Hace 176 años, con la derrota y ahorcamiento de Riego en la Plaza de la Cebada de Madrid, se frustró uno de los intentos más denodados por modernizar este país






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fecha de publicación07.03.2016
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Hace 176 años, con la derrota y ahorcamiento de Riego en la Plaza de la Cebada de Madrid, se frustró uno de los intentos más denodados por modernizar este país. Fue un personaje tan controvertido en vida como después de su muerte. Hasta es necesario reivindicar su lugar de nacimiento, en l784, ya que incluso el máximo especialista, hoy,en Riego, Gil Novales, ubica a Tuña en el municipio de Cangas, en uno de sus primeros trabajos sobre el Héroe de las Cabezas. Hay que reconocer, además de la benemérita labor investigadora de Gil Novales –con este minúsculo lunar-, la eficacia de sus asesores de Cangas del Narcea, al aportar al historiador documentos y datos sobre el ilustre militar tinetense. El padre del General Riego fue Administrador de Correos en Oviedo, nombrado, al parecer, a instancias del Conde de Campomanes. En l8o7, ingresó Riego en la Compañía de Guardias del Rey, participando poco después en el Motín de Aranjuez, que defenestró a Godoy. Al lado del general Acevedo, participó en la batalla de Espinosa de los Monteros, donde, al intentar salvar a su jefe, resultó capturado por los franceses, permaneciendo como prisionero en el ve4cino país desde l808 hasta l814. El 1º de Enero de 1820, se pronunció en las Cabezas de S. Juan a favor de la Constitución de Cádiz de 1812. El 7 de noviembre de 1823, fue ahorcado en la Plaza de la Cebada de Madrid.
Universalidad

La universalidad del General Riego viene dada, sin duda, por el gran eco que su actuación tuvo en numerosos países de todo el mundo, así como por convertirse, muy justamente, en el máximo símbolo de la libertad en España; sin embargo, la prueba definitiva del valor de Riego es el afán por apropiárselo por parte de alguno de nuestros fraternales y rivales vecinos de Cangas del Narcea., los cuales –reconozcámoslo- han hecho posiblemente más en el pasado por mantener la memoria de Riego que nosotros los tinetenses. Cuando, en 1993, la derecha municipal ovetense entronizaba el busto de Riego en la plaza dedicada al general deTuña, es muy probable que el caletre broncíneo de la estatua creyera que lo estaban subiendo tan alto para ahorcarlo por segunda vez. La realidad,sin embargo es otra: la derecha estaba cumpliendo un deber que habíamos dejado pendiente los socialistas en los años anteriores. Riego cuenta en Oviedo con una plaza muy digna desde 1820, pero la que le dedicó Gijón, amputada por la autopista,se quedó convertida en un rincón que no se corresponde ya ni con el significado de Riego ni con la historia de la ciudad.

Alta traición

Ningún historiador cree, hoy, que la independencia de Iberoamérica se hubiera evitado de no haberse dado la rebelión de los batallones acantonados en Cádiz y Sevilla, listos para el embarque. Parece, en cambio, correcta la visión de futuro de Riego de que sólo desde un régimen constitucional no colonialista cabía el tratamiento adecuado con los territorios de ultrtmamar. Pero, a lo largo del s. XIX, Riegofua acusado por los absolutistas del mayor pecado que puede achacarse a un militar o político: el de ser traidor a la patria.Se trata de una vieja acusación; todos los tiranos habidos en el mundo la dedicaron a sus enemigos.Esta acusación atraviesa la cultura occidental, desde la Antígona de Sófocles, hasta la actual versión de Brecht: “No creía yo –dice la hija de Edipo al tirano- que tus decretos tuvieran tanta fuerza como para permitir que solo un hombre pueda saltar por encima de las leyes no escritas inmutables de los dioses”. Y el dramaturgo alemán pone en boca del adivino Tiresias:”Aquel tirano sostiene una guerra bandidesca contra la lejana Argos. Esta se opone al inhumano y él la aniquila”. Se trata de interpretar la ética defendida por Entígona, no en el sentido de una moral o piedad familiar, sino con el significadosocrático de una moral universal. Asímismo, se trata de recoger el mito clásico tomando como referencia más la Antígona de Sófocles que “Los siete contra Tebas” de Esquilo.

Rafael del riego
Sinceridad.

La historia avanza a empujones de hombres sinceros- creía -Ortega - una etapa de insinceridad colectiva puede dar lugar a una culminación del clasicismo, pero los cambios decisivos los impulsan hombres uno de cuyos rasgos principales es su creencia firme en hacer realidad sus ideas. Vamos a tratar de uno de esos personajes históricos, que intentó dar un buen envite a la vida española de hace dos siglos. ¿ Con fracaso? Siempre suele entenderse así, tras el final traumático del trienio liberal y de la propia vida de riego. Sin embargo, en los últimos 15 años ha habido unos avances decisivos tanto en el conocimiento de nuestro personaje como en los estudios sobre el primer cuarto de siglo pasado. Sobre todo, hay un antes y un después de los trabajos de Gil Novales, siendo también la celebración, en 1984, del segundo centenario del nacimiento de riego, ocasión de numerosos actos y publicaciones. Conocida la gran repercusión de la vida y de la muerte de riego en toda Europa y en América, así como en la historia posterior española, hay que matizar ya el nivel del fracaso que costó la vida del general y frustró las esperanzas de referencia y progreso de los liberales españoles en 1823.

Para quienes procedemos del concejo de Tineo, la memoria de Riego y su muerte superpone la tradición real a la información Bibliográfica. A quienes eramos niños en la postguerra española en

Tineo se nos informaba de Riego mediante un eufemismo. Se nos decía: Riego fue un general nacido en Tuña que murió por tener ideas avanzadas. Decir de Riego que había tenido ideas avanzadas era una forma suave de formular una valoración positiva en los años 40 ó 50. Yo creo que la figura de Riego tiene, hoy, plena actualidad y vigencia. No es sólo un campo de interés de los historiadores, sino que conserva -a mi modesto entender- un gran atractivo en nuestros días.

Hay que reconocer que, cuando se produce la recuperación de la democracia en España en la transición de hace un cuarto de siglo, no se reivindicó la figura de Riego, como cabía esperar del máximo símbolo de la libertad en España. Tal vez fue porque la transición de la dictadura a la democracia se hizo sin ruptura y el símbolo de Riego vino a significar, un corte entre la sociedad estamental y la democracia liberal, pero, además, por lo que se refiere a Asturias, parecía como si, en nuestra vida pública, no hubiera en el pasado más hombres ilustres que los vinculados a Oviedo y Gijón. Tal parece que aquí no hubo más que Jovellanos, Clarín y Pérez de Ayala, Todos los demás quedan relegados a cultos locales. Los tinetenses vivimos con la convicción generalizada de que Campomanes y Riego son víctimas de una injusticia en nuestra vida pública regional. Gracias a Santos Coronas y a Manuel Jesús González se va abriendo paso el conocimiento de que el político asturiano, el hombre de estado de más relieve que dio esta región fue el conde de Campomanes. Tal vez el único asturiano comparable en rango a jovellanos. Y, riego es, tal vez, el asturiano que alcanzó mayor eco con su vida y su muerte en todo el mundo. Un ciclo de conferencias celebrado en la facultad de ciencias de la información de Madrid en 1984 con participación internacional, dejó bien clara la repercusión de Riego fuera de España. Está clara la influencia del pronunciamiento de las Cabezas de San Juán, en movimientos similares inmediatos en Nápoles, Portugal y Cerdeña, incluso en los Decembristas rusos de 1925. El gesto de Riego de 1820 hace exclamar a Turguenev: ¡gloria a ti ejército español! ¡gloria al pueblo español! Y por una publicación de gloria sanz, se conoce la importancia y el eco de la emigración liberal española y asturiana en Londrés después de 1814 y sobre todo en el 23. Hay que rectificar esa memoria limitada de nuestro pasado cultural en Asturias incorporando a los personajes más eminentes vinculados a Oviedo y Gijón, otras mucha figuras, algunas de las cuales fueron también protagonistas del mismo escenario que Riego.¿cómo no mencionar a Florez Estrada o a Argüelles entre otros muchos, como los San Miguel de Gijón o Canga Argüelles y Toreno de Oviedo. En este sentido, y no porque se me haya invitado, quiero elogiar este ciclo de charlas del Ateneo Jovellanos sobre personajes asturianos. Pero además, yo creo, que la falta de la atención merecida a Riego, a la memoria del símbolo de la libertad en españa, en la nueva democracia española, tiene otras claves. Durante la última transición política se creía, de un modo generalizado, que la recuperación de las formas democráticas significaría la superación inmediata de muchas de nuestras lacras y retrasos históricos. No diré que se pensaba que el mero ejercicio formal de la democracia lo solucionaría todo, pero sí había, sin duda una confianza excesiva en la virtualidades de las formas democráticas por si mismas. Por eso hubo, tal vez, un predominio excesivo de pragmatismo, con olvido del cuidado y la preocupación de otros valores no menos importantes en democracia. Algunos casos tristemente famosos nos despertaron de nuestro sueño y hoy la

gente ya no pide solamente políticos hábiles, eficaces; quiere además, que sean honrados, sin ningún genero de dudas, y que estén bien preparados culturalmente. Por eso creo que la figura de Riego es actual. Se le reconoció generalmente honradez, sinceridad, lealtad, valor personal, austeridad y preparación intelectual. “alta llamarada de esfuerzo”, lo llamó Ortega. Se le negó, en cambio, por Galdós, Unamuno, Ortega, D’ors, Artola, Fontana, Gil Novales etc.,

sentido pragmático, habilidad política.

Es muy posible que el Trienio Liberal hubiera fracasado aún sin la intervención de los 100.000 hijos de San Luis. La enorme crisis económica, con una deuda pública insostenible, con la subida de impuestos a los campesinos, azuzados estos por la Iglesia, parecía abocar la situación hacia un final incierto. No había sido posible el propósito inicial de uno de los moderados, Alcalá Galiano, de suprimir todas las raices del feudalismo sin tocar para nada la propiedad; las fuerzas más conservadoras, una vez suprimido el ejército de la Isla, fiel a Riego, no habían dejado de controlar los resortes básicos del poder ni siquiera en la última fase del Trienio de predominio político de los liberales más radicales. Pero esto no resta ningún mérito al esfuerzo de Riego por modernizar este pais a partir de la supresión de los restos de la sociedad estamental.

Riego fue el revolucionario puro, en un país donde las fuerzas más conservadoras se opusieron por todos los medios a las reformas liberales; murió luchando por la libertad, por eso la imaginación popular lo considera muy justamente el héroe de las Cabezas de San Juan. Sus últimos días, vagando por Andalucía, hasta quedarse solo, narrados por su compañero inglés G. Matthewes, recuerda –salvando la distancia histórica- el diario del Ché en Bolivia. Hoy resultaría insólito que alguien renunciara, como Riego, a un sobresueldo de 80.000 reales (de los de entonces). En este sentido bien puede decirse que Riego no tenía “sentido práctico”, ya que pudiendo enriquecerse prefirió dar su vida por la libertad y el régimen constitucional. Las flores que, hoy, se dedican a la memoria del general Riego en Gijón y en su pueblo natal son un merecido homenaje a quien representa y simboliza la honradez política y la lucha sin concesiones por la libertad.

Hay que rechazar la idea, difundida interesadamente, después de 1823, difundida por sus Enemigos presentando el pronunciamiento de riego como una aventura fuera de lugar, propia de un personaje extravagante. Antes citábamos el contexto exterior, pero si nos referimos a los Antecedentes de la vida interna española, veremos por el Pronunciamiento de Riego se da en un contexto totalmente coherente. Al comienzo de la novela “La segunda casaca”, Galdós señala trece conspiraciones liberales desde 1814 a 1820, antes de Cabezas de s. Juán. Algunos figuran en todos los manuales: mina, Porlier, Richard Van Haley, Lacy la primera de Torrijos, Vidal etc. Tras el trienio liberal está Bazán, en 1826, Torrijos, 1830 y la muerte De Mariano Pineda en 1831. Por tanto, en modo alguno puede entenderse la actuación de Riego como fuera de lugar, sin que se atuviera a un contexto histórico adecuado. No quisiera, sin embargo, caer en un idealismo fácil, en esta defensa de la memoria de Riego. En este sentido debemos comenzar

Por desmitificar un poco el marco histórico que, en cuanto a la opción reformadora y liberal rodeaba a Riego. Los no historiadores estamos acostumbrados a mitificar en exceso las constituciones de Bayona (1808) e incluso la de Cadiz de 1812, la Pepa. En cuanto a la primera, la carta otorgada por Napoleón, si bién supone un extraordinario avance con respecto a la sociedad estamental tradicional, no debemos olvidar que, si bien se reconoce el derecho de imprenta, no hay en ella una declaración de derechos fundamentales; no hay división de poderes, se reconoce un sufragio indirecto y las cortes continuan siendo basicamente estamentales. Además, en la constitución de Pepe Botella, se mantiene que “sólo existe la religión católica sin que se permita otra. Por lo que se refiere a las Cortes de Cádiz (1812) cuya actuación se complementa con numerosos decretos, se olvida la lucha íntima y la necesidad de fórmulas de compromiso en numeros temas. Al lado de la declaración de la soberanía nacional, frente a los temas anteriores de origen medieval, se introduce la división de poderes, así como el sufragio universal indirecto. Pero sólo podían ser diputados los propietarios, sólo se reconocía la religión Católica (art. 12 y 173), y el monarca designaba no sólo el jefe de gobierno sino también a los ministros. Se suprime la inquisición “se acabó el tiempo en que se asaba cual salmonete la carne humana” y son abolidas las jurisdiciones de señorío en 1820, con supresión de mayorazgos, reducción de diezmos y ley de monacales. Hay que señalar distanciamiento, una falta de conexión entre el Meritorio trabajo legislativo de las cortes de cadiz y el pueblo. Marx lo expresó con la frase “en las guerrillas, actos sin ideas; en Las cortes ideas sin actos, con la aplicación en 1820 de la constitución de 1812 se suprime la obligatoriedad de los gremios, las aduanas interiores y los

Monopolios de sal y tabaco, se elabora el primer código penal, se aborda la división en provincias. Pero el primer trienio liberal es víctima de unas contradicciones que se suman a las dificultades a que dan lugar, por una parte las conspiraciones constantes del rey, del clero y de los señores, así como los excesos de los exaltados. Esas contradicciones internas vienen muy bien expresadas por un Moderado, el literato y político Martínez de la Rosa. “Rosita la Pastelera” “arrancar hasta la última raíz del feudalismo, sin herir el derecho de la propiedad”. La participación de numerosos clérigos en el movimiento liberal no impidió que la iglesia instigara con todas sus fuerzas al campesinado contra el régimen constitucional. Hay que señalar que la quiebra de la sociedad estamental, así como los efectos devastadores de la guerra de la independencia obligaron a un incremento de los impuestos para los campesinos, para hacer frente a la deuda del Estado. A esto se unió, ya entonces, una pertinaz sequía con la mala cosecha consiguiente. El descontento del clero se había acentuado por la ley de monacales, claramente desarmotizadora, y que incentivaba la unión agresiva entre el trono del rey felón y el altar de una iglesia sumamente conservadora.

La disolución del ejercito de la isla el 4-8-1820, cuyo núcleo había acompañado a Riego en su periplo por la mayor parte de la Andalucía costera, significó el principio del declive del poder del

General asturiano. Pero posiblemente, ocurrió antes ya, en la primera salida de las Cabezas a Arcos de la Frontera, cuando Riego perdona a Sánchez Salvador, al frente de aquella guarnición, el cual después, como ministro de la guerra, se distinguirá por su persecución implacable a Riego, destituyéndolo de capitán general de Aragón. Ya desde un principio Aritzmendi, compañero de armas, censuraba la blandura de Riego, que permitía irse de rositas a los militares que no acataban la constitución.


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