La dictadura de primo de rivera: orígenes y planteamientos políticos, ideológicos, sociales y económicos






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títuloLa dictadura de primo de rivera: orígenes y planteamientos políticos, ideológicos, sociales y económicos
fecha de publicación16.08.2015
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II. LA CRISIS DE ESTADO Y DE SOCIEDAD, 1923-1936.


  1. LA DICTADURA DE PRIMO DE RIVERA: ORÍGENES Y PLANTEAMIENTOS POLÍTICOS, IDEOLÓGICOS, SOCIALES Y ECONÓMICOS.


El 13 de septiembre de 1923 el levantamiento militar de Miguel Primo de Rivera, capitán general de Cataluña, acabó con el Gobierno constitucional, accediendo al poder con el beneplácito del rey, el apoyo del Ejército, la adhesión de las organizaciones patronales y católicas, y la indiferencia y pasividad de la mayoría de la población. Su intención era terminar con rapidez con el desorden público, la amenaza de los nacionalismos, el asunto de las “responsabilidades” del desastre de Marruecos y la lacra del caciquismo, a su juicio los males principales que aquejaban a España. Pretendía regenerara el país y encarnar al “cirujano de hierro” de Joaquín Costa. Muy pronto se vería su intención de no restablecer el sistema constitucional. El régimen duraría hasta 1930, en que es sustituido por la “Dictablanda” del general Berenguer.
1.- Las causas del pronunciamiento.

Para entender el por qué del golpe militar hay que ver qué circunstancias españolas e internacionales rodearon ese momento:

  • Circunstancias internacionales:

    • El triunfo de la revolución bolchevique en Rusia, generó un gran temor entre la burguesía a que lo mismo pasara en España.

    • La crisis de la democracia y el surgimiento del fascismo italiano tras la I Guerra Mundial que luchaba por contrarrestar el avance del comunismo. En la fecha del golpe militar, en Italia ya estaba instaurado el fascismo. Además avanzaban los regímenes autoritarios o totalitarios en el resto del mundo. Miguel Primo de Rivera y el mismo Alfonso XIII se declararon admiradores de Mussolini.

  • Circunstancias españolas:

    • El agotamiento del sistema de la Restauración y la crisis de la monarquía parlamentaria era notoria, la fragmentación e inoperancia de los partidos políticos era buena muestra de ello.

    • El creciente protagonismo del Ejército en la vida política del país, que ya se había manifestado en la crisis de 1917, corría paralelo a su ineficacia como cuerpo armado, lo que se puso en evidencia en el problema de Marruecos.

    • El desastre de Annual supuso no sólo la pérdida de 13.000 hombres sino el aumento de la tensión entre la clase política y militar que se acusaban mutuamente del desastre. El expediente Picasso aumentó la tensión que el golpe militar cercenó pues se paralizó dicho expediente para que no saliera a la luz una posible responsabilidad de los altos mandos militares y del propio monarca.

    • La grave situación del orden público que, con la “guerra social” barcelonesa, había agotado a la población en general. El auge del movimiento obrero era vista por la burguesía como una amenaza.

    • La corrupción política, el alza de los precios y la sangría permanente de Marruecos hizo que se generalizara la idea de que era necesario “un cirujano de hierro” (idea que acuñó Joaquín Costa) para resolver la situación.

    • Por último, el auge de los nacionalismos periféricos alarmaba a las fuerzas que creían en la unidad del Estado. El nacionalismo catalán y vasco eran fuertemente rechazados por la clase militar y los políticos conservadores, a pesar de que el catalanismo del momento era muy moderado. Por su parte, el nacionalismo vasco aunque más extremista era muy débil por lo que no se veía como una amenaza real para el sistema.


2.- El pronunciamiento militar.

Desde comienzos de 1923 la situación política española se había venido haciendo cada vez más grave por la crisis interna del sistema liberal parlamentario que dio lugar a una doble conspiración a cuya cabeza se situó Miguel Primo de Rivera. El rey había barajado también la posibilidad de presidir una junta militar aunque por consejo de Maura había descartado la idea. En la madrugada del 13 de septiembre de 1923 Miguel Primo de Rivera, capitán general de Cataluña, convocaba a la prensa para emitir un manifiesto donde exponía un análisis de la situación del momento y las soluciones que proponía. A la vez se declaraba el estado de guerra en Cataluña.

Este golpe militar tenía una novedad respecto a los decimonónicos, al ser un movimiento corporativo del Ejército que no tenía ninguna intención de ceder el poder a un partido o a un líder político, sino que planeaba la constitución de un régimen militar, aunque de forma temporal.

El 13 y 14 de septiembre el levantamiento se vio favorecido por la abstención del grueso del Ejército, la debilidad del gobierno, confuso y vacilante, la pasividad de la opinión pública y, sobre todo, por los pasos seguidos por el rey. Primero, su retraso deliberado a la hora de volver de San Sebastián a Madrid; luego su decisión, en la mañana del día 14, de consultar con sus asesores militares antes de tomar una determinación, lo que provocó la dimisión de García Prieto, y, finalmente, la entrega voluntaria del poder a Primo de Rivera, incluso cuando éste declaró, después de jurar el cargo de presidente del Consejo de Ministros, que no tenía intención de formar un Gobierno de hombres civiles, más o menos respetuosos con la Constitución, sino un Directorio Militar.

Apenas hubo reacciones de protesta. Era de esperar la adhesión unánime de las organizaciones patronales, las Cámaras de Comercio e Industria, las asociaciones de agricultores y los sectores católicos, pero no el silencio de los partidos dinásticos y la pasividad de los republicanos, expectantes sobre las verdaderas intenciones de la rebelión, que contrastaron con el apoyo abierto de los mauristas, o la Lliga Regionalista, entre otros. El PSOE y la UGT pidieron tranquilidad a sus afiliados y les recomendaron que no participaran en los movimientos de resistencia de la CNT y los comunistas.
3.- El Directorio Militar (septiembre de 1923 hasta diciembre de 1925): Problemas y soluciones.

El Directorio Militar se inició el 15 de septiembre de 1923. Militar, profundamente conservador, Miguel Primo de Rivera se planteó desde un primer momento acabar con "el grave problema de Marruecos, el terrorismo, la agitación del proletariado, el separatismo catalán, la impiedad religiosa, el caos económico y la corrupción de los políticos", tal como señalaba en su manifiesto a los españoles.

Los problemas los intentó resolver con medidas dictatoriales:

- Eliminación del sistema parlamentario y de los procesos electorales: suspendió la Constitución de 1876, disolvió las Cortes y asumió personalmente todos los poderes.

- lnició una reforma de la Administración que tenía como objetivo acabar con las redes locales del caciquismo e intensificar la centralización:

  • Los gobernadores civiles fueron sustituidos por gobernadores militares. Se creó la figura de los delegados gubernativos, capitanes del Ejército, uno por cada partido judicial.

  • Diputaciones y ayuntamientos fueron disueltos por decreto, para cortar las bases de la política caciquil. Los ayuntamientos fueron ocupados por los vocales asociados. Las diputaciones dejaron sus competencias en manos de gestoras. El Estatuto Municipal (1924) y el Estatuto Provincial (1925) les permitiría mayor autonomía financiera y de gestión.

- Las cuestiones de orden público las resolvió con medidas represivas: prohibió cualquier manifestación contraria al régimen y persiguió a aquellos que se habían opuesto al golpe de Estado (anarquistas y comunistas). También se persiguió cualquier manifestación nacionalista (no se permitió el uso del catalán y se suprimió la Mancomunidad en 1925). Con estas medidas consiguió acabar con los atentados terroristas y con las huelgas. La tranquilidad volvió a las grandes ciudades, especialmente a los centros fabriles de Barcelona y Bilbao, lográndose una cierta paz social.

- El gran éxito del Directorio Militar fue la solución del problema marroquí: En un primer momento Primo de Rivera había seguido una política de reducción de fuerzas y contención del gasto militar; pero el líder de los rifeños empezó a desarrollar una estrategia expansiva de dominio que lo enfrentó a Francia. Esto provocó la alianza franco-española e hizo posible la operación militar del desembarco de Alhucemas en septiembre de 1925 con la que se logró derrotar a Abd-el-Krim.

4.- El Directorio Civil (1925-1930): La institucionalización del régimen y las reformas económicas y sociales

Tras el éxito en Marruecos, M. Primo de Rivera nombró un nuevo gobierno en el que algunos militares fueron sustituidos por civiles, haciendo creer que se volvía a la normalidad. El Directorio Civil se inició a finales de 1925. Se confirmaba así que la dictadura no iba a ser transitoria.
A.- La institucionalización del régimen:

Primo de Rivera creó instituciones para fortalecer la dictadura, pues quería fundar su régimen en bases políticas diferentes al modelo liberal. Por eso su régimen se apoyó en:

a) Un partido único: la Unión Patriótica que pretendía ser el partido de masas que garantizase la estabilidad del régimen y acabara con los políticos corruptos. Su lema fue "Religión, Patria y Monarquía". El partido incorporó a sus filas antiguos caciques, burguesía conservadora, comerciantes, industriales y ricos terratenientes. Jamás interesó a las masas populares y sólo perduró el tiempo de la dictadura.

b) Un Consejo de Ministros en el que no se sintiera la influencia de los partidos políticos, por ello se apoyó en técnicos y militares que no estaban vinculados a la Administración anterior. Hasta el final de la Dictadura convivieron los ministros militares que se ocupaban de los asuntos políticos y de orden público con los ministros civiles (Aunós, Calvo Sotelo o el conde de Guadalhorce) que se ocupaban de la gestión (Trabajo, Hacienda, Fomento...). El Consejo de Ministros tenía tan amplios poderes que en realidad la ciudadanía no tenía derechos cívicos ni garantías constitucionales.

c) Una Asamblea Nacional Consultiva, que nunca fue un Parlamento pues carecía de capacidad legislativa. Era una cámara corporativa formada por los representantes de las corporaciones locales, de la Administración o de las actividades productivas. La obra de esta Asamblea fue la redacción de una Constitución que nunca se promulgó.
B.- La política económica y social

La política económica y social se caracterizó por una fuerte intervención estatal.

En la esfera económica se manifestó en:

- El control de todos los sectores productivos y en la supervisión de las actividades económicas (precios, volumen de producción...). El Comité Regulador de la Producción Industrial era el encargado de dar los permisos a las empresas para trasladarse de localidad o para ampliarse.

- Ayudas y subvenciones a empresas nacionales y un marcado proteccionismo para las empresas nacionales como: ferrocarriles, navieras, minería.

- Incremento de las inversiones públicas para financiar la construcción de carreteras (se mejoraron 7.OOO Km. de trazado nacional y muchas vías de carácter local), obras hidráulicas (se fundó la Confederación Hidrográfica de 1929 encargada de gestionar el aprovechamiento agrícola e hidroeléctrico de las cuencas fluviales) y de regadío.

- Creación de los monopolios de Telefónica, CAMPSA e Iberia. La primera fundada en I924 pero en manos de la multinacional americana ITT; la segunda -Compañía Arrendataria de Monopolios de Petróleos- encargada de importar, refinar y distribuir este producto y la tercera monopolizó el transporte aéreo.

Los resultados de esta política económica fueron la disminución del número de huelgas (alto nivel de empleo - estabilidad de los precios), la finalización de modernas obras públicas y el aumento de la producción, especialmente en cemento, hierro, química y acero; pero también provocaron el endeudamiento del Estado y el enriquecimiento de los grandes grupos capitalistas.

Las medidas tomadas en el campo social pretendían terminar con la conflictividad social y laboral. Se quisieron organizar las relaciones laborales con un modelo en el que patronos y obreros de un mismo ramo estuvieran representados en una misma organización. Nacieron así los Comités Paritarios. Estos negociaban las condiciones de trabajo, los sueldos.... El éxito de esta política se debió a la participación de la UGT, que en la etapa final de la Restauración había tomado posturas más moderadas.

Se promovió igualmente una intensa legislación social: promoción de viviendas obreras, subsidios a familias numerosas, seguro de maternidad, aumento de las prestaciones de la Seguridad Social, creación de escuelas y aumento del número de maestros. A medio plazo, esta política aumentó el endeudamiento del Estado.

5.- El fin de la dictadura y la caída de la monarquía.

Hacia 1928 comenzó la decadencia del régimen, por varias razones:

La cuestión catalana por la persecución de la lengua catalana.

Los partidos dinásticos comenzaron a conspirar contra el régimen desde que vieron que M. Primo de Rivera no iba a restaurar el sistema parlamentario.

Un movimiento obrero que, a medida que pasaba el tiempo, iba tomando posiciones. A partir de 1928 el PSOE empezó a pensar que, puesto que no había un auténtico régimen parlamentario, la única salida debería ser la república; y lo mismo propusieron el Partido Comunista y los anarquistas de la CNT.

Pero hubo dos fuerzas que contribuyeron directamente a la caída de Primo de Rivera: los intelectuales y el ejército de la Península.

Los intelectuales, que se habían opuesto al régimen desde el principio, se vieron atacados con la destitución de Unamuno como rector de la universidad de Salamanca y con su posterior destierro; con la clausura del Ateneo de Madrid porque, se decía, estaba derivando hacia el republicanismo, y con el Proyecto de Reforma Universitaria, en el que se otorgaba la expedición de títulos con valor universitario a los jesuitas de Deusto y a los agustinos de El Escorial. Las revueltas de los universitarios en el curso 1928-1929 acabaron con la represión de las protestas y con el cierre de la Universidad.

Los militares destinados en la Península se encontraron con un Primo de Rivera favorable a los militares de Marruecos y poco proclive hacia los convencionalismos que protegían la carrera militar de los de la Península.

Hacia finales de 1929 el régimen de M. Primo de Rivera se hallaba socialmente aislado, ideológicamente deslegitimado e institucionalmente sin el apoyo del rey. Además comenzaron las dificultades financieras y presupuestarias del Estado, y arreciaban las protestas. En estas circunstancias M. Primo de Rivera presentó su dimisión en enero de 1930, el rey la aceptó inmediatamente. Era el fin del régimen. El general se exiliaba a París donde moría dos meses después.

Alfonso XIII intentó retornar entonces al sistema de la Restauración. Nombró como jefe de gobierno al general Dámaso Berenguer para su proyecto. Éste tuvo como misión restablecer la Constitución de 1876, celebrar unas elecciones que permitieran retornar a la normalidad constitucional (Dictablanda) y así salvar la figura del Rey; pero no dio resultado al no hacer frente de forma efectiva a la crisis económica de 1929, que empezaba a notarse en España, y a una oposición creciente de los republicanos, que firmaron el “Pacto de San Sebastián” en agosto de 1930, al que se sumaron los regionalistas y los socialistas. El acuerdo político del Pacto de San Sebastián implicó la creación de un comité revolucionario. De esta alianza estuvieron ausentes la CNT y otras fuerzas obreras, que solamente estuvieron representadas por el PSOE. En diciembre de 1930 se difundió masivamente un manifiesto firmado por los principales dirigentes en el que explícitamente se llamaba a la población a derribar la monarquía.

De este pacto se derivaron dos líneas de acción complementarias: una revolucionaria, que llevó al fracasado pronunciamiento militar de Jaca de diciembre de 1930 (que dio a los republicanos sus primeros mártires), y otra política, apoyada por intelectuales y políticos que, con una gran campaña de prensa y mítines, lograría arruinar el prestigio de la monarquía.

A comienzos de 1931 Berenguer dimitió y fue sustituido por el almirante Juan Bautista Aznar. Éste convocó elecciones municipales para el 12 de abril de ese año. Estas elecciones fueron planteadas por la oposición como un plebiscito sobre la monarquía. Aunque la monarquía obtuvo la mayoría de apoyos, los republicanos y socialistas ganaron en las grandes ciudades y en algunos pueblos. El día 13, tras conocerse los resultados electorales, miles de personas salieron a la calle para manifestarse a favor de la república. Era evidente que las grandes ciudades habían votado en contra de la Monarquía. Ante esta situación el rey reconoció la victoria republicana y se exilió (falleció en Roma en 1941). El 14 de abril se proclamaba la Segunda República.


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