Taller sobre Lenguaje jurídico en la Constitución Alemana






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Proemio de contextualización política y social al

Curso-taller 2013 sobre Lenguaje Jurídico en la Constitución Alemana

El curso-taller sobre Lenguaje jurídico en la Constitución Alemana , que al abogado Carlos Enrique Haller propone iniciar desde abril de 2013 en la Facultad de Derecho (estatal) de Mar del Plata, pedirá a los participantes un centrarse conceptual y práctico en torno de los vocablos básicos en que se encuentra formulada la Ley Fundamental [Grundgesetz] de la República Federal de Alemania. Ello circunscribe la mayor parte de la tarea a la lectura y comprensión del texto positivo de ese constructo de normas y deja fuera – o da por sabido – el encuadre histórico del mismo.

Sólo para refrescar de modo somero ese encuadre, se ensaya aquí su resumen. No es posible siquiera remontarlo hasta el siglo XIX, donde nacen muchas de sus ideas y realidades, ni a la República de Weimar de 1919 y su desfiguración con el régimen nacionalsocialista. Nunca hay en la historia un “punto cero” más atrás del cual no sea posible rastrear antecedentes, aun los que la propia disciplina histórica “científica” excluye de su investigación. Pero entre el 7 y el 9 de mayo de 1945 la derrota y capitulación del Estado hitleriano fue una especie de aniquilamiento total de las estructuras militares, políticas y económicas del 3er. Reich, por más que importantes elementos del sistema social y cultural de Alemania continuaran vegetando, a la espera de lo que siguiera de ahí en más.

Lo que siguió fue la adquisición de todo el poder militar y político de las cuatro principales potencias vencedoras sobre los restos del territorio alemán, la fragmentación de éste en cuatro zonas de ocupación y administración a merced de gobernadores militares designados por esas potencias, y la coordinación de dichas gobernaciones por un Allied Control Council que ejercía la suprema potestad gubernamental sobre lo que quedaba de Alemania. Casi de inmediato se diseñaron en dichas zonas los nuevos modelos estructurales que respondían a los intereses políticos y organizativos de las referidas potencias. Las divergencias de esos intereses se fueron acentuando hasta que en lo práctico y en lo jurídico pronto quedaron diseñadas las condiciones que llevaron a la división de Alemania en dos formaciones políticas y socioeconómicas distintas.

Las desavenencias entre los aliados vencedores acerca del destino político, militar y económico que asignarían a la Alemania derrotada se agudizaban a medida que las contraposiciones de intereses y proyectos las iban poniendo de manifiesto. Sólo hubo acuerdo en borrar del mapa al viejo estado prusiano. Los procedimientos administrativos de “desnazificación” se cumplían de manera incompleta y desigual en cada una de las zonas de ocupación. La restitución de los prisioneros de guerra alemanes a su patria tendría lugar a partir del 31 de diciembre de 1948.

Se insinuaban los comienzos de la “guerra fría”. Ello abrió la ruta hacia una gradual soberanía estatal alemana en lo económico y luego en la política interna, donde comenzaban a configurarse las organizaciones de signo democrático que emergían de las cenizas del nacionalsocialismo y de otras corrientes soterradas por la marea de éste. De a poco se perfilaba la idea de una Europa unificada, a la cual el Plan Marshall y la Comunidad del Carbón y del Acero conferían los primeros sostenes económicos.

Dentro de Alemania, sobre todo desde los parlamentos de los Länder (Landtage), comenzaban a oírse reclamos de autonomía. De las primeras elecciones a esos parlamentos regionales resurgía el embrión de dos líneas políticas tradicionales: la cristiano-demócrata (cristiano-social en Bayern) y la socialdemócrata. En febrero de 1949 los comunistas tomaron el poder en Praga, mientras el SED (Partido de la Unidad Socialista) reforzaba sus estructuras y el enrolamiento en la porción territorial alemana ocupada por la URSS. Poco antes de que los primeros mandatarios de Francia, Gran Bretaña y los EE.UU. se reunieran con el fin de acordar un status común para las tres zonas que las fuerzas occidentales ocupaban, se produjo el enclaustramiento de la ciudad de Berlin por parte de los soviéticos. Ello determinó la ruptura de las tratativas con estos últimos y obligó a las potencias occidentales a forjar un “puente aéreo” que día y noche proveyera a los habitantes de Berlin West de los elementos de subsistencia y salud imprescindibles. En la atmósfera de las fluctuantes ideologías, la odiada ciudad capital de Prusia y del nazismo se convertía ahora en el baluarte de la libertad.

Mientras tanto, avanzaban las gestiones para la habilitación de un nuevo Estado alemán occidental, resuelta en la conferencia de primeros ministros de Londres. El 26 de julio de 1948, los once jefes de gabinete de otros tantos Länder regionales y muchos de los burgomaestres de importantes ciudades alemanas iniciaron los acuerdos para la elección de una asamblea general constituyente. En agosto de ese año, los parlamentos de esos Länder ratificaron el proyecto de constituir un Consejo Parlamentario (Parlamentarischer Rat) compuesto con delegados designados, sin elección popular, por esos parlamentos regionales. Por cada 750.000 habitantes se designaba un delegado. Esos delegados, reunidos en convención constituyente del 10 al 23 de agosto de 1948, sancionan un extenso documento que servirá al Consejo Parlamentario como proyecto fundante de su trabajo. La tarea del Consejo Parlamentario se cumple en la ciudad renana de Bonn desde el uno de septiembre de 1948 hasta mayo de 1949, con la presidencia del jefe de la Unión Cristiano Demócrata (CDU) de la zona británica, Konrad Adenauer. Desde ya, los debates de los constituyentes se ven a menudo interferidos por memorandos y oficiales de enlace de las tres potencias occidentales, que procuran influir sobre las decisiones.

El 8 de mayo de 1949, el Parlamentarische Rat aprueba el proyecto de Constitución con 53 votos a 12. El documento es sometido a aprobación de los cuerpos legislativos de cada Land (Landtage), todos los cuales – excepto el de Bayern – lo ratifican. La nueva Grundgesetz entra en vigencia el 24 de mayo de 1949, sin perjuicio de que los ministros de exteriores de las tres superpotencias occidentales hayan declarado solemnemente en Washington que mantienen en sus manos los supremos poderes en el territorio del nuevo Estado.

Casi al mismo tiempo, bajo ocupación soviética, surge en Alemania del Este la RDA (DDR). Esta última, de sistema socioeconómico progresivamente socialista, duró hasta el 9 de noviembre de 1989, al desmoronarse el control de sus autoridades políticas sobre la mayoría de la población. Sigue siendo interesante estudiar la evolución económica, política y jurídica de la DDR, no sólo como curiosidad intelectual y erudita, sino porque algunos alemanes siguen afectos a las bondades de ese régimen. De haber subsistido, el presente seminario se habría visto desbordado por un marco temático más extenso, a no ser que se lo estrechara hasta abarcar uno solo de los dos instrumentos constitucionales. Siempre habrá oportunidad de proyectar análisis comparativos de ambos sistemas, aunque al responsable de este curso no le alcancen las fuerzas para ello.

La LEY FUNDAMENTAL PARA LA REPÚBLICA FEDERAL DE ALEMANIA  (Grundgesetz fü die Bundesrepublik Deutschland) es el nombre de la Constitución promulgada el 23 de mayo de 1949 para Alemania Occidental.

Fue redactada por el Consejo Parlamentario, formado por 65 miembros nombrados por los estados federados de la Alemania Occidental, territorios bajo el dominio de los franceses, británicos y estadounidenses. El 8 de mayo fue aprobada con mayoría absoluta.

El parlamento de Baviera, el 20 de mayo de 1949, rechazó la constitución, exigiendo mayores competencias para los estados federados. Desde ese mismo año, ha sido modificada sesenta veces y las reformas más importantes fueron:

-         la reintroducción del servicio militar obligatorio

-         la creación de las Fuerzas Armadas Federales

-         las normas para el Caso de Emergencia, con la posibilidad de restricciones de derechos civiles en el caso de guerra

-         la reforma del sistema de Hacienda

Finalmente, después de la reunificación, adhirieron los cinco estados federados orientales al ámbito de vigencia de la Ley Fundamental.

Sin adherir a ortodoxias ideológicas y sin eludir la inevitable inclinación hacia alguna de ellas, que se deduce de la metodología elegida, procúrase en este proemio caracterizar el telón de fondo de la actual Constitución alemana pintando sobre él un boceto inspirado en un enfoque sistémico. Considerada la sociedad jurídicamente abarcada por dicha Constitución (Grundgesetz) como un todo complejo atravesado por acontecimientos de diversa intensidad, que se van adensando en corrientes lo bastante fuertes como para determinarla en conjunto, podemos intentar uno de los posibles relatos interpretativos de su devenir.

Biogeografía de un Estado trunco

Aplastada económica y militarmente esa nación en 1945, no es arbitrario entender que su reconstrucción social y jurídica dependió de decisiones tomadas (desde antes de la finalización de la guerra y en etapas posteriores) por las potencias vencedoras de mayor peso: EE.UU., Gran Bretaña, U.R.S.S. y Francia. Las iniciales pautas programáticas al respecto tuvieron que ser luego rectificadas a impulsos de la creciente tensión entre los intereses de los dos bloques hegemónicos: el capitalista y el soviético. Así ocurrió con la decidida inclinación constitucional de la BRD por una economía de libre de mercado y competencia, morigerada con principios de solidarismo social (soziale Marktwirtschaft), así como el énfasis en las libertades públicas, los derechos humanos básicos, la libertad de asociación, de coalición y del régimen de partidos

Al designar ambos sistemas como comunista y capitalista (y no, por ejemplo, como el “occidental” y el “oriental”, o el “democrático” y el “autoritario”), estamos asignando cierta preferencia en el análisis al subsistema económico de la Alemania de hoy cuya Constitución nos proponemos examinar. Sin perder de vista las decisiones políticas que la precedieron, ni las no calculadas influencias que en ese subsistema ejerció la temporaria coexistencia, a veces muy tensa, otras más amigable, con la vecina Deutsche Demokratische Republik (DDR).

Un modo productivo de comprender cualquier constitución formulada por escrito consistiría en leerla en constante remisión a los acontecimientos políticos de superficie y a los desplazamientos estructurales de fondo que se fueron dando bajo su vigencia, sin incurrir en acentuaciones idealistas de su texto ni olvidar que una porción de éste aporta preceptos de eficacia normativa inmediata (es decir, puestos en acción apenas sancionados), mientras que otra parte reúne declaraciones programáticas u orientativas – a veces dogmáticamente enunciadas – que apuntan hacia metas y valores. Estas últimas, lejos de reducirse a ser meras declaraciones de anhelos, tiñen de color ideológico el proyecto de convivencia social instaurado e influyen desde su letra y su doctrina a las resoluciones administrativas y judiciales, en especial las dictadas por los tribunales de materia constitucional en el Bund y en los Länder.

Subsistema económico

La libre iniciativa de individuos y asociaciones en el mercado alentó una recuperación relativamente veloz de la actividad económica, doblemente necesaria por la destrucción de bienes y servicios causada por la guerra y por la afluencia masiva de multitudes de población fugitiva que era expulsada de sus lugares de residencia en territorios alemanes del este. Esa economía estaba llamada a funcionar con creciente eficacia a través de los mecanismos de oferta y demanda, cautelosa y módicamente canalizados por el Estado (un modelo de circulación permanente y sin trabas).

Los empresarios tomaron las decisiones sobre inversión, producción y destino de las ganancias netas; la oferta de mercancías obedecía a los requerimientos de la demanda. Salarios e ingresos se regulaban según las mismas bases. El Estado sólo intervenía para destrabar en el corto plazo los cuellos de botella que impidiesen la fluidez de las transacciones y trató de canalizarlas mediante políticas financieras y crediticias del Bundesbank (banca central).

Tan exitoso fue el modelo, que en los primeros años se lo denominó Wirtschaftswunder (milagro económico), el que posibilitó el funcionamiento de un sistema de jubilaciones, pensiones y seguros de desempleo, lo que a su vez garantizó una paz social donde cada uno procuraba insertarse en el proceso económico sin pensar en cierres ni huelgas. El éxito mismo del modelo fue alejándolo de su originaria inspiración liberal, permitiendo así a los poderes públicos la cobertura progresiva de intereses colectivos en materia de obras y servicios de magnitud. Al mismo tiempo, aparecieron las inevitables tendencias concentracionarias del gran capital con sus secuelas de crecimiento de la economía en los aspectos organizativos y técnicos, y a su vez el aumento de sus posibilidades de influir en la sociedad, en el mercado y en la política.

Entiéndase ello como un reflorecimiento de poderosas corporaciones y élites económicas, ya iniciadas en las etapas previas del Reich alemán de 1871, subsistentes en el período weimariano y muy poderosas bajo el régimen nacionalsocialista (al que habían contribuido a instaurar). Es preciso considerar esta tendencia a la concentración del capital como un elemento decisivo del sistema social alemán, como lo demuestran estos datos:

  1. Hacia 1970, el 74% del capital productivo de la Bundesrepublik (es decir, de la riqueza privada invertida en emprendimientos productivos) provenía de sólo el 1,7% de los inversores particulares. Esa proporción de inversiones particulares iba en veloz crecimiento, lo que llevaba a acelerar la concentración sobre todo en ramas de las industrias metálicas pesadas y livianas, en las electrotécnicas, en las papeleras y en las de la vestimenta. Leyes limitadoras y de control de los cárteles no han podido introducir cambios apreciables en esa tendencia, ya que era dificultoso demostrar en cada caso los efectos monopolísticos de la misma.

  2. Por los años de 1976 y siguientes, las cien mayores empresas de la RFA tenían participación directa en el capital de unas 4800 empresas menores de dentro del país.

  3. En el sector de las patentes técnicas o de invención ya era insignificante el número de patentes en manos de particulares. En cambio, y en especial en las ramas de la gran industria química y de la electrónica, se registraban paquetes de varios miles de patentes.

  4. Fenómenos análogos de concentración capitalista se comprobaron en los paquetes accionarios de bancos y otras compañías financieras, en títulos de créditos y no en último lugar en los sectores de la prensa y otros medios de información y comunicación.

Lo que antecede no es todo el panorama del subsistema económico de la RFA ni está actualizado; pero señala la tendencia de su desarrollo. Significa que el Estado (Bund o Länder), cualesquiera que sean los partidos que estén a cargo del gobierno, no puede sino orientarse a tono con las características de esa economía si no quiere correr el riesgo de arruinar las coyunturas favorables y el crecimiento. Y demuestra que el empresariado alemán mantiene un poder muy superior al de los demás agrupamientos de intereses y por consiguiente está en situación de imponerse a los otros factores del sistema, sin que por ello se acentúe la intensidad de los conflictos de clases. Las negociaciones salariales y de otras condiciones de trabajo han podido tramitarse durante muchos años con un bajo índice de huelgas y despidos, por más que en los últimos tiempos al recrudecer la crisis global haya habido un cierto incremento de esas tensiones.

Una amplia libertad de asociación y de confrontación de intereses sindicales, en consonancia con la ya tradicional adhesión de los gremios mayoritarios de la industria y de la burocracia estatal al muchas veces cogobernante partido socialdemócrata SPD, han permitido que la reducción de la jornada laboral en varias ramas y las mejoras en el sistema de seguridad social hayan podido negociarse, aun con mediación del Estado, sin demasiado agudas rispideces disfuncionales para el sistema socioeconómico y político. En cuanto al gradual abandono de fuentes de energía altamente contaminantes, tales las usinas productoras de energía atómica, ello constituye un arduo desafío para la economía alemana de los próximos 50 años y será interesante observar su resultado.

Subsistemas jurídico y político

La forma del Estado, del gobierno, de la administración pública, del régimen jurídico y de la orientación internacional de la BRD estuvo y continúa decididamente influida por las circunstancias históricas que determinaron el nacimiento de la misma después del derrumbe alemán en 1945. No es este el sitio oportuno para rememorar los pormenores de ese derrumbe y de sus muchas veces reseñadas consecuencias: fraccionamiento administrativo y luego político del país, ciudades e industrias en gran parte destruidas, traslado físico de maquinarias, tecnología e investigadores alemanes a territorio extranjero, capacidad productiva restringida en varios campos, afluencia masiva y casi simultánea de oleadas de refugiados que escapaban o eran expulsados de sus antiguos territorios de residencia, descrédito y vituperio casi universal por el anterior régimen nacionalsocialista y sus crímenes.

La veloz integración de la República Federal a las organizaciones internacionales de sus aliados occidentales (Consejo de Europa, Comunidad del Carbón y del Acero, NATO, Comunidad Económica Europea y Tratado sobre Energía Atómica) respondió al no menos rápido antagonismo de intereses estratégicos, militares y de regímenes socioeconómicos entre los primeros y la URSS, también potencia ocupante de Alemania y luego tutora de la Deutsche Demokratische Republik y de la fracción oriental de Berlin.

Los tempranos intentos de reunificación fracasaron ante esas divergencias, aunque Stalin había ofrecido superarlas con la condición de que una Alemania unida fuese neutralizada y desmilitarizada. La colaboración gubernamental entre los dos principales partidos políticos de Alemania occidental (la Unión Cristiano-Demócrata CDU/CSU y el viejo Partido Socialdemócrata SPD) y el prestigio personal del primer Bundeskanzler (Canciller federal) Konrad Adenauer terminaron por inclinar decididamente a la BRD en pro de estrechar los lazos con USA, Francia, Gran Bretaña y demás socios de occidente. El mejoramiento general del nivel de vida, consecuencia de la política económica encarada, dio respaldo a la estabilización política. La Ley Fundamental (“constitución”) para la República Federal (de) Alemania, fundamento jurídico y acta fundacional de ésta, entró en vigencia el 23 de mayo de 1949, después de que las representaciones parlamentarias de más de los dos tercios de los Länder (estados miembros) aprobaran el proyecto elaborado poco antes por el Consejo Parlamentario reunido en la primera capital, la ciudad renana de Bonn.

En ese proceso de reorganización estatal no dejó de ejercer una notable influencia política el congreso general partidario del viejo Partido Socialdemócrata (SPD) reunido en Bad Godesberg en 1959, donde una mayoría de los delegados impuso un cambio ideológico en el programa partidario, cambio que implicaba el abandono de los originarios postulados de la doctrina marxista (entre ellos, la inevitabilidad de la lucha de clases y la necesidad de tomar el poder a través de una revolución violenta). Ello dejó abierta a los liberales del FDP la posibilidad cierta de participar en gobiernos de coalición, fundados sobre las bancas obtenidas en las elecciones por las respectivas agrupaciones en el Bundestag.

Desde ya, ese abandono del dogma marxista por parte de los socialistas hizo nacer en los bordes del espectro político alemán-occidental minoritarios agrupamientos de izquierda que, sin alcanzar en las elecciones federales los votos necesarios para llegar a reunir el mínimo del cinco por ciento de los votos válidos (exigido por la ley electoral, no por la Grundgesetz), constituyeron grupos de agitación extraparlamentaria. Algunos se mantuvieron en la legalidad; otros derivaron hacia el terrorismo (p.ej. el grupo Baader-Meinhof). Más tarde aparecieron “Die Grünen” (Los Verdes), con consignas ambientalistas y reivindicaciones sociales, que llegaron a obtener representación parlamentaria y cargos ministeriales en el gobierno federal, sin contar los conseguidos en los cuerpos parlamentarios de los Länder y las comunas.

Prohibido en la BRD el Partido Comunista Alemán con el fundamento jurídico del art. 21, Absatz 2 y art. 93 y concordantes de la GG, su equivalente de la DDR proveyó la cúpula conductora del Partido de la Unidad Socialista (SED) hasta el desmoronamiento de esa república en 1989/90. Varios políticos de claras simpatías comunistas constituyen hoy en Alemania Federal un partido político (“Die Linke”=La Izquierda) que reúne los requisitos legales para funcionar como tal y obtiene escaños en el Bundestag.

También busca su acceso al parlamento federal un partido de extrema derecha, filonazi, denominado Nationaldemokratische Partei Deutschlands-Die Volksunion (NPD), cuya organización y cuyos fines están siendo examinados por el Bundesverfassungsgericht (Tribunal Constitucional Federal) con vistas a su eventual prohibición, ya que próximamente alcanzaría el número de votos necesarios para superar el umbral del 5% de mandatos directos, exigidos para poder ocupar bancas en los cuerpos parlamentarios. En los Landtage de algunos Länder ya sus representantes han logrado ingresar al superar esa cláusula de bloqueo.

La función del Bundestag en la división republicana de poderes

El Bundestag expresaría el principio de la soberanía del pueblo y la forma representativa de ejercerla a escala federal. En los Länder encuentra su equivalente en diversos tipos de asambleas legislativas denominadas casi siempre Landtag o bien Abgeordnetenhaus en Berlin, Bürgerschaft en Bremen y Hamburg.

Se integran con representantes (Abgeordnete) elegidos por ciudadanos/as alemanes con 18 años cumplidos; el ejercicio del voto es optativo; son elegibles quienes hayan alcanzado la mayoría legal de edad. La fracción mayoritaria de esos diputados (o una coalición de fracciones de dos o más partidos) asumen la responsabilidad de formar gobierno. En el orden federal esos mandatos duran cuatro años, excepto cuando se producen disoluciones anticipadas del Bundestag.

La persona del Bundeskanzler (Canciller federal) es propuesta al Bundestag por el Presidente federal (Bundespräsident), quien suele proponer al líder político del partido que haya obtenido más sufragios y que por ende esté en condiciones de formar gobierno. Si la mayoría del Bundestag aprueba al propuesto, el Presidente lo designa como Kanzler. Si no hay mayoría parlamentaria en favor del propuesto, el Bundestag puede nombrar a otro por simple mayoría de votos dentro de los 14 días después de la última elección general. Si no lo nombra, hay que convocar a nuevas elecciones. El engorroso procedimiento está regulado en art 63 de la GG.

Los ministros del gabinete son designados y cesanteados por el Presidente federal, a pedido del/de la Canciller (art. 64).

En suma, el Bundestag posee las siguientes atribuciones: dicta leyes; administra su propio presupuesto; elige al Kanzler; participa en la asamblea federal conjuntamente con delegados de los parlamentos de los Länder para elegir al Presidente federal (art. 53 de la GG ); participa en la designación de jueces del Bundesverfassungsgericht (art. 94 GG); participa en la designación de los Tribunales superiores de justicia (art. 95 GG); controla al Bundeskanzler (art.67 GG) e interpela a los ministros del gabinete federal; acusa al Presidente federal en los casos del art. 61, inc. 1 de la GG.

Las tres componentes del poder estatal republicano deberían encontrarse separadas y controlarse la una a la otra (control horizontal). La estructura federativa de la Bundesrepublik, con 16 Länder, hace que el control horizontal en cada uno de ellos se complemente con la división de competencias entre Bund y Länder.

Los proyectos o peticiones de índole legislativa emanados de particulares o de organizaciones sociales pueden ser públicamente difundidos, aunque suelen ser canalizados a través de los diversos partidos políticos (con o sin representación parlamentaria). Lo mismo ocurre con las propuestas de ciudadanos para cargos electorales, cuando los partidos nominan a sus candidatos en asambleas plenarias o en caucus de delegados.

En la teoría de la democracia parlamentaria son los parlamentos los centros del debate y de las decisiones políticas. Cabe investigar la composición social de cada uno de ellos y en qué medida se encuentran sujetos a las influencias de los grupos de presión y los factores de poder (lobbies). No pueden ser ajenos a esos estudios los análisis sobre la formación y la circulación de informaciones y de la opinión pública.

En la tensión siempre existente entre los parlamentos y los gabinetes ministeriales, es comprobable en la mayoría de los casos un predominio de estos últimos, derivado del disciplinamiento de los diputados y ministros a partir de las cúpulas partidarias.

Funciones del Bundesrat.

El Bundesrat o Consejo Federal es la segunda cámara colegisladora del Bund alemán. No participa en la sanción de todas las leyes federales, sino en aquellas cuyas cláusulas atañen específicamente a la existencia e intereses de los estados federados en ese Bund, incluso las de la propia Constitución y las de la UE. Por eso se lee en el actual art 50 y siguientes de la Grundgesetz:

Los Länder participarán, por medio del Bundesrat, en la legislación y la administración de la Federación y en los asuntos de la Unión Europea.

El Consejo Federal se compone de miembros de los Gobiernos regionales, nombrados y depuestos por el Gobierno respectivo. Dichos miembros podrán ser representados por otros componentes del Gobierno correspondiente.

Cada Land tiene, por lo menos, tres votos. Los Länder de más de dos millones de habitantes tienen cuatro; los de más de seis millones, cinco y los de más de siete millones, seis. Cada Land podrá enviar tantos miembros como votos tenga. Los votos de un Land sólo se podrán emitir en bloque y por los miembros presentes o sus representantes.

El Consejo Federal elegirá a su Presidente por un año. El Presidente convocará al Consejo Federal, y deberá hacerlo si lo piden los representantes de, por lo menos, dos Länder o el Gobierno Federal. El Consejo Federal adoptará sus decisiones por la mayoría, por lo menos, de los votos totales. Elaborará su propio Reglamento y deliberará públicamente, si bien podrá excluirse en un momento dado la publicidad. Para asuntos de la Unión Europea, el Bundesrat podrá crear una Cámara de asuntos europeos cuyas decisiones serán consideradas como decisiones del Bundesrat.

Los miembros del Gobierno Federal tendrán el derecho, y cuando se les requiera, la obligación, de tomar parte en las deliberaciones del Consejo Federal y de sus Comisiones, y deberán ser escuchados en todo momento. El Consejo Federal deberá ser tenido al corriente por el Gobierno Federal sobre la gestión de los asuntos de gobierno.
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