El oriente, y sobre todo el Tíbet, es la tierra del misterio y de los sucesos raros -ha dicho Alejandra David Neel en uno de sus libros que habremos de citar






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alma orográfica está constituida por el imponente y viejo macizo del Kuenlun mitológico.

Para dar una idea de la espantosa soledad que por aquellas zonas en vuelve al intrépido viajero, baste decir que en la región del lago occidental que visitó Huc, a través de las gargantas de Lug-rab, Tchu-mar, Rabdun y Djung del Tsaidan, se pueden recorrer cerca de dos mil kilómetros sin encontrar un pueblo, un aldeano, como no sea en verano algunos cazadores furtivos o alguna partida de bandidos. En 1.700 kilómetros de otros dos itinerarios, en uno sólo se tropieza con dos aldeas y 800 kilómetros de mortal desierto, y en otro que va por los lagos Kya-ríng, Ngo-ring y Tong-kor, de los dichos 1.700 kilómetros de itinerario, 1.300 son de desiertos y en algunos de estos caminos de las montañas los naturales sólo dejan pasar al Gran lama y a los monjes en su peregrinación a Pekín coda tres años. Por eso, para no hablar de sus sucesores, se califica con razón al primitivo itinerario de Huc (monje venido de Europa a China por el cabo de Buena Esperanza y después de la China al Tíbet), como «un monumento de la energía humana». ¿Qué caminos serán los de aquellos puertos o pasos que hay que cruzar, tales como el de Kuku-shili (4.580 metros, o sea la altura casi del Mont-Blanc); el de Tasila (5.000); el Rojo (5.150); el de la cordillera Dupleix (5.750), que cruzó Bonvalot, y el famoso de Lanak, frecuentado por las caravanas de Leh, a los 5.760 metros de altura?, las cuales empleando caballos en su recorrido gastan en él cerca de cien días y más de cuatro meses si emplean otros elementos de locomoción más lentos? Sin embargo, los correos del Dalai-lama suelen cruzar dichos itinerarios en 18 días, caminando a razón de 120 kilómetros por día, o más aún si apelan al procedimiento mágico del lung-gon, como, siguiendo a David-Neel, diremos después.

19 Etimológicamente también Po-yul designa a la parte tibetana habitada o del sur, mientras que Ja-chi significa «parte deshabitada», o de los desiertos herbáceos de hacia el Kuenlun. Véase, respecto de los «erithreos» o rojos occidentales, nuestra obra De Sevilla al Yucatán.

20 Los 3olos o lolos equivalen a nuestros hombres de la edad de piedra (leyenda de los salvajes velludos de Prjevalsky); los arrú y los jiú son gentes apenas conocidas del alto Salwen y los jam-pas de Cachemira y los del Ladak, tienen una mezcla mayor o menor de sangre aria (gitana).

21 Los respectivos títulos de dichos libros son: Viaje de una parisiense a Lhasa, a pie y mendigando, de la China a la India a través del Tíbet. Ediciones Iberia, Barcelona, 1930.–Mystiques et magiciens du Thibet, preface de A. d’Arson val, de l’Academie des Sciences et de l’Academie de Médecine, Le Plou, París, 1923.–Le modernisme bouddhiste et le Bouddhisme du Bouddha, Alcau, París; Les teories individualistes dans la philosophie chinoise, Giard, París; Socialisme chinois.–La Philosophie Meh-zi et l’idée de la solidarité, Luzat, Londres.

22 Los extranjeros son los únicos que llaman Dalai Lama («el lama-océano», por la inmensidad de su grandeza espiritual) al soberano del Tíbet, título que le fue conferido por un antiguo emperador mogol. Los tibetanos le denominan Gyalva-zimpotche, «el precioso conquistador o jina». Sólo va al Potala o inmensa acrópolis que corona a Lhasa en las grandes solemnidades, pues que de ordinario mora en su palacio de Norbuling, rodeado de vastos parques y con un lujo imponente en sus estancias de estilo chino, hindú e inglés. Es tal la fe que en él tienen depositada todos los habitantes del Alta Asia, desde Siberia a la India y desde la China al Mar Caspio que el vulgo hasta cree tiene bajo su protección espiritual al propio imperio británico. Pero dicha categoría espiritual la comparte en aquel «tejado del mundo» constituido por la Alta Asia, con el lama Pentchen-zimpoche «el precioso sabio de la provincia de Tsang» (vecina a la provincia de U cuya capital es Lhasa), avatar de Eu-pamed, «el Buddha místico de la Luz infinita» y de Subhuti, uno de los principales discípulos del Buddha de Kapilavastu. Habita este último en la enorme lamisería de Trachil-lunapo, cerca de Tigatsé, la segunda población del Tíbet, no lejos de la lamisería de Phagri, de una imponente y bárbara suntuosidad y de la de Chorten-Nyima, en la inmensa meseta que se abre una vez traspuesta la frontera con el Nepal y el Sikkim que están ya bajo el protectorado inglés, en una ruta accesible, aunque penosísima, más allá del Everest (8.860 metros de altitud) del Kintchindjinga (8.450 metros) del pico fronterizo de Jongson (7.300 m.). Dicha ruta está hoy cerrada y antes hay que cruzar por puertos como el de Nago (5.460 m.) o los de Kuro y Sepo (6.000 m.) o sea por una altitud mayor que la de Mont Blanc, erizados de retiros de ascetas y de pobres lamiserías como la de Latchén, importantísima, sin embargo, en las expediciones de la autora.

Las simpatías del Trachil-lama por la China antimilitarista le hicieron víctima en 1910 de solapadas persecuciones políticas y a pesar de su «carácter semi-divino» estuvo a punto de ser aprisionado o muerto en las revueltas de entonces, relatándose a este propósito, multitud de leyendas, como la de que al huir hacia lamiserías de la región oriental tales como la de Tchiamdo, patria del reformador Tsong-khapa, había dejado tras si en su palacio un tulku o fantasma llenando todas sus habituales funciones hasta verse en seguridad su creador, mientras que otros dicen se fugó sólo el fantasma quedando su creador invisible en su lamisería durante dos años y medio. Estas leyendas reproducen las que los bardos tibetanos cantan relativas a la epopeya análoga del gran rey Guesar de Link, el «mesías guerrero», cuya vuelta, anunciada por varias profecías, para cuando aquella fuga acaeciese, acaso dió margen, con otras análogas de la Sudha Dharma-Mandala, a los recientes mesianismos de ciertos pietistas-teósofos que así continuaron (pese a la «doctrina del Sendero directo» característica de la moderna Teosofía), la eterna leyenda de los «libertadores» con la que de Prometeo y de Jesús acá, se viene consolando en sus dolores el mundo de los vulgares.

23 Salvando las diferencias propias de nuestra insignificancia y sólo por obligado homenaje a la verdad, recordemos algo semejante ocurrido a nosotros y que va relatado en el epígrafe «Varios fenómenos psíquicos de mi vida) de nuestro; libro En el umbral del Misterio. Relatos análogos llevamos también oídos de otras personas que nos merecen entero crédito y el hecho sería más conocido si muchos no lo reservasen por diferentes razones. (Véase también las Cartas que me han ayudado de Jasper Niemermand).

24 La base de toda enseñanza ocultista está en sobreponerse a las rutinas, preocupaciones y demás errores de nuestra vida ordinaria de gentes bien y nada shokings. Así son largas de contar las torturas que a la educadísima Condesa de Wachmeister (torturas o pruebas por ella misma referidas en sus Memorias), hubo de someter la Maestra H. P. B. para despojarla de sus prejuicios señoriales o aristocráticos que podrían servirla de otros tantos obstáculos mundanos en el Sendero y nada digamos de otras iniciaciones como la jesuítica contenida en las célebres reglas de los Ejercicios Espirituales de Iñigo de Loyola y en las cuales toda vulgaridad mundana queda de hecho abolida, como puede verse leyendo los pasajes que a ello consagra la Historia interna y documentada de la Compañía de Jesús, del Padre D. Miguel Mir, y que los secuaces de aquél se están dando maña para hacer desaparecer de las bibliotecas.

25 «Sadhus» y «naldhorpas» o «discípulos» y «maestros» merecerían, no meros capítulos, sino obras enteras consagradas a ellos y que algún día, cuando haya verdadera cultura psicológica en Occidente, habrán de ser escritas.

El hombre ordinario, con cultura o sin ella, recuerda mucho en las orientaciones, o más bien dicho en las «desorientaciones de su espíritu» siempre atraído por el exterior, al personaje de aquella parábola que David-Neel nos transmite de uno que camina hacia un lago situado al Este, pero al percibir el humo de una cabaña que divisa allá hacia el Norte, cambia de orientación y se dirige a ella para tomar un bol de té; alguien, unos fantasmas quizá, se le interponen en el nuevo camino y escapa aterrorizado hacia el Sur. En el Sur tropieza con otros que huyen hacia el Oeste y se va con ellos también, no sin que bien pronto nuevos incidentes le hagan cambiar una y otra vez de rumbo, con aquel picaresco decir de nuestro Campoamor de «¡Ay del que va del mundo a alguna parte y se encuentra a una rubia en el camino…» «Semejantes hombres podrán serlo todo en el mundo, pero nunca podrán ser naldjorpas ni tulkus, porque no reúnen la condición fundamental del verdadero discípulo, que, deslumbrado, no por el maestro sino por la doctrina del maestro, doctrina cuyo primer fulgor le deslumbra como a Mateo frente a Jesús por primera vez o a Pablo en el camino de Damasco, no sólo no titubean ya, sino que ya no quieren otra cosa en el mundo sino AQUELLO. La santa llama de «la vocación » que a través de la historia ha herido con la instaneidad del rayo a todos los elegidos (el «juro ser Beethoven o nada» de Wágner al escuchar por vez primera la magia de la Quinta Sinfonía), es algo divino e iniciático también en todo discípulo apto al sentir el primer contacto espiritual con la salvadora doctrina del Maestro.

Perdónenos el lector, o más bien la autora de Místicos y mágicos del Tíbet, la larga cita, ya casi el saqueo, que en las páginas de este último libro vamos a realizar movidos del noble deseo de poner, por primera vez quizá, al alcance del público algo que le conviene saber, pese a los acostumbrados escepticismos con que suelen ser mirados estos santos problemas.

26 Acerca de estas dos sabias enciclopedias médicas, véase en nuestro libro Hacia la Gnosis (2.ª ed.) el capítulo titulado «El Jayur-veda brahmánico».

27 No es sólo en Lhasa donde existen criptas de esta clase, sino que el hecho es frecuente en toda Asia. En Yun-Nan, provincia de la China suroccidental, y lindando con Birmania y la gran India, existe un curioso monasterio con 600 esculturas policromas admirables, con ojos de cristal y cabelleras auténticas, y vestidos con las túnicas de los «arates» o elegidos que gozan del nirvana más perfecto prometido en los ritos budistas.

La impresión que producen en el viajero es extraña y escalofriante, pues parecen hallarse animados de una vida incomprensible, como si en sus cuerpos de madera se albergasen alma y cerebro.

En Yun-Nan se conoce esta extraña residencia monacal por «el monasterio de los quinientos arates».

Los turistas que lo han visitado hablan de él de una manera extraña e inconcebible, y en sus relatos se muestran la curiosidad y el pánico en mezcla inconfundible.

28 El salto de capítulos del XVIII al XXI está como en el original.

29 «La letra mata y el espíritu vivifica», dice el Evangelio, y, en efecto, el primer efecto, el primer paso en ocultismo es aprender a diferenciar lo abstracto de lo concreto («salto en las tinieblas» de ciertas iniciaciones occidentales); lo permanente de lo transitorio; lo real de lo ilusorio; lo esencial de lo accesorio; en suma: la Verdad; de sus isiacos «velos» o vestiduras. Así el famoso Bafomet de los templarios acaso no consistía sinó en una de estas pruebas que aun han llegado hasta nosotros con el dicho o creencia vulgar de que «pisoteaban un Cristo…» Algo así quizá, como el escupir tres veces sobre un «libro santo» de la bruja sabia que inició a Tilopa, ya que ni el Cristo era ya para aquellos sino el símbolo, en madera, en marfil, etc., de algo mil veces más excelso: ¡Su Doctrina!, ni el libro era otra cosa que el vehículo material de las ideas en él escritas o mejor dicho, de las que entre líneas por no estar descritas, ha de descubrir con su intuición el candidato. El vulgar, en cambio, retrocede inevitablemente horrorizado ante lo que él diputa por el mayor de los sacrilegios.

En «Las mil y una noches» como libro iniciático también cuando se lee entrelíneas, surgen doquiera pasajes semejantes que «si se toman en su muerto sentido sexual» (como la violación de la reina de las Hadas por Tilopa, o la de Wotan con la Madre-Tierra para arrancarla sus secretos, del drama wagneriano), no puede conducir sino a la magia negra, mientras que es salvador en el más alto grado cuando el pasaje se interpreta en el sentido del heroico esclarecimiento de la verdad sin velos, por el candidato.

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