I. “Perfeccionar la alternativa”, objetivo estratégico del Partido Popular y del Partido Socialista desde 2001






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LEHENDAKARITZA

Komunikaziorako Idazkaritza Nagusia


PRESIDENCIA

Secretaría General de Comunicación





PLENO DE INVESTIDURA

DISCURSO DE JUAN JOSÉ IBARRETXE
Señora Presidenta, Señoras y Señores Parlamentarios,

Egunon danori
Presento mi candidatura, avalada por el resultado democrático del 1 de marzo.

Las elecciones del pasado 1 de marzo han reflejado con nitidez la voluntad y los deseos de la sociedad vasca. Es evidente que más allá de lecturas políticas interesadas que mejor convengan a estrategias partidistas, hay una realidad incontestable: el Partido Nacionalista Vasco ha ganado las elecciones, ha sido la fuerza más votada, logrando 400.000 votos y 30 escaños, es decir, 80.000 votos y cinco escaños más que la segunda fuerza, el Partido Socialista, y 254.000 votos y 17 escaños más que la tercera, el Partido Popular.

Soy consciente de que el candidato del Partido Socialista, además de sus propios votos y escaños, va a contar en esta Sesión de Investidura con los apoyos del Partido Popular. Así lo han anunciado tras la alianza que han sellado para repartirse la Lehendakaritza y la Presidencia del Parlamento.

Se habrá cumplido así una estrategia anunciada ya en el año 2001 por el Sr. Mayor Oreja, cuya paternidad, él mismo ha reivindicado públicamente.

No seré yo quien ponga en duda la legalidad del Sr. López para auparse a la Presidencia del Gobierno con los votos del Partido Popular. Pero, no es menos cierto, que la legitimidad social del resultado de las urnas avala mi candidatura. La presento por respeto a la mayoría democrática de ciudadanos y ciudadanas que el pasado 1 de marzo nos respaldaron, y lo hago, también, para que en este Parlamento se visualicen con claridad dos proyectos, dos modelos de País.

Este Debate nos servirá, además, para desenmascarar la perversa utilización de instrumentos legales diseñados y construidos expresamente para alcanzar el poder en Euskadi, como la Ley de Partidos, así como para poner en evidencia el principio sacrosanto de la transversalidad, que con tanta vehemencia se ha venido utilizando para negar la legitimidad democrática en las dos últimas legislaturas al Gobierno Vasco conformado, precisamente, por tres partidos diferentes.
I.- “Perfeccionar la alternativa”, objetivo estratégico del Partido Popular y del Partido Socialista desde 2001

En las elecciones celebradas en mayo de 2001, el objetivo declarado por el frente del Partido Popular y del Partido Socialista, representados por el Sr. Mayor Oreja y por el Sr. Nicolás Redondo, respectivamente, fue desalojar al nacionalismo de la Lehendakaritza.

Al menos en aquella ocasión, a diferencia de ésta, hay que agradecerles que mostraran sus cartas con claridad a la ciudadanía para que pudiera ejercer su derecho al voto con completo conocimiento de causa. El famoso eslogan del cambio  utilizado de nuevo en estas elecciones por ambos partidos  no cuajó. La jugada les salió mal, pero por poco. Se quedaron a un escaño de la coalición PNV-EA y no fueron capaces de aceptar que esta sociedad eligiese un cauce central distinto al suyo. “La sociedad vasca no está madura para el cambio”, clamó enojadamente el Sr. Aznar. Pero fue el Sr. Oreja el que trasladó una frase lapidaria que reflejaba la nueva estrategia a desarrollar para conseguir el objetivo común: “tenemos que perfeccionar la alternativa”.

Este es el planteamiento que explica muchas de las decisiones adoptadas posteriormente, tanto por el Partido Popular como por el Partido Socialista, cuando se han encontrado al frente del Gobierno español de turno.
La trampa de la Ley de Partidos

El primer paso en esta estrategia se dio, un año después, el 27 de junio de 2002, cuando el Sr. Aznar, al frente del Gobierno del Partido Popular, junto con el apoyo entusiasta del Partido Socialista, aprobaron la Ley Orgánica 6/2002, la denominada Ley de Partidos.

Una Ley rechazada en este Parlamento y recurrida ante el Tribunal de Justicia Europeo, pero las “razones de Estado” están por encima de la voluntad mayoritaria de la sociedad vasca y son capaces de sortear durante el tiempo preciso las decisiones de los órganos judiciales europeos. Cuando se dicte sentencia sobre la misma, los efectos serán ya irreversibles.

Este es el instrumento que, a modo de tijera legal, les ha permitido recortar a su antojo la situación política en Euskadi para ir “perfeccionando la alternativa”.

La segunda oportunidad se les presentó en las elecciones del 17 de abril de 2005. En aquella ocasión, tampoco fue posible. La primera fuerza política volvió a ser la coalición PNV/EA, con 29 escaños, con gran diferencia sobre el Partido Socialista, que obtuvo 18 escaños y del Partido Popular, con 15 escaños respectivamente.

La presencia de todas las fuerzas políticas en el Parlamento Vasco, incluida la coalición EHAK, con 9 escaños, hacía imposible el vuelco deseado por socialistas y populares. La alternativa no se había perfeccionado suficientemente.

¿Por qué motivos no se utilizó, entonces, la Ley de Partidos para recortar la representación de todas las fuerzas políticas en el Parlamento Vasco y lograr que el frente españolista tuviera mayoría absoluta?

Por dos razones principalmente:

La primera tiene que ver con un cálculo estrictamente de orden electoral. La presencia de EHAK en la Cámara suponía en aquellos momentos un colchón necesario ante el riesgo de que el Gobierno tripartito y Aralar pudieran alcanzar una mayoría absoluta.

Y la segunda tiene que ver –entonces no lo sabíamos, hoy sí  con el proceso de conversaciones que el Partido Socialista mantenía con ETA, y que, por aquellas fechas, estaban muy avanzadas.

Este avance se puso de manifiesto solamente dos meses después de las elecciones, en junio de 2005, fecha en la que ETA dió un primer paso público manifestando su decisión de no atentar contra cargos electos, en respuesta a la resolución del Congreso de los Diputados, aprobada en mayo de 2005 con los votos en contra del Partido Popular, que dejaba la puerta abierta a la negociación con ETA.

La decepción y las críticas del Partido Popular no se hicieron esperar. El Partido Socialista estaba negociando a sus espaldas una tregua con ETA, dejándoles al margen y, además, había permitido la presencia del “brazo político de los terroristas”, como ellos denominan a EHAK, en el Parlamento Vasco. Se había producido una traición a la estrategia diseñada para “perfeccionar la alternativa”.

A partir de entonces, el Partido Popular desarrolló una batalla política y mediática contra el Partido Socialista, utilizando una interpretación lo más amplia posible de la Ley de Partidos, con el objetivo de dificultar cualquier diálogo con ETA y recortar el Parlamento Vasco.

A pesar de todo, un año después, el 22 de mayo de 2006, se produjo la tregua de ETA. Se realizó un intento serio de alcanzar la Paz. Estoy convencido de que las conversaciones y acuerdos alcanzados en Loiola son, posiblemente, el mayor avance que se ha producido en el camino de la Paz. Así se lo reconoció la sociedad vasca y también la catalana, al Partido Socialista en las últimas elecciones generales. De hecho, gracias a la aportación en escaños que obtuvo el Sr. Zapatero en estas dos naciones logró, de nuevo, mantenerse al frente del Gobierno español.

Pero, tras el atentado de la T-4 en diciembre de 2006 y un último intento entre el Gobierno español y ETA días antes de las elecciones municipales y forales en mayo de 2007, vino la ruptura formal de la tregua de ETA.

El Partido Popular volvía a recuperar la iniciativa y a poner encima de la mesa la vieja idea de utilizar la Ley de Partidos para perfeccionar definitivamente la alternativa y desalojar al nacionalismo de Ajuria-Enea.

Y la alternativa se perfeccionó. Esta vez no iban a incurrir en el mismo error que en 2005. La decisión de expulsar del Parlamento a una parte de la sociedad vasca para facilitar la mayoría absoluta de los partidos españoles en las elecciones al Parlamento Vasco de 2009 estaba tomada. Tenían todo a su favor. Las encuestas, los medios de comunicación de la derecha y la izquierda española y, sobre todo, el engaño a los electores. Porque el “patxibarretxe” del Sr. Basagoiti y “el gobierno trasversal” del Sr. López, tenían como objetivo adormecer al electorado y ocultar la existencia de una alianza ya cerrada entre el Partido Popular y el Partido Socialista en Madrid.

Es verdad que por tercera vez, la sociedad vasca les ha dado la espalda, ha depositado mayoritariamente su confianza en el Partido Nacionalista Vasco, con amplia diferencia. Pero, a pesar de estos resultados, están a punto de cumplir su objetivo. Saben que no pueden esperar más. Ahora o nunca. Un voto en Alava y unos pocos cientos en Gipuzkoa les van a permitir, por fin, culminar su estrategia, en contra de la mayoría sociológica y política vasca, que sigue siendo abertzale.

El propio Mayor Oreja lo manifestaba exultante el pasado 29 de marzo “lo que no fue posible en 2001 lo hemos conseguido en 2009”.

Eso sí, otro líder del PP, hoy Presidente de Galicia, el Sr. Núñez Feijoo, ponía el contrapunto a esta estrategia, señalando con claridad que: “los gobiernos que nacen contra las urnas, mueren en las urnas”.
Los efectos visibles

Los efectos visibles de esta estrategia son evidentes:

- Un Parlamento recortado cuantitativamente desde el punto de vista de ausencia de representación de todas las fuerzas políticas.

- Un Parlamento con una falsa mayoría absoluta de escaños del Partido Popular y del Partido Socialista y que, en ningún caso, refleja la mayoría sociológica y política de este País, que sigue siendo abertzale.

- Por último, la aplicación de la Ley de Partidos, junto a la utilización partidista del Poder Judicial, ha conseguido un efecto muy visible y nada desdeñable. Ha logrado sentar en el banquillo, por primera vez en la historia, a un Lehendakari, acusado de utilizar el diálogo en el ejercicio de su representatividad institucional para trabajar por la Paz.
Los “efectos invisibles”

Los efectos invisibles, de la Ley de Partidos también están presentes y son igualmente preocupantes.

- Por un lado, se ha criminalizado el diálogo como instrumento fundamental en la resolución de conflictos políticos. El diálogo que ha permitido resolver en el mundo conflictos de naturaleza similar, extraordinariamente más complicados que el vasco, como el caso de Irlanda o Sudáfrica, está perseguido penalmente en España. Es decir, la Ley de Partidos aborta definitivamente esta vía de solución.

- El segundo efecto “invisible” de la Ley de Partidos es que las instituciones vascas, y especialmente este Parlamento, ha quedado recortado cualitativamente. La no inclusión de todas las sensibilidades políticas presentes en la sociedad vasca le deja muy poco campo de maniobra para trabajar en su seno y lograr soluciones políticas incluyentes e integradoras.

De hecho, las Instituciones Vascas se quedan como meros instrumentos de gestión. Dicho con otras palabras, la verdadera negociación para la solución del problema de la normalización política, por un lado, y del problema de la violencia por otro, no van a estar en manos del Parlamento Vasco, sino que se sitúan fuera de él.
La trampa de la transversalidad

El otro elemento que ha estado jugando un papel decisivo como instrumento de deslegitimización permanente de la labor desarrollada por el Gobierno tripartito conformado por dos partidos nacionalistas, PNV y EA, y un partido no nacionalista, Izquierda Unida, ha sido la permanente acusación de falta de trasversalidad.

Se ha querido dar a entender que un gobierno en el que no estuvieran presentes alguno de los dos grandes partidos españoles, llamados también constitucionalistas, no representaba suficientemente la pluralidad del País y, por tanto, se negaba su legitimidad democrática.

Se ha mantenido esta máxima, a pesar de que el Gobierno Vasco ha sido capaz de negociar y alcanzar acuerdos con todos los grupos políticos presentes en la Cámara para sacar adelante sus proyectos legislativos y presupuestarios. Y se ha mantenido, también, en la pasada campaña electoral, especialmente por el Partido Socialista, apelando permanentemente a la necesidad de un gobierno fuerte y transversal, que representara suficientemente a la pluralidad de la sociedad vasca.

Bien, ya vemos como se ha interpretado la trasversalidad. El mejor ejemplo de trasversalidad es el que nos presentan el Partido Popular,  la derecha española  y el Partido Socialista,  la denominada izquierda española , juntos en Euskadi, conformando un frente común para repartirse el poder. Esa es su verdadera interpretación de la transversalidad, una alianza para desalojar al nacionalismo de la única Comunidad que, hasta el momento, se había resistido a ser absorbida en el marco constitucional diseñado e interpretado a su antojo por los dos partidos españoles.

La trampa de la transversalidad ha quedado al descubierto. La interpretación de la pluralidad y del acuerdo entre diferentes ha alcanzado su máxima expresión con el Partido Popular y el Partido Socialista. Dos partidos antagónicos, completamente enfrentados en España, con acusaciones mutuas de ineficacia y corrupción, que están librando una batalla encarnizada por el poder en el Gobierno español pero, qué casualidad, precisamente en Euskadi, en lo que ellos alguna vez han calificado como el “frente del Norte”, están juntos como una piña, con un objetivo estratégico trasversal: repartirse el poder.

El resultado en la práctica es evidente, un Gobierno en el que no está representada la mayoría de esta sociedad. Y a esto le llaman transversal… me gustaría que cada hombre o mujer hiciéramos esta reflexión: ¿cómo calificaríamos un Gobierno que se constituye de espaldas a la mayoría social de este País?
II.- El resultado de la alianza del Partido Socialista y del Partido Popular: una alternativa de Gobierno frentista, débil e inestable

Del giro vasquista al giro españolista”

Hemos asistido recientemente a la firma del acuerdo entre el Partido Popular y el Partido Socialista, que pretende garantizar cuantitativamente los escaños que necesita la candidatura del Sr. López para auparse a la Presidencia del Gobierno Vasco.

Han dejado claro lo que quieren deshacer. La visualización del “cambio hacia atrás” la quieren proyectar en aquellos ámbitos en los que este País ha ido construyendo una identidad social y cultural propia. La normalización lingüística, los medios de comunicación, la educación,… etc…

No es un Acuerdo para construir sino una cruzada para destruir. Un Acuerdo en el que, por debajo de las palabras huecas, como las referencias a “fortalecer nuestras Instituciones”, “reconocer a una sociedad vasca plural”, el “diálogo y el acuerdo entre diferentes”, “acabar con la política de frentes…” y otras lindezas que se recogen en el preámbulo, se manifiesta con claridad el triunfo de las tesis más reaccionarias del giro españolista que lidera el Partido Popular.

Es fácil sumar votos para destruir, pero es más complicado desarrollar una política unitaria para construir, sobre todo, cuando la política vasca y las decisiones futuras van a estar condicionadas y supeditadas a la estrategia de las ejecutivas del Partido Popular y del Partido Socialista en Madrid. La política española va a marcar el devenir de la política vasca en el inmediato futuro.

Por eso, en mi opinión, la alternativa de Gobierno que representa el PPSOE es una alternativa frentista, débil e inestable.

Inestable, porque no está sustentada en un Acuerdo programático conjunto, ni en una coalición del Gobierno, sino en una componenda de mínimos para salvar esta sesión de investidura y poco más.

Débil, porque las decisiones que adopten en Euskadi van a estar supeditadas a los intereses y necesidades del PP y del PSOE en Madrid.

Y frentista, porque se hace de espaldas a los deseos de la mayoría sociológica y política de este País.

Y qué decir de su coherencia. ¿Cómo es posible que dos partidos con concepciones económicas, sociales y culturales tan distintas, como se encargan de trasladar diariamente en el Congreso de los Diputados, sean capaces de desarrollar en Euskadi una política industrial compartida, un planteamiento común en materia de solidaridad y progreso social, unos objetivos conjuntos en el ámbito educativo y sanitario? ¿Es posible aquí lo que es imposible e impensable en España?

Hay quién ve muy complicado que las distintas sensibilidades políticas y sociales que representan ambos partidos, no sólo en España, sino también en Euskadi, sean capaces de desarrollar un proyecto que sea fuerte y estable. Piensan que más allá de una noche de bodas,  utilizando una expresión coloquial que no es mía , al día siguiente se pondrán de manifiesto los problemas diarios de una pareja de conveniencia con profundas desavenencias políticas e intereses divergentes.

En mi opinión, este acuerdo entre el PP y el PSOE, hecho evidentemente de espaldas a la mayoría de nuestra sociedad, viene a configurar un “Acuerdo de Estado” para resolver un “problema de Estado”. Va más allá de la conformación de un Gobierno. Es un acuerdo político con gran apoyo mediático, blindado, por tanto, ante las “pequeñas desavenencias” que, a buen seguro, surgirán en el camino. Estamos ante un objetivo superior que se ha de preservar: “el interés general de España”, en palabras del Sr. Rodríguez Zapatero y, por tanto, ante un intento serio de anulación de nuestra propia identidad nacional.

Pero, con todo, no me preocupa tanto el riesgo de ese matrimonio, que será siempre “controlado”, sino el hecho de que sus trifulcas las tengamos que pagar todos los demás, especialmente el conjunto de la sociedad vasca.
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