La primera tarea de la teoría general del delito es dar un concepto de delito, que contenga todas las características comunes que debe tener un hecho para ser






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CAPÍTULO IV

1. Estructura ontológica de la omisión

El comportamiento humano tiene el ejercicio activo de la finalidad, y un aspecto pasivo constituido por la omisión, que puede ser también penalmente relevante. El derecho penal contiene también normas imperativas que ordenan acciones cuya omisión puede producir resultados socialmente nocivos, estos constituyen los delitos de omisión. Lo que el legislador castiga en éstos es la no realización de la acción mandada.
La omisión de una acción determinada, es cuando el sujeto autor de la omisión debe de estar en condiciones de poder realizar la acción, si no existe tal posibilidad de acción, no puede hablarse de omisión. Todas las cualidades que constituyen la acción en sentido activo deben estar a disposición del sujeto para poder hablar de omisión.
Acción y omisión son dos subclases independientes del comportamiento humano, susceptibles de ser regidas por la voluntad final.
2. La acción esperada

La omisión penalmente relevante, es la omisión de la acción esperada.
El delito omisivo consiste siempre en la omisión de una determinada acción que el sujeto tenía obligación de realizar y que podía realizar, consiste en la infracción de un deber jurídico. Éste se incumple al omitir el sujeto una acción mandada.
Metodológicamente, es correcto estudiarlo desde el punto de vista ontológico, ya que la omisión es una forma del comportamiento humano que sirve de base a todas las categorías de la teoría del delito.

3. Clases de omisión penalmente relevantes

En derecho penal, el delito omisivo aparece de tres diferentes formas:

  1. Como delitos de omisión propia, se castiga la simple infracción de un deber de actuar.

  2. Como delitos de omisión y resultado, en los que la omisión s vincula a un determinado resultado con el que se conecta casualmente.

  3. Como delitos impropios de omisión o de comisión por omisión, en los que la omisión se conecta con un determinado resultado prohibido, pero en el tipo legal concreto no se menciona expresamente la forma de comisión omisiva.


La equiparación y equivalencia de la omisión a la acción en sentido estricto descrita legalmente debe realizarse con sumo cuidado, si no se quiere lesionar el principio de legalidad y el principio de intervención mínima que impide equiparar con la misma sanción comportamientos cualitativamente diferentes.

4. Los delitos omisivos propios

En estos delitos, el contenido típico está constituido por la simple infracción de un deber actuar. Un ejemplo de este tipo de delitos es la omisión del deber de socorro. En él, el deber actuar surge en el plano objetivo de la presencia de una situación típica que exige una intervención. La prestación de una intervención determina el cumplimiento de los elementos objetivos del tipo injusto. En el ámbito subjetivo, la imputación a título de dolo requiere el conocimiento de la situación típica y de las posibilidades de intervención. La imprudencia puede surgir de la negligencia en la apreciación de la situación típica o de las propias posibilidades de intervención.
La realización del tipo de injusto no implica ni la antijuricidad ni la culpabilidad.
5. Los delitos de omisión impropios o de comisión por omisión

Una problemática especial se presenta en los delitos llamados de comisión por omisión, o impropios de omisión, ya que en ellos, el comportamiento omisivo no se menciona expresamente en el tipo.

Entre estos delitos, hay dos diferentes cuestiones:

  1. La relación causal entre la omisión y el resultado producido, (omisión y resultado de los delitos de comisión por omisión, la causalidad de la omisión): el delito de comisión por omisión es un delito de resultado, en el que el resultado producido debe ser imputado al sujeto de la omisión. Lo que aquí importa es la constatación de una causalidad hipotética, la posibilidad fáctica que tuvo el sujeto de evitar el resultado.

  2. El deber de evitar el resultado que incumbe al sujeto de la omisión, posición de garante: en el delito de comisión por omisión, es necesaria la constatación de la causalidad hipotética de la omisión respecto del resultado producido, para imputar un resultado al sujeto de la omisión, y además que este sujeto tenga obligación de tratar de impedir la producción de resultado en virtud de determinados deberes cuyo cumplimiento ha asumido o le incumben en razón de su cargo o profesión. Esto convierte al sujeto en garante de que no se produzca el resultado. Son dos grandes grupos los que fundamentan la posición del garante:

A. Función protectora del bien jurídico:

1. En virtud de una vinculación natural, donde el obligado tiene una posición de garante respecto a la vida, la integridad física, y la salud de sus familiares.

2. Una comunidad de peligros que impone la obligación de realizar determinadas acciones para ayudar a los demás participantes.

3. Una aceptación voluntaria de específicas funciones protectoras, que recae en todas aquellas personas que de forma expresa o tácita asumen la obligación de impedir determinados resultados, obligación que constituye precisamente el objeto de su aceptación.

B. Deber de vigilancia de una fuente de peligros: aquí destaca la idea del actuar precedente o de injerencia. Quien con su hacer activo, aunque sea sin culpa, ha dado lugar a un peligro inminente de un resultado típico, tiene la obligación de impedir la producción de un resultado. Generalmente, la omisión de estos deberes dará lugar a un delito de comisión por omisión imprudente.


CAPÍTULO V

Hay dos formas de comportamiento humano, activo y pasivo, y hay algunas categorías que con cuya presencia convierte ese comportamiento humano en delictivo. Estas categorías son la tipicidad, la antijuricidad, la culpabilidad, y en algunos casos la penalidad.
Toda acción u omisión es delito si infringe el ordenamiento jurídico (antijuricidad) en la forma prevista por los tipos penales (tipicidad) y puede ser atribuida a su autor (culpabilidad).
1. Tipicidad y tipo

De las categorías mencionadas anteriormente la más relevante jurídico penalmente es la tipicidad, que es la adecuación de un hecho cometido a la descripción que de ese hecho se hace en la ley penal. Por el principio de legalidad, sólo los hechos tipificados en la ley penal como delitos, pueden ser considerados como tales.
De la gama de comportamientos antijurídicos que se dan, el legislador selecciona los más intolerables y lesivos para los bienes jurídicos, y los amenaza con una pena, describiéndolos en el supuesto de hecho de una norma penal.
EL tipo es la descripción de la conducta prohibida que lleva a cabo el legislador en el supuesto de hecho de una norma penal. Tipicidad es la cualidad que se le atribuye a un comportamiento cuando es subsumible en el supuesto de hecho de una norma penal.
En derecho penal, el tipo tiene una triple función:

  1. Seleccionadora de los comportamientos humanos penalmente relevantes.

  2. De garantía, en la medida que sólo los comportamientos subsumibles en él pueden ser sancionados penalmente.

  3. Motivadora general: por la descripción de los comportamientos en el tipo penal el legislador indica que comportamientos están prohibidos, y espera que, con la conminación penal contenida en los tipos, se abstengan de realizar la conducta prohibida.



2. Tipo y antijuricidad: tipo de injusto

La antijuricidad es un juicio negativo de valor que recae sobre un comportamiento humano y que indica que ese comportamiento es contrario a las exigencias del ordenamiento jurídico.
Por el principio de legalidad y de seguridad y certeza jurídicas, sólo los comportamientos antijurídicos que son típicos pueden dar lugar a una reacción jurídico penal.

La tipicidad es un indicio de que el comportamiento puede ser antijurídico.
El tipo y la antijuricidad son dos categorías distintas de la teoría del delito. El tipo puede desempeñar una función indiciaria de la antijuricidad, pero no se puede identificar con ella.
La identificación entre tipo y antijuricidad conduce a considerar las causas de justificación como elementos negativos del tipo. Difícilmente se puede equiparar una conducta atípica con una conducta típica, pero realizada en una causa de justificación. Las consecuencias de identificar tipo y antijuricidad se reflejan en materia de error.
En el tipo se incluyen todas las características de la acción prohibida que fundamenten positivamente su antijuricidad. Pero no siempre se pueden deducir directamente del tipo estas características y hay que dejar al juez la tarea de buscar las características que faltan. Ello se debe a la dificultad de plasmar legalmente tales características en el tipo legal. Pero una vez halladas, pertenecen al tipo igual que las demás. La cuestión tiene trascendencia en el ámbito del error, ya que, según se estimen los elementos del tipo o de la antijuricidad, deberá tratarse el error de tipo, o como error de prohibición. El nombre de tipo debe reservarse para aquella imagen conceptual que sirve para describir la conducta prohibida en el supuesto de hecho de una norma penal y que después va a ser objeto del juicio de antijuricidad, esto es de tipo injusto.
3. Tipo y adecuación social

El tipo implica una selección de comportamientos y una valoración, sin embargo, ciertas acciones en sí típicas carecen de relevancia al ser corrientes en el ámbito social. Se estima, que ciertos comportamientos, por sea adecuados socialmente, no deben considerarse típicos, y mucho menos antijurídicos.
Se confunden en esta teoría de la adecuación social dos planos distintos y con distinta trascendencia: el social y el jurídico. Lo que es adecuado socialmente, no debería ser generalmente típico, penalmente relevante. Muchas veces existe un desacuerdo entre lo que las normas penales prohíben, y lo que socialmente se considera socialmente adecuado. Esto puede llevar a la derogación de una norma jurídica. La adecuación puede ser un criterio que permita una interpretación restrictiva de los tipos penales que extienden en exceso el ámbito de prohibición, pro esto no puede tener validez general dada su relatividad e inseguridad, por lo que debe rechazarse este criterio de exclusión del tipo.
4. Estructura y composición del tipo

La imagen conceptual que es el tipo se formula en expresiones lingüísticas que intentan describir la conducta prohibida. Debería emplear elementos lingüísticos descriptivos que cualquiera puede apreciar o conocer en su significado sin mayor esfuerzo.
También debe evitarse en lo posible el casuismo en la descripción de conductas prohibidas; y es preferible utilizar cláusulas, definiciones y descripciones genéricas que reúnan los caracteres comunes esenciales a cada grupo de delitos. Deben evitarse los conceptos indeterminados por el peligro que representan para la seguridad jurídica de los ciudadanos, al dejar sin precisar claramente la conducta prohibida.
Es imposible reducir a un denominador común las diversas características de los tipos delictivos, por lo que se indican unas cuestiones generales que siempre están presentes en la composición de todos los tipos: sujeto activo, acción y bien jurídico.

  1. Sujeto activo: el delito como obra humana siempre tiene un autor, el que realiza la conducta prohibida. Puede ser cualquiera. En algunos tipos delictivos se plantean algunas cuestiones en relación al sujeto activo. En los delitos plurisubjetivos el tipo exige la concurrencia de varias personas. También hay delitos especiales, en los que el sujeto activo solo puede ser aquella persona que tenga las cualidades exigidas en el tipo. Y por último hay también delitos de propia mano, en los que el tipo exige la realización de una acción determinada y solo el que se encuentre en posición de ejecutar inmediata y corporalmente, por sí mismo, la acción puede ser sujeto activo.

  2. Acción: en todo tipo hay una acción entendida como comportamiento humano, que constituye el núcleo del tipo, su elemento más importante. Puede indicar una acción positiva o una omisión. Cuando el tipo exige la realización sin más de la acción son delitos de mera actividad. En otros casos, además de la realización de la acción, la producción de un resultado material, que se dan en el mundo exterior, son delitos de resultado. En algunos tipos la acción se delimita por la exigencia del empleo de algunos medios legalmente determinados, por el lugar o por el tiempo. Existen delitos complejos, que suponen varias acciones, y delitos simples que suponen solamente una acción.

  3. Bien jurídico: la norma penal tiene una función protectora de bienes jurídicos, para cumplir esta función eleva a la categoría de delito, por medio de su tipificación legal, aquellos comportamientos que lesionan o ponen en peligro los bienes jurídicos protegidos. Estos bienes son la clave que permite descubrir la naturaleza del tipo, dándole sentido y fundamento. El bien jurídico es el valor que la ley quiere proteger de las acciones que quieran dañarlo. EL concepto de bien jurídico en derecho penal, se utiliza como criterio de clasificación de los distintos tipos delictivos en función del bien jurídico protegido en ellos, se distingue entre bienes jurídicos individuales y comunitarios. También existe el objeto de la acción, que es la cosa del mundo exterior sobre la que recae directamente la acción típica. El sujeto pasivo es el titular del bien jurídico, aunque este concepto es poco preciso y sólo tiene interés para saber quien es el titular del bien jurídico protegido en el tipo penal, en aquellos casos en que quepa disponer libremente de él.


CAPITULO VI
1. Tipo de injusto del delito

La acción u omisión subsumidle en el tipo es un proceso causal regido por la voluntad, de ahí se desprende que, ya a nivel de tipicidad, debe tenerse en cuenta el contenido de esa voluntad es decir: fin, efectos concomitantes, selección de medios, etc.
El tipo de injusto tienen tanto una vertiente objetiva, el llamado tipo objetivo, como subjetiva, tipo subjetivo.
En la objetiva se incluyen los elementos de naturaleza objetiva que caracterizan la acción típica: el autor, la acción las formas y medios de la acción, el resultado, el objeto material etc.
En la vertiente subjetiva, que es mucho mas difícil de probar refleja una tendencia o disposición subjetiva que se puede deducir, pero no observar.
La dogmática tradicional, divide los componentes del delito entre lo “objetivo” , lo que le correspondía valorar al tipo y a la antijuricidad ; y “sujetivo” que le correspondía valorar a la culpabilidad , que es entendida como la relación psíquica entre el autor y el resultado; mas adelante se vio que esta separación era insostenible por las siguientes razones:


  • en algunos tipos delictivos era imposible caracterizar el tipo de injusto de un modo objetivo, por que el legislador exigía ya a nivel típico la presencia de determinados elementos subjetivos si los cuales no podía ser típico.

  • La culpabilidad no es una simple relación psicológica entre el autor y el resultado, puede darse la relación sin que el autor sea culpable, como lo es el caso de un enfermo mental.



2. El dolo

El ámbito subjetivo del tipo de injusto de los delitos dolosos esta constituido por el dolo.

El termino dolo tiene varias acepciones en el ámbito del derecho.

Se puede entender como conciencia y voluntad de realizar el tipo objetivo de un delito.

En otras términos, hablamos de delito doloso cuando se comete de forma intencionada.

Hay presencia de dos elementos: el intelectual y volitivo.


3. Elementos


    1. Elemento intelectual: con esto nos referimos que el sujeto debe saber que es lo que hace y conocer los elementos que caracterizan su acción como acción típica.

Es importante destacar que el conocimiento de los elementos puede ser necesario para efectos como calificar la acción como antijurídica, culpable o punible, aunque no para calificar la de típica.

Por tanto el elemento intelectual del dolo se refiere a que el conocimiento conozca la ilicitud de su hacer como a los elementos que caracterizan objetivamente la acción como típica (sujeto, acción, resultado, relación causal, imputación objetiva, etc)

El conocimiento que exige el dolo es un conocimiento actual, no potencial, no necesariamente exacto pero no basta con que este hubiera debido o podido saberlo.


    1. Elemento volitivo: se refiere que a la voluntad, al querer realizar el acto., el querer no se confunde con el deseo o con los móviles del sujeto que por lo general solo inciden en la determinación de la pena como circunstancias atenuantes o agravantes.

El elemento volitivo supone la voluntad incondicionada de realizar algo típico que el autor cree que puede realizar.

Por tanto el querer supone el saber, ya que nadie puede querer realizar algo que no conoce.
4. Clases

El dolo se distingue entre dolo directo y dolo eventual; categorías que suponen una simplificación y reducción de los complejos procesos psíquicos que se dan en la mente del sujeto en relación con los elementos objetivo del tipo.


    1. dolo directo:

Se habla de dolo directo de primer grado cuando el autor quiere realizar precisamente el resultado, por ejemplo el autor quería matar y mata.

En el código penal se usan expresiones que equivalen a esta especie de dolo como: de propósito, intención, malicia etc.

Dentro del dolo directo se incluyen también el dolo directo de segundo grado, que es cuando el autor no quiere directamente una de las consecuencias que se producirán pero la admite como necesaria para lograr el resultado principal que se pretende.


    1. dolo eventual:

Aquí el sujeto se representa el resultado como de probable producción y aunque no quiere producirlo, sigue actuando o admitiendo la eventual realización. El sujeto no quiere el resultado pero admite su producción, acepta el riesgo. El dolo eventual constituye, por tanto, la frontera entre el dolo y la imprudencia o culpa.
Hay dos teorías para diferenciar el dolo eventual de la imprudencia:

  1. teoría de la probabilidad: parte del elemento intelectual del dolo, dado lo difícil de probar en el dolo eventual el elemento volitivo. Esta teoría admite la existencia de dolo eventual cuando el autor se representa el resultado como de muy probable producción y a pesar de ello actúa. Pero si la probabilidad es mas lejana o remota, habrá culpa p imprudencia con representación.

Se le critica que no toma en cuenta el elemento volitivo.


  1. teoría de la voluntad o del consentimiento: atiende al contenido de la voluntad.

Hay culpa se el autor de haberse representado el resultado de segura producción, hubiera dejado de actuar, pero si actúa estamos ante la presencia del dolo.

Se prefiere esta teoría aunque también se le critica que ellos presumen algo que no se da en la realidad: de que el autor se plantea lo que haría, caso de que el resultado fuere de segura producción, ciertamente la teoría de la voluntad se basa en confrontar al delincuente con el resultado cuando este todavía no se ha producido, guiándolo como efectivamente sucedido. Y se le critica también que no siempre se puede demostrar un querer efectivo.

5. Error tipo

El autor debe conocer los elemento integrantes del tipo injusto, cualquier desconocimiento o error sobre la existencia de alguno de estos elementos excluye, el dolo y todo lo demás, si el error fuera vencible, deja subsiguiente el tipo de injusto de un delito imprudente.
El error sobre cualquier otro elemento perteneciente a distintas categorías al tipo carece de relevancia a efectos de tipicidad, solo el error sobre los elementos del tipo excluye el solo, por ello es llamado error tipo.
El error puede recaer sobre diferente elementos típicos, de acuerdo a ello distinguimos en.


  1. error in objecto vel in persona  error sobre el objeto de la acción, donde es irrelevante la cualidad del objeto o de la persona sobre los que recae la acción. (matar a padre por error, confundiéndolo con un extraño, por lo que realiza parricidio en vez de homicidio).

  2. error sobre la relación de causalidad  en principio, las desviaciones inesenciales o que no afectan a la producción del resultado querido por el autor son irrelevantes. Pero si el resultado se produce de manera desconectada a la acción del autor, se imputara hecho como tentativa.

  3. aberratio ictus error en golpe. Se da generalmente en delitos contra la vida y la integridad física, es cuando el autor por su mala puntería alcanza al otro sujeto distinto de el que quería dañar.

  4. aberratio octus, dolus generalis cuando el autor cree haber consumado el delito cuando en realidad se produce por un hecho posterior. Aquí se aprecia un solo delito consumado doloso.

  5. error sobre los elementos accidentales  esto determina la no apreciación de la circunstancia agravante o atenuante.


6. Otros elementos subjetivos del tipo

Generalmente se toman en cuenta la conciencia y la voluntad de realizar los elementos objetivos del tipo. En otros caso se requiere tomar en cuenta elementos de carácter subjetivo.

Para MEZGER los elementos subjetivos de los injustos eran excepciones de un tipo injusto entendido de modo causal objetivo. .
Estos elementos subjetivos específicos no coinciden, con el dolo. Son tendencias especiales o motivos que el legislador exige en algunos casos, aparte del dolo, para constituir el tipo de algún delito. Como por ejemplo. El animo de injuriar en el delito de injurias.

CAPITULO VII

1. Tipo de injusto del delito imprudente

Antes en el derecho penal el delito imprudente solo era un quasi delictum más afín al derecho civil que al penal.

Frente a el proceso de industrialización que comienza con la revolución industrial en el siglo XIX, que supone la manipulación de maquinas y medios peligrosos para la vida, surge el riesgo de los delitos por imprudencia, para este tipo de delincuencia se observo en doctrina que la relación y distinción entre el dolo y la culpa era mas que un problema de la culpabilidad.
En 1930 el penalista alemán ENGISCH destacó que la relación causal de la acción con el resultado y culpabilidad existía un tercer elemento con el cual se fundamentaba el tipo injusto del delito imprudente: el deber objetivo de cuidado, es importante no solo la causación del delito si no la forma en que se causo.
A diferencia del delito doloso, el delito imprudente, no se castiga en todo su caso.

El derecho penal solo debe intervenir en casos de ataques graves a bienes jurídicos muy importantes y en la medida que sean suficientes para sancionarlos otros medios jurídicos menos radicales, es por ello que en el moderno derecho penal el delito imprudente es castigado solo en los casos en que dicha modalidad de comisión de un tipo delictivo esta expresamente previsto en la ley.
Tanto la moderna doctrina, como la jurisprudencia penal destacan dos componentes fundamentalmente del tipo injusto del delito imprudente: la acción típica y el resultado que ella ha causado.

2. La acción típica: la lesión del deber objetivo de cuidado

En los delitos culposos, la acción típica no esta determinada con precisión en la ley, esta se refiere solamente a “imprudencia” que el resultado.

Es entonces el juez quien interpreta el contenido de la acción imprudente es completada vía doctrinal o judicial, es por ello que se les llama a los delitos culposos “tipo abiertos”.
Se debe buscar un tipo de referencia con el cual comparar la acción realizada, el cual es dado por el deber objetivo de cuidado.

En los delitos imprudentes, la desaprobación jurídica recae sobre la forma de realización de la acción o sobre la selección de los medios para realizarla. La prohibición penal de determinados comportamiento imprudentes pretende motivar a las personas a que tengan más cuidado para evitarlos.


    1. el concepto de cuidado objetivo. Este concepto debe ser objetivo y normativo.

Objetivo en cuanto no interesa para establecerlo cual es el cuidado que en el caso concreto ha aplicado o podía aplicar el autor, ya que esta es una cuestión que afecta a la culpabilidad.

Supone un juicio normativo que surge de la comparación entre la conducta que hubiera seguido un hombre razonable y prudente en la situación del autor y la observada por el autor realmente.

Todas las reglas y principios de la experiencia son abstracciones y generalizaciones que deben aplicarse a un caso concreto para valorar si hubo o no impudencia.


    1. La lesión del cuidado objetivo

Si de la comparación entre el deber de cuidado objetivo y la acción concreta realizada, resulta que la acción ha quedado por debajo de los que el cuidado objetivo exigía, se habrá lesionado este cuidado y la acción será típica a los efectos de constituir el tipo de injusto de un delito imprudente, pero si por el contrario la acción realizada es conforme al cuidado requerido no será típica.

3. El resultado

Las acciones imprudentes solo son castigadas en la medida que producen determinados resultados.

El resultado para ser imputado al autor de un delito imprudente, debe estar en una determinada relación con esta y ser la consecuencia lógica del peligro inherente o creado por la acción misma.
La doctrina y jurisprudencia han elaborado diversos criterios que perfilan la teoría de la causación adecuada y restringen el ámbito de imputación a aquello que jurídicamente relevante (teoría de la imputación objetiva):

  1. el resultado se ha causado por la realización de la acción imprudente, pero también se hubiese producido si el autor hubiera actuado correctamente. En este caso la doctrina y jurisprudencia niegan la causalidad; pero puede ser imputado si la acción imprudente incremento notable del riesgo normal.

  2. El resultado se ha causado por causas ajenas a la acción imprudente misma, en este caso se niega la imputación objetiva si el resultado no es consecuencia directa de la realización del riesgo implícito en la acción imprudente,

  3. El resultado producido por la acción imprudente cae fuera del ámbito o fin de protección de la norma lesionada, aquí se niega la imputación pues el resultado nada tiene que ver con la norma infringida.


4. La responsabilidad por el resultado

Las únicas formas de imputación existentes en derecho penal son la dolosa y la imprudente, yodo lo que no sea atribuible a dolo o imprudencia debe ser excluido del ámbito del derecho penal e incluso del ámbito de lo típicamente relevante, ya que solo se deben prohibir los sucesos de la vida desencadenados dolosa o imprudentemente, por una acción humana final.
La exclusión de la responsabilidad por el resultado, es también una consecuencia de la función motivadora de la norma penal para con los ciudadanos para que estos se abstengan de realizar acciones que puedan producir resultados previsibles y evitables.


CAPITULO VIII
Antijuricidad se refiere a la contradicción entre la acción realizada y las exigencias del ordenamiento jurídico.

El derecho penal selecciona la antijuricidad por medio de la tipicidad, dando pena a los comportamientos antijurídicos.
1. Antijuricidad e injusto

En la dogmática jurídico penal se emplea tanto el termino antijuricidad como el de injusto como equivalentes.

La antijuricidad es un predicado de la acción, el atributo con el que se califica ya como antijurídica, lo injusto es, por lo tanto la conducta antijurídica misma.


2. Antijuricidad formal y antijuricidad material

Antijuricidad formal es la simple contradicción entre una acción y el ordenamiento jurídico.

Antijuricidad material es cuando no solo existe esta relación de oposición entre acción y norma sino que tiene también un contenido material reflejado en la ofensa al bien jurídico que la norma quiere proteger.
Ambos son aspectos del mismo fenómeno.

La esencia de la antijuricidad es la ofensa a un bien jurídico protegido por la norma que se infringe con la realización de la acción.

3. Los conceptos de lesión y de peligro

La ofensa al bien jurídico, que constituye la esencia del juicio de antijuricidad, puede consistir en una lesión o en una puesta en peligro del bien jurídico.

La lesión del bien jurídico es la destrucción o daño de un objeto material, al igual que las ofensas inferidas a bienes jurídicos de tipo ideal que no tienen un sustrato material.
El peligro es un juicio ex ante, que se emite situándose el juzgador en el momento en que se realizo la acción. Para establecer si la acción realizada era peligrosa para un bien jurídico (si era posible que produjera lesión) es preciso que el juzgador conozca la situación de hecho en la que se realiza la acción que se esta enjuiciando.

El concepto de peligro puede servir de base para la imputación objetiva de un determinado resultado delictivo.
4. Desvalor de acción y desvalor de resultado

El derecho penal no sanciona toda lesión o puesta en peligro de un bien jurídico, si no solo aquellas consecuencias de acciones especialmente intolerables.
Los conceptos de desvalor de acción y desvalor de resultado son importante para la configuración de la antijuricidad, ya que están entrelazados, el valor o desvalor de un conducta supone siempre el valor o desvalor de un resultado. Por ejemplo la prohibición de matar es una consecuencia de la protección a la vida.

Pero igualmente la protección a esos valores, por medio de la norma penal , solo puede conseguirse sancionando o prohibiendo las acciones humanas que puedan lesionarlos.


CAPITULO IX

1. Causas de justificación. Naturaleza y efectos

El ordenamiento jurídico no solo se compone de prohibiciones, si no también de preceptos permisivos que autorizan realizar un hecho, en principio prohibido.

En derecho penal la existencia de un hecho típico supone la realización de un hecho prohibido por cuanto el tipo constituye o describe la materia de prohibición , es decir, aquel o que los hechos que el legislador quiere evitar que realicen los ciudadanos.
A diferencia de los que sucede con las causas de inculpabilidad, las de justificación no solo impiden que se pueda imponer pena al autor de un hecho típico, si no que convierten ese hecho en licito, aprobado por el ordenamiento jurídico.
De ello se derivan importantes consecuencias:


  1. frente a un acto justificado no cabe legitima defensa, ya que esta supone una agresión antijurídica.

  2. La participación en un acto justificado del autor esta también justificada.

  3. Las causas de justificación impiden que al autor del hecho justificado puede imponérsele una medida de seguridad o cualquier tipo de sanción, por ser su hecho licito.

  4. La existencia de una causa de justificación exime de la comprobación de la culpabilidad del autor.

  5. El ámbito de las causas de justificación se extiende hasta donde llega la protección normativa del bien que, por renuncia de su titular o por mayor importancia de otro, se permite atacar.


2. Elementos subjetivos de justificación

Las causas de justificación tienen elementos objetivos y subjetivos.
Para justificar una acción típica no basta con que se de objetivamente la situación justificante, si no que es necesario que el autor reconozca esa situación.
El elemento subjetivo de justificación no exige, que los móviles del que actúa justificadamente sean valiosos, si no simplemente que el autor sepa y tenga la voluntad de actuar de un modo autorizado o permitido jurídicamente.
3. El error en las causas de justificación

La justificación de una acción se da si existen tanto el elemento subjetivo como objetivo, la falta de alguno estos subjetivos, por ejemplo si el autor no quiere actuar conforme a derecho, determina que el acto permanezca antijurídico.
También puede darse error sobre los límites de la causa de justificación, el caso inverso se da cuando falta el elemento subjetivo de justificación, aunque objetivamente exista una situación justificante.
4. Justificación incompleta y atenuación de la pena

La antijuricidad es una categoría del delito que puede ser graduada, en otras palabras, puede admitir diversas valoraciones desde el punto de vista de su gravedad.

En otras ocasiones la diversa gravedad de la antijuricidad se refleja en una simple circunstancia modificadora agravante o atenuante que incide en la reglas para la determinación de la pena dentro del marco penal correspondiente al delito cometido.
La justificación incompleta no incide en la antijuricidad sino en la culpabilidad. De hecho, la legitima defensa putativa o el exceso debido a miedo o arrebato dejan intacta la antijuricidad, pero pueden atenuar o incluso excluir la culpabilidad por vía del error de prohibición o de la no exigibilidad de otra conducta.
CAPITULO X

Las causas de justificación son importantes, entre ellas encontramos la legitima defensa y el estado de necesidad.
1. La legítima defensa

  1. fundamentos y naturaleza:


la naturaleza de la legitima defensa como causa de justificación durante mucho tiempo estuvo confundida con las causas de inculpabilidad, creyéndose que se trataba de un problema de miedo o perturbación del animo en el que se defiende se encuentra, por ser objeto de un ataque.
La legítima defensa existe por la necesidad de defensa del orden jurídico y del derecho en general.


  1. Requisitos:

Entre ellos encontramos:

    1. agresión ilegitima: esto es el presupuesto de la legitima defensa y lo que la diferencia de otras causas de justificación. En doctrina se interpreta agresión como un acto de fuerza, pero también puede ser entendida como acción de puesta en peligro de algún bien jurídico. Se incluye también la omisión, que tanto como la acción deben ser agresiones dolosas.

La agresión ha de ser real, sin embargo la jurisprudencia en algunos casos, dadas las circunstancias, admite la legítima defensa por la creencia de que existe una agresión racional.
La agresión ha de ser actual, no cabe apreciar la legítima defensa cuando la agresión ha cesado.


    1. necesidad racional del medio empleado para repeler la agresión: la necesidad de defensa solo se da cuando es contemporánea a la agresión y que persiste mientras la agresión dura, siempre que sea la única vía posible de impedirla. La racionalidad del medio empleado exige la proporcionalidad, tanto en la especie como en la medida de los medios, de lo contrario no habrá justificación plena.




    1. falta de provocación suficiente por parte del defensor: este requisito lleva a la conclusión de que cuando la agresión es consecuencia de una previa provocación del que luego se defiende ante ella, en ningún caso cabe apreciar la legitima defensa, sin embargo esta interpretación lleva a conducir a la responsabilidad por el resultado.


2. El estado de necesidad

El estado de necesidad recela el proteger a la persona, derechos propios o de otra, esto supone que el bien jurídico que se trata de salvar este en inminente peligro de ser destruido. Este peligro ha de ser real y valorado de manera objetiva (aunque lógicamente teniendo en cuenta la situación concreta en la que se encuentra el sujeto y circunstancias) no pudiendo ser meramente supuesto, con mas o menos fundamentos, por el que trata de evitarlo.
Es importante también que la realización del mal o la infracción del deber, que el sujeto realiza para evitar un mal a si mismo o a un tercero, sea el único camino posible para impedir ese mal.


  1. requisitos:

    1. que el mal causado no sea mayor que el que se pretende evitar. El estado de necesidad puede darse tanto en caso de conflicto entre bienes desiguales (daños para salvar la vida) como entre bienes iguales (matar a otro para salvar la propia vida); es por ello que se comparan dos males. El que amenaza y el que se realiza y esta comparación se trata de establecer una “relación de adecuación” es decir, que el estado de necesidad tendrá efecto justificante si el hecho realizado es el medio adecuado para evitar el peligro.

    2. que la situación de necesidad no haya sido provocada intencionalmente por el sujeto: en el estado de necesidad solo la provocación intencionada del mismo impide su apreciación, es necesario que la situación de necesidad no haya sido provocada intencionalmente por el que actúa, bien sea el en defensa propia o de un tercero.

    3. que el necesitado no tenga , por su oficio o cargo, obligación de sacrificarse: el estado de necesidad supone que el que actúa en esta situación no esta obligado a soportarla, pero si la situación es normal dentro del ámbito de su profesión entonces está obligado a soportarla. Por ejemplo. Un bombero o policía no pueden excusarse de los deberes inherentes a su profesión.


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