Derecho general como base de la parte especial






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Para tener en cuenta:

El término consignado en este supuesto de hecho: “El que mata a otro”, es genérico y para llegar a conceptuarlo, se requiere de un análisis diferenciado con los demás delitos de homicidio; puesto que si la conducta desarrollada no cabe dentro de ellos, será simplemente homicidio simple.
BIEN JURÍDICO PROTEGIDO:

Como es obvio se tutela la vida humana independiente, puesto que goza de autonomía propia de subsistencia, es también, un bien jurídico inmaterial,  los cuales son valores jurídicos – legalizados.

Señala el Magistrado Salinas Siccha,11 que en el homicidio simple el bien jurídico es la vida humana independiente, en tanto el objeto material del ilícito es la persona humana naturalmente con vida contra la que se dirige el ataque y se produce el resultado letal.
SUJETOS:

El sujeto activo de este delito puede ser cualquier persona, exceptuándose los comportamientos (porque así lo determinó el Legislador penal), la realización de este comportamiento homicida entre parientes, o que concurran condiciones o circunstancias especiales, o por la actuación bajo el imperio de una emoción violenta o concurriendo el influjo del estado puerperal en la agente, conforme lo detallan los artículos 107º a 110º de nuestro Código Sustantivo.

El sujeto pasivo será cualquier persona, observándose que no sean los agraviados de las conductas descritas en los artículos 107º a 110º referidos.
COMPORTAMIENTO:

La forma comportamental descrita en esta norma penal, señala simplemente “El que mata a otro”; en consecuencia se trata de un delito común (no requiere de calidad o cualidad como en el asesinato); de otro lado, en el tipo penal no hay mayor información objetiva al respecto, entendiéndose que la víctima en este delito es una persona viva. Los medios empleados pueden ser diversos; desde un madero hasta un arma de fuego; teniéndose presente que los únicos medios excluidos en este delito son los señalados en el artículo 108º del C.P. (ferocidad, gran crueldad, veneno, explosivo, etc).

Cabe preguntarse, que sucedería si “A” al querer matar a “B”, mata a “C”. Aquí estaríamos frente a lo que la doctrina llama “el error”.

En estos tipos de delitos pueden suceder o bien error en la persona o error en el golpe.

Siguiendo el mismo ejemplo anterior, si “A” mata a “C” en la creencia que es “B”, existe error en persona (in personae), por la confusión sufrida. Asimismo, si “A” quiere matar a “B” y por la inexperiencia en el medio empleado mata a “C”; hay error en el golpe (Aberratio ictus), aquí no hay confusión, existe yerro en el blanco final.

Sin embargo, surgen discrepancias, en cuanto a establecer el tipo de delito que se imputaría al agente, cuando existe error en el golpe; la posición dominante peruana (Salinas Siccha, Bramont Arias; Villa Stein, Roy Freyre), afirman que en ambos tipos de errores el agente será pasible de imputación del delito de homicidio a título doloso, considerando el ánimus necandi del agente al resolver su actuación criminal.

Una posición contraria y minoritaria, sostiene al igual que la doctrina española (Francisco Muñoz Conde)12, quien sostiene que, el error en el golpe (aberratio ictus) es siempre relevante; si “A” dispara a “B” pero por su mala puntería alcanza a “C”; el agente “A” responderá por tentativa dolosa de homicidio en concurso de homicidio o lesiones imprudentes.

Por otro lado, en el hecho de matar a una persona puede obrar una causa de justificación (ejem: legítima defensa) o causa de inexigibilidad (ejem: miedo insuperable); en estos casos el agente no responde por el tipo penal en comento.
TIPO SUBJETIVO:

Para la realización de éste tipo penal, se requiere que el agente lo haya efectuado a título doloso, es decir con la voluntad deliberada (elemento volitivo) de cometer un delito a sabiendas de su ilicitud (elemento intelectual).

El delito en comento, se puede ejecutar tanto por acción como por omisión impropia; en el primer caso son los que se cometen por medio de una conducta positiva, es decir un hacer (Ejem: matar con una piedra dirigida a la cabeza del otro) y, en el segundo caso se ejecutan por medio de un comportamiento negativo, un no hacer  determinada obligación o no ejecutar una acción del cual somos garantes (Ejem: una profesora que dejar morir al alumno que no sabe nadar en la piscina).
PERFECCIONAMIENTO DEL DELITO – TENTATIVA -:

El delito de homicidio simple se consuma o perfecciona cuando la víctima muere a consecuencia del hecho en su contra; es importante considerar el animus necandi del agente, desde el comienzo del hecho; puesto que surge el problema de definición, cuando la víctima no muere a consecuencia de la conducta criminal; la jurisprudencia española13, ha expresado: “(…) en relación al "animus necandi", la doctrina de esta Sala ha venido estableciendo como punto de referencia para determinar la existencia de ánimo homicida, la concurrencia de una serie de circunstancias anteriores, coetáneas o posteriores a la realización del hecho que pueden arrojar luz sobre el verdadero propósito del autor. Desde esta perspectiva podemos señalar, sin ánimo de exhaustividad, las siguientes:

a) Relaciones existentes entre el autor y la víctima.

b) Personalidades respectivas del agresor y del agredido.

c) Actitudes o incidencias observadas y acaecidas en los momentos precedentes al hecho, con especial significación de la existencia de amenazas.

d) Manifestaciones de los intervinientes durante la contienda y del autor tras la perpetración del hecho criminal.

e) Condiciones de espacio, tiempo y lugar.

f) Características del arma e idoneidad para lesionar o matar.

g) Lugar o zona del cuerpo a la que se dirige la acción ofensiva con apreciación de su vulnerabilidad y de su carácter más o menos vital.

h) Insistencia o reiteración en los actos agresivos, así como de su intensidad

i) Conducta posterior del autor.

En consecuencia, habrá tentativa de homicidio, si concurren estas circunstancias en el desarrollo delictual del agente.
PENALIDAD:

La pena conminada para el homicidio simple es no menor de seis ni mayor de veinte años de privación de la libertad. Este parámetro de fijación temporal de la pena, es el límite que tiene el Juzgador para imponer la sanción al agente responsable del hecho delictivo; considerando para ello lo que dispone el artículo 16º (tentativa), 21º (responsabilidad atenuada), 22º (responsabilidad restringida), 45º (criterio de determinación), 46º (individualización de pena), 46º A (circunstancias agravantes), 46º B (reincidencia), 46º C (habitualidad), y los artículos referidos al concurso de delitos que incluye una adición temporal de pena.
PARRICIDIO/FEMINICIDIO
El artículo 107º que tipifica el delito de parricidio, refiere lo siguiente. “El que, a sabiendas, mata a su ascendiente, descendiente, natural o adoptivo, o a quien es o ha sido su cónyuge, su conviviente, o con quien esté sosteniendo o haya sostenido una relación análoga será reprimido con pena privativa de libertad no menor de quince años.

La pena privativa de libertad será no menor de veinticinco años, cuando concurran

cualquiera de las circunstancias agravantes previstas en los numerales 1, 2, 3 y 4 del artículo 108.

Si la víctima del delito descrito es o ha sido la cónyuge o la conviviente del autor, o estuvo ligada a él por una relación análoga el delito tendrá el nombre de feminicidio.”
Comentario:

No entendemos el propósito del legislador, al considerar al parricidio como un tipo penal independiente, pudo haberse incluido como una circunstancia agravada del homicidio simple (nomen juris inapropiado que pudo ser simplemente homicidio).

El Código Penal Español, no trata al parricidio como un tipo penal independiente, sino que es una circunstancia agravada conforme lo define el artículo 23º de su texto punitivo: Es circunstancia que puede atenuar o agravar la responsabilidad, según la naturaleza, los motivos y los efectos del delito, ser o haber sido el agraviado cónyuge o persona que esté o haya estado ligada de forma estable por análoga relación de afectividad, o ser ascendiente, descendiente o hermano por naturaleza o adopción del ofensor o de su cónyuge o conviviente”.

Se discute en la doctrina si el delito de parricidio debe ser una figura aparte, con plena autonomía (sustantividad), o si, por el contrario, es suficiente con que sea una modalidad accesoria del homicidio simple, agravada por determinada circunstancia de parentesco; para fines pedagógicos el vínculo consanguíneo o jurídico opera como un elemento constitutivo de la infracción.14
BIEN JURIDICO:

Se tutela o protege la vida humana independiente, a decir de Salinas Siccha (año 2004, p. 66); “entendida desde la perspectiva natural y biológica. Esto es, proteger la vida de la persona, la misma que comprende según nuestra sistemática desde el momento del parto hasta la muerte”.

Debemos agregar que el Estado a través de la Constitución Política protege la vida y la familia (arts. 2º inc.1 y 4º)15.
SUJETOS:

Sujeto activo puede ser el  que a sabiendas mata a su ascendiente, descendiente, natural o adoptivo, cónyuge, concubino o con quien esté sosteniendo o haya sostenido una relación análoga.

Sujeto pasivo será la victima parental sea natural o adoptivo, pudiendo ser también, el cónyuge, concubino o con quien a sosteniendo o viene sostenido una relación análoga.

No hay dudas en admitir que es parricida, quien mata a otra persona conforme la relación parental de derecho, así nuestra Sala Penal de la Corte Suprema16 ha precisado que: “Para establecer el delito de parricidio, no basta que el autor del delito sepa que la víctima es su ascendiente, descendiente o cónyuge, sino que debe probarse el vínculo familiar con la respectiva partida de los registros de Estado Civil o con los instrumentos públicos donde conste la filiación”.

No critico la disposición del legislador en cuanto a incluir las adopciones en este tipo de delitos, porque más allá de ser legalmente parientes, surge entre adoptante y adoptado un sentimiento fraterno indescriptible, además de ser un acto solemne de prohijar por medios legales a quien no lo era por naturaleza17.

La discusión surge en cuanto a que el Legislador ha incluido a los concubinos y a quienes vienen sosteniendo o haya sostenido una relación análoga, en este tipo de homicidios; al respecto, Castillo Alva18 comenta: “resulta sumamente contradictorio, en todo caso, que la ley penal brinde una sanción más severa a los concubinicidios y deje de lado, privándolo de un lógico reconocimiento en el parricidio, al matrimonio religioso. Bajo éste concepto, nuestro codificador puede ser tildado de legislador parcializado, dado que únicamente es sensible a lo que quiere ver”.

La jurisprudencia española exige para la aplicación en estos delitos, además del dato objetivo del parentesco, como dato de existencia del vínculo matrimonial que unía al autor del hecho y a su víctima, la concurrencia del afecto personal propio de tal vínculo (afectio maritalis) e incluso a los matrimonios de hecho.

El legislador español objetivó la circunstancia y minimizó, hasta anular, la necesidad de que el vínculo matrimonial o asimilado persistiera, y todo ello por razones de política criminal que, atendiendo al sentir general de la sociedad, se hacía preciso poner freno a las violentas y agresivas manifestaciones entre parejas que conviven o habían convivido, buscando en el autor del hecho un efecto disuasorio. En la actualidad deberán concurrir, cuando se trata de parejas casadas o de hecho, los dos requisitos siguientes, como imprescindibles para la estimación de la circunstancia: a) el dato objetivo de la relación matrimonial o asimilada actual o pasada; b) que el delito cometido tenga relación directa o indirecta (o se perpetre) en el marco o círculo de esas relaciones o comunidad de vida a que se refiere la circunstancia anterior19.
COMPORTAMIENTO:

El delito de parricidio conforme está descrito en el tipo penal, se configura cuando el agente a “sabiendas” mata a su ascendiente, descendiente, natural o adoptivo, cónyuge, concubino o con quien esté sosteniendo o haya sostenido una relación análoga. Dentro de esta escala, se desprenden hasta tres tipos de relaciones: a) en relación al vínculo consanguíneo; b) en relación al vínculo jurídico o legal, y; c) en relación al vínculo sentimental. En el primer caso encontraremos al abuelo, padre, hijo (natural), así en línea recta; en el segundo caso encontramos al cónyuge, concubino e hijo adoptivo, y, en el último caso simplemente conlleva a verificar la existencia de una relación sentimental con la víctima.

El tipo penal no describe los móviles, circunstancias o medios para dar muerte a la víctima relacionada conforme se describe en la norma in comento.

Existe discusión doctrinal, al momento de establecer el tipo penal que recae sobre los partícipes; Salinas Siccha (año 2004, pag. 85) escribe que: “los partícipes en los delitos de parricidio serán sancionados como participes de este delito según las reglas del artículo 24º y 25º del Código Penal”; sin embargo mucho antes, Roy Freyre (año 1974, pag. 70) detalla lo contrario en posición dominante: “el partícipe que no esté unido a la víctima por el vínculo de parentesco no comete parricidio, sino homicidio simple, por el principio plasmado de la “no comunicabilidad de las circunstancias personales”;20 del mismo parecer opina el destacado penalista Peña Cabrera Freyre (año 2008, pag. 113), quien dando ejemplo de sustento dice: Si Fernando que es amante de Luisa, se pone de acuerdo con ella, para dar muerte a Javier, que es esposo de Luisa, en virtud del cual, cada uno de ellos contribuye de forma efectiva para la realización típica. Luisa le vierte un brebaje en la bebida de su esposo para adormecerlo, y en ése instante aprovecha Fernando para matar a Javier mediando un disparo de arma de fuego, se advierte, por tanto, una división del trabajo, que habría de concluir en una coautoría de asesinato, según la modalidad empelada (alevosía). El hecho típico que debe ser considerado como “unidad”, es disuelto de forma irrazonable, pues los autores deben ser condenados bajo los alcances del mismo tipo penal; sin embargo Luisa será parricida y Fernando es asesino (art. 26º del C.P.).

Dada las características del parricidio, por ser un delito especial impropio viene siendo cualificado por el sujeto activo, porque si se tratase de un no pariente consanguíneo, tal conducta encuadra en el de homicidio simple.

Es un tipo penal independiente o autónomo, porque no sólo el agente debe tener la intención de matar, sino que además debe hacerlo a “sabiendas” que la víctima es su ascendiente, descendiente, etc.

El parricidio se realiza tanto por acción como por omisión impropia21,
TIPO SUBJETIVO:

El parricidio es eminentemente doloso –directo, consecuencias necesarias y eventual22-, actuando con conciencia y voluntad; conforme esta descrita la norma penal, se exige además como elemento subjetivo adicional que el agente mate al pariente “a sabiendas”, en consecuencia no cabe el parricidio a título de culpa.

Con ello el error sobre el parentesco excluye el dolo del delito de parricidio, limitándose a uno de homicidio simple (art. 106º). En cuanto al error en persona (error in personam), dicha conducta encuadra también en el tipo penal de homicidio simple; así de igual forma el trato en cuanto al error en el golpe (aberratio ictus).
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