Intervención presidencial en la ceremonia de clausura de la asamblea nacional constituyente






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INTERVENCIÓN PRESIDENCIAL EN LA CEREMONIA DE CLAUSURA DE LA ASAMBLEA NACIONAL CONSTITUYENTE

Montecristi, 25 de julio de 2008
Queridos ciudadanos, queridas ciudadanas:
Los ecuatorianos hemos procedido con una madurez política sin parangón en la historia republicana, al redactar en forma colectiva, en un canto plural, paso a paso, palabra por palabra, los artículos que contiene la Nueva Constitución de la República del Ecuador; acta de nacimiento de la Patria Nueva, altiva, soberana, solidaria y equitativa. Este, es un paso decisivo para lograr nuestra segunda y definitiva independencia.

El proceso de construcción de este sueño, de esta nación, para sentirnos representados, definidos, ha sido esencial y ampliamente democrático, participativo, incluyente; los anhelos de millones de ciudadanos y ciudadanas que confiaron, que apoyaron decididamente las propuestas electorales de los ejes de la Revolución Ciudadana tienen que respetarse; el primero, relativo a la revolución democrática, que contemplaba justamente la convocatoria a una Asamblea Constituyente para estructurar las herramientas legales para llevar adelante los cambios necesarios, para salir del neoliberalismo; sistema consagrado en la anterior Constitución; que propició una larga y triste noche plagada de abusos, explotación, latrocinio y entrega obsecuente de nuestros recursos, de nuestra soberanía; se sometió esta soberanía a los intereses apátridas; a los intereses apátridas que nos han saqueado, nos han esquilmado, sin contemplación alguna.
El soberano, el pueblo, el mandante, se pronunció abrumadoramente; en la consulta popular de abril del 2007; con más del 80% de los votos por esta asamblea nacional Constituyente; sin embargo, los tristes voceros de la oligarquía, siguieron manteniendo sin asomo de vergüenza, sin sangre en la cara, su oposición a todo lo que significara cambio.

Cuando se planificó “Ciudad Alfaro”, algunos no creían que podía ser posible el proyecto. Como siempre, no confiaron en nuestras capacidades, en las capacidades de los ecuatorianos para emprender grandes retos; nosotros soñamos muy alto, apostamos a las capacidades y al talento de nuestros compatriotas; de hecho, nos jugamos entero por nuestro pueblo, confiamos totalmente en nuestra acción, en nuestra gente.

Los de siempre, no confiaron, como siempre, en las fuerzas del pueblo; nunca se imaginaron que la más grande movilización de la historia republicana del Ecuador estaba en marcha; el pueblo conciente, con urgencia contenida por siglos de opresión, encabezó la movilización democrática para el cambio pacífico, ordenado, planificado; cambio profundo en el que centenares de miles, de ciudadanos y de ciudadanas prepararon con ahínco las herramientas necesarias para el cambio verdadero, sustentable, que ya no tiene regreso. Se ha destruido el mito, el paradigma que sustentaba la inercia del viejo país en el que se hacía todo para que nada se pueda hacer.

Cuando el pueblo se pronunció en las urnas por las propuestas de este inmenso Acuerdo País, contundentes, claras y precisas, contenidas en los cinco ejes: Esa Revolución esa Democrática, esa Revolución Social y Revolución Económica; esa Revolución por la transparencia y la honestidad, esa Revolución por la integración Latinoamericana, nos dijo que no había marcha atrás; y en esa consulta popular del 2007, asi lo ratificó, y en la elección para Asambleístas el 30 de septiembre de 2007, las elecciones más democráticas que recuerde la historia de este país, ¡Volvimos a triunfar! Abrumadoramente. Tuvimos un inmenso respaldo colectivo, que significó la presencia, en este cuerpo colegido de 80 representantes.

Triunfamos en 21 de las 22 provincias del país. Vencimos en Costa, Sierra, Amazonía, Galápagos y Migrantes. Por fin existe en el país un proyecto verdaderamente nacional.

Pero como dice el adagio:

“Cada ladrón juzga según su condición”,. Cuando se iniciaron los trabajos de estudio, de discusión, de redacción primaria de cada una de las partes de la Constitución, los sectores de siempre encaramados en sus intereses quisieron vender la idea falsa, de que todo estaba cocinado que se había hecho una constitución a espaldas del pueblo ecuatoriano que se traía el “paquete” redactado con anterioridad, por debajo de la mesa; pero, la verdad se fue imponiendo, este proceso ha sido público y notorio, abierto a todas y a todos, nunca se ha escondido nada; esto ha sido limpio, sin trampas. E incluso todas las sesiones han sido directamente transmitidas por la televisión pública Ecuador TV.

Los asambleístas, las mesas de trabajo, las romerías democráticas, las movilizaciones permanentes, las comisiones sectoriales, los representantes de las comunidades, de los trabajadores, de los campesinos, trajeron a Montecristi todas sus propuestas, sus aportes, su contingente, su opinión y su cariño.

En el colmo del descaro, los que hoy quieren desprestigiar a la nueva constitución, dañar la imagen de la revolución ciudadana, pretenden incluso acusarnos de falta de democracia, sin embargo paradoja de paradojas, son los mismos que hicieron la constitución del 98 nada más y nada menos que en un fuerte militar, tal vez era una premonición del arma de destrucción masiva que estaban preparando y que años más tarde, meses más tarde, produjo y permitió la más grave crisis de la historia del país, Constitución que jamás, repito jamás, repito nuevamente, jóvenes no se olviden; que jamás fue presentada a la aprobación del pueblo ecuatoriano. Esa gente es la que ahora pretende darnos lecciones de democracia. Realmente cuánta desfachatez existe en el viejo país.
La acción colectiva democrática, solidaria, es indispensable para superar esas barbaridades que estableció la Asamblea de 1998, que fue redactada que instituyó el neoliberalismo que permitió el atraco bancario más grande la historia más de ocho mil seiscientos millones de dólares; ironía salvaje, triste realidad que permitió bancos quebrados, economías desechas, miles y miles de perjudicados, miles y miles de migrantes, por la parte del pueblo; pero banqueros corruptos prófugos, pero prósperos, boyantes, con mansiones, aviones, yates, veleros, por la parte de la partidocracia de siempre. Y, el viejo país guardando silencio putrefacto, los voceros de la mentira, enfermos de complicidad.
Son obedientes de los designios de intereses apátridas, de las órdenes de sus amos, claramente identificados, para establecer la explotación y el abuso mediante, por ejemplo, la tercerización laboral, el contrato por horas, que permitía y legitimaba la constitución de 1998.
Tenemos que superar, y lo estamos haciendo con esta nueva constitución, el absurdo simplismo de la competencia, del egoísmo convertido en la máxima virtud individual y social; hay que potenciar la acción colectiva planificada. La mejor forma de dominarnos fue hacernos creer que no se requería acción colectiva, que no se requería planificación que todo resultaba de la competencia entre seres humanos, de buscar cada uno su propio fin de lucro, vaya falacia.
Trabajamos día a día para liberar a los ciudadanos y a las ciudadanas, a nuestro pueblo, a los seres humanos de esa entelequia llamada mercado. El mercado es una realidad económica insoslayable; pero, no es ni puede convertirse en el rector máximo de la vida de los seres humanos. El mercado es un buen siervo, como siempre lo hemos dicho, pero un pésimo amo.
Ninguna emboscada ni complot; ningún subterfugio electoralista, y menos la compra de votos y conciencias, ha podido desmantelar y truncar la gran esperanza de ciudadanos y ciudadanas que decidieron, con sacrificio y altivez, transformar las estructuras caducas del país.
Cuando la mayoría del pueblo ecuatoriano nos eligió, apoyaron, repito, en las urnas un proyecto político claro, un proyecto de transformación, de cambio profundo, radical, rápido un proyecto encarnado en las más altas aspiraciones e intereses de la Nación.
Paradójicamente los principales peligros no han venido de una oposición que ni siquiera se cree a sí misma, sino de nuestras propias contradicciones, de esas agendas que se metieron por las trasteras, de un falso sentido de democracia que buscó los aplausos de los grupos que precisamente debíamos combatir, de Caballos de Troya que llevaban en su vientre aspiraciones y hasta frustraciones por las que no había votado el pueblo ecuatoriano.

Lo dije el 29 de Noviembre del 2007, en la inauguración de esta asamblea: El mayor peligro para nuestro proyecto de país es el izquierdismo y el ecologismo infantil. Temo que no me equivoqué, aunque tal vez me faltó añadir el indigenismo infantil.
Hemos madurado mucho políticamente en estos 8 meses. Hemos dejado de ser tan ingenuos y más allá del cariño hemos aprendido a conocer mejor a las personas. Felizmente la sensatez prevaleció, y la historia sabrá juzgarnos. Por lo demás, siempre se podrán encontrar buenos motivos para calmar conciencias y justificar deslealtades y traiciones.
Tanto el 15 de abril, cuando el pueblo escogió mayoritariamente el sí; como, el inolvidable 30 de septiembre pasado, cuando los ecuatorianos apoyamos abrumadoramente la propuesta de Revolución Constitucional, quedó claro el camino y el objetivo que nos debía guiar hacia el futuro.
El objetivo ha sido y será desarrollar en nuestro país una verdadera revolución constitucional, revolución encaminada a construir una auténtica democracia en el Ecuador.
La democracia requiere, para ser verdadera, de algunos atributos básicos, entre los cuales el más importante es la sujeción del poder al derecho.
Para que el Ecuador pueda superar definitivamente este remedo de democracia, que nos ha acompañado en toda nuestra historia republicana, esta democracia usurpada por el omnímodo poder que gobernó, a espaldas de los intereses y anhelos populares, requerimos desarrollar normas e instituciones fuertes y respetadas, donde los ciudadanos nos veamos reflejados social y culturalmente.
Esta constitución, a diferencia de la del 98, ha sido trabajada bajo el amparo, la inspiración, la espada del espíritu libertario de Eloy Alfaro Delgado. Somos Bolivarianos, alfaristas, revolucionarios; herederos del más profundo espíritu libertario; por eso, estamos levantando como resultado del trabajo fecundo, del esfuerzo patriótico, esta nueva constitución de la República del Ecuador, que nos declara como un Estado constitucional, social y democrático de derechos y justicia, soberano, independiente, unitario, intercultural, plurinacional y laico.
Nadie discute que pudo y que puede ser mejorada, todo es perfectible; pero, nada es perfecto, lo perfecto es enemigo de lo bueno, es inhumano.

La calidad no tiene relación con la cantidad del tiempo de debate. No es que a mayor cantidad de discusiones el texto iba a ser mejor, no. La calidad tiene que ver con la claridad de objetivos, a favor de los intereses del bien común. Nadie desconoce que se han filtrado errores; pero, cada palabra, cada concepto, cada uno de sus artículos ha sido desarrollado, ha sido redactado como un canto plural, colectivo, democrático y participativo. Miles y miles de ciudadanos, en romería cívica, en manifestación fecunda, marcharon a Montecristi con sus proclamas, propuestas, oposiciones o respaldos; nunca se dio una movilización tan representativa, abierta y solidaria, en la historia del Ecuador.

Cada una de las partes de esta nueva constitución contiene miles de voces, de corazones, de sentimientos, de razones, de pensamientos, concebidos con el más profundo amor.
Aquí no están textos ocultos en donde anide la traición; aquí no hay celadas, ni trampas, ni escondrijos, como era costumbre inveterada del viejo país y sus representantes. No nos olvidemos, insisto, que la Asamblea del 98, atendiendo a los intereses de la banca y el capital, escondía en su vientre la más criminal de las acciones en contra del pueblo, que propició el gran atraco, el asalto legal de los recursos de centenares de miles compatriotas que confiaron en la banca y en los banqueros corruptos, insensibles, sin alma.
Por primera vez se reconoce en la práctica que somos un país inmenso, constituido también por los millones de ecuatorianos que tuvieron que irse al exterior, que viven, sufren y trabajan para dar de comer a sus familias; que tuvieron que irse, fueron deportados, no es que quisieron irse, fueron deportados, nosotros guardamos la esperanza de que salieron para volver, fueron deportados, víctimas del robo, la estulticia, el atraco que se cometió en su contra con el feriado bancario. Por primera vez nuestros migrantes fueron considerados, participaron en todas y cada una de las fases del proceso, participaron directamente con sus representantes, luchando por sus reivindicaciones, por sus derechos ¡Acaso porque no están por ahora en territorio patrio, no son ecuatorianos! Y desde aquí a esos millones de hermanas ecuatorianas y ecuatorianos en el extranjero, el más inmenso abrazo, la mayor de las solidaridades y el deseo de pronto reencontrarnos en nuestra tierra.
¡Todos trabajamos activamente, nos pronunciamos en forma directa, democrática, participativa! ¡Todos formamos parte de esta Constitución!
Claro que siempre, insisto, podrá perfeccionarse, este ha sido el cumplimiento de un mandato popular que ha respetado todas las reglas, incluyendo el plazo perentorio, que se vence hoy.
Nuestro saludo a todas y a todos los asambleístas que han participado decidida, tesoneramente, sin atender, a veces, a sus necesidades de descanso; laborando día y noche, madrugadas, fines de semana, en una labor que los engrandece.
Una particular felicitación al Presidente de la Asamblea, compañero y amigo Fernando Cordero. Después de tanto tiempo perdido, después de tanta supuesta democracia del bla bla, después de tanto diletantismo, su labor fue inmensa, y logramos cumplir con el pueblo ecuatoriano.
Un saludo inmenso para reconocer el coraje, la valentía que representa mantener el norte, la claridad en los objetivos, de los compañeros que no claudicaron, que no buscaron protagonismos personales.
Quienes vinieron a Montecristi con agenda propia, se equivocaron; quienes llegaron a boicotear, a taponar las discusiones, a poner zancadillas, también se equivocaron del medio a la mitad; no tuvieron, en la práctica representación alguna, no convencieron a nadie; de principio, nunca dijeron que estaban en contra de o a favor de; después quisieron tergiversarlo todo, pero ya no convencen a nadie. Basta recordar quienes votaron el día de ayer por el No, y quienes votaron a favor de la constitución. ¿Acaso esos grupos, esos 32 votos que negaron la constitución pese a haber formado parte de esta Asamblea Nacional Constituyente, no fueron los mismos grupos que se opusieron incluso a la consulta popular y luego de ser abrumadoramente derrotados, ¿acaso no fueron los primeros, con la mayor desfachatez, de incluirse como candidatos? Nadie se engañe esa gente durante estos ocho meses, no vino a construir una nueva Constitución, no vino a aportar soluciones al país, vino a reiteradamente obstaculizar la labor de la inmensa mayoría de asambleístas sobre todo, de la inmensa mayoría del pueblo ecuatoriano que si quería esa nueva Constitución. Pero la votación de ayer, ese tres a uno creo que reflejará bastante bien, el pronunciamiento que el pueblo ecuatoriano tendrá el próximo 28 de septiembre. Recordémosles es importante, es importante, para ver quienes se oponen al cambio, si estuvieran contentos esos grupos, nos preocuparíamos, ahí está el Partido Social Cristiano, ahí está el Prian, ahí está el Partido Sociedad Patriótica, lamentablemente esos grupos que suelen huir ante las decisiones históricas, que ni siquiera se atreven a votar. En todo caso, les insisto, si esta Constitución contentara a esos grupos, sería motivo de preocupación para nosotros, como sabemos que están desesperados ese es el mejor mensaje, la mayor prueba de que ahora sí esta Constitución cambiará la realidad de este país.
La oposición nunca ha sido ciega, ellos estaban clarísimos; nunca vinieron a trabajar en la redacción de soluciones, de propuestas; siempre tuvieron claras sus metas y objetivos: torpedear el trabajo, boicotear cada uno de los avances. Cuando encontraron conveniencia, levantaron banderas y gritos, para alcanzar protagonismo, notoriedad; utilizaron incluso cobardemente el nombre de Dios, de la vida, pero ya el pueblo los conoce. Y siguen con esas mentiras, siguen las viudas de la partidocracia, para confundir al pueblo ecuatoriano, ya basta de tantas mentiras, es hora de decirle al pueblo la verdad, tengan algo de argumentos, salgan de tanta mediocridad. No saben cuánto ánimo nos dan al tener que recurrir a calumnias para poder desesperadamente convencer al pueblo ecuatoriano de que rechace la nueva Constitución, ese es el mejor espaldarazo para saber que estamos en el camino correcto. Con su venia señor Presidente, quisiera solicitarle al Señor Secretario que lea el artículo sobre concepción que incluye la nueva Constitución de la República, por favor.
Secretario: “Sección quinta. Niñas, niños y adolescentes. Art. 45, Primer Inciso. (Las niñas niños y adolescentes gozarán de los derechos comunes al ser humano, además de los específicos de su edad. El Estado reconocerá y garantizará la vida, incluido el cuidado y protección desde la concepción)”.
¿Podría repetir ese último párrafo para que quede extremadamente claro al Ecuador, al mundo, a la oposición mentirosa, a ciertos fanáticos religiosos de que esta es una Constitución que como nunca antes defiende la vida, la dignidad del ser humano, Señor Secretario?
Secretario: “(El Estado reconocerá y garantizará la vida, incluido el cuidado y protección desde la concepción)”.
¿Dónde está la Constitución abortista con la que quieren escandalizar al pueblo ecuatoriano? Por favor pueblo de mi Patria acaba de conocer a los sepultureros de este país, que ahora pretenden ser sus resucitadores, a los culpables de esta tragedia nacional que hoy pretenden venir con supuestas soluciones, y lo mismo podríamos decir del supuesto hiperpresidencialismo, no quiero hacerles perder el tiempo, pero ¿dónde está?, ni siquiera han definido que es hiperpresidencialismo, pero ¿dónde está la acumulación de poderes en el Presidente de la República, la Constitución supuestamente hecha a la medida? Lo mismo también podríamos decir de la propiedad privada, con la cual también se quiere asustar a los propietarios de este país. Lo mismo también podríamos decir sobre las autonomías, con lo cual los supuestos defensores de las autonomías se han quedado sin piso, porque no ha habido Constitución más autonómica que esta Constitución que se ha redactado aquí en Montecristi, pero autonomías correctamente concebidas con claras competencias, con claros deberes, manteniendo la unidad nacional. Todo eso se esclarecerá en los días previos a esa votaciñón histórica del 28 de septiembre. Pero qué pena que en su desesperación, para ganar algunos votos en contra de la nueva Constitución, tengan que recurrir a mentiras, tengan que recurrir a falsedades, y se juegue con cosas tan fundamentales, tan sagradas como el nombre de Dios y la vida misma. Aprendan a conocerlos por favor.
Esta es una propuesta trabajada a maravilla, casi hecha a mano en todos sus detalles; es filigrana, redactada con infinito amor; que ahora está en las manos del soberano, del mandante, del pueblo, para que decida, en el próximo referéndum de septiembre.
No nos olvidemos que la Constitución del 98, nunca nunca fue puesta a consideración del pueblo, y los que dominaron esa Constitución son los que ahora lideran la campaña por el no, porque supuestamente esta Constitución es antidemocrática. Compañeros, compañeras, sobre todo niños de mi patria, con sus maestros, grupos de trabajo, revisen esa Constitución y si en alguna parte de esa Constitución el Presidente de la República, el gobierno Nacional, los compañeros asambleístas, Alianza País, ha puesto una sola coma en beneficio personal, en beneficio de grupos, en beneficio de grupos políticos, denúnciennos al país, denúnciennos al mundo, denúnciennos ante la historia.
Como decía el Viejo Luchador: “Queridos jóvenes de mi patria, queridas hermanas y hermanos ecuatorianas y ecuatorianos, no buscamos nada para nosotros, todo para ustedes, pueblo que se ha hecho digno de ser libre”.
Cuando de democracia hablamos, estamos diciendo que respetamos como los que más la decisión popular; esta decisión será tomada por millones de ecuatorianos, en el próximo septiembre. ¡Democracia real!
Debemos construir una muralla de dignidad, o, como se decía antes, una justicia humana que sea como un crisol, por límpida y verdadera.
El pueblo, el Mandante, el Supremo, por eso se han eliminado. Esta es una Constitución del siglo XXI y es un gran acierto de los compañeros asambleístas, se eliminó el título de supremo de las diferentes instituciones, Corte Suprema de Justicia, aquí el único Supremo es el pueblo ecuatoriano, de él dependen todas las decisiones. Ese Supremo, ese Mandante máximo dará su palabra y, en homenaje y tributo a su altísima conciencia, y en consecuencia con la voluntad mayoritaria, respetaremos la decisión de ese pueblo sabio y profundo, que lo que anhela, y lo ratifica en cada convocatoria, es una Patria altiva, justa y soberana. Una Patria donde vivir sea posible, en donde sea posible la conquista de la felicidad, del bienestar común.
¡Todos hemos hecho la Constitución! ¡Somos positivos! ¡Todos somos responsables del futuro de la Patria!
En esta nueva Constitución están presentes también los espíritus libres y rebeldes de quienes han construido con su ejemplo y su sacrificio, a través de la historia, nuestra identidad. Rumiñahui, Daquilema, Manuela León, Manuelita Sáenz, Simón Bolívar, Antonio José de Sucre, Tránsito Amaguaña, también está, Rosita Campuzano, Lorenza Avemañay, Eloy Alfaro, Nela Martínez, Benjamín Carrión, miles y miles de ejemplos de dignidad y de coraje. Esta es una obra colectiva, es nuestra mejor producción, nuestro aporte para las nuevas y fecundas generaciones. Somos un pueblo de paz, buscamos la felicidad, el bienestar común, honramos la vida. Y eso nos permitirá lograr nuestra nueva Constitución, por eso Sí y mil veces Sí.
Gracias Asambleístas, Gracias Manabí.
¡Hasta la Victoria Siempre!




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