Miguel Primo de Rivera” (Jerez de la Frontera, 1870 – París, 1830) Óleo de José Ribera






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Capítulo 9: La Dictadura de Primo de Rivera y el fin de la monarquía (1923 -1931)
1- Referencia: 50-908

Miguel Primo de Rivera” (Jerez de la Frontera, 1870 – París, 1830) Óleo de José Ribera. Desde el pronunciamiento de Sagunto de 1874, ningún militar había sido capaz de provocar un cambio de régimen hasta la implantación de la dictadura de Primo de Rivera en 1923. Se trataba de un militar peninsular o “juntero” que ya había mostrado gran iniciativa y liderato como Capitán General de Cataluña, controlando los desordenes obreros. Algunos aspectos del régimen que implantó, sirvieron de ejemplo a Francisco Franco, quién introdujo algunas “mejoras” en el sistema, como la eliminación física de la oposición y de los líderes de su propio bando que le pudieran hacer sombra.
Primo de Rivera

La figura de Miguel Primo de Rivera y la interpretación que se hace del régimen que estableció, son motivo de controversia entre historiadores y políticos. Para algunos la dictadura obedeció a una reacción corporativa del ejército secundada por el rey, ante la amenaza de depuración de responsabilidades tras el desastre de Annual; para otros significó el fin de una esperanza de democratización del sistema canovista iniciado por el gobierno de concentración liberal de García Prieto; hay quien considera a la dictadura como una mera continuación del sistema de la Restauración, una vez que su endeble régimen democrático y la inoperancia de sus políticos, se mostraron incapaces de cumplir con su papel en la defensa de los intereses de la oligarquía española frente a la agitación obrera; la dictadura se ha visto por unos como un paréntesis autoritario dentro del sistema constitucional de Alfonso XIII y por otros como el epílogo de un reinado condenado al fracaso.
Primo de Rivera se mostró siempre como un personaje autoritario y personalista, un gobernante que hacía las cosas en vez de hablar sobre ellas, lo que según él era la práctica habitual de los políticos del sistema parlamentario, que no era otra cosa que un impedimento para la realización de las reformas que el país necesitaba. En este sentido muchos vieron en la figura de Primo de Rivera al “cirujano de hierro” del que hablaba Joaquín Costa y que el país necesitaba para lograr la modernización que los políticos de la restauración no habían conseguido. A él mismo le gustaba presentarse de esta manera y sus referencias al regeneracionismo como el ideal que le inspiraba fueron constantes.
1- Cuadro Anecdótico: El manifiesto de Primo de Rivera

En su primera manifestación publica al frente del poder, Primo de Rivera desglosa las grandes líneas de su proyecto. Tras reconocer que está inculcando la legalidad y que su golpe de Estado es un acto de rebeldía, señala el carácter provisional de su directorio y sus objetivos: salvar a España de los políticos y del desastre, remitir el asunto de Annual a tribunales ordinarios, buscar una solución al problema de Marruecos y resolver los problemas urgentes de la nación sin especificar mucho cuales ni como.
“Al país y al ejército españoles: ha llegado para nosotros el momento más temido que esperado (porque hubiéramos querido vivir siempre en la legalidad y que ella rigiera sin interrupción la vida española) de recoger las ansias, de atender el clamoroso requerimiento de cuantos, amando la patria, no ven para ella otra salvación que libertarla de los profesionales de la política, de los hombres que por una u otra razón nos ofrecen el cuadro de desdichas e inmoralidades que empezaron el año 98 y amenazan España con un próximo fin trágico y deshonroso. [...]

Pues bien, ahora vamos a recabar todas las responsabilidades y a gobernar nosotros u hombres civiles que representen nuestra moral y doctrina. Basta ya de rebeldías mansas que sin poner remedio a nada, dañan tanto y más a la disciplina que ésta recia y viril a que nos lanzamos por España y por el rey. [...]

Por ello, y en virtud de la confianza y mandato que en mi han depositado, se constituirá en Madrid un Directorio inspector militar con carácter provisional encargado de mantener el orden público y asegurar el funcionamiento normal de los ministerios y organismos oficiales [...] buscaremos al problema de Marruecos solución pronta, digna y sensata.

El país no quiere oír hablar más de responsabilidades, sino saberlas exigidas prontas justamente, y esto lo encargamos con limitación de plazo a tribunales de autoridad moral y desapasionados de cuanto ha envenenado hasta ahora la política o la ambición.”

La Vanguardia 13 de septiembre de 1923
Esta visión de la dictadura, estaría abalada por los innegables logros económicos del régimen, especialmente notables en lo que se refiere a construcción de infraestructuras de transporte (ferrocarriles, carreteras, puertos y aeródromos), energéticas (centrales hidroeléctricas y red de distribución de CAMPSA) y de comunicaciones (introducción del teléfono y la radio en España) o en la modernización de su industria, en la que aparecerán nuevos sectores como el del cemento, en relación con el impulso a las obras públicas y algunos de mayor sofisticación y valor añadido que las manufacturas tradicionales de la industria española como el de aparatos eléctricos, fábricas de automóviles y construcciones aeronáuticas. Otros sectores de la economía ya existentes como la siderurgia, la industria química, la alimentaria o la minería del carbón, se vieron impulsados por la política proteccionista de Primo de Rivera. Sin embargo sus logros en materia agrícola fueron mucho más limitados, ya que aunque se introdujeron mejoras técnicas como la extensión del regadío, los abonos químicos y la mecanización, no se realizó ningún cambio en la estructura de la propiedad agrícola, problema de fondo del campo español. Tampoco se supo resolver el problema de la financiación de esta ambiciosa política intervencionista, reformando el sistema fiscal, sin atentar contra los intereses de los más ricos, por lo que se recurrió una vez más a la emisión de deuda pública y al déficit en las cuentas del Estado.
Junto con la modernización económica, el otro objetivo del regeneracionismo era terminar con el corrupto sistema político y con el caciquismo. En este sentido la dictadura fracasó pese a su encendida retórica, ya que no consiguió prescindir de los viejos caciques y cuando lo hizo fue para sustituirlos por una nueva generación de ellos.
Resulta inevitable relacionar la llegada de la dictadura de Primo de Rivera con la difusión en la Europa de los años 20 de regímenes autoritarios que eclosionará en la siguiente década con la aparición de los fascismos. El sistema creado por el dictador imitaba explícitamente muchas de las medidas tomadas por Mussolini en Italia como la supresión de las libertades y partidos políticos, el gobierno por decreto, la sustitución de la representación parlamentaria por la corporativa, el intento de crear un partido único de masas como base social del régimen, el militarismo, el nacionalismo, el intervencionismo económico y la justificación de la violencia para restaurar el orden. El propio dictador y el rey insistieron en estas coincidencias como prueba el hecho de que Alfonso XIII se refiriera a Primo de Rivera como a “mi Mussolini”.

2- Referencia: 400-662

Benito Mussolini (1883 – 1945) rodeado de los “camisas negras” y de dirigentes fascistas durante la “Marcha sobre Roma” el 28 de octubre de 1922, tras la que el rey de Italia Víctor Manuel III le encargará la formación de gobierno. Aunque el fascismo italiano fue una referencia no disimulada para Primo de Rivera, existían diferencias entre ambos regímenes autoritarios, empezando por su origen: Mussolini llegó al poder tras una movilización de masas, para crear luego un régimen militarista, mientras que Primo de Rivera dio un golpe militar al que luego intentó atraer el apoyo de las masas.
Hay que recordar que en esta época el término “fascismo” solo tenía connotaciones negativas para la izquierda perseguida por esta ideología, mientras que entre los conservadores e incluso entre algunos liberales, los logros sociales y económicos del régimen italiano despertaban admiración e incluso envidia, por lo efectivo que había sido a la hora de controlar la agitación obrera que surge a partir de los últimos momentos de la I Guerra Mundial. Solo recordar en éste sentido las alabanzas que Winston Churchill, futuro símbolo de la resistencia británica frente a la Alemania nazi, dedicaba a la figura de Mussolini y a su manera de gobernar. Solo la II Guerra Mundial hará cambiar esta benévola visión del fascismo entre los políticos del sistema liberal y convertirá la palabra en un epíteto insultante, que hoy en día tiende a utilizarse de forma muy alegre e imprecisa.

2- Cuadro anecdótico: El Fascismo

En sentido estricto el Fascismo es el régimen político, social y económico que Benito Mussolini establece en Italia a partir de su llegada al poder tras la “Marcha sobre Roma” en 1922. Esta denominación se ha aplicado por extensión a otros regímenes totalitarios y organizaciones políticas que aparecieron en Europa en el período de entreguerras y que se extendieron a otros continentes como América y Asia.

Desde el punto de vista ideológico, la definición de fascismo resulta más compleja que desde el punto de vista histórico, precisamente por el rechazo de los ideólogos fascistas hacia el rigor científico y el racionalismo, por lo que en muchos casos el discurso fascista es una amalgama contradictoria de tradicionalismo nacionalista, filosofías irracionalistas y vitalistas, populismo, mitificación del pasado de los pueblos, prejuicios racistas, exaltación de la violencia y la virilidad, religiosidad y consignas patrióticas. Surge a finales del siglo XIX en Francia de la mano de Charles Maurras y su grupo Action Francaise, al que se considera primera organización fascista. Es una reacción contra el pensamiento ilustrado del siglo XVIII y de los avances que este consigue a partir de la Revolución Francesa. Por lo tanto rechaza el racionalismo como método de pensamiento, la libertad del individuo y sus derechos naturales, que quedarían disueltos en los derechos colectivos representados por el Estado; el sistema liberal y la democracia parlamentaria. También rechazará las ideologías que surgen como reacción a la sociedad liberal – capitalista como el marxismo, especialmente en lo que se refiere a su visión de la sociedad como escenario de la lucha de clases, que el fascismo desea superar convirtiendo al pueblo en un todo orgánico, en el que las elites económicas, políticas y militares aglutinadas en el “partido” dirigirán a las masas de las que desaparecería la autonomía individual y de clase social.

Los regímenes fascistas aparecen en una primera oleada tras la 1ª Guerra Mundial algunos de cuyos efectos fueron el descrédito del sistema liberal que la había permitido, la pérdida de confianza en la racionalidad, la exacerbación del sentimiento nacionalista, el desarraigo social de los soldados desmovilizados, la crisis económica que se produce a su fin y sobre todo, el triunfo en Rusia de una revolución comunista. Esta creó tanto entusiasmo en amplios sectores de la clase obrera como miedo entre los grandes propietarios y gran parte de la clase media. Un rasgo común a todos los regímenes fascistas es que su aparición viene precedida de momentos de gran movilización proletaria, ya sea para defender sus condiciones de vida y trabajo ante la crisis (la situación se repetirá a partir de 1929) o creando situaciones prerrevolucionarias al intentar derribar el sistema capitalista. Como decía el historiador italiano Ángelo Tasca “sin crisis no hay fascismo”, aunque para que este triunfe tiene que haber un sector de la población dispuesto a apoyarlo como freno a la revolución, por lo tanto también puede decirse que “sin miedo no hay fascismo”.
Un aspecto que separa la dictadura de Primo de Rivera de los fascismos es su ideología. Frente al mesianismo fascista, que se inspiraba en teorías irracionalistas y pretendidamente revolucionarias, que manifestaban un rechazo al menos aparente por la sociedad y la ideología burguesa, proponiendo un “orden nuevo” y una ruptura total con el pasado, incluyéndose en este, las convenciones y limitaciones que el cristianismo imponía, Primo de Rivera se apoyó siempre en un tradicionalismo de rancia inspiración católica, intentando dar una imagen de hombre llano y cercano al pueblo, que decía “verdades como puños” basándose en la sabiduría popular y en el sentido común. Este pragmatismo ideológico le llevó a tener una actitud distinta con respecto a las fuerzas de izquierda perseguidas o incluso exterminadas sin piedad ni excepciones en los regímenes fascistas. Los elementos más radicales del movimiento obrero (la CNT y el PCE) fueron ilegalizados y controlados contundentemente, pero llama la atención las relaciones de la dictadura con el socialismo. El PSOE no fue ilegalizado y las “Casas del Pueblo” se mantuvieron abiertas, aunque sí se limitó drásticamente su actividad pública, prohibiéndosele la celebración de mítines o presentarse a las elecciones. Sin embargo se intentó integrar a la UGT en el sistema de la dictadura, admitiendo a dirigentes del sindicato socialista como Francisco Largo Caballero en el Consejo del Trabajo y a sus militantes en los “comités paritarios” de arbitraje laboral.
El Directorio militar (1923 – 1925)

Tras encargar el rey a Primo de Rivera la formación de gobierno, este decretó la disolución de las Cortes y la formación de un directorio militar formado por nueve generales y un contralmirante en el que él tendría categoría de ministro único (con interlocución exclusiva con el rey) y los demás miembros del nuevo gobierno de vocales. Se proclamó el estado de guerra en todo el país, situación que se mantuvo hasta 1925 y se suspendieron las garantías constitucionales.

3- Referencia: 50-11722

Alfonso XIII despachando con Primo de Rivera en 1923. El dictador en su cargo oficial de “Ministro único”, despachaba a solas con el rey. Aunque Primo de Rivera manifestó un gran deseo de protagonismo que llegó a inquietar al propio monarca, no llegó a los extremos de culto a la personalidad que se alcanzaron en otos regímenes totalitarios. El rey al apoyar el golpe comprometió para siempre su imagen de monarca constitucional, aunque cuando la dictadura empezó a tener problemas retiró su confianza a Primo de Rivera, precipitando su caída y un año más tarde la de la propia monarquía.
Resulta llamativo como el país aceptó con gran naturalidad o indiferencia, bastante apoyo y mínima oposición, la llegada al poder de un militar tras un golpe de Estado después de casi 49 años de gobiernos constitucionales ininterrumpidos. En este hecho influye por un lado el hastío que imperaba en la nación por la incapacidad de los últimos gobiernos y el apoyo explícito del rey a la solución militar. La actitud del rey, entendida y secundada por muchos en este momento, comprometerá de forma irreversible la figura del monarca, uniendo su destino al de la dictadura, lo que le pasará factura años más tarde.
El ejército abandonó sus divisiones internas cerró filas en torno a Primo de Rivera, aunque algunas de sus facciones lo hicieran a regañadientes. La burguesía catalana representada políticamente por la Lliga, también secundó el golpe por miedo al ambiente revolucionario y a las anunciadas medidas comerciales liberalizadoras del gobierno de García Prieto. Esta actitud fue seguida por el resto de los empresarios del país y por la gran banca, deseosos de que se llegara una paz social que permitiera hacer prosperar sus negocios. La Iglesia y sus influyentes organizaciones católicas prestaron el soporte social que el golpe necesitaba, al que se unió el apoyo político expreso de los mauristas.
3- Mapa: Los sindicatos agrarios católicos en 1917.

Uno de los principales apoyos sociales a la Dictadura, vino de los sindicatos agrarios católicos. Estos surgen a finales del siglo XIX inspirados por las teorías de Joaquín Costa como organizaciones apolíticas que aspiraban a recuperar las viejas leyes rurales, frenar la venta de las tierras comunales y el caciquismo. Posteriormente recibirán otras influencias como el tradicionalismo carlista de Vázquez de Mella, el oportunismo político de de Germán Gamazo o la ortodoxia doctrinal de Acción Católica. Fueron especialmente influyentes en la meseta norte y Navarra y en menor medida en la meseta sur, Valencia, Aragón, Múrcia y Galicia donde se confundirán con el regionalismo. Formaran la poderosa Confederación Nacional Católica Agraria, que llegó a agrupar a 5.000 sindicatos y cooperativas agrícolas locales. Su actividad languidecerá a partir de 1930, pero muchas de sus regiones de influencia se convertirán en los “caladeros” electorales de la derecha durante la II República.
Frente a este amplio sector que vio con buenos ojos el golpe de Estado, los partidos del sistema quedaron petrificados y sin capacidad de reacción, mientras que republicanos y socialistas manifestaban una displicente neutralidad, sin comprometerse en la defensa del sistema constitucional derribado, al que consideraban corrupto e injusto. En resumen, solo los sectores más radicales del movimiento obrero representados por una CNT en sus horas más bajas y un PCE todavía minúsculo, se intentaron oponer débilmente al cambio de régimen, siendo fácilmente neutralizados.
Este amplio consenso en torno a la dictadura se consiguió gracias a las promesas, a veces contradictorias, que Primo de Rivera hizo a los distintos sectores militares, políticos y sociales. También contribuyó a este apoyo el hecho de que el nuevo régimen apareciera como una solución provisional y temporal para abordar los tres problemas más urgentes que acuciaban a España: la restauración de la ley y el orden, la solución al problema de Marruecos y el fin de la corrupción.
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