Las canciones de la guerra civil no son simples composiciones musicales, representan la otra lucha de dos bandos irreconciliables, la lucha de las palabras. En






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Las canciones de la guerra civil no son simples composiciones musicales, representan la otra lucha de dos bandos irreconciliables, la lucha de las palabras. En esta sección conoceremos las letras de algunos de los principales himnos y canciones que fueron cantados por combatientes de uno u otro bando durante el periodo bélico.

MARCHA TRIUNFAL
A LAS BARRICADAS

Este himno anarquista tiene una gloriosa historia revolucionaria y es,al mismo tiempo, una de las canciones más populares de las clases trabajadoras de Polonia, la Unión Soviética y la Alemania antifascista, por las cuales es conocido con el título de "Varchavianka". Su autor lo compuso en la cárcel en 1884. (Carlos Palacio, "Colección de Canciones de Lucha")

La "Varchavianka", "Warschawjanka" o "Varsoviana" fue compuesta, en 1883, por el poeta polaco Waclaw Swiecicki, cuando estaba encerrado en una prisión de Varsovia, en un momento en que el movimiento obrero polaco sostenia duras luchas reivindicativas y peleaba contra la ocupación rusa. La canción se basó en un tema popular polaco (otras versiones apuntan a "La Marcha de los Zuavos" o "Les Hussards de Bercheny"). Se cantó, por vez primera, en la manifestacion obrera del 2 de marzo de 1885 en Varsovia y se popularizó y versioneo en toda Europa por la solidaridad del movimiento obrero con Polonia.

Con el nombre "Marcha triunfal" y subtitulo "¡A las barricadas!", se publicó la partitura, en noviembre de 1933, en el suplemento de la revista "Tierra y Libertad" de Barcelona. Los arreglos musicales para coro mixto los hizo Ángel Miret y la adaptación de la letra al español Valeriano Orobón Fernández. Junto a la letra se señalaba que esta canción, de carácter sindicalista, la habían traído a España unos anarcosindicalistas alemanes y se había ya hecho popular, sobre todo entre los jóvenes, sustituyendo a la tradicional canción anarquista española "Hijos del pueblo".
A LAS BARRICADAS
Negras tormentas agitan los aires
nubes oscuras nos impiden ver,
aunque nos espere el dolor y la muerte,
contra el enemigo nos llama el deber.
El bien más preciado es la libertad
hay que defenderla con fe y valor,
alza la bandera revolucionaria
que llevará al pueblo a la emancipación
alza la bandera revolucionaria
que llevará al pueblo a la emancipación.
En pie pueblo obrero, a la batalla
hay que derrocar a la reacción.
¡A las barricadas, a las barricadas,
por el triunfo de la Confederación!
¡A las barricadas, a las barricadas,
por el triunfo de la Confederación!
EN LA PLAZA DE MI PUEBLO

Procedentes de los distintos cancioneros que conocía o recogidas por él mismo, García Lorca había armonizado para piano varias canciones populares españolas, que interpretaba en muy diversas ocasiones. Diez de estas canciones fueron grabadas para la firma La Voz de su Amo y editadas en discos gramofónicos. El propio García Lorca interpretó el piano en este registro, acompañando a La Argentinita (Encarnación López Júlvez); que cantó y tocó los palillos. El acompañamiento instrumental se reduce al piano y los palillos, más algún taconeo, excepto en Anda jaleo, que hay acompañamiento de orquesta. Esta grabación, de la que no quedó más soporte que los propios discos, por estar realizada antes de la era del magnetófono, es el documento sonoro más personal que se ha conservado del genial poeta granadino.
Los discos de gramófono, de un diámetro de 25 cm. y de 78 revoluciones por minuto, contenían un tema por cada cara, y salieron cinco, lo que totalizaba diez canciones: "Zorongo gitano", "
Los cuatro muleros", "Anda jaleo", "En el Café de Chinitas", "Las tres Hojas", "Los mozos de Monleón", "Romance de los Pelegrinitos", "Nana de Sevilla", "Sevillanas del siglo XVIII" y "Las morillas de Jaén".
Los discos se pusieron a la venta a lo largo del año 1931 y tuvieron una gran aceptación. Las canciones, todas de origen tradicional, alcanzaron con esta versión una popularidad extraordinaria. A partir de este momento, La Argentinita las convirtió en piezas fundamentales de su repertorio y las difundió no sólo por los escenarios españoles, sino también por los de Europa y América. García Lorca también las incluyó en sus montajes teatrales y las interpretó en privado y en público, tanto solo como acompañando a La Argentinita o a otras cantantes.
Las versiones que contienen de estas canciones no sólo son las que podemos considerar genuinas de estos dos artistas únicos, sino también las que se popularizaron hasta convertirse en piezas claves del cancionero popular español de la República y de la Guerra Civil. Sobre todo en el bando republicano, fueron muy utilizadas algunas de las melodías, como las de "Anda Jaleo" y "Los Cuatro muleros", pero con textos alusivos a la contienda.
En la postguerra, proscrita toda la obra de Federico García Lorca, estos discos desaparecieron prácticamente de la circulación. Los vencedores iban a demostrar que con el asesinato de Viznar, uno de los más significativos y brutales atentados que se hayan cometido contra la libertad personal y de creación artística, se buscaba algo más que la desaparición física del poeta; también se perseguía la aniquilación total de su obra.
("La Argentinita", García Lorca y las Canciones Populares Antiguas por Pedro Vaquero)

"El Café de Chinitas" es una antigua petenera malagueña que cuenta una anécdota del famoso torero gaditano Francisco Montes Reina 'Paquiro" (1805-1851) en pleno siglo XIX en el Café de Chinitas, prestigioso local de cante flamenco. Un "germano" (delincuente de baja estofa) lo desafía a pelear; se citan en la calle; pero el matón no comparece.
EN LA PLAZA DE MI PUEBLO
En la plaza de mi pueblo
dijo el jornalero al amo
"Nuestros hijos nacerán
con el puño levantado".
Esta tierra que no es mía
esta tierra que es del amo
la riego con mi sudor
la trabajo con mis manos.
Pero dime, compañero,
si estas tierras son del amo
¿por qué nunca lo hemos visto
trabajando en el arado?
Con mi arado abro los surcos
con mi arado escribo yo
páginas sobre la tierra
de miseria y de sudor.

TRAGALA

Esta canción es de la época de la revolución de 1820, parece ser que se empezó a cantar en Cádiz, donde nació la constitución de 1812 y se extendió paralelamente al Himno de Riego. El propio General Rafael de Riego ordenó, al entrar en Madrid, que se difundiera esta composición. Toda ella es una sátira contra Fernando VII y sus seguidores. Fue tan popular, que hasta el mismo Fernando tuvo que prohibirla, sin que ello fuese motivo para que se dejase de cantar con la misma vehemencia y entusiasmo.
El Trágala, con diferentes letras, se cantó también durante la II República y la guerra civil. Presentamos dos versiones de la letra; la primera la recopiló Carlos Palacio para el libro Cantos de Lucha, la segunda se grabó durante la guerra.


TRAGALA


Desde los niños
hasta los viejos,
todos repiten:
Trágala, perro...

Trágala, dicen
a los camuesos
que antes vivían
del sudor nuestro.
Ya se acabaron
aquellos tiempos.
¡Ea!, Manola,
no hay más remedio.
Trágala, perro...

Acabó el dulce
chocolateo
que antes teníais,
¡oh, reverendos!,
y el ser los solos
casamenteros
y algo más. Cuando
podía serlo.
Trágala, perro...

También se frustran
vuestros proyectos,
necias feotas,
que presumíais
con tanto empeño
aherrojarnos
cual viles siervos.
Trágala, perro...

Cámaras nunca,
en jamas veto:
o ley o muerte
y Viva Riego.
Burlados quedan,
así no menos,
y cabizbajos
los anilleros.
Trágala, perro...


TRAGALA

Tú que no quieres
lo que queremos
la ley preciosa
do está el bien nuestro.
¡Trágala, trágala,
trágala perro!
¡Trágala, trágala,
trágala perro!

Tú de la panza
mísero siervo
que la ley odias
de tus abuelos.
porque en acíbar y lloro ha vuelto
tus gollerías y regodeos

Tú que no quieres
lo que queremos
la ley preciosa
do está el bien nuestro.
¡Trágala, trágala,
trágala perro!
¡Trágala, trágala,
trágala perro!

Busca otros hombres,
otro hemisferio,
busca cuitado
déjanos quietos,
donde no sabe
que a voz en cuello
mientras vivieres
te cantaremos:

Tú que no quieres
lo que queremos
la ley preciosa
do está el bien nuestro.
¡Trágala, trágala,
trágala perro!
¡Trágala, trágala,
trágala perro!

Dicen que el «¡Trágala!»
es insultante
pero no insulta
más que al tunante.
Y mientras dure
esta canalla
no cesaremos
de decir `¡Trágala!'

Tú que no quieres
lo que queremos
la ley preciosa
do está el bien nuestro.
¡Trágala, trágala,
trágala perro!
¡Trágala, trágala,
trágala perro!

¡Trágala, trágala,
trágala perro!
¡Trágala, trágala,
trágala perro!

EL PASO DEL EBRO - AY, CARMELA
VIVA LA 15ª BRIGADA

¡Ay, Carmela! era una canción popular del siglo XIX, que cantaban los guerrilleros españoles que luchaban contra las tropas de Napoleón en 1808. En el transcurso de los años su letra se adaptó a las circunstancias sociales y políticas. En la guerra civil se cantó con diversas versiones y se la conoce con distintos títulos. Las dos versiones que presentamos hacen mención a la batalla del Ebro y a la XV Brigada Internacional.

La salida al mar de los franquistas había dejado en Cataluña un importante núcleo de las fuerzas más combativas del Ejército republicano. Con ellas fue creado el famoso «Ejército del Ebro».
Los franquistas iniciaron a comienzos de junio una ofensiva sobre Levante. El 16 de junio entraron en Castellón. Tres días antes, el Gobierno francés había dado otra prueba de su enemistad a la República española con el cierre total de la frontera franco-española.
Cada vez más acuciados por sus valedores extranjeros, los franquistas reanudaron su ataque en Levante. El 14 de julio nueve divisiones enemigas se dirigieron contra Valencia y Sagunto y, simultáneamente, otras fuerzas fascistas iniciaron un ataque sobre Almadén. Pero, en esa segunda mitad de julio, cuando la situación en la zona Centro-Sur había llegado a un punto de máxima gravedad, las fuerzas republicanas bajo la dirección de los camaradas Modesto y Líster, secundados por los comisarios políticos que, como los comunistas Santiago Álvarez, Luis Delage, Matas, Farré y otros realizaron un gran trabajo político, pasaron el Ebro entre Mequinenza y Amposta e iniciaron así la más dura y prolongada de las batallas de la guerra.
En ella se cubrió de gloria el Ejército del Ebro, los efectivos del cual no llegaban a la décima parte de los del Ejército Popular. El retuvo durante 113 días a la fundamental masa de maniobra del Ejército enemigo, constituida por no menos de 13 divisiones, todos los tanques, la mayor parte de la artillería y la casi totalidad de la aviación. Más de 1.300 aviones fascistas extranjeros participaron en la batalla.
Entusiasmado el pueblo por el paso del Ebro realizado por su Ejército, por el Ejército Popular, al que los capituladores daban ya por no existente, manifestaba su alegría y su emoción en canciones que resonaban en los frentes y en la retaguardia.
(Historia del Partido Comunista de España - París 1960)

La XV Brigada fue formada en Albacete el 9 de febrero de 1937. La formaban los batallones 8 de febrero, Dimitrov y Británico. Poco después llegaron los norteamericanos, el último contingente en aparecer, pero no por el ello el menor, con su aportación de cerca de 3000 hombres, un tercio de los cuales dejarían la tierra de España como mortaja. Se agruparon en el Batallón Abraham Lincoln y estuvo en ciernes la creación de un Batallón Washington. Cuando llegaron los canadienses se les integró en el Batallón Mackenzie-Papineau. Con los americanos del Lincoln también fue integrado el numeroso contingente de cubanos que habían llegado a España, aunque ya había cubanos luchando desde la batalla de Madrid, entre los que cabe citar al poeta Pablo de la Torriente Brau, muerto en Majadahonda (frente de Madrid) en noviembre de 1936. El primer contingente de norteamericanos en llegar a España estaba constituido por 96 hombres que abandonaron Nueva York en el SS Normandie, y llegaron a España el día de Año Nuevo. Para entonces la frontera franco-española se había cerrado, siguiendo los acuerdos del Comité de No-Intervención, con lo que los hombres tenían que pasar a España con la ayuda de guías tras una agotadora travesía por el Pirineo desde Perpignan, hasta llegar a Figueras. Allí recibían unos días de instrucción, hasta que quedaba preparado el convoy que, tras varias jornadas de viaje en tren, les llevaría a Albacete y desde allí a Tarazona de la Mancha y Madrigueras, o a Villanueva de la Jara, en la provincia de Cuenca. http://www.harryfisher.net/sp/a1.html
AY CARMELA
El Ejército del Ebro,
rumba la rumba la rumba la.
El Ejército del Ebro,
rumba la rumba la rumba la
una noche el río pasó,
¡Ay Carmela! ¡Ay Carmela!
una noche el río pasó,
¡Ay Carmela! ¡Ay Carmela!
Y a las tropas invasoras,
rumba la rumba la rumba la.
Y a las tropas invasoras,
rumba la rumba la rumba la
buena paliza les dio,
¡Ay Carmela! ¡Ay Carmela!
buena paliza les dio,
¡Ay Carmela! ¡Ay Carmela!
El furor de los traidores,
rumba la rumba la rumba la.
El furor de los traidores,
rumba la rumba la rumba la
lo descarga su aviación,
¡Ay Carmela! ¡Ay Carmela!
lo descarga su aviación,
¡Ay Carmela! ¡Ay Carmela!
Pero nada pueden bombas,
rumba la rumba la rumba la.
Pero nada pueden bombas,
rumba la rumba la rumba la
donde sobra corazón,
¡Ay Carmela! ¡Ay Carmela!
donde sobra corazón,
¡Ay Carmela! ¡Ay Carmela!
Contraataques muy rabiosos,
rumba la rumba la rumba la.
Contraataques muy rabiosos,
rumba la rumba la rumba la
deberemos resistir,
¡Ay Carmela! ¡Ay Carmela!
deberemos resistir,
¡Ay Carmela! ¡Ay Carmela!
Pero igual que combatimos,
rumba la rumba la rumba la.
Pero igual que combatimos,
rumba la rumba la rumba la
prometemos combatir,
¡Ay Carmela! ¡Ay Carmela!
prometemos combatir,
¡Ay Carmela! ¡Ay Carmela!

HIMNO DE RIEGO

El siglo XIX es, en España, el siglo de los himnos. Ya en 1808 aparece el Himno de la Victoria, con letra del poeta Arriaza y música de Fernando Sor. En 1809 se impone el titulado Los defensores de la Patria y año tras año se van subrayando los diversos acontecimientos históricos con otros himnos, de los que se recuerdan: A las víctimas del dos de mayo, con letra de Juan Nicasio Gallego y música de Rodríguez Ledesma; A la entrada del Duque de la Victoria a Cádiz; Al pendón morado; Al restablecimiento de la Constitución, etc. Existió también, y fue muy popular, el Trágala, con el que los liberales zaherían a sus adversarios absolutistas y que tomó su nombre del estribillo: "Trágala, trágala, tú servilón" y que ha dado lugar a un sustantivo registrado en el Diccionario de la Real Academia Española. Otro, la Marcha de Cádiz, se convirtió en himno popular durante la guerra de Cuba y no son pocos los que habrán oído el Gloria a España, de Clavé.
Entre los himnos regionales, los más difundidos son el Guernikako arbola, del versolari Iparaguirre, Els segador y el himno gallego de Pondal.
Pero de todos estos himnos, nacidos la mayoría de ellos en los azarosos días del absolutismo y por tanto invocaciones a la libertad perdida, el de Riego, a Riego, como escribieron sus autores, es el que ha tenido mayor fortuna. Tanta que muy pronto, el 7 de abril de 1822, fue declarado oficialmente himno nacional. Himno que no sólo entonaron los liberales y luego los republicanos, sino también el propio Fernando VII, desde uno de los balcones del Palacio Real de Madrid ante un enfervorecida multitud.
Así mismo, el Himno de Riego fue proclamado himno y marcha oficial de la Segunda República española, a pesar de ciertas resistencias que consideraban su música ramplona y poco adaptada las circunstancias. Por ello, la noche del 27 de abril de 1931 se dio a conocer en el Ateneo madrileño una composición con letra de Antonio Machado y música de Oscar Esplá, dos hombres prestigiosos, con el fin de que fuera declarado himno nacional. La interpretaron ante la presencia de Don Manuel Azaña, ateneísta de pro y futuro presidente de la República, la entonces famosa cantante Laura Nieto y la prestigiosa Banda Real del Cuerpo de Alarbaderos, ya suprimida y cuyos maestros vestían el clásico esmoquin.
Al día siguiente del estreno, el diario El Sol, de tan destacada influencia, opinó que "si se desecha el actual himno (se refería a la Marcha Real) no debe ser aceptado ninguno de los conocidos hasta ahora, pues son muy malos. El que ayer ejecutó la Banda de Alarbaderos, convertida en banda republicana, original del maestro Esplá, es una pieza poco inspirada, basada en la opereta El desfile del amor".
La realidad es que este nuevo himno carecía de esa solemnidad marcial y de esa garra popular y cierta pegadiza sonoridad que debe tener toda composición que aspire a convertirse en himno de una colectividad. Por ello, y gracias a la insistencia de Azaña, que se consideró heredero de los liberales del siglo XIX, el himno de Riego fue proclamado oficialmente himno de la República española. Así, y por dos períodos liberales y progresistas, ha sido el himno de todos los españoles. "El Himno de Riego -escribió Pío Baroja-, no cuajó en la segunda república porque carecía de relación, exacta o aproximada, con ella. El himno, decía, es callejero y saltarín; la República fue sesuda y jurídica. La República no era heredera de los hijos del liberalismo; Mina, Riego, el Empecinado, sino más bien obra de los hijos espirituales de Salmerón, Pi y Margall y Ruiz Zorrilla." El novelista vasco atribuye este fracaso a la letra. Los liberales, escribe, no supieron adaptar las palabras a cada momento histórico y pecaron de académicos o de ramplones y llega a sentenciar: "Hay que reconocer que oficialmente y popularmente, no tiene letra".
Sin embargo, el Himno de Riego tuvo letra desde su nacimiento en febrero de 1820, y fue adaptando muchas más a lo largo del tiempo. Su primer autor fue el compañero de Riego y figura relevante a lo largo del siglo XIX, Evaristo San Miguel. Asturiano como Riego, liberal y escritor, tenía como el autor del levantamiento en Las Cabezas de San Juan, alma ardiente y un espíritu exaltado.
Esta letra que ha llegado hasta nosotros, se encuentra recogida en el opúsculo que "el ciudadano Mariano Cabreriza dedica al ciudadano Riego y a los valientes que han seguido sus huellas", donde se recopilan una colección de canciones patrióticas de la época.
Existía otra letra de Alcalá Galiano que decía:"Patriotas guerreros/blandió los aceros". Según la maliciosa suposición de este último, a Riego no le gustó este texto porque su nombre no se mencionaba expresamente. En 1836 se escribió una nueva letra titulada La moderación: "Que mueran los que claman/por la moderación/ para atacar los fueros/ de la Constitución".
Muchos años después, ya en vida de Baroja, un diario donostiarra reprodujo como auténtica la letra anticlerical que todos conocemos: "Si los curas y frailes supieran/ la paliza que van a llevar/ subirían al coro cantando/ libertad, libertad, libertad".
Muy distinto es el caso del autor o los autores de la música. La mayoría de los historiadores, siguiendo a Mesonero Romanos, da como autor a don José María de Reart y Copons, militar heroico que había servido en el Ejército español y perdió una pierna durante la guerra de la Independencia. Había nacido en Peronan en 1784 y muerto en Madrid en 1857. Parece ser que se sentía asombrado del éxito de su contradanza. Pero se ha atribuido a otros muchos autores. Así, Grimaldi, en la revista El Averiguador, de 1871, la atribuía al profesor don Manuel Varo, que la compuso en Morón y que era músico mayor de la charanga de la caballería que Riego llevaba en su columna.
Otra atribución de esta popular musiquilla aparece en la Historia de la Revolución española desde la Guerra de la Independencia hasta la Revolución de Sagunto, que dejó inconclusa Blasco Ibáñez. Aquí se dice que el autor musical del Himno fue un tal Gomis. Debe referirse con seguridad a José Melchor Gomis, músico mayor del regimiento de Barcelona y autor de óperas, que se trasladó a Madrid en 1820 como director de músicos de la Guardia Real.
Pero lo cierto es que el tal Gomis fue sencillamente el adaptador del himno para banda. Su autoría, en cambio, está clara en la ópera Riego en Sevilla, que fue repuesta en Barcelona en 1854. Pero no queda ahí la cosa. Adolfo Salazar, en su libro Los grandes compositores, dice que "entre los papeles inéditos de Barbieri se encuentra una carta en la que se da como autor del Himno de Riego a un tal don Antonio Hech, músico mayor del regimiento de Granada". El señor Hech, de origen suizo y llegado a España cuando la Guerra de la Independencia, habría escrito el himno en 1822, por lo cual recibió una recompensa de las Cortes que se trocó después en persecuciones. La proposición presentada a las Cortes en abril de 1822, para que se declarara oficial el Himno, no menciona a su autor. El acta dice que se trata de una marcha verdaderamente española.
Por si todo esto fuera poco, don José María Sans Puig, en un trabajo titulado Riego, un mito liberal, aparecido en Historia y Vida, añade que también al Himno se le da un origen anónimo. "Quien presencie las fiestas patronales de los pueblos del hermoso valle de Benasque, podría oír una típica y alegre danza popular llamada ball de Benás", cuyo origen se pierde en la noche de los tiempos. A esta música le acompaña el seco e insistente repiqueteo de unas castañuelas de madera de haya de gran tamaño.
Lo curioso es que cuando en el verano de 1939, los del valle de Benasque intentaron danzar su tipiquilla musiquilla, las autoridades franquistas se lo prohibieron, ya que les pareció totalmente el republicano Himno de Riego. Los del valle manifestaron entonces que ellos nunca bailaron el popular Himno, sino que, por el contrario, fue el famoso general asturiano el que había copiado y adaptado su música para servir a la revolución liberal.
¿Qué hay de cierto en toda esta historia? Nunca lo sabremos. Pero lo que hoy nos interesa comprobar es la pervivencia y popularidad del llamado Himno de Riego, que a pesar de su persecución en diferentes periodos de la historia reciente de España sigue conservando ese tonillo liberal y callejero, al que muchos españoles somos tan aficionados. Porque algo tendrá esa controvertida contradanza cuando, como a Homero y Cervantes, se la disputan tantos y tan variados músicos.

HIMNO DE RIEGO
Serenos y alegres
valientes y osados
cantemos soldados
el himno a la lid.
De nuestros acentos
el orbe se admire
y en nosotros mire
los hijos del Cid.
Soldados la patria
nos llama a la lid,
juremos por ella
vencer o morir.
El mundo vio nunca
más noble osadia,
ni vió nunca un día
más grande el valor,
que aquel que, inflamados,
nos vimos del fuego
excitar a Riego
de Patria el amor.
Soldados la patria
nos llama a la lid,
juremos por ella
vencer o morir.
La trompa guerrera
sus ecos da al viento,
horror al sediento,
ya ruge el cañon
a Marte, sañudo,
la audacia provoca
y el ingenio invoca
de nuestra nación.
Soldados la patria
nos llama a la lid,
juremos por ella
vencer o morir.
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