación, por lograr un mundo de igualdad entre mujeres y hombres. Desde la conquista del derecho al voto y la participación activa de las mujeres en la vida política, hasta la aprobación de leyes contra la violencia intrafamiliar y el reconocimiento de los derechos sexuales y reproductivos, los avances de las feministas han incluso animado a los varones a repensar su modelo de masculinidad. La apuesta de ellas es integral: democracia en la calle, en la casa y en la cama.
Y desde nuestras emisoras, ¿qué iniciativas podemos tomar para favorecer la equidad entre los sexos? ¿Cómo incluir la perspectiva de género en la programación? Veamos unas cuantas sugerencias.

Ellos y ellas
Comencemos por el comienzo. Saca la cuenta. ¿Cuántos locutores y cuántas locutoras hay en tu radio? ¿Cuántas mujeres ocupan cargos directivos? ¿Hay equilibrio de voces en la programación y equilibrio de poderes en la toma de decisiones?
No por tener una planilla con 50 por ciento de hombres y 50 de mujeres se garantiza la superación del sexismo, pero ya es un buen inicio.

Acoso radial
—Cuando entré a trabajar no me hicieron examen de voz, sino de piernas —me decía una locutora centroamericana—. Entre el administrador y el jefe de programación me tenían hostigada.
Estos comportamientos no merecen comentarios. La única medida es expulsar a esos sinvergüenzas. Lo de candil en la calle y oscuridad en la casa vale también para las emisoras.
Ahora bien, hay otros machismos más sutiles. Por ejemplo, el animador de un programa que se dirige a su compañera en tono amable y hasta dulzón:
―Caramba, Carmencita, tú has venido hoy muy linda... Hummm... Qué bien te sienta esa faldita... ¡Ay, Dios mío, ayúdame a resistir las tentaciones!


Los diminutivos pueden decirse por cariño. Pero en estos casos, demuestran aires de superioridad. Las felicitaciones por la belleza o por el vestido pueden reflejar aprecio. Pero en estos casos, intentan reducir a la conductora a un objeto decorativo. O comestible.


Las radiorevistas y telerevistas están llenas de piropos con dobles intenciones, halagos falsos, bromas de mal gusto. Es un estilo aparentemente cordial de relacionarse con las colegas, pero terriblemente paternalista y prepotente.


La conducción de un programa tiene que ser democrática, nadie humillando y nadie humillada. Si algún locutor o presentador se las da de Don Juan, que salga de cabina y vaya a enamorar al parque. Si alguno se siente muy atractivo que suba a un pedestal y haga de estatua, bien callado, en ese mismo parque.

Ojo con el lenguaje
El idioma español, como la mayoría de los lenguajes, responde a una cultura androcéntrica. El género femenino, con demasiada frecuencia, desaparece y las mujeres resultan invisibles.
—Es que cuando decimos “hombres” sobreentendemos a las mujeres.
En todos los talleres de radio salta esta discusión. Y se suele zanjar de esta manera:
—¿Y por qué no decimos “mujeres” y sobreentendemos a los hombres? Al fin y al cabo, las mujeres son mayoría. Y la mayoría gana.
No hay que caer en obsesiones lingüísticas ni comenzar a desarticular los artículos (“las y los niños”, “estos y estas que han llegado”). Pero vale la pena esforzarse un poco, gastar una gota más de saliva, y dar identidad idiomática a la mitad de la población (que, curiosamente, es madre de la otra mitad).
¿Qué te cuesta abrir el programa saludando a “los amigos y las amigas”? ¿Por qué no decir “bienvenidas y bienvenidos”? Con un poco de sensibilidad, iremos superando el lenguaje sexista, poniendo ejemplos de ambos géneros, incluyendo a la mujer en nuestra locución.13
Por cierto, la Real y Patriarcal Academia de la Lengua, cada vez feminiza más términos antes reservados a los varones: la jueza, la ministra, la médica... Y ya vienen de camino, la presidenta, la coronela y la papisa.

Cosas de mujeres... y de varones
Muchísimas radios ocupan el espacio mañanero (de 8:00 a 12:00 am) con radiorevistas segmentadas hacia un público femenino. Excelente opción. Pero con dos peros.
El primero, que el hecho de tener un espacio para mujeres no exime la temática ni el protagonismo de la mujer en el resto de la jornada. Lo del género no es un programa, sino una perspectiva transversal a toda la programación.
Y el segundo, que estas radiorevistas suelen volverse excluyentes de los varones. A veces, esto ocurre por la banalidad de los contenidos —farándula y moda—, un reduccionismo que también subestima a la audiencia femenina. Otras veces, los programas son serios, hasta demasiado serios. En ellos, sólo hablan las mujeres con otras mujeres sobre temas de mujeres. Obviamente, el público masculino no se interesa, pero no tanto por la temática sino por la pesadez y hasta el tono confrontacional con que se comunica.
Una radiorevista “de mujeres” debería ser tan amena que los hombres queden enganchados en ella. Tan plural, que pueda ser conducida por una mujer y un hombre. De tanta audiencia, que tengamos llamadas y participación de ellas y de ellos. Los asuntos de género interesan a los dos géneros.

Consultorio de salud sexual y reproductiva

El formato consultorio es estupendo para la educación ciudadana. Aunque aparentemente suene un poco escolar —preguntas de quien no sabe a quien sabe—, si la consultora o el consultor tienen chispa, si crean un clima de confianza y hasta de humor, resultará un espacio de tanta utilidad como audiencia.
Podemos hacer consultorios jurídicos y laborales. Consultorios de religión y de cocina. De todo. Y si queremos combatir la discriminación sexista y promover los derechos de las mujeres, no faltará en nuestra radio, al menos semanalmente, un consultorio de salud sexual y reproductiva.
Dicho espacio será conducido por una profesional, sin prejuicios moralistas ni censuras religiosas, que conozca bien los temas y los sepa explicar con sencillez. El placer sexual de la mujer, el control natal, los cuidados durante la gestación, el aborto legal, en fin, todos los derechos que aparecen en la CEDAW, serán temas recurrentes a solicitud de las participantes.14
Y como las mujeres están dejando atrás a los hombres —el nuevo milenio es femenino, como profetiza Radio Milenia, de Lima— no sería mala idea abrir un consultorio de masculinidad. ¿Pueden los niños jugar con muñecas? ¿Por qué a los hombres les cuesta tanto hablar de sí mismos y reconocer sus errores? ¿A qué se debe la eyaculación precoz?

Comisaría radiofónica de la mujer
La violencia intrafamiliar cobra más víctimas que todas las guerras. Una violencia que se da en todos los estratos sociales, en todos los países, y que ha convertido la casa en el lugar más inseguro para las mujeres.


LOCUTOR ¡Última hora! Recientes informes de la Organización Panamericana de la Salud arrojan cifras dramáticas sobre lo que ocurre, puertas adentro, en los hogares ecuatorianos.
LCOUTORA Los primeros datos recibidos confirman que en la República del Ecuador, 6 de cada 10 mujeres de entre 25 y 55 años, son víctimas de violencia a manos de sus compañeros.
LOCUTOR Reciben palizas, golpizas, cachetadas, incluso heridas graves con armas blancas y objetos corto-punzantes.
CONTROL MÚSICA DRAMÁTICA


MUJER Julián, deja que te explique...
HOMBRE ¡No quiero ninguna explicación, carajo!... Yo había dicho que no salieras de la casa...
MUJER (ASUSTADA) No me pegues...


HOMBRE ¡Toma, pá que obedezcas!... ¡Pá que aprendas a respetar!


EFECTO GOLPES, LLANTOS DE LA MUJER


CONTROL MÚSICA DRAMÁTICA


LOCUTORA 6 de cada 10 mujeres ecuatorianas son maltratadas físicamente.


LOCUTOR Esto significa que 6 de cada 10 hombres son maltratadores.


EFECTO SIRENA POLICÍA


LOCUTORA El delito es tan delito en la calle como en la casa.
LOCUTOR Saquemos la cuenta. Ecuador tiene 12 millones de habitantes. Si el 60 por ciento de los varones adultos son agresores, esto equivale a decir que hay 1 millón 800 mil hombres en este país que deberían estar tras las rejas.15

¿Y si abrimos una comisaría radiofónica de la mujer que trabaje de la mano con las comisarías existentes en la localidad?
Dirán que las mujeres maltratadas no se atreven a hablar. Pero si una rompe el silencio, otras seguirán su ejemplo. Dirán que la denunciante corre el riesgo de regresar a casa y que el marido la torture más o la mate. Y es cierto, porque casi la totalidad de los feminicidios se han cometido contra mujeres que denunciaron a sus compañeros violentos.16 Pero este abuso generalizado no puede continuar impune. La emisora tiene que tomar cartas en el asunto. Algunas acusaciones se sacarán al aire sin nombre o distorsionando la voz para proteger a la víctima. En otras ocasiones, se orientará a la golpeada hacia una casa de refugio.
En Bocana de Paiwas, en el mero corazón de Nicaragua, la radio Palabra de Mujer abre sus transmisiones con un programa muy especial, La bruja mensajera. La locutora finge la voz, frota su bola mágica, ve en ella los rostros de los hombres abusadores, y los denuncia con pelos y señales. Como se sospechará, los datos le llegan a través de cartas que envían las víctimas de la violencia en esta apartada comunidad campesina. Los machistas son los más fieles oyentes del programa y prometen cambiar de conducta con tal de que sus nombres y sus barbaridades no salgan al aire. Si no se corrigen por amor a las compañeras, que lo hagan por temor a las brujas.
En cualquier formato y empleando todos los recursos de la imaginación, una radio ciudadana priorizará esta problemática y canalizará sus posibles soluciones. Porque entre marido y mujer, la ciudadanía se debe meter.

¿En la crónica roja?
Abre el periódico de hoy y fíjate dónde aparecen las mujeres. Habitualmente, las encontrarás en la página de sucesos, en la crónica roja, víctimas de crímenes “pasionales” o de violaciones callejeras.
¿Ocurre lo mismo en tu noticiero? ¿Qué presencia tienen las mujeres en las secciones informativas de la radio?
—Es que ellas no hacen noticia —le escuché a un periodista amigo—. Los presidentes son hombres. Los ministros son hombres. Los diputados, los militares, los curas...
Sí y no. Porque cada vez hay más mujeres en la vida política y económica de nuestros países. Pero los medios se han acostumbrado a acudir solamente a fuentes masculinas. Se trata, pues, de buscar opiniones femeninas que den nuevos elementos y enriquezcan la agenda informativa.

Discoforos
Muchas salsas y merengues y vallenatos tienen letras machistas. Reflejan la sociedad desigual en que vivimos. Eso es verdad. Pero si nos ponemos muy puritanos, si colamos demasiado los mosquitos, acabaremos cerrando la discoteca. Al final del examen, ni el Himno Nacional escapará a nuestro cedazo ideológico.
Ni tan calvo ni con dos pelucas. Porque también hay canciones que no merecen ese calificativo. Son groserías contra la mujer, chabacanadas de pésimo gusto. Abundan, especialmente, entre la música cantinera, las bachatas, las cumbias villeras, las rancheras de ardidos y las bregas brasileras. Son insultos cantados. Y nadie tiene derecho a insultar.
No podemos transmitir estas canciones, aunque el público las pida. Ahora bien, podemos hacer algo astuto con ellas. ¿Por qué no abrir un discoforo en la revista de jóvenes o de mujeres y sacarlas a debate? Que la gente opine. Que las mujeres expresen su indignación por la bajeza de los contenidos. Después del intercambio, bastará añadir:
—Amigas y amigos, como han escuchado, esta basura no merece el nombre de canción. La radio no la censura. Ella misma y su intérprete, por su pésima calidad, se autoexcluye de nuestra programación. No la escucharán más en esta radio ciudadana.
Con la publicidad machista podríamos hacer otro tanto y sería un excelente ejercicio de pensamiento crítico e interactividad con la audiencia.

Gota a gota, spot a spot
Llega el 8 de marzo o el 25 de noviembre y lanzamos una campaña con uno o varios spots que se repiten durante toda la jornada.

EFECTO CARRO ACELERADO
MUCHACHA (ANGUSTIADA) ¿A dónde me lleva?... Esta no es la ruta... Pare su taxi, pare el carro le digo... ¡auxilio! (SE PIERDE)
CONTROL GOLPE MUSICAL DRAMÁTICO


LOCUTORA En la ciudad de México cada cinco minutos una mujer es violada.


LOCUTOR En Estados Unidos, cada minuto una mujer es violada.


LOCUTORA En Sudáfrica, cada minuto cinco mujeres son violadas.


LOCUTOR ¿Y aquí, en Chile?


EFECTO FRENAZO DE CARRO


LOCUTORA Hay que frenar este crimen.


LOCUTOR 25 de noviembre, Día de la NO Violencia contra las Mujeres.

Pero no hay que esperar a las fechas especiales. Con motivo de un suceso, con ocasión de un crimen cometido contra alguna paisana, podemos poner la emisora en campaña para sensibilizar sobre los derechos de las mujeres.

Con radioclips
Este formato —corto, moderno, versátil, de fácil producción— se ha vuelto un insumo indispensable para dinamizar radiorevistas y mesas de debates, espacios educativos y hasta informativos.
Un radioclip o microprograma dura de 2 a 4 minutos. Puede incluir escenitas dramatizadas, efectos sonoros, toda la riqueza y la imaginación del lenguaje radiofónico.

CONTROL QUENAS EMOTIVAS
NARRADORA Los encontraron juntos, todavía abrazados después de ocho mil años.
EFECTO VIENTO
NARRADORA Ahí estaba el esqueleto de ella, flexionado, con el brazo izquierdo sobre la cabeza. Y el esqueleto de él, boca abajo, la cara vuelta hacia su compañera, una mano sobre la cintura de la mujer y el fémur sobre su pelvis. Eran jóvenes, de unos 20 años de edad.
VIEJO Son los amantes de Sumpa. Pasaron muchas lunas, hasta las estrellas del cielo cambiaron de lugar. Y ellos siguieron ahí, mirándose, amándose.
NARRADORA Cuando los encontraron, había seis piedras grandes colocadas sobre los restos de la pareja. Tal vez para protegerlos de malos espíritus, tal vez como ofrendas funerarias.
VIEJO La arena lo cubrió todo, el tiempo fue y volvió. Y ellos siguieron ahí, siempre juntos.
EFECTO OLAS
NARRADORA El hallazgo arqueológico ocurrió en la península de Santa Elena, provincia del Guayas, en la costa ecuatoriana. Era un cementerio antiguo, milenario, donde se enterraron los antecesores de la cultura Valdivia. Un asentamiento de los primeros hombres y mujeres que poblaron América.
VIEJO Tal vez se reunían a escondidas para que sus amoríos no fueran descubiertos. Tal vez les prohibieron el amor y ellos lo eternizaron. O acaso fueron felices y los suyos los hicieron viajar juntos al más allá.
NARRADORA ¿De qué murieron estos jóvenes? ¿Cómo murieron? ¿Por qué sus cuerpos quedaron así abrazados por los siglos de los siglos?
VIEJO Murieron haciendo el amor. Y así quedaron para siempre.
NARRADORA ¿Qué pasó en estas playas hace ocho mil años? Nadie lo sabrá. Sólo ellos, los amantes de Sumpa.
EFECTO VIENTO
VOZ POETA Serán ceniza, más tendrán sentido.

Polvo serán, más polvo enamorado.
EFECTO VIENTO
NARRADORA Los amantes de Sumpa, símbolo de nuestro origen, de la raíz primordial. Son dos, hombre y mujer, hechos uno en el amor.
CONTROL QUENAS EMOTIVAS17

La Asociación Radialistas Apasionadas y Apasionados se ha especializado en este formato.18

Con diálogos didácticos
Estos diálogos se han empleado mucho en las escuelas radiofónicas. Si se hacen bien no tienen por qué resultar tediosos ni sonar a "discursos disfrazados". Se convierten en un formato muy adecuado para la divulgación científica, tan cómplice de la moderna concepción ciudadana. Porque la ciencia actual coloca a los “machos” en una situación muy embarazosa.

ESPOSA Y dígame, doctor, ¿qué voy a tener, una niñita o un varoncito?
DOCTOR Muchacha, eso todavía no puede saberse. Apenas tienes siete semanas de embarazo.
ESPOSO Pero, doctor, ¿no dicen que ahora averiguan el sexo por computadora?
DOCTOR Pero eso es cuando comienza a diferenciarse el embrión como femenino o como masculino. Al principio, no se sabe qué será. En los cromosomas ya está escrito, pero hasta la octava semana esos cromosomas no cuentan su secreto.
ESPOSA Explíquese mejor, doctor. ¿De qué cromosomas me está hablando?
DOCTOR Vamos a ver si me hago entender. Todos nosotros, hombres y mujeres, tenemos 46 cromosomas en nuestras células, que son como el manual de instrucciones para construir un ser humano.
ESPOSO Eso sí lo sé, doctor. Lo estudié en el colegio y todavía me acuerdo. De esos 46 cromosomas, la mitad los pone ella y la otra mitad los pongo yo, ¿no es eso?
DOCTOR Así mismo es, sí señor.
ESPOSO Y uno de los cromosomas que pone el padre es el que determina el sexo. Si el espermatozoide trae una “X” nace una niña. Y si trae una “Y”, nace un niño.
ESPOSA ¿Y qué pasa, entonces, doctor?
DOCTOR Pasa que las glándulas sexuales que se van a encargar de fabricar un niño o una niña, están esperando órdenes. Si el cromosoma “Y” envía instrucciones, estas glándulas se convierten en testículos.
ESPOSA ¿Y quién da las instrucciones para fabricar una niña?
DOCTOR Nadie. Esto es una cosa muy curiosa. Las glándulas sexuales están programadas para fabricar niñas. Si no reciben instrucciones del cromosoma “Y”, ellas desarrollan los órganos femeninos.
ESPOSA O sea que, en principio, todo el mundo podría ser mujer.
DOCTOR Exactamente. Si las glándulas hablaran, dirían: “Mientras no me digan lo contrario, yo construyo una mujer. Si no me dan la orden de fabricar testículos, fabrico ovarios.”
ESPOSO Y si no le mandan fabricar un pene, ¿qué fabrica, entonces, un clítoris?
DOCTOR Así mismo es. La naturaleza siempre tiende a fabricar mujeres. Desde la perspectiva biológica, la mujer es el sexo primario, el predeterminado.
ESPOSA Eso quiere decir...
DOCTOR Eso quiere decir que el diseño básico del cuerpo humano es femenino. Por eso, los hombres mantenemos ciertos rasgos de mujer como los pezones y las glándulas mamarias.
CONTROL GOLPE MUSICAL
LOCUTORA Simone de Beauvoir tituló su célebre libro El Segundo Sexo. Tal vez, de conocer la genética moderna, lo hubiera llamado El Primer Sexo.19

Estos datos hay que darlos a conocer en los medios de comunicación. Ante ellos, los machistas pueden quedar, literalmente, desbancados. Toda su prepotencia, su orgullo varonil, su falocracia queda en ridículo al descubrir que el pene no es otra cosa que una vagina reorientada. Y que los testículos son ovarios fuera de lugar.
No vale más el hombre que la mujer. Y si algún sexo podría reivindicar una supremacía, desde luego no sería el masculino.

Y hasta en programas religiosos
Para colmo, la anterior constatación no es solamente biológica, sino histórica y hasta teológica. Resulta que antes de la invención del arado, los seres humanos vivían con más respeto y armonía entre los sexos. El patriarcado es de factura muy reciente. Durante milenios, ningún sexo dominó al otro. La fórmula de convivencia tampoco fue matriarcal, como muchas veces se sugirió, sino gilánica, equilibrada, como brillantemente explica Riane Eisler.20
Igualmente, durante más de 20 milenios —no siglos, sino milenios—, la creencia en una deidad femenina fue la religión universal de nuestros antepasados.21

LOCUTOR Los seres humanos siempre pensaron que Dios era Mujer. Y esto era lógico, porque es la mujer la que hace el milagro de la vida.
EFECTO VIENTO
HOMBRE (REZANDO) ¡Ayúdanos, Madre, a cazar el bisonte!
MUJER (REZANDO) ¡Ayúdame, Madre, a ser fecunda como tú!
CONTROL MÚSICA NEW AGE
LOCUTOR Fue hace unos cinco mil años, por la agricultura y las guerras, que los hombres masculinizaron a Dios. El patriarcado suplantó a la Diosa e impuso a un Dios Varón.
LOCUTORA Así apareció Marduk, el dios guerrero de los babilonios. Y Zeus, el ruidoso dios de los griegos. Y Yahvé, el colérico dios de los hebreos.
CONTROL MÚSICA SAGRADA
LOCUTORA Pero al principio no fue así. Durante milenios, nuestros abuelos y abuelas guardaban en sus casas estatuillas femeninas y rezaban a la Gran Diosa, la Madre Primordial, que está en el cielo y en la tierra.22

Los programas religiosos, de una u otra creencia, deberían dar cuenta de los avances de la antropología y relativizar las ideas androcéntricas que nos inculcaron en los diferentes catecismos. Porque una presentación masculina de Dios, además de falsa, sólo contribuye a reforzar la discriminación entre mujeres y hombres. Porque donde Dios es visto como varón, los varones se en a sí mismos como dioses.23
Pero dejemos ya el sexismo, que otras discriminaciones nos aguardan.
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