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NO LLORES POR NOSOTROS ARGENTINA

Jóvenes Inmigrantes del Nuevo Siglo XXI”

ADRIAN OPPENHEIMER

Para mis padres y abuelos, hermanas, sobrinos, tios y primos. En especial a las mujeres que significaron parte importante de mi vida. A mis amigos los que fueron, son y serán.

AGRADECIMIENTOS
A Madrid, a sus lugares y a su gente, porque fueron motivo de mi inspiración. Gracias.

ÍNDICE

Prólogo..........................................................................5

Un Poco de Historia.......................................................6

Capítulo 1: No Estoy Solo...........................................11

Capítulo 2: ¿Qué Hago Acá?.......................................20

Capítulo 3: ¿Dónde Voy a Vivir?................................25

Capítulo 4: La Suerte del Inmigrante..........................31

Capítulo 5: Los Padres de la Mala Educación.............42

Capítulo 6: La Evolución Demográfica.......................46

Capítulo 7: Sudacas vs. Gallegos................................54

Capítulo 8: ¿Lengua Española o Argentina?...............59

Capítulo 9: La Guerra Contra el Terrorismo...............73

Capítulo 10: La Sociedad “Light”...............................78

Capítulo 11: Imágenes de Postales..............................81

Capítulo 12: El Arte Español… ¿y el Argentino?.......84

Capítulo 13: La Búsqueda del Equilibrio....................86

Capítulo 14: La Salud de Todos..................................92

Capítulo 15: Una Buena Señal.……….......................99

Conclusión.................................................................103

Bibliografía………………….……………………...107

PRÓLOGO
Este no es un libro de psicología, ni de filosofía, historia, política o economía. Tampoco es de autoayuda o religión. No es un texto de salud, deportes ni cocina. No versa sobre ninguna de estas materias, pero paradójicamente las utiliza en términos generales, desde el principio al fin del relato.

¿Qué se puede encontrar en este libro? El relato de un joven argentino que viaja a la ciudad de Madrid, España, en busca de una oportunidad laboral luego de la debacle económica de su país en 2001. La historia se expone con personajes y lugares, dichos y entredichos, reflexiones, análisis, sugerencias y datos útiles para pensar, siempre para pensar.

El objetivo, es motivar al lector al debate y al diálogo abierto, y no que piense una u otra cosa, aunque haya dejado muchas cosas sin decir, aunque en ciertos momentos haya apenas insinuado la complejidad o el carácter polémico de algunos problemas, todo el tiempo se intenta que lo dicho no oriente al lector en una u otra dirección. Este libro propone un viaje en torno a la forma de pensar y a los sentimientos de los jóvenes argentinos. El pasado y el presente se entrelazan para facilitar una mayor comprensión de la Argentina y de nosotros mismos. Si tuve éxito en esta empresa, entonces podré darme por satisfecho.
UN POCO DE HISTORIA
Antes de 1810 el Río de la Plata se presentaba como una región atractiva para los europeos. Sin embargo, hasta 1850 no se produjo una gran llegada de extranjeros.

Con el transcurso del tiempo, cada uno de los presidentes, con diferencias, fue introduciendo el concepto de la inmigración como factor de progreso. A la luz de esos criterios, en buena parte establecidos en la Constitución de 1853, empezaron a llegar los inmigrantes.

El ingreso de inmigrantes europeos a la Argentina se favoreció con políticas estatales específicas. Este concepto fue difundido a través de la Ley 817, sancionada en 1876 durante la presidencia de Nicolás Avellaneda. La ley instrumentaba diversos mecanismos para promover la llegada de inmigrantes tales como la instalación de oficinas o consulados en Europa, el otorgamiento gratuito de pasajes, el alojamiento en el “Hotel de Inmigrantes” y el transporte sin costo alguno. En las provincias de la pampa húmeda, casi simultáneamente se sancionaron leyes similares otorgando amplios derechos a los extranjeros.

Contar con leyes protectoras posibilitó, entre 1875 y 1914, que la Argentina recibiera más de cinco millones de personas, las que representaban el 14% del total del movimiento migratorio mundial y ubicaban a la Nación en el segundo lugar de los países con mayor número de inmigrantes, detrás de los Estados Unidos.

Argentina tuvo, pues, un crecimiento poblacional desmesurado lo que se evidencio en los censos de población. El primer Censo Nacional de Población realizado en 1869, registró 1.877.490 habitantes, los que aumentaron a 4.004.911 en 1895 y a 7.885.237 en 1914. Uno de cada cuatro habitantes era extranjero.

El siglo XX se inicio con numerosas protestas sociales y gremiales, muchas de estas alentadas u organizadas por los obreros. El Estado nacional preocupado por la situación comenzó a justificar el derecho de expulsión de los inmigrantes y una de las primeras restricciones que impuso fue la Ley 4144 de Residencia, sancionada el 23 de noviembre de 1902, por la que se permitía la expulsión de aquellos cuya conducta pudiese comprometer la seguridad nacional, perturbar el orden público o la tranquilidad social.

Al finalizar la Primera Guerra Mundial se pensaba que la Argentina tendría un papel preponderante en la atracción de capitales y mano de obra extranjera, y en consecuencia, las corrientes migratorias tendrían una mayor intensidad alcanzando cifras nunca vistas; por tal motivo volvió a plantearse cual era la nacionalidad que más convenía. En tanto los últimos acontecimientos europeos hacían temer que ingresaran extranjeros que alteraran el orden social.

El tema fue analizado y discutido en los círculos de intelectuales y por las entidades públicas, quienes dieron opiniones muy diferentes, aunque todos coincidieron en señalar que el inmigrante “idóneo” para la Argentina era el de procedencia europea.

Varios insistieron en los beneficios que traería el ingreso de inmigrantes anglosajones; mientras, unos pocos, creían que los de procedencia latina tendrían mayores éxitos aun cuando destacaban poseían un grado inferior de cultura. Pero todos advirtieron que los inmigrantes de raza blanca, sana y joven eran los más convenientes para el desarrollo normal del país.

Lógicamente debía evitarse la entrada de amarillos, negros, gitanos, lisiados y analfabetos aun cuando esta disposición no era acorde a los preceptos constitucionales, razón por la que pensaron debía reformarse la Ley de Inmigración de 1876.

A pesar de las esperanzas y consideraciones vertidas anteriormente, después de la guerra la inmigración no creció como se pensaba. Recién hacia 1920 las estadísticas reflejaron un paulatino ascenso de inmigrantes en el país. La situación económica de la Argentina, la extensión de su territorio, y la escasa población hacían pensar que tanto el capital como el trabajo del inmigrante europeo iban a tener posibilidades de ubicación en estas tierras. Pero si bien el país requería población, continuaba el temor al ingreso de extranjeros que atrasara el desarrollo normal de la Argentina.

Las personas emigran por múltiples factores, pero por lo general, las razones son de índole política, religiosa y económica.

La gran oleada inmigratoria que arribó a partir de mediados del siglo XIX, estuvo impulsada particularmente por la miseria económica de sus respectivos países que los obligaba a buscar otras posibilidades de vida.

Mientras tanto, en Europa, las grandes invenciones, tanto de las comunicaciones y la industria fueron el detonante de la crisis de orden agrícola incidiendo sobretodo en la clase social más baja como la trabajadora común de los campos y de las fábricas. De está manera los más pobres viajaron hacia el “nuevo continente” con la secreta ambición de “hacerse la América”.
CRIOLLOS Y MESTIZOS
Los hijos de blancos españoles se multiplicaron en las últimas décadas del ciclo colonial. Para esta etapa los criollos acusaban un notable apego a la tierra que los vio nacer. Después de la Revolución de Mayo el criollo participo de los cabildos abiertos, de las juntas de gobierno y los de mayores recursos económicos ejercieron el poder del voto.

La situación del criollo empobrecido se modifica a comienzos del siglo xx. Juan Bialet Massé señaló que: “El obrero criollo era menospreciado y tildado de incapaz, viéndoselo como un paria en su propia tierra, trabajando mucho y realizando trabajos en los que era irremplazable y percibiendo un salario mínimo como para no morirse de hambre.”

A pesar de todo, cuando la Nación inició su proceso industrial el criollo paso a formar parte de ese crecimiento.
LOS INDIOS
Durante la época colonial el gobierno no logró integrarlos y los indígenas asumieron una actitud de desconfianza hacia el blanco ya que esté quería penetrar sus tierras por la fuerza. Los indios sufrieron la expulsión de los jesuitas y las administraciones que le siguieron olvidaron sus derechos y los explotaron. Actualmente representan menos del dos por ciento de la población total del país.

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Bibliografía icon6. Bibliografía citada en estos apuntes y bibliografía adicional

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Bibliografía iconBibliografía Pg. 69

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Bibliografía iconBibliografíA p. 25

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