Así se vivió la Spanish Revolution en una ciudad de provincias. Un tuiteo de 40000 caracteres desde el corazón de la revuelta. Las actas banzai, ni oficiales ni






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Días de la Constitución
Así se vivió la Spanish Revolution en una ciudad de provincias. Un tuiteo de 40000 caracteres desde el corazón de la revuelta. Las actas banzai, ni oficiales ni autorizadas, de un manifestante en los tres días cruciales del 15M.

Texto e imágenes: Miguel Espigado

20 de mayo de 2011. Entro en el Mediamarkt, directo a la sección TOP 10 de los libros más vendidos, donde hago fotos al número 8 y al número 9, ocupados, respectivamente, por "Reacciona: 10 razones por las que debes actuar frente a la crisis económica, política y social", e "Indignaos". A los pocos segundos aparece un guardia de seguridad y me dice que no se pueden sacar fotos dentro del establecimiento.
- De acuerdo- digo yo- entonces, si no le importa, cojo estos dos libros y me voy a pagarlos.
- Claro- responde con amabilidad- pero antes tiene que borrar las fotos.
- ¿Pero no se da cuenta de que esto es histórico?

Llamo a mi amiga Cata para que me acompañe a la concentración que desde el martes pasado acampa en la Plaza de la Constitución, para exigir democracia real a dos días de las elecciones autonómicas y municipales. No sé si debería, me responde, como soy colombiana… No pasa nada, no te preocupes, le digo, aunque en las horas sucesivas iré comprendiendo sus miedos. Quiero tomarle el pulso a la acampada como a una mini-república donde se ensaya la viabilidad de este movimiento, el único que ha logrado movilizar a varias generaciones de jóvenes españoles desde que yo estoy vivo.

La Plaza de la Constitución se forma por dos segmentos rectangulares a ambos lados de la Gran Vía, y cuando llegamos, solo uno queda ocupado por un grupo de unas doscientas personas, donde se mezcla el ambiente de facultad en un día primaveral con la presencia de familias, gente de edad y algunos miembros de organizaciones políticas con estéticas reconocibles, aunque desposeídos de sus símbolos, para evitar identificaciones partidistas. La Junta Electoral ha prohibido que la acampada siga mañana, día de reflexión antes de las elecciones, y el único argumento para justificar su permanencia es evitar cualquier mensaje que pueda influir en los votantes, lo que incluye signos políticos de cualquier clase. Además, el movimiento ha nacido con la idea de representar a todos, y no identificarse con ninguna organización anterior. De entre la multitud resaltan unas diez personas con chalecos reflectantes y megáfonos que ocupan puestos de información, e identificamos como los organizadores. Entre ellos, un chico de coleta rizada explica a un chaval con una camiseta de la selección española el rifirafe que se produjo ayer en la plaza por este motivo.

- Han venido los de Comisiones Obreras y ha habido un pequeño lío, porque nosotros estábamos aquí primero. Se han quedado una media hora, con sus silbatos y sus petardos.
- ¿Y qué querían los de CCOO?- le pregunta el chico.
- No sé -responde el chico del chaleco- a mí no me interesa lo que haga Comisiones Obreras, sinceramente.
- Pero Comisiones Obreras no se ha unido a la manifestación- preguntamos.
- No, no, para nada- responde- nosotros no queremos unirnos ni a Izquierda Unida, ni a Comisiones Obreras, ni a UGT ni a ningún otro sindicato ni tonterías varias
- ¿Pero quienes sois vosotros?
- Nosotros somos... la sociedad. Somos gente que está hasta los huevos, gente joven. También hay un señor de 76 años ahí que lleva más tiempo que yo, aquí a pie de calle, y ha ofrecido comida y mantas. Cada uno pone su granito de arena para aguantar el tiempo que haga falta.

- O sea que la organización es espontánea, y...
- Sí, somos una organización horizontal. No hay líderes, no hay jerarquías. Yo llevo ahora mismo un peto amarillo porque no lo lleva otro. Y aquí podría estar recogiendo firmas cualquier otra persona.


- ¿Y el manifiesto al que os atenéis cual es?
- En un primer momento nos atenemos al manifiesto de Democracia Real Ya. Después ellos lo cambiaron, lo reajustaron, y nosotros lo hemos estado debatiendo. En la asamblea de las 9 va a quedar todo claro… Estamos de acuerdo al menos en un 90% de los puntos. También se decidirá que es lo que vamos a hacer esta noche, y donde nos vamos a reunir. Probablemente nos quedemos aquí, en la Plaza de la Constitución.
- ¿Y tú por qué estás aquí?
- Tengo 18 años, estoy estudiando, y las cosas están muy chungas. La gente de mi generación no tiene una jubilación decente asegurada. Es por conciencia social, conciencia crítica. No nos pueden estar engañando, no vivimos en democracia, no elegimos al presidente del gobierno, ni al jefe de estado, y eso de un hombre un voto es mentira, gracias a la ley D´hont. Yo quiero una reforma total del sistema.
- ¿Son tus primeras elecciones?
- Sí, y no puedo votar por la burocracia, porque no me ha llegado bien el sobre. Yo soy de Algeciras, en Cádiz.
- ¿Cómo te llamas?
- Pablo Tapia Sánchez.

A escasos metros abordamos dos parejas que rondan los cincuenta. Cuando le preguntamos por sus razones para estar aquí, todos animan a uno de los señores a que nos conteste:
-Hombre, porque estamos a favor de esta revolución joven- nos dice- y porque creo que ya basta. España es un país totalmente corrupto. La ley protege al delincuente y joder, ya está bien. Ya era hora de que la gente se movilizara. Lo que los sindicatos no han conseguido lo han conseguido un grupo de jóvenes que son dignos de admiración.
- ¿Esta concienciación les viene por ustedes mismos, por algún hijo o familiar con una mala situación?
- También, también. Pero con una nómina de poco más de 1000 euros y retención e IRF del 20%, no hace falta más. ¿Quién paga la crisis? ¿Nosotros, los trabajadores? Se acabó la tontería. Yo creo que hay que seguir, y debemos ir a más. Esto debe continuar después de las próximas elecciones, hasta las próximas.
¿Pero la política puede interceder en la banca en España, en los grandes capitales?

 

- Yo no sé como puede intervenir. Pero nosotros hemos planteado un problema y ellos son los que tienen que resolverlo. Si son tan listos que lo resuelvan. Igual, ellos no quieren resolver la corrupción. Pero esto es una manifestación de gente joven, y algo tendrán que hacer. Y si no saben se tendrán que ir.

 

- ¿Hay algún partido que le haya decepcionado especialmente? ¿O todos?

 

- Yo soy de izquierda, y entiendo que este gobierno lo ha tenido muy difícil. Si hubiera ocurrido con un gobierno de derechas, esto no hubiera sido una manifestación pacífica, estaríamos hablando de una cosa mucho peor.


 

Entre la multitud abundan los estudiantes, algunos ejerciendo in situ, repasando sus exámenes en un rincón de la plaza identificado en un mapa escrito a mano sobre un cartón como “biblioteca”. También hay algunos matrimonios de cuarenta años, con sus hijos pequeños correteando entre las piedras blancas que bordean el centro de la plaza o durmiendo la siesta en sus sillitas, junto al grupo que toca tambores y didjeridus con discreción, y que más adelante desaparecerá. Entre la algarabía de dueños de perros, mimos haciendo globos en forma de corazón y guitarristas grabados por equipos de televisión, nos llaman la atención tres adolescentes sentadas un banco. Cuando hablamos con ellas, una comienza una frase y otra la termina, o bien se interrumpen para completar ideas, en perfecta sintonía.
- ¿Por qué estáis aquí?- les preguntamos.

 

- Queremos un cambio. Y un futuro.

 

- Sí. Un futuro mejor.

 

- Porque según vemos como van las cosas… nada

 

- ¿Es por una preocupación personal, por vuestro grupo de edad, o por toda la sociedad?

 

- Yo creo que somos el futuro, que somos jóvenes…

 

- Se supone que tenemos que empezar ya…

 

- Tenemos que mentalizarnos antes de llegar a los dieciocho, y pensar ya en quién queremos que nos gobierne. Porque yo no quiero que me gobierne un bastardo que esté borracho y se reúna con otros presidentes y lo único que haga es reírse de a quién gobierna. Yo quiero saber quién manda.

 

- Y que hable en nombre de la gente, en nombre del pueblo. No que hable para ellos y se quede la pasta y…

 

- Y sobre todo que oiga lo que quiere el pueblo, no que haga lo que le convenga a él.

 

- Veis que aquí no hay ideologías políticas ¿Eso que os parece?

 

- Bien, porque lo que se quiere es un cambio, y lógicamente no vamos a coincidir todos.

 

- A ella le han dicho que se quitase la camiseta de Anarquía… Yo creo que no deberíamos llevarlas, porque aquí tenemos que estar todos en común, lo que queremos es un mejor futuro…

 

- Un cambio.

 

- Lo de la ideología es ya otro tema.

 

- Es verdad ¿Y creéis que seremos capaces de seguir con esta organización? ¿Cuándo esto termine?

 

-Sí

 

- No lo sé.

 

- Si la gente quiere que haya cambio, si de verdad están convencidos, y de verdad quieren, sí. Si no se rinden, sí.


Según van pasando las horas me encuentro con amigos y más gente de la ciudad, aunque con muchos menos de los que me gustaría. Entre ellas, saludo a Alba, filóloga y profesora de español. Cuando la conocí, y me enteré que trabajaba en una academia, por la cara que debí poner, me preguntó directamente, ¿buscas trabajo? ¡Claro!
Yo también tengo mis razones para manifestarme. Tengo 30 años, con 26 terminé mis estudios y pasé dos años trabajando como profesor de español en el extranjero, hasta que se me acabaron las becas y volví a casa con mis padres. En los meses siguientes he movido mi CV para encontrar trabajo en varias académicas de la ciudad, pero todas me rechazaron. Recuerdo que un amigo intercedió por mí, y luego me copio el chateo con el que había intentado convencer a un contacto para que me contratara.
- Es licenciado en Filología y Teoría de la literatura, tiene experiencia laboral, y es escritor.
- O sea, un rojo- objetó el contacto. No volví a saber nada...
- Me ha dicho mi jefa que le des el CV ya- me dice Alba en estos momentos- contratan 20 horas semanales. El sueldo no es muy alto pero son serios.
- Claro -le digo entusiasmado- la iré a ver inmediatamente.
Pero en el fondo, me jode que me haya salido esta oferta. En la enseñanza de español no hay convenio, se considera enseñanza no reglada, por lo que una profesión que podría dar de comer a muchos filólogos ha degradado notablemente sus condiciones. Si a esto le sumamos que muchas academias han sido montadas por gente venida del negocio de la hostelería, que las manejan como si fueran parte de un paquete turístico (y de hecho, muchas veces, lo son), se entenderá porque adolecen de tanta precariedad.

La plaza se ha ido llenando hasta casi rebosar. Cuando la asamblea da comienzo y la gente se sienta, aún queda un gran grupo en pie. Son las nueve y diecisiete de la noche, y se respira una gran expectación, pues somos muchos los que acudimos a una asamblea por primera vez, motivados por en gran medida por la inminencia de las elecciones, y la orden de la Junta Electoral de disolver las acampadas del 15M, que se hace efectiva a las 12 de la noche. Pese a la promesas del Ministerio del Interior de no cargar con la policía, existe una gran incertidumbre sobre lo que pasará. Un tío alto, de unos 30 años, cabeza rapada y grandes patillas, es recibido con manos agitándose y los brazos alzados, uno de los tres gestos silenciosos que los asistentes ya han asimilado y permiten agilizar el encuentro.
- Estamos aquí desde el martes, con una actitud pacífica- comienza, a través de un megáfono gigantesco- y esto tiene que seguir siendo así. En el campamento no se pueden consumir bebidas alcohólicas, sustancias estupefacientes o drogas. Quien quiera hacerlo, que se aleje doscientos metros de la plaza. No llevamos banderas. Estamos aquí para defender intereses comunes, sin partidismos de derecha o izquierda. Aceptamos gentes de todas las razas. No representamos a la Democracia Real Ya, pero adoptamos su manifiesto. SOMOS PERSONAS, NO PRODUCTOS DEL MERCADO. (Aplausos silenciosos y por fin aplausos de verdad). Aunque veáis a gente con chalecos distintivos, esta gente no vale más de lo que vosotros. Simplemente nos obligan a llevarlos, por normativa. Quien quiera, puede pedirlos y tomar el relevo. Los puntos de esta asamblea se ceñirán a lo que va a ocurrir hoy y mañana. Que intervenga todo el mundo que quiera intervenir. La viabilidad que tiene quedarnos aquí, hasta ahora no la conocemos. La acampada de esta ciudad queda desconvocada a partir de las 12 horas, para que no se pueda hacer responsables a las personas que pidieron el permiso. Quienes que se quedan lo hacen bajo su propia responsabilidad. No va a haber insultos ni silbidos. No va a haber ningún tipo de provocación. Y nada de tocar las piedras de los arbolitos (risas sonoras)). En el caso que alguien incumpla lo anterior, aislarlo. Dejarle claro que no representa al grupo. Si no podemos controlarlo, nos retiraremos y luego volvemos.
Una chica con camiseta de tirantes toma el relevo.
- Si viene la policía a echarnos, lo que está pensando es no movernos. Haremos una sentada pacífica, encadenados de manos y piernas. Mantened el puño cerrado, y el pulgar entre la palma y los dedos. Si te pillan por el pulgar, malo. Volvemos a repetir: nada de insultos ni de provocaciones. Aquel que los haga no será ayudado por el resto del grupo. Si hay una trifulca, acudiremos en ayuda del compañero.
- La policía nos ha tratado maravillosamente bien- retoma el de las patillas- hemos tenido un trato exquisito con la policía. Me parece peligroso decir que la policía es peligrosa, que nos van a matar a porrazos. Eso es mentira.
-¡No se oye! ¡Que hable la chica!- gritan.
- Rubalbaca y Castilla y León han dicho que no van a levantar acampadas mientras no haya violencia. El tribunal está tramitando un Recurso. En cuanto sepamos algo os lo contaremos. A partir de las 24 horas nos pueden desalojar. La primera pregunta de la asamblea es, si eso sucede, ¿vamos a continuar aquí o nos vamos a otra parte, si nuestra resistencia pacífica no es suficiente? Si hay carga, va a haber que moverse de uno a otro lugar. Debemos decidir cuatro puntos de encuentro (esos no los vamos a decidir aquí, evidentemente). Y que nadie firme ningún papel que traiga a policía.

Mientras los organizadores se alargan en su discurso, se extiende la confusión, propiciada por el gentío creciente, la mala visibilidad, el murmullo y la distorsión en los megáfonos. El de las patillas se escusa: "lo siento, es que hay mucha información". Finalmente, comienza la asamblea. El primer punto, que se comerá la mayoría del tiempo, es sobre si trasladar la concentración a la Plaza Mayor. La gente hablara de pros y contras, pero sus voces se pierden por la escasa potencia de los megáfonos. Un hombre se levanta y se larga con actitud resuelta, como para mostrar su disidencia con la asamblea.
- Aquí se está llegando a una rutina que es importante- dicen algunos- ya nos estamos familiarizando con esta plaza, ¿vale?, y eso es bueno. Se puede empezar a habilitar al espacio del otro lado de la Gran Vía, y así cabremos más. Si nos movemos de aquí, ya nos han desalojado antes de intervenir. Y la policía tiene más experiencia en la Plaza Mayor.
- En la plaza Mayor hay más espacio- dicen otros- es un lugar más público, tendremos más visibilidad (tímidos aplausos en cierto sector de la plaza). Tendremos oportunidad de captar más gente. Además, la Plaza Mayor es patrimonio de la humanidad
- Pero toda la ciudad es patrimonio de la humanidad- apostilla alguien (aplausos y silbidos).
- Eh... vale, ya está, ¡eh!- gritan los de más allá- cuando lleguen las lecheras, nos van a pillar en esta ratonera. La Plaza es un sitio grande, habrá más movilidad, y eso hará que la gente no se caiga si hay movimientos bruscos. Además, aquí estamos escondidos.
- ¿Te parece que estamos escondidos aquí?
- ¡SÍÍÍIÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍ!
- ¡NOOOOOOOOOOOOO!
- ¡!!UN POCO SÍ!!!
(Silbidos y más silbidos, los moderadores piden tranquilidad)
- ¡QUE LO REPITAN!- gritan por ahí- ¡NO LO HEMOS OÍDO!
Movimiento, algunas personas se van, pero en general, sigue habiendo mucha gente.
- No podemos seguir haciendo lo que quiere Rubalcaba -siguen- no necesitamos permiso, no necesitamos nada. Vamos a hacer las cosas, como queremos, cuando queramos. El menor de los problemas es si nos vamos a La Plaza o no. Tenemos que ser más reivindicativos, mucho más reivindicativos.
(Ligero Abucheo, que acabe ya, algunos aplauden)


- No hay que hacer discursos basados en el miedo- dice otro- aquí es donde nació el movimiento, aquí es donde empezamos. Hay que dejar la Plaza Mayor para el final. Quedarse aquí no significa miedo. Nos hemos multiplicado un millón de veces. Y podemos ocupar la acera de enfrente. La calle es nuestra y vamos a donde queremos. Una plaza no hace más grande un sentimiento... bla bla bla...
La gente gira los brazos, para que se cambie de tema. Las señoras mayores ya conocen perfectamente la kinésica oficial.
- ¿Por favor, hay un abogado aquí? Nos vendría bien un abogado- grita alguien por el megáfono- si hay algún abogado que venga aquí urgentemente.
- Llevamos una hora hablando de lo mismo- me dice Cata, que está sentada a mi lado.
- Pero es que así es la democracia participativa- digo yo.
- Ya –dice Cata- yo no creo en eso.
(“Esto es una frikada”, oigo por detrás) La gente agita los brazos, otros los giran. Se habla de cosas diferentes desde varios megáfonos. Alguien se burla de la que habla, imitándola con voz de gilipollas. Le recriminan su actitud y le piden que se calle. El responde "me toca los cojones, que no sea tan gilipollas". Finalmente se procede a la votación. La chica de mi lado confiesa que no sabe que se está votando.
- Para respetarnos todos- repiten- intentemos usar un lenguaje más cuidado.
- Bueno, bueno, bueno- oigo por detrás- el lenguaje que nos salga de los cojones.
Luego me giraré y reconozco a los tipos que esperaba encontrarme, aunque privados de sus distintivos. Si no hubieran abierto la boca, no hubiera adivinado de qué palo iban, pero puedo distinguirlos del resto de la multitud en cuanto hablan, aunque no vayan marcados. Son los que más inciden en las supuestas cargas policiales. Se nota que están en minoría, cuando la calle ha sido suya, y han sido los único que se han manifestado en la ciudad durante años, por un montón de causas que van desde los saharauis hasta el imperialismo. Pero hoy han sido desposeídos de sus símbolos y se encuentran entre personas que nunca verían en las manifestaciones minoritarias que convocan tantos días.
- ¿Quien se quiere cambiar a la Plaza Mayor?

Levanta la mano un 10%
- ¿Quien se quiere quedar aquí?
La levanta todo el mundo.
- Por mayoría, nos quedamos aquí.
La chica de los tirantes habla con esa clase de paciencia que desarrollan los monitores de los Boy Scout. El de las patillas habla como una persona pura, y humilde, sabedor del peligro que tendría asumir cualquier rol de liderazgo. Un pequeño grupo de gente se marcha mientras se intenta votar un plan de evacuación. Alguien dice: "Rami, el Chuchi pide que se va a votar un cigarro a título personal”. Otros sugieren que sean los del balcón los que cuenten las votaciones. Lo malo es que no tienen megáfono.
- "NO HAY PROBLEMA"- grita la del balcón con voz de verdulera. Risas y aplausos.
- No va a haber desalojo- nos dicen ahora- pero, por si acaso, debemos pactar cuándo y cómo nos vamos a mover por la ciudad.
Se continúa el debate. La gente quiere que se planteen más alternativas al desalojo. Mueven los brazos. Alguien dice "Esto tiene que organizarlo alguien, macho”. Pero no hay líderes, solo ciudadanos. Un francés habla (mal) sobre algo que nadie comprende. "Aprende español", escucho por detrás, "Viva la resistance". Los culos empiezan a doler de estar en el suelo. Se habla de un artículo de la ley, intentando explicar el movidón legal del desalojo, y la gente se impacienta. Alguien dice que la policía está encantada. La policía está encantada de liarse a hostias, responde el de atrás.

-¿Quién está de acuerdo en que no se firme nada que nos traiga la policía?
Todos de acuerdo
- ¿Quien no?
Nadie.
- Si yo firmo –dice Cata- me ponen en un avión mañana.
Nos estamos perdiendo en las formas- dice un hombre de pelo cano vestido con ropa vaquera- hemos venido a ver que pasa con la sanidad, hemos venido a ver que pasa con el paro. Así que a hablar.
Más movimientos de manos giratorias. Después de esa protesta, se va a leer otra propuesta. La gente se cansa (no se entiende a la chica que habla) Alguien se pone hablar de no llevar símbolos de ningún partido y de ningún sindicato. Se propone el color negro. Hartazgo general. Finalmente, Se da por clausurada la asamblea.
Luego nos encontraremos a un amigo de Cata, director de un grupo de teatro, que nos contará que llevan desde el martes discutiendo los mismos temas, que la gente no se entera, que por eso algunos se han ido. Que en el futuro espera que esto se organice más, que tome forma. Dice que él es muy hippy, pero que su espalda no, que lleva aquí desde el martes y que se va a casa a dormir. Un tipo muy competente, me comenta Cata cuando se marcha, un Aries. Un guapo que no es guapo. Los organizadores a media tarde eran muy visibles. Llevaban su chaleco reflectante y tres de ellos se agrupaban en el puesto de información, y atendían a mucha gente que se acercaba a preguntar. Después de la asamblea, los chalecos desaparecieron, y los organizadores se disolvieron en la masa, disolviendo también cualquier posibilidad de liderazgo.
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