El oriente, y sobre todo el Tíbet, es la tierra del misterio y de los sucesos raros -ha dicho Alejandra David Neel en uno de sus libros que habremos de citar






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La Tectónica de Asia, conferencia dada en Bruselas en 1922 en la Sesión XIII del Congreso Geológico internacional, por Emile Argand (Páginas 174 a 372 de las Actas de dicho Congreso). De ellas extractamos los conceptos siguientes: La base de la moderna Ciencia Tectónica está en la obra de Suess (1910) y en la de Marcel Bertrand acerca de los colosales plegamientos terrestres precambrianos, caledonianos, hercinianos y alpinos, que lejos de ser de un determinado país, se extienden a partir del Tíbet, a toda la corteza del Globo. No hay tectónica estática y tectónica dinámica, sinó una ininterrumpida serie de deformaciones por la presión tangencial de la corteza terrestre.–El porvenir reducirá la Tectónica a la Física.–No hay síntesis tectónica, sinó la visión científica de un continuo de tres dimensiones en perpetua deformación que no necesita de la hipótesis de impulsos verticales, sinó que todos son plegamientos iniciales, paroxismales y tardíos, al modo de las olas del mar chocando contra los escollos.–No hay «países tabulares» o sin plegamientos, más o menos intensos o dulces; el ciclo alpino, que es el más reciente, arranca de la edad secundaria (lemur) y continua en la actualidad–. La Naturaleza sólo trabaja en volumen.–No se confirma el gran macizo antiguo del interior del Tíbet.–Nuestro Atlántico no es sinó un segundo Atlántico de tiempos recientes (o de la data asignada a la gran catástrofe) y comparable en sus orígenes al viejo sinclinal caledoniano.–Los destinos ulteriores de la zona débil de Siberia occidental y los del actual Atlántico muestran grandes analogías.–El primer Atlántico existía en el período cambriano (época segunda o hiperbórea), de Oriente.–Su istmo se rellenó aflorando como continente por los alzamientos caledonianos y hercinianos.–El Himâlaya es una geosinclinal que se ha mantenido a través de más de una fase o ciclo orogénico. Sus fallas y discordancias son los testimonios de su alpino plegamiento.–De las dos caras de la Eurasia hacia América, la de Europa se afectó mucho más por los juegos andinos (consiguientes al hundimiento atlante) y que afectaron a toda aquella.–El papel de la zona cristalina de las altas cumbres del Himâlaya es comparable, en escala mayor, al que juega en los Alpes el macizo del Montblanc.–El duelo entre la Eurasia y la Gondwana (cual el legendario entre la Rutha y la Daytia atlantes), continúa aún hoy.–América se aleja más y más de la Eurasia y la Gondwana.–La actuación de las altas tierras entre las llanuras de la India y los desiertos del Tarim y de Kansú se reduce al dispositivo mediterráneo, que ella no hace sinó prolongar en curiosa simetría.–El macizo serindiano (moje tibetana) es el lazo común al Kuenlun y al Tian Chan y broche de toda la tectónica.–La actual geología tibetana liga a los alzamientos alpinos con restos de otros anteriores, hercinianos, caledonianos y precambrianos.–Los Pirineos son un Tian Chan en miniatura (y la península ibérica, añadimos nosotros, un Tíbet y un Gobbi en miniatura también).–La Geología de Europa no puede ser bien explicada sin la del Asia, de la cual depende.–El testimonio más elocuente del alzamiento alpino y de los anteriores, está en los plegamientos infinitos que constituyen la orografía en el Tibet .

Vése, pues, por lo apuntado que, dentro de la ley de armonía y de analogía o Clave esmeraldina de Hermes Trimegisto que es propiamente hablando el «método teosófico», en el Tíbet, en lo físico como en lo espiritual –¡todo es Uno!– está la clave del Gran Misterio Humano, misterio para cuyo esclarecimiento fue constituida la Sociedad Teosófica.

5 Nótese, de pasada, estos nombres de Bulak, repetidos luego en el célebre Museo de Egipto.

6 Para no repetir el trágico pasaje, remitimos al lector curioso, a nuestro artículo «El eterno anhelo evolutivo», publicado en EL LOTO BLANCO, de mayo de 1930, donde se transcribe el pasaje relativo a estos animales mártires.

7 Uigur, equivale a «turco», pero también a «ligur» o «ibero», lo que liga una vez más a nuestra península, con turcos, parsis, georgianos y aun tibetanos. Consignemos además que los «buddhistas» a quienes el sabio inglés alude, no son «los creyentes en la doctrina dada el mundo por Gauthama el Buddha» sino la de los infinitos «Buddhas de la Compasión», Tîrthankaras jaínos o Mahatmas de todas las Edades, de los que nos habla La Doctrina Secreta, Shahmanos, Sabeirones o Iniciados, del sánscrito Bhodi, Sabiduría, esto es, los seres de gran elevación intelectual y moral encargados de conservar a la larga de los tiempos esa Religión-Sabiduría de las Edades, vulgo Teosofía, cuyas claves están en la Matemática sagrada, según se puede demostrar.

8 El propio nombre de este cuarto Veda es, a nuestro juicio una contradicción del de Aita-arva-veda, o «fruto del Arbol ancestral de la Sabiduría de los Rishis o Dioses», porque aita en vasco y en otras lenguas arcaicas, es padre, y arca o arba, árbol, tronco.

9 «Govinda» es palabra que puede descomponerse en las dos raíces de «gob» y de «ind» o como si dijéramos, «doctrina de Gobbi seguida por un ario indú». Esto dicho sea en homenaje a un íntimo sentir y que no podemos descender a razonar como ello merecería, pues que encontraría además la natural oposición de les filólogos positivistas al uso. Es verdaderamente un dolor entrever etimologías ocultistas semejantes y tenerlas que lanzar sin los conocimientos ni el espacio adecuado para desenvolverlas. ¡Una de las pruebas más duras del Sendero, prueba que hay que aceptar como una cruz, desafiando el ridículo, que es una de las cosas más terribles con las que la Humanidad vulgar se defiende contra los que signen la vía salvadora y a los que de un modo u otro trata aquélla de eliminar, como la corriente del río elimina por una y otra orilla cuantos objetos arrastra en su seno.

El «Govinda» o «Gauvinda» y el «Gavisus sum» o supino del verbo «gaudeo» tienen, sin disputa, la misma raíz, expresándose así el gozo íntimo o espiritual del que sigue el recto sendero, a diferencia de la mera alegría vulgar y pasional expresada por el otro verbo latino «laetifico», pues, como dice Cicerón, «hine dicunt Stoici, gaudium in sapientem cadere pose, laetitiam non posse», distinción en la que la liturgia romana ha optado materialistamente por la «lacticia» y no por el «gaudio», con confusión igual a la establecida entre el espíritu y el alma o entre los goces materiales y los goces espirituales. (Véase la letanía católica).

10 Acerca de esta también excepcional mujer a la que tenemos que citar múltiples veces en el curso de estos apuntes, el Dr. D. Arsonval, miembro de las Academias de Ciencias y de Medicina, profesor del Colegio de Francia y presidente del Instituto general de Psicología, dice en el Prefacio a la obra de aquella Místicos y Magos del Tíbet: «Para muchos occidentales, el Tíbet está envuelto en una extraña atmósfera. El «país de las nieves» es para ellos la patria de lo misterioso, de lo fantástico e imposible. A lamas, magos, hechiceros, necromantes y ocultistas de todas clases que moran en aquellas altas mesetas aislados del mundo por la misma naturaleza o por su propia voluntad, los atribuyen los mas superhumanos poderes, aceptando como verdades indiscutibles las más extrañas leyendas. Diríase que este país plantas, bestias y hombres pueden sustraerse a su antojo a las leyes mejor establecidas de la física, la química, la fisiología y hasta el simple buen sentido,

«Es natural, pues, por ello que los investigadores entregados a las rigorosas disciplinas del método experimental no hayan otorgado a tales relatos más interés que el relativo y pintoresco que a los cuentos de hadas. Tal era el estado de mí espíritu hasta el día en que tuve la suerte de entrar en relaciones con la señora David-Neel. La célebre y valerosa exploradora del Tíbet llenaba todas las condiciones físicas, intelectuales y morales que se pueden apetecer en un observador consagrado a dichos problemas. Ella escribe y habla perfectamente todos los dialectos tibetanos y ha residido catorce años consecutivos en dicho país y sus comarcas limítrofes. Ella profesa el budismo y, se ha sabido granjear la confianza de los más elevados lamas. Su hijo adoptivo es un lama auténtico. La Sra. David-Neel, en una palabra, háse visto sometida a los aprendizajes y pruebas psíquicos de que habla, y ha llegado a ser, como ella misma asegura, una perfecta asiática en todo su modo de ser, cosa la más importante para explorar un terreno hasta aquí inaccesible a los observadores extranjeros.

»Esta asiática, esta completa tibetana, sin embargo, ha sabido continuar siendo una occidental, discípula de Cartesio y de Claude Bernard y practicando la duda filosófica del primero, que debe ser, en opinión del segundo, la base de todas las investigaciones del sabio. Así, desembarazada de toda idea preconcebida, no estando polarizada por ningún dogma ni doctrina, ha observado las cosas del Tíbet con toda libertad y serenidad de juicio. En las conferencias que a ruego mío, ha dado en el Colegio de Francia (cátedra también de Claude Bernard, mi maestro), ha podido sentar como conclusión que «todo cuanto de cerca o de lejos se relaciona con los fenómenos psíquicos y a la acción de las fuerzas psíquicas en general, debe ser estudiado de igual modo que cualquiera otra ciencia. No hay en ello nada de milagro, nada sobrenatural, nada que deba engendrar o alimentar la superstición. El aprendizaje psíquico razonado y científicamente conducido puede llevarnos a los resultados racionales apetecibles. Por ello las observaciones recogidas respecto a semejantes disciplina, aún en los casos en que ésta sea practicada hoy de un modo empírico o bajo teorías a las que no nos vamos a someter, constituyen utilísimos documentos, muy dignos de la mayor atención». Esto, como se ve, es el es verdadero método científico, alejado por igual del escepticismo que de la ciega credulidad.»

11 En estos nombres de los dos clásicos Senderos nosotros querríamos leer más bien Jina-yoni y Maha-yoni. Si la tal lectura fuera cierta, podríamos entonces traducirlos respectivamente como «matriz» o medio de nacimiento al mundo Jina o de aquellos Seres superiores al nivel humano, y gran «matriz» o medio final de nacimiento para la humanidad en general. Notemos también que la aspirada de Hína-yana, la traducimos fonéticamente por J.

12 Esto en el fondo, no es sino la repetición de los tres clásicos grados masónicos de aprendiz, compañero y maestro, pues que en el primero de estos grados no se exige al candidato o neófito más que sentimientos de Fraternidad y amor a la Verdad (lema y primer objeto de la S. T.), mientras que en el segundo grado de compañero son enseñadas las ciencias, las artes, la historia, etc. (objeto segundo, de disciplinas comparadas de la S. T.), y en el de maestro finalmente son o deben ser revelados los misterios de la Vida y de la Muerte. (tercer objeto ocultista de la S. T.).

Fue, por ello, una gran desgracia, de la que tardíamente hubieron de lamentarse H. P. B. y Olcott, el no dar, al tenor de estos principios, una organización masónica a la S. T., cosa que habría evitado quizá el lamentable estado en que esta última se encuentra, porque de la confusión de aquellos objetos o grados, como de la confusión de castas, que diría el Código del Manú, no podían nacer sino males sin cuento.

13 Nótese que este pasaje coincide con el inicial de Las mil y una noches, relativo al Pescador (Véase nuestra obra «El Velo de Isis y Las mil y una noches ocultistas»).

14 «Uno de los resultados más valiosos de la misión de Upasika (designación familiar de H. P. B.), dice un maestro, fue la de estimular a los hombres modernos a estudiar por sí mismo», cosa que desgraciadamente y por los errores en otro lugar apuntados, no ha hecho casi ninguno de los que se llaman sus discípulos, prefiriendo, en su debilidad impropia de tales teósofos, «la letra que mata»; el dogma cerrado, el mesianismo de supuestos redentores; el psiquismo emocional y, en una palabra, todo lo contrario del carácter crítico, decidido y viril que exigen de éstos los dos últimos objetos de la S. T.

15 Este «prendarse de una doctrina entre todas las demás», es en la vida ordinaria y dentro de la eterna ley de armonía, lo que !le llama vocación, es decir, la llamada poderosa, incoercible de la Voz Interior de nuestra conciencia («Cristo en el hombre», de San Pablo), marcándonos imperativa el sendero que debemos seguir. Quien escucha semejante orden de nuestro Yo Superior, va adelante; triunfa de cuantos obstáculos se le atraviesen y «madura en genio», como la historia de todos los grandes hombres demuestra. En cambio, quien la desoye, arrastra una vida miserable como traidor a si mismo, y crea un pésimo karma futuro, karma que la Ley evita a veces, piadosísima, cortando en flor la vida del que así equivoca su sendero. De aquí los llamados «malogrados» a los que hemos destinado un capítulo en nuestra obra En el Umbral del Misterio.

16 Cuenta la leyenda oriental que en el «segundo nacimiento» del Buddha, acaeció en Urûvilva o Uruvalva («la matriz del Fuego»), Sujata le lavó los pies con agua perfumada (igual que a Jesús la Magdalena) y le ofreció la clásica copa de oro con arroz, leche y miel. Tirado luego el vaso al río por Nairan-jana, remontó por si propio la corriente, en señal de que la ciencia suprema ya le pertenecía, mientras que el nuevo nacido se recogió a meditar bajo el árbol de Bodhi o de la Sabiduría. Este «remontado de la corriente» es, en mil leyendas, la característica de la Magia, la cual siempre va contra la corriente del vulgo. Así remonta, en efecto, las aguas del Rhin el esquife de Sigfredo en El ocaso de los dioses, de Wágner y así también surge del Támesis la piedra sagrada e iniciática del Lía-Fail Con una misteriosa Espada embutida en su masa y que sólo el héroe de la Tabla Redonda es capaz de arrancar (Espada de Sigmundo en el Arbol Norso, de «La Walkyria», en suma, la invencible Espada del conocimiento intuitivo).

17 Esta última región del Sahara africano, de nombre tan extrecha como admirablemente ligado con el del Tíbet, es un poderoso macizo montañoso sobre las hamadas del Sahara central, al borde mismo del mar de arena del desierto por terrazas sucesivas que le enlazan con el nudo orográfico del Tarso hasta los 2,200 metros de altitud. Su volcánica soledad desnuda alberga sin embargo a los nómadas o númidas tuaregs cuyo Hoggar colinda con sus dos principales macizos, a los que los naturales denominan Tu, Ti o It, nombre que recuerda nuestras inscripciones de la Peña Tu, asturiana y el mágico Ti o It chino cuanto el It atlante del que habla la maestra H. P. B. como de un gran salvador que «saliendo del mar» como el Oanes o Dagón caldeo, puso fin a las terribles guerras de los últimos tiempos de la Atlántida. Al oeste del Tibesti se desarrolla la cuenca del Níger; al noroeste la hoy desierta Libia y el camino de Kuka a Trípoli hoy seguido en parte por los italianos. De su población, puede juzgarse aun ahora por estas palabras del viajero Nachtigal: «En el distrito del N. O. o de Meru-ya (recuérdese, el monte Merú de los orientales), el relieve local tomaba un aspecto más y más curioso para nosotros. Había por doquier cúpulas de grandes edificios: catedrales, iglesias bizantinas, anfiteatros paganos, mezquitas y castillos feudales con los cuales se mezclaban construcciones modernas de todos estilos. Aquí se creía ver surgir del suelo como un inmenso dorso de camello; allá la forma de las rocas figuraba un búho gigantesco: a veces, sobre una columna aislada, aparecía una deforme cabeza… A la luz fantástica del crepúsculo era cuando toda esta caprichosa arquitectura fantástica de titanes sugería las más originales ideas».

Por todas estas analogías no es extraño el que los modernos antropólogos busquen con interés al «homo primigenius» en esta región central africana tan semejante histórica y geológicamente al Asia Central. Las pinturas rupestres (paleolíticas y neolíticas) occidentales acaso arranquen también de esta comarca hoy francesa y antes tan emparentada con Egipto por un lado y con Marruecos y Argelia, por otro.

18 Para facilitar la exposición orográfica suelen considerarse por los geógrafos estas cordilleras como agrupadas en seis sistemas o series, tres de ellas fuera y las otras tres dentro del Tíbet propiamente dicho, todas ellas cruzadas en su parte oriental por Prjevalsky, el pandit Krishna, Carey, Bouvalot, Dutreuil de Rhins, el príncipe de Orleans, Sven Hedin y algún otro, pero no visitada y sólo entrevistas en su parte accidental, o sea aquella que las liga con la Meseta central de Pamir, por Pievtzov (1830) y Bower (1831) y que no envía al mar río alguno; constituyendo un mediterráneo desecado. una región muerta, pantanosa, de lagos salados y, cuya
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