Cuadro sobre las operaciones de constitucion subjetiva






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títuloCuadro sobre las operaciones de constitucion subjetiva
fecha de publicación09.03.2016
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CUADRO SOBRE LAS OPERACIONES DE CONSTITUCION SUBJETIVA




EDIPO

Categorías de la Falta







Esquema Z

Respuestas

Padre Simbólico

A

Primer Tiempo

Madre Fálica/ Narcisismo.

PRIVACION Agujero real/ objeto simbólico


Necesidad

Presencia / Ausencia

S

A

Angustia del Otro Psicosis

Padre Imaginario

B

Segundo Tiempo

Padre Falóforo

Mito de Tótem y tabú.

La ley=deseo del Padre

FRUSTRACIÓN Daño imaginario / objeto real


Demanda

Potencia materna Oral …. Mujer atacada

Anal …. Objeto devorable

S Padre

Niño Madre S

Angustia Castración Perversión

Fobia

Fetiche

Transvestismo

Fantasma

Padre Real

C

Tercer Tiempo

Padre poseedor del falo pero no lo es. La ley sin encarnarse

CASTRACIÓN Simbólica / Objeto imaginario


Deseo

Pacto / Ley

Fálico

“PERDER PARA GANAR”

S a’

a Padre

Castración del Sujeto

Simbolización del asesinato del padre


Este cuadro intenta de un modo muy esquemático, mostrar las operaciones que Lacan realiza A) En la primera columna, ubicamos la relación del sujeto al significante y a la constitución del espejo. Es decir, la relación del Sujeto al Otro como sitio del lenguaje.

El tercer tiempo del estadio del espejo, momento en el que la imagen se estabiliza, coincide con el que el niño se ubica, por amor, como falo de su Madre en el intento de resolver el enigma del deseo de ella. Esta situación se corresponde a lo que Lacan llamará el primer tiempo del Complejo de Edipo.

Estos desarrollos aunque luego abandonados por Lacan no dejan de ser útiles para la comprensión de cómo se realiza la constitución de la subjetividad humana.

Entonces, en este primer tiempo del Complejo de Edipo, el niño se ubica ante su primer objeto de amor, la Madre, en una relación de dependencia absoluta. Muy tempranamente el niño advertirá que su Madre desea algo, pero no sabrá que desea. El deseo de la Madre será entonces una X que absorberá al niño en su intento de satisfacer esa incógnita. Es el amor por su Madre el que realizará ese empuje. No poder tener éxito en esa tarea es el fundamento de la culpabilidad y funda el llamado dolor de existir. La relación en este momento de la constitución del niño con su Madre será una relación de tensión, de vida o muerte, ya que si pretende ser el falo de su Madre, el niño será absorbido hacia un imposible que lo devora ya que no puede ser el falo porque este último es un símbolo y si se niega a serlo entonces su Madre desaparecerá ya que existe en tanto Madre fálica.

La categoría de la falta correspondiente a este estrato será la privación. La privación es definida como la falta real de un objeto simbólico. La entrada en el lenguaje efectúa un modo de falta en lo real muy particular del ser humano (parlante) ya que de hecho a lo real no le falta nada. Cuando decimos que en un estante de la biblioteca falta un libro es porque hay una ley que dicta que allí debería haber uno. En este sentido la falta de falo en la Madre, advertida muy tempranamente por el niño es una falta real de un objeto simbólico: el don. La alienación al lenguaje va a traer como consecuencia la caída de la necesidad que se convertirá en demanda.



Esta demanda es demanda del Otro, cuyo lugar ocupa primeramente la Madre. Es el choque entre la necesidad de un cuerpo sin significación y la traducción que la Madre realiza que surgirá la pulsión, por eso pulsión y Demanda del Otro pueden considerarse en el mismo plano. Lo que sale por la boca del niño entre por su oído con los significantes de la demanda de una Madre que empieza a aparecer y desaparecer. Esta presencia y ausencia de la Madre hay que entenderla sobre el fondo de una ausencia radical que origina el símbolo.

El juego del nieto de Freud, conocido como el juego del Fort-Da, comenzó como Un juego favorecido por la estructura del objeto (un carretel) En efecto, el hilo del carretel se engancha en la base de la cuna haciendo que este vuelva una vez arrojado.

Es decir que el juego comienza con la expulsión no sólo de este carretel sino de cualquier objeto al alcance del niño. Arrojar “fuera” es el modo en el que el niño remarca el límite que no esta establecido en un comienzo entre el adentro y el afuera. La vuelta del carretel es el reencuentro con el objeto arrojado es decir perdido. En este devenir de presencia y ausencia tenemos que tanto el Fort como el Da, figuran una Madre que no está ya que este juego se realiza en ausencia de la Madre. Fort y Da son significantes de una ausencia radical anterior.

El placer de dominio que le otorga al niño manejar la presencia y la ausencia a su antojo es el modo en el que el niño se hace Amo del significante. Momento de alienación necesario pero no permanente, ya que pronto el lenguaje se presentará como anterior y determinante a su existencia.

En la columna del Esquema Z o Lambda, tenemos aun dos términos el sujeto y el Otro, el eje imaginario de a-a´ aún no está constituido ya que esa relación dual yo-yo terminará de establecerse en el proceso de simbolización que el juego del Fort-Da demuestra de forma conmovedora.

La columna referida a la “respuesta” ubicamos del modo en el que el sujeto responde a la castración en la Madre. La fijación a la x del deseo materno, al enigma sin respuesta deja al sujeto encerrado en la Angustia de la Madre tan evidente en las psicosis paranoicas.

B) En esta línea ubicamos el punto en el que el enigma del deseo materno se anuda a otro que el niño. El Padre hace su aparición “salvando” al niño de esa relación sin salida con la Madre que lo conduce a la devoración mortífera. El Padre entra en esa relación como quién resuelve el enigma, por eso es arrastrado al lugar del falo. La entrada de la Ley del Padre no es aún la Ley del pacto ya que el Padre encarna la Ley. Es el Padre que Freud estableció en su mito de Tótem y tabú como aquel del que se añora su poder de llevarse todo el goce sobre sí.



El Padre como Tótem, clasifica al niño en una estirpe, cada acto que realice será a costa de invocar ese Tótem. El monigote que el niño fabrica no es más que la representación de su Tótem individual, ese monigote, con el tiempo y la instalación de la represión devendrá letra alfabética.

La entrada del Padre en escena si bien salva del sin salida materno supone una violencia de la cual el neurótico se defenderá por siempre. Esa violencia radica en un hecho de estructura por el cual la derivación del deseo de la Madre supone la castración de esta de su niño. Se trata de la violencia del corte, facilitada en tanto la Madre se ha privado del niño como falo. De este modo, el Padre es objeto de odio y de amor, es decir ambivalente por la relación que el niño tiene con esas dos caras del Padre. Mala en tanto corta, buena en tanto que ese corte salva. Este Padre se designa Padre Imaginario y se diferencia del Padre Simbólico del estrato anterior en que este último en tanto muerto no puede prohibir nada. Este Padre Imaginario, es un Padre que se alucina a la altura de la función, es más, se confunde con la función. Es importante lo que la clínica del Psicoanálisis nos enseña de este fantasma de escena primaria en relación al Padre Imaginario. Del mismo modo que aparece en el primer tiempo del fantasma fundamental de Se pega a un niño. En se fantasma el sujeto dice, “se pega a un niño”. El “se” designa a todas luces lo más impersonal y anónimo, luego en el proceso del análisis el sujeto dirá “mi padre le pega al niño odiado por mi” momento de mayor subjetividad, para luego concluir en la prisa “yo soy ese niño pegado por mi padre”.



La categoría de la falta correspondiente a este momento será la frustración que es imaginaria y de un objeto real. La frustración deberá entenderse como ruptura de de promesa. En el caso descripto por Freud, llamado de “La joven homosexual”, la madre, una mujer con pocas intenciones de declinar se embaraza cuando su hija tiene edad de ella quedar embarazada. La irrupción del embarazo de la madre en ese momento produce la frustración como la ruptura de la promesa del padre, promesa que evidentemente nunca existió. En este ejemplo se nota claramente la frustración imaginaria de un objeto real (el niño). Quizás los dolores y malos humores menstruales se deban a que cada mes existe este recordatorio de que la promesa ha sido incumplida.

En este momento la Demanda ya esta instalada sustituyendo a la necesidad animal en el ser humano (parlante) y la Madre está en posición de Potencia. Es que del juego del Fort-Da, presencia ausencia se va decantando una dimensión de la Madre que J.Lacan denomina Madre Real. La Madre Real esta en el lugar de la potencia que le otorga el hecho de que puede privar, no hay noción del don sin la puesta en juego de la privación.

El esquema Z quedará constituído ahora con su eje imaginario que interrumpe la relación del sujeto a su Otro. Este eje se dará entre el niño y el Padre Imaginario en el lugar de su yo ideal mientras que el lugar del Otro estará ocupado por la Madre Simbólica. Es entonces necesario un nuevo giro que articulará la eficacia de la castración simbólica.

C) La caída del Padre Imaginario del lugar del falo hace que ya nadie lo sea. La dialéctica de ser el falo a tenerlo es fundamental en la regulación de la angustia. La simbolización de la muerte del Padre deja un lugar vacío que llamamos la falta. Esta falta es la que articula el deseo que si bien no es articulado a algo de una vez y para siempre, es articulable. El deseo vive de esa falta que proviene de la aceptación de la castración simbólica de un objeto imaginario: el falo. Esta será la categoría de la falta de este estrato: la castración simbólica del falo.

Esta castración que se pone en juego aquí, si bien depende de la castración en el Otro es la castración del Sujeto. El esquema Z queda finalmente establecido con la modificación en el eje imaginario donde el semejante ocupa el lugar del yo ideal desplazando al Padre Imaginario de ese lugar. El Padre Simbólico entonces irá al lugar del Otro desplazando de allí a la Madre Simbólica.

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