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e) Valencia
Esta “comarca” está formada por el actual término municipal de Valencia, que en esta época englobaba diferentes municipios. Se encuentra en el centro de la Huerta y era por ello una zona muy productiva, que aprovechaba los abundantes abonos de la capital, así como el riego de las acequias del Turia, que llegaban a más del 90 % de la tierra. Los cultivos eran muy variados, pero destacaban la morera, el arroz, el trigo, el azafrán y las naranjas1. Esta zona era probablemente la más rica del antiguo reino de Valencia, con una agricultura floreciente que provocaba el asombro de los visitantes extranjeros. Von Rahden sostenía que Valencia era la tierra más bella del mundo, un paraíso terrenal, en el que la naturaleza no daba tregua a la producción2. La misma opinión tenía el príncipe Lichnowsky, quien afirmaba que “la belleza y fertilidad de esta tierra privilegiada son imposibles de describir. No hay ciudad en Europa cuyos alrededores puedan ser comparados con los de Valencia3. La única excepción, aunque no nos lo digan estos testimonios, la formaban Pueblo Nuevo del Mar y Villanueva del Grao, que se dedicaban casi en exclusiva a la pesca y que destacaban por la pobreza de sus habitantes4.

Pero la agricultura no era la única fuente de riqueza, ya que la ciudad disponía, además, de una importante manufactura sedera, que era en parte doméstica (campesinos de los alrededores) y en parte gremial (artesanos urbanos), ya que cada grupo se encargaba de una parte del proceso. Y aunque este sector entró en crisis a finales del siglo XVIII, empezó a recuperarse tras la guerra de la Independencia, triplicando el número de telares en el periodo 1813-1833. Así pues, cuando empezó el conflicto carlista la industria sedera valenciana parecía estar superando 40 años de dificultades. Además, entre 1836 y 1840 experimentó un desarrollo importante, incrementándose notablemente las fábricas de hilar e introduciéndose las primeras máquinas de vapor5.

Por otra parte, en Valencia residía una importante burguesía que controlaba el gran parte de la tierra de la Huerta y que después cedía en arrendamiento a los campesinos de los alrededores. Esta clase social urbana fue la principal beneficiaria de la desamortización, por lo que se convirtió en una de las mayores defensoras del liberalismo. Por otra parte, las principales familias nobiliarias valencianas residían en la capital y disponían también de gran cantidad de tierras en la comarca, al igual que el clero. Para hacernos una idea de su importancia, baste señalar que los campesinos sólo tenían un 13 % de las tierras cultivadas en el término municipal, por un 47 % de la burguesía, un 20 % de la iglesia y un 19 % de la nobleza6.

A continuación venía una clase media formada por clérigos, hidalgos, comerciantes y profesionales liberales, que ascendía, en 1787, al 10,4 % de la población. O a un 28,1 % si incluímos también a los artesanos, que eran bastante numerosos, debido a la demanda de la clase alta y media. Y por último vendría el proletariado, formado por criados, jornaleros y fabricantes, que suponían el 61,8 % de los vecinos de la ciudad. En cuanto a los labradores, eran escasos en Valencia, pero no así en Ruzafa y en Benimámet, donde constituían la mayor parte de la población7. Como podemos ver, Valencia era una ciudad con enormes desigualdades sociales, donde una minoría opulenta y una importante clase media convivían con una gran masa de desposeídos. Estas personas vivían al borde de la subsistencia y una crisis económica podía llevarlos a la indigencia8. No obstante, los altos rendimientos agrarios, la existencia de un importante sector manufacturero y la gran demanda de criados hacían que los más pobres de la ciudad no tuvieran en esta época demasiados problemas para

CUADRO 45- ANÁLISIS DE VALENCIA Y DE LAS PRINCIPALES POBLACIONES DE LOS ALREDEDORES





Número de habitantes hacia 1845

Carlistas por cada 1.000 habitantes

Días que fue ocupada pacíficamente por los carlistas

Milicia liberal

Donativos para el gobierno liberal por cada 1.000 habitantes

Noticias que indican la orientación política del municipio

Grado de carlismo

Prisioneros o indultados

Informes municipales (y jefes)

Veces que se movilizó

Milicianos por cada 1.000 habitantes

A favor de los liberales

A favor de los carlistas

Valencia9


66.355

1,1

1,2 (8 jefes)

0

13

66,0

2.006 reales

16

7


1,5

+1

-1 (+0,5)

0

-1,5

-1

-1

-1

Ruzafa


9.075

0,3

0,9

0

0

Sin datos

220 reales

0

0


0

0

-1 (-0,5)

0

0

0

-0,5

0

Pueblo Nuevo del Mar10


4.857

0,2

No hay

1

0

Sin datos

0 reales

0

0


3

0

0

0

0

0

+1

0

Villanueva del Grao11


2.736

1,8

No hay

1

0

Sin datos

29 reales

0

0


3,5

+1

0

0

0

0

+0,5

0

Campanar


1.614

1,2

No hay

1

0

Sin datos

1.239 reales

0

0


2


+1

0

0

0

0

-1

0

Benimámet


1.170

1,7

3,4

2

0

Sin datos

199 reales

0

0


1,5

+1

-0,5

0

0

0

0

0

Fuente: Boletín Oficial de la Provincia de Zaragoza, Diario Mercantil de Valencia, Diario de Valencia, Diario de Avisos de la Ciudad de Valencia, Diario de la Ciudad de Valencia, El Turia, Boletín Oficial de la Provincia de Castellón de la Plana, El Satanás, Diario de Zaragoza. Archivo de la Diputación Provincial de Valencia, Archivo del Reino de Valencia, Archivo Histórico Municipal de Valencia, Anónimo, Fastos españoles…, Madoz. P, Diccionario geográfico-estadístico…., Lichnowsky. F, Recuerdos…, Una reunión de amigos colaboradores, Panorama español…, Calbo y Rochina. D, Historia de Cabrera…, Boix. V, Historia de la ciudad…, Segura. J, Morella y sus aldeas, Morella y Villarreal, Imprenta de Javier Soto y Ayuntamiento de Morella, 1868-1991. Ferrer. M, Acedo. J y Tejera. D, Historia del tradicionalismo español, Sevilla, Ediciones Trajano y Editorial Católica Española, 1941-1960 (elaboración propia).

encontrar trabajo. Como ejemplo podemos comparar el 7,5 % de pobres censados, que había en 1833 en Valencia, con el 20 % de Xàtiva y el 29 % de Orihuela, las únicas ciudades valencianas donde el carlismo tuvo un apoyo importante12.

Otro tema a destacar es el status jurídico de los municipios, que se hace necesario analizar, como ya he hecho en otras comarcas. Valencia, como casi todas las ciudades valencianas, pertenecía a la corona, que también poseía Ruzafa, Villanueva del Grao, Pueblo Nuevo del Mar y Campanar. En cuanto a Benimámet, era un señorío eclesiástico, ya que dependía del monasterio de San Miguel de los Reyes13. Sin embargo, aunque la ciudad y los principales municipios cercanos fueran de realengo, la situación económica era relativamente buena, lo que permitió a los campesinos sobrellevar bastante bien los nuevos impuestos del Trienio Liberal. Al mismo tiempo, había trabajo para los artesanos y el proletariado, que además se vieron beneficiados por el descenso de los precios del trigo, que era una pieza básica de su alimentación. Y si bien es cierto que gran parte de las tierras de la zona pertenecían a la iglesia, parece que los campesinos las trabajaban con arrendamientos que se actualizaban con bastante frecuencia, con lo que debían ser bastante altos14. De esta manera, a estos cultivadores les tenía sin cuidado si la iglesia perdía sus tierras en la desamortización, ya que no esperaban que su situación fuera a empeorar con el cambio de dueño.

Por otra parte, el clero de la capital resultó ser uno de los más liberales del País Valenciano, a lo que contribuyó la existencia de la universidad literaria, pionera en el movimiento ilustrado español15. Además el arzobispo de Valencia, Joaquín López Sicilia, fue uno de los prelados que más abiertamente apoyó a la causa de la reina, hasta el punto de que fue nombrado prócer del reino en junio de 183416. Más significativo aún es el hecho de que sólo el 11 % de los eclesiásticos de Valencia fueran considerados desafectos por las autoridades liberales, porcentaje muy inferior al que tenemos para Xàtiva (35 %) y para los eclesiásticos oriolanos residentes en la capital del Turia (40%)17. De esta manera, los habitantes de esta ciudad no se encontraron con un clero absolutista que hacía propaganda a favor del pretendiente, sino con unos eclesiásticos liberales o indiferentes que pedían lealtad hacia la reina, ya fuera por convicción o por el deseo de evitarse problemas.

Después de todo esto resulta bastante lógico que los habitantes de Valencia y de los municipios cercanos no se hicieran carlistas. La burguesía era liberal, el clero no apoyaba al carlismo y las masas populares no tenían excesivos problemas económicos, salvo en los poblados marítimos. Sin embargo, en este último caso su pobreza no se debía a las reformas liberales, por lo que, si bien no apoyaban al gobierno, tampoco se unieron a sus adversarios. Además, la mayoría de la población no iba a ganar nada manteniendo el Antiguo Régimen, por lo que no había ningún interés en apoyar a unas fuerzas rebeldes que, cuando se acercaban a la Huerta, se dedicaban a robar a los vecinos, a cometer excesos y a llevarse rehenes.

Pero esto sería más tarde, ya que la guerra tardó unos años en afectar directamente a la ciudad de Valencia, al operar bastante lejos las partidas carlistas. Mientras tanto la ciudad vivía en paz, declarándose abiertamente por el liberalismo en cuanto surgía alguna ocasión para ello. Ya en octubre de 1833 un grupo de veinte estudiantes salió de la universidad y llegó a la plaza de Santa Catalina, uniéndoseles por el camino muchos jóvenes salidos de los talleres, mientras gritaban vivas a Isabel II y mueras a los serviles18. Un mes después doscientas personas se dirigieron a casa del corregidor a fin de pedirle armas para defender Valencia de los rebeldes. Algunas de ellas dieron además vivas a la Constitución y mueras a los carlistas19. Algo parecido sucedió en noviembre de 1834, cuando se produjo un alboroto en el teatro, al pronunciarse allí los gritos de ¡Viva Riego! y ¡Viva la libertad!20.

VALENCIA DURANTE LA PRIMERA GUERRA CARLISTA


Sin embargo, en la ciudad había también una importante minoría carlista, como quedó patente el 23 de junio de 1835. Ese día fueron detenidos cuatro funcionarios, dos concejales, un procurador de los juzgados, un capellán, dos escribanos, dos oficiales ilimitados y un exadministrador de loterías, por participar en una conjura carlista. Entre ellos se encontraba Luis Tio (cajero de la tesorería de la provincia), José Querán de Arellano (regidor decano y excomandante de voluntarios realistas) y Carlos Pérez Gonzalo (que había sido secretario de policía en tiempos de Fernando VII). Aunque sus simpatías por el absolutismo eran conocidas desde mucho antes, no se procedió contra ellos hasta que se dieron órdenes al respecto desde Madrid21.

Mientras tanto la ciudad seguía tranquila. Los primeros incidentes serios no se produjeron hasta el 5 de agosto, cuando la entrada de Quílez y del Serrador en Villarreal provocó una llegada masiva de refugiados, que esparcieron por Valencia las más funestas noticias. Además, las demostraciones de alegría de los absolutistas acabaron indignando a los liberales, que empezaron a pedir su castigo, por traición y connivencia con el enemigo. Se produjo entonces un motín popular, que reclamaba la ejecución de los prisioneros carlistas y que llevó incluso a asaltar las prisiones. Al final la situación fue controlada por el general segundo cabo, el conde de Almodóvar, que salvó la vida de la mayoría de los cautivos, ejecutando únicamente a siete para calmar los ánimos del populacho. En cuanto a los demás, fueron conducidos al Grao para embarcar hacia Ceuta, siendo escoltados por los milicianos, que los salvaron de ser linchados por la multitud22.

Pero la cosa no acabó aquí. A los pocos días se creó una Junta Auxiliar, presidida por el conde de Almodóvar (que ya era capitán general) y que asumió el poder en el antiguo reino de Valencia. Este organismo empezó entonces a perseguir a los carlistas de la capital, destituyendo de sus empleos a 27, encarcelando a 22 y embarcando para Mallorca a 48, todo ello a petición de los urbanos. Además, se ordenó desalojar los conventos, vendiéndose sus bienes para hacer frente a los gastos del distrito e imponiéndose una contribución a los que no pertenecían a la milicia, que recayó especialmente sobre los desafectos que quedaban. Por otra parte, se abrió el alistamiento en los cuerpos francos, a los que se adhirieron numerosos jóvenes, al tiempo que llegaban 6.000 fusiles y 200 sables desde Cartagena para mejorar las defensas de la ciudad, así como morteros y obuses que se hicieron traer desde Sagunto. Por último la Junta decretó el cese del pago de los derechos señoriales, así como una reducción del diezmo a la mitad, como pedían los agricultores de la Huerta23.

El 17 de septiembre se produjo otro motín en Valencia, al llegar noticias de una masacre cometida por Cabrera en Rubielos de Mora. El pueblo se concentró entonces ante la capitanía general y el conde de Almodóvar tuvo que dimitir para calmar los ánimos. Después huyó disfrazado para salvar su vida, ocultándose durante un tiempo en el hospital general. Se formó entonces una nueva junta que asumió todos los poderes y que intentó abrir la milicia nacional a las clases sociales más modestas. Esto no gustó a los jefes del cuerpo, que tres días más tarde promovieron una reacción, deteniendo a los dirigentes del golpe, deportando a muchos de ellos a Mallorca y reponiendo en el mando al duque de Almodóvar24.

Después de esto el gobierno de Mendizábal creó las comisiones de armamento y defensa, en las que se integraron las juntas25, por lo que se volvió poco a poco a la normalidad. Durante los meses siguientes Valencia estuvo tranquila, hasta que el 6 de marzo de 1836 se produjo otra revuelta progresista, después de reunirse varios grupos en la plaza de la Seo (actual plaza de la Virgen). Los presentes dieron vivas a la libertad y mueras al despotismo, pidiendo la liberación de cuatro individuos presos desde los sucesos de septiembre, ya que eran los únicos que seguían detenidos. Al día siguiente se reunió en su apoyo una fuerza considerable de la guardia nacional, con el objetivo de atacar la ciudadela, donde se encontraban los reos y donde se había refugiado José de Carratalá, que había sucedido al conde de Almodóvar. Pero al final no se produjo el asalto, ya que el capitán general dimitió y los presos fueron liberados26.

Un mes después se produjo la primera batalla de Chiva, en la que Palarea derrotó a Cabrera y en la que combatieron los milicianos nacionales de Valencia27. Entre ellos se encontraba un magistrado de la real audiencia y varios miembros de las familias más acomodadas28. Tras este combate el ayuntamiento entregó 20.000 reales para equipar a las tropas de Palarea, organizándose una suscripción pública que recogió 113.112 reales más entre los habitantes de la ciudad, incluyendo entre ellos a muchos nobles y eclesiásticos29. Al mismo tiempo, iban llegando a la ciudad numerosas personas que tenían miedo a una nueva invasión carlista, especialmente desde los pueblos de la ribera del Júcar30.

Otro alzamiento progresista se produjo el 8 de agosto de 1836, cuando se proclamó la Constitución de 181231. Entonces se creó una nueva junta, que ordenó el secuestro de los bienes de los condes de Orgaz y de Cirat, al haberse confirmado su huída a la facción32. Además, se cambió el nombre a la plaza de la Seo, que pasó a llamarse plaza de la Constitución33.

Pero no todos eran liberales en Valencia. También había un pequeño grupo absolutista, que informaba a Cabrera de los menores acontecimientos públicos antes de que el público los conociese. Al mismo tiempo, alistaba individuos para sus filas y les facilitaba recursos y pasaportes para que llegasen con facilidad hasta su territorio34. Esto se hizo patente cuando el 9 de enero de 1837 fue detenido Dionisio Monreal, que había pertenecido a la facción de Morella y que pernoctaba todas las noches en el convento de las monjas de la Puridad. Se registró entonces su casa, encontrándose allí varias proclamas de don Carlos, así como otros papeles comprometedores. Diez días después fue juzgado35, siendo ejecutado el 3 de febrero, a garrote vil y en el Llano de Zaidía, ante la presencia de un gran número de curiosos36.

Por esas fechas se produjo la primera invasión carlista de la Huerta, aunque ésta apenas afectó a la capital, salvo por la llegada de muchos habitantes de los pueblos cercanos, que regresaron a sus lugares de origen en cuanto se retiraron las fuerzas de Cabrera37. Durante esta incursión sus tropas se limitaron a entrar en Benimámet y en Beniferri, pero se retiraron enseguida al acercarse la milicia nacional de Valencia38.

Más importante fue la invasión del Serrador, quien, tras marchar durante la noche por la orilla del mar, apareció por sorpresa ante la capital del Turia, en la mañana del 17 de mayo de 1837. El jefe rebelde estableció su cuartel general en San Miguel de los Reyes, llegando sus avanzadas hasta la cabecera del puente de Serranos. Desde la ciudadela se dio la señal de alarma y la milicia se movilizó, habiendo menos de 12 nacionales que no se incorporaron a sus compañías. Mientras los carlistas saqueaban las casas y las huertas cercanas a la calle Murviedro (actual calle Sagunto), mucha gente acudió a la autoridad militar para poner a su disposición sus bienes y sus vidas. Poco después el general Esteller salió con tres columnas de milicianos y soldados contra la facción, mientras que la partida de Puchades se tiroteaba con el enemigo. Toda esta actividad duró hasta el mediodía, cuando los carlistas, viendo que el enemigo empezaba a organizarse, se retiraron hacia Burjassot39.

Como la actividad rebelde se hacía cada vez más intensa, los liberales de Valencia fueron reforzando la defensa de la ciudad. Así pues, en junio se alistó a 1.000 milicianos nacionales más, lo que elevó el total a 4.100 infantes y 280 jinetes40. Y si a esto añadimos las tropas del ejército y los emigrados de los pueblos, que estaban dispuestos a defender la capital, el número de defensores subía hasta 6.000 hombres armados, con 40 piezas de artillería41.

Esto es lo que se encontró la Expedición Real cuando llegó a Burjassot en la noche del 11 al 12 de julio, estableciendo su campamento a la vista de las murallas de la ciudad. Las autoridades liberales respondieron movilizando la milicia y al día siguiente hicieron desembarcar en el Grao a la brigada de Borso, que acudió en defensa de Valencia. Además, la partida de Truquet hizo frente a las tropas de Cabrera en la calle Murviedro y en la plaza de Santa Mónica, aunque acabó retirándose tras las murallas por el puente de Serranos. Mientras tanto, dentro de la capital se hallaban reunidos en sesión continua el ayuntamiento y la diputación, ya que muchos vecinos acudían ante las autoridades para solicitar armas. Al mismo tiempo, gran número de personas de los pueblos cercanos se refugiaron en Valencia, haciendo subir a 4.000 el número de emigrados. Y aunque la ciudad era recorrida por numerosas rondas de vigilancia, en las calles reinaba la tranquilidad y muchos de sus habitantes salieron a pasear, como cualquier otro día42.

Mientras tanto los absolutistas valencianos aprovecharon para ir a Burjassot, a fin de visitar a don Carlos43. Muchos de ellos actuaban como confidentes y cómplices de los rebeldes, operando desde dentro de la ciudad, como afirma Lichnowsky44. Su número debía ser importante, ya que unos días antes de la llegada de los rebeldes las autoridades detuvieron a tres paisanos, que fueron sometidos a un consejo de guerra, acusados de ser agentes de la facción45.

La presencia carlista en Burjassot duró hasta el 13 de julio46, día en que los expedicionarios emprendieron la marcha hacia el Oeste. Dos días más tarde se produjo la batalla de Chiva, en la que tomó parte la milicia valenciana, con 800 infantes y 180 jinetes. Después de esto la amenaza absolutista desapareció, pero hubo que confiscar todos los carruajes de la ciudad para transportar a Valencia a los heridos producidos por el combate. Se establecieron varios hospitales para cuidarlos47 y se organizó una colecta para poder atenderlos adecuadamente. Ésta tuvo bastante éxito y al cabo de seis semanas se habían conseguido numerosas vendas, sábanas e hilos, así como 27.328 reales48.

Pero no duró mucho la tregua, ya que en agosto Forcadell ocupó Villanueva del Grao, Pueblo Nuevo del Mar y Cañamelar, sorprendiendo a numerosos habitantes de la capital en el baño o en sus casas de campo. Sin embargo, no pudo obtener ningún suministro, ya que tuvo que retirarse rápidamente, debido al bombardeo de una fragata británica que se hallaba en las inmediaciones49. Esta invasión llevó a iniciar las obras de fortificación del Grao, que no estaban terminadas cuando en la noche del 4 de noviembre fueron avistados algunos grupos carlistas en la playa. De nuevo se dio la señal de alarma y los milicianos de Valencia acudieron a las murallas, pero sin alterar mucho la vida de los valencianos, que ya se estaban acostumbrando a las incursiones rebeldes50. Mientras tanto las fuerzas carlistas entraban en Silla, lo que llevó a huir a Valencia a muchos habitantes de la Huerta y de la Ribera del Júcar51. Al día siguiente las avanzadas de Cabrera llegaron hasta la Cruz Cubierta, al tiempo que desde Valencia salían varias descubiertas en su persecucion52. Entonces los rebeldes abandonaron su expedición y se retiraron, ya que una vez acabada la sorpresa, no tenían muchas posibilidades de mantenerse en un territorio tan hostil.

El año siguiente fue mucho más tranquilo, aunque siguieron operando en Valencia agentes carlistas, que intentaban desanimar a los liberales propagando noticias favorables al pretendiente y relativas a enfrentamientos entre los partidarios de la reina53. Pero esto no impidió que la ciudad se fuera fortificando, para lo que hizo falta derribar algunos edificios extramuros que podían molestar a los defensores54. También continuaron los trabajos de fortificación en el Grao, a fin de evitar una nueva sorpresa por parte de los rebeldes55.

El 23 de octubre de 1838 se alborotó de nuevo Valencia, debido al fusilamiento de 96 sargentos liberales por Cabrera, así como por los insultos a la tropa de los prisioneros carlistas. Todo esto llevó a que se concentraran numerosas personas exigiendo represalias, a lo que respondió el general Méndez Vigo acudiendo a la calle de San Juan de Villarrasa para disolverlos. Pero al regresar por la calle de Santa Teresa recibió dos o tres tiros en el pecho, lo que le provocó la muerte en el acto. Esto causó una honda impresión y llevó a movilizar de nuevo a la milicia nacional, así como a formar una junta provisional de gobierno, bajo el mando del general Narciso López56. Lo primero que hizo dicha corporación fue ordenar, al día siguiente, el fusilamiento de 13 cabecillas y oficiales carlistas, con lo que la tranquilidad volvió a la ciudad57.

Pero no acabaron así las cosas, ya que el 26 de octubre se declaró en Valencia el estado de sitio58. Un día después se arrestó a varios vecinos desafectos, obligándoles a suscribir un préstamo forzoso para ser puestos en libertad59. Y al poco tiempo se creó una junta de represalias, que el 2 de noviembre hizo ejecutar a 55 prisioneros rebeldes, como represalia por los liberales de Castillo de Villamalefa, que habían sido fusilados después de rendirse60.

La última vez que los carlistas llegaron cerca de Valencia fue en noviembre de 1838. El último día del mes la milicia se movilizó de nuevo, acudiendo otra vez a las murallas ante la cercanía de la facción61. Poco después, más de 1.200 nacionales de Valencia se unieron a las fuerzas del ejército y, aunque no llegaron a combatir a los rebeldes, hicieron una marcha de catorce días, siendo recibidos triunfalmente a su regreso62. Por si esto no fuera suficiente, los habitantes de la capital cosieron 15.000 uniformes, que entregaron al poco tiempo a la milicia nacional63.

ASESINATO DEL GENERAL MÉNDEZ VIGO
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