Agresores: El enemigo en casa






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AGRESORES: El enemigo en casa.


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LA MUJER ES UN OBJETO QUE LE PERTENECE. Y cuando no acata sumisamente su voluntad, cuando se le ocurre 'rebelarse', se siente humillado y recurre a la violencia. Ésta es la clave de la conducta del maltratador. Un hombre celoso, posesivo y controlador, que actúa como si tuviese una especie de derecho natural para degradar a su pareja.

Las palabras de uno de estos hombres, sometido a terapia con el psicoterapeuta Luis Bonino en el Centro de Estudios de la Condición Masculina de Madrid, lo confirman: «Ella no me hace caso y no puedo aguantar que tenga una opinión diferente a la mía». Por eso, cuando su mujer no se adapta a sus ideas, a él «se le va de las manos». Y responde con violencia.

La mayoría de estos hombres tienden a minimizar los efectos de su conducta, suelen recurrir a la mentira y no se reconocen como maltratadores. Los golpes que propinan a la mujer se transforman en una simple «pelea» cuando quien lo cuenta es el agresor. Los insultos y gritos, en comunes «problemas de pareja». Tampoco son conscientes del daño que hacen. Simplemente ponen a sus mujeres «en el lugar que les corresponde»: siempre por debajo de ellos.

El complejo de inferioridad y la poca autoestima que suelen tener convierten cualquier 'desaire' -así ven cualquier opinión o conducta que no se ajuste a su punto de vista- en una ofensa a su virilidad. Un sentimiento de humillación que quieren eludir a toda costa. Para ello, optan por el extremo contrario y buscan en las palizas a sus mujeres un poder que se les niega en la calle. Por eso no se resignan a perderlas. Las necesitan vitalmente para desahogarse. Y encuentran la excusa perfecta cuando a ellas se les ocurre llevarles la contraria. «Discutimos porque ella quería cambiar de trabajo, pero a mí me parece bien el que tiene. Después no sé que pasó, la golpeé y la dejé un ojo morado», cuenta un paciente de Bonino.

¿EXISTE UN PERFIL DEL HOMBRE MALTRATADOR?

Socialmente no hay un prototipo de maltratador; puede ser de clase alta o baja, con estudios o sin ellos, joven o viejo. «Es un perfil plano», dice Bonino, que trata a unos 50 de estos hombres al año. Su conducta no tiene por qué estar ligada al consumo de alcohol o drogas -en el 80% de los caso no lo está- y tampoco a desviaciones psíquicas. En contra de lo que pueda parecer, la mayor parte de los agresores no son enfermos mentales. Según Enrique Echeburúa, catedrático de Psicología Clínica de la Universidad del País Vasco y pionero en España en la aplicación de terapias a hombres maltratadores, «el 20% de ellos sí presenta un trastorno mental –alcoholismo, esquizofrenia paranoide, trastorno delirante…-. Pero el 80% son ‘normales’; no existe un trastorno grave, aunque sí presentan alteraciones de la personalidad y cognitivas, como un machismo extremo o la justificación del uso de la violencia para resolver problemas».

«Lo único que tienen en común es que son hombres y que tienen muy interiorizada la idea de que la mujer está a su disponibilidad», afirma Bonino. Según asimilen más o menos esta idea se convertirán en un tipo diferente de agresor: asesinos, violentos físicos o psicológicos, controladores… En ocasiones los hombres con mayor status social y cultural recurren a formas más sutiles de violencia, como la psicológica, mientras que los que tienen un nivel cultural menor optan directamente por los golpes.

La mayoría no son agresivos de forma habitual. Ejercen su violencia de forma selectiva, sólo con su mujer. Por eso es tan difícil reconocerlos. Además, desarrollan una especie de doble personalidad «hacen lo que corresponde hacer a un hombre cuando están en público: tratar bien a su mujer; pero son unos tiranos en privado», según Bonino. «Esta doble fachada es más acusada en los maltratadores que ejercen violencia física».

Además suelen presentarse a sí mismos como víctimas. «Discutimos y ella me dijo que no aguantaba más y que se iba. Yo la empujé y se cayó». Así describe un ingeniero de 28 años una de las agresiones a su pareja. «Tuvimos un desencuentro, le grité y se asustó», «me provocó», «si se hubiese quedado callada no habría pasado nada», dicen otros.

Los valores machistas que imperan en la sociedad han calado hondo en estos hombres, llevándoles a extremos límite. Muchos incluso sufrieron maltratos en su infancia y han interiorizado la violencia como un comportamiento normal. Los golpes y los gritos son su único recurso. La única forma de enfrentarse a una vida que no transcurre como a ellos les gustaría.

RAQUEL QUÍLEZ

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VÍCTIMAS / MUJERES: Amores que matan.

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«ERA EL HOMBRE DE MI VIDA». Alejandra repite estas palabras una y otra vez mientras relata el infierno que le hizo atravesar ese amor. «Estaba enamorada», «él lo era todo para mí». Por eso aguantaba los desprecios, los insultos, las palizas... Pero cinco años sufriendo vejaciones -ocho años es el tiempo medio que aguanta una víctima de malos tratos antes de decidirse a denunciar- acaban convirtiendo cualquier declaración de amor en un grito de terror. «Tenía miedo», recuerda Alejandra.

Su noviazgo con Luis fue similar al de la mayoría de las parejas, «fue una conquista», dice. Pero ahora, visto desde la distancia, encuentra signos que podrían haberla puesto sobre aviso. Por ejemplo, sus primeros desprecios -cuando le decía que era tonta y que se callase porque no sabía de lo que hablaba-; la relación que tenía con su madre, a quien «trataba fatal, la humillaba»; o el hecho de que no le presentase a su familia hasta que se quedó embarazada de su hija. Sin embargo, en ese momento Alejandra no quiso verlo, «no me interesaba discutir».

Amor y pánico se entremezclan en la vida de las mujeres víctimas de violencia doméstica. La ambivalencia de sentimientos se hace fuerte en ellas y terminan estableciendo una extraña relación de dependencia con su agresor, Es el 'Síndrome de dependencia afectiva' -una especie de síndrome de Estocolmo-, que les lleva a perdonarles una y otra vez, a minimizar y negar sus agresiones.

Poco a poco se van sintiendo incapaces de hacer nada por sí mismas -«me tenía anulada», reconoce ahora Alejandra-, se vuelven pasivas e inseguras mientras su autoestima se degrada en cada episodio de violencia. Con el tiempo, la dependencia y la sumisión son absolutas. «Yo creía que él tenía toda la razón, todo lo que él dijera me parecía bien». Por ejemplo, cuando se quedaba el dinero que ella ganaba porque le decía que no sabía comprar y ella pensaba «pues tiene razón, es que no sé comprar»; o cuando tuvo que dejar su trabajo porque él la convenció de que su jefe quería algo con ella; o cuando se obsesionaba por colocar los vasos de la cocina en el orden que a él le gustaba….

A la sumisión se suma el sentimiento de culpabilidad -«cuando me pegaba y me pedía perdón yo pensaba que todo había sido por mi culpa»-. Y quieren evitarlo a toda costa, complacer a su pareja tanto en casa como en público para que la relación marche bien, para que las acepten. «Me levantaba por las mañanas, le preparaba el desayuno y cuando se iba a trabajar me ponía a limpiar la casa como una loca y 20 minutos antes de que él viniera, la volvía a limpiar para que no encontrara ni una pelusa». Así trataba de evitar Alejandra los insultos de «sucia» y «desordenada» que Luis le lanzaba.

INSOPORTABLE SOLEDAD

La mayoría de estas mujeres se aislan socialmente para no enfadar a sus parejas, que suelen ser muy celosas. El resultado es una situación de soledad en la que «terminas viendo lo que ellos ven, viviendo su vida y su mundo». Se sienten fracasadas como mujeres, como amantes y como madres, y piensan que nadie puede ayudarlas. «Todavía me siento incapaz de hacer nada y necesito que terceras personas me digan que lo estoy haciendo bien», dice Alejandra, que hace ya cerca de dos años que se atrevió a dejar y denunciar a su agresor. También necesitan el cariño y el apoyo de terceras personas porque les cuesta tolerar la soledad.

A pesar del infierno que viven, cualquier detalle se convierte en un bálsamo de esperanza al que agarrarse. Quieren que la relación funcione y se aferran con fuerza a cualquier cosa que pueda parecerse a un signo de cambio por parte de él. Cuando el alcalde del pueblo en que vivía Alejandra le dijo que Luis le había confesado que estaba arrepentido, ella le creyó, quería creerle, «porque él nunca habría reconocido a nadie lo que estaba haciendo».

La educación, los valores y los estereotipos aprendidos socialmente tienen mucha influencia en la personalidad de estas mujeres: muchas ven con normalidad las relaciones asimétricas con el otro sexo; en muchos casos, incluso han presenciado episodios de violencia en sus familias. «Yo no asumía que fuese algo muy grave porque lo había visto en mi casa», explica Alejandra en referencia a los primeros insultos de Luis.

A pesar del pánico que las invade, algunas consiguen romper con todo y empezar una nueva vida. No es fácil, pero tampoco imposible. Alejandra lo hizo: abandonó su hogar, se refugió en una casa de acogida, incluso confiesa que pasó hambre y tuvo que trabajar turnos dobles. No fue fácil, pero ha rehecho su vida y ahora es feliz junto a su hija y un hombre que la respeta. Ella sabe que otras muchas mujeres no han tenido la misma 'suerte' y quiere que su testimonio sirva de aliento para las víctimas que no han conseguido aún reunir las fuerzas suficientes para abandonar su particular infierno.

RAQUEL QUÍLEZ

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El aumento de la violencia machista provoca 4.080 víctimas hasta noviembre

Una nueva ley prevista para 2012 abarcará todos los colectivos de maltratadas

A. ELORZA - Vitoria - 24/11/2009

En lo que va de año, la violencia contra las mujeres ha aumentado un 2%, con 4.078 mujeres atendidas por esta causa, y ha registrado dos muertes en Euskadi. Son las cifras de una lacra social contra la que la lucha se mantiene con la atención directa a las víctimas, la ampliación del servicio telefónico y la centralización de las peticiones para evitar la "doble victimización".

En lo que va de año, la violencia contra las mujeres ha aumentado un 2%, con 4.078 mujeres atendidas por esta causa, y ha registrado dos muertes en Euskadi. Son las cifras de una lacra social contra la que la lucha se mantiene con la atención directa a las víctimas, la ampliación del servicio telefónico y la centralización de las peticiones para evitar la "doble victimización".

Sin embargo, la ley ampara a estas mujeres, pero no lo hace en su totalidad: las prostitutas forzadas -la trata de blancas-, las madres maltratadas por sus hijos o las mujeres que son víctimas de sus progenitores no están reconocidas como víctimas de violencia contra el sexo femenino. Todo porque la Ley Vasca de Igualdad admite como tales únicamente a las mujeres maltratadas por su compañero sentimental o por su ex pareja, una realidad que genera vacíos legales y la imposibilidad de percibir las ayudas económicas que ofrece el Gobierno vasco. Y eso que, en lo que va de año, ha habido 888 casos de violencia intrafamiliar, en la que no se incluye la ejercida dentro de la pareja.

Para terminar con esta barrera legal, la responsable de la recientemente creada Dirección de Atención a las Víctimas de la Violencia de Género, Mariola Serrano, confirmó ayer la redacción, para el primer trimestre de 2012, de la Ley de Atención Integral a Víctimas de la Violencia de Género. Será una normativa que completará a la actual e incluirá a los colectivos que hoy en día quedan excluidos. De este modo, se dará fin a una situación en la que "tendríamos que decirles que no son víctimas, aunque lo son", explicó Serrano.

El servicio de atención telefónica será otro de los puntos en los que actuará esta organización, ya que ampliará desde enero su horario de atención a las mujeres maltratadas a las 24 horas. En lo que va de año esta línea telefónica ha registrado 2.407 llamadas, mientras que en el mismo periodo de 2008 fueron 2.194 las atendidas.

Junto con esta iniciativa, se impulsa desde hace meses el concepto de "ventanilla única", que centralizará todas las peticiones en la Dirección. Aunque, tal y como recordó Serrano, los ayuntamientos y las diputaciones seguirán siendo los que realicen la labor de atención directa.

Así lo informó en su comparecencia a petición propia en la Cámara vasca la responsable de la Dirección de Atención a las Víctimas de Violencia de Género. Su organización, creada en la presente legislatura y enmarcada dentro del Departamento de Interior, ya está dando sus primeros pasos, que se suman a los que ya realiza Emakunde.

Hoy y mañana se celebran actos contra la violencia de género, pero mientras las cifras ilustran la situación de la violencia contra las mujeres en Euskadi: de las 4.080 víctimas registradas este año, la mayoría -2.932 mujeres- denunciaron violencia a manos de sus parejas o ex cónyuges. Además, en la actualidad existen 5.534 expedientes abiertos, según datos del Departamento de Interior. Tres mujeres llevan un GPS y 17 viven con escolta hoy en día, una menos que en agosto.

Las cifras

- 24 horas. El servicio de atención telefónica a las víctimas de la violencia machista en Euskadi (900) se ampliará en enero.

- 17 mujeres precisan de escoltas para protegerse de sus agresores en el País Vasco.

- 64 peticiones han sido cursadas para recibir las ayudas económicas para las víctimas. De ellas, 25 han sido aceptadas, 22 denegadas, dos están interrumpidas, 12 se mantienen en tramitación y tres en proceso de revisión.

- 5.534 expedientes de víctimas siguen abiertos y con medidas de seguridad

http://www.elpais.com/articulo/pais/vasco/aumento/violencia/machista/provoca/4080/victimas/noviembre/elpepiesppvs/20091124elpvas_14/Tes

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