El mundo cultural romano, con la originalidad de sus concepciones en el ámbito de las relaciones familiares, la organización social y política, las






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ROMA

César Tenorio Gnecco
El mundo cultural romano, con la originalidad de sus concepciones en el ámbito de las relaciones familiares, la organización social y política, las instituciones, la vida económica, el derecho y, en general, su forma de concebir el mundo, ha dejado honda huella en la cultura de Occidente. En el ámbito de las formas, profundamente implicado siempre con el resto de las expresiones propiamente humanas, este conjunto de rasgos peculiares no podían dejar de tener su proyección ...”1
La situación estratégica de la fundación de Roma como punto de contacto entre Etruria y Grecia generó que ésta pronto se convirtiera en un neurálgico centro comercial, cuyas relaciones comerciales traen consigo diversas influencias culturales, que constituyen la base de su evolución posterior; esta proyección de Roma hacia el comercio es un factor determinante para su futura expansión territorial, en pugna con el resto de las potencias que dominaron el Mediterráneo en diferentes épocas, siendo decisivo para el futuro de Roma el siglo II a. de C., ya que desde los primeros años de este siglo comienza a conquistar el Mediterráneo oriental y protege sus fronteras del norte contra los celtas, afirmando definitivamente su poderío con la destrucción de Cartago en el 146 a. de C.
La primera expansión romana coincide con las conquistas de Alejandro Magno en Oriente, y el impulso imperialista de Roma, iniciado con las guerras púnicas, se corresponde con el desmembramiento del imperio helenístico a la muerte del gran estratega macedonio. “Como apunta Wheeler2, el mundo ha dejado de ser una colección de fenómenos dispersos, expresados políticamente por un grupo de ciudades-estado, para convertirse en un cosmos coherente, expresado políticamente por un imperio. La tradición helenística y su amplia repercusión en lo romano, contribuye a fijar una concepción unitaria del Universo, basada en una teoría filosófica que nace en un mundo impregnado de las ideas aristotélicas y llamada a perdurar largamente en el Occidente medieval.”3
Los orígenes de los primeros habitantes de Roma y del Lacio, dedicados a las labores agrícolas y ganaderas, van a ser una constante en la idiosincrasia cultural del romano, que permanecerá unido a ella durante toda su historia, conservando costumbres, modos y hábitos de pensamiento del medio campesino originario, siendo una de las peculiaridades más atractivas del planteamiento cultural romano los esquemas extraídos del medio agrícola y la civilización urbana que va a desarrollar este pueblo, generando entonces una aparente contradicción, que hace que el romano en un primer momento se incline hacia las obras de ingeniería y las labores artesanales propiamente utilitaria, apreciando entonces los valores útiles más que los propiamente estéticos.
En la arquitectura de Roma se reflejan de manera precisa su espíritu y características que, si se perdiera toda noticia del Imperio Romano, a través sólo de las ruinas de sus edificios y de la gran variedad de programas y problemas que ahí se implican, se podría deducir, entre otras cosas, que fueron producto de un mundo poseedor de un orden social y administrativo, complejo, lógico, eficiente y riguroso, y de una cultura altamente desarrollada. La inmensa extensión sobre la cual se hallan esparcidos los restos arquitectónicos y su monumentalidad característica, revelarían claramente que el pueblo que crecía y diseminara tal arquitectura sobre todo el mundo antiguo, constituyó una potencia militar, política y económica de alcances universales.”4
ETRURIA

Parte de la importancia de este pueblo radica en que fue el motor y la génesis del pueblo romano5; en un principio, la civilización etrusca tiene raigambre oriental, incorporando luego las costumbres fenicias y finalmente se integra a la cultura itálica y a la influencia de la Magna Grecia.
Pueblo esencialmente comerciante, “... es por ello que su arte será práctico como corresponde a un pueblo mercantil e incluso, su sociedad estuvo fijada por el poder de la riqueza, herencia fenicia que luego transmitirán los habitantes del norte de Italia a la gens romana.”6 Adaptaron a sus necesidades religiosas y cívicas el arte de otras culturas, siendo los principales inspiradores de su estética Grecia y el Medio Oriente.
Su situación de dependencia con respecto al arte griego es, sin embargo, evidente; en efecto, durante siete siglos estuvo supeditado al arte jónico del Asia Menor, o fue intensamente influido por el arte de Corinto y del Ática, y por el arte helenístico, finalmente, y todas estas facetas artísticas griegas le suministraron fórmulas fructíferas, en especial por lo que respecta a la arquitectura, cerámica y artes plásticas. Mas, por otra parte, su gusto por la estilización audaz y la afición que en él constantemente se manifiesta por la vivacidad del color y el dinamismo denotan peculiaridad de concepciones y contribuyen a darle aspecto inconfundible.
Azares que dependen del curso de la historia impidieron a la raza etrusca desarrollar por completo sus posibilidades. Pudo en sus días de mayor poderío adueñarse de Roma, en el siglo VI antes de Cristo, y dejar sobre aquella ciudad, en trance aún de organizarse, el sello de algunas de sus características, y es seguro que por entonces aquella raza se creyó capaz de imponerse a los demás pueblos de Italia. Al no conseguirlo, encerrada en sí misma, trató de resistir a la hegemonía romana, y, una vez sojuzgada, mantuvo aún con terquedad su cultura y costumbres, y es completamente cierto que, con obras de sazonada perfección, logró informar de nuevo, en algunos aspectos, el arte de sus dominadores.”7
La economía de estos antepasados de los modernos toscanos tuvo tres factores esenciales, agricultura, industria y navegación, que en parte dieron origen a su religión y por ello los dioses etruscos, de aportación griega, en Etruria tienen una jerarquía distinta, siendo los más importantes en el panteón de la Umbría aquellos que estén relacionados con sus actividades económicas.
El primer estudioso de la Antigüedad en ocuparse de los etruscos fue Herodoto, en el siglo V a. de C., quien afirmaba que los tirrenos, así llamados por los griegos, tusci o etrusci por los romanos, llegaron en el siglo VIII a. de C. procedentes del Asia Menor, de la Lidia, al oeste de Anatolia, según una tradición mantenida por los propios etruscos, a la Península Itálica8 a la parte que hoy coincide casi en su totalidad con la región de Toscana y con la zona Norte del Lacio, ocupando todo el oeste de esta parte de Italia, desde el Arno hasta el Tíber, y allí se instalaron apoderándose de las tierras en las que fundaron sus ciudades, como lo narra este fragmento: “Durante el reinado de Atys, hijo de Manes, una fuerte sequía azotó toda Lidia. En un principio, los lidios siguieron con sus costumbres de vida; después, ante la persistente sequía, tuvieron que inventar distintos remedios. Fue entonces, probablemente cuando se ideó el juego de los dados, así como el de las tabas, el del balón y otros similares, a excepción del de las damas, cuya creación no se atribuyeron los lidios. Y he aquí cómo utilizaron sus inventos para engañar el hambre: en días alternos, jugaban durante toda la jornada, rechazando la tentación de comer, y los días restantes olvidaban los juegos y se alimentaban. De esta forma salieron adelante durante dieciocho años. Sin embargo, el azote del hambre, el lugar de amainar, se hacía cada vez más violento, de modo que el rey, tras dividir a sus súbditos en dos grupos, echó a suertes quiénes deberían quedarse y quiénes emigrarían. Decidido a no abandonar el grupo destinado a permanecer allí, puso a su hijo Tirreno al frente de los que partían. Los designados por la suerte para dejar el país, una vez que llegaron a Esmirna, construyeron las naves necesarias para transportar los objetos de valor que poseían y se dieron al mar en busca de un nuevo territorio y de medios de subsistencia; sólo se detuvieron cuando, favorecidos por la suerte y después de costear muchas tierras, llegaron a Umbría, donde construyeron las ciudades en las que siguen viviendo actualmente. Deseosos de cambiar por otro su nombre de lidios, eligieron el del príncipe que los había conducido hasta allí y se llamaron tirrenos.”
Hacia el 550 a. de C. realizaron una nueva expansión, por la Campania, en dirección meridional de la península itálica, y posteriormente, fundaron colonias por el Nordeste y Este, desde Milán a Bolonia, siendo entonces cuando su imperio comienza a tambalearse, iniciándose con la expulsión de Roma y del Lacio de la dinastía etrusca a la que pertenecían los Tarquinos, quedándoles para comienzos del siglo IV a. de C. la región que primeramente habían ocupado, para ser totalmente dominados por el Imperio romano y romanizados en el año 82 a. de C., cuando Sila dominó al pueblo etrusco.
Dionisio de Halicarnaso los consideraba como "un pueblo antiquísimo, que no se parecía a ningún otro ni en el idioma ni en las costumbres", un pueblo autóctono de la península. El futuro emperador Claudio fue confiado a un preceptor de origen etrusco, y después de contraer matrimonio con la etrusca Urgulanila, descubrió su vocación por el estudio de los etruscos, escribiendo veinte libros sobre la historia de este pueblo, muy hábil en trabajar el bronce, que le daría fama en el mundo antiguo, aunque artística, religiosa y culturalmente dependía de Grecia.
Entre los romanos los etruscos eran considerados como los depositarios del saber religioso; para obtener oráculos y vaticinios mediante las vísceras de los animales9 o la observación de los fenómenos naturales, buscaban en los "Etruci libri", tan famosos entre los romanos que a menudo, en los momentos de duda existencial recurrían a ellos para encontrar soluciones esotéricas. El saber religioso etrusco suscitó viva admiración e interés entre los romanos de la República que, por este aspecto y otros de la cultura etrusca, mandaban a sus jóvenes nobles a estudiar a las más importantes ciudades etruscas.10
Sus ciudades, entre ellas Caere, Tarquinia, Orvieto, Chiusi, y Vulci, que al principio fueron monarquías y después regidas por poderes oligárquicos, siempre fueron independientes y solamente se federaban ante un peligro que fuera común.
Los etruscos construyeron sus viviendas con materiales poco sólidos, de las que sólo se ha conservado la traza de sus cimientos, que junto con la disposición adoptada en algunas de las tumbas etruscas permite deducir la existencia de un elemento que subsistirá, mucho más tarde, como parte esencial de la casa romana, el atrium o espacio central a modo de patio, generalmente rectangular y delimitado por cuatro o más pilares, que presenta en el lado opuesto al acceso una cámara o alcoba, que en la casa romana será conocida como tablinum; este espacio podía adoptar formas complejas, algunas veces dispuesta en tres naves separadas por pilastras.
"... destacaron los etruscos como constructores de sólidas murallas. Su concepción de la ciudad, en forma de acrópolis, debió de contribuir a desarrollar en ellos este talento. Se les atribuyó, tradicionalmente, varios canales y otras obras hidráulicas realizadas en el Lacio, y hasta la construcción de la Cloaca Máxima y las más antiguas murallas, en Roma, pasan por ser obra etrusca."11
La religión etrusca tenía un carácter fatalista, que atribuía todo a la intervención de los dioses, que conformaban dos triadas, la supraterrena conformada por Tinia12, Uni o Juno, y Menrva o Minerva, y la triada subterránea o infernal compuesta por Ceres, Libera13 y Líber, un dios que mezclaba las características de Baco y de Plutón; además de estas seis divinidades, adoraban a Aplú o Apolo, Turn una especie de Mercurio, el dios mensajero, Turán, semejante a Venus, Maris o Marte, y varias lasas o genios relacionados con el mundo de los muertos, como Charun o Caronte, y Vanth un genio alado femenino de la muerte. Cada acto de la vida social estaba regulado por férreas normas, recogidas en los libros de la "Etrusca disciplina", que imponía reglas precisas en todo detalle y que debían ser observadas con escrupulosidad; estas reglas, sobre todo para el campo religioso, afectaban también el campo del derecho público y privado. En estos libros también estaban codificada la ciencia de las prácticas rituales de carácter mágico, referentes a la fulminación, a la interpretación del vuelo de las aves o al examen del hígado de las víctimas.14
La realización de todo acto reputado importante debía, pues, ser precedida de un agüero; para fijarlo, se establecía previamente, según el rito, una parte del suelo, con el espacio de cielo correspondiente, y esto es lo que en latín arcaico recibe el nombre de templum. Ahora bien, por influjo griego los etruscos conocieron también el santuario, al que se dio, asimismo, el nombre de templum, por extensión."15
El santuario etrusco fue una adaptación del templo griego; su planta era casi tan ancha como larga, presentando un pórtico con columnas de madera cuyo número lo determinaba la presencia, en su interior, de las tres cellas si el templo estaba consagrado a una tríada; en este caso la cella del centro era más ancha. Edificaron santuarios de dimensiones reducidas y de cella única, como lo ejemplifica la reconstrucción de uno de los templos de Faleria, en cuyo caso el pórtico presenta sólo un par de columnas; la techumbre se proyectaba fuera del edificio un tercio del espacio total de la cella, y tanto ella como el saliente del alero eran de madera, lo mismo que las columnas y la estructura del tejado, siempre a dos aguas. También eran de madera los soportes que separaban los tramos de ladrillo que constituían las paredes.
El templo etrusco, a diferencia del griego, estaba concebido para una visión esencialmente frontal; una escalinata situada en el lado corto daba acceso al pronaos al que se abrían las cellas, una central y dos laterales, o bien, una en el centro y dos espacios vacíos a los lados. La columnata ocupaba sólo la mitad delantera del edificio, cerrado a los lados restantes por un muro perimetral.
Al construirse con materiales deleznables, los triángulos de los frontones carecían de una decoración escultórica pétrea, siendo posible que en los templos más antiguos quedaran lisos, o se pintaran; posteriormente, a partir del siglo III a. de C., el frontón delantero se revistió de relieves y hasta con figuras de terracota. Toda la decoración escultórica fue de material cerámico, concentrándose en un principio en lo alto del edificio, en el vértice del frontón y en las antefijas16 o acróteras, y luego, las placas cerámicas decoradas con gran policromía revestían los frisos, la techumbre y sus aleros; las antefijas, a partir de fines del siglo VI a. de C., representaban cabezas de ménade, o de sileno, o parejas de ménades y silenos enlazados en una danza licenciosa, o de la Gorgona, piezas que muestran una clara inspiración jónica o corintia.
"Una obra escultórica que tiene este carácter de aplicación decorativa sobresale por su extraordinario mérito, que le confiere categoría de obra maestra. Es el grupo policromo que coronó el templo de Apolo en Veyes ... Se trata de un grupo de terracota que representó la disputa entre Apolo y Hércules por la posesión de una cierva abatida. Lo componían varios personajes representados casi en tamaño natural. Se conserva íntegra la figura de Apolo, y maltratadas las estatuas de Hérccules y de una diosa (quizá versión etrusca de Latona), así como una expresiva cabeza de Hermes. Su autor, hacia el año 510 antes de Cristo, fue sin duda Vulca ..."17. Pieza capital del arte etrusco en bronce es la Loba Capitolina, datada hacia el 500 a. de C.18
Aunque en sus primeros tiempos en Italia utilizaron para las exequias fúnebres las urnas, por su relación con la cultura griega jónica su forma típica de enterramiento fueron los sarcófagos; en las tumbas encontramos gran variedad, predominando las excavadas en la roca y aquellas cuya forma exterior es un túmulo, desplantado sobre un alto basamento circular, moldurado19. Edificadas con bloques de piedra, sobre la planta cuadrangular o redonda se alzaba una falsa cúpula, cubriendo luego la construcción con una capa de tierra para conformar un montículo de forma cónica; son ejemplos de éstas la tumba Volunni, en Perusa, y las tumbas de Cerveteri, la antigua Caere.
Los dos tipos de tumbas, ya sean excavadas en un muro rocoso, o construidas en un llano con cantos labrados y losas, ofrecen la disposición de una gran cámara sepulcral, a veces radialmente distribuida en varios huecos, a la que se accede por medio de un corredor o galería, dromos; su aspecto interior es el de una vivienda, cuya techumbre conserva la estructura típica de las edificaciones de madera. Cuando la cámara sepulcral era muy vasta, se emplearon para apuntalarla pilastras talladas en forma de soportales, cuya ornamentación permite seguir su evolución estilística, "Algunas se ajustan a un estilo dórico muy sumario; otras presentan señales bien visibles de orientalismo jónico, con el empleo del primitivo capitel de aquel estilo, constituido por dos grandes volutas divergentes."20 La cámara sepulcral, ubicada como el tablinum, en el lado opuesto a la entrada de la tumba, algunas veces muestra en su fondo un banco o lecho, y al igual que en las viviendas, este espacio podía presentar formas bastante complejas, siendo ejemplo una de las sepulturas descubiertas en Caere, del siglo III a. de C., dispuesta en forma de tres naves separadas por pilastras.
Pertenece a Caere la llamada Tumba de los Escudos, un ejemplo de los más arcaicos, al datar del siglo VII a. de C.; conformada por tres aposentos, con su puerta y ventanas que se abren a la cámara central, simulando el atrium de una fingida vivienda.
Otras tumbas son de planta circular y con un pilar en el centro, en las que se depositaban alrededor de toda la cámara las urnas cinerarias superpuestas en el muro21; siguiendo la misma tendencia, y perteneciente a fines de la época histórica del pueblo etrusco, es la variante de monumento funerario que en líneas generales se ajusta al monumento romano llamado columbarium.
En los diferentes aposentos de estos sepulcros se depositaban los sarcófagos22, solos o agrupados; tanto en los de grandes dimensiones como en los de caja reducida, a modo de cipos funerarios, en su tapa frecuentemente se representaba la figura del difunto yacente, o de manera más recurrente recostado sobre el codo y con el busto erguido, llamada posición recumbente. Al principio estos sarcófagos se hicieron de terracota y después, los más frecuentes son los de piedra esculpida; destacan dos ejemplares de terracota que pueden datarse hacia el 530 a. de C., de la necrópolis de Caere, que tienen la forma de sofá o triclinio del más puro estilo jónico, y en las tapas de ambos lechos fúnebres se reproduce la figuración de parejas matrimoniales en posición semisentados, como asistiendo al banquete funerario celebrado en su honor; en el Sarcófago de Larthia Seanti, la difunta aparece en posición recumbente, mostrando casi su total policromía. "El etrusco teme a sus dioses, misteriosos y secretos, y teme por tanto a la muerte. Su defensa consiste en hacer ver que no ha muerto, que sigue viviendo en el más allá. De ahí que el deber del artista sea, por una parte, reproducir fielmente los rasgos del difunto y, por otra, recrear en el mundo subterráneo la alegre seguridad cotidiana. A este doble imperativo responde el arte funerario etrusco."23
A partir del siglo V a. de C., el vaso del sarcófago o el de la urna en forma de cipo rectangular se adorna con relieves que reproducen escenas de danzas, o banquetes fúnebres, o la ceremonia de la lamentación del difunto24; desde el siglo IV a. de C. estos objetos funerarios se adornan con pinturas, como el Sarcófago de las Amazonas, en el que, posiblemente, se copiaron obras pictóricas griegas.
El arte de la pintura mural, un arte de gran estilo y de mucha originalidad en el que el genio etrusco se expresó de una manera más libre y atrevida, que debió cubrir las edificaciones de esta cultura, siendo magníficos exponentes las encontradas en las tumbas de Vulci, Caere, Chiusi, Tarquinia y Orvieto. "En el mundo de los muertos, rutilante y deslumbrador, la alegría de vivir surge como un caudal impetuoso."25; lamentablemente, de las muchas pinturas descubiertas muy pocas se conservan, ya que después de abrirse los edículos que las contenían la humedad del aire y "la malsana curiosidad de los visitantes" han causado su destrucción; así, por ejemplo, en Tarquinia se hallaron unas sesenta tumbas pintadas, y hoy sólo suman una veintena; de las veinte que se descubrieron en Chiusi tres quedan con sus pinturas visibles. Los frescos de la Tumba Campana, descubierta en Veyes en 1842, pueden darse por perdidos, mas de ellos existe una copia realizada al momento de descubrirse el sepulcro; eran las pinturas más arcaicas de toda la serie, posiblemente del siglo VII a. de C., que representaban animales fantásticos fuertemente estilizados, mostrando una directa inspiración asiática.
En las tumbas excavadas en la piedra, las pinturas realizadas al temple se realizaron directamente sobre la pared rocosa, en tanto que en las tumbas edificadas se empleó la pintura al fresco.
Como es usual en muchas culturas de la antigüedad, la decoración pictórica se desarrolla en franjas horizontales que recorren toda la pared, en las que con vivos colores se pintaron escenas de la vida cotidiana, juegos, danzas, banquetes, toda una serie de personajes y actitudes que permiten reconstruir parte del mundo etrusco, ya que hábitos, usos y costumbres están reflejados de forma perenne en estas tumbas; a veces, junto a las figuras puede leerse una inscripción con el nombre correspondiente. Las escenas se desarrollan a menudo al aire libre, entre arbolitos y arbustos, a veces bajo toldos o cortinajes de pesadas telas bordadas; los sirvientes se afanan alrededor de sus señores mientras que bailarines y malabaristas alegran el ambiente; los animales domésticos lamen los restos del banquete bajo el triclinio. Los atletas compiten para ganar premios y las muchachas trenzan coronas para colgarlos en sus cuellos; en la época arcaica raras son las alusiones a la muerte, como la puerta del más allá, el lamento fúnebre, el catafalco, mas en el helenismo aparecen ya los demonios de ultratumba, bellos y alados; los banquetes representados son ahora los de los inmortales, pero en una atmósfera menos alegre. "Es evidente la inspiración griega, pero en la indiferencia del artista por la anatomía exacta del modelo -a veces concientemente deformada- y el evidente placer con que se entrega a la detallada descripción de los actos cotidianos aparece la personalidad etrusca."26
Una de las ciudades más importantes de Etruria fue Vulci, en cuya necrópolis el ingeniero Alejandro Francois descubrió la tumba pintada hacia el siglo III a. de C. que lleva su nombre, en 1849: "... cuando el último golpe de pico rompió la puerta que cerraba el acceso a la cripta y la luz de las antorchas iluminó la bóveda ... estaba aún en el mismo estado que cuando se tapio la entrada y la antigua Etruria aparecía ante nuestros ojos como en los tiempos de su esplendor. En los lechos fúnebres, los guerreros, cubiertos con sus armaduras, parecían descansar tras el combate sostenido contra los romanos o contra nuestros antepasados los galos. Formas, vestidos, telas y colores se fue desvaneciendo con la entrada de la luz en la cripta ... fue la evocación de un pasado, una alucinación que no duró más que un sueño, como para castigarnos por nuestra curiosidad temeraria." Des Vergers.
Fechado a mediados del siglo IV a. de C., el hipogeo aparece dividido en varios departamentos, como las casas de los vivos, las domus romana; después de un largo pasillo, a cuyos lados se excavaron nichos para sepulturas posteriores, se accedía a un vestíbulo que hacía de antesala de seis pequeñas estancias, tres en cada uno de los lados; en la pared opuesta a la entrada se abre el tablino o sala convivial, que da paso a una ulterior habitación situada perpendicularmente a la primera27; tanto en el vestíbulo como en el tablino se encuentra extraordinaria pintura mural, que narra uno de los episodios más gloriosos de la epopeya etrusca, que se remonta a la época de los reyes de Roma28.
Al entrar, aparece el propietario de la tumba con su nombre escrito al pie de la figura, Vel Saties, perteneciente a la aristocracia que detentaba el poder político y religioso, vistiendo una amplia capa ricamente bordada con elegantes figuras de guerreros; en la cabeza lleva ceñida una corona de laurel, "... y su mirada se dirige hacia lo alto, donde está a punto de levantar el vuelo un volatil, probablemente un pico, retenido por un enano representado junto a su amo, Arnza, el pequeño Arunte." 29 Junto a él figura su esposa, Thanchvil Verati.
En todas las paredes del vetíbulo están representados personajes de la mitología griega, en ellas, a la izquierda Aquiles sacrifica a los prisioneros troyanos en los funerales de Patroclo que presencia el hecho como una sombra; toda la escena se desarrolla bajo la mirada de dos personajes de ultratumba etruscos interpolados en la representación griega, la divinidad femenina bella y alada, Lasa, y el siniestro demonio masculino Charu, dios de nariz aguileña y armado con un pesado martillo. Luego, Ayax Telamón con un prisionero troyano; Etéocles y Polinices se hieren a muerte recíprocamente; Sísifo y Anfiarao; Ayax y Casandra; Néstor y Fénix; de temas no helénicos, Marce Camitlnas que está hiriendo a muerte al romano Cneve Tarchunies, Gneo Tarquinio30, y Celio Vibenna liberado por Mastarna31 completando la escena sus compañeros ocupados en duelos aislados, Larth Ulthes hiere a muerte a Laris Papathnas de Volsinii, Rasce da cuenta de Pesna Arcmsnas de Sovana, y Aule Vipinas hiere a un guerrero de Falerii.
La ciudad de Spina, importante puerto de un amplio territorio interior en la desembocadura del Po, habitado por vénetos, etruscos y griegos, estaba surcada por una serie de canales entrecruzados en ángulo recto, con un gran canal de 30 metros de ancho que atravesaba toda la ciudad, cuyo cauce era regularizado por el mismo Po, "una auténtica Venecia etrusca"; en esta retícula de canales se ubicaban las zonas habitadas y de forma aislada. Esta ciudad tuvo su apogeo después de la derrota de los etruscos en el 474 a. de C. en las aguas de Cumas, derrota que dificultó posteriormente el tránsito por el mar Tirreno y favoreció el desembarco en el Adriático. "Los etruscos vendían allí el trigo de la llanura padana, seleccionaban el ámbar procedente del Báltico y el estaño de las islas Casitérides ..." 32, adquiriendo a cambio vasijas de diferentes procedencias.
En la necrópolis de esta ciudad se hallaron 3913 tumbas, sepulturas del tipo de fosa terrina en las que el difunto era enterrado directamente en el suelo con un riquísimo ajuar y sólo depositado a veces en un ataúd de madera.
Para formarnos una idea de estas tumbas, nada mejor que la descripción que hizo David33 de las tumbas en Cerveteri:
"... Pero esa misma dulce calma flotaba alrededor, en aquel sitio escondido, y daba la sensación de que las almas debían encontrarse muy bien allí. Notamos lo mismo al bajar algunos peldaños y entrar en las cámaras de piedra, en los túmulos. No hay nada en ellos. Como si se tratara de una casa desalojada, sus ocupantes se habían marchado; ahora llegarán otros. Pero lo cierto es que los que han partido, sean quienes fueren, han dejado tras de sí una agradable sensación, cálida y tierna. Son sorprendentemente grandes y bellas estas casas de los muertos. El techo lleva una viga cortada a imitación de los techos de la casa. Es un auténtico hogar.
"Nada más entrar, hay dos pequeñas habitaciones, una a la derecha y otra a la izquierda, las antesalas. Dicen que aquí se depositaban las cenizas de los esclavos, en urnas, sobre grandes bancos de piedra. Porque es probable que los esclavos fueran siempre incinerados, mientras que los amos, en Cerveteri, eran acomodados, tumbados, con todas sus insignias, a veces en grandes sarcófagos de piedra, otras en féretros de terracota. Pero la mayoría de las veces eran simplemente depositados allí, en la amplia cama de piedra que rodea la tumba y ahora está vacía; depositados dulcemente en un ataúd abierto, no cerrados en sarcófagos, sino dormidos como si aún estuvieran con vida. La cámara central es amplia; quizá desde entonces ha permanecido en el centro una gran columna cuadrada de piedra, que parece sostener el sólido techo, como una viga en una casa.
"Alrededor de la cámara corre una amplia cama de roca, a veces en doble fila, donde los muertos eran dispuestos en sus féretros, o tumbados al aire libre en camillas esculpidas en piedra madera; un hombre reluciente en su coraza dorada, o una mujer con vestidos blancos y carmesíes, con grandes collares al cuello y sortijas en sus dedos. Aquí yacía la familia, los grandes jefes y sus esposas, los lucumones, con hijos e hijas; muchos en una sola tumba.
"Más allá hay otra puerta de piedra que se estrecha aún más arriba, como en Egipto. Todo el conjunto recuerda ese país, pero, en general, aquí es todo llano, simple, sin decoraciones, con esas proporciones fáciles y naturales cuya belleza difícilmente se advierte dada su misma naturalidad. Es la belleza espontánea de las proporciones, propia de la conciencia fálica, en contraste con la más estudiada y estática proporción de la conciencia mental y espiritual a la que nosotros estamos acostumbrados. Detrás de la puerta interna está la última cámara, pequeña y oscura, con una cúspide. Frente a la puerta, aparece la cama de piedra en que presumiblemente eran depositados el lucumón y los sagrados tesoros del difunto, la broncínea navecilla de la muerte que lo llevaría al otro mundo, las vasijas con joyas para su adorno, las vasijas de loza, las estatuillas de bronce y los utensilios, las armas, la coraza; todo el estupendo equipo del honorable difunto. O, tal vez, en esta cámara interna yacía la mujer, la gran dama, con todos sus lujos, con el espejo en la mano, y sus tesoros, sus joyas y peines y las cajitas de plata con los cosméticos, en urnas o vasijas alineadas a lo largo de la pared. Seres que entraban en la muerte espléndidamente ataviados, para comparecer ante el tribunal del más allá, donde serían juzgados por los doce dioses, presididos por el supremo Tinia, dios del rayo.
"Si el veredicto de éste era negativo, sólo podrían salir del infierno mediante la intercección y súplicas de sus parientes, que les devolverían al paraíso, donde gozarían eternamente de una calma y una paz como la que trataron de reflejar en sus tumbas."
Tarquinia es probablemente la ciudad etrusca más conocida, en especial por sus tumbas decoradas, muchas de cuyas pinturas fueron destruidas34. En la mayoría de los casos presenta una sola habitación excavada en la toba, de planta rectangular, techo de doble pendiente y paredes ligeramente contraídas hacia arriba; a esta estancia se accede mediante un pasillo o dromos. Otras veces, el hipogeo se dividía en varios departamentos, que reflejaban la misma disposición de las casas de los vivos, como así otros detalles constructivos, los techos con la viga central en relieve y decorada, o las ménsulas pintadas que sirven de apoyo al centro de los frontones de los lados cortos; en su reproducción pictórica pueden apreciarse otros elementos estructurales, como columnas, puertas y armazones de madera.
La llamada "Tumba de la Caza y de la Pesca", descubierta en el siglo XIX y posiblemente perteneciente al siglo V a. de C., se aleja del esquema temático y figurativo que se repetirá hasta la saciedad; una de las habitaciones está decorada con un fresco "lleno de luz y aire", en el que pequeños botes pesqueros navegan en un mar repleto de peces, mientras varios pájaros revolotean por encima de las cabezas de los atareados personajes.
Al centro de una de las paredes laterales aparece un hombre lanzándose al agua desde lo alto de una roca, por la que sube un compañero preparado para seguirlo a un mar de superficie ondulada, en la que aparecen delfines y aves acuáticas.
En el frontón de la pared del fondo puede verse un banquete; un a pareja medio tumbada sobre unos cojines se miran y hablan, mientras un flautista toca y un sirviente llena las copas tomando la bebida de grandes recipientes; en la esquina opuesta, dos muchachas se entretienen tejiendo coronas de flores.
En la primera sala, el espacio está dividido por pequeños árboles de los que cuelgan cintas de colores, y en el frontón una escena de caza de liebre, en la que los señores, a caballo, son precedidos por los monteros y por perros de rastreo, mientras la presa, asustada, se esconde detrás de un arbusto; los sirvientes cierran el cortejo, colgando de sus hombros las piezas logradas.
Escenas llenas de serenidad que generan una agradable atmósfera para los difuntos, a los que se quería ofrecer una imagen alegre de la vida recién abandonada.
Las pinturas de la "Tumba de los Toros", de mediados del siglo VI a. de C., son muy arcaizantes; en uno de sus frescos aparece Aquiles junto a una fuente monumental, tocado con su yelmo corintio y dispuesto a asaltar a Troilo, el joven príncipe troyano que, desnudo y empuñando la pica, llega montado en su caballo.
Pertenecientes al siglo V a. de C., las pinturas de las tumbas "de las Leonas" y la "del Triclinio" reproducen escenas de danzas, y en la "Tumba de los Leopardos" se reproduce un festín. A la primera de las tres pertenece una pintura que representa al difunto asistiendo a su banquete funerario; reclinado en su lecho, sostiene en su mano el óbolo para pagar a Charun, Caronte, y de un clavo en la pared cuelga la corona de siemprevivas, repitiendo un tema que fue frecuente en los sarcófagos de ese mismo siglo.
Excavaciones dirigidas por Pietro Ronmanelli, entre 1934 y 1938, en la meseta al este de la actual Tarquinia denominada Pian di Civita, dejaron al descubierto parte del centro habitado de esta ciudad; en la colina de la Civita se hallaron los restos de los antiguos muros de Tarquinia, que no conformaban un cerco continuo, al erigirse sólo donde el lugar no estaba lo suficientemente protegido por sus defensas naturales.
Estas excavaciones, entre otros monumentos, sacaron a la luz el templo Ara della Regina 35 erigido a mediados del siglo IV a. de C., y en el lugar que ocupó uno más antiguo, del que quedan algunos restos arquitectónicos; apoyado y sostenido por una grandiosa construcción, el templo mide 35 metros de largo por 23 de ancho, compuesto por una cella interna flanqueada por dos alas, vanos abiertos hacia la parte frontal, donde presumiblemente estaban situadas cuatro columnas.
Las numerosísimas decoraciones de terracota recargaban el conjunto, que resaltaba por su colorido entre los edificios de la ciudad. Se conserva parte de la decoración de uno de sus frontones, dos caballos alados 36 que parecen esperar con ansia la señal de salida, revelando la musculatura sus nervios; enganchados a la carrosa de un dios, de la que sólo queda un eje, los cuellos fornidos están adornados por una cadena de la que cuelgan tres bolsas que contenían amuletos o perfumes y eran atributo de las familias patricias. Esta obra, de indiscutible carácter helénico y que puede datarse hacia el 300 a. de C., es ejemplo de los vínculos que Etruria siguió teniendo con Grecia, a pesar que a partir del siglo V a. de C. los etruscos fueran expulsados de Roma, perdieron la Campania y fueran acosados por celtas, griegos y romanos.
En la necrópolis de Villanova, en Tarquinia, o de los "monterozzi", se hallaron más de seis mil tumbas, en su mayoría del tipo celda o habitación; entre éstas se abrieron más de sesenta con restos de decoración pictórica, que habían sido profanadas con lo que muchas pinturas sufrieron daños irreparables y sólo una veintena de hipogeos son tesoros del rico patrimonio de las tumbas de Tarquinia.
Destaca la tumba que, debido al tema de las decoraciones y a la fecha de su descubrimiento tomó el nombre de las olimpiadas de Roma de 1960; en la pared izquierda se desarrolla la escena más viva e interesante, en la que cuatro carros protagonizan una violenta carrera hacia la victoria, y el vencedor, al alcanzar la meta, se vuelve admirar la distancia que lo separa de su inmediato seguidor y el ímpetu de la carrera desordena sus caballos, mientras con la mano derecha sostiene el látigo y con la izquierda las riendas, que terminan en un nudo detrás de la espalda; el auriga del segundo carro lleva la cabeza protegida por un casco azul; los caballos del tercero están realizando el último esfuerzo, y su conductor permanece indiferente ante el accidente que ha ocurrido a sus espaldas, uno de los caballos ha caído con las patas al aire, el otro se ha enfurecido, el carro ha quedado destrozado en el suelo y el auriga vuela por los aires tratando de agarrarse a algo con un movimiento agitado de brazos.
Las otras pinturas representan un combate de boxeo; una carrera de tres atletas, el salto y el lanzamiento de disco; un juego absolutamente peculiar tiene lugar en el ángulo formado por la pared derecha y la entrada, un individuo encapuchado y armado de bastón es alcanzado por otro personaje, que lleva un sombrero puntiagudo y una chaquetilla corta a cuadros, escena que se aclara con otras representaciones del mismo tema en la "Tumba de los Augures", donde el personaje encapuchado está luchando en varias ocasiones, y sin poder ver muchos de los golpes de su bastón dan en el vacío, obstaculados sus movimientos por la larga cuerda atada al cuello del perro y sostenida en el otro extremo por el individuo del sombrero de punta, al que una inscripción identifica con el nombre de Phersu 37.
También en Tarquinia, la "Tumba del Cazador" debe su nombre a su similitud de las pinturas que recuerdan un pabellón de caza; vigas de madera sujetan la tienda de resistente lona a cuadros que sirve de techo, mientras en las paredes está dispuesta una tela más ligera que en su transparencia deja entrever un cabrito que pasta en el exterior. De los palos interiores cuelga la presa, atada a los maderos, y el dibujo va intercalado con coronas, cintas y sombreros, en tanto que la suave brisa levanta ligeramente los bordes inferiores de la tienda.
En Porto Clementino, en el litoral de Tarquinia, existió una colonia romana llamada Gravisca, construida en parte sobre las ruinas de una ciudad etrusca que databa de principios del siglo VI a. de C., un centro de importantes proporciones que era el puerto de Tarquinia; las excavaciones llevadas a cabo en 1969 dejaron al descubierto tramos de sus calles, restos de sus casas y estructuras pertenecientes a edificios destinados al culto de las diosas griegas Hera, Afrodita, Deméter 38 y Apolo, mas el lugar de honor en el área sacra correspondía al culto de Afrodita, a la que el pueblo se dirigía incluso para pedir fecundidad 39.
En la necrópolis de Ischia di Castro, a orillas del Olpeta, entre 1958 y 1960, en una de sus tumbas se encontró un carro de madera y hierro con sus dos caballos40, que había sido enterrado en el corredor de la tumba; es un carro de desfile "... con caja de base cimborreada y pretil anterior curvilíneo, con manivelas laterales."41 Dos placas laterales del pretil merecen especial atención, ya que en cada una de ellas aparece representada una figura masculina desnuda durante una marcha, con los brazos extendidos hacia abajo y el cabello caído sobre sus hombros. La parte delantera del carro aparece decorada con palmeras.
En Pyrgi, en 1957 se excavó uno de los complejos sacros más importantes del mundo etrusco, dedicado a la diosa Huni42, conformado por una gran explanada a orillas del mar, un poco al sur del castillo de Santa Severa, zona donde existió el más conocido de los tres puertos de la antigua Caere, Pyrgoi43; en esta explanada se encontraron dos grandes templos paralelos y poco distantes entre sí que dan al mar, el primero de los cuales es de tipo toscano, con tres capillas o cellas y un amplio pronaos rodeado por columnas, que puede datarse hacia el 480 a. de C.; en su pared posterior se encontraron numerosos fragmentos de un altorrelieve de arcilla policromada, que decoraba la cabecera posterior de la gran viga central, aplicado a la viga mediante clavos de bronce; representa una escena de la guerra de los Siete contra Tebas44, cuyas figuras poseen un tamaño igual a las tres cuartas partes del natural. Se conservan una serie de terracotas arquitectónicas que decoraban este templo láminas, antefijas y acroterios, que eran sustituidos cuando se deterioraban por los agentes atmosféricos o por la acción del hombre45.
El otro templo es del tipo griego, con una sola cella rodeada por una columnata, fechado en el siglo VI a. de C.; de estos dos templos sólo quedan los cimientos, constituidos por grandes bloques cuadrados.
Este santuario se unía a Caere por una monumental calle de trece kilómetros, a cuyos lados se desplantaban túmulos de la época orientalizante; la calle irrumpía en la explanada justo por detrás del primer templo. En el área sacra de los dos templos se encontró "... en un pequeño recinto delimitado por bloques y planchas figulinas arquitectónicas ... las tres pequeñas láminas de oro, dos con inscripciones en etrusco y una en púnico ... También pertenecían al área sacra un altar cilíndrico y un pozo de inmolaciones en cuyo fondo se hallaron huesos de varios animales: un buey, un cochinillo, un tejón y un gallo."46
Estas láminas, fechadas a principios del siglo V a. de C., son un documento relevante para la historia de Etruria, dos con inscripciones etruscas, una larga y una breve, y una inscripción fenicia que es un resumen del texto etrusco; el texto fenicio dice que Thefarie Velianas, rey de Caere, dedicó un lugar sagrado a Astarté, divinidad fenicia. "Ofrecen sugerencias sobre la organización político-social de Etruria en general y de Caere en particular, antes de la gran agitación política de la Roma de finales del siglo VI a. de C. Confirman las relaciones púnico-etruscas, conocidas por fuentes históricas tan estrechas que hicieron decir a Aristóteles que etruscos y cartagineses eran parientes (el filósofo como buen griego asimilaba a los dos competidores más terribles del comercio griego en el Mediterráneo). A mediados del siglo VII a. de C. la alianza etrusco-cartaginesa puso en serio peligro, en las aguas de Córcega, la iniciativa focea de colonización del litoral marsellés. Al norte de Pyrgi, por otra parte, el poblado de Punicum (la actual Santa Marinella) denunciaba ya con su nombre la existencia de una base comercial fenicia; no es extraño, por tanto, que el "rey de Caere" rindiese un homenaje público a la diosa Astarté." 47 ya que estas tres laminillas de forma rectangular estaban fijadas por clavitos de oro en una pared de madera, o una puerta, para ser leídas por cualquiera y obligaban a respetar su contenido.
Al sur de Siena, cerca de Murlo y a poca distancia del río Ombrone, se encuentra un cerro boscoso de la vertiente oriental de las Colinas Metalíferas, Poggio Civitate; la cumbre de la colina aparece dividida en dos partes por un desnivel del terreno, cuya extremidad oriental recibía el nombre de Plano del Tesoro. Las excavaciones revelaron la presencia de edificios pertenecientes a dos fases arquitectónicas, perteneciendo el más antiguo al siglo VII a. de C., destruido por un incendio y sustituido poco después por el segundo conjunto, éste formado por un patio cerrado por cuatro alas de más de sesenta metros de longitud, tres de los cuales presentan pórticos con columnas que conforman un suntuoso palacio en tanto que el cuarto lado está conformado por un edificio aislado de forma rectangular el templo de este conjunto palaciego; al patio se accede por dos entradas abiertas en las alas oriental y occidental.
Todo el edificio, que puede datarse en el 575 a. de C., estaba cubierto por un techo decorado por terracotas arquitectónicas, formando un conjunto de interesantes elementos; las tejas rectas y onduladas presentan letras etruscas grabadas que servían como indicación para su correcta y ordenada colocación; las planchas de revestimiento hechas con molde están decoradas con escenas de distinto tipo, banquetes, carreras de caballos, reuniones de divinidades sentadas en sillas plegables, procesiones de carros en los que viaja una pareja sentada bajo una sombrilla, posiblemente como signo de prestigio. El grupo más original está formado por unas trece estatuas de tamaño natural, que representan varios personajes masculinos con barbas largas y estrechas de tipo oriental y dos femeninos sentados en un trono, con los brazos sobre las piernas y las manos dispuestas de forma variada como si llevaran algo, todos vestidos con largas túnicas y un sombrero terminado en punta y con alas anchas dobladas hacia arriba; la base está constituida por una gran teja curva lo que demuestra que las estatuas estaban dispuestas, en funciones de acroterio como decoración del techo, y dirigidas probablemente hacia el patio.
Este santuario, que constituía el centro político y religioso de la zona circundante, fue destruido y abandonado en el último cuarto del siglo VI a. de C. 48, cuando los edificios fueron arrasados y las terracotas enterradas en fosas posiblemente excavadas para ese fin, levantándose un terraplén alrededor del santuario, como para vedar la zona. Es posible que los autores de esta destrucción fueron los huestes de Clusium, la actual Chiusi, que precisamente a finales de ese siglo alcanzó un notable poder y manifestó miras colonialistas.
Uno de los grandes monumentos de la arquitectura etrusca es el templo de Portonaccio, en Veyos; sobre una base de piedra se levantaba una construcción con materiales perecederos, de madera y ladrillos crudos recubiertos con arcilla, decorada con relieves y caracterizada por una viva policromía. Junto a las tejas para la cobertura, se empleaban planchas aplicadas mediante clavos a la estructura de madera; por los aleros del tejado y como remate del mismo antefijas conformadas por esculturas de cabezas femeninas o de un sátiro; complementa la decoración las acróteras decoradas en la parte superior de los frontones y a lo largo de la viga de remate.
Perteneciente a finales del siglo VI a. de C., se complementaba con otras construcciones sacras anexas, rodeadas por un muro.
A seis kilómetros al norte de Viterbo, en Acquarossa, incendiada hacia el 500 a. de C., se encontraron datos relevantes sobre los poblados etruscos, cuyas viviendas estaban conformadas por paredes de caña y barro, y de edificios monumentales de este poblado que existió desde la segunda mitad del siglo VII hasta finales del siglo VI a. de C.; sobre una altura defendida de forma natural por sus empinadas pendientes y flanqueada por causes de agua49, surgió un grupo de edificios que, por su disposición, no parecían seguir un plano regular y prefijado.
Se descubrieron unas veinte casas, de las que quedan los cimientos y algunos elementos estructurales y decorativos de sus paredes; en muchas variantes, la planta tipo está constituida por tres habitaciones alineadas, cuyo acceso aparece en un lado largo o bien en uno corto; a menudo, delante de las tres habitaciones se desarrolla un cuarto espacio, que se abre a una galería o pórtico 50. Los cimientos se apoyaban directamente en la roca, sobre la que se extendían los suelos de tierra arcillosa batida; sobre los bloques cuadrados de toba de la base, las paredes de la casa estaban construidas mediante vigas verticales unidas entre sí por otras horizontales, introduciéndose en los espacios vacíos de la estructura cañas y pequeñas ramas, y después todo quedaba recubierto por arcilla prensada que una vez seca resultaba muy resistente. Junto a esta técnica, tipo reja, se utilizó la llamada "pisé", en la que los bloques del alzado se obtenían prensando la arcilla con telares o cajas especiales 51. Estos muros estaban bien protegidos de la interperie mediante las muy anchas capas del techo, canalizándose cuidadosamente su desagüe; esta cubierta se conformaba por pesadas tejas de terracota, cuya cara interior a menudo presentaba una elaborada decoración, caballos estilizados y elegantes pájaros en blanco sobre fondo rojo.
El hogar podía ser central, sobre un plano elevado entre 10 y 15 centímetros del suelo, garantizándose la salida del humo por un orificio en el techo, situado inmediatamente encima del hogar, que tenía como cierre un postigo redondo de terracota y manejable desde el interior por medio de una vara; o bien, el hogar aparece adosado a la pared del fondo de la habitación.
Exteriormente, los techos se decoraban con terracotas arquitectónicas más complejas: gárgolas, acróteras caladas, ladrillos curvos en forma de grifo o láminas decoradas de revestimiento.
La zona monumental encontrada en Acquarossa se estructura mediante dos edificios dispuestos en ángulo recto, delimitando un patio abierto; el primero se compone de habitaciones y frente a ellas un cuarto espacio con pórtico, mientras que el segundo es más complejo y articulado, también con pórtico que da al patio. "Delante del límite sur del edificio y unidas al mismo por un muro, han sido descubiertas otras estructuras pertenecientes a una construcción aislada que, según los estudiosos, data de un período anterior al del edificio en forma de L 52. Dicha construcción poseía quizá un carácter religioso, y fue respetada y conservada en el momento de la reestructuración urbanística de la zona." 53 Estos edificios conformaron la sede del poder político y religioso.
Pertenecientes a este conjunto son las terracotas más bellas e interesantes de los etruscos, antefijas en forma de cabeza femenina y planchas de revestimiento adornadas con bajorrelieves policromos; las planchas conforman dos series:

- Decorada con escenas en las que predomina Hércules junto al toro de Creta o al león de Nemea 54.

- Más reciente, representaciones de un banquete, o figuras de bailarines.
"La orfebrería, o por mejor decir, la joyería etrusca, es una de las más brillantes de la antigüedad. Por fortuna, es también una de las más conocidas, a consecuencia del gran número de ejemplares que de ella se han conservado. En los siglos VII al V, los etruscos emplearon casi constantemente un método de ornamentación que les fue privativo y que se basó en decorar la lámina de oro, ya martillada, mediante una combinación de la filigrana y de la técnica de la granulación. Esta técnica consistía en reducir el oro a diminutas bolitas esféricas que mediante un procedimiento que ignoramos, se lograba adherir fuertemente a la plancha. Con tales minúsculas bolitas se trazaron adornos y figuras (perros, pájaros, esfinges, leones, etcétera). En algunos de los joyeles el contraste entre el repujado figurativo y este tipo de adorno consiguió resultados de gran efectivismo, como puede verse, por ejemplo, en el pinjante áureo con cara de un dios barbudo y bicorne (Aqueloo?) que forma parte de un aderezo ... Sin embargo, con el transcurso de los años esta técnica se perdió y se adoptó la de componer los joyeles con piezas de metal repujado que se enlazaban mediante charnelas." 55
Obras etruscas de belleza sin igual son los espejos de bronce, una de cuyas caras aparecía bruñida para generar la superficie reflejante y la otra decorada con variadísimos temas, al igual que sus pies, que reproducen detalles de la vida cotidiana etrusca o escenas mitológicas, siguiendo los lineamientos de las cistas, ejemplificado en el cofrecillo o Cista Ficorini, firmada por Novios Plautios, que narra un capítulo de las gestas de los Argonautas, en la que Pólux, uno de los Dioscuros, ha atado a un árbol a Amykos, rey de los beribraces de Bitinia, después de vencerlo en el pugilato, mientras que una Niké vuela sobre los personajes llevando una corona; esta es una obra en que el artista etrusco logró la perfecta simbiosis entre su cultura y la griega, de la que dependieron durante todo su historia cultural.
"En resumen, el arte etrusco no produjo ninguna obra monumental que revista aquel valor extremado que hemos encontrado en otras civilizaciones. No edificaron templos colosales ni dejaron grandes sepulturas que destacasen extremadamente por su monumentalidad. Rama desgajada de la cultura jónica griega, fueron asimilando, en realidad, otras peculiaridades del gran arte de Grecia, así como, desde su asentamiento en Italia, habían aceptado algunos aspectos de las civilizaciones de los antiguos moradores del país. Así pudieron orientar, con su cultura, basada principalmente en la vieja tradición del Oriente, el nacimiento del arte de la nueva madre de los pueblos: la Urbe romana." 56
"Al terminar la expansión etrusca, comenzó la lenta ascención de Roma que permitió a las tropas del pueblo latino ir imponiéndose progresivamente en la península y absorber a los samnitas, lucanos, umbros, vénetos y ligures y enfrentarse con las colonias griegas establecidas en el sur de Italia y en Sicilia. Este destino que obligó a Roma a englobar la península entera, habría de conducirla también a oponerse a las aspiraciones hegemónicas de los cartagineses. Con las crisis de las Guerras Púnicas, acabó por poner el pie en todo el Occidente mediterráneo, conquistando sucesivamente Narbona, España y el Norte de África, al mismo tiempo que se apoderaba de Grecia y de los reinos helenísticos del Cercano Oriente.
"Así, en unos cuantos siglos, llega Roma a convertirse en la capital de un Imperio que hizo del Mediterráneo un "lago romano", como el poderío ateniense había hecho, cinco siglos antes, un "lago griego" del Egeo. ... los inmensos territorios que se sometieron al emperador iban desde el Atlántico al golfo Pérsico y desde Escocia hasta el Sahara ..." 57
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