Sentencia Tribunal Superior de Justicia Andalucía, Granada, núm. 29/2003 (Sala de lo Civil y Penal, Sección Unica), de 19 septiembre (arp 2003\641)






descargar 220.16 Kb.
títuloSentencia Tribunal Superior de Justicia Andalucía, Granada, núm. 29/2003 (Sala de lo Civil y Penal, Sección Unica), de 19 septiembre (arp 2003\641)
página4/9
fecha de publicación20.03.2017
tamaño220.16 Kb.
tipoDocumentos
ley.exam-10.com > Ley > Documentos
1   2   3   4   5   6   7   8   9
c) Por lo que se refiere al arma utilizada, afirman los miembros del Jurado que su marca y características están descritas en el informe pericial efectuado por los Policías números 18.732 y 66.001, componentes de la Brigada científica, que, después de ratificar su informe, obrante al folio 129 y siguientes del tomo I, afirmaron que el arma que se les muestra es la que efectúo los disparos que acabaron con la vida de Víctor. Se trata de una pistola semiautomática y para disparar se tiene que presionar el gatillo, «tiro a tiro», la bala sale por el cañón, el cartucho sale al exterior y el arma queda preparada para el nuevo tiro». A su juicio, «las tres balas examinadas fueron disparadas por la misma arma», que es la que se les exhibe, «al ser igual el ánima del arma y de los proyectiles». Este informe, pese a los intentos de la defensa del apelante, no fue desvirtuado por la pericial contradictoria aportada por dicha parte y que fue elaborada por el Instituto de balística de Barcelona, por cuanto que, aparte su inconcrección, obtuvo ante el Jurado -único órgano competente, en este caso- menos credibilidad que el resto de las periciales practicadas.
d) Los Jueces legos tuvieron muy en cuenta el informe, en el Juicio oral, de los Médicos Forenses D. Carlos Daniel y D. Jesús Ángel, quienes ratificaron el informe que obra a los folios 5 y siguientes del tomo, tras rectificarlo respecto del resultado de las heridas 6 y 7, afirmando que la 7 es de entrada y la 6 es de salida, es decir, que, visto el informe de toxicología, el disparo se produce por la espalda. A continuación, aclaran que la herida del primer dedo de la mano derecha es de entrada de proyectil y salida por el mismo dedo, posiblemente por haber adoptado la víctima una actitud defensiva. Sostienen que las heridas 6 y 7 se producen por la espalda, con un diámetro de entrada de 1 cm y un diámetro de salida de 12 cm, teniendo la de entrada 5 mm, por ser tangencial. Añaden que la herida núm. 4 (región posterior izquierda, a nivel escapular) tiene 5 mm, y es la que produce la muerte, siendo compatible con un agresor y un solo arma de fuego de proyectil único. Esta herida nº 4 se produce por un disparo realizado a media distancia (un metro, aproximadamente), por lo que es compatible con el calibre 45, lo que supone que si se dispara a distancia superior a 60 cm, la herida en la piel es menor al diámetro del proyectil, pues, al ser la piel elástica, se estiraría al penetrar el proyectil y luego se retraería. Teniendo en cuenta que el Instituto de toxicología habla de que ambos disparos están a la misma distancia, menos de 1 metro de la víctima, afirman que «para ser dos personas distintas tendrían que estar juntas».
De los informes periciales aportados al Juicio oral, el Jurado, como ya hemos indicado, confirió mayor verosimilitud a los que ya han sido reseñados y esta Sala no puede ahora revisar aquella valoración, que corresponde en exclusiva a los Jueces legos.
Hemos de concluir que el acerbo probatorio a que acabamos de referirnos resulta irrefutable para constatar la culpabilidad de Gaspar, sin que su defensa haya conseguido desvirtuarlo en modo alguno, hasta el punto de que ha de afirmarse que, en el caso que nos ocupa, existe una actividad probatoria abundante, constitucionalmente legítima, con signo o sentido incriminatorio respecto de la participación del acusado en el hecho, esto es, de cargo, y que la valoración de dicho material probatorio no ha sido arbitraria ni errónea, por lo que la base de la condena impuesta resulta absolutamente razonable.
OCTAVO La última cuestión que se suscita en el recurso de apelación interpuesto, al amparo del apartado b) del artículo 846 bis c) LECrim ( LEG 1882, 16) -aunque respecto de tal extremo también utiliza una argumentación que ha de encuadrarse más bien en el ámbito del apartado e) del mismo precepto-, se ciñe a la apreciación de si la conducta descrita en el relato de hechos probados puede calificarse como incursa en el delito de asesinato, por concurrir la agravante de alevosía, o si, por el contrario, ha de calificarse como homicidio por no poder apreciarse en la misma los caracteres de dicha agravante, tal y como han sido perfilados por la jurisprudencia.
Ya hemos señalado que, al plantear la cuestión que ahora se analiza, la representación procesal del acusado invoca el apartados b), si bien implícitamente se está refiriendo, al igual que en todos los motivos de impugnación alegados, al apartado e) del artículo 846 bis c) LECrim. Ello permite que este Tribunal pueda elaborar un nuevo relato fáctico, que ya ha quedado consignado con anterioridad a la fundamentación jurídica de la presente resolución.
La sentencia apelada aprecia la existencia de la alevosía al haberse declarado probado que la víctima recibió dos disparos «por la espalda», lo que parece denotar la sorpresa e indefensión que caracterizan a la agresión alevosa. Sin embargo, el veredicto no recoge la imposibilidad de la víctima de defenderse a que alude el Magistrado Presidente en la sentencia recurrida. Pero, aun cuando así hubiera concurrido, la imposibilidad de la defensa habría de ir referida al momento puntual y exacto del primero de los disparos, sin excluir por tanto de plano que en una valoración de la secuencia completa en que consistió la agresión -contemplada en su conjunto y en particular desde el momento en que surgiera el ánimo homicida-, puedan apreciarse posibilidades de defensa para la víctima y riesgos para el agresor, lo que podría conducir a descartar la alevosía.
Pero es que, a mayor abundamiento, en el cuarto de los fundamentos jurídicos de la sentencia apelada, se dice textualmente: «la estratégica colocación de los amigos de la víctima en los alrededores del establecimiento denominado «Frank Corner» mientras se producía el encuentro con el acusado, sugiere la posibilidad de que la entrevista suscitara recelo».
NOVENO Como viene señalando esta Sala -sentencias de 5 de octubre de 2001 ( JUR 2002, 47535) y 11 de abril y 12 de septiembre de 2003, que enjuiciaron supuestos de indudables similitudes con el presente-, una doctrina jurisprudencial relativamente reciente y bien matizada pone especial énfasis en que junto al elemento instrumental u objetivo («medios, modos o formas»), el concepto de alevosía contiene un elemento subjetivo o culpabilístico («que tiendan directa o especialmente a asegurarla»), que debe también concurrir como condición para que tal circunstancia agravante pueda apreciarse. Con palabras de la Sentencia del Tribunal Supremo de 13 de abril de 1998 ( RJ 1998, 3771) , «no es suficiente, en consecuencia, ni que los medios, modos o formas de ejecución revelen inequívocamente, por su idoneidad para producir el resultado, el ánimo de lesionar o matar según los casos, ni que la ejecución se lleve a cabo en condiciones objetivas de seguridad para el agresor y de indefensión para la víctima. Es preciso que se busque deliberadamente una ejecución segura con determinados medios, modos o formas -que se "tienda" mediante ellos a una ejecución asegurada- y que, deliberadamente también, aquellos medios ejecutivos estén orientados a eliminar el riesgo que para el ofensor pudiera derivarse de una posible reacción defensiva del sujeto pasivo de la acción». Con no menos claridad exige la Sentencia del Tribunal Supremo de 9 de junio de 1998 ( RJ 1998, 5160) , para apreciar concurrente la circunstancia de alevosía en la modalidad de agresión súbita e inesperada, la existencia de «una búsqueda selectiva de una ocasión propicia para desencadenar su acción eliminando el factor de riesgo que pudiera derivarse de la posible e hipotética defensa que pudiera proceder del acometido», y ello porque, como se dice en la misma sentencia, «frente a una anterior corriente que objetivaba de manera exagerada la perspectiva comisiva, se ha impuesto la corriente que exige o requiere la específica elección o selección de los medios buscando de propósito la mayor facilidad en la ejecución del hecho, lo que engloba al elemento teleológico también exigido por las modernas tendencias jurisprudenciales». Con otras palabras, pero no en otra dirección, dice la Sentencia del Tribunal Supremo de 30 de septiembre de 1999 ( RJ 1999, 7377) que «en las resoluciones más recientes, se exige que el delincuente haya elegido convenientemente los medios disponibles, representándose un "modus operandi" en el que quede totalmente suprimido cualquier eventual riesgo y toda posibilidad de defensa procedente del ofendido». En igual sentido se expresan las Sentencias del Tribunal Supremo de 30 de junio de 1993 ( RJ 1993, 5317) , 16 de octubre de 1996 ( RJ 1996, 7814) , 16 de enero de 1998 ( RJ 1998, 14) , 9 de junio de 1998.
Esta corriente jurisprudencial parece especialmente acorde con el fundamento del plus de penalidad que comporta la existencia de alevosía, bien como circunstancia agravante, bien como circunstancia cualificadora del delito de asesinato, que, como se dijo por esta Sala en sentencia de 26 de diciembre de 1998, no es sino el «mayor reproche social» de conductas que buscan especial o directamente, de forma cobarde, asegurar de antemano una ejecución sin riesgos: parece lógico que un incremento de la penalidad tan sustantivo como es el paso del tipo delictivo del homicidio al de asesinato no puede hacerse depender de circunstancias objetivas no controlables ni «consideradas» por el autor del crimen al tiempo de concebir su conducta homicida, es decir, en el momento en el que surgió el «animus necandi».
No ignoramos la propia doctrina de esta Sala que, en sintonía con el Tribunal Supremo, tiene declarado en no pocas ocasiones que «para la existencia de la alevosía no es imprescindible que de antemano el agente busque y encuentre el medio más idóneo de ejecución, sino que es suficiente con que se aproveche, en cualquier momento y de un modo consciente, de la situación de indefensión de la víctima así como de la facilidad y comodidad que ello supone» -sentencias de esta Sala de 26 de diciembre de 1998, 30 de enero de 1999 ( ARP 1999, 2965) , 19 de enero de 2001 ( ARP 2001, 497) y 25 de octubre de 2002 ( JUR 2003, 35781) , entre otras, y las del Tribunal Supremo que en ellas se citan-. Pero si se analizan con detalle los supuestos fácticos que fueron enjuiciados en tales sentencias, se advertirá que se trataba de casos en que, si bien el autor no buscó deliberadamente la situación de indefensión de la víctima, la decisión de matar surgió «a la vista» de determinadas circunstancias que impedían a la víctima toda posibilidad de defensa, lo que no es, en absoluto, contradictorio con la doctrina antes señalada, que destacaba la importancia del elemento subjetivo y teleológico pues, en efecto, lo decisivo es que cuando el autor toma la decisión de realizar la agresión de que se trate, se represente un «modus operandi», buscado de propósito o casualmente favorecido por circunstancias que «decide aprovechar», que asegure la acción criminal minimizando las posibilidades de defensa.
DECIMO Muy claramente se pone de manifiesto la importancia de esa «contemplación» de la situación de indefensión de la víctima en el momento en que surge la intención de matar (o agredir) en los supuestos que han venido a denominarse «alevosía sobrevenida», y que pormenorizadamente fueron analizados por la sentencia de esta Sala de 21 de septiembre de 1998: conforme entonces se dijo, recogiendo doctrina jurisprudencial bien matizada, en los casos en que al inicio de la conducta delictiva no existe objetivamente una situación de indefensión de la víctima, surgiendo sobrevenidamente, sólo podrá estimarse la concurrencia de la agravante de alevosía si existen dos acciones diferentes, o, mejor aún, una «sucesión progresiva de dolos», en el sentido de surgimiento de una «nueva» decisión o propósito agresor a la vista de la situación sobrevenida; lo que no es sino corroboración de que, como dijo la ya añeja sentencia del Tribunal Supremo de 13 de febrero de 1956 ( RJ 1956, 387) , «el concepto unitario de la alevosía mantenido por la doctrina de esta Sala se refiere al nacimiento del propósito homicida y al posterior desarrollo del hecho hasta la consumación»: es decir, que si cuando nace el propósito homicida el autor no ha «contemplado» (buscándolas intencionalmente o aprovechándose conscientemente de ellas) circunstancias que objetivamente supongan un aseguramiento de la agresión sin posibilidad de defensa por parte de la víctima, entonces no cabrá apreciar la existencia de tal agravante. En este mismo sentido se inscribe la sentencia de 24 de enero de 1983 ( RJ 1983, 43) , cuando dice que para que pueda ser apreciada la alevosía es preciso que exista «desde el principio de la acción criminal», «que es cuando ha de valorarse si existe perversidad en la intención y la traicionera cobardía en el obrar, que es lo que informa la naturaleza de la alevosía».
En el presente caso, y conforme a lo que resulta de la relación de hechos que hemos declarado probados, los disparos no fueron instantáneos, sino que fueron precedidos de una secuencia de hechos (en concreto se alude al hecho de que, al producirse el «encuentro», la víctima era acompañada por dos personas de su confianza, que se situaron en puntos estratégicos del lugar de los hechos); de ahí que, conforme a la doctrina que acaba de exponerse, lo determinante a efectos de apreciar la existencia de alevosía no es si en el último momento, en el que se produjeron los disparos, la víctima se hallaba indefensa, sino si esa indefensión existió desde el principio, es decir, desde que se inició la secuencia que tendencialmente y sin solución de continuidad habría de acabar con la agresión proyectada. Lo decisivo, en definitiva, es determinar si al inicio de aquel «encuentro» la víctima tenía o no posibilidad real de desviar el curso de los acontecimientos que había proyectado el agresor.
El veredicto -seguramente por una defectuosa construcción de su objeto- describe un contexto del encuentro entre víctima y acusado en el que se produjo la acción homicida, que no resulta en absoluto compatible con la noción de alevosía, en ninguna de sus modalidades: dos personas «de confianza» acompañan a la víctima y el primer disparo se produjo estando situados de frente la víctima y su agresor; es cuando Víctor trata de huir y da la espalda a su atacante cuando el acusado realiza un segundo y un tercer disparo. No se produce ninguna ruptura en la actuación del acusado, sino que la secuencia de los hechos se materializa sin solución de continuidad. Todas estas circunstancias revelan que el agresor no se preocupó especialmente por encontrar la manera más segura y eficaz de conseguir la muerte de su víctima en el momento en que surgió el ánimo homicida, que sin duda existió desde el primer instante. El hecho de que la víctima no pudiera evitar los disparos del acusado no puede alterar la calificación jurídica de los hechos, al no parecer creíble, ni poder presumirse, que justo en ese instante surgió el ánimo homicida, lo que fuerza a concluir que no concurrió el elemento subjetivo de la alevosía, tal y como viene siendo concebido por la jurisprudencia.
No deja de sorprender que sobre un extremo tan importante como es la presencia de las dos personas que acompañaban a la víctima cuando se encontró con el acusado, la relación de hechos probados guarde, sin embargo, silencio, pues no se incluyó referencia alguna en el objeto del veredicto sobre el que el Jurado había de pronunciarse. No obstante, puesto que el recurso se ha formulado sobre la base de los apartados b) y e) del artículo 846 bis c) LECrim ( LEG 1882, 16) , nada impide no sólo la alteración de los hechos que positivamente fueron considerados probados por el Tribunal del Jurado, sino incluso su complemento con datos extraídos de la sentencia de instancia directamente por esta Sala. La cuestión habría de centrarse, de no ser por la circunstancia a la que inmediatamente se va a hacer referencia, en dilucidar si ese «silencio» del relato fáctico sobre las circunstancias que concurrían en la víctima y en su agresor al tiempo del inicio de su encuentro, debe conducir, como quiere el recurrente, a la conclusión de que los hechos narrados son «insuficientes» para calificar la alevosía, o si, por el contrario, al sí hacerse mención al desvalimiento de la víctima en el momento final de la agresión, resultan suficientes para apreciar esa alevosía. Existe, sin embargo, como ya hemos reiterado, aquel importante dato -que no puede pasarse por alto y que nos va a permitir enjuiciar la prosperabilidad del motivo impugnativo invocado-, de la presencia de las «dos personas de confianza de la víctima» a que se refiere la resolución impugnada, y, aunque fuera de lo que estrictamente puede considerarse relación de hechos considerados probados, incluye afirmaciones de hecho que explícita e inequívocamente completan dicho relato, aludiendo precisamente a circunstancias existentes en el momento en que se inició la entrevista, y que resultan incompatibles con la alevosía que finalmente se aprecia. Esas circunstancias revelan que la muerte de la víctima fue el resultado de una agresión violenta pero previsible, que la víctima tuvo objetivamente posibilidades de evitarla, y que el agresor no se preocupó especialmente por encontrar la manera más segura y eficaz de conseguir esa muerte.
1   2   3   4   5   6   7   8   9

similar:

Sentencia Tribunal Superior de Justicia Andalucía, Granada, núm. 29/2003 (Sala de lo Civil y Penal, Sección Unica), de 19 septiembre (arp 2003\\641) iconTribunal Superior de Justicia de Cataluña (Sala de lo Contencioso-Administrativo,...

Sentencia Tribunal Superior de Justicia Andalucía, Granada, núm. 29/2003 (Sala de lo Civil y Penal, Sección Unica), de 19 septiembre (arp 2003\\641) iconSentencia Tribunal Supremo (Sala de lo Sala especial del art. 61...

Sentencia Tribunal Superior de Justicia Andalucía, Granada, núm. 29/2003 (Sala de lo Civil y Penal, Sección Unica), de 19 septiembre (arp 2003\\641) iconTribunal Supremo, Sala Tercera, de lo Contencioso-administrativo,...
«sucesivos tramos de autopista» comprende ampliaciones y mejoras. Obligación de la concesionaria de efectuar una proposición con...

Sentencia Tribunal Superior de Justicia Andalucía, Granada, núm. 29/2003 (Sala de lo Civil y Penal, Sección Unica), de 19 septiembre (arp 2003\\641) iconA la sala de lo penal del tribunal superior de justicia de

Sentencia Tribunal Superior de Justicia Andalucía, Granada, núm. 29/2003 (Sala de lo Civil y Penal, Sección Unica), de 19 septiembre (arp 2003\\641) iconA la sala de lo contencioso-administrativo del tribunal superior...

Sentencia Tribunal Superior de Justicia Andalucía, Granada, núm. 29/2003 (Sala de lo Civil y Penal, Sección Unica), de 19 septiembre (arp 2003\\641) iconLa Sentencia de la Sección Primera de la Sala de lo Contencioso Administrativo...

Sentencia Tribunal Superior de Justicia Andalucía, Granada, núm. 29/2003 (Sala de lo Civil y Penal, Sección Unica), de 19 septiembre (arp 2003\\641) iconSuplemento boe gallego 11/2003, de 1 de septiembre de 2003

Sentencia Tribunal Superior de Justicia Andalucía, Granada, núm. 29/2003 (Sala de lo Civil y Penal, Sección Unica), de 19 septiembre (arp 2003\\641) iconTribunal superior de justicia de andalucia

Sentencia Tribunal Superior de Justicia Andalucía, Granada, núm. 29/2003 (Sala de lo Civil y Penal, Sección Unica), de 19 septiembre (arp 2003\\641) iconTribunal superior de justicia de andalucíA

Sentencia Tribunal Superior de Justicia Andalucía, Granada, núm. 29/2003 (Sala de lo Civil y Penal, Sección Unica), de 19 septiembre (arp 2003\\641) iconSentencia Tribunal Supremo núm. 64/1998 (Sala de lo Civil), de 5 febrero rj 1998\ 405
«Silex Media, sl y Cía. Sociedad en comandita», como autores de una intromisión ilegítima en el derecho al honor de don Enrique M....






© 2015
contactos
ley.exam-10.com